España en crisis. Políticas inservibles

No se puede caminar ente dos aguas a no ser que quien lo haga se llame Moises y lo haga por mediación divina, sin correr el riesgo de morir ahogado en el intento. Igual que no se puede defender como constitucionalistas la unidad de España y luego pactar con quienes pretenden su división, no en comunidades autónomas respetando la pluralidad territorial y cultural existente en el territorio español sino desde una posición secesionista.

Muchas y muchos entendimos la necesidad de echar de la Moncloa al Partido Popular ante una forma de gobernar totalmente autoritaria además de los reiterados procesos judiciales de imputación de altos cargos del partido por corrupción; pero, sobre todo, por el olvido de esa parte de la ciudadanía que estaba siendo machacada por una economía neoliberal; pero también, mucha y muchos fuimos conscientes que la forma de hacerlo no era la adecuada, y no en referencia a la moción de censura que era pedida a voces, sino en previsión de lo que venía después, la necesidad de negociación con los partidos nacionalistas e independentistas para mantenerse en el poder y sacar adelante los proyectos de ley.

La forma adecuada hubiese sido convocar elecciones, como prometió inicialmente Pedro Sánchez una vez llegara a la Moncloa, pero no lo ha hecho y no lo hará ante la inminencia de las elecciones municipales y autonómicas, pues el resultado hubiese sido un marcador irrefutable para los resultados de éstas, pudiendo elevar a las alturas al PSOE o sepultarlo durante, al menos una legislatura.

Lo dicho, obviamente, también es predicable respecto a Unidos Podemos, quien también se ha movido en la tibieza respecto al tema autonómico, siendo lo único que han conseguido hasta el momento en cuanto a su apoyo al PSOE el aumento del salario mínimo interprofesional. Un pequeño logro si tenemos en cuenta otras demandas sociales, entre ellas una de cuyos demandantes depende en gran parte que los resultados electorales se inclinen hacia un lado u otro de la balanza, como son los pensionistas que, justamente piden un incremento de la pensiones,  en cuanto que las mínimas alcancen el montante de aquel salario mínimo, así como en un incremento proporcional en cuanto al resto,  y una revisión anual de acuerdo con la subida del IPC.

En definitiva, ante un panorama político tan caliente e incierto, es lógico que Vox se eleve con promesas que quieren oír quienes están hartos de ver como la pelota se mueve en el tejado de los partidos mayoritarios, PP y PSOE, sin resultados aparentes en cuanto a la mejora del país, cuyas políticas se limitan a criticar al contrario para tapar la ineficacia y miserias propias. Sin que el radicalismo de Unidos Podemos arrastre a nuevos electores al haber alcanzado techo según ha evidenciado el marcador político de las elecciones andaluzas, territorio donde siempre ha gobernado el PSOE, posiblemente por su apoyo a éste.

Estamos, sin lugar a dudas, ante un circo político donde lo malabares y las payasadas para gobernar son los que llenan su pista principal, con un director de escena fatuo que no está a la altura de las circunstancias, y cuya solución no está en el cambio de actores sino en el cambio de políticas claras que contribuyan al interés general y no al interés sectario o partidista. Mientras esto no se produzca ir a votar es una perdida de tiempo porque, en definitiva, ganará quien sea, subirán y bajarán en los resultados unos y otros dependiendo de quien haya vendido mejor el humo de sus políticas, pero todo seguirá estando igual. 

Se trataría pues de cambiar los principios que rigen las políticas, de una revolución social donde la igualdad, la libertad y la fraternidad impregne cualquier actuación política, dejando fuera a quienes no se comprometan a este cambio real y no al desequilibrio social y económico que inevitablemente dará al traste a los actuales sistema democráticos por su falta de autenticidad y falta de justicia social, con polarizaciones políticas cada vez más extremas, donde la confrontación irá en aumento, abocándonos a un colapso social sin precedentes. 

“Se trataría pues de cambiar los principios que rigen las políticas, de una revolución social donde la igualdad, la libertad y la fraternidad impregne cualquier actuación política, dejando fuera a quienes no se comprometan a este cambio real”

Se necesitan políticas de solidaridad y no de caridad hacia los más débiles en este sistema capitalista que sólo beneficia a los poderosos. Dejémonos de dogmas económicos, pues la economía tal y como se entiende actualmente tiene los días contados frente a una economía solidaria. Dejémonos de dogmas políticos basados en el pasado histórico cuyas bases no son las mismas que rigen los Estados actuales. Dejémonos de dogmas sociales basados en filosofías existencialistas para pasar a filosofías más humanistas.

Basta de ideologías para dejar paso al libre pensamiento pues de esta manera seremos auténticamente libres y comprometidos con nuestros semejantes. Se necesitan políticos que, por encima de todo, sean seres sociales auténticos, ejemplarizantes, perdiendo miedo a la expresión del pueblo manifestada en referéndums o consultas ciudadanas.

El resto se llamará democracia, pero no dejará de ser una oligarquía de partidos políticos basada en un sistema representativo donde el ciudadano sólo es tenido en cuenta cada cuatro años, para emitir el voto y, después, si te he visto no me acuerdo.

Se trata simplemente de voluntad de política de construir sociedades más humanas, donde no se den mendrugos de pan a los que no tienen qué comer, sino las herramientas para proporcionarse ellos su comida. Se trata de llamar a las cosas por su nombre: explotadores a los que se sirven de la mano de obra barata para incrementar sus beneficios. Usureros a los que conceden ayudas económicas que ahogan a sus deudores. Asesinos a quienes proporcionan armas para que otros maten en conflictos bélicos en vez de buscar soluciones pacíficas. Malvados a quienes quitan el techo con una especulación inmobiliaria insoportable. Hipócritas a quienes dicen una cosa y luego hacen otras.

El futuro del mundo está en nuestras manos, en la de todos, no sólo en la de los políticos, nosotros somos responsables cuando emitimos nuestro voto de a quién elegimos, pero también de dar ejemplo con nuestras actitudes, o buscamos ser más humanos repartiendo lo que nos sobra, buscando el equilibrio, la justicia social, o estamos abocados al caos. Es cuestión de tiempo.

O buscamos la integración en vez de la exclusión, o el mundo dejará de ser nuestro hogar para convertirse en nuestro infierno.

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