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La bipolaridad del centro

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Sábado, 14 de octubre de 2019

Nota: este artículo por error debió publicarse el pasado domingo 13 de octubre, pedimos disculpas al autor y sus electores por un error en la programación.

 

Hay momentos en los que hacer un análisis es buscarse una depresión, by de face, que dicen los modernos. Entre otros motivos, porque los análisis tienen un cierto cariz de momento en una trayectoria, mientras que si lo que hacemos es un balance da la impresión de que se está cerrando un ciclo y estamos recogiendo lo acontecido, aunque vaya a haber un ciclo posterior.

 

A mí, al ponerme a pensar en las próximas elecciones, me cuadra más la palabra balance que la de análisis. Algo en el ambiente me quiere decir que nada va a ser exactamente igual después de celebradas, que los votantes, hartos ya de estar hartos, van a tomar algunas decisiones dolorosas para las necesidades del país, y otras que simplemente anticipan cambios hace unos meses impensables.

Hay sones de música funeraria en el ambiente. Mientras algunos líderes se frotan las manos y afilan los cuchillos para dar los últimos tajos a la competencia no deseada en su espectro político, otros empiezan a vislumbrar la necesidad de buscar un lugar de retiro. Posiblemente de esta contienda perfectamente buscada, orquestada y preparada con antelación, salgan un par de dolientes terminales directos, y, por supuesto, como siempre, la democracia de nuestro país seriamente lastimada.

El bipartidismo, esa lacra de la transición que arrastramos y que lastra nuestras ansias democráticas va ser la gran triunfadora de las elecciones. Era difícil equivocarse tanto y lo han logrado los llamados a regenerar la vida pública española. Era difícil mostrar la incapacidad para sustraerse a la atracción del poder y anteponer las ansias personales sobre las necesidades estratégicas del país.

Se equivocó, y no solo una vez, Pablo Iglesias y sus ansias de sentirse parte del sistema que denuncia. Eso sí, parte poderosa y dirigente. Se equivocó porque estaba tan ciego intentando conseguir lo que quería que no tuvo ni ojos, ni reflejos, para ver la trampa que le estaban tendiendo y cayó en ella sin pestañear. Y no una, dos veces.

El partido de Pedro Sánchez, ese que usa las siglas del PSOE, lo fue llevando por el camino de unas negociaciones en las que le iba mostrado una zanahoria de plástico, y ni siquiera necesitó que el cebo fuera realmente creíble. La consecuencia final es que Pablo Iglesias y su formación son los pardillos perfectos para justificar unas nuevas elecciones y ser mostrados como los villanos necesarios que lo han hecho inevitable. Ahora basta con agitar el fantasma de la abstención y el fantasma del voto útil, y tenemos la mesa del Sr. Sánchez perfectamente abastecida con parte de los votantes de Podemos entregados a la situación retratada.

Y encima, por si fueran pocos, parió la abuela, que dice el dicho, y le sale la competencia directa de su espacio, de su ya escaso espacio, con la irrupción de Errejón que viene con la lección aprendida en cabeza ajena, y una disposición a servir que, mientras no sea servil, le aportará votos y apoyos. El tiempo nos hablará de su recorrido, el mismo tiempo que en su transcurso nos hablará de la perdurabilidad del proyecto Podemos o de su pervivencia como fuerza residual.

Pero con ser lo de Podemos la crónica de un declive anunciado, puede que no sea la defenestración más evidente, ni la más perjudicial para los votantes, ni la de mayor rango de estupidez por ensimismamiento. Lo de Rivera y los suyos es de libro de los records, de manual de como cargarse un proyecto a conciencia, de juzgado de guardia, vamos.

Desde que UCD fue defenestrado por el empuje del PSOE de Felipe González, España lleva buscando un proyecto de centro que pueda reflejar las inquietudes de todos esos votantes no militantes que buscan un equilibrio en el gobierno, en la forma de gobernar, de legislar y de entender la sociedad real, que los dos partidos predominantes olvidan con rigor, casi con rabia. Y todos ellos se han estrellado en lo mismo, en priorizar la consecución de unos números que le permitan formar un gobierno sobre la utilidad de usar los que tenga para intervenir de forma decisiva en la toma de decisiones de gobiernos ajenos.

En una sociedad polarizada en izquierda y derecha, con una historia reciente tan sangrienta y frentista, la moderación de una formación de centro capaz de ser al tiempo árbitro, filtro y equilibrio entre posiciones distantes es una labor que una gran cantidad de votantes no ideologizados, o simplemente en posición de simpatizantes no conversos, echa en falta.

Desgraciadamente los proyectos de centro se han dado de dos en dos y se han declarado mutuamente incompatibles desde el primer momento. Sucedió con el CDS de Adolfo Suarez y el PRD de Miquel Roca. Este último muerto en las urnas en la primera convocatoria a la que concurrió. Y también ha sucedido recientemente con el UPYD de Rosa Díez y Ciudadanos de Albert Rivera, con los resultados, los desgraciados resultados que todos conocemos.

Parece ser que la ambición de los dirigentes de Ciudadanos les ha hecho perder el norte, versión más difundida, o, y yo estoy convencido, son tan malos estrategas que siempre toman la postura correcta cuando ya no es válida.

La cerrazón política a pactar con el PSOE en una aparente estrategia de suplantar al PP ha llevado a muchos de los votantes de esa opción política, y a no pocos dirigentes, a abandonar ese barco y buscar nuevas opciones y a identificar a Ciudadanos como uno de los mayores responsables de la repetición de elecciones.

El mayor valor de un partido de centro debe de ser su capacidad de pactar con ambos espectros políticos sin renunciar a sus convicciones, es más, aprovechar esa capacidad y su necesaria participación para arañar logros. Y esa es su gran baza, esa debe de ser su gran aportación a la sociedad.

Ahora el señor Rivera llega a acuerdos con lo que queda de UPYD, unos años tarde, y se declara dispuesto a llegar a acuerdos con la lista más votada, una convocatoria tarde. Una convocatoria tarde porque puede que en estas elecciones la mayoría de sus votantes les de la espalda en busca de una solución a la inestabilidad política y no vea otra salida que la vuelta mayoritaria al bipartidismo.

Tal vez alguien debería haberle explicado, a los estrategas de Ciudadanos, que los “votantes de toda la vida” no cambian su voto ni aunque su país les vaya en ello. Cuestión de fidelidad ciega que nada tiene que ver con las razones.

Supongo que toca esperar, a partir del día siguiente a las elecciones, por los nuevos proyectos de centro. A poder ser dos y que no lleguen a ningún acuerdo.

España en la tormenta perfecta

Vicente Serrano ♦Miembro de la Junta Directiva de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista

 

Viernes, 18 de octubre de 2019

Nota. Éste artículo tenía prevista su publicación para el pasado domingo 13 de octubre. Pedimos disculpas al autor como a sus lectores debido a un error en la programación.

Pareciera que se confabulan de forma casual los elementos para que todas las crisis posibles sucedan a la par. Una tormenta perfecta que amenaza la estructura y los cimientos de esta casa llamada España.

Por un lado, el proceso de sustitución o sorpasso de PP y PSOE por C’s y P’s ha fracasado. Lo que se vendió como final del bipartidismo tan solo era un intento de las oligarquías de sustitución de los partidos beneficiados por el sistema electoral. 

Tras el fracaso se intenta renovar las cúpulas y el resultado es de una mediocridad indescriptible. Casado y Sánchez representan la ambición personal más mezquina –es necesario tener ambición, pero ambición política, en el sentido más noble del término– a pesar de las campañas de maquillaje estético-político de ambos. 

No se puede decir de Rivera e Iglesias hayan destacado por su inteligencia política, dada la cerrazón del primero al no asistir a las reuniones convocadas por Sánchez, cuando era evidente una posible coalición con mayoría entre ambos partidos, o la obcecación del segundo bloqueando un gobierno de coalición por obtener sillones ministeriales con independencia de la presidencia del gobierno. El ejemplo Salvini debería vacunarnos sobre gobiernos dentro del gobierno. 

En todo el proceso, a nadie se le ha ocurrido reformar el sistema electoral para generar una gobernabilidad más estable. Prácticamente, 4 años parlamentarios perdidos, lo cual demuestra la ineptitud de nuestra clase política. No digo que se establezca un sistema mayoritario puro, como el británico o el francés, dado que genera aun más desigualdad en el valor del voto de los ciudadanos. Ni toca desarrollarlo en este artículo.

Y, encima, este lunes tendremos la sentencia del procés, mientras empieza la campaña electoral, con un gobierno en funciones desde principios de año, las cámaras disueltas y una falta de proyecto de convivencia común entre los partidos autodenominados constitucionalistas.

Que se haya debilitado popularmente el secesionismo no quiere decir que el peligro haya pasado y que esté derrotado. El procés sigue muy vivo. Si por algo ha destacado el procés es por su capacidad de remover las aguas enfangadas de la identidad: nada más alentador para los panchas-contenta, aburridos en su mediocridad que la sublimación del agravio. Pasar de ponerse un lacito amarillo, cuasi como si de una joya se tratara, anima a los seniles que otrora –durante el franquismo– decían aquello de “hijo no te metas en política”, a pasar del seny (tranquilidad y moderación) a la rauxa (locura), queriendo expulsar a la charnegada española: qué jodido es ser colonizador y encima pobre

El panorama electoral

Acierta Valls cuando reclama un pacto del constitucionalismo. Porque el constitucionalismo es prepolítico, hunde sus raíces en la ilustración, en la Pepa, en la constitución de España como nación política…

El problema de la izquierda es que ya no es capaz de analizar la realidad desde el materialismo histórico. En la guerra civil, había que optar por ganar la guerra o hacer la revolución. No era posible hacer la revolución sin ganar la guerra; algunos lo entendieron, otros no. Hoy, si la izquierda quiere en el futuro llegar a una república, y posteriormente a un socialismo, en España, tiene que, forzosamente, luchar por mantener la integridad de España (como dice el artículo 1 de la Constitución de la Segunda República Española) –Como pueden ver los que dicen que la república es ilegal, el texto está publicado por el Congreso de los Diputados– Pensar que de la crisis territorial saldrá una España más justa es ser, no ya miope, sino ciego. 

El PSOE sigue jugando a “la puta i la ramoneta”, amenaza con un 155 mientras por los hechos permite el soliviantamiento y desacato continuo de Torra y sus aláteres. La autodenominada izquierda transformadora –Podemos, confluencias y, “disfluencias”, Más País– ha olvidado la lucha de clases y la lucha por la igualdad, y se pasó a la defensa de las diferencias.

El retorno al bipartidismo PP/PSOE llega pero de forma desigual para la derecha que para la izquierda. Mientras en la derecha se está produciendo un proceso de concentración del voto hacia el PP como reacción a la pérdida de diputados por la dispersión del voto en las pasadas elecciones de abril, en la izquierda la aparición de Más País genera dispersión del voto y, por tanto, posible pérdida de escaños. Son procesos antagónicos y existe la posibilidad de una mayoría de derechas. 

Más País pretende evitar el abstencionismo en la izquierda vendiendo tan solo una disposición al pacto con el PSOE, mientras mantiene prácticamente el mismo programa electoral de Unidas Podemos. No es una oferta diferenciada, tan solo personalista. Por otro lado, la elección como cabeza de lista de un independentista maquillado como federalista y defensor del derecho a decidir, lastra sus opciones en Cataluña… Para votar eso ya tienen a Jaume Asens, de Comúns. 

Otra cosa es el voto estético –perfectamente válido– basado en la imagen de los líderes… tan maquillados, no solo por las barbas cuidadas o descuidadas o los afeites aplicados… maquillados intelectual e ideológicamente.

Volverá el bipartidismo pero seguirá España en la zozobra… 

Y el tiempo perdido.

Algún día habrá que hablar de la Hispanidad y de la leyenda negra, desde la izquierda y sin maniqueísmos y sectarismos, pero hoy, a pesar de la fecha, hay otras urgencias.

MATEMÁTICA, ARITMÉTICA, METÁFORA Y POLÍTICA.

Pedro Miguel González Urbaneja ♦ (León, 12/1953) es Catedrático de Matemáticas desde 1977. Ha sido profesor de la Universidad de Barcelona y de la Universidad Politécnica de Cataluña.

 

Jueves,  17 de octubre de 2019

 

 

PROPIEDADES ARITMÉTICAS Y POLÍTICAS (PARA LOS ESPAÑOLES) DEL NÚMERO 155.

► «El político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación».

▬  Otto-Leopold, VON BISMARCK.

► «Mi ideal político es el democrático. Cada uno debe ser respetado como persona y nadie debe ser divinizado».

▬  Albert EINSTEIN.  

► «Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos, por hacer lo posible imposible».

▬  Bertrand RUSSELL.

► «En la política es como en las matemáticas: todo lo que no es totalmente correcto, está mal».

▬  Edward KENNEDY.  

En física nuclear, un NÚMERO MÁGICO es un número de nucleones (ya sean protones o neutrones) de un núcleo atómico que otorga mayor ESTABILIDAD al mismo, frente a la DESINTEGRACIÓN nuclear.

Por extensión matemático-político-metafórica vamos a llamar MÁGICO al número 155, porque cumple una propiedad aritmética realmente curiosa y una función política esencial en la situación actual de la nación española.

El número 155 cumple una propiedad excepcionalmente interesante en relación con sus divisores primos:

A partir de la descomposición factorial de 155: 155 = 31 x 5,

si sumamos todos los números primos comprendidos entre los divisores primos, 5 y 31, de 155, incluidos ambos. 5 y 31, que son:

● 5, 7, 11, 13, 17, 19, 23, 29, 31,

resulta:

► 5 + 7 + 11 + 13 + 17 + 19 + 23 + 29 + 31 = 155, 

es decir, reaparece precisamente el número original 155.

Por eso decimos que desde el punto de vista aritmético el número155 es MÁGICO.

Para LOS ESPAÑOLES de la actualidad, el NÚMERO 155 también es MÁGICO, porque gracias al ARTÍCULO 155 de la CONSTITUCIÓN de 1978, que fue votada por el 88,54 % del total de los españoles (con derecho a voto), y el 90,5 % de los españoles residentes en la región de CATALUÑA (con derecho a voto), el texto contenido en el ARTÍCULO 155 garantiza la estabilidad territorial de la NACIÓN ESPAÑOLA, frente a los intentos sediciosos de segregación territorial y por tanto de desintegración de la nación más antigua de Europa, ESPAÑA. 

Y todo ello desde LA LEGALIDAD, en el régimen de libertades que TODOS LOS ESPAÑOLES nos hemos dado, a partir de la CONSTITUCIÓN DE 1978.

De modo que al NÚMERO 155 además de asignarle el epíteto de MÁGICO, por sus excelencias y virtualidades aritméticas, los españoles podemos también concederle el calificativo de VENERABLE, por ser la garantía de la indisoluble unidad de la NACIÓN ESPAÑOLA, patria común e indivisible de todos los españoles, según reza el artículo segundo de la CONSTITUCIÓN.

Pedro Miguel González Urbaneja

Catedrático de Matemáticas

NOTAS LEGISLATIVAS:

https://es.wikipedia.org/wiki/Art%C3%ADculo_155_de_la_Constituci%C3%B3n_espa%C3%B1ola_de_1978  :

El artículo 155 de la CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA de 1978 es un artículo que dota al Estado de un mecanismo coactivo para obligar a las comunidades autónomas que incumplan las obligaciones impuestas por la CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA de 1978 u otras leyes, o que atenten gravemente contra el interés general de España, al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o a la protección del mencionado interés general. Está incluido en el Título VIII (De la Organización Territorial del Estado), Capítulo tercero (De las Comunidades Autónomas).

El precepto se inspira claramente en la figura de la llamada «coerción federal» (Bundeszwang), prevista en el artículo 37 de la Ley Fundamental de Bonn (CONSTITUCIÓN ALEMANA). Tal inspiración se advierte incluso de manera inequívoca en la redacción del artículo 155, que coincide en lo esencial con la dicción literal del precepto Constitucional Alemán.

Dos Años de resistencia al procés, dos años desangrándonos por las tres heridas

Vicente Serrano ♦Miembro de la Junta Directiva de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista

 

Martes, 1 de octubre de 2019

 

 

Alternativa Ciudadana Progresista consideraba que era necesario recordar y reflexionar sobre los ignominiosos hechos de septiembre y octubre de 2017, y sobre la reacción de la ciudadanía catalana tantos años callada: La mayoría silenciosa habló, y demostró públicamente que en Cataluña el secesionismo es minoría. El pasado miércoles fuimos convocados por ACP algunos de los que en aquellas fechas dijimos algo. Este es mi discurso, ligeramente ampliado, en dicho acto: 

Dos años hace de la intentona golpista. Dos años de llamar a la abstención, a no votar ante el ataque a la democracia… Lo hicimos en el salón de actos de La Sedeta, el 26 de septiembre de 2017, en nombre del Foro de las Izquierdas No Nacionalistas. Dos años también del 8 de octubre, de la mayor manifestación constitucionalista realizada jamás en Barcelona, y convocados por Societat Cívil Catalana.

Llevamos dos años de degeneración de la convivencia en Cataluña. No era algo nuevo, todo venía de atrás: del pujolismo y su proyecto 2000. De aquellos polvos estos lodos.

Hay quien afirma que el independentismo está en retroceso, y, sin decir que eso es falso, hay que afirmar, recalcar, reclamar que la derrota del independentismo es condición necesaria para volver a la normalidad; a no ser que alguno piense que la normalidad es lo que había antes de 2012: hegemonía del Nacional-catalanismo.

Es condición necesaria pero no suficiente. Hay que derrotar al nacionalismo. Es muy peligrosa la deriva que puede tomar nuestra sociedad si se confirman los planes terroristas de los CDR detenidos. Es muy peligroso que haya catalanes dispuestos a exigir que los independentistas tengan libre albedrío para hacer lo que quieran, sea ilegal o criminal. Cualquier día te ponen una bomba… con una sonrisa, eso sí.

Estamos en un momento delicado y nadie puede bajar la guardia. 

Hay gente que añora el oasis y otros que añoramos un vergel que nunca ha existido, parece ser. Tal vez durante la Segunda República, con sus luces y sus sombras, y no sabemos a ciencia cierta si el proyecto hubiera dado sus frutos, pues no les dieron tiempo a ver su evolución. Algunos hablan del dialogo, como si tal cosa fuera posible. ¿Cómo dialogar con quien solo acepta una salida –la suya–, y te exige que renuncies a tus derechos para sentarte a la mesa?

La sociedad catalana siempre ha sido muy clasista. Durante la dictadura, los padres y abuelos de los actuales secesionistas daban vítores a Franco. Y despreciaban a la charnegada a la que explotaban.

El catalanismo, el supremacismo ya estaba en Òmnium Cultural, bajo la protección de franquistas catalanes y el franquismo español… Su evolución hacia un postfranquismo catalanista parece lo natural.

Dialogar, ¿para qué?

Volver a antes de 2012 es mantener la inmersión lingüística, es mantener las multas por rotular en castellano, es mantener la hegemonía política del nacionalismo. Es mantener la segregación social por razón de lengua y de sentido de pertenencia.

En Cataluña hay una relación directa entre clase social y lengua, como la hay en la discriminación en EEUU con el color de la piel y clase social.

Hay que derrotar al nacionalismo. Con el nacionalismo no se puede dialogar ya que no acepta la diversidad; su objetivo es el imponer un único sentimiento de pertenencia, una patria monolítica y totalitaria. Dialogar es darles tiempo a reponerse; volver al catalanismo moderado es tan solo una trampa pujoliana que les permita mantener sus privilegios de clase para rearmarse y volver dentro de 20 o 30 años a lanzar otro órdago, esta vez con más posibilidades de conseguirlo si prosigue el proceso de asimilación identitaria que inicio Pujol.

Nacionalismo

Vean que no pongo adjetivos. Pero tengamos claro que el nacionalismo depredador aquí en Cataluña es el nacional-catalanismo, como en el País Vasco lo es el abertxalismo. Se llame PNV o Bildu. Y en otras partes de España ese nuevo soberanismo/ombliguismo que nos invade.

Indudablemente existe un nacionalismo españolista peligroso –Vox–, retroalimentado por el secesionismo y una izquierda acomplejada y desnortada (PSOE, Podemos y sus confluencias). Conjurémonos contra todo nacionalismo.

Es posible una nueva Cataluña

Intercultural, mixta y mestiza, frente a multiculturalidad que esconde el supremacismo. 

Cooperativa y colaborativa, frente la exclusión y la segregación por identidad o lengua. 

Bilingüe, babélica, frente a la inmersión lingüística y el monolingüismo de TV3 y los medios de comunicación de la Generalitat y los subvencionados por ésta.

Si en 2017 decía que el ilegal referéndum del 1 de octubre dejaría tres heridas (en la libertad, en la igualdad y en la fraternidad), hoy solo puedo confirmar que seguimos desangrándonos. Sigue sin haber ese proyecto ambicioso desde la izquierda para toda España. No habrá cambios en Cataluña, y por tanto en España, mientras no haya una izquierda fuerte, comprometida con la igualdad y que se posicione claramente contra el nacionalismo.

Recordad, no admitamos un lavado de cara del catalanismo. Nada puede ser igual a antes del 2012.

¡No a la hegemonía nacionalista!

Adenda:

La aparición de Más País demuestra, ya solo en su nombre, el complejo de culpa impropia de la izquierda al que siempre aludo. ¿Por qué no Más España? Se puede llamar Más Madrid, Más Región de Murcia, Más Cataluña –perdón, Més Catalunya, ya lo verán–, pero ¿España? España da miedo… ¿No, Errejón?

Es evidente que su función será intentar captar el abstencionismo que el sainete ofrecido por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias provocará. 

Es vergonzoso ver los chalaneos que, a cuenta de los votos de los españoles, se montan: “se presentarán donde no resten”, dicen, sin explicar que el sistema es tramposo, sin decir a las gentes que hacen estrategias según el valor de su voto.

¿Qué programa? El mismo de Pablo pero pactando… ¿No?

Y, sobre Cataluña, ¿seguiremos con lo del derecho a decidir? O eso, o nos lo endulzarás con un significante vacío, de esos que tanto te gustan y que no quieren decir nada pero contentan a todos. 

Mal lo tenemos en España con esta situación endiablada, con unos políticos tan mediocres y mezquinos, con sistema electoral tramposo y que no ayuda a encauzar los problemas… Malos tiempos para la lírica.

La vuelta al bipartidismo, sin sorpassos

Vicente Serrano ♦Miembro de la Junta Directiva de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista

 

Sábado, 28 de septiembrre de 2019

Todos preocupados porque se repiten las elecciones. Que si cuesta mucho dinero, que si se podría dedicar a temas sociales, que los españoles están hartos de votar… Lo dice hasta Rufián ese lobo/secesionista con piel de oveja/buenista. En Cataluña, siempre con la matraca de que “votar no es delito” y ahora preocupados en no saturarnos. ¡Valgui em deu!

Los más interesados en que volvamos a votar, digan lo que digan, son el PSOE y el PP. Ambos aspiran a recuperar votos “perdidos” –perdidos por ellos, ganados por otros–, es el fin del cuatripartidismo, es la vuelta al bipartidismo sin sorpassos. 

El problema en España es que el sistema electoral permite hacer política con las convocatorias electorales; digamos que es parte del juego. Es decir, la estabilidad política tan cacareadamente reivindicada por todos, depende, no del sistema, sino de las intenciones o intereses espurios de los partidos… mejor dicho de los dirigentes de turno. Pedro Sánchez siempre fue un líder débil, el peor que los “PSOEistas” pudieran desear, pero el juego de la falsa democracia interna les situó en una situación de dependencia de un ególatra e incompetente dirigente. Y, de paso, a toda España. 

Todo proceso electoral cuesta dinero, otra cosa es que ese gasto se racionalice. Empezando, tal vez, por eliminar el buzoneo electoral y facilitando, por otro lado, la presencia mediática de todas las candidaturas sin cortapisas y en igualdad de condiciones, incrementando los debates televisivos con todas las candidaturas. Ahorraríamos mucho gasto en cartelería. Al fin y al cabo, todos sabemos que las elecciones se deciden en la televisión. 

Para dar estabilidad electoral al país –España, no Estado español– hay que cambiar el sistema electoral. Es decir, garantizando que la elección del poder legislativo no se repita innecesariamente, salvo causa mayor. Si queremos elecciones cada cuatro años:

Lo primero es garantizar la igualdad de todos los españoles a la hora de votar. Puede que me repita: ¡No somos iguales! Mi voto como barcelonés (IPV=0,80) vale casi dos veces menos que el de un leridano (IPV=1,34) antes de votar; luego, una vez votado, la diferencia se incrementa en función de a quien vote. Si un sevillano tiene un IPV de 0,79 antes de votar, un votante de Ávila triplica su valor (IPV=2,31). Realizada la votación, un votante de C’s de Ávila tiene un IPV de 3,89 frente al 0,83 de Unidas Podemos y al 0,54 de VOX, ambos en Sevilla. 

Para garantizar esa igualdad hay que repartir los escaños en circunscripción única. Ya he explicado en otros artículos como garantizar representación en todas las provincias. 

Lo segundo, garantizar el derecho de los ciudadanos a la información de todas las candidaturas que se presentan. Lo que significa eliminar las cuotas de pantalla en función de resultados electorales precedentes.

Lo tercero, instaurar un sistema de elección de gobierno que garantice la gobernabilidad. Acortando los plazos para la formación de gobierno mediante negociación entre grupos parlamentarios e instaurando un sistema que permita la elección directa por los españoles del Presidente de Gobierno de entre los dos que obtengan más votos en el Congreso de los Diputados, en votación única. El gobierno así elegido debería tener ciertas salvaguardas, por ejemplo que una moción de censura necesitaría superar en el Congreso el porcentaje de voto popular obtenido, o que unos presupuesto generales sin aprobación exijan la moción de confianza del gobierno de turno.

La circunscripción única garantiza la igualdad de voto. Sobre todo, si asumimos un sistema sin mínimos para acceder a escaño y un sistema de reparto Hare en sustitución del D’Hondt. Esto llevará a un Congreso de los diputados más plural, con más partidos. Esa es la realidad de Holanda e Israel, pero ciertamente parecen tener más tradición de pactos para gobernar (sin entrar en valoraciones político-ideológicas).

Dada nuestra falta de tradición, bueno es garantizar el sistema con esa tercera vuelta.Digo tercera porque no es una segunda vuelta propiamente dicha al estilo francés donde se juegan la elección de escaños. 

Con el sistema de elección de presidente por los electores incrementamos el papel, en primer lugar, de los ciudadanos ante un bloqueo parlamentario y, en segundo lugar, del mismo Congreso de los Diputados al tener que elegir en votación única y tras presentaciones, ponencias y debates a los dos candidatos para presidente. 

Ciertamente, se podría optar porque dicha elección fuera entre los dirigentes de los partidos más votados, pero ello resta valor al Congreso y devalúa la democracia. Es más, ello permitiría visualizar a los grupos parlamentarios, con pactos o sin pactos, que dan apoyo a un candidato no necesariamente cabeza de lista por Madrid. El juego democrático puede ser mayor y la valorización del Congreso también.

La realidad es que el Congreso en una situación de impás, como la vivida hasta hoy, tiene una utilidad baja y una imagen penosa.

Cesarismo mesianista y miedo escénico

El mesianismo se ha instalado en los grandes partidos nacionales. Los líderes marcan la línea política, los equipos de análisis trabajan para adaptarse a los deseos del “césar” de turno. Eso es evidente en PSOE, Podemos y Ciudadanos. Pedro Sánchez ha marcado con mano de hierro su apuesta por unas nuevas elecciones para machacar a Pablo Iglesias y toda la maquinaria ha trabajado en elaborar ese relato imprescindible: “la culpa es de los otros”. 

Pero, además, el miedo escénico ante las nuevas elecciones que se avecinan nos ha obsequiado con momentos de histriónica y rabiosa egolatría de Pablo Iglesias y con extrañas e imposibles propuestas de última hora, fuera de tiempo, del endiosado Albert Rivera. 

En Vox siguen encantados de conocerse; Abascal se conforma con tener la “verdad”. Tal vez, la debilidad del liderazgo de Pablo Casado ha permitido que su equipo le marque líneas de trabajo, dejarse la barba para dar imagen de seriedad, por ejemplo, y que se nos ponga “positivo” lanzando un órdago para comerse a sus rémoras o parásitos ideológicos (C’s y Vox) con la precampaña electoral de España Suma.

Vuelve el bipartidismo ¿Quién dijo que había muerto?

El enroque

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Viernes, 27 de septiembre de 2019

Cuando en el lenguaje de la calle alguien habla de enrocarse, se suele referir a encastillarse, a empecinarse en una idea o acto sin aportar pruebas, soluciones o facilitar ningún tipo de salida a una situación.

 

La palabra proviene de una jugada del ajedrez, de tipo defensivo casi siempre, en la que se rodea al rey de piezas con el fin de facilitar su defensa. En esa posición la torre en un flanco, el borde del tablero en otros dos y los peones en el frente cortan el acceso a la pieza maestra por parte de las piezas contrarias.

 

Es habitual, en ajedrez, enrocarse ante el ataque del jugador contrario. Es habitual, en la vida real, enrocarse ante la falta de argumentos o soluciones aceptadas, cuando alguien quiere salirse con la suya por narices, en realidad se suele mencionar otra parte más pendiente del cuerpo masculino. Pero ¿alguien se imagina un escenario, sea ajedrecístico o cotidiano, en el que todas las partes estén enrocadas?

 

Pués por muy improbable que parezca esa es la situación que llevamos viviendo en España desde hace ya unos años. El permanente enroque de todos los partidos políticos que juegan a sus propios intereses con los votos de todos los ciudadanos. Unos para lograr mejores resultados electorales, otros para desbaratar competencia en su espectro político y otros, que ven su ocaso cercano, para intentar el vuelo del ave Fénix. Todos tienen intereses prioritarios que nada tienen que ver con los intereses del país, al que dicen servir, o de los ciudadanos, a los que dicen representar. Eso, sí, puntualmente cobran por su enroque como si estuvieran haciendo el trabajo para el que han sido elegidos, pero sin hacerlo y sin intención de que pueda hacerse.

 

El lamentable espectáculo de enroque multilateral, multidisciplinar, multiestúpido, debería de llamarnos la atención lo suficiente como para hacerles llegar a los enrocados líderes, que concepto tan desaprovechado el de líder, una preocupante, para ellos, preocupación popular por su actitud y su desprecio hacia los votantes. Total, ya saben que, hagan lo que hagan, algunos los votarán porque son los suyos, otros los votarán porque a alguien hay que votar, y otros votaran a los otros, que al fin y a la postre son como de casa.

 

Se enroca Rivera, y lleva a su partido a unas elecciones que pueden castigarlo, que pueden castigar a su partido por no lograr hacer un papel determinante en la resolución de una situación que tenía que haberlo fortalecido, ofrecer una investidura y una cierta estabilidad a cambio de unas reglas perfectamente pactadas y atadas. ¿Qué no se fía de Pedro Sánchez? Ni yo, ni de él tampoco. El problema en su enroque es que ha intentado la solución cuando al otro ya no le convenía. Su enroque no muestra más que la incapacidad de un político más ambicioso que inteligente, más preocupado por lo que él quiere que por lo que el país necesita.

 

Se enroca Pablo Iglesias, desesperadamente dada su deriva hacia la irrelevancia, en obtener un puesto protagonista, suyo o de su formación, en el cartelón de anuncio de la legislatura y va siempre a remolque de la estrategia de fagocitación que ha diseñado el PSOE. Si hubiera estado más atento a la jugada, y menos a los focos, habría visto la oportunidad de jugar un papel de gobierno complementario sin quemarse en el ejecutivo real. Ya es tarde. Tezanos augura una preponderancia suficiente para el PSOE que cree no necesitar a Podemos.

 

Se enroca Casado obsesionado por recuperar los votos de Vox, de Ciudadanos, y del centro. Difícil cóctel. Como atraer a votantes de Vox y del centro con los mismos argumentos y dando un paso considerable hacia la derecha. Afortunadamente su enroque lo defienden los enroques ajenos, más débiles y evidentes. Su enroque es un tanto pasivo, de cazador al acecho.

 

Se enrocan los nacionalistas, en realidad casi todos separatistas, de izquierdas y de derechas, exigiendo en cuotas el desmembramiento del estado, cuando no, en el caso de los catalanes, su disolución inmediata, la conculcación de la separación de poderes y la entrega de las llaves de la República para su sueño bananaero.

 

Se enroca Vox en sus opiniones altisonantes, frentistas, epatantes, aunque a veces coincidan con la realidad, pero es que la esencia de Vox es la de ser un partido enrocado. No le queda otra.

 

Pero sin duda, entre todos los enroques, brilla con luz propia el enroque del presidente del gobierno en funciones, su gobierno mariachi y el partido de su propiedad. Su actitud, sus silencios, que yo creo que son para evitar que se le escape la carcajada, y su absoluta falta de argumentos y de voluntad negociadora, rayan lo chulesco, pero lo rayan por la parte de dentro. Su absoluta inacción en su obligación de promover soluciones, su permanente reparto de culpas ajenas e inocencias propias, su cinismo y su falta de moral democrática lo hacen ser, para mí, uno de los personajes más oscuros de la mal llamada democracia española. Ególatra y narciso parece considerar que sacar algunos votos más que otros lo hace, casi por derecho divino, el candidato único e irremplazable a presidente del futuro gobierno. El dueño del balón, como ya lo denominé en un artículo anterior, no tendrá inconveniente alguno en llevar al país a sucesivas elecciones, y a la ruina si es necesario, hasta que le den la razón y la mayoría absoluta. Se ha creído su libro y los ciudadanos somos los rehenes necesarios para imponer su razón de estado, de estado satisfecho, aclaro.

 

Y ante tanto enroque a mí me gustaría jugar un jaque pastor que acabara con este disparate, pero dada mi impericia ajedrecística, y mi irrelevancia política, gracias a dios, me tendré que conformar yo también y volver, una vez más, otra vez, a enrocarme y votar en blanco. Porque está claro que votar en blanco es votar sin esperanza, sin razón, no confundir con la sinrazón de los políticos, y sin otra espectativa que la de que el sistema se revuelva y expulse a tanto empecinado mediocre, a tanto bufón de la corte y a tanto tonto útil necesario para completar listas que agreden la representatividad de los ciudadanos. Porque votar en blanco es votar con los ojos cerrados, tan apretados que la luz no solo no entre, que no salga. Porque votar en blanco es votar rechinando los dientes y con los nudillos blancos de tanto apretar los puños. Porque votar en blanco es pura desesperanza, desesperación, frustración, rabia.

 

Y así seguiremos, ellos con sus listas y sus enroques, otros votando porque esto es mejor que aquello otro, y algunos absteniéndonos, votando nulo o en blanco para demostrar que si aquello no nos gustaba, esto tampoco. Lo malo es que en una partida en la que todos los jugadores se enrocan siempre acaba en tablas, como en una partida de parchís en la que todas las fichas de todos los colores estén formando barrera. Vaya mierda de partida, con perdón.

 

El vaivén del chucuchucu

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Jueves,  19 de septiembre de 2019

No es el vaivén del chucuchucu, ni se habla de ello solo en la capital, pero se habla mucho y en todas partes y si no es un vaivén poco le falta.

¿Vivimos en una democracia? No, no vivimos en una democracia, vivimos en una suerte de régimen símil democrático que imita algunas de sus formas pero no asimila ni el fondo ni los objetivos. Esto tiene poco debate. Votamos, pero desconocemos el valor de nuestros votos. Votamos pero según donde vivamos somos ciudadanos de diferente clase y con distinta capacidad de ser representados. Votamos pero nadie tiene en cuenta, ni siquiera nosotros, lo que queremos o como tienen que representarnos. O sea que respecto a una democracia lo que nosotros vivimos tiene en común, únicamente, que votamos.

 

 

 

 

¿Cómo se llama lo que vivimos? Formalmente una partidocracia, un sistema en el que ciertos grupos de poder se organizan en instituciones llamadas partidos a las que se asigna una ideología, una posición en un eje de representatividad de coordenadas izquierda-derecha, y que mediante los votos de los ciudadanos, y conforme a unos llamados programas, relación fantasiosa de máximos y mínimos que nunca existe voluntad de cumplir, ejercen el poder durante un periodo pactado. En realidad una suerte de aristocracia, no hereditaria la mayor parte de las veces, de carácter temporal.

¿Por qué una partidocracia no es una democracia? Porque a pesar de que votamos no elegimos a nuestros representantes, sino una relación cerrada de candidatos que están al servicio del cabeza de lista y que cumplirán sus instrucciones y no los compromisos adquiridos con los ciudadanos o sus expectativas a la hora de votar. Porque los partidos son organizaciones rígidas, sin capacidad real de representar a los ciudadanos de una circunscripción o, ni siquiera, de hacerse portavoces de las necesidades de circunscripción alguna si estas necesidades contradicen a las generales del líder.

¿A quién representa la partidocracia? A las ideologías, nunca a los ciudadanos, la mayoría de los cuales no comparten, total o parcialmente, la ideología dominante.  De forma absoluta, si la mayoría es absoluta en la cámara de representantes, o de forma matizada, si tiene que llegar a acuerdos, el elegido presidente de gobierno tiene cuatro años para tomar las iniciativas que considere favorables a sus intereses, en primer lugar, a los de su partido, en segundo, y a los de su ideología, en tercero, sin reparar, en el mejor de los casos, en los que no lo votaron, y digo en el mejor de los casos porque hay muchas ocasiones en las que se legisla contra, o como afrenta a, los que no lo hicieron. No importa que sumados sus votos, los que lo han aupado a esa posición, no vayan más allá de un tercio de la población, su poder es, y así lo siente, absoluto durante cuatro años, y si toma decisiones en contra del bien común, del interés del estado o de las leyes del país, ya se encargará de explicarlo con la dialéctica política, con la dialéctica ocultista, ventajista, manierista y mentirosa con la que los políticos dicen explicar sin explicar nada, sin una sola verdad rotunda y contrastable.

Con la democracia sucede como con las virtudes, la perfección no es alcanzable, pero es una meta en la que no cejar para acercarse día a día a su consecución. Nunca viviremos una democracia plena, no es humana, pero eso no significa que tengamos que conformarnos con sistemas imperfectos que remedan groseramente nuestro objetivo, conque acojamos con resignación un sistema que trabaja contra nuestros deseos y traba nuestras posibilidades y esfuerzos, como es el actual.

¿La partidocracia es mejor que una dictadura? Claro, una herida superficial es mejor que una fractura abierta, pero eso no significa que hacernos heridas a diario tenga que ser nuestro objetivo. El problema es que la solución es tan compleja, hay tantos intereses en que no se produzca y existe una desmovilización tal entre los ciudadanos, por no hablar de las movilizaciones ideológicas que trabajan en contra, que se hace difícil atisbar un camino practicable. No  se puede pasar de un sistema viciado a una vía de progreso de una sola vez. No se puede desmontar el sistema, vía política, concienciar a los ciudadanos de su papel, vía educativa, y montar una alternativa razonable, vía ejecutiva, de una sola vez, y el sistemático fracaso de las revoluciones y de los movimientos populares, lo demuestra.

¿Democracia representativa o democracia asamblearia? Este es un falso debate. Democracia, sin apellidos, es el sistema en el que todos y cada uno de los ciudadanos se siente representado en las decisiones, incluso en las que son contrarias a su criterio. Solo bajo esta premisa podemos hablar de democracia. La democracia representativa es sin duda la forma más ejecutiva de representación de un colectivo, es imposible, es inoperante, la consulta sistemática de las decisiones a tomar, lo que no puede significar en ningún momento que la capacidad ejecutiva de una cámara de representantes, pueda constituirse en una capacidad impositiva o coercitiva respeto a los administrados, suplantando sus expectativas.

Pero si la democracia representativa es imprescindible, no podemos caer en el error de considerar que es la verdadera y única democracia. No, la democracia más directa y perfecta es la democracia asamblearia, la que convoca a los ciudadanos a mostrar su opinión individual sobre los problemas que les afectan directamente, a defender su posición en igualdad de oportunidades respecto al resto de las opiniones. Claro que tampoco esta es perfecta, basta con asistir a una junta de vecinos para ver a los mediocres medrar, a los ávidos recolectar delegaciones de voto y a los poco concienciados a escabullirse de las responsabilidades,  para comprender el mucho camino que quedaría para conseguir que una democracia asamblearia fuese realmente representativa, pero para eso primero hay que lograr una formación, una conciencia ciudadana, que hoy por hoy el sistema niega.

Los logros hay que buscarlos con tacañería, con parsimonia, con visión de futuro. No cayendo en el viejo dicho de que lo mejor es enemigo de lo bueno. No cediendo  a la tentación de que el logro del todo nos haga renunciar a la lucha por las partes. Objetivos inmediatos y concisos.

Por eso, antes que plantearme la idoneidad de los grandes debates, como la esencia de la democracia, o el sistema perfecto en el que desarrollarla, aunque sin olvidarlos, mi lucha es por corregir los más inmediatos obstáculos que convierten a nuestro país en una partidocracia que se retroalimenta con nuestras esperanzas, con su frustración.

Listas únicas, que nos permitan votar a aquellos representantes que hayan hecho méritos para merecer nuestra confianza, o nuestro aprecio, o simplemente nuestro reconocimiento, no por su ideología, por su afinidad con otro, o por su medraje en estructuras que nos son ajenas.

Circunscripción única para cada ámbito convocado, que permita que todos los votos valgan lo mismo, que cada ciudadano tenga la misma capacidad de elección a la hora de votar, que en un mismo territorio no haya partes cuyos votos puedan imponerse, por la única razón de que así lo marca una ley mal construida o una razón matemática, respecto a los demás.

Y mientras estas dos premisas no se cumplan, mientras los ciudadanos tengan que votar bajo premisas ideológicas que no comparten, a personas que ni conocen en el momento de votar ni conocerán cuando cesen en sus funciones, a personas cuya única función será apretar el botón que les digan y asistir a las reuniones que les manden, yo no los podré considerar representantes de nadie. Mientras los ciudadanos de Toledo tengan una diferente capacidad de representación que los de Gerona, por poner un ejemplo, en las decisiones del país, mientras ciertos territorios estén primados en el valor de sus votos respecto a otros, por intereses políticos, por resultados matemáticos o por incentivos poblacionales, cuando lo que se decide nos afecta a todos por igual, yo no podré considerar que el sistema es democrático.

Por eso ciertos debates impostados, fatuos, carentes de pertinencia o de realidad, no me parecen otra cosa que el vaivén del chucuchucu, el que nos van a dar, con el que nos quieren marear.

El asno político

 

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Miércoles, 18 de septiembre de 2019

Entre la tibieza del PSOE y el batiburrillo de Unidas Podemos, nos hemos quedado sin gobierno. Tibieza por la retorcida ideología socialistas que se gastan y batiburrillo porque se agarran a tantas mareas como tienen en su seno que, de constitucionalistas a independentistas se cambia en un momento, dependiendo donde sea el mitin de turno.

Y, digo yo, habiendo decidido finalmente ejercer mi derecho a voto, me encuentro en la disyuntiva de: ¿a quién voto?, ¿Qué partido me puede representar que sea respetuoso con los derechos humanos?, ¿Qué partido representa realmente a los más débiles dentro de este sistema atrozmente capitalista, sin estar en connivencia con quienes lo representan?.

Créanme si les digo que todavía no he finalizado la búsqueda y, les prometo, que no he cejado en el empeño, que es bastante durante el día, desde primera a última hora de la mañana, informándome del día a día de la política desde los Pirineos hasta el estrecho de Gibraltar, incluyendo Ceuta y Melilla, y no dejo de sorprenderme cual manipuladores y retorcidos pueden ser los políticos.

Es cierto que no podemos negar la disponibilidad de UP de llegar a un acuerdo con el PSOE, claro que no sin formar parte del gobierno, a lo que estos últimos no están dispuestos si los otros no aceptan que gobernarán solos, un notable paso atrás desde aquel ofrecimiento de tres ministerios y una vicepresidencia social.

Entiendo lo difícil que debe ser gobernar con quienes están de acuerdo con un referéndum en Cataluña, lo digo por aquello que diferencia a constitucionalistas y nacionalistas, como también lo es tomar la decisión de quitárselo al rico para dárselo al pobre, mejor dicho, llevar a cabo una auténtica justicia fiscal distributiva que permita equilibrar un poco la balanza y, sobre todo, incentivar una economía con grandes visos de recesión. En definitiva, lo difícil que tiene que ser fiarse de un partido diametralmente opuesto en lo que al socialismo se refiere.

Ahora bien, lo peor de todo esto, es que me temo que hasta el 10 de noviembre seguiré en la permanente disyuntiva del voto útil a la izquierda, ¿a qué izquierda…?, la radicalizada que parece dar cabida a todo cirriburri que alce el puño izquierdo aunque vivan como burgueses, o la moderada que convive con los más gordos del sistema.

Le seguiré dando vueltas, y de no llegar a buen puerto votaré a algún partido animalista, porque como siga así la cosa van a tener que ser éstos los que representen a tanto asno que anda suelto.

El pelotón de fusilamiento ideológico

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Viernes, 6 de septiembre de 2019

Que la democracia es un mal menor, es cierto si lo comparamos con la otra opción, la dictadura, pero no deja de ser un mal y como tal habrá que tratarlo… digo yo. Sin embargo la mayoría la defiende como un dogma, hasta el punto que quienes sacamos al aire sus tramos sucios y, por ello entiéndase, aquellos fallos que la convierten en una la lacra, somos fusilados por el pelotón como reos de muerte sólo por pensar.

ESPECIAL / brujula.com.gt

Entre las diferentes formas de mantener unido a un grupo, en democracia suelen destacar dos formando parte del marketing político: infundiendo miedo o temor, o generando expectativas que nunca llegan a cumplirse. Todo ello, claro está, frente a una masa de seres alineados por ideologías que no son más que un mendrugo de pan para mantener ocupado a los ciudadanos mientras degustan de él con la esperanza que al día siguiente se les vuelva a dar la misma ración y, quien sabe, si teniendo suerte, acompañada de un vaso de agua para poder tragar ese bocado seco que rumiamos dando vueltas en nuestra boca hasta formar un bolo que cuesta tragar.

Hace unos días, ante la ineficacia de una izquierda -lo de izquierda con matices- de llegar a un acuerdo para gobernar ésta muestra maltratada España, y de una derecha cada vez más radicalizada, publicaba en las redes sociales mi intención de no ir a votar en caso de convocarse nuevamente elecciones -para posiblemente en el mejor de los casos, obtener un resultado parecido al actual-, fui vilipendiado por un centenar de personas, no por dos o tres, colgándome el “San Benito” de irresponsable por unos, porque actitudes como la mía facilitarían el gobierno a una derecha muy a la derecha con el consiguiente abuso de poder y limitación de derechos fundamentales que siempre han manifestado, motivo por el cual me convertiría en un “facha” como ellos; y otros, calificándome de irracional, todo ello adornado de una serie de insultos y descalificaciones y, como no, de argumentos tan manidos como falaces buscando la confrontación entre ellos mismos dependiendo del partido al que votaban -PSOE o UNIDAD PODEMOS-.

Partiendo del hecho que un demócrata, independientemente del partido a que vote, se le presume o debería presumir como un libre-pensador, respetando las opiniones contrarias, no predicable obviamente a aquellos que me pusieron de vuelta y media; la evidencia de su comportamiento demuestra que no son dignos de ser considerados como tales y, consiguientemente, ni siquiera tener en valor unas opiniones que responden a proclamas de sus líderes infundiendo expectativas conforme a un modelo social y económico, al que ellos mismos, y me refiero tanto a los votantes como a los votados, no son fieles.

Bajo estas premisas, ¿es irresponsable no votar?. 

Entiendo que, cuando los destinatarios de nuestro voto no son lo suficientemente aptos para llevar a cabo las políticas que ellos mismos proponen, la irresponsabilidad no es de quien no ejerce el derecho al sufragio activo, sino de quienes se presentan o los proponen como candidatos. La irresponsabilidad, por tanto, no es del votante que no vota con arreglo a un juicio interno que le lleva a convencimiento de que nadie es merecedor de algo tan importante como es su voto.

Tampoco me resulta válido un comentario de un amigo mío que decía: “hay que ir a votar aunque duela”, porque con ello estamos reconociendo de una manera implícita que estamos votando a una opción que consideramos mejor al resto, pero nunca lo suficiente como para que el voto nos produzca satisfacción.

Entonces, ¿cuál es la solución?.

Además del respeto a quienes decidan o no ejercer un derecho como es ir a votar, evidentemente no puede ser otra que cambiar a los candidatos, a personas capaces y dignas de la representación que les otorgamos con nuestro voto que, para mi y,  pienso que también para la gran mayoría de los ciudadanos, son aquellos que sin demagogia y con un compromiso lo suficientemente claro hasta el punto de dimitir si no son capaces de gestionar lo público, no para beneficio de unos pocos, sino de todos, sobre todo protegiendo a los más vulnerables y débiles dentro del sistema.

Que el absentismos electoral no es la solución para cambiar el sistema, no deja de ser una opinión cuestionable y contestable, como todas, la mía es que puede ser una llamada de atención, incluso una exigencia,  a un sistema democrático  y a los políticos que engordan dentro de él, que no lo es aunque se nos intente vender como tal, máxime cuando todos los partidos políticos, y digo todos y no unos cuantos, ni siquiera su estructura interna lo es, sólo un juego de expectativas y miedo frente al contrario.

No quiero políticos charlatanes, sino válidos, responsables, aptos, capaces, que me demuestren que la democracia realmente es el mal menor y no una tapadera para seguir vulnerando los derechos, manipulando con informaciones sesgadas y demagógicas a un pueblo deseoso de una democracia real y ética, pero sobre todo frustrando expectativas y generando miedo, o lo que es lo mismo, transformando la democracia en una “dictablanda”.

Y, para los que dicen que si no voto no tengo derecho a protestar, sólo decirles que mi crítica es al sistema partidista en el que, quienes les siguen el juego, son tan responsables como sus elegidos y, no van a ser ellos, quienes me callen la boca. No quiero ser cómplice de tanto desatino.

Preparando el futuro

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Sábado, 31 de agosto de 2019

 

 

Solemos ser bastante superficiales. Tan superficiales que no hace falta engañarnos, basta con marcarnos el camino. Como las ovejas rebeldes, algunos, balaremos insatisfechos, intentaremos ir por un camino diferente al del resto del rebaño, pero al primer ladrido volveremos al redil sin preguntarnos qué mundo había al final del camino alternativo, por qué el perro obedece al pastor, cual es el objetivo del pastor y si existía alguna alternativa a nuestro comportamiento.

Así que como ovejas caminamos en una sociedad donde el perro son las medidas represivas y el pastor es el gobierno de turno. Pero, como en el caso de las ovejas, tampoco el pastor es nuestro dueño, en muchas ocasiones hay un dueño del rebaño que le marca al pastor los tiempos, los lugares y el destino final del ganado.

 

Pero dejemos los simbolismos de laso y vayamos a la cruda realidad, somos tan superficiales que, sabiendo lo que está mal, nos limitamos a hablar sobre ello sin poner soluciones y, sobre todo, sin analizar las causas últimas de esta insana y decadente sociedad que padecemos.

Nos quejamos de la ineficacia de los políticos, pero rara vez se nos ocurre pensar que esa ineficacia puede estar perfectamente estudiada para unos objetivos determinados.

Nos quejamos de la economía sin pararnos a pensar que esa economía puede servir a unos fines concretos y perfectamente planificados.

Nos quejamos de la educación sin siquiera darnos cuenta de que la educación puede crear una sociedad conveniente a una visión determinada del futuro.

Nos quejamos del empleo y aceptamos, incluso exigimos, el lastre de las mendicidades sociales compensatorias, porque es más cómodo poner la mano que esforzarse por defender unos derechos, unas necesidades, la reivindicación del trabajo.

Y así, paso a paso, tacita a tacita, el dueño del ganado puede que nos esté llevando a que la sociedad sea ese rebaño dócil y ciego que entrará en el futuro perfectamente acomodado para los fines perseguidos, un mayor beneficio y control del dueño del ganado.

Es conveniente, para lograr una visión correcta, empezar por el principio, y en este caso el principio es el futuro intuible, y la tecnología es el hecho diferencial que marca esa posible intuición, esas visiones, hasta el punto de que con tales perspectivas ha nacido un género literario, la ciencia ficción. Un género capaz de presentarnos posibles futuros imaginados por el autor en base a una evolución social y en los que la tecnología tiene un papel fundamental. Curiosamente no son los logros de las nuevas tecnologías los que suelen marcar la diferencia entre unas sociedades posibles y otras, si no el acceso a esas tecnologías y a su uso.

 Si reflexionamos mínimamente, nos daremos cuenta de que la tecnología es ese esclavo ideal que la humanidad lleva buscando desde el principio de los tiempos para saltarse la maldición bíblica que condena a la humanidad a ganarse el pan con el sudor de su frente. Y una vez que tenemos los esclavos idóneos ¿Quién necesita trabajar?

Esa es la pregunta clave, o al menos una de ellas. ¿Quién necesita trabajar? ¿Quién conviene que trabaje, y para quién? O, para ser más exactos, ¿A quién le conviene que el trabajo no desaparezca como medio de acceso a los bienes?

Nos quejamos con amargura de la inaceptable desigualdad económica, paro seguimos votando y dándole nuestro respaldo a las organizaciones responsables de mantener, de agrandar, esa ya casi insalvable brecha entre unos seres humanos y otros. Seguimos comprando ideología como si con las ideologías y sus falsos postulados pudiéramos lograr otra cosa que engañarnos a nosotros mimos y permitir que nos sigan engañando.

Las alternativas posibles son: una sociedad utópica, del ocio y la libertad, en la que el trabajo sea una contribución a la comunidad y el hombre disponga libremente de su tiempo y  de su espacio, o una sociedad distópica, de fractura y esclavitud, en la que tecnología esté en manos del poder económico que racione su acceso y la use para un mayor sometimiento del resto de la sociedad. Evidentemente, hablo de los modelos absolutos.

¿A cuál de las dos visiones apunta la situación actual y las leyes e iniciativas que se van produciendo? Me temo que a la segunda. En realidad no me lo temo, lo veo con una claridad meridiana. Llevamos tres décadas de absoluta involución en el camino de una sociedad mejor, más justa, más libre. Llevamos tres décadas de labor incansable preparando la distopía.

He apuntado al principio de esta reflexión de ciertas carencias en distintos ámbitos, pero también he apuntado, y me reafirmo, en que esas carencias pueden ser intencionadas. ¿Qué pasaría si transformo esas carencias en logros? aunque estos logros no coincidan con los que inicialmente se supondría que serían los deseables. Veamos.

 Nos quejamos de la ineficacia de los políticos, pero si lo que intento es una sociedad enfrentada y sin capacidad de lucha, una sociedad sin nadie que represente sus reivindicaciones y sin caminos para expresarse, una sociedad sometida al miedo de la represión, del terrorismo, de su propia libertad, resulta que los políticos están siendo altamente eficaces. Impecables, diría yo. Estamos dispuestos a renunciar a lo que sea para salvarnos de una inseguridad que en muchos casos es más ficticia que real. Estamos dispuestos a renunciar a la libertad, a la justicia… a lo que nos pidan a cambio de estar confortablemente seguros, inmersos en debates ficticios o ajenos s nuestras carencias. Y los políticos, y sus jefes, lo saben y lo manejan con absoluta eficacia.

Nos quejamos de la economía, pero esa brecha social, esa cada vez más abismal diferencia entre ricos y pobres es fundamental para establecer los niveles de acceso a la tecnología liberadora, es fundamental para dejar una clase intermedia que sirva de acicate a los de una clase más baja, con anhelos y sin accesos, para crear unas expectativas sobre prebendas y derechos que nunca se cumplirán. Y esa clase intermedia será al mismo tiempo el más feroz guardián de los “merecidos” privilegios de la clase alta, con la esperanza de que tal vez los lleguen a compartir, evitando que la clase baja pueda medrar y poner en peligro la inaccesibilidad de la clase dominante. Esa clase media que aspirará a ser clase alta mediante un golpe de suerte: juego, trabajo, negocios o delincuencia, sin apenas ninguna posibilidad real, pero que en su lucha por lograrlo será la primera fuerza de choque, la gran fuerza de choque que usará la élite contra la clase baja, ofreciendo consolidación de privilegios a cambio de injusticia ajena.

Nos quejamos de la educación, y no reparamos en que las políticas educativas están encaminadas a fomentar la mediocridad y la desigualdad intelectual, y por tanto social. Solo las mentes más brillantes, en muchos casos necesarias para el progreso de la clase dominante, tienen opción de salir de ese marasmo de incapacidad educativa que suponen los consecutivos, y demenciales, planes de estudios que se suceden sin orden ni concierto. Hay que premiar la mediocridad, hay que desanimar cualquier intento de excelencia que no sea capaz de salir a flote por sí mismo. Lograremos con ello una sociedad de analfabetos funcionales, de ciudadanos con una preparación aparente, pero irreal, que nunca aspirará a otra cosa que al funcionariado, al sueldo seguro, al sometimiento ideológico y a señalar con frustración cualquier intento que consideren que pone en peligro su plato de sopa. Una sociedad incapaz de pensar por sí misma, incapaz de identificar sus problemas reales y, cuanto menos, de luchar por solucionarlos, incapaz de reclamar el derecho a su participación en su destino, incapaz, llegado el momento, a reclamar el ocio o el trabajo que la tecnología le permita y dispuesta a luchar, educada en la competitividad y no en valores, con ferocidad entre sus miembros por la migajas presentadas como beneficios. Y a día de hoy el planteamiento educativo es altamente eficaz para estos fines.

Nos quejamos de la precariedad laboral, de la carencia de trabajo, del difícil acceso a la estabilidad, pero en realidad no parece que esto sea más que un paso intermedio hasta alcanzar la situación en la que el trabajo sea un privilegio otorgado por las clases dominantes como única vía de acceso a las tecnologías liberadoras. Una sociedad dividida entre los que dan trabajo, los que trabajan y los que viven de la mendicidad social. Cuando las nuevas tecnologías sean capaces de realizar todas las labores no cualificadas, incluso muchas si cualificadas, ¿quién obtendrá el privilegio de trabajar? ¿El privilegio de tener acceso a una medicina, una vivienda, una educación, reservadas solo para los que puedan pagarlas? La clase media productora y de servicios que necesite la clase privilegiada y que ella misma elija, y, por supuesto, la clase dirigente. Proliferarán las mafias que hagan creer a las clases bajas que hay oportunidades de acceder a esos mimos privilegios mediante condiciones de esclavitud personal de cualquier tipo, y los mercados negros de bienestar y de salud en los que los más necesitados e incautos enterrarán sus últimas posibilidades. Nada nuevo, por otro lado.

En realidad, al final, solo hablamos de libertad. Porque al final, y por eso es tan importante, el acceso a la tecnología podría ser el detonante de una igualdad y una libertad reparadoras de tanta injusticia, pero si solo es controlada por ciertas manos, por las manos que actualmente la controlan, solo servirá para acrecentar brechas y marcar un camino a un Matrix de consecuencias indeseables para la mayoría de la humanidad.

La clase dominante es libre, la clase media cree ser libre y la clase baja cree aspirar a la libertad, y, según la ideología que elija, cree que puede lograrla arrebatándosela a los que ya la tienen, o que, simplemente, puede alcanzar la situación de clase dominante por algún medio reconocido por esa clase. Y ambos caminos son falsos. El problema, ese que no somos capaces de identificar, es que en este momento la libertad no es una aspiración, no es un derecho, es una moneda a la que cada vez es más difícil acceder, y la clase dominante está encareciendo la posibilidad de adquirirla a cada día que pasa. El que avisa no es traidor, y el que adopta una ideología ayuda a construir la distopía que nos tienen preparada, a dividir a la humanidad en facciones que se enfrentan porque se lo dicen sin reparar en que solo hay un vencedor, y que, gane quien gane, es siempre el mismo.

Están preparando el futuro, y no nos va a gustar, o, y para eso trabajan ahora, acabaran logrando que ignoremos lo que nos gusta.

La sociedad de los tres monos

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Miércoles, 21 de agosto de 2019

Me preocupa esta sociedad. Me preocupa la incapacidad evidente de enfocar los problemas correctamente. Me preocupa, con preocupación presente y futura, el abismo intelectual, social y educativo con el que las ideologías de diferente índole y cariz la van castigando hasta sumirla en una dicotomía que lastra su solidaridad, envilece su pensamiento y destroza su capacidad de enfrentar correctamente aquellas cuestiones que le hurtan la esperanza de poder ser mejor.

 

 

No hace tanto que, con gran revuelo mediático, el gobierno propuso subir el salario mínimo interprofesional a mil euros al mes. No hace tanto que, con gran revuelo mediático, los poderes económicos se hacían cruces y anunciaban catástrofes inenarrables para la economía de este país. No hace tanto que oyendo a unos y a otros no sabía si se me caería la cara de vergüenza, ajena, o podría contener con algún éxito el descuelgue de mandíbula que el despliegue informativo, perdón, el despliegue opinativo, estaba llegando a producirme.

¿Era posible tal desfachatez por parte del gobierno? ¿Era posible tal falta de ética por parte de los poderes económicos? ¿Era posible tal falta de objetividad y visión de la realidad por parte de una sociedad dispuesta a alinearse ciegamente con quién su querencia ideológica lo demandara?

Sí, era posible. Era, es, y parece ser que será, lamentablemente posible.  Pero vayamos por partes, por protagonistas.

El nombre de salario mínimo interprofesional me parece una burla tal como está enfocado, tal vez salario de incapacidad supervivencial, o salario de incapacidad adquisitiva, o, directamente, tomadura de pelo, que al final es lo que es.

Se supone que el salario mínimo interprofesional, SMI para no tener que escribir tanto, y porque ya todo se nombra por siglas, debe de garantizar una retribución digna a cualquiera que desarrolle un trabajo. Se supone, digo bien, porque me gustaría saber con qué parámetros se calcula, por qué mil y no novecientos ochenta o mil cuatro con treinta y tres. ¿Qué se supone que garantiza ese montante? ¿Cuánto le cuesta al empresario? ¿Se garantiza también a los autónomos? A esto último, que es lo más evidente, la respuesta rotunda es no, ya se encargan el estado y su sistema retributivo de provocar, si la coyuntura lo requiere, que los ingresos de los autónomos puedan ser incluso negativos. Luego, primera tomadura de pelo, o los autónomos no desarrollan labor retribuible y solo se dan de alta por alegrar a la AT, o no son profesionales a pesar de sus profesiones, por lo cual no se pueden dar por aludidos. Es decir, que en el peor de los casos los autónomos tienen que pagar por trabajar, o por la expectativa de llegar a hacerlo.

A la primera pregunta la respuesta también es clara, suponerse se puede suponer lo que se quiera, pero la realidad es que garantizar, lo que se dice garantizar, tal como está la vida, no se garantiza con el SMI otra cosa que una imposibilidad de supervivencia individual. En la mayoría de las ciudades españolas no se puede acceder a una vivienda, pagar los costes de agua, energía y otros, preocuparse de una manutención razonable y hacer frente a otros gastos que la recaudación grava y el mercado alza, con los mil euros de los que hablamos, y si alguien tiene alguna duda, que lo pruebe, se le quitarán las dudas de golpe.

A la segunda también vamos a buscarle las vueltas. Más, al empresario le cuesta un porcentaje más que sale de su beneficio, o sea, el trabajador gana más, el empresario paga más y gana menos y el estado recauda más a la vez que justifica más impuestos para hacer frente a un gasto que no solo no soporta, si no que le beneficia. Y, como es lógico, los empresarios protestan. Sobre todo los pequeños y medianos empresarios, esos que, siendo autónomos por obligación, tienen que buscar la forma de financiar algo que en muchos casos no tienen de donde detraer y que, además, no tienen  acceso a los beneficios fiscales de las grandes empresas. Pero eso no importa, porque al ser empresarios, para una gran parte de la población, son insolidarios, millonarios y explotadores. Así los presenta el imaginario que ciertas ideologías manejan y que difícilmente se corresponde con la realidad, a poco que se tire de libros y resultados.

Así que nos encontramos con una tesitura en la que nada es verdad, ni nada es mentira, ni nada es del color del cristal con que se mira, salvo para los que llevan una retina deformada por alguna ideología, una gran parte de la sociedad, desgraciadamente.

Podríamos entonces convenir en que todos los actores sociales intervinientes en la trifulca tienen razón, casi todos. Los trabajadores porque el SMI es insuficiente para vivir de una forma mínimamente digna. Los empresarios porque el estado se aprovecha de su posición para gravar sus beneficios a cambio de nada. Bueno, de nada no, de propaganda para la ideología del demagogo de turno. Los autónomos porque a ellos nadie les garantiza nada, y los jubilados porque su pensión es inferior a ese baremo de supervivencia que los gobernantes se sacan de una chistera sin fondo, sin forro y sin vergüenza.

Aumentar el SMI es imprescindible. No gravar a los pequeños y medianos empresarios para lucirse es de justicia. Igualar las pensiones mínimas al SMI es de sentido común. Extender el beneficio a los autónomos es, simplemente, aplicar una justicia igualitaria. Y lograrlo, lograrlo es el problema con un sistema poco interesado en las soluciones reales y muy pendiente de las alharacas ideológicas, que es para lo que está montado.

Ni la derecha, preocupada por favorecer a las grandes fortunas y a las grandes empresas, está interesada en que el SMI sea otra cosa que un parámetro vendible, ni la izquierda, preocupada en exprimir al mediano y pequeño contribuyente mientras dice que su objetivo es el grande, está interesada en que el SMI sea otra cosa que un parámetro vendible.

Para que el SMI fuera un parámetro coherente tendría que calcularse de forma que realmente supusiera una estimación fiable del costo real de la vida por individuo, en base a los verdaderos costos de las partidas fundamentales. En ese momento, además, serviría como base referencial de otros muchos indicativos económicos y permitiría la elaboración de una fiscalidad con vocación de justicia distributiva. Podría analizarse el enriquecimiento, definir la acaparación, analizar los beneficios empresariales y referenciar tantos otros parámetros fundamentales para una justicia distributiva en SMIs. O sea, nada que interese a nadie.

Y no interesa a la derecha porque tirará del famoso mito de que con un sistema realmente distributivo se alimenta a los vagos, y a los pícaros que buscaran la forma de cobrar sin trabajar, que haberlos haylos y suelen ser los que más protestan, falacia fácil de desmontar si el interlocutor tiene algún interés más en el tema que el de defender una posición ideológica o repetir imperturbable los mantras aprendidos sin necesidad de demostrarlos ni de demostraselos a sí mismo. Y no interesa a la izquierda, porque siendo una suerte de derecha camuflada, de contra derecha, no necesita pensar en nuevos sistemas, cuanto menos de ponerlos en marcha, o simplemente pensar, si para lo que realmente quiere, que nada tiene que ver con una justicia distributiva, no necesita devanarse los sesos y lo puede obtener empobreciendo a los demás subiendo los impuestos y aumentando el déficit, que ya vendrán otros que lo paguen con el dinero que no es de nadie.

Realmente, como bien decía al principio, me preocupa esta sociedad de monos que no ven, no escuchan, y son incapaces de hablar para pedir: libertad, igualdad y fraternidad reales. Una sociedad capaz de mirar con equidad a sus miembros y proyectarse hacia un futuro de esperanza. Una sociedad basada en valores diferentes al enriquecimiento, el poder, el acaparamiento y la competencia. Ya sabéis, hablando cómodamente, una utopía.

No hay estadistas en España.

Vicente Serrano ♦Miembro de la Junta Directiva de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista

 

Lunes, 5 de agosto  de 2019

El espectáculo/esperpento político español lleva más al llanto que a la carcajada. Si existieran medidores de egos, en la pasada sesión de investidura se habrían roto por sobrecarga. Estadistas no tenemos, pero ególatras podemos exportar.

Aunque en realidad todo pudiera ser teatro. Sobre todo, cuando todos afirman no querer nuevas elecciones y sus actos parecen conducirnos irremisiblemente a ellas. Como siempre, parece que todo es cuestión de controlar el relato, ese invento que pretende la existencia de una única interpretación del devenir político y social. La realidad es que hay tantas, interpretaciones, como partidos o como voceros y que situar la propia como dominante la convertiría en el relato único y autentico. 

Los constructores de relatos a menudo tienden a creerse las propias mentiras que pretenden socializar y expandir. Los PSOEistas –me parece inaceptable decir socialistas como sinónimo de miembros del PSOE, hay socialistas que no son PSOEistas– se hacen los humildes al interpretar la encuesta del CIS-Tezanos y vienen a decir que bueno, solo son tendencias… convenciéndose a sí mismos de que han ganado el relato.

Olvidan que las elecciones las carga el diablo y, como siempre, puede salirles el tiro por la culata… se frotan los del PSOE las manos calculando los miles de votos que quitarán a Podemos. Se creen el relato que les ha montado Tezanos, y que PP, Ciudadanos, Podemos y Vox van todos a bajar…. Qué ingenuidad.

Ya lo explique en mi análisis post-electoral. En votos ganó la derecha… aunque nuestro sistema electoral beneficiara al PSOE mayormente (y en menor medida al PP).

La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero. En esta ocasión lo dijo Aznar: al ir dividida la derecha en tres partidos el sistema electoral les perjudicó, y así fue.

En las europeas Vox ya sufrió una pérdida de voto, y eso que son en circunscripción única: ¡más justas y proporcionales! Es más que previsible que el PP recupere por la vía del voto útil muchos votantes de Vox. 

Queda por ver en C’s si la actitud beligerante de Rivera durante la investidura no le pasará factura. Por un lado, hay un sector de votantes que hubiesen preferido un pacto con los socialistas y quizá decidan en un futuro dar su voto directamente al PSOE. Y es posible que haya otro que vea más útil el voto al PP.

Podría pues suceder que el PSOE suba en votos, recuperando para sí votos de P’s y votos de C’s, y que a la par el PP vuelva a crecer y nos encontremos de nuevo con ese “bipartidismo imperfecto” –concepto que utilizó en estos días Jesús Maraña en TVE: ¿me leerá, o es que por fin lo han entendido? ¿O ambas?– que algunos creían superado. 

Como siempre, nuestro sistema electoral beneficiará al que más votos tenga o, al menos, al que los concentre en las zonas rurales: en la “España Vacía”. Que es la que da el poder para luego seguir enriqueciendo a la “España Rica y Plena”… Madrid, Cataluña, País Vasco…

Los protas.

Es evidente que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han actuado por intereses de partido –personalmente pienso que no dan para más–, que es muy posible que seamos incapaces de entender; sobre todo en el caso de Pablo Iglesias, que ha perdido la gran oportunidad de participar en un gobierno de izquierdas con presencia importante en aquellas áreas claves para atajar temas de desigualdad en España. 

El nivel verbal desplegado en la investidura y a posteriori por unos y otros hacen más que inviable un acuerdo de aquí a septiembre. Parece claro que el PSOE juega a que se convoquen unas nuevas elecciones, esperando sacar rédito del famoso relato. En ello está con las reuniones con “agentes sociales seleccionados”. Le invito a que venga a Cataluña a reunirse con asociaciones contrarias al Procés… ¡ACP le hace de anfitrión! 

No queda claro, por otro parte, que el papel de despechado y víctima de P’s rentabilice en votos su actitud de “honestidad” o “exigencia social”. Será difícil vender el relato de la pretendida humillación, que solo creerán los propios… inasequibles al desaliento.

Las malas formas de hacer de Rivera tampoco auguran una rentabilización electoral… más bien un castigo, de un electorado que esperaba cierto constructivismo para sacar al país de una crisis territorial o estructural importante.

Pablo Casado, por su parte, trabaja en la concentración de la derecha alrededor del PP con el argumento aznariano de no ir divididos. De ahí su relato de apertura y conciliación, más dirigido al votante que a Rivera y su cohorte.

El bipartidismo imperfecto.

El camino de retorno que a ese “bipartidismo imperfecto” que daba cierta estabilidad y gobernabilidad al país se ve sin embargo obstaculizado por la falta de Estadistas en España. Los líderes de los distintos partidos se están endiosando, y no solo por los sistemas de primarias que se han impuesto en España y que han dejado a los partidos prisioneros de personajes fatuos y engreídos, sin mecanismos democráticos de control interno, no. 

La partitocracia en España la componían PP y PSOE junto al PNV y CiU. A partir de la crisis económica mundial y del enconamiento del proceso soberanista en Cataluña se abre un proceso de remodelación de la partitocracia animado desde instancias poco claras –no solo el famoso IBEX35; posiblemente intereses internacionales espurios: Soros, etc.–. C’s, inicialmente transversal, se derechiza con vistas a sustituir al PP (ahí sigue) y aparece P’s como elemento para dinamitar IU (eso ya lo ha conseguido) y sorpassear al PSOE. Ambas formaciones, C’s y P’s, llevan en sus genes la impronta de superar la izquierda y la derecha –los primeros desde un cierto pseudo-modernismo “Fukuyama” (aunque hasta el mismo Fukuyama ha renegado de sus teorías) del fin de la historia y de las ideologías, y los segundos desde el neo-peronismo o “laclauismo” lleno de significantes vacíos… como el del “derecho a decidir”–, aunque unos y otros se acusen mutuamente de fachas o comunistas, no son ni lo uno ni lo otro. Hablando en plata: Ambas formaciones son parte del sistema para solventar la crisis del sistema.

El proceso de remodelación de la partitocracia española no ha acabado y todo apunta que los sorpassos no se han dado. La repetición de elecciones, servirá para restaurar al PP y al PSOE como ejes de la partitocracia. Quedará por ver la función de los nuevos actores P’s, C’s y Vox, y cómo se configura la función de los partidos nacionalistas dentro del remodelado “bipartidismo imperfecto”. 

PNV sigue siendo la gran beneficiaria del sistema en Euskadi, mientras en Cataluña es ERC la llamada a convertirse en la prima donnade la política catalana. Evidentemente la debilidad de los partidos nacionales –estatales dice cierta izquierda– y su complejo de culpa impropia con el nacionalismo hace prever que las contrapartidas a entregar al nacional-secesionismo serán muy lesivas para todos los españoles, especialmente para los no secesionistas en Cataluña. El Estado no es débil, pero un estado fuerte dirigido por débiles se resiente.

Jefatura del Estado

El Rey, como Jefe del Estado, tiene unas funciones muy delimitadas en nuestro sistema político. Sus funciones son simbólicas y con una alusión constitucional a su función de árbitro y moderador de las instituciones. Dice el artículo 62.d que corresponde al Rey: Proponer el candidato a Presidente del Gobierno y, en su caso, nombrarlo, así como poner fin a sus funciones en los términos previstos en la Constitución.Es decir, que en principio nada le impide proponer un candidato que no sea cabeza de lista por Madrid en las elecciones generales; sobre todo, porque no hay ningún texto legal que diga que el cabeza de lista por Madrid es candidato a la Presidencia de Gobierno. Hace unos años el Presidente de la República Italiana lo hizo y el gobierno propuesto salió adelante –no entro a valorar el acierto de la elección, ni los condicionantes en los que se dio–.

Es evidente que para proponer un candidato debe haber un compromiso de votos suficientes; así pues, la debilidad del Jefe del Estado a la hora de arbitrar y moderar la situación de inestabilidad política que vivimos en España tiene su origen en el sistema partitocrático que soportamos. Si tuviéramos un Presidente de la República la situación sería idéntica, ¡nos guste o no! 

¿Sería posible que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias aceptaran una propuesta del Rey como candidato de una persona con sentido de Estado (ni Pedro, ni Pablo lo tienen), capaz de llevar adelante una política económica socialdemócrata (eso está a la izquierda del PSOE, Sr. Iglesias) junto a una política firme frente al nacionalismo separatista? Es seguro que más de la mitad de los españoles estaría de acuerdo. La mayoría de los votantes del PSOE, muchos de P’s y bastantes más de C’s. ¡La partitocracia lo impide! Y su ego, el de Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Casado, no lo permitirán.

Josep Borrell

Se me adelantó Ansón desde la derecha: Borrell cumple los requisitos. Es más: bajo su dirección podría iniciarse una reforma constitucional que resuelva el problema de la representatividad electoral, que arbitre un sistema de elección de Presidente del Gobierno estable, que introduzca el blindaje de derechos sociales, que reforme el sistema autonómico en un sentido federalizante, igualando competencias y retornando otras, o estableciendo leyes de bases de aquellas que garanticen la igualdad entre ciudadanos (sanidad, educación, seguridad), y que defina mejor los delitos de rebelión y sedición.

A Borrell en su día lo hundió su propio partido –es decir: la partitocracia– y, sin embargo, ha sabido mantenerse a flote… 

Recuerdo que en la Feria de Abril de Barcelona del año 1998 estaba yo en la caseta del PSUCviu (militaba por aquel entonces en EUiA), cuando empezó a correr la voz de que Josep Borrell estaba en la Feria… En medio minuto la caseta quedó vacía; se fueron detrás de Borrell incluso los que la atendían. ¡Seguro que tendría consenso social, hoy también! 

Da el perfil de hombre de Estado. Tal vez es su momento… tal vez es el momento de recoser España… es una oportunidad. Pero ¡no lo creo! Este último apartado es política ficción.

¡Disfruten de las vacaciones! Es lo que nos queda.

Gobernabilidad versus representatividad ¿Por qué no ambas?

 
Vicente Serrano|Miembro de la Junta Directiva de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista

 

Lunes, 29 de julio  de 2019

 

 

Grecia, hasta ahora, es un ejemplo de un sistema electoral donde, en aras de la gobernabilidad, se premia al partido más votado con 50 escaños extras.

En principio, es un sistema muy parecido al español con 56 distritos electorales con tamaños muy distintos, de los cuales 8 son uninominales (en España hay 52 circunscripciones provinciales de las cuales 2 son uninominales: Ceuta y Melilla). En dichos distritos o circunscripciones, se eligen 238 escaños. 12 se reparten proporcionalmente en circunscripción única y los 50 restantes, ahí ya difiere mucho de nuestro sistema, se asignan al partido más votado. Esto último garantiza la gobernabilidad a costa de deformar la voluntad popular. Ciertamente, en las próximas elecciones griegas el plus de 50 diputados desaparecerá, por la reforma de 2016, o no.

Es evidente que asegurar la mayoría del parlamento facilita tanto el nombramiento de presidente del gobierno como la estabilidad de dicho gobierno. La contrapartida es, como decía antes, la deformación de la voluntad popular. Con este sistema es difícil que la función de control del parlamento (poder legislativo) sobre el gobierno (poder ejecutivo) sea real.

Nueva Democracia recibe 50 escaños más, es decir que el reparto previo entre distritos y circunscripción única le asignaba 108. A tener en cuenta que esa asignación es entre 250 posibles. La comparativa con el sistema de reparto propuesto en Circunscripción Única es que esta se hace sobre 300, que es el real final.

En la anterior gráfica podemos observar como los porcentajes de voto (línea roja) se alinean con los porcentajes de la Circunscripción Única. La línea azul que representa el porcentaje de escaños con el sistema vigente se separa premiando a los votantes de ND cuyo voto vale más que el de él resto de votantes.

Parlamentarismo europeo

Prácticamente, todos los países europeos priorizan la gobernabilidad sobre la representatividad. Francia, con su sistema de circunscripciones uninominales y a doble vuelta, consigue que el sistema sea mayoritario puro, más aun que el británico que lo hace con una sola vuelta. Italia, con sus numerosos cambios de leyes a medida, persigue lo mismo; huyendo de las experiencias del pentapartido, ha caído en Berlusconi, hace un tiempo, y ahora en un gobierno xenófobo. Incluso Alemania, con su aparente Circunscripción Única –solo para la mitad de la cámara– combinada con un sistema uninominal, al exigir un mínimo del 5% para obtener representación, genera mayorías y deja sin representación a una parte importante del electorado.

Se salva de la criba Holanda, con un sistema proporcional puro.

El otro día el Sr. Pedro Sánchez hablaba en televisión de la posibilidad de reformar la Constitución para facilitar la creación de gobiernos estables. Parecía contemplar algún sistema que reforzase la mayoría del partido más votado, casi en línea con la vieja propuesta del PP de que gobierne el partido más votado.

Es evidente que el bipartidismo tal como hasta ahora lo contemplábamos ha dejado de ser viable ya que las muletas de los partidos gobernantes eran los nacionalistas. Con la irrupción de Podemos y de Ciudadanos, y la última de Vox, el sistema precisa de apoyos más complejos. No quiero decir que el sistema de “bipartidismo imperfecto” que genera nuestro sistema electoral haya acabado, simplemente se ha complicado, mientras no se resuelva el papel de los nuevos partidos. O dan el sorpasso o volverán a minimizarse, aunque es evidente que no desaparecerán, a menos a medio plazo. –

Optar por modificar nuestro sistema electoral a otro que genere mayorías más claras siempre ha sido la tentación de los dos grandes partidos, aunque en sus discursos hablen de mejorar la proporcionalidad. El peligro es que si nuestro sistema actual- autoproclamado como proporcional en la Constitución, aunque en realidad es bastante deformante de la voluntad popular- evoluciona a soluciones como la francesa, británica o griega o incluso italiana, la desidia de la ciudadanía aumentará.

Ya tenemos un sistema partitocrático donde la participación de los ciudadanos es marginal, por mucho sistema de voto electrónico que se inventen.

¿Por qué no caminar a un sistema parlamentario que refleje en el legislativo la pluralidad de la sociedad y asegure un ejecutivo con el refuerzo mayoritario de los votos? ¡No es una quimera!

El pasado 29 de julio, proponía un sistema de nombramiento de Presidente de Gobierno con apoyo social mayoritario como complemento a un sistema de conformación del Congreso de lo Diputados en Circunscripción Única sin mínimos para acceder a representación.

Me temo que los medios de comunicación y la clase política española no está muy interesada en este debate. Con escuchar las tertulias políticas televisivas el alma se te cae a los pies, por el desconocimiento de unos y por la tendenciosidad de otros.

¡Mal vamos!

El dueño del balón

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Viernes, 26 de julio de 2019

Hablaba apenas hace dos días sobre el diálogo de sordos que estaba desarrollando en el Congreso de los Diputados. Y si hace apenas dos días el diálogo estaba entre sordos y besugos, ayer más parecía entre infantes enfurruñados. Como en el patio del colegio, o cuando jugábamos en la calle, había un dueño del balón que explicaba que o se jugaba con sus reglas o se marchaba, con el balón por supuesto, para su casa.

 

El dueño del balón,  figura de la infancia de muchos de aquellos que ya tenemos una cierta edad, que provocaba las risas, las puyas y las chanzas apenas se daba la vuelta. La propiedad del balón, que era la única manera en la que alguien que era poco popular, en general antipático y caprichoso, y que encima no sabía jugar al fútbol, podía reivindicar como derecho lo que no era más que una imposición de niño caprichoso y consentido. Porque, que fuera antipático era llevadero, que no supiera jugar al fútbol tolerable, no había ningún Pelé en el grupo, pero esa manía de cambiar las reglas y erigirse en árbitro porque el balón era suyo, eso era insoportable.

 

“Ha sido gol”, reivindicaba el dueño del balón sobre un tiro que se había ido a las nubes, vamos que el portero ni con escalera. “Me ha hecho falta”, reivindicaba porque le habían quitado el balón, su balón, con absoluta limpieza. Y a continuación la salida política, perdón, la salida de tono: “Pues como el balón es mío me marcho”, y cogía el dichoso balón y se marchaba, el muy idiota.

 

Esto solía suceder después de navidades, que si sus Majestades de Oriente hubieran sabido para que se iba a usar el balón no se lo hubieran regalado, o sí, que a veces por muy Reyes Magos que sean no se enteran de nada, o de algún cumpleaños, porque con el discurrir del tiempo acababa apareciendo otro balón, o jugábamos a las chapas, que bastaba con ir al kiosco más cercano y coger todas las que hiciera falta, y el interfecto caprichoso se quedaba con su balón viendo como jugábamos los demás. Y es que una cosa es ser niños y otra ser tontos.

 

Pues eso, que la añoranza siempre acecha y acaba uno hablando de barcos, que ayer en el Congreso de los Diputados el dueño del balón, después de echarle en cara a todos que no aceptaran sus reglas, cogió su preciada propiedad y se fue para casa, que en este caso es la residencia del Presidente del Gobierno de todos los españoles.

 

Como sería el despropósito para que el Sr. Rufián, siempre tan atento a hacer honor a su nombre, lograra parecer el bueno de la película. Como sería para que pudiera interpretar con éxito el papel de moderado introductor de la razón en un manicomio. Que sí, que claro, que se le veían fácilmente los recibos que pretendía pasar al cobro por su trabajo y el bolígrafo de tinta indeleble con el que firmarlos, pero consiguió que mucha gente mirara para otro lado, para su lado, que se olvidara de lo que habría que pagar por su mediación.

 

En fin, que a día de hoy volvemos a estar donde últimamente solemos, en la nada precursora de que alguien traiga otro balón, unas nuevas elecciones, o que los demás jugadores agachen la cerviz y juguemos con el balón y con las reglas que nos impongan, todos a abstenerse o a votar sí.

 

Y digo yo, si el problema es el dueño del balón, ¿No debería de cambiarse el dueño del balón? Si, ya lo sé, este dueño del balón es un experto en resistir y acabar saliéndose con la suya, pero ¿puede un país estar sometido a la tensión que supone esta situación sin que nadie se plantee que un líder, un pretendido líder, que tiene el rechazo frontal y personal de aquellos con los que tendría que llegar a un acuerdo para que se pueda jugar, y no solo con uno, si no con casi todos los demás, lo que tiene que hacer es ir se para casa? , pero para la suya, no para la de todos los españoles, y llevarse su balón. Seguro que encontramos otro balón con el que podamos jugar todos y con las reglas que a todos nos convengan, y no sería la primera vez que un auténtico líder se aparta para permitir que la situación se destranque, incluso en España.

Tres más dos igual a cuatro

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Miércoles, 24 de julio de 2019

Estaba tranquilamente oyendo la radio y se vino a la cabeza aquel viejo chiste del tonto y el sordo.

  • “¿Tres más dos?”, pregunta el sordo al tonto
  • “Cuatro”, contesta el tonto sin dudar
  • “Por el culo te la hinco”, remata el sordo muerto de risa presuponiendo la respuesta del tonto.
Congreso de los Diputados. XIII Legislatura. Sesión plenaria de Investidura. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

 

¿Qué que estaba escuchando? Aquí, por seguir el guión del chiste, yo diría que un programa de humor a lo que mi interlocutor me reprocharía que estuviera escuchando el debate de la investidura. Y acertaría.

 

El concepto del diálogo de sordos es  de honda raigambre en el panorama político español, de honda raigambre y de obligado cumplimiento en cualquier debate parlamentario que se precie, pero, sinceramente, creo que ayer sobrepasaron el concepto tradicional para acercarse a una entrañable sección del Tiovivo, el “Diálogo para besugos”, sección que consistía en una conversación entre dos figurados personajes en las que cada uno hablaba de lo que le daba la gana sin tener para nada en cuenta lo que el otro pudiera decir.

 

Había morbo, cierto morbo, en ver la situación del retransmitido pacto entre el PSOE y Podemos, como lo había en saber las posturas decididas de separatistas, independentistas y soberanistas de todo pelaje, izquierdas, derechas, extremas y moderadas. Había curiosidad  por oír argumentos, posiciones y exabruptos. Y ninguna expectativa acabó defraudada.

El discurso del candidato, plúmbeo, falto de interés, lleno de  menciones a temas menores, incluso a temas que no son de su competencia, y absolutamente carente de ninguna mención a los temas que a los ciudadanos le interesan: los impuestos, el tema territorial y la política económica. ¿Sabía el Sr. Sánchez que en España hay un tema abierto, sangrante, que afecta desde hace unos años a la estabilidad política y económica de España? Oído el discurso se diría que no.

 

De lo único que no careció el discurso de Pedro Sánchez fue de una barra libre de reproches para todos y por todo, fundamentalmente porque no lo quieren lo suficiente para retirarse a su paso con una venia y dejarle vía libre, si se descuidan por aclamación, a la presidencia de su gobierno. Reprochó al PP, previsible, reprochó a Ciudadanos, inevitable, pero también reprochó a Podemos su falta de generosidad  por no entregarle sus votos a cambio de un plato de lentejas, posiblemente sin chorizo, ni oreja, y hasta puede que sin lentejas.

 

¿Estará el señor Sánchez haciendo pruebas de campo para escribir un nuevo capítulo de su “Manual de Resistencia”? Parece.

 

Y una vez que Pedro Sánchez acabó su soporífera diatriba, empezaron los otros, y las respuestas, ¿seguro que eran respuestas?,  a sus intervenciones, que vista la actitud del candidato, haciéndose el distraído, mirando para otro lado, con cara de aburrida y ausente resignación, tampoco es raro que fueran siempre más de lo mismo. Reproches, reproches y más reproches.

Claro que vistas las intervenciones de los diferentes opositores, tampoco daba para mucho más

 

El discurso de Pablo casado es ideológicamente monocorde, es un discurso viejuno, previsible, lleno de lugares comunes y defendido con poca, o nula, brillantez oratoria. Se echa de menos la capacidad como parlamentario de su predecesor, capaz de improvisar y ser brillante en los debates cara a cara.

Rivera, en lo suyo, en la pasión, en el acoso ciego, en el enfrentamiento, se diría que personal, con el candidato al que le niega el pan y la sal, y el aire y la inteligencia y la posibilidad de tenerla y… acaba negándole tantas cosas que acaba por negarse a sí mismo. Creo que Ciudadanos está tirando por la borda una oportunidad de oro de erigirse en el partido solución que gobierne el país por interpuesto con unos pactos y un control del gobierno que sus votos le permitirían.

 

Pablo Iglesias brillante, contundente, indignado, ofendido, y, supongo que, sabedor de que la última oportunidad de resistir su imparable caída entrando en el gobierno se está esfumando, furioso por no conseguir ese flotador que ha creído tener tan cerca. Se ve que no ha debido de leer el famoso manual de Pedro Sánchez y le ha sorprendido que no le cedan ni la más mínima oportunidad de perpetuar su partido. Es lógico, en un gobierno de coalición pierde el PSOE, en una rendición sin condiciones pierde Podemos. En cualquier otro escenario, como nuevas elecciones, pierden los dos, pero más Podemos.

 

Santiago Abascal, previsible. Sacó toda la artillería programática y la exhibió con contundencia y con la certeza de que entre tantas cuestiones planteadas casi todos le comprábamos alguna. No tenía nada que perder, ni que ganar, ni que negociar, así que al menos se permitió el lujo de decir sus verdades del barquero. Ahí quedan, para convencidos, forofos y despistados. El problema de Vox no son sus reivindicaciones, como pasa con podemos, son los métodos con los que las llevaría a cabo.

 

Con el señor Rufián me pasa como con el cilantro en la comida, me satura y ya no puedo escucharlo más. Me recuerda a los ejercicios de vocalización que teníamos que hacer para que los primeros sintetizadores de voz reconocieran nuestras palabras. Re mar can do  ca da  si la ba  de  ca da  pa la bra, y repitiéndose en una danza patética de la anti oratoria.

 

Aitor Esteban tiene el mismo desparpajo y contundencia verbal que todos sus antecesores como portavoces del PNV. Siempre son mensajes ponderados, dialogantes, constructivos. Siempre ofrecen su colaboración y siempre dejan claro que esa colaboración tiene precio, aunque nunca dejan claro cuál es ese precio, ni si sería asumible por la mayoría de los ciudadanos españoles.

Mi atención se quebró tras las primeras palabras de la señora Borrás, la portavoz de Puigdemont en el congreso, que fueron un catálogo del imaginario independentista catalán, sin la más mínima concesión al ritmo, al tono o a la veracidad del contenido. Ya no pude más y mi atención se decantó por algo más importante, no recuerdo qué, aunque tengo claro que cualquier otra cosa era sin duda más interesante.

 

Pues, por resumir, el debate de la fallida investidura podría describirse como tres más dos igual a cuatro y que cada uno le ponga la rima que mejor le convenga.

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