Cuando no existían móviles

No hace mucho tiempo de esto, aunque a los más jóvenes, sobre todo los nacidos en este Siglo, les parezca mentira  y menos que pudiéramos sobrevivir sin ellos, sin embargo así ha sido. La telefonía móvil se inició en el año 1976, recién estrenada la democracia en nuestro país, si bien no fue hasta el año 1995 cuando se expandió y popularizó basándose en el estándar europeo de tecnología GSM por Movistar.

En aquel año la telefonía móvil en España contaba ya con 15 millones de líneas con un crecimiento imparable, llegando hasta nuestros días las redes fijas y móviles de banda ancha a superar los 60.000 millones

Antes de aquella fecha de expansión los españoles, como el resto del mundo, nos comunicábamos a través de la telefonía fija desde nuestros hogares o lugares de trabajo, estando sembradas nuestras ciudades de cabinas de teléfono que nos permitían comunicarnos cuando nos encontrábamos fuera del domicilio o del ámbito labora;, incluso en los bares y cafeterías existían líneas de uso público para uso de sus clientes o del público en general.

La popularización de la telefonía móvil, aún siendo bastante más cara en nuestro país en relación a otros de nuestro entorno geográfico, actualmente se ha convertido en un medio imprescindible y útil habiendo pasado de aquellos móviles que parecían zapatos por su tamaño y que sólo servían para hacer y recibir llamadas,  a los modernos Smartphone que nos permiten acceder a internet, así como el uso de la mensajería instantánea, en la que destacan los WhatsApp, donde se pueden añadir imágenes y videos para compartir con nuestros contactos, así como realizar llamadas a través de internet mediante el uso de datos, además de las múltiples utilidades que nos reportan la gran cantidad de aplicaciones, no sólo para nuestro entretenimiento sino también para la gestión de nuestra vida, salud y negocios, entre otras muchas.

Pero, como todos los avances tecnológicos, la telefonía móvil además de las ventajas que nos reportan en cuanto a la comunicación, sin embargo, también existen contras respecto a su uso, además de su carestía a la que se ha hecho mención no sólo en la adquisición de terminales sino también por el coste de las propias comunicaciones, a pesar de que nos vendan las líneas en paquetes de distintos precios dependiendo de la rapidez, el uso de datos o canales de TV digital y entrenamiento.

«… como todos los avances tecnológicos, la telefonía móvil además de las ventajas que nos reportan en cuanto a la comunicación, sin embargo, también existen contras respecto a su uso …»

Aunque en principio fue un medio de uso por los adultos, hoy, sin embargo, cada vez son más lo menores que utilizan el móvil, es raro el hogar en que los hijos no disponen de una línea móvil por contrato o prepago, aunque su uso se recomienda a partir de los 13 años debido al grado de inmadurez de nuestros menores, evitando de esta manera hacer un uso irresponsable. Aunque, esta edad no deja de ser simbólica en el sentido de que deben ser los padres quienes se preocupen que sus hijos hagan un uso adecuado de su móvil hasta que alcancen una madurez suficiente para ello.

Además, lo que empezó siendo útil para los padres como forma de mantenerse en contacto con sus hijos cuando estos estuvieran fuera del hogar familiar, al final, para los padres responsables se ha convertido en una hándicap por el peligro que representa el acceso a la Red de los menores, puesto que, como todos sabemos, existen contenidos de acceso para adultos para los que no existe ningún tipo de limitación, excepto aquellas que los propios padres puedan hacer mediante aplicaciones instaladas en los dispositivos de sus hijos que permiten un control parental  de su uso por éstos.

Resulta evidente que hemos prosperado en tecnología, pero el peligro del uso del móvil, incluso para los mayores está presente, utilizándose aveces como un medio que permitiendo ocultar la identidad personal, no la IP o número que identifica, de manera lógica y jerárquica, a una Interfaz en red de un dispositivo,   como son todos aquellos que se conectan a internet; amparándose en un pretendido anonimato para un uso inadecuado de la libertad de expresión y de comunicación, compartiendo contenidos prohibidos o que rayan la ilegalidad por una falta de Norma Jurídica que regule su uso.

En definitiva, todo se traduce en un uso adecuado y responsable de la tecnología, pero también proporcional, no convirtiéndonos en esclavos de nuestros Smartphones como sin fueran pegatinas de las que no somos capaces de despegarnos, fomentando más relaciones personales y, mucho menos utilizarlos cuando constituyan un peligro para nuestra integridad física y de los demás, como es conduciendo nuestros vehículos o incluso cuando caminamos por la vía pública sin prestar atención al resto de personas, al mobiliario urbano o cuando cruzamos la calzada.

«… todo se traduce en un uso adecuado y responsable de la tecnología, pero también proporcional, no convirtiéndonos en esclavos de nuestros Smartphones como sin fueran pegatinas de las que no somos capaces de despegarnos…»

No estaría mal que, también, de vez en cuando, los desconectásemos sobre todo a las horas de descanso para poder regenerar nuestras energías. Recordemos que cuando no existían móviles subsistíamos sin ningún problema. La inmediatez en la comunicación sin lugar a dudas supone un avance pero también una carga de dependencia muy próxima a la adicción, además de un sometimiento a quienes esperan de nosotros una respuesta en el momento. Acostumbremos a los demás a que nuestros tiempos tienen que se respetados y que nuestro tiempo nos pertenece sólo a nosotros haciendo de él el uso que consideramos adecuados.

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