El mundo no está hecho a nuestra imagen y semejanza

Hace unos días un buen amigo hablando de las ideas, del librepensamiento y de la tolerancia hacia quienes no piensan igual que nosotros, me comentaba que cuando a veces se sigue un proyecto común, la soberbia nos hace que queramos imponer y dar por superiores o válidos nuestros pensamientos e ideas frente a la de los demás, echando la zancadilla a aquellos miembros del mismo grupo que no piensan igual que nosotros, en definitiva queremos que el grupo se transforme a nuestra imagen y semejanza, yo el primero que me acuso de tal conducta.

Nos olvidamos que los grupos, como tal, son plurales y, querer imponer una línea de actuación hace que el grupo pierda su carácter democrático y plural para convertirse en un grupo adoctrinado, puede que ideológico, pero sin ideas. 

Los grupos, son entes vivos, en los cuales, aparte de las normas internas de funcionamiento que todos deben respetar y unas pautas básicas  de organización cuyas líneas, si bien son infranqueables para que el grupo no pierda su razón de ser, su esencia la determinan todos y cada uno de los miembros, donde el respeto mutuo a los demás y a sus pensamientos, la positividad y la conciencia de límites hacen que el grupo pueda funcionar  adecuadamente. 

La humildad, en vez de la prepotencia, nos llevará a comprender que la verdad ni siquiera la tenemos nosotros, de manera que lo que dicen los demás siempre tiene una faceta importante, pero tampoco como verdad absoluta, sino como complemento de lo que cada uno individualmente pensamos y decimos, lo cual determinará una conciencia de límites de nuestra actuación en relación con la de los demás miembros, de nuestra libertad de pensamiento.

El grupo no es monopolio de nadie, de manera que si no es democrático en su funcionamiento, a pesar de que pueda existir una estructura jerarquizada, al final el grupo se distorsionaría para convertirse en una agrupación o unión de seres alineados, en los que el libre pensamiento no tiene cabida.  Para que el grupo cumpla con su fin debe convertirse en una comunidad de ciencia, donde las opiniones e hipótesis se contrasten y se comprueben. No se convence con la fuerza, sino con la razón y los hechos. 

«Para que el grupo cumpla con su fin debe convertirse en una comunidad de ciencia, donde las opiniones e hipótesis se contrasten y se comprueben. No se convence con la fuerza, sino con la razón y los hechos.» 

La planificación, el ritmo y la programación de sus líneas de actuación darán continuidad al grupo, evitando que se estanque o se convierta en algo estático. Si no hay dinamismo en el grupo se perderá el entusiasmo y el deseo de formar parte de él. Los nuevos miembros deben sentirse parte activa, deben ser protegidos, pensando que son la sabia nueva del grupo, eso sí, evitando que su lógico desconocimiento del grupo pueda llevarle a comportamientos desmesurados que puedan afectar al resto.

Es muy importante, asimismo, para que el grupo funcione, el conocimiento mutuo de todos sus miembros, sabiendo lo que hemos hecho cada uno en relación al mismo, pero, sobre todo, no puede obligarse a los demás a estar de acuerdo con las ideologías de los demás, por ello, es importante, delimitar un marco de referencia ideológico basado en el libre pensamiento.

Sobre todo, debemos comprender y concienciarnos, que el mundo no está hecho a nuestra imagen y semejanza, que los grupos los conforman una suma de fuerzas individuales, entendidas éstas como impulso de su movimiento, no como imposición de nuestras ideas y pensamientos.

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