No sabíamos lo que nos esperaba

Creaciónrrss

 

Éramos ingenuos, confiados. Se había abierto una brecha entre las cartas postales y el teléfono que descansaba en lugar preferente en casa, y en aquellos momentos éramos cándidos., porque no sabíamos lo que nos esperaba.

Enredábamos con internet, contentos de poder comunicarnos por chat, ante el ordenador. Creábamos grupos de amigos, conocidos; ligábamos, porque era aquella novedad de salas virtuales con gente de 20, 30 40, etc. También por temas, donde la gente hablaba de sus aficiones comunes.

Y todo eso en casa, cuando queríamos abrir nuestro ordenador, al abrigo de la intimidad. Con esas personas, a las que conocíamos a través del chat, se hacían quedadas, en alguna ciudad, y era tan refrescante conocer a varias personas con las que te escribías en tiempo real con cierta frecuencia.

Recibíamos y enviábamos correos electrónicos con los consejos del dalai lama de turno, con el proverbio japonés. Y algún que otro correo con animación de donde salían estrellitas y flores, con palabras bonitas de amistad o amor.

Pero aquello degeneró y ya no saludábamos a las personas a quienes nos dirigíamos, limitándonos al reenvío. Y claro ya era una pesadez, el correo inundado con cartas que no eran exactamente para ti, sino para una lista de contactos.

Algunos protestaron, y escribieron avisos como este “Reenvios NO, por favor. Si me escribes a mí, prometo contestar”.

Luego apareció facebook, con tanto éxito, para bien y para mal, que subimos fotos, eventos, nietos, viajes.  Una cantidad de gente sabía, y sabe, lo que haces o dejas de hacer.

Y si no le das al “me gusta” a lo mejor los amigos se enfadan. Y si no apareces con la frecuencia debida, te importunan, porque, a ver, si no te dejas ver en facebook, es que te pasa algo

Aún así  no sabíamos lo que nos esperaba con el teléfono móvil, que suena en momentos inoportunos, porque estás en el trabajo, o en el autobús, o en el retrete. O situaciones aún más estrambóticas.

Y todos gritando con el aparato en la oreja, en cualquier  parte. Una cruz:  las salas de espera, los autobuses, las calles, los aviones, los patios de vecinos…

Y así caminando por los hilos que nos acercan, o nos alejan, apareció wasap; una guinda que venía a coronar la comunicación, hasta que se convirtió en la pesadilla que es hoy.

Reenvíos de refranes, chistes, dibujos, frases de autoayuda, ramos de flores, dietas, muñequitos, y el consabido video, que a alguien le parece gracioso y ¡hala!, a mandarlo. Sin olvidar las garrafales faltas de ortografía, porque el autocorrector ha sugerido cerbeza.

Y lo que es peor: Informaciones sin contrastar. El atrevimiento que propaga, por ejemplo, autorías que no lo son, chismes sin fundamento, rumores que se dan por ciertos capaces de situar a Lope de Vega en el siglo XX, o a da Vinci en la Edad Media.

«Y lo que es peor: Informaciones sin contrastar. El atrevimiento que propaga, por ejemplo, autorías que no lo son, chismes sin fundamento, rumores que se dan por ciertos capaces de situar a Lope de Vega en el siglo XX, o a da Vinci en la Edad Media.»


La capacidad de crítica, la sana curiosidad por contrastar, en un grado cercano a cero.

Y mientras creemos sin fisura, cualquier noticia wasapera, olvidamos la solidez del estudio y la lectura.

Hay que ver.  Cándidos como éramos, no sabíamos lo que nos esperaba, en aquellos tiempos, cuando los reenvíos electrónicos ya no nos hacían tanta gracia.

 

 

 

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1 Comentario por “No sabíamos lo que nos esperaba”

  1. Francisco R Breijo-Márquez

    No obstante mi natural simpatía por la autora, he de comentarle que, «Da Vinci’ – o sea , Leonardo di ser Piero da Vinci, que supongo que es a quien se refiere la autora- nació en 1452 y se marchó en 1519.
    O lo que es igual, en los finales de la Baja Edad Media.
    Por tanto, quiero pensar que sólo ha sido un ‘vahído’ momentaneo de la autora.
    Escribo ests porque me resulta imposible permitir un equívoco sobre tan excelsa persona , cual es Leonardo. Da Vinci. Y todos los florentinos del Renacimiento. Y…toda mi amada FLORENCIA

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