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Plaza de Colón. Madrid. Entre el patriotismo y el borreguismo ciudadano.

Nadie puede negar el derecho a manifestarse, venga de donde venga, de la izquierda o de la derecha, porque centro, lo que se dice centro… centro, es decir en el medio, lo que se puede denominar un partido ecléctico no existe en este país, aunque algunos como C´s se esfuercen por estar ahí, pero, cuando se les agita un poquito, como cuando a alguien se le pica con un alfiler, saltan, entran al trapo y sale su verdadera esencia, una esencia que poco difiere de quienes, como en un día, el de ayer, fueron los convocantes de la manifestación en la Plaza de Colón de Madrid, y cuyo numero de asistentes importa más bien poco cuando las cifras que cada uno maneja depende de la tendencia política del medio que la difunde, del partido, de los convocantes y de la propia Delegación del Gobierno que, como todos sabemos, su tendencia es llevar el agua a su molino que  no es otro que el situado en la Calle Ferraz, no muy lejos de la citada Plaza.

Pero, ese derecho a la manifestación constituye, una vez más, el fanatismo de un pueblo, de unos ciudadanos que se consideran más patriotas que otros u otras que no hemos acudido a la convocatoria, y no lo hemos hecho, porque para que se nos entienda bien y claro, estamos hasta las narices, o tal vez deberíamos utilizar otra parte del cuerpo, como la expresión de algunos manifestantes de “Con dos cojones”, en la gráfica expresión con que una señora cogía uno de los miles de carteles verde Vox con la leyenda “Golpistas, a prisión”, de la mediocridad política de este país. Como ven los testículos cuando una mujer es de derechas puede utilizarse aunque se carezca de ellos, no como manifestación de fuerza o violencia, sino por simple anatomía. En cualquier caso  da lo mismo la parte del cuerpo que utilicemos para expresar que nos ha parecido una magna tontería no sólo la manifestación sino el motivo por el cual se ha realizado. Dicho de otra manera para que se me entienda mejor, la pretensión de Pedro Sánchez de la mesa en Cataluña con un relator y la manifestación por la unidad de España, que luego abandonó con el intento que nadie le humillara.

Y, como ya veo la intención de algunos de tacharme de sus redes sociales por roja, pues bien, háganlo, porque roja soy, pero también española, con mis propias ideas de estado y constitucionalista y, por lo tanto a favor de la unidad de nuestro país, y porque desde una lógica funcional y democrática no van a ser ni los catalanes, ni los vascos exaltados los que terminen con esta unidad, porque para ello no solamente habría que derribar todo un orden constitucional establecido, sino también cargarse toda una estructura consolidada de instituciones democráticas que cuatro gatos independentistas, y me da lo mismo que sean un millón que cinco, pueden superar las expectativas del resto de españoles y españolas, más de cuarenta millones que lo  único que  queremos es vivir en paz, tener trabajo, un sueldo, unas pensiones y una vivienda digna, que los servicios básicos estén cubiertos y con una prestación gratuita, universal y de calidad…, pero sobre todo, tener unos representantes políticos de altura, y no me refiero a su estatura sino simplemente de saber estar a la altura de las circunstancias, merecedores del cargo que despeñan y, desde luego, ni los convocantes de la manifestación, ni el gobierno, ni el resto de partidos que pululan por ahí, lo están.

“… no van a ser ni los catalanes, ni los vascos exaltados los que terminen con esta unidad, porque para ello no solamente habría que derribar todo un orden constitucional establecido, sino también cargarse toda una estructura consolidada de instituciones democráticas que cuatro gatos independentistas, y me da lo mismo que sean un millón que cinco, pueden superar las expectativas del resto de españoles y españolas, más de cuarenta millones que lo  único que  queremos es vivir en paz…”

Pedro Sánchez porque es igual que una veleta, moviéndose entre dos aguas, entre el constitucionalismo y el independentismo, en este último por las ccesiones debidas por el apoyo recibido en la moción de censura que le llevo a la presidencia del gobierno y, en el otro lado, porque los varones de su partido y, me temo que también la mayoría de sus votantes, le obligan a acatar la constitución, pero el caso es marear la perdiz, y mientras tanto sigo en la Moncloa.

Los convocantes porque en su tendencia radicalizada hacia la derecha, los del PP con su vuelta al aznarismo al que es fiel Pablo Casado, los de C´s porque arrastraron en su momento a los populares decepcionados por D. Mariano Rajoy, y los de Vox, porque se mueven dentro de una filosofía muy aproximada al falangismo, con un discurso político revolucionario y una concepción totalitaria y fascistizante de la organización del Estado y de la sociedad, aunque dice acatar la constitución para poder moverse a sus anchas; lo único que pretenden es agitar las aguas y hacer ruido, unos para atraer los votantes perdidos y los otros para ganar en seguidores.

En fin, lo que me parece penoso y patético es que todavía tengamos la des-facha-tez de enarbolar la bandera española para intereses partidistas, y no para pedir a todos los partidos  una políticas que devuelvan o se aproximen al estado de bienestar que teníamos antes de la crisis o atraco a los pobres desgraciados debido a una política política neoliberal a nivel mundial donde el capitalismo ha hecho caja a costa de los derechos de las más débiles dentro del sistema. Se fabrico dinero por el Banco Central Europeo para rescatar a los bancos, pero no se fabrican políticas para que todos veamos colmadas nuestras expectativas cuando vamos a votar y, todo porque quienes nos representan son unos políticos mediocres que se mueven entre pugnas partidistas para basar su política en el fracaso de los demás partidos. 

Pero, si hay algo más patético, aún, es esos pobres ciudadanos a los que les ponen una zanahoria y la siguen en nombre de un patriotismo que hoy por hoy sólo necesitan exponer los que quieren imponer sus ideas totalitarias.

De prebendas, acomodes y otras corrupciones


Todavía los resultados del 2 de Diciembre en Andalucía nos siguen deparando sorpresas y es que los reajustes políticos y administrativos, consecuencia del cambio de Gobierno, no solo afectan al nuevo equipo gubernamental, consecuencia lógica y legitima, sino que también afectan a los otros partidos del arco parlamentario que conforman la oposición; también podríamos decir que es una consecuencia lógica y legítima, siempre y cuando esos reajustes tengan como objetivo optimizar la acción política de la oposición, que consiste, entre otras, en fiscalizar la acción del Gobierno. 

Uno de esos reajustes se produce como consecuencia del nombramiento de senadores por designación autonómica. El Senado, donde reside el poder legislativo y por lo tanto uno de los garantes de salvaguardar los derechos y libertades de los ciudadanos y garantizar la convivencia. Pues bien la Cámara Alta, cuestionada, entre otras razones, por la falta de criterio de las organizaciones políticas a la hora de elegir a las personas más idóneas para ejercer esa responsabilidad, y que ha devenido en que  el acervo popular lo considere como un cementerio de elefantes, contará con tres representantes del PSOE-A. 

En el marco de esos reajustes, en este caso de naturaleza política, los resultados del 2D han provocado que el Comité Directos del PSOE-A haya decidido no renovar su confianza a ninguno de los anteriores representantes, eran cinco, y proponer a tres nuevos candidatos. Analizando estas propuestas podemos comprobar que en realidad no se trata de una renovación, más bien se trata de un trasvase, un acomode. Sí, todos los propuestos@s son parlamentarios autonómicos y concretamente en lo que se refiere a Malaga, mí provincia, a la futura senadora está llamado a sucederle en su escaño autonómico un diputado provincial malagueño, a quien a su vez sucederá un@ concejal, y dentro de esos trasvases hay uno que se produce por desbordamiento, este efecto dominó ha dejado sin cobertura laboral, dentro del horizonte institucional, a la senadora saliente.

Seguramente todos ustedes sabrán que este mecanismo esta regulado y “la designación podrá recaer en cualquier ciudadano que ostente la condición política de andaluz”, de forma que no tendrán que ser necesariamente elegidos entre los parlamentarios autonómicos. Por sí había alguna duda.

Bien, todo esto que entra dentro de la dinámica política no merecería más reflexión que la pura constatación de los hechos. Quisiera no obstante introducir un matiz de índole ético en esta sucesión de nombramientos o trasvases. ¿Realmente el PSOE-A y más concretamente, puesto que me estoy centrando en él, los socialistas malagueños tiene tan poco banquillo cómo para tener que “tirar de titulares” constantemente, elecciones tras elecciones, nombramiento tras nombramientos? Porque sí analizamos la conformación de las listas a las distintas elecciones vemos que hace años que el PSOE malagueño no se oxigena, es un carrusel impulsado por el motor del clientelismo, un prebenderismo correligionario, disculpen la palabrota, que significa premiar la fidelidad de los correligionarios con cargos en el Estado o en instituciones donde el lider tiene influencia, independientemente de que las personas beneficiadas sean o no idóneas para el puesto. Pues eso.

¿Realmente el PSOE-A y más concretamente, puesto que me estoy centrando en él, los socialistas malagueños tiene tan poco banquillo cómo para tener que “tirar de titulares” constantemente, elecciones tras elecciones, nombramiento tras nombramientos?

En ese endogámico reparto de responsabilidades, en el que casi nunca están los más válidos, en ese círculo vicioso se está ahogando el PSOE y claro los ciudadanos piensan que todos son iguales, que ya no hay diferencias entre la derecha y la izquierda, alineándose, sin ser consciente de ello, con las tesis de Fukuyama y otros profetas que proclaman el fin de las ideologías; ese es el camino que conduce al pensamiento único. Pero hay una cuestión diferenciadora y es que no deben confundirse las actitudes personales con la acción política, porque existe el riesgo que la desvertebración social llegue hasta tal punto que se empiece, entre otras cuestiones, a ver como normal el ya iniciado desmantelamiento del estado del bienestar a favor de políticas neoliberales en materia de educación, sanidad…    

El pensamiento que conduce a una parte importante de los  ciudadanos a manifestar que todos los políticos son iguales está enmarcado, en un amplio porcentaje, en los casos de corrupción y en este sentido  he de decir que solo son iguales los que habiéndose presentado por una opción de progreso e incluso militando bajo esa ideología progresista coincidan en sus actitudes y en la forma de entender la política con las actitudes y maneras de aquellos políticos que en el sector conservador operan bajo el mismo formato, el de salvaguardar su interés personal, ya sea porque prime el sueldo sobre su responsabilidad política o porque juegan con lo público para favorecer intereses espurios. 

Pero existe otro tipo de corrupción, que también perciben los ciudadanos y es la corrupción intelectual, la de aquellos dirigentes que conocedores de estas actitudes consienten que  sigan practicándose. Porque ya no hablo de la corrupción zafia y grosera de meter la mano o ponerla, no, me refiero a la deshonestidad intelectual, a esa corrupción de guante blanco que consiente, por una cuestión de supervivencia política, que una ideología de progreso se vea alterada, desacreditada y como consecuencia abocada a una representación en las instituciones cada vez más nimia, debilitando de esta forma la estructura democrática.S

El raquitismo político

El raquitismo es una enfermedad infantil caracterizada por una endeblez extrema y una falta de desarrollo del individuo. Existe una segunda acepción en el RAE: “Desarrollo escaso o deficiente de cualquier organismo animal o vegetal”. Y si vamos al día a día se considera raquítico como sinónimo de debilidad acentuada e, incluso, grotesca.

Es inevitable, teniendo en cuenta las dos últimas acepciones, pensar que tenemos un gobierno raquítico. Un gobierno cuya extrema debilidad y ansias de mantenerse en el poder al coste que sea, nos está llevando a una radicalización de la sociedad de la que hasta sus mismas bases están siendo víctimas.

Nadie cree en sus razones sobreactuadas. Nadie cree en la extrema laboriosidad de su contrastada inoperancia. Nadie cree, por no hablar de hilaridad, en los sondeos que el CIS publica y que están llevando al descrédito de una institución del estado usada de forma partidista.

¿Puede un gobierno mantenerse con este clima popular?  A la vista está que puede. ¿Debe? La mayoría de los españoles, incluidos algunos de sus más destacados militantes, consideran que no, pero por si hay dudas el Presidente del Gobierno en un acto con ribetes de absoluta soberbia publica su libro “Manual de Resistencia” que más parece una declaración de intenciones que un tratado de ética política.

Cabe hacerse una última pregunta, ¿cuál es el programa posible del gobierno? Tal vez alguien no haya reparado en, o le haya sorprendido, la palabra posible, pero es que dado el raquitismo parlamentario del partido que ejerce como gobierno, en solitario, no sabemos cuáles serían sus verdaderas intenciones, porque solo puede hacer lo que sus socios le permiten, y ahí sí que tenemos un problema.

Tenemos un problema grave, muy grave.

El principal socio del gobierno es un partido que bordea la defensa de la constitución, muchas veces por la parte de fuera, que engloba a anticapitalistas y anti sistema en general, es decir radical, que además está en caída libre en intención de voto y en descomposición interna pública y publicada.

Pero si este socio es problemático resulta que el resto de socios del gobierno son independentistas confesos o filo independentistas, lo que sume cualquier iniciativa que les favorezca en una cesión a unas posiciones con las que la mayoría del país está en desacuerdo. Y esas cesiones son continuas porque es la única moneda que tiene el gobierno para perpetuarse en el sillón presidencial, al que parece tan afecto Pedro Sánchez.

El principal socio del gobierno es un partido que bordea la defensa de la constitución, muchas veces por la parte de fuera, que engloba a anticapitalistas y anti sistema en general, es decir radical, que además está en caída libre en intención de voto y en descomposición interna pública y publicada.

Pero si este socio es problemático resulta que el resto de socios del gobierno son independentistas confesos o filo independentistas, lo que sume cualquier iniciativa que les favorezca en una cesión a unas posiciones con las que la mayoría del país está en desacuerdo. Y esas cesiones son continuas porque es la única moneda que tiene el gobierno para perpetuarse en el sillón presidencial, al que parece tan afecto Pedro Sánchez.

 

 

 

 

“El principal socio del gobierno es un partido que bordea la defensa de la constitución, muchas veces por la parte de fuera, que engloba a anticapitalistas y anti sistema en general, es decir radical,”

Así que en principio solo podemos presumir que el gobierno gobierna por interpuesto, sin capacidad real de maniobra y confiando de cara a la gente en crear la suficiente confusión con sus juegos verbales como para evitar un deterioro que parece irreversible. Si a estas piruetas idiomáticas le sumamos la incapacidad de comunicación coherente de la vice presidenta la comunicación gobierno-ciudadanos es una vía muerta, muerta y con claros síntomas de fetidez.

Si las declaraciones de que las opiniones de Pedro Sánchez no tienen que ser coincidentes, ni siquiera coherentes, con las del Presidente del Gobierno, a pesar de ser el mismo, sumieron en el estupor a la población en general, los resultados de la elecciones andaluzas y la actitud de considerarlos ajenos a la responsabilidad de los errores cometidos en Madrid raya en el cinismo más absoluto.

Tal vez, es más que probable, que parte de la renuencia  a convocar elecciones, que parece la salida evidente y única, venga de esos resultados andaluces y de la incapacidad de asumir responsabilidades por parte del gobierno de la nación. De asumir responsabilidades y, ahora sabemos, la decisión del Presidente de escribir un nuevo capítulo de su libro, lo haya escrito quién lo haya escrito, aunque sea costa de dejar tras él un erial político, un erial en su partido y un erial en su país.

Su última cesión, el relator, mediador, notario, escribiente, asistente, o lo que quiera que sea o como se le quiera llamar, ha logrado incendiar incluso el interior de un partido que nunca le ha sido especialmente afecto, salvo los forofos del “no es no” que son sus votantes de primarias y que no representan en absoluto la línea política que España quiere y necesita. Y parece que esta vez ni los subterfugios idiomáticos de llamarle lo que no es y negar lo que es van a conseguir calmar un clamor que cada vez va siendo más popular y menos formal.

Hay que reconocer que no toda la culpa es de Pedro Sánchez, y lo voy a reconocer. Una gran culpa es de este sistema electoral absolutamente perverso y desprestigiado que permite obtener mayoría de escaños con minoría de votos según los territorios electorales en los que te presentes. Esta perversión ¿democrática? Que impide que todos los votos valgan los mismo y que prima a los independentistas de territorios menores al presentarse en territorio global.

Seguramente si sumáramos a día de hoy, en una elecciones actuales, todos los votos de los partidos afectos al gobierno, incluido el gobierno, y los de los que están en contra, sin convertirlos en escaños, los primeros serían bastante menos de la mitad de los emitidos. Y ellos lo saben.

En todo caso si hay dos grandes beneficiados en la situación actual, los independentistas, naturalmente, que están colando su mensaje de que ellos defienden la razón y la pureza democrática, y Vox, que observa como sus posibles votantes crecen a cada día y a cada disparate del gobierno de la Nación.

Y ¿hay alguna solución?. Una parcial, elecciones inmediatas, y otra definitiva y por ello improbable: listas abiertas y circunscripción única ya.

¿Y mañana? Mañana volveremos a hablar del raquítico y encastillado gobierno.

Venezuela. Hablemos de democracia. ¿Es menos democrática la elección de Maduro que la de Trump?

La diferencia más destacada con Venezuela es que el presidente de este país se elige por el voto directo de los ciudadanos, mientras que en EE.UU. el vencedor en cada Estado (menos uno) los llamados “votos electorales” se los queda todos el candidato con más votos directos, aunque no lleguen al 50%. Este sistema le permitió a Donald Trump ser presidente de EE.UU. con casi tres millones de votos menos que Hillary Clinton. (304 votos electorales para Trump y 227 para Clinton)

Si obviamos el tema Clinton, para centrarnos en la comparativa con Venezuela, podemos decir que Trump tuvo el respaldo del 45,96% de los votantes pero solo el 27,20% del censo. Yendo a Maduro los datos son 66,52% de los votos emitidos (votantes) y 30,43% del censo. Y conviene recordar que Maduro, digan lo que se diga en algunos medios de comunicación, competía con otros candidatos. Se puede criticar que tenía los medios de comunicación a su lado… pues como en cualquier democracia formal de estas que habitamos, aunque le demos la apariencia de competencia leal…

Ciertamente, el abstencionismo fue alto, cosa que sucede cuando hay una fuerte oposición que pretende deslegitimar el proceso. Pero si, en las legislativas de 2015, la abstención fue del 26% se puede especular que la oposición leal a Guaidó pudo movilizar a un 20% del electorado para que no fuera a votar. No es desdeñable pero sigue siendo menor que el apoyo que recibió Maduro (30%).

Nota llamativa. Rajoy gobernaba con un 22,85% del censo y Sánchez lo hace ahora con el 15,68%, independientemente de los pactos concretos para acceder al poder en ambos casos. Importante recordar que aquí no hay elecciones directas a presidente de gobierno.

En el sistema norteamericano y el venezolano, como en el francés –Macron obtuvo en primera vuelta tan solo el 23,4% de votos emitidos (18,2% sobre censo) y, gracias a la segunda vuelta, subió al 57% de votos que representan un 42,61% del censo–, existe separación de poderes, por lo que el legislativo y el ejecutivo se eligen por separado; es decir, cada poder responde directamente ante el pueblo y el sistema para deponer democráticamente a un presidente es complejo. En España y otros países, el depositario de la voluntad popular es el legislativo (Congreso y Senado), de donde emanan los otros poderes del Estado –existe división de poderes– por lo que el ejecutivo y el judicial son nombrados desde el Congreso y es quien puede deponerlos. 

Si Sánchez acepta que un diputado de la oposición se autonombre presidente de Venezuela ¿Por qué no acepta la secesión de Cataluña? Evidentemente, porque no es democrático… aunque porcentualmente el secesionismo llega al 37% del censo. Parecen tener una doble vara de medir; lo mismo puede decirse del PP y C’s… Bueno, no demos ideas… 

¿Todos los países donde su población pasa miserias deben derrocar a sus gobernantes?

Parece que existen índices de miseria y de pobreza por separado y que cerca de 2.800 millones de seres humanos viven con menos de 2 dólares por día. También parece que, en el índice de miseria, Venezuela tiene un lugar destacado junto a Brasil, Argentina, Sudáfrica, España o Arabia Saudí. No se cuáles son los criterios para entrar en dicho índice, pero parece que no son los mismos que para pertenecer al club de los países pobres, donde el ranking lo encabezan, prácticamente, países africanos. También es llamativo comprobar que en los países pobres suelen existir grandes riquezas nacionales. Es difícil sacar conclusiones pero las causas de la miseria y de la pobreza no siempre son internas de los países que las sufren.

En el caso venezolano, es evidente que la continua hostigación desde EE.UU. y sus satélites ha sido determinante para colapsar su economía. Sin por ello quitar responsabilidades a sus gobiernos. Pero de ahí a derrocar a todo gobernante y desde los criterios marcados por Mister Trump hay mucho trecho.

¿Comparar a Arabia Saudita con Venezuela es correcto?

Hay comparaciones que son odiosas. Ambos países tienen mucho petróleo; el venezolano tiene más costes de refinado, pero es más cercano a la metrópoli, a EE.UU.. 

No me consta que en Arabia Saudita haya un sistema electoral y derechos de ciudadanía, ni nada que se le aproxime ¡Es una monarquía absoluta! Los derechos humanos no están reconocidos. No existen derechos laborales (dicen que hay una pequeña apertura…???) Es un país que ha financiado terrorismo y guerras. Actualmente, sus bombardeos sobre civiles en Yemen son noticia a diario. Pero tiene una gran “virtud”: es fiel aliada de EE.UU.

El “pecado” de Venezuela es su falta de servilismo a los “dueños del mundo”. Con mayor o menor acierto, el chavismo ha pretendido poner la economía al servicio de las clases más desfavorecidas. 

Como decía antes, los resultados de la política interna de un país no siempre dependen de sus gobernantes y de eso sabemos mucho en el sur de Europa (Grecia, Portugal, España,..) Lo que en Europa son los controles de la Troika, en Hispanoamérica se convierten en agresión económica y desestabilización política pura y dura.

A Trump, a Sánchez… a la UE, ¿solo les motiva la democracia?

Hablar de democracia es tan solo un subterfugio para ciudadanos ingenuos que se emocionan cuando repiten hasta la saciedad la maldad de Maduro, cual diablo con cuernos y rabo. Convertir a Maduro en un héroe tampoco es la solución. 

El sistema político venezolano es presidencialista, como el yanqui. Trump tiene cerrada la administración porque el Congreso americano no le aprueba los presupuestos, con miles de empleados públicos en casa y sin cobrar. ¿Puede el Congreso de EE.UU. cesarlo y sustituirlo por alguien más capaz? Puede, pero no es fácil y, sobre todo, no puede hacerlo por autoproclamación nadie. Y, en todo caso, se han de demostrar delitos, como se intentó con Clinton.

El sometimiento de la UE a los intereses de EE.UU. es evidente. Europa está en decadencia y su proyecto es subsidiario del yanqui. Pedro Sánchez tiene poca entidad como político; eso sí, mucha ambición. Que hoy sea el adalid en Europa contra el régimen chavista tiene orígenes en la época de Felipe González y su amistad con el corrupto Carlos Andrés Pérez, y su particular interés de mantenerse en la poltrona; ¿Cómo atreverse a ser un verso suelto en la neoliberal Europa?

¿Dónde queda el principio de la no injerencia? Es la ONU el lugar donde se han de dirimir y solventar los conflictos de derechos humanos, de pobreza y de migraciones. Siempre con criterios colaborativos, no agresivos. Sr. Sánchez ¿Le parece más demócrata Puigdemont y Torra? ¡Preocupante!

¿Que expectativas tiene la sociedad venezolana si triunfa Guaidó? 

Venezuela no tiene buenas expectativas ni con Maduro, porque la presión externa es muy fuerte y el apoyo de Rusia y China no se ha materializado, y menos aún si EE.UU. consiguiera colocar al monigote de Guaidó en la presidencia. La represión que se desataría y la conflictividad social serian enormes. Eso si, mediáticamente nos lo endulzarían. 

Las multinacionales estadounidenses están salivando ante el negocio que pueda suponer entrar a saco en Venezuela, como lo hicieron en Irak y en Libia. 

La amenaza de un Vietnam hispanoamericano es real si EE.UU. persiste en su política de considerar a toda América Central y del Sur como su patio trasero. 

Esto es un problema geopolítico, geoestratégico… y detrás está la lucha de clases en su concepto más mundialista

Las tensiones geopolíticas actuales no tienen tanto que ver con ideologías como con intereses. Rusia y China son actores principales en el concierto internacional y con muchos intereses en todo el mundo, incluidas Centroamérica y Sudamérica. Rusia no puede considerarse hoy un sistema comunista, más bien capitalista. China, en tanto que participa en el mercado mundial con criterios de mercado, no puede tampoco entrar en la categoría de conflicto ideológico. La decadente Europa se mantiene en la órbita norteamericana lo que le impide y limita su propio desarrollo al aceptar esa subsidiariedad.

Las técnicas utilizadas en Siria, financiando incluso al DAESH de forma encubierta, provocó la emigración forzosa de millones de ciudadanos de Siria y países limítrofes. La intención siempre fue invadir Siria con la justificación de que Bashar al-Ásad era un sátrapa, un dictador odiado por su pueblo. Hoy, la verdad, tras la derrota del DAESH y de los grupos terroristas financiados directa o indirectamente por EE.UU., se impone y es deseable que Siria se recupere de esa guerra invasiva.

La realidad es que la lucha de clases sigue siendo el motor del mundo. La acumulación de la riqueza en pocas manos es una realidad ofensiva en un mundo que se considera a sí mismo evolucionado. Los países juegan un papel en esa contienda, incluso más allá de la voluntad de sus gobernantes. Si Venezuela cae en las garras del Tío Sam tendrá razón Warren Buffett cuando afirmó que “la lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando“.

¡No al golpe de estado en Venezuela!

Guatebuena o guatemejor

Asombra cada vez más esa capacidad desarrollada por algunas personas para leer lo que ellos quieren leer sin pararse ni un ápice en leer lo que realmente dice un texto. Y además se permiten discutir con el autor en base a lo que dicen haber leído sin dar ninguna credibilidad a lo que evidentemente dice el texto en cuestión.

Es obligación de todo el que escribe hacerlo con las palabras correctas, con la precisión de un ingeniero y la claridad de una ventana sin cristal, para cerciorarse de que lo que dice se corresponde con lo que quiere decir. Pero aun así habrá quien lea algo diferente a lo escrito. Y no hablamos de las lecturas entre líneas que algunos escritores cultivan, cultivamos, con esmero, no, si no de la interpretación absolutamente errónea del texto principal.

Es verdad que casi siempre estas posturas se corresponden con querencias ideológicas, casi siempre, que llevan a interpretar todo con el simplismo de lo bueno y lo malo.

Sin comerlo ni beberlo, sin ni siquiera pretenderlo, un escritor puede pasar de fascista irredento a rojo de mierda en el tiempo en que ciertos lectores tarden en leer el título de artículos que defienden lo mismo con distinta argumentación. Basta con que la postura no sea totalmente coincidente con los patrones de pensamiento aceptados en ese momento por el movimiento ideológico, o partido, al que el lector esté adscrito.

Me ha pasado recientemente con un artículo sobre la situación venezolana, en el que pretendía comentar la falta de información veraz con la que nos movemos y el cuidado que hay que poner en dar por bueno algo que, desde la distancia, puede parecer coincidente con nuestra forma de pensar pero sin dominar el entorno en el que se produce, ni las circunstancias.

Soy un convencido que el personajillo que dice gobernar Venezuela en nombre de los intereses que sea, y que él y los de los intereses sabrán, es un cáncer totalitario de los que hacen todo el daño que pueden antes de ser extirpados, no tienen cura, y que por tanto mi postura es absolutamente reprobatoria.

Pero también recuerdo que antes de Chavez Venezuela no era un paraíso para el pueblo en general, aunque si para una oligarquía feroz y acaparadora. ¿Puedo desde aquí presuponer que el señor Guaidó, que en principio tiene mayores simpatías para mí que Maduro, no va a representar a otros intereses, de otro signo o nacionalidad, que no sean también perjudiciales para los pobladores de aquel país? Pues no, no lo puedo presuponer. Ni la historia ni lo poco que sé del nuevo presidente venezolano me invitan al optimismo de pensar en un país libre de las garras extranjeras y donde la sociedad sea igualitaria y se beneficie de sus riquezas. No puedo, imposible. ¿Quiere esto decir que prefiero que siga Maduro? Ni de broma. Sus bufonadas permanentes me llevan de la vergüenza ajena a la incredulidad, del bochorno a la conmiseración por los gobernados, y a la indignación. Solo un muñeco articulado puede ser tan nefasto y gobernar.

Cuando uno está en lo peor, y posiblemente Venezuela lo está o lo roza, cualquier otra cosa es mejor, pero a veces lo mejor es enemigo de lo bueno, y eso si me preocupa.

Como me preocupan, y mucho, los apoyos recibidos por el señor Guaidó. Pienso que si yo recibiera el apoyo a mis ideas de Trump o de Bolsonaro, abriría con carácter de urgencia una honda reflexión sobre mis ideas, con la esperanza de que ellos estuvieran equivocados al apoyarme.

En fin, que cada uno lee lo que quiere o lo que su mente le permite. Espero que esta vez mi reflexión se entienda un poco mejor que la anterior.  Al menos por parte de los que a la hora de leer, de charlar o de debatir, usan la plantilla ideológica para poder posicionarse, y de paso posicionar a los demás que es lo que más les divierte y satisface.

Venezolanos, mucha suerte, la vais a necesitar suceda lo que suceda, y, sobre todo, no cejéis en la lucha por conseguir un país libre, igualitario y justo.

La extrema decepción

Hemos construido un mundo, o nos han construido un mundo, que solo puede entenderse desde la posición ideológica. Un mundo de enfrentamientos por nada, de confrontaciones nimias, de declaraciones altisonantes y nulas realidades. Un mundo que solo puedes comprar como militante, término que califica a los forofos de una ideología, y que ignora de forma sistemática y contumaz a la mayoría de ciudadanos que ni comulgan con muchos de sus postulados, ni participan de las periódicas demostraciones de autosatisfacción partidaria, ni compran las repetidas mentiras usadas para intentar marcar una diferencia con la ideología colega y contraria.

Y ahora, cuando el ciudadano harto ya de estar harto ya se cansó y, como todos los que se cabrean para adentro y durante mucho tiempo, explota otorgando su voto, su grito, su cabreo, a partidos populistas y extremos, ya sé que esto es redundante pero conviene redundarlo, estos personajes instalados en su pretendida, y ampliamente vendida, superioridad ética vienen a decirnos lo equivocados que estamos y en que peligros incurrimos al votarlos.

Es cierto, los partidos extremos son peligrosos, su falta de rigor en el análisis, su absoluta falta de criterio en la adopción de medidas y su marcado carácter  marxista, de los Hermanos Marx no del otro, en cuanto a su desfachatez para adaptar sus criterios a lo que haga falta, los hace no solo extremos en sus ideologías y sus acciones, sino extremadamente peligrosos en su implantación social y su deriva inevitablemente totalitaria.

Tuvimos hace unos pocos años una explosión de izquierda radical que va remitiendo y ahora asistimos a una explosión de derecha radical que también espero que remita. Lo curioso es que la izquierda radical fue acogida con cierta simpatía y la derecha radical es acogida con grandes aspavientos. Cuando lo radical aún no es extremo, cuando la base es más populista que ideológica, ni la simpatía ni los aspavientos son de recibo. Son como la fiebre, un síntoma que debe de hacer que nos examinemos con rigor para localizar la dolencia y actuar en consecuencia. Y siempre tener en cuenta que, a pesar de miradas interesadas o deformadas históricamente, la extrema derecha en el mundo no tiene más muertos que la extrema izquierda ni sus métodos, totalitarismo y terror, son diferentes.

“Tuvimos hace unos pocos años una explosión de izquierda radical que va remitiendo y ahora asistimos a una explosión de derecha radical que también espero que remita. Lo curioso es que la izquierda radical fue acogida con cierta simpatía y la derecha radical es acogida con grandes aspavientos.”

Como siempre la teoría deja sensación de poca concreción, así que intentemos hacer una proyección de la teoría sobre un problema concreto. Podríamos elegir: violencia de género, globalización, delincuencia callejera, ocupación mafiosa, educación, inmigración…

Creo que la inmigración nos puede dar una visión exacta del problema, de las posturas adoptadas y de una solución razonable, aceptable.

Dice la izquierda radical que hay que garantizar la libre circulación, la eliminación de fronteras. Y a mí me parece una posición loable, ideal intelectualmente hablando, pero irrealizable a corto plazo, imposible sin un trabajo previo y largo que permita la práctica real de ese ideal.

Dice la derecha radical que hay que cerrar las fronteras y expulsar a los inmigrantes porque la economía no soporta la avalancha continua de personas sin objetivo ni capacidad de integración en un sistema ya dañado. Y tiene una antipática, en el sentido literal de la palabra, razón. Un sistema incapaz de generar  ocupación y sin reglas para una integración eficaz solo puede crear bolsas de miseria, de marginación y guetos que al fin y a la postre acaban derivando en delincuencia.

“Dice la derecha radical que hay que cerrar las fronteras y expulsar a los inmigrantes porque la economía no soporta la avalancha continua de personas sin objetivo ni capacidad de integración en un sistema ya dañado.”

Pero la razón de la derecha es torticera y oculta realidades sociales incuestionables, realidades de necesidad, de conveniencia, de humanidad, así como la razón de la izquierda es puramente estética y se desentiende de los problemas sociales generados a posteriori. Se desentiende y demoniza a aquellos que quieran ponerlos a la vista de todos.

La sociedad española actual necesita imperativamente la inmigración. Basta con pasar nuestra mirada por el día a día de nuestros ancianos o por nuestra variable demográfica. La casi totalidad de los cuidadores domésticos, municipales o residenciales, son inmigrantes, personas que han hecho de su necesidad paliativo de la nuestra y de la de nuestros mayores, que aportan su dedicación, y en muchos casos su cariño, a tareas que no son especialmente amables, ni están especialmente bien remuneradas, y que lo hacen a pesar de que las leyes y cierta parte de la sociedad les  ponen trabas y los señalan. Y quién habla de nuestros ancianos habla de la construcción, de la hostelería, de todos los empleos de baja cualificación que quedarían desiertos si no fuera por ellos.  Y cada vez más los niños nacidos son de progenitores inmigrantes.

Y es en este punto de necesidad donde primero se confrontan las peregrinas ideas ideológicas. Donde la realidad, el día a día, desmonta las peregrinas ideas de la izquierda y de la derecha que llevan a la sociedad a rebelarse contra posturas que ignoran los problemas del ciudadano de a pié.

Porque si bien es cierto que necesitamos la inmigración, que nuestra baja tasa de natalidad y nuestra decadencia laboral en la que todos aspiramos a lo máximo sin reparar en lo imprescindible y creamos leyes y condiciones que traban o imposibilitan la necesidad, también es cierto que un país no puede acoger indiscriminadamente a todo el que llame a su puerta, ni mucho menos al que la fuerce.

Hay casos de lesa humanidad en los que acoger al que lo pide es una obligación moral, casos en los que la huida de la guerra, del genocidio, de la barbarie violenta hacen irrenunciable la acogida, pero ni todos son estos, ni estos son todos.

Porque la inmigración ilegal e indiscriminada, parte de ella,  tiene consecuencias perversas para la economía, para la cultura y para la convivencia.

España tiene cuatro vías abiertas a la inmigración, pero sangra especialmente por una y se queja fundamentalmente de tres: la sudamericana, la africana, la china y la europea, siendo esta última de tres clases, la de los jubilados con países con mejor renta que la nuestra, menos sol y menos calidad de vida, la de la delincuencia internacional  y en este mismo grupo están también profesionales de Europa del este altamente cualificados en sus países y que en el nuestro desempeñan labores muy por debajo de su valía.

Curiosamente esta última que representa en su mayor parte una afrenta a nuestra cultura, hay jubilados ingleses y alemanes que después de años no saben decir buenos días en nuestro idioma y que se niegan a convivir con los españoles, y un foco de delincuencia de alto nivel mucho más peligrosa aunque menos molesta que la de los raterillos de poca monta o los extorsionadores de semáforos, que pertenecen al mismo grupo, es la que menos rechazo provoca en la población media, porque ni se le suponen ayudas oficiales, ni hacen ruido cuando entran.

Los chinos, esa multitud que no se sabe ni cuándo viene, ni en que cupos, ni cuándo se va, ni si se va, se han apoderado del antiguo comercio de barrio, de la típica tienda de ultramarinos, de la droguería, de la tienda de electricidad y de todo el comercio minorista, y ya no tan minorista, e incluso empieza a ser habitual verlos al frente de pequeños negocios de hostelería. La queja habitual es que tienen condiciones especiales en los impuestos, la explicación habitual es que el gobierno chino se hace cargo de los impuestos durante un tiempo. Mi principal preocupación con este colectivo es que estoy viendo que cualquier día pido unos callos y me ponen rollitos de primavera. También es cierto que últimamente se aprecia una cierta integración en la sociedad y empiezas a observar chinos de segunda generación perfectamente inmersos en la sociedad española. Hasta sus mafias son internas y no afectan a los ciudadanos que no sean de su etnia.

La sudamericana es tal vez la inmigración más aceptada. Abandonan a la familia y se vienen con lo puesto para empezar a trabajar al día siguiente. Ocupan los espacios más humildes de la bolsa de trabajo disponible y su acervo cultural y lingüístico les permite integrarse desde el primer momento con el resto de la población española. No suelen requerir ayudas de ninguna clase y su labor es apreciada, seguramente por tener el mismo idioma, en las tareas de hogar y cuidado de personas mayores. Preocupan sobre todo las estructuras mafiosas, casi siempre juveniles, que a veces intentan imponer su ley en los barrios que van colonizando. Pero salvo este problema, que es de carácter policial más que social, y su tendencia a crear guetos por nacionalidades, no existen conflictos graves abiertos entre nativos e inmigrantes de este grupo.

Y ahora llegamos a la inmigración por la que sangra el problema: la africana. La inmigración musulmana del norte de África y la subsahariana. A las que podemos añadir la de países árabes en conflicto bélico o religioso. Son realmente la primera plana de la inmigración. Las pateras, los barcos repletos, el trabajo de las mafias que les facilitan los lamentables medios para que alcancen Europa o mueran en el intento. El problema de esta inmigración, que es la que todos utilizan para sus falacias políticas, es que se hace visible desde el primer momento violentando las fronteras para lograr el acceso a una sociedad en la que posteriormente rara vez se integran, ni laboral ni socialmente. Es verdad que en algunos casos porque recalan en países que no les ofrecen ninguna salida, pero en otros casos por su mismo rechazo, ético y religioso, hacia la sociedad que los acoge. Esta inmigración, además, sí es sospechosa de ayudas oficiales, nunca clara y fehacientemente desmentidas, lo que unido a sus demandas de cambio en la sociedad de acogida, utilizadas torticeramente por algunas tendencias políticas para sus propios fines, los hacen padecer un rechazo casi visceral.

 

 

 

“Y ahora llegamos a la inmigración por la que sangra el problema: la africana. La inmigración musulmana del norte de África y la subsahariana. A las que podemos añadir la de países árabes en conflicto bélico o religioso.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Esta inmigración, además, sí es sospechosa de ayudas oficiales, nunca clara y fehacientemente desmentidas, lo que unido a sus demandas de cambio en la sociedad de acogida, utilizadas torticeramente por algunas tendencias políticas para sus propios fines, los hacen padecer un rechazo casi visceral.”

 

Cuando se habla políticamente de la inmigración, sea a favor o en contra, suele ser casi exclusivamente de este grupo en el que se integran los colectivos que mayor rechazo social producen: los manteros, los musulmanes radicales, los terroristas venidos de zonas en conflicto…

Es a este grupo al que la izquierda radical dedica sus afanes solidarios. Al que la izquierda radical utiliza para llevar adelante sus afanes contra el catolicismo, ya sea como base de fiestas y tradiciones o como religión predominante, aunque cada vez menos, en la cultura e historia del país. Y ni esa cultura ni esa historia, ni esas tradiciones, van a ser rechazadas por la inmensa mayoría del pueblo español, no hoy al menos, por mucho que se ataquen o denigren. Y son esas actitudes, esa ceguera interesada ante los hechos, esa forma de fomentar lo ajeno frente a lo propio, lo que agita los fantasmas xenófobos que llevamos dentro

Es a este grupo al que la derecha radical habla de expulsar, de acabar con el top manta, de acabar con el peligro de atentados en nuestras calles, de acabar con la intromisión en costumbres hondamente arraigadas en la sociedad española de origen, ya solo de origen, religioso como las Navidades o la Semana Santa. Es a este grupo al que señala la derecha radical cuando habla de peligros, de falta de integración y de conflictividad. Es a este grupo al que la derecha radical utiliza para agitar nuestros interiores fantasmas xenófobos.

La inmigración, toda, sin excepciones, es un problema, pero es un problema no porque vengan, que están en su derecho, no porque no se integren, que están en su derecho, no porque opinen y se manifiesten sobre nuestras costumbres, que están en su derecho, no. La inmigración es un problema porque tanto la derecha radical como la izquierda radical la utilizan para sus propósitos no declarados. Unos se exceden en su permisividad, los otros en su intolerancia, y ni los unos ni los otros se preocupan lo más mínimo por resolver el problema.

Tal como ya había dicho, esta posibilidad de análisis existe para cada uno de los problemas que integran los ideológicos idearios de los partidos radicales. Fantasmas que se mueven al albur de las necesidades de desacreditar al otro bando, que toman cuerpo de heridas sociales abiertas y que se alimentan con bulos nunca desmentidos, con hechos aislados presentados como norma y viejos rencores que la historia no ha cerrado.

Ni la derecha radical representa a una mayoría de la población española ni tampoco lo hace la izquierda radical. Lo único que representan, ambas, son la extrema, la radical, decepción de un pueblo que se siente cada vez menos interesado por un sistema político plagado de errores de representación en los que se persevera por interés de los partidos que administran la partidocracia.

Ante la extrema decepción, listas abiertas y circunscripción única ya.

Una sociedad mediocre

Nos hemos convertido en una sociedad mediocre. Acobardada, servil y mediocre. Y no me estoy refiriendo a la sociedad española exclusivamente aunque sea la que tengo más presente, me estoy refiriendo a la sociedad occidental en general que está culminando un camino de varios siglos en los que, salvo hechos puntuales, se ha ido refugiando en un adocenamiento inducido por la cesión del individuo hacia las instituciones.

El individuo, armado de sus números  (de cuenta, de identificación, de acceso a la sanidad, de matrícula laboral, de teléfono,…) se va diluyendo en medio de unas estructuras de poder inicialmente diseñadas para resolver los problemas comunes y que con el tiempo se han ido convirtiendo en voraces organismos fuera del control ciudadano en el mejor de los casos cuando no en causa directa de los mayores problemas del mismo.

Es inconcebible que convivamos con normas y leyes dictadas en nuestro favor (póngase el tono ironía activo) que todos sabemos puramente recaudatorias y coercitivas y no seamos capaces de obligar a sus promotores a retirarlas avergonzados de forma fulminante. No, no solo no las retiran y nos piden perdón, si no que con la cabeza alta y la soberbia de quién se considera por encima de sus administrados nos enumeran una lista infinita de pretendidas ventajas para nosotros.

Las leyes, las normas, ya no son un instrumento de defensa de la razón y la convivencia, ahora, aquí, para casi todos, las leyes y las normas son un instrumento administrativo para despojar al ciudadano indefenso ante la aplastante maquinaria de unos organismos administrativos centrados en la explotación inmisericorde del bolsillo privado. Más allá de la justicia o la razón, más allá de la equidad o idoneidad de la aplicación de las normas, la administración persigue al ciudadano hasta límites intolerables, moralmente reprobables, bordeando la ley hasta su aplicación fraudulenta e interesada.

“Las leyes, las normas, ya no son un instrumento de defensa de la razón y la convivencia, ahora, aquí, para casi todos, las leyes y las normas son un instrumento administrativo para despojar al ciudadano indefenso ante la aplastante maquinaria de unos organismos administrativos centrados en la explotación inmisericorde del bolsillo privado”

Así que el ciudadano asiste entre el pasmo y su incapacidad de una reacción acorde a su indignación a su continuo despojo, a su permanente indefensión, al pisoteo sistemático de sus derechos individuales desde las diferentes administraciones -¿Por qué tener un expoliador si podemos tener varios y que se escuden unos en otros?- o desde grandes corporaciones protegidas por las leyes que les permiten actuar de forma lesiva e injusta sin otro derecho que el de la coacción de suspender un servicio básico ante cualquier posibilidad de resarcirse o rebelarse que el ciudadano de a pié pueda tomar.

Es intolerable la situación, el descaro, pero se toleran. Son intolerables las formas, los fondos y las explicaciones, pero se toleran y se mira hacia otro lado. Son intolerables los personajes que medran al amparo de estas normas, de estas leyes, y que añaden a la vejación de su aplicación la insultante, muchas veces, actitud personal de inquisidor, la altiva confrontación de quien se cree con una superioridad e impunidad que insulta, que veja, que condena a quien le paga aún antes, sin ni siquiera haberlo escuchado.

Es un fraude de ley la presunción de veracidad que permite gravar y/o condenar a un ciudadano sin otra prueba que la denuncia de otro ciudadano al que se le concede tal privilegio por motivos de mayor facilidad condenatoria. Es un fraude de ley que reconocida la presunción de inocencia en la constitución el ciudadano tenga que demostrarla ante cualquier conflicto con la administración o funcionario o personal asimilado y no estos su culpabilidad. Baste su palabra

Es fraude de ley, pero su aplicación es permanente, que las leyes y normas se utilicen con un fin diferente de aquel para el que fueron aprobadas.

Es fraude de ley utilizar los plazos y recursos de la administración para dejar indefenso, sin capacidad de reacción al ciudadano, pero tanto la administración central, como las administraciones autonómicas, como los ayuntamientos lo hacen sistemáticamente sin que nadie parezca dispuesto a intervenir o capaz de ponerles coto.

Es fraude ciudadano que alguien pueda ser condenado por lo mismo que otro sea absuelto, baste cambiar de juez, de ayuntamiento o de comunidad autónoma.

Es fraude de ley que una ley no tenga otro objetivo que despojar a un ciudadano de una parte o la totalidad de los bienes sin pararse en su justa aplicación moral ni en las consecuencias  económicas o laborales para el condenado.

Es fraude ley, ciudadano, ético y de cualquier clase que el sistema, mediante la educación, avale esa mediocridad y la fomente vistiéndola como una mejora, haciendo del fracaso un éxito y de la falta de mérito un mérito homologable. Ofende a la inteligencia, ofende a los que se esfuerzan por lograr metas y ofende a los que educan, pero sobre todo hipotecan y empobrecen el futuro de esas generaciones y del país que lo permite.

Pero a todo esto asistimos y nos callamos. Todo esto lo sufrimos y los seguimos votando con unos criterios que solo pueden entender los forofos, los partidarios, los que están dispuestos a pasar por lo que sea para que no ganen los otros, tan descarados, tan sinvergüenzas, tan dañinos como estos o más, pero con una etiqueta diferente. Y es tal el hartazgo, la desinformación, que cuando queremos salirnos del follón creado solo vemos la opción de los mesías de la palabra hueca, del populismo sin soluciones, del mesianismo del ciudadano uniforme y plano tan contrario a la libertad y a las libertades.


Pero a todo esto asistimos y nos callamos. Todo esto lo sufrimos y los seguimos votando con unos criterios que solo pueden entender los forofos, los partidarios, los que están dispuestos a pasar por lo que sea para que no ganen los otros, tan descarados, tan sinvergüenzas, tan dañinos como estos o más, pero con una etiqueta diferente. Y es tal el hartazgo, la desinformación, que cuando queremos salirnos del follón creado solo vemos la opción de los mesías de la palabra hueca, del populismo sin soluciones, del mesianismo del ciudadano uniforme y plano tan contrario a la libertad y a las libertades.

“Pero a todo esto asistimos y nos callamos. Todo esto lo sufrimos y los seguimos votando con unos criterios que solo pueden entender los forofos, los partidarios, los que están dispuestos a pasar por lo que sea para que no ganen los otros, tan descarados, tan sinvergüenzas, tan dañinos como estos o más, pero con una etiqueta diferente.”

Y es que en apenas dos siglos el habitante de los países occidentales en general ha sufrido una imparable mutación de ciudadano en contribuyente y  de contribuyente en paganini. Tan imparable e indeseada mutación amenaza con no dejar las cosas así y convertir al paganini actual en un aborregado esclavo de un gran hermano, insospechado por su origen para Orwell en unos casos y exacto en otros, que ya claramente asoma las orejas.

Balad, balad hermanos, con las papeletas en las manos.

Elegid, elegid con esmero quién os quitará el dinero.

Bailad, bailad los triunfos de los que os van a despojar.

Y después de cuatro años, volveremos, volveremos a empezar. (Si nos dejan).

El carnaval se ha adelantado

Se esta diciendo por ciertos medios de comunicacion que el PP está virando a la derecha con el pacto con Vox en Andalucía, afirmación que, con todos mis respetos, me parece una gran idiotez, pues giro no ha habido ninguno, sino la demostración de lo que realmente son y donde realmente están PP y C´s. En la derecha, pero muy hacia derecha.

La aparición de Vox en el mapa político no es más que una huida de ciertos personajes del PP para los que los derechos humanos no son más que un recurrente para cuando les interesa ir o presumir de demócratas. De todos es sabido que hay determinados individuos e individuas que a pesar de comerse hostias consagradas como panes sólo están a favor de la vida cuando se habla del aborto, pero no cuando se habla de éxodos de emigrantes que huyendo de una muerte segura se refugian en países como el nuestro, o cuando cientos de mujeres mueren cada año a manos de sus parejas o ex parejas, consecuencia de una educación patriarcal que ellos potencian sin rubor alguno, o también embarcándose en guerras en busca de armas de destrucción masiva inexistentes, para vanagloriarse en pro de la paz mundial.

“De todos es sabido que hay determinados individuos e individuas que a pesar de comerse hostias consagradas como panes sólo están a favor de la vida cuando se habla del aborto, pero no cuando se habla de éxodos de emigrantes que huyendo de una muerte segura se refugian en países como el nuestro”

El pacto con Vox no ha sido más que quitarse una careta tras la que se escondían para situarse en un centro derecha el PP y en un centro izquierda C´S, ficticios,  con el fin de atraer a aquellos electores indecisos que les cuesta situarse en los extremos, máxime cuando la careta utiliza ciertos adornos rojigualdas como marca propia, cuando tales colores pertenecen a todos los españoles independientemente de su ideología política, y que no necesitan hacer ostentación de ellos en cinturones, pulseras o llevando unos pines en la solapa para demostrar a los demás que son más españoles que nadie. En definitiva, amparándose en un patriotismo de pandereta y reconquista, rechazando a todos aquellos que no piensan como ellos o que no llevan en sus venas la sangre de Don Pelayo.

Otros medios informativos, o mejor dicho, los que participan en ellos en calidad de periodistas, cuando en realidad parecen más pregoneros asalariados de los “partidos patriotas”, justifican este pacto de vergüenza como equilibrio al previo resurgimiento de la extrema izquierda, defendiendo su legitimidad en que Vox es un partido democrático. 

Si, por extrema izquierda, se refieren a un partido como Podemos que defiende por encima de todo los derechos humanos y, por consiguiente, de los más débiles, aunque a algunas y algunos no nos guste del todo, es a todas luces más legítimo cualquier pacto con ellos que con quienes van en contra de la propia Constitución, manifestando abiertamente su oposición a organización territorial del Estado en Comunidades Autónomas, o propugnan políticas soslayando ciertos derechos humanos.

El pacto con Vox no ha hecho más que adelantar el carnaval, no sólo en Andalucía sino en el resto de España, cuyos pregoneros mayores, Pablo Casado y Albert Rivera, son la mayor caricatura de la política de la derecha rancia y apestosa de tiempos no muy lejanos que algunas y algunos nos hemos hartado de denunciar su presencia ante la ceguera de quienes no querían ver que España no era una sola España, sino la dos Españas enfrentadas de siempre, gracias a la democracia hecha en despachos sin ventanas y con fardos de billetes en las mesas, una democracia de complejos, de ideologías en vez de ideas.

El pacto con Vox no ha hecho más que adelantar el carnaval, no sólo en Andalucía sino en el resto de España, cuyos pregoneros mayores, Pablo Casado y Albert Rivera, son la mayor caricatura de la política de la derecha rancia y apestosa de tiempos no muy lejanos

Ya se han visto las verdaderas caras devotas del fascismo del PP y de C´s, aunque estos últimos se escondan detrás de lo que dice ser un pacto en el que ellos dicen no han sido parte pero que han secundado a cambio de unas cuantas consejerías en Andalucía. Ya sabemos cuál es la tendencia, hacia donde van las aguas; hacia pozos fecales que sin duda llenarán de aguas negras el país no tardando mucho.

Rosa Luxemburg y el humanismo socialista

Comunicado de Izquierda en Positivo

Izquierda en Positivo recuerda que este 15 de enero se cumplen cien años del asesinato a sangre fría de Rosa Luxemburg, Karl Liebknecht y otros dirigentes del grupo Spartacus, o Liga Espartaquista, sector escindido del Partido Socialdemócrata de Alemania a causa de la deriva nacionalista de dicho partido, cuya claudicación ante las tendencias chovinistas e imperialistas de la derecha alemana había contribuido en gran medida a la carnicería de la Primera Guerra Mundial.

Rosa Luxemburg, partidaria de no desvincular la lucha por la emancipación de la mujer de la lucha por la justicia social y la emancipación de la clase obrera, se negó a encasillarse en el incipiente movimiento feminista, pese a formar parte, junto con Clara Zetkin, de las primeras luchadoras por esa causa. De la misma manera que, polaca de familia y nacimiento, se opuso a las tendencias insolidarias propias del nacionalismo polaco (en su época, gran parte de la actual Polonia formaba parte del Imperio Ruso). En esa misma línea, discrepó abiertamente de la política dominante en el partido de Lenin, favorable, aunque con muchos matices, al derecho de autodeterminación. Un escrito suyo titulado “Sobre la guerra, la cuestión nacional y la revolución” dice, por ejemplo: “En el momento actual el nacionalismo lo absorbe todo. Desde todas partes naciones y nacioncitas se presentan a reclamar derechos de constitución en Estado. Cadáveres rejuvenecidos surgen de los sepulcros centenarios, infundidos de un nuevo impulso primaveral, y pueblos ‘privados de historia’, que no habían constituido hasta ahora organizaciones estatales autónomas, muestran una violenta inclinación a la formación de Estados.”

Fundadora, junto a Karl Liebknecht, del Partido Comunista de Alemania (31 de diciembre de 1918), su concepción del socialismo era inseparable de la democracia, razón por la que criticó las tendencias dictatoriales que ya apuntaban en diversos partidos hermanos. En consecuencia, pese a ser firme defensora de la Revolución Rusa de Octubre de 1917, criticó sus excesos, convencida de que ninguna medida impuesta desde arriba puede sustituir a la voluntad popular en la lucha por la igualdad y la libertad.

En el torbellino de luchas sociales que sacudieron Alemania al final de la Gran Guerra, su defensa de la creación de una república auténticamente democrática hegemonizada por las clases trabajadoras chocó con la reacción de los sectores conservadores de todo signo, donde convergieron la derecha militarista representada por el general Wilhelm Groener y el ala más moderada del Partido Socialdemócrata Alemán, dirigida por Friedrich Ebert (quien sería el primer presidente de la llamada República de Weimar). Para reprimir el movimiento revolucionario se utilizó especialmente a los “Freikorps” (milicias derechistas formadas por soldados y oficiales licenciados tras la guerra, que constituyeron el embrión de las futuras SA y SS nazis). Finalmente, un comando de las mencionadas milicias, con el visto bueno del ministro de Defensa, el también socialdemócrata Gustav Noske, secuestró y torturó primero, y asesinó después, a Liebknecht y Luxemburg, arrojando el cadáver de ella a un canal de Berlín, por lo que tardaría cuatro meses en ser hallado.

Izquierda en Positivo quiere reivindicar aquí la memoria de esta luchadora ejemplar por la justicia, la igualdad y la fraternidad entre los trabajadores de ambos sexos por encima de fronteras y estrechos intereses sectoriales.

Barcelona, 14 de enero de 2019. Grupo Promotor IZQUIERDA EN POSITIVO

21D-2018 Un año ya del 155 secesionista.

 

Humillación de la izquierda ante la derecha nacionalista.

 No, no se confunden, el viernes hace un año de la aplicación de un 155 por el secesionismo que tiene secuestrado al Parlamenty a la Generalitat. Desde que se formo el nuevo Parlament de Catalunyael 17 de enero de 2018 se han realizado 22 sesiones y se han aprobado 3 leyes, las tres son modificaciones de otras anteriores. Esta es una información disponible en la Web del mismo Parlament. https://www.parlament.cat/web/index.html.  En 339 días ha habido 22 sesiones, puede que alguna haya durado más de un día, vale, pero si de 339 acudimos a trabajar 30 o 40 días al común de los mortales nos despiden. Me dirán que hago demagogia…

Desde el 1 de septiembre el Congreso de los Diputados lleva 33 días de plenos –y no es que sean muy trabajadores, hacen plenos de martes a jueves–. El Parlament desde el 2 de octubre –fecha en la que hizo dos sesiones, una de mañana y otra de tarde– hasta el 17 de este mes se hicieron 8 sesiones. Durante 2018 el Congreso de los Diputados han aprobado 3 Leyes Orgánicas, 10 Leyes Ordinarias y 22 Decretos-Leyes (poco frente al año 2015 con 16 Leyes Orgánicas, 48 Ordinarias, solo 12 Decretos-Leyes y 8 Decretos Legislativos) http://www.congreso.es/portal/page/portal/Congreso/Congreso/Iniciativas/LeyesAprob?_piref73_1335447_73_1335446_1335446.next_page=/wc/busquedasLeyesAprobadas&anoLey=2018

Evidentemente que aparte de leyes los parlamentarios, autonómicos o nacionales,  hacen otras cosas, pero como índice comparativo creo que es bastante valido. De las otras cosas que han hecho últimamente nuestros diputados autonómicos hay una, especialmente deleznable, que es aprobar una moción que declara a la Constitución española antisocial y antidemocrática. Siguiendo la lógica de tal declaración lo primero que deberían hacer los que la han votado es dimitir de sus escaños ya que es esa Constitución la que le garantiza el derecho a representar a la ciudadanía catalana.

Que esa moción la apoye el nacional-secesionismo va de suyo, pero que lo hagan los Comúns ofende a quienes los votaron. Increíble que algunos despierten ahora de la pesadilla como Coscubielao Lluís Rabell, pero más vale tarde que nunca y más vale que tomen la determinación pronto. Solo si hay una izquierda no nacionalista sin concesiones a falsos derechos históricos hará posible retomar, no ya la senda de la legalidad, no, la lucha por la igualdad en toda España.

Solo si hay una izquierda no nacionalista sin concesiones a falsos derechos históricos hará posible retomar, no ya la senda de la legalidad, no, la lucha por la igualdad en toda España.

 

Cumbre, encuentro o paripé.

Me preguntaba la pasada semana sobre lo que Sánchez ofrecería a Torra. No se ha celebrado aun el Consejo de Ministros (a la hora que escribo este artículo) y el comunicado del Gobierno, corrido por Torra, ha eliminado cualquier referencia a la Constitución, que es un concepto contundente, sustituyéndola por “en el marco de la seguridad jurídica”, una idea evanescente.

Nueva concesión del PSOE al nacionalismo para conseguir el voto positivo en el Congreso al tope de gasto. Es una vieja dinámica de los gobiernos españoles, tanto del PSOE como del PP. No hay cita literal pero se intuye la concesión del reclamado referéndum, ¿cuando llegará el regalo? Tal vez en enero cuando se debatan los presupuestos… Claro que será difícil que se lleguen a debatir pues el tope lo devolverá el Senado, donde cuenta con mayoría el PP. Si ese sistema electoral que tanto beneficia al PP y al PSOE en las generales y al nacionalismo en las autonómicas.

Parece ser que ayer Pedro Sánchez vino a repetir, la frase de Zapatero, de que apoyaría lo que salga de ese “espacio de dialogo” que no es otro que la comisión creada por el nacional-secesionismo.

La izquierda institucional –PSOE y P’s (Comúns en Cat.)– se enroca en su incompetencia y vuelve a traicionar a las clases populares que dice defender. Pedro Sánchez es la degeración final de una elite política obsesionada en amarrarse al sillón como sea, aun a costa de desmontar el estado. Uno puede simpatizar con la idea de derribar un estado totalitariopero lo que tenemos en España no puede definirse como tal. A no ser que al final uno acabe creyendo los memes del nacional-secesionismo.

La conclusión final es que de todo este conflicto las beneficiadas serán las derechas: la derecha catalanista alimentada por esta izquierda desnortada y como reacción la derecha españolista. Uno no quisiera parecer conspiranoico pero da la sensación de que algunos lideres de esa izquierda oficial trabajan para el enemigo.

Malos tiempos para la lírica! Si lo lírico es la lucha por la igualdad.

 

Castigo, prevención y reinserción: la prisión permanente revisable, desde una óptica progresista, antidogmática y de izquierdas

 

 

Castigo, prevención y reinserción:

 

 

Cuando se habla de la politización (y la despolitización) de la Justicia, casi nunca se tiene en cuenta que pocas cosas hay más impregnadas de consideraciones políticas que el concepto mismo de la Justicia. Así, se puede decir que hay un concepto conservador y de derechas, heredado de la moral judeocristiana, que podemos caracterizar como justicia retributiva, cuya idea fundamental sería la de dar a cada cual lo que se merece; y otro progresista y de izquierdas, heredado de las ideas de la Ilustración y del movimiento obrero, cuyo objetivo sería el de dar a cada cual lo que necesita.

Ambos conceptos contrapuestos de la Justicia son fácilmente reconocibles en el ámbito de las políticas socioeconómicas: una idea neoliberal y conservadora de las políticas fiscales nos dirá que es injusto que el Estado me arrebate con elevados impuestos el fruto de mi iniciativa y de mi trabajo –o que las regiones más productivas y ricas hayan de contribuir a la cohesión social de las más deprimidas o atrasadas–, mientras que una más progresista y socializante nos dirá que lo injusto es desatender las necesidades básicas de los individuos –o los territorios– más necesitados. Pero también influyen decisivamente en otros ámbitos, como el del Derecho Penal.

Así, podemos fácilmente comprobar que, en materia de orden público y seguridad ciudadana, la derecha siempre ha jugado con los sentimientos de miedo y de ira para aumentar su influencia entre las clases populares, que no en vano son las más desprotegidas y las que viven entre más riesgos: el miedo a la delincuencia común o al terrorismo (pero también el miedo a perder la identidad cultural o el trabajo); la ira y los deseos de venganza, ante los casos más alarmantes de delitos contra la vida o la integridad de las personas.

Y las respuestas que la derecha da al miedo y a la ira son, invariablemente, las del endurecimiento de las leyes penales (o el de las leyes migratorias, asociando peligrosamente también los conceptos de inmigración y delincuencia) y el fortalecimiento de las medidas represoras.

Mientras que la izquierda (y el progresismo político en sentido amplio) ha puesto siempre más el acento en las garantías procesales de las personas encausadas, la protección de los derechos y libertades públicas frente a la intervención represora del Estado, y la adopción de medidas rehabilitadoras que posibiliten la reinserción en la sociedad del delincuente. Sin embargo, en esa dialéctica entre un derecho penal humanista, beccariano (basado en la rehabilitación y la reinserción social), y otro represivo, prebeccariano (basado en el castigo ejemplarizante del delincuente), la gran olvidada por unos y otros (pero mucho más gravemente por la izquierda) ha sido la víctima del delito, tal como indicaba en una entrevista reciente el abogado y activista político Pedro Mercado, coportavoz de IZQUIERDA EN POSITIVO.

Así, en la Constitución Española de 1978 –que algunos pretenden deslegitimar ahora como tardofranquista y reaccionaria, pero que sigue siendo una de las más progresistas del mundo–, la única función legalmente reconocida para el Derecho Penal es la de la reinserción del delincuente: “Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados” (Art. 25), matizado únicamente por el principio de proporcionalidad de las penas, definido en el Código Penal en su artículo 33: “En función de su naturaleza y duración, las penas se clasifican en graves, menos graves y leves”, ya que, según su artículo 13, “Son delitos graves las infracciones que la Ley castiga con pena grave”, y así sucesivamente con los menos graves y los leves.

Y no tan solo se omite del texto de la Constitución cualquier referencia a la posible función retributiva o punitiva de la pena, sino que –lo que resulta mucho más grave– también se soslayan de la misma sus funciones reparativa y preventiva del delito. Y si bien la función punitiva puede ser asociada a un concepto conservador, judeocristiano y de derechas de la Justicia y de la pena, las funciones preventiva y reparativa de la pena deberían entrar plenamente dentro de una óptica del Derecho Penal progresista y de izquierdas, pues responden a necesidades básicas de la sociedad.

Y en este contexto es en donde debemos fijar el debate: ¿Consiguen realmente las penas de cárcel la reinserción social en España? Y, yendo más al grano: ¿La pena de prisión permanente revisable puede ser compatible con un concepto progresista de la Justicia?

La respuesta a la primera pregunta (más allá de demagogias oportunistas y reacciones en caliente) es que, en un número no despreciable de casos, el principio constitucional no funciona: hay reincidencia –es decir, no se produce la reinserción– en una parte de los que han pasado por penas privativas de libertad. Y ello puede ser porque el sistema penitenciario no haya funcionado bien (por falta de medios, por errores administrativos, por fatalidad), o puede ser, sencillamente, porque algunos delincuentes no sean reinsertables, o no se quieran reinsertar. Bernardo Montoya había cumplido su condena; sin embargo, violó y asesinó a Laura Luelmo tras poco más de un mes de quedar en libertad. Es evidente que, aunque aparentemente su comportamiento en prisión era bueno, no estaba ni reeducado ni reinsertado.

Pero, quizá, la respuesta a la segunda pregunta sea la más complicada. Y, a la espera de que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre la constitucionalidad de la prisión permanente revisable (es decir: sobre si el carácter de revisable de esa pena abre la puerta a esa reinserción que su carácter de permanente parece excluir), lo que deberíamos considerar es que la protección a las víctimas potenciales de un delincuente no reinsertado es también una necesidad que el Estado debería garantizar. Sin negar, nunca, a nadie, la posibilidad de una verdadera reinserción, que es una exigencia constitucional.

Esta colisión entre derechos (el derecho a la reinserción del delincuente, los derechos vulnerados de la víctima) se hace especialmente visible –y pone llamativamente de manifiesto las contradicciones de la izquierda– cuando entran en juego, por ejemplo, las consideraciones de género: es entonces cuando, el mismo progresismo que tan beccarianamente ha antepuesto siempre las garantías procesales y el derecho a la reinserción frente a los deseos de venganza y las estridencias de la alarma social, muta súbitamente en multitud airada para exigir penas más duras, y una más laxa valoración de la presunción de inocencia del acusado, si las víctimas son mujeres o si ha mediado un delito sexual.

 

La paradoja es que fue el PSOE quien eliminó el término violación de Código Penal (por considerarlo estigmatizador), y subdividió en abuso y agresión sexual los delitos que antes tenían dicha consideración. La comisión que estudia la reforma en este tema –nueva paradoja–, quiere reintroducir el término violación, defendido por la derecha antes y ahora, y a la vez reducir las penas de prisión por dicho delito ya que actualmente está tipificado con la misma pena que el homicidio, en contra del endurecimiento que algunos sectores pedían.

Concluyendo: el progresismo, y la izquierda, tienen en la protección del débil frente al fuerte uno de sus principales axiomas morales (frente al darwinismo social y la apología de la desigualdad intrínsecas a la derecha), y de ello se han derivado principios jurídicos tan importantes como el de la presunción de inocencia, la irretroactividad de la leyes penales desfavorables, o la reinserción social. Pero, en el caso de delitos especialmente graves (contra la vida, contra la integridad física o moral, contra la libertad sexual), nadie debería nunca olvidar que la parte más débil es siempre la víctima, por legítimos y defendibles que sean los derechos humanos del agresor.

Por ello, el pensamiento progresista y de izquierdas debería ser capaz de hacer un análisis antidogmático sobre cuestiones como la de la prisión permanente revisable, sopesar bien los diferentes bienes jurídicos en conflicto, y no dejar que los clichés bienintencionados se antepongan a la realidad de los hechos. Y no dejar que la necesaria defensa del individuo frente al Estado nos haga ceder, paradójicamente, a la derecha la defensa de los intereses generales de la sociedad.

© Jordi Cuevas Gemar || Licenciado en Derecho e Historia
Vicente Serrano Lobato || Autor de “El valor real del voto”. Miembros de la Junta de Alternativa Ciudadana Progresista, y del Grupo Promotor de IZQUIERDA EN POSITIVO.

 

Los pasos cambiados del PSOE-A

 

 

A toro pasado es más fácil analizar las circunstancias que han llevado a unos resultados electorales, los del 2D, marcados por la abstencion y la irrupción de una fuerza política de ultra derecha en el arco parlamentario andaluz. Una abstención que se ha ido a un 41,35%, mientras los votos nulos han sumado 81.133 y las papeletas en blanco 56.916.

 

El PSOE-A nos tiene acostumbrados a ser el partido más votado, toda regla tiene su excepción, solo una vez el PP, que presentaba de candidato a Javier Arenas, consiguió tener más votos que el PSOE. Fue en la novena legislatura, año 2012, con una participación del 60,78% el PP obtuvo 1.570.833 votos, un 40,66% que le otorgó 50 escaños en el Parlamento andaluz. El pacto PSOE/IU permitió al PSOE continuar gobernando Andalucía.

 

El 2 de Diciembre ha permitido que cómo en 2012, cambiando los protagonistas, el partido más votado no gobierne la comunidad andaluza. Un pacto entre afines, cómo el 2012, pero de ideología conservadora y apuntalado por una fuerza política emergente y reacionaria, VOX, formará el gobierno que regirá el destino de los andaluces los próximos cuatro años. Por primera vez un presidente conservador ocupará el palacio de San Telmo.

Bien, analizando muy someramente las circunstancias podríamos decir, cono diría el castizo, que donde las dan las tomas. Seis años y nueve meses mal contados han tardado los populares en tomarse la revancha. Habrá muchas consideraciones y matices a esta reflexión y dependiendo la ideología cada cuál establecerá criterios diferenciadores. La foto es la foto, en ambos casos la aritmética electoral se trastocó en función de intereses partidistas. El trasfondo, los resultados y las consecuencias es de una complejidad tal que se antoja complicado ponderarlos en este limitado espacio de opinión.

 

 

 

“Bien, analizando muy someramente las circunstancias podríamos decir, cono diría el castizo, que donde las dan las tomas. Seis años y nueve meses mal contados han tardado los populares en tomarse la revancha.”

 

Podremos leer multitud de opiniones sobre la idoneidad o no de un cambio en el liderazgo del PSOE en Andalucia, sobre la mayor o menor responsabilidad del gobierno central en esta debacle andaluza por su posicionamiento en la cuestion catalana, incluso se debatirá sobre la indolencia de una estrategia electoral de bajo perfil que proyectó en el subconsciente ciudadano la idoneidad de abtenerse. Iremos de atrás hacia adelante y viciversa intentando racionalizar estos resultados, mientras el antes y el después se atropellan en la mente de los analistas buscando de dónde proviene el caos en las filas de la izquierda y de dónde la luz en las filas conservadoras.

 

Ya nada de esto importa, pues todo está escrito y quedará para la historia que Andalucía abrió las puertas de este país a la ultraderecha. Unas puertas que preservaban a España del avance de una ultraderecha que recorre Europa y que ha terminado hecha astillas, no tanto por el empuje de esta fuerza reacionaria, sino por la indolencia de una izquierda institucionalizada, aburguesada en el sentido más revolucionario del término. Esto no quiere decir que de pronto Andalucía se haya despertado reacionaria, no. Esto quiere decir que los andaluces han sido abandonados a su suerte por la complacencia de un gobierno socialista carente de liderazgos.

 

Ahora la prioridad del socialismo andaluz  debe ser  recuperar la credibilidad, recuperar el discurso que enganche de nuevo al ciudadano y recuperar la coherencia ideológica, sin caer en el victimismo y sin esperar a que el adversario ponga en bandeja, por sus errores, un nuevo asalto al poder.

 

Esta alternancia en el poder, nos duela o no, entra dentro de un juego al que todos han jugado, por lo tanto no es cuestión de rasgarse las vestiduras y anatemizar al adversario, es cuestión de aceptar las reglas de este juego, mientras no se cambien y establecer estrategias ganadoras; para ello hay que desterrar los liderazgos basados en el clientelismo y la servidumbre. Buscar perfiles de líderes que puedan sobrevivir a la política y que hayan sobrevivido con dignidad y coherencia a la vida civil, líderes generosos y honestos que se rodeen de los mejores sin temor a ser cuestionados. El trabajo en las instituciones tiene que alternarse con el trabajo en la calle, en las asociaciones, en la colaboración con los colectivos, trabajo que el PSOE-A durante bastantes años no ha realizado, es ahí donde los nuevos líderes tienen que forjarse. El ciudadano tiene que reencontrarse con un PSOE renovado y que esté en disposición de obtener de nuevo el gobierno de Andalucía. Por eso Susana Díaz tiene que abandonar la acción política y dejar que otros lideren la travesía del desierto.

 

La dificultad para esto estriba en la orfandad laboral en la que muchos de estos responsables se hallaran inmersos una vez que dejen de percibir un sueldo institucional. Dicho en roman paladino, de forma clara, simple, concisa, sin adornos, ¿de que se van a nutrir física, intelectual y socialmente si muchos de ellos carecen de vida civil? Por eso será complicado regenerar la vida política desde posiciones partidistas y tendran que volver a los escenario ideológicos que hicieron de la izquierda um referente de la solidaridad, la coherencia y la honestidad.

 

Se pretende culpabilizar al electorado de izquierda por su pasividad y a la militancia socialista por su exceso de autocrítica, que tiende a castigar con la abstención a sus dirigentes cuando se ven defraudados por sus políticas. Creo que en estas elecciones se ha castigado más a los líderes que a las siglas. El elector de izquierda ha elegido otras opciones más conservadoras o ha votado en blanco o ha propiciado un voto nulo porqe no “le gusta” Susana, no le gusta su soberbia, su deslealtad con Pedro Sanchez, no le gusta su imagen celiavillalobesca, no le gusta en suma su discurso superficial y mitinero. No le ha convencido cómo ha llevado las políticas en materia de salud, educacion… Por otra parte y casi por idénticas razones muchos militantes no han ido a votar y se ha quedado en casa. Por eso Susana Díaz debe abandonar la política y permitir que el PSOE en Andalucia se reinicie. Ya ha hecho todo el daño posible, ahora debe permitir que otros restañen esas heridas y que las cicatrices se noten lo menos posible. Y es que le ha sobrado generales mediocres en el arte de la guerra y le ha faltado diplomáticos hábiles en el arte de la paz. La paz institucional que necesitaba Andalucía y la paz orgánica de la que está tan necesitado el PSOE andaluz.

Susana Diaz en Junio de 2014 decía: “Los andaluces me piden por la calle que arregle esto” Solo tiene una manera de contribuir a enmendar ese recorrido errático que ha sido su “carrera” política y que ha llevado al PSOE-A a marchar con el paso cambiado, no presentar su candidatura a la presidencia de la Junta de Andalucia e irse a casa.

 

 

La distopía catalana

 

 

Después de un año y pico de aquel referéndum por la independencia catalana, el mayor engaño a los ciudadanos de esta Comunidad Autónoma que soñaban con clavarle la daga al Estado español  basándose en una colonización ilegítima por parte de Franco, aunque otros se remontan a los Reyes Católicos, y seguro que alguno o alguna saldrá a la palestra remontándose al periodo Cuaternario; todo sigue igual o incluso peor.

 

Puede entenderse que, en tiempos en lo que todo se cuestiona basándonos en no sé qué puritanismo ideológico, es el momento, por qué no, de echar más leña al fuego y montarla con lo del catalanismo. Tren al que se han montado intelectuales de aquellos que les gusta hacer artificios con dos o tres datos que, como si de dados se tratase, meten en un cubilete dándoles todas las vueltas posibles. Unos filosofan basándose en no se qué derecho natural a la autodeterminación, otros manejan la historia a su antojo, y los más inútiles, los políticos, se suben al carro del oportunismo para pasar a la historia como héroes o patriotas de una patria que nunca ha existido como tal y que, por esta misma razón tampoco debe existir.

 

Puede entenderse que, en tiempos en lo que todo se cuestiona basándonos en no sé qué puritanismo ideológico, es el momento, por qué no, de echar más leña al fuego y montarla con lo del catalanismo.

Nadie puede negar el sentimiento catalanista, igual que no se puede negar al vasco, el gallego, el valenciano, etc, etc., hasta pasar por todas las Comunidades Autónomas, de hecho, en este sentimiento y raíces históricas se basó la división territorial del Estado en dichas Comunidades que, intentando una división o reparto  competencial entre el Estado central y aquellas, no fue más que una versión descafeinada de un Estado federal que, seguramente se hizo de esta manera para mantener contentos a los más ortodoxos respecto a la unidad territorial de España, herederos del franquismo, dispuestos a dar guerra, como así hicieron, tras la muerte del dictador para no perder sus privilegios. Por lo tanto, no puede decirse que fue un error. Todo tiene lugar en un contexto histórico y por una razón de ser. Aunque ya ha llegado el momento para que de forma sosegada se debata si este modelo territorial  puede o debe continuar, basándonos en el principal eje de cualquier tipo de política económica y social que no puede y debe ser otro que dar satisfacción a los intereses generales.

 

Pero, mantener de forma indefinida el contencioso catalán, como antes se hizo con el vasco, como moneda de cambio para sustentar las políticas estatales, no sólo es un fracaso de otros tipo de políticas que debería imperar como es precisamente la señalada, consistente en definir una estructura territorial en la que se termine con los ambages, con la cacicadas y con la dualidad competencial, y que cuando se trate de hablar se hable dentro del contexto del interés general y no del oportunismo y el chantaje, tanto por la parte independentista como también desde el gobierno central aveces con fuerza y otra sin ella, con el 155 y otras sin él y, en la mayoría de las ocasiones con la amenaza y la confrontación, porque lo único que se consigue es lo tenemos, odio, desconfianza, inmovilismo; pero lo que es peor una fractura de las políticas territoriales, económicas y sociales que, como siempre, quienes las pagamos somos los ciudadanos.

 

Hablar del catalanismo es lo mismo que hablar de ese españolismo en el que tan interesado estuvo el Partido Popular, aunque más se asemeja a la posición radicalizada que ahora pretende imponer la ultraderecha de Vox. Dos caras de una misma moneda, pero sobre todo la estupidez elevada a la enésima potencia que, como siempre, tendrán adeptos a los que les valdría más sosegarse un poco y empezar a pensar por ellos mismos que, la imposición y el totalitarismo solamente nos lleva destruir en vez de a construir, a retroceder a épocas pasadas en vez de avanzar. Pero cortos de miras siempre lo hay y los habrá, al igual que falsos patriotas y políticos de pacotilla. Pero sobre todo, de los que hay es a los que les gusta la gresca porque no saben hablar de otra manera sino mediante la violencia.

La traición de Vox

 

 

Las ansias de poder de nuestros gobernantes no tiene límites, tal ha sido el pacto entre el PP, C´s y Vox para hacerse con el gobierno de Andalucía.

 

El bloque de la derecha ya ha sufrido su primera fractura antes de la sesión de investidura a favor de Juan Manuel Moreno del PP, consecuencia de la oposición de Vox que, como todos sabemos, retirará su apoyo si no se retiran algunas medidas contra la violencia machista; aunque, está por ver, si este partido de ultraderecha mantiene sus amenazas hasta el final en su oposición a las ayudas  contra la violencia de género que habían pactado los otros dos partidos, o si bien éstos sucumben a las condiciones de Vox. Cualquier cosa es posible cuando de lo que se trata es de hacerse con el poder en la Comunidad Autónoma de Andalucía.

 

El pacto de gobernabilidad entre estas tres formaciones políticas no deja de ser un adelanto de lo que puede pasar en el resto del país ante las próximas elecciones generales. Es decir, un auge de la derecha cuyo vagón de cola representado por el Partido de Santiago Abascal tendrá la llave en su mano respecto a que la balanza se incline hacia la derecha o hacia la izquierda en la gobernabilidad del Estado.

El pacto de gobernabilidad entre estas tres formaciones políticas no deja de ser un adelanto de lo que puede pasar en el resto del país ante las próximas elecciones generales.

 

Resulta inasumible que ante el panorama que tenemos en España en relación con el gran número de víctimas consecuencia de la violencia de género que han perdido sus vidas a manos de parejas o ex parejas, amen de quienes sufren y no la denuncian que, un partido que se autodenomina democrático, pero que todos sabemos representa la derecha más rancia, herederos del Franquismo, se oponga a cualquier medida que sirva para proteger a las citadas víctimas que, dicho sea de paso, siempre serán pocas para terminar con esta lacra social.

 

Inasumible, pero también vergonzoso que este partido amante del franquismo y de lo que éste representó, manifieste en boca del líder de la citada formación en Andalucía, que: “En política social todos siguen, con sumisión lanar, los mandamientos de la dictadura de género. ¿Dónde está el cambio?“. Pero más aún que, los otros dos partidos, puedan haber pactado con esta formación que, dicho sea de paso, ha contado con el apoyo masivo de los votantes del PP y C´s.

 

Todos nos lleva a pensar a los más suspicaces que esto podía estar orquestado de antemano para buscar una solución intermedia como podría ser una eventual modificación de la normativa autonómica contra la violencia de género, una vez se hiciesen con el gobierno, pues no debemos descartar la política o, al menos, el sentimiento patriarcal de los votantes tanto el PP como C´s en relación a este tipo de violencia.

 

Sea como fuere, todo tiene un límite que se ha sobrepasado con el acuerdo inicialmente alcanzado por parte del PP y C´s con Vox, pues supone una manifestación clara de hacerse con el poder a cualquier precio que, en fechas futuras veremos si se mantiene o no, o si habrá algún tipo de cesión en sus pretensiones por parte de aquellos, lo que les convertiría en fariseos disfrazados de patriotas. Eso sí, de patriotas a la antigua usanza.

 

Vamos, una vergüenza elevada a la enésima potencia que para muchos estaría dejando ver la verdadera cara de la derecha española. Una derecha de camisas azules y saludo fascista.

 

Tomando prestado los versos de Gustavo Aldolfo Bécquer “volverán las oscuras golondrinas…”, en nuestro caso el oscuro aguilucho en sus balcones el nido a colgar.

El mensaje del rey florero


Como si  de un acontecimiento dentro las fiestas navideñas más se tratase, el rey aparece en nuestros hogares el día de Noche Buena, no para traernos regalos, como hacen Santa Claus en esa noche o los reyes magos, no. Un paripé institucional que si le presto atención es para ver si algún año dice algo nuevo, pero no es así. Como siempre los problemas sociales forman parte de su discurso y algún que otro problema político que esta vez como el del año pasado se ha centrado en el problema de Cataluña.

Bien es cierto que un Jefe de Estado, como no puede ser de otra manera, debe defender la unidad del país al que representa, máxime en el nuestro en el que, a pesar de la organización territorial en Comunidades Autónomas, es la propia Constitución la proclama dicha unidad. Pero una simple alusión, llena de buenas intenciones,  no es suficiente sino va acompañada de una reprimenda a quienes son los principales responsables de esta situación, primero el gobierno catalán y después el gobierno español. El primero instigador y el segundo por su complacencia.

Tener un rey florero no es una afirmación gratuita de una republicana con el único deseo de evidenciar la inutilidad de esta institución, ya que es evidente, mire como se mire, que este señor no cumple con su papel constitucional que, como marca el artículo 56 de la Constitución a la que se repliega en sus intervenciones, señala que: “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes”.

“Tener un rey florero no es una afirmación gratuita de una republicana con el único deseo de evidenciar la inutilidad de esta institución, ya que es evidente, mire como se mire, que este señor no cumple con su papel constitucional…”

Modera y arbitra el funcionamiento de las instituciones” es el eje o debería serlo, de las competencias que posteriormente regula el artículo 62 del Texto Constitucional, entren las cuales se encuentra la de presidir el Consejo de Ministros. Pues bien, arbitrar es algo más que una resolución o juicio en relación a algo, sino que, además, constituye o debe constituir un sistema de solución de conflictos en que la voluntad de las partes, se somete a la voluntad de un tercero. Función que el rey de todos los españoles, aunque para algunos más, no cumple, limitándose a decir buenas palabras y manifestar buenas intenciones, no siendo que, saliendo de esta cómoda función, deje de recibir los mimos y parabienes de los políticos, excepto de algunos manifiestamente en contra de esta institución, y la pongan en peligro o debate políticos, que no estaría de más, si tuviésemos la madurez democrática que deberíamos tener a estas alturas de la película.

Sí, el rey debería abiertamente tirar de la orejas a los políticos en general, no sólo por su mala gestión de los intereses públicos, limitada a buscar únicamente su rentabilidad política cara a su relección y plagada de acusaciones e insultos entre ellos, sin que, para nada, se oiga o tenga en cuenta las verdaderas necesidades de los ciudadanos a los que representan. Pero, desgraciadamente no es así, nuestro rey, mejor dicho, el de algunos, sólo se limita a discursitos generalizados, sin implicación en su función de arbitraje.

Los políticos que hacen la pelota al rey y, ciertos periodistas que se autodenominan expertos en la casa real, también pelotas, no pierdan su acreditación, dicen que el rey no debe hacer política, aspecto con el que estoy totalmente de acuerdo, pero, con lo que no lo estoy es que no se pueda exigir al rey una mayor implicación en los asuntos de Estado si con ello no está encauzando el agua que pudiese emanar de su arbitraje a un determinado o ideario político.

El rey tiene la obligación constitucional de arbitrar en el tema de Cataluña de una manera real que, debería pasar por convocar a las partes en litigio para encontrar una solución pacífica y duradera, no vinculada como en el caso del gobierno español a obtener el beneplácito de los independentistas para sacar ciertos proyectos políticos adelante; dicho de otra manera, a poner parches a lo que necesita una reparación a fondo. También, presidiendo el Consejo de Ministros para exigir soluciones reales o incluso instando, ante la actitud beligerante del gobierno catalán con su presidente a la cabeza y la pasividad del gobierno español, la intervención de éste a través del artículo 155 de la Constitución.

Así es el rey de los españoles, un simple florero al igual que toda la casa real,  llena de privilegios por el mero y simple ejercicio de una función representativa impuesta, como si de relaciones públicas se tratase. Para eso, no hace falta una Jefatura de Estado al margen del propio gobierno, que tanto nos cuesta a los españoles, pues prolíficos son y a toda su prole pagamos solamente por ser de sangre azul.

 

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