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Muertos sin dueño

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Lunes, 30 de septiembre de 2019

Escucho, y veo, las noticias y no tengo ojos para todo el llanto que mi interior acumula. La contumacia de los políticos, la contumacia de las políticas que de ellos emanan, en el tema de la violencia doméstica, mal llamada violencia de género, llamada por intereses ideológicos violencia machista, es propia de aquellos a los que les importa más imponer su razón que buscar una solución. Tómese contumaz en su primera acepción del diccionario: “Que se mantiene firme en su comportamiento, actitud, ideas o intenciones, a pesar de castigos, advertencias o consejos.”, o en la tercera: “Que se mantiene sin cambios y comporta daños”.

 

En 2004 se promulgó la ley de violencia de género. Una ley obsesionada por una visión punitiva del problema, una ley que 15 años después ha mostrado no solo su absoluta ineficacia, si no su incapacidad para enfocar correctamente un problema que año tras año se muestra más inclemente y preocupante. Aunque este desenfoque de la tragedia no es solo legal, es social, es educativo y por tanto es político.

Entre una izquierda radical que pretende apropiarse de las víctimas, y una derecha radical que pretende negar la existencia característica de la mayor parte de los casos, el ciudadano asiste espantado al diario recital de muertes inmediatas y de lacras futuras que el problema va vertiendo inclemente sobre la conciencia de las personas, mal llamadas, de bien. Esos mismos que pasados los siete días de carnaza informativa no volverán a acordarse de que existen personas en riesgo de muerte física, y de muerte psicológica colateralmente, hasta la próxima desgracia. Concentraciones, manifestaciones, eslóganes y apropiamientos interesados. Dolor temporal de los más cercanos, dolor infinito en los que han perdido a alguien querido y condolencias oficiales. Y se acabó.

¿Y la formación? Si uno observa con atención las documentaciones de los centros educativos observa que casi invariablemente hay un apartado de igualdad de género, unos cursos, charlas, iniciativas sobre igualdad. Desde las guarderías a los institutos. Todos hablan de igualdad, pero parece que lo único que hacen es eso, hablar, charlar, divagar, porque vistos los resultados reales no parecen particularmente instructivos. A lo mejor, a lo peor, es que la formación que adolece de un sesgo ideológico no es eficaz ni cuando tiene razón, porque el machismo crece entre los jóvenes y las jóvenes, entre los jóvenes y las jóvenas en lenguaje estúpido inclusivo, por si alguien no me había entendido, y eso demuestra hasta qué punto la contumacia de los responsables educativos elude la búsqueda de soluciones reales para promover las medidas populistas e ineficaces.

De nada sirve hablar si no se vive. De nada sirve educar si no se práctica la enseñanza. De nada sirve preocuparse puntualmente, momentáneamente, públicamente, si no hay un seguimiento eficaz y unas medidas preventivas que realmente busquen soluciones.

La violencia doméstica es una lacra social. No es moderna, no es patrimonio de un grupo ideológico o de un movimiento activista, la violencia doméstica solo demuestra una falta de empatía social del maltratador, y, en muchos casos, de la víctima y de sus entornos.

¿Sirve de algo una ley que condenaría a un culpable que la mayor parte de las veces se suicida? Creo que no. ¿Sirve de algo una ley de protección que no dispone de los medios imprescindibles para cumplirse? Me temo que no ¿Puede la sociedad garantizar protección a todas las personas en riesgo de convertirse en víctimas? No, con absoluta certeza no.

¿Y cuál es la solución? ¿Qué solución existe cuando, en algunos casos, es la misma víctima la que se pone en riesgo de serlo? ¿Gritar? ¿Señalar culpables? ¿Las pancartas y consignas? Tampoco. No existe una solución mágica y a corto plazo, que es lo único que les interesa a los activistas y a los políticos. No existe una solución mágica e inmediata. No existiría ni aunque hubiera un solo sexo sobre la tierra, porque, aunque se reivindique como de género, o machista, esta violencia nace del sentido de posesión, nace de la convivencia, y la suele ejercer el que se siente más fuerte, generalmente el macho, para asentar su dominio en una manada familiar, porque no sabe otra forma de hacer valer su predominio, su liderazgo, su propiedad.

Claro que así explicado se desmonta todo el entramado de posesión ideológica de las víctimas, y eso no interesa, pero tal vez, con esfuerzo, con tiempo, se podría atajar la sangría, aunque eso privara de armas arrojadizas a los que están más interesados en el clamor popular del momento que en la erradicación de la lacra. Al fin y al cabo a los clamores ciegos siempre se les pueden buscar réditos.

Pero esas soluciones convivenciales, que enseñan el respeto hacia el otro, sea del sexo que sea el otro, que explican que todos somos libres y por tanto no somos propiedad de nadie, que promueven la igualdad y el mutuo reconocimiento, no están entre las prioridades de los poderes que secuencialmente ocupan el poder. Porque un sistema educativo que promueva esos valores exige de un sentido ciudadano que puede llevar al libre pensamiento, y los librepensadores son un mal a erradicar por los políticos y los poderes que los sostienen, porque no son manejables.

Este, por más que escuchando lo parezca, no es un problema ideológico. Las víctimas no son de izquierdas ni de derechas, los muertos no tienen ideología ni deberían de ser propiedad de unos gritones. Los muertos, por el momento y mientras la ciencia no demuestre lo contrario, son lo más definitivo que existe en nuestro mundo, y una vez muertos les importa un ardite todo lo que los vivos enreden a su cuenta, en su nombre, usurpando esa paz que ya nadie puede quitarles.

Lo único que debería de importar es evitar más muertos, más víctimas de traumas colaterales, más propietarios del dolor ajeno, más diletantes inmorales que pretenden arrogarse la representación de aquellos que ya no tienen representación posible. Lo único que importa es desmontar un sistema de valores en el que lo único que nos mueve es la propiedad, la preponderancia, y en el que los medios no importan. Y si no reflexione ¿El acoso es un problema diferente del que hemos tratado, o simplemente es un estadio diferente del mismo problema? ¿El acoso no es una forma de violencia en un ámbito cerrado, como lo es el doméstico, el de pareja, el familiar? ¿Existe la violencia doméstica sin episodios previos de acoso familiar? Para mí no, pero en el ámbito doméstico existe una presencia de género rentable, que en el caso de acoso no siempre es aprovechable. En la violencia doméstica hay uno que mata y en el acoso puede haber alguno que se suicide, pero tanto en uno como en otro funciona la ley de la manada, el líder sin valores que usa cualquier medio para imponer su liderazgo, su insano liderazgo.

Todos somos maltratadores en potencia, en esencia. Todos, eliminada nuestra capa de civilización, tendemos a defender, con cualquier medio a nuestro alcance, nuestra posición en la manada. Todos podemos llegar a situaciones donde perdamos el control. El que esa pérdida de control se produzca antes o nunca, solo dependerá de nuestra capacidad, de nuestras capacidades, para entender nuestros procesos, asumirlos y educarlos. Lo demás para las próximas elecciones, lo demás para los de las pancartas y los gritos, lo demás para políticos y radicales.

Echar gasolina al fuego nacionalista.

Vicente Serrano ♦Miembro de la Junta Directiva de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista

 

Jueves, 12 de agosto  de 2019

Parece ser que Vox ha conseguido que la Junta de Andalucía apruebe una partida de 100.000 euros en subvenciones a comunidades andaluzas “en zonas con problemas en materia de inmersión lingüística“.

En esta España de las identidades nada como la interesada diferencia y no es que se quiera matar moscas a cañonazos, no. Es más bien lanzar fuegos artificiales sobre un bosque muy seco. Las autonomías en España parecen más preocupadas de crear identidades diferenciadoras que en fomentar ciudadanía. ¡Terrible!

Los que sufren la inmersión lingüística en Cataluña no solo son los catalanes originarios de Andalucía, no, son todos los catalanes, es decir españoles residentes en Cataluña, más todos los inmigrantes extranjeros, que aquí residimos –nacidos aquí, allí o acullá, da igual–, es decir ciudadanos.

La incidencia de esas subvenciones es cero patatero y solo sirve para alimentar controversias identitarias y ganar votos el Vox de turno, llámese Vox o PDCat o ERC.

La Segunda República Española no quiso definir a España como un estado federal por los desastres de la Primera –en la que se entendía lo federal como confederal y acabo con el desastre del cantonalismo–, se definió como estado integral y marcó unos criterios para la creación de autonomías, del que es heredero nuestro actual sistema autonómico… un poco más laxo, eso sí. 

Las competencias de Cultura y Enseñanza están traspasadas a la Comunidades Autónomas y se han vaciando los ministerios de ámbito estatal de mecanismos de control y gestión, la inhibición de la Alta Inspección del Estado –en los flagrantes casos de adoctrinamiento o asimilacionismo cultural, denunciados recientemente con motivo del proceso independentista en Cataluña, que esconde la mal llamada inmersión lingüística– demuestra, por un lado un error de diseño en la Constitución del 78 y por otro una falta de proyecto para España de los grandes partidos nacionales (estatales)

Así pues el problema no es solo la lengua. 

Está bien que se haga una ley de lenguas para toda España. No pretendo en este artículo entrar en la polémica sobre la propuesta de Ley de Lenguas de Mercè Vilarrubias, que a mi modo de ver, y sin querer echar leña al fuego, peca de buenista. En todo caso habrá que hablar de las líneas maestras de esa ley. En la Constitución están bien definidas en su artículo 3, solo cabe desarrollarlo. 

Por si alguien no se acuerda:

Artículo 3. 

1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.

2. Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos.

3. La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.

Si el problema es más que la lengua implica que es necesario replantearse reformar la Constitución –no hablo del art. 3–, no para contentar a los nacionalismos (periféricos o centrales), si no para organizar mejor territorialmente el país definiendo claramente las competencias de las autonomías y eliminando cualquier blindaje. Y eso es algo que puede suponer el retorno de competencias, ahora en las autonomías, a la administración central. Hablo de Educación y Cultura. 

No pueden existir competencias blindadas. Existe la posibilidad de una cogestión jerarquizada mediante una ley de bases que garantice que la enseñaza y la cultura no están al servicio de construcciones nacionales o procesos segregadores.

Dada la experiencia de los últimos 40 años y que las leyes (Constitución y Estatutos) han dado alas a toda una caterva de insolidarios y egoístas –por definir suavemente al nacionalismo– ya es hora de plantear las reformas necesarias que garanticen la igualdad de todos los ciudadanos (españoles o no), vivan donde vivan, en España. La fidelidad constitucional no puede depender de la voluntad de los políticos en el poder, independiente de la administración en la que actúen, han de tener unas leyes muy bien delimitadas de lo que es legal y de lo que no, de lo que les compete y de lo que no. 

Si el gobierno o el parlamento de una comunidad autónoma no tienen competencia para convocar referéndums independentistas o para elaborar leyes contrarias a su estatuto o a la Constitución, habrá que definir más claramente esos delitos y su pena, así como los mecanismos para regularizar políticamente la situación. Si se hubiera elaborado una ley orgánica que regulara la aplicación del artículo 155 de la CE, según cada situación, tal vez nos habríamos ahorrado más de un disgusto.

Reformar la Constitución implica una reforma posterior de los Estatutos para adaptarlos a la nueva ley de leyes. Por ello es importante llegar a grandes consensos que solventen la actual crisis de convivencia y prevea futuras.

Acabando. Ley de lenguas, sí. Pero acompañada de:

  • Desaparición de la mal llamada inmersión lingüística
  • Retorno de competencias, total o parcial, de Educación y Cultura a la administración central.
  • Ley de bases sobre enseñanza para, en todo caso, garantizar el bilingüismo en la enseñanza en las comunidades bilingües.
  • El Estado ha de ser garante del contenido completo del artículo 3 de la Constitución. 

Deberíamos replantearnos la errónea frase “pensar globalmente y actuar localmente” que ha alimentado una visión segmentada y nacionalizadora del mundo, como si lo pequeño fuera más justo, cuando tiende a ser más insolidario e injusto… la realidad es que últimamente se acaba “pensando localmente y actuando globalmente”. El proces es el caso más paradigmático. 

Es hora de pensar globalmente y actuar globalmente. España en tanto que nación política es un ente global, sin dejar de pensar en que lo global es todavía más amplio…

Blanca Fernández Ochoa. Un hueco en nuestros corazones.

Equipo de Redacción

 

Jueves, 5 de septiembre de 2019

#inmemoriamBlanca #blancanuestroscorazones #blancafernandezochoa
In memoriam …
 

Orgullo sin fecha

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Jueves, 5 de agosto de 2019

Hace poco, un mes más o menos, escribí un artículo en esta misma publicación, en el que cometí la osadía de discrepar de las formas del día del orgullo. Osadía que inmediatamente fue recriminada presuponiendo que cualquier crítica lleva aparejada un alineamiento en contra de las formas alternativas de sexualidad.

 

Aquí se estilaría en estos momentos que vivimos, como una necesidad perentoria de acreditar la buena fe, ponerse a justificar una lista considerable de amigos o actitudes convenientes para no pasar por reaccionario. Me niego. Mis amigos son mis amigos y no me sirven de coartada para mis opiniones. Mis actitudes son las mismas cuando aplaudo y cuando critico y me niego absolutamente a matizar, suavizar o justificar mis palabras por miedo a los demás, como me niego a variar mi lenguaje, el que me sale naturalmente, o a buscar circunloquios vacíos para intentar decir lo que quiero decir sin que parezca que digo lo que otros no quieren que diga. Lo que opino lo opino por mí mismo y con mis palabras, y quien quiera sentirse ofendido en sí mismo o en sus, pretendidas, convicciones es muy libre, pero para él y en su casa.

Es triste ver las colecciones de famosos, de grandes creadores, que a modo de trofeos se cuelgan ciertos movimientos justicieros. Es lamentable como la trayectoria brillante de una persona puede ser censurada por sus errores personales, a veces error y a veces supuesto. Locos, retorcidos y monstruos, los ha habido en el arte, en la ciencia y en la vida cotidiana. Denunciarlos es una actitud consecuente. Lincharlos y castrarlos en la actividad en la que han destacado, en la que han demostrado ser especiales, es una aberración digna de una sociedad pacata, revanchista y con mucha tendencia al linchamiento del que sobresalga. Por no hablar del efecto llamada que esos linchamientos producen y en los que se acaba linchando a quién no ha cometido otro pecado que el de ser antipático para alguien.

Todo es homófobo, o sospechoso de serlo. Toda discrepancia es fascista, o sospechosa de serlo. Toda denuncia sobre inmigración es racista, o sospechosa de serlo. Todo galanteo es acoso, o sospechoso de serlo. Toda opinión libre, está mal vista, incluso sin sospechar nada.

Pero voy a centrarme en el artículo invocado al principio. Alguien me escribió considerándome una especie de tarado sexual, lleno de complejos extraños y absolutamente contrario a los derechos de los homosexuales, transexuales y pansexuales. Verán, yo soy partidario de que cada uno haga lo que le pete, con quién le pete y como le pete, pero igualmente soy poco partidario de ciertas actitudes públicas, aunque yo mismo las haya, en mi juventud, practicado. Tal vez sean los años, o tal vez sea que con los años viene aparejado un reconocimiento al derecho ajeno poco compatible con el desafío permanente e ilimitado, eso que se llama exhibición y provocación.

Paseaba yo el otro día por la Cava Baja de Madrid con Isabel, y nos apeteció, con gran acierto, entrar en la taberna “La Perejila”, que nos era desconocida. La dueña nos contó la historia del nombre y de muchos de los adornos que pueblan sus paredes y rincones. De sus bondades gastronómicas no me voy a ocupar porque no es este el ámbito, pero diré que salí satisfecho.

El caso es que estando allí sentados entró un personaje, más de ochenta, con una evidente capa de maquillaje, botas de ante con tacón grueso hasta más arriba de la rodilla, abrazando unas medias negras tupidas que se perdían bajo una minifalda malva con lentejuelas. Un body parcialmente transparente que mostraba, a los que miraran, unas carnes que tuvieron momentos de mayor firmeza, todo rematado por un turbante decorativo o, tal vez, con todo mi amor lo digo, que servía para enmascarar una alopecia en mayor o menor grado. Entró, se colocó en la barra, y con toda la naturalidad que el personaje permitía se puso a charlar con unos y con otros. Incluso con la dueña, lo que me hace pensar en un habitual del lugar. El caso es que me volví a Isabel y, con toda la ternura que el personaje y la persona me produjeron, sin un atisbo de conmiseración o de petulancia permisiva, le comenté que ese personaje si representaba, para mí, el orgullo.

Por su edad deduzco que la persona lo tuvo que pasar muy mal durante la época franquista, que vivió en su totalidad. A saber cuántas historias guarda en su memoria, cuántos horrores vividos, cuántas traiciones marcan su alma. A saber. Pero allí estaba, sin un ápice de exageración, hasta el punto que su vestimenta resultaba natural a pesar de lo estrafalaria. Su actitud no era provocativa, ni reivindicativa, ni recelosa, ni frentista. Era un ciudadano más, uno al que el personaje se le notaba más que a otros, pero que lo llevaba con más dignidad que la mayoría.

Sí, con él no tendría problema en sentarme y compartir sus sucedidos, en disfrutar de su compañía, en reivindicar con él  sus derechos, en alinearme con él en su normalidad frente a miradas y codazos, porque no hay nada más normal que la normalidad, ni más entrañable que alguien que reivindica su forma de ser sin aspavientos, sin cuentas pendientes, sin que la amargura de lo vivido haga responsable de ello a todo el entorno.

Claro que ningún radical estará de acuerdo conmigo, porque para ellos lo importante no es la educación del ciudadano, si no su adoctrinamiento, porque no buscan la igualdad si no la preponderancia, y para eso hace falta frentismo, descalificación y sembrar el miedo al pensamiento libre y a la discrepancia.

Afortunadamente vivimos en mundos distintos, y cada vez más separados.

La República.0

José Enrique Centén Martín ♦ Historiador y ensayista.

20 de mayo de 2013

La República.0

La Pepa fue la 3ª Constitución del mundo tras la norteamericana 1787 y la francesa 1789; contenía 384 artículos, entre ellos cabe destacar:

Artículo 2. – La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.

También:

– Derecho de representación– La nación ejerce su soberanía mediante sus representantes en Cortes. 

– Igualdad de los ciudadanos ante la ley. – Supuso el fin de los privilegios estamentales.

– Reconocimiento de derechos individuales a: la educación, libertad de imprenta, inviolabilidad del domicilio, la libertad y la propiedad. 

– Se prohibía aplicar penas a los familiares de quien había cometido un delito, y el castigo debía recaer exclusivamente sobre el culpable de los hechos. La tortura estaba prohibida y se articulaba el derecho a la integridad física.

Medallón de la Primera República Plaza Mayor de Salamanca

El sentir republicano y liberal de la época se inició con la Revolución francesa, cuando se empezó a vigilar a los llegados desde el verano de 1789, posteriormente Carlos IV encargó a la Inquisición que combatiera la propaganda subversiva que penetraba bajo formas solapadas, como freno a la política ilustrada, se ordenó cierre de fronteras a las ideas revolucionarias (1793-1795).

La República española.0 fue ignorada por la importancia de Guerra de la Independencia y los avatares de la invasión napoleónica entre 1808 – 1814, originada por el Tratado de Fontainebleau en octubre de 1807 entre España y Napoleón con el pretexto de invadir conjuntamente Portugal, para su conquista y reparto.

Los borbones se trasladaron en marzo a Aranjuez, el 17 estalló el Motín de Aranjuez por el pueblo (pero orquestado por los fernandistas para ocupar el trono), revuelta contra de la invasión y control de las ciudades por las tropas francesas, abdicó el pusilánime de Carlos IV en su hijo <<El Felón>> Fernando VII. Madrid es ocupada por Murat el 23 de marzo siendo recibido como aliado por el doblemente traidor Fernando VII y ordenó a las tropas españolas apoyar la invasión de Portugal. Los Borbones se trasladaron a Bayona el 20 de abril y renunciaron tanto Carlos IV como Fernando VII al trono español el 5 de mayo, Napoleón cedió a su hermano José la corona de España tres días después del levantamiento popular del 2 de mayo en Madrid, mientras que los mandos del ejército, nobleza e Iglesia destacaron por su ausencia, claramente en contra de la Independencia de España. 

En marzo de 1812, ante el desgobierno general español al existir distintas Juntas territoriales, en Cádiz, y durante el asedio por las tropas imperiales se proclamó la posteriormente olvidada la Constitución de una República española.

Con el regreso de Fernando VII el 22 de marzo de 1814, algunos ciudadanos desengancharon los caballos de la carroza real y tirando de ella se gritaba ¡Muera la libertad y vivan las cadenas! Poco después el 12 de abril un grupo de diputados a Cortes absolutistas le reclamaban la vuelta al absolutismo. Finalmente, el 4 de mayo de 1814 emite en Valencia un decreto por el que disolvía las Cortes, abolía la Constitución de 1812 y toda labor legislativa de las Cortes de Cádiz restableciendo el absolutismo. Inmediatamente el régimen absolutista abordó la depuración de la administraciónlo que llevó a la expulsión de miles de funcionarios, especialmente docentes.

Sostiene un titular de prensa

Miguel Escudero ♦ Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

Sostiene un titular de prensa

Una amiga donostiarra me envía una foto singular. Junto al Merkatua (o mercado) de San Sebastián, un quiosco de prensa ofrece un tablón vertical con la portada de diversos diarios. La primera fila va ocupada por la de estos cuatro: Deia, Guipuzkoa, Noticias y Gara. Los tres primeros -imagino que de la misma cadena- coinciden de pe a pa en unas líneas y sostienen: “Sánchez abre ronda de contacto con Casado, Rivera e Iglesias y excluye a vascos y catalanes”. Me pide que lo comente y me indica que no son pocos quienes se paraban a echar una ojeada al mostrador. No entremos ya en que, según el protocolo, tiene que ser el Rey, en primer lugar, quien convoque al ganador de los comicios para que busque formar Gobierno. Me quiero fijar en el final de la frase en cuestión: “excluye a vascos y catalanes”.

Un auténtico disparate dominado por la mala fe. En efecto, se suplanta la realidad de ‘vascos y catalanes’ cuando solo se puede referir a ‘nacionalistas vascos y catalanes’. Es una chapuza inaceptable que ha colado entre los periodistas durante muchos años. Para remate, obsérvese la selección del verbo ‘excluir’: una sobrecarga de veneno. Lo cierto es que son los autores de esta noticia quienes nos excluyen a todos los que no somos nacionalistas de nuestra condición vasca o catalana. Hay que estar al quite, no queda otra.

Heridos y olvidados

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

Cada vez tengo más claro el deber de atender a las víctimas de todos los abusos, de la índole que sea y, en especial, a las que tengo más cerca, sin discriminación de ningún género. No es por afán de tranquilizar mi conciencia, sino por estar convencido de que la sociedad tiene que reconocer su dolor y acompañarlo. Es una cuestión de decencia y justicia la que nos obliga, so pena de ser incoherentes o impostores. A menudo somos torpes e ilusos. Leo a Antonio Miguel Utrera, herido en el atentado del 11M cuando tenía 18 años. Se niega a que aquel atentado sea ‘toda su vida’, sino una parte. Alude a las manifestaciones multitudinarias de solidaridad y dice algo que hay que saber captar: «La gente iba para honrar a las víctimas, pero también iba por su necesidad. Ese respaldo en la calle que ha quedado en la memoria no tiene una consecuencia directa en las víctimas. No critico a la gente, pero ojalá hubieran entendido que manifestarse el día 12 de marzo no hacía que yo el 5 de mayo estuviera mejor».

He leído este testimonio en ‘Heridos y olvidados’ (La Esfera de los libros) donde se aborda la realidad de los supervivientes del terrorismo en España. Sus autores son María Jiménez (es doctora en Comunicación y fue una magnífica directora de comunicación de COVITE) y Javier Marrodán (periodista y profesor de la Universidad de Navarra). En otras cinco entrevistas a víctimas del terrorismo político: Alejandro Ruiz-Huerta siente cierto complejo de culpa por no haber muerto en la matanza de abogados de Atocha, en 1977; estuvo diez años sin hablar de ello ni en privado. Natividad Astudillo tenía 29 años cuando resultó herida en el atentado de la cafetería Rolando, en 1974; un año de baja, operaciones y «problemas psicológicos, que están escondidos y no son fáciles de reparar». Ana Arregui, esposa de un ertzaintza herido en atentado, en 1995, recuerda la chulería desafiante de los terroristas durante el juicio. O Maribel Lolo, hija de un policía municipal herido en otro atentado, en Portugalete, 1978, y sometido a 30 operaciones. Maribel tenía solo 4 años. Olvidar no se olvida: «Me han robado la infancia». «Mi padre no me volvió a llevar al parque ni al cine, no me vio cuando me tiré de cabeza por primera vez a la piscina olímpica, no asistió a mi primera comunión ni hemos ido a tomar una hamburguesa juntos». Todo esto debe constar y ser escuchado. 

La deslealtad de los secesionistas catalanes a la II República

Rodrigo Vázquez de Prada y Grande. Periodista. Director de Crónica Popular

Un año antes de que se realizara La retirada, la marcha hacia el exilio de cientos de miles de españoles republicanos de la que se cumplen ahora 80 años, tuvieron lugar unos hechos realizados por los separatistas vascos y catalanes que, desgraciada y lamentablemente, enlazan a la perfección con el problema político más grave de nuestros días. Sin duda alguna, el más grave al que se ha enfrentado España desde que, tras la Transición, el pueblo español recobrara las libertades y derechos democráticos: el golpe de Estado de los secesionistas catalanes perpetrado en septiembre de 2017 y en torno al cual se está celebrando la vista oral ante la sala de lo Penal del Tribunal Supremo.

Los hechos se conocieron en marzo de 1938 y dejaban a las claras la baja catadura moral y política de los secesionistas. Mientras el Gobierno legítimo de la II República, presidido por don Juan Negrín, mantenía la defensa de la República contra el golpe de Estado de Franco y los militares- – “resistir, resistir y resistir” había pedido el presidente Negrín-, los separatistas vascos y catalanes desarrollaban gestiones secretas y al margen del Gobierno en pro de la mediación de Gran Bretaña para la paz por separado para el País Vasco y Cataluña. Un episodio más en el catálogo de deslealtades con España aquel que entonces se perpetró contra la II República y la Constitución de 1931 por parte de los secesionistas catalanes y vascos, antecesores de los golpistas cuyas actuaciones han quedado grabadas en video para la Historia universal de la infamia. 

Unos hechos, en fin, que provocaron ya entonces una contundente denuncia de la deslealtad del secesionismo, en la misma línea que en 2017 se pronunciara el Jefe del Estado, el Rey Felipe VI, cuando rechazó “la inadmisible deslealtad” de los independistas catalanes, en un discurso que supuso un fuerte aldabonazo en la conciencia de los millones de españoles constitucionalistas. En los años treinta del pasado siglo, uno de los políticos de más valía del socialismo español, Indalecio Prieto, había clamado contra ese proceder de los independentistas catalanes en plena República española. Y, pocos años después, el presidente del Gobierno republicano, Juan Negrín, manifestaba encolerizado su absoluto rechazo de las graves maniobras de los independentistas, realizadas, además, en los momentos cruciales de la guerra civil.

Realmente, se trataba de una operación de deslealtad con la II República en tres actos y una suerte de proemio. Su máximo protagonista, el ex militar y fundador de ERC, Francesc Maciá, que, ya en 1926, bajo la dictadura del general Primo de Rivera, había escrito ya el proemio, organizando el llamado “complot de Prats de Molló”: una invasión armada desde Francia, donde se encontraba exiliado, para provocar en Cataluña una insurrección general y proclamar la República catalana, separada del resto de España. Su detención por la gendarmería francesa, impidió aquella incursión armada y lo envió desterrado a Bélgica, país que se convertiría, 92 años después, en un “santuario” para otro secesionista catalán, el golpista fugado de la justicia española, Carlos Puigdemont.

Con este antecedente, el acto primero tuvo lugar en el mismo momento en que se estaba gestando la proclamación de la II República española. El 14 de abril de 1931, adelantándose unas horas a su proclamación en Madrid, Maciá volvió a repetir su intentona separatista. Eran las 2:30 de la tarde de aquella fecha histórica, cuando, asomado al balcón del Ayuntamiento de Barcelona, Maciá proclamó “el Estado Catalán”, que – según decía en su alocución- procuraría integrar en la Federación de Repúblicas Ibéricas. ERC, el nuevo partido formado por la fusión de Estat Catalá y Partido Republicano Catalán, había obtenido una mayoría en las elecciones municipales del 12 de abril. Y, al igual que sucedería en 2017, para Maciá aquella mayoría, le daba pleno derecho a hablar “en nombre del pueblo de Cataluña”. Su primera proclamación de independencia de Cataluña sería seguida de otras dos en la misma jornada: una de ellas a media tarde y la otra a última hora del día, una vez que se conoció la proclamación de la II República en la capital de España y que el Rey Alfonso XIII abandonaría nuestro país.

El Estado catalán duró tres días. Maciá renunció a su pomposa declaración de independencia tras el acuerdo con el Gobierno Provisional de la II República, en nombre del cual negociaron con él dos ministros catalanes, Marcelino Domingo y Lluis Nicolau d´OLwer, y el socialista Fernando de los Ríos, que se comprometieron a presentar en las futuras Cortes Constituyentes un Estatuto de Autonomía para Cataluña. Es decir, exactamente, lo que se había concertado en el Pacto de San Sebastián, acuerdo al que dado su asentimiento el partido Estat Catalá, liderado por Maciá, que participó en aquella articulación del republicanismo español celebrada en agosto de 1930.

Poco tiempo después, Indalecio Prieto declararía en Las Cortes, con ocasión del debate del Estatuto catalán: “En los 32 años de vida política que llevo, no he conocido un caso de deslealtad más característico que el realizado por los republicanos catalanes…” Como recuerda la directora de la Real Academia de la Historia Carmen Iglesias, en su estudio sobre Las Constituciones de 1931 y 1978, el dirigente socialista acusó a los secesionistas de “haber creado en Cataluña un “Estado de hecho” para forzar a las Cortes Constituyentes y al país a sancionar lo que habían realizado en contra de lo que solemnemente se había acordado en el Pacto de San Sebastián” (1) 

El segundo acto, tuvo lugar tres años más tarde, el 6 de octubre de 1934. Lo protagonizó el sucesor de Maciá al frente de la Generalitat, Lluis Companys, que, a las ocho y diez minutos de la tarde de aquel día, nuevamente proclamó el Estado Catalán, en este caso, señalaba él, dentro de la República Federal Española. En su discurso, pronunciado desde el palacio de la Generalidad, se arrogaba también, al igual que lo había hecho Maciá tres años antes, hablar en “nombre del pueblo y del Parlamento” y justificaba su decisión en que “las fuerzas monárquicas y fascistas que de un tiempo a esta parte pretenden traicionar a la República, han logrado su objetivo y han asaltado el Poder”. Hacía suyo, por tanto, el desacertado análisis efectuado por la izquierda española en aquel momento y duramente rebatido por el historiador comunista David Ruiz en su obra Octubre de 1934. Revolución en la República española (2), análisis según el cual el triunfo de las derechas en las elecciones de aquel año recreaban en España el Gobierno de Dolfuss en Austria y el asalto del fascismo a las instituciones democráticas.

Este segundo acto de la deslealtad secesionista duró mucho menos que el urdido por Maciá. Se acabó en diez horas. Pero, como un ejemplar contrapunto a la deslealtad secesionista, brilló la gallarda lealtad a la II República y a su Constitución de uno de los militares de más prestigio en la historia del Ejército español, el general Domingo Batet Mestre. Un militar al que el historiador norteamericano Stanley G. Payne describe en su obra Los militares y la política en la España contemporánea, como “un liberal que había participado en las conspiraciones contra Primo de Rivera”, “hombre de familia rica y de opiniones liberales” (3) y queen aquel momento, era general en jefe de la IV División Orgánica, que así se llamaba entonces la Capitanía General de Cataluña tras la reforma militar de Azaña. 

Fiel a la Constitución y al Gobierno de la II República, el general Batet rechazó tajantemente ponerse a las órdenes de Companys “para servir a la República Federal que acabo de proclamar“, tal como le conminó éste, y declaró el estado de guerra aplicando la Ley de Orden Público de 1933, con arreglo a lo que le pidió el Gobierno presidido por otro catalán, Alejandro Lerroux. 

Frente a lo que le instaba desde Madrid el general Franco, encumbrado entonces por el ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, notario extremeño y militante del Partido Radical, que le nombró asesor militar personal, el general Batet minimizó el uso de la artillería contra los defensores del proclamado Estado catalán, aunque no pudo evitar que murieran cuarenta y seis personas: treinta y ocho civiles y ocho militares. Y, poco tiempo después, a las seis de la mañana del día 7, Companys se rendía al general Batet. Unas horas antes, había huido del palacio de la Generalitat por las alcantarillas, y terminaba su huída en Francia, su consejero de Gobernación, Josep Dencás, que, pocos meses antes, se había declarado al vicecónsul italiano en Barcelona como “ferviente militante fascista camuflado”.

El desenlace de este segundo acto de deslealtad está dotado de perfiles que merece la pena recordar en estos momentos en que los golpistas catalanes están siendo juzgados por el Tribunal Supremo. Las diversas analogías saltan a la vista en ambos procesos. De un lado, la autonomía catalana fue suspendida indefinidamente por una ley aprobada el 14 de diciembre, a propuesta del Gobierno. De otro, Companys y todos los integrantes del gobierno de la Generalitat fueron condenados por el Tribunal de Garantías Constitucionales, en junio de 1935, como autores de un delito de rebelión miliar, a 30 años de prisión. Un año después, sin embargo, el Gobierno del Frente Popular indultó a todos ellos…sin que ello supusiera en ningún momento, tal como se demostró posteriormente, conversión alguna de los independentistas en respetuosos demócratas del orden constitucional de la II República.

Exiliado en Francia, Companys fue detenido allí por la Gestapo, que, en agosto de 1940, lo entregó a las autoridades franquistas, que lo condenaron y ejecutaron. Tres años antes, había corrido la misma suerte, el militar constitucionalista que puso fin a su delirio independentista, el general Batet, condecorado con la Laureada de San Fernando, la máxima distinción militar, por su defensa del orden constitucional de la II República y haber abortado con la máxima celeridad y el mínimo de pérdidas humanas el golpe de Estado de Companys. El 18 de febrero de 1937, había sido fusilado, tras haberse negado a secundar el golpe de Estado de Franco. 

Tal como relata Hilari Raguer, historiador y monje de Montserrat, en su obra El general Batet. Franco contra Batet: crónica de una venganza (4),Batet sufrió con una admirable dignidad hasta su muerte el rencor del dictador, cuyo odio visceral residía en dos actuaciones impecables del general catalán: ser autor de uno de los informes que conformaron el Expediente Picasso sobre el “desastre de Annual” y los militares africanistas y por no haber intervenido en Cataluña en 1934 con la misma dureza que había aplicado el general Yagüe contra los mineros de Asturias…

Pero, al mismo tiempo, Hilari Raguer subraya la entereza final ante la muerte de un militar que dirigió a los soldados que le iban a fusilar unas palabras estremecedoras y de una gran gallardía: “Disparadme al corazón, os lo pide vuestro general”. Como recuerda el historiador británico Paul Preston en el prólogo al libro de Hilari Raguer, Franco se cuidó de vejar con un sádico refinamiento la sentencia condenatoria, incluyendo su expulsión del Ejército bajo la acusación de «su probado desamor a España”.

El tercer acto de la deslealtad secesionista con la II República, tuvo lugar, como indico el comienzo de estas líneas, en 1938. Lo relata el historiador Enrique Moradiellos, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura y autor de la más amplia y rigurosa obra sobre el presidente de Gobierno de la II República, el doctor Juan Negrín (5) y de otros trabajos anteriores sobre la posición que mantuvo Gran Bretaña en relación con la guerra civil española en general y con los secesionistas catalanes en particular (6). 

La operación secesionista en Gran Bretaña comenzó a finales de abril de dicho año, cuando, Josep María Baptista i Roca, que se titulaba “amigo personal del presidente Companys, Jefe del Estado de Cataluña” (sic), se presentó al Foreign Office “para saber si había alguna posibilidad de concertar un armisticio en España”, aunque, en realidad, su pretensión, tal como confesó al subsecretario de Exteriores británico, sir Alexander Cardogan, era “salvar a Cataluña”. A partir de este momento, Baptista i Roca continuó sus entrevistas en el Foreign Office, con el apoyo del gobierno autónomo vasco y acompañado personalmente por José F. de Lizaso, representante personal en Londres del lendakari del Gobierno Provisional Vasco, el peneuvista José Antonio Aguirre (7).

Un año antes, en mayo de 1937, en vísperas de la caída de Bilbao ante las tropas franquistas, Lizaso había empezado por su cuenta una gestión unilateral con Gran Bretaña, poniendo como condición de la mediación británica el reconocimiento del “derecho de autodeterminación de los pueblos” y anunciando al mismo tiempo que las tropas vascas no seguirían luchando fuera de Vizcaya, puesto que España “era un país extranjero y hostil”. Prácticamente, los mismos términos en que se expresaba un memorándum suscrito por los gobiernos catalán y vasco, en junio de 1938, que condicionaban la mediación británica a que tanto Cataluña como Euzkadi estuvieran representadas “directamente” en cualquier conferencia de paz (8). 

Todas estas gestiones, tanto la de los secesionistas vascos como las de los catalanes, primero cada uno por su lado y luego conjuntamente, fueron hechas al margen por completo de la embajada en Londres de la II República, cuyo titular era entonces Pablo de Azcárate, padre del que fue dirigente del PCE, Manolo Azcárate y reconocido diplomático e historiador, que había dejado su puesto de Secretario general adjunto de la Sociedad de Naciones para desempeñar aquel cargo en la capital británica. Su antecesor en la embajada había sido el escritor asturiano Ramón Pérez de Ayala que, después de haber formado parte de la Agrupación al Servicio de la República, y tomado posesión del cargo de embajador en 1932, terminó inclinándose a favor del bando franquista, por lo que presentó su dimisión.

Sin embargo, a pesar de estar hechas de espaldas a la embajada española, llegaron a oídos del presidente Negrín. Según subraya Enrique Moradiellos, la información le pudo haber llegado a través de los espías británicos conocidos muchos años después como “los cinco de Cambridge”:un potente grupo de altos funcionarios de los servicios de inteligencia de Gran Bretaña que, al tiempo, servían a la URSS como agentes de la KGB debido a sus firmes convicciones comunistas y del que formaban parte desde el periodista Kim Philby al historiador del arte y asesor artístico personal de la Reina de Inglaterra, Anthony Blunt que lo nombró sir de la Corona Real y. muchos años después, en 1979, fue destituido de su cargo de conservador de las colecciones reales, por la premier conservadora Margaret Thacher, la “dama de hierro”. 

Resulta altamente probable que miembros de este grupo fueran la fuente que informó al Gobierno de la II República. Durante los años de la guerra civil española, uno de integrantes de “los cinco de Cambridge”, Donald D. Maclean, era precisamente uno de los funcionarios del Foreign Office encargados de tramitar y analizar las gestiones de los catalanes y vascos, mientras que el considerado como responsable de este equipo de espías de la KGB, el periodista Kim Philby, se encontraba en España, en la zona franquista, como corresponsal del prestigioso The Times (9), lo que le permitía moverse en España con suma facilidad y contactar, si así lo precisaba su trabajo de inteligencia, y aunque tuviera que ser a través de personas interpuestas, con miembros del Gobierno republicano.

Como quiera que fuere, el presidente Negrín conoció los turbios manejos de los secesionistas catalanes y vascos y, reflexionando con profunda amargura sobre lo que estaba ocurriendo en Londres, pronunció entonces unas palabras escasamente conocidas todavía hoy en día pero que ponen en evidencia tanto su frontal rechazo de los nacionalismos independentistas como el amor a España de un estadista de profundas convicciones socialistas como él. Un político que, además, fue uno de los mejores científicos y catedráticos que tuvo nunca la Universidad española, formado en Alemania y que, dotado de una gran altura intelectual y políglota, podía hablar en su idioma – como lo hizo- con los grandes estadistas de su tiempo:

No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: España. No se puede consentir esta sorda y persistente campaña separatista y tiene que ser cortada de raíz si se quiere que continúe siendo ministro de Defensa y dirigiendo la política del Gobierno, que es una política nacional.

Nadie se interesa tanto como yo por las peculiaridades de su tierra nativa: amo entrañablemente todas las que se refieren a Canarias y no desprecio, sino que exalto las que poseen otras regiones, pero por encima de todas esas peculiaridades, España.

El que estorbe esa política nacional debe ser desplazado de su puesto. Antes de consentir campañas nacionalistas que nos lleven a desmembraciones, que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco, sin otra condición que se desprendiese de alemanes e italianos. 

En punto a la integridad de España soy irreductible y la defenderé de los de afuera y de los de adentro. Mi posición es absoluta y no consiente disminución” (10).

La pertinencia y actualidad de estas palabras de Negrín sobrecogen todavía hoy. Al menos a mí. Y no cabe duda alguna de su autenticidad. Las recogió de sus labios, directamente, uno de sus colaboradores más cercanos, otro socialista de la primera hora, el periodista Julián Zugazagoitia, que fue director de El Socialista, ministro dos veces de la II República, primero de Hacienda y después de Gobernación y, finalmente, secretario general de Defensa, cartera que Negrín aunaba con la presidencia del Gobierno. Un socialista muy próximo a Indalecio Prieto primero y a Juan Negrín después, al lado del cual permaneció hasta el último momento de la guerra civil.

Zugazagoitia – que en su prólogo a esta memorable obra, había escrito “no hay peor enemigo del español- y de lo español- que el español mismo”(11)- murió fusilado en las tapias del Cementerio del Este de Madrid el 9 de noviembre de 1940, tras haber sido condenado a muerte en Consejo de Guerra celebrado en julio de dicho año, tal como recuerda el historiador Santos Juliá en un texto biográfico de Zugazagoitia de gran valor (12). Se había exiliado a Francia y en París fue detenido por la Gestapo, que lo entregó a la policía franquista junto a Companys y el anarquista Joan Peiró, ex ministro de Industria de la República. 

Zuga, así lo llamaban sus compañeros de partido, reprodujo estas palabras de Juan Negrín en su libro Historia de la guerra en España, que escribió en París, entre 1939 y 1940, cuando todavía estaban muy frescos los recuerdos de la incivil contienda, teniendo, además, a la vista las notas que tomaba día a día a lo largo de una dilatada vida política. Su Historia de la guerra en España fue editada por primera vez en la Argentina, en 1940, con ese título y, posteriormente, en 1968, en París, por la editorial Librería Española, fundada por el republicano español Antonio Soriano, como Guerra y vicisitudes los españoles, con un prólogo espléndido de Roberto Mesa, catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid y vicerrector de la UCM con el socialista Francisco Bustelo como Rector, que escribió otro prólogo para la edición de esta obra editada por Ediciones Éxito en 1978 (13). Posteriormente, fue editada varias veces por otras editoriales, entre ellas Crítica y Tusquets.

En su libro, Zugazagoitia apostilla las palabras de Negrín con el siguiente comentario: “El propio Azaña no se hubiera pronunciado con más vehemencia. En este tema, los dos presidentes eran correligionarios” (14 ). 

Rodrigo Vázquez de Prada y Grande. Periodista. Director de Crónica Popular

Notas:

(1)Carmen Iglesias, No siempre lo peor es cierto. Estudios sobre Historia de España, Galaxia Gutemberg, Círculo de Lectores, 2008, pág. 658.

(2)David Ruiz González, Octubre de 1934. Revolución en la República española, Síntesis, 2008.

(3)Stanley G. Payne, Los militares y la política en la España contemporánea, Ruedo Ibérico, París, 1968, págs. 202 y 258.

(4)Hilari Raguer, El general Batet. Franco contra Batet: crónica de una venganza, Ediciones Península, Barcelona, 1996.

(5)Enrique Moradiellos, Don Juan Negrín, Editorial Península, 2006.

(6)Enrique Moradiellos, El gobierno británico y Cataluña durante la República y la guerra civil, El Basilisco, nº 27, Oviedo, 2000, págs.. 21-36; Enrique Moradiellos, Neutralidad benévola. El gobierno británico y la insurrección militar española de 1936, Oviedo, Pentalfa, 1990.

(7)Enrique Moradiellos, obra cit., págs. 369.

(8)Enrique Moradiellos, obra cit. pág.368.

(9)Enrique Moradiellos, obra cit. Pág. 372; Ch. Andrew y O. Gordievsky, KGB. The Inside Story, cap. 6 y págs. 167 y-170.

(10)Enrique Moradiellos, obra cit. págs. 372 y 373. Julián Zugazagoitia, Guerra y vicisitudes de los españoles, Editorial Éxito, 1978, tomo II, págs.454.

(11) Julián Zugazagoitia, obra cit., tomo I, pág 15.

(12) Santos Juliá, Julián Zugazagoitia, prólogo a Guerra y vicisitudes de los españoles, Barcelona, Tusquets, 2001, páginas I-XXXI.

(13) Julián Zugazagoiti, obra cit., págs.7-13.

(14) Julián Zugazagoitia, obra cit., pág. 454.

Crónica Popular

Historia y entusiasmo

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

El profesor Ricardo García Cárcel se jubila este año de su cátedra de Historia Moderna de la UAB. Escritor, investigador y premio Nacional de Historia, García Cárcel ha formado también a un puñado de historiadores que le reconocen como maestro. La clave de este magisterio no es solo una necesaria humildad, sino su ejemplar entusiasmo por el conocimiento crítico del pasado, siempre concreto, desarrollado en innumerables horas pasadas sin desmayo en los archivos de Historia. Un trabajo dedicado a ‘recomponer la mentalidad de los hombres de otra época’, como pedía Lucien Febvre, y configurar un proyecto de futuro. Acaba de salir un libro coordinado por los profesores Doris Moreno y Manuel Peña: Diálogos con la historia (Cátedra), subtitulado ‘Ricardo García Cárcel y el oficio de historiador’ y en el que han colaborado más de treinta historiadores, entre ellos su viejo amigo Carlos Martínez Shaw (“hermanos siameses en muchos aspectos”, dice éste) y el legendario John Elliott.

Ricardo García Cárcel

Cuenta Ricardo García Cárcel que ya de pequeño quería ser historiador y que la Historia era para él una fijación personal; su padre, que tanto le empujó a ser recto, estudioso y un extraordinario trabajador, hubiera preferido otra carrera para él, pero nunca se opuso a la decisión que su hijo Ricardo adoptó. En una larga entrevista que los coordinadores del libro le hacen, García Cárcel explica que su director de tesis Juan Reglà le propuso irse con él a la UAB. Llegó en 1972, desde su Valencia natal, y durante un período tuvo que vender enciclopedias para ganarse la vida. Al año siguiente leyó su tesis doctoral, un mes antes de que muriera el profesor Reglà. En 1978 ganó la oposición de adjunto y poco después logró la cátedra.

Tengo la suerte de ser su amigo y admiro y comparto su método de ‘comprender y hacer comprender, no juzgar’. Enfoca la historia desde las mentalidades y no desde las ideologías; es alérgico al espíritu dogmático y tiende a la heterodoxia. Contribuye a elaborar un relato veraz que no dependa de la identidad de quien lo haga. Fiel a sí mismo, busca hacer lo que su conciencia le dicta. De Francisco Tomás y Valiente señala que “era puro encanto personal”. Estoy esperando con ilusión y con especial confianza y deseo, nuevos y ricos frutos intelectuales de Ricardo García Cárcel en estos próximos años. ME

Mis colores, mi Cádiz

José Enrique Centén Martín. Historiador y ensayista.

La Naturaleza nos brinda tres plantas que coinciden en su crecimiento y en el mismo lapsus de tiempo siendo sus colores, el rojo de la amapola, el amarillo del trigo y la flor de la malva, esa espontaneidad de colores son la bandera de aquellos que murieron y de los que vivimos deseando una España justa en la forma de Estado. Lo definió magistralmente el escritor y político José de Espronceda1 cuando asociaba la igualdad con: «la emancipación de las clases productoras, hasta ahora miserables siervos de una aristocracia tan inútil como ilegítima. Ella sola es la fianza de la Libertad, así como de la Fraternidad y el símbolo de su fuerza». Por esto: «el primer grito es el de Fraternidad para que el triunfo de la Libertad sea cierto».

Detalle Monumento a las Cortes de Cádiz

Esos colores y mi Cádiz son ejemplos a seguir y llevar en el corazón, la ciudad dio la 1º Constitución “La Pepa” en 1812, y en su Artículo 2 decía: “La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.”

También fue un hito de tenacidad ante el asedio que sufrió desde febrero de 1810, y donde las tropas napoleónicas fueron derrotadas el 24 de agosto de 1812, sin entrar en la ciudad.

Los s. XIX y XX, fueron siglos convulsos donde el pueblo español soportó invasiones, guerras carlistas durante 67 años y dictaduras que causaron gran mortandad por represalias políticas, e inestabilidad que llegó hasta 1975 total 167 años, protagonizado principalmente por los dos mayores genocidas españoles, Fernando VII y Franco.

Espronceda nació en 1808 y hasta su fallecimiento en 1842 fue testigo y actor importante en este convulso país, como el:

– Pronunciamiento de Torrijos con Juan Van Halen en 1817 con la pretensión de restablecer la Constitución de 1812 a Fernando VII.

– Levantamiento de Rafael del Riego, el 1 de enero de 1820 en Cabezas de san Juan (Sevilla) consiguió que Fernando VII jurara “La Pepa” el 10 de marzo.  

– La invasión de los Cien Mil Hijos de san Luis en abril 1823, con la restauración absolutista de Fernando VII.Riego derrotado, detenido y arrastrado por la calle del Humilladero en un serón hacia el patíbulo de la plaza de la Cebada en Madrid, fue ahorcado y posteriormente decapitado.

– El asesinato de Mariana Pineda en mayo de 1831, por bordar la bandera Tricolor contra el absolutismo borbónico, con el lema “Libertad, Igualdad, Ley”.

– Regreso de Torrijos, exiliado desde 1823 en Inglaterra, en 1831, vía Gibraltar entró en Málaga blandiendo tres palabras “Patria, Libertad e Independencia”, nueve días después fue fusilado.

Por la República y sus colores muchos lucharon y fueron derrotados, pero la llama no se extinguió, llegará el triunfo definitivo2 y se hará realidad el pensamiento de Espronceda.

¿Cómo no vamos a tener esperanza los republicanos españoles?

1.- Espronceda, participó en las barricadas de París en julio de 1830 contra la entronización de Luis Felipe (último rey de Francia) y representante del liberalismo financiero, similar a la situación actual con los Neoliberales españoles. En 1834 las ideas republicanas de Espronceda comienzan a ser ampliamente conocidas en los círculos políticos y literarios de Madrid, consiguiendo una sólida reputación como escritor, así como por su pensamiento político y social a través de diversos artículos en periódicos o en el Ateneo, falleció el 23 de mayo en 1842, dejando su impronta de rebelión moral y la política, y una muy elevada creación artística como poeta representativo del Romanticismo español.

2.- Los escépticos, los monárquicos y los Neoliberales españoles pregonan continuamente que ya ha habido dos Repúblicas fracasadas en España, sin entrar en los motivos pongamos el ejemplo de Francia. 1ª República desde 1792 a 1804, abolida por el Imperio de Napoleón Bonaparte que gobernó hasta 1815. Entra Luis XVIII reina hasta 1824, sin hijos, a su muerte le sucedió su hermano Carlos X hasta 1830 (último Borbón), fue derrotado por la revolución de 1830 (cuadro de Eugène Delacroix), es entronado Luis Felipe I de Francia (participó Espronceda en su contra), de nuevo una Revolución en 1848 dió paso a la 2ª República hasta 1852, abolida por el 2º Imperio con Luis Napoleón, este fue derrotado en 1870 por los Prusianos. En 1875 fue aprobada en la Asamblea Nacional la 3ª República por un solo voto (353 a 352), duró hasta 1940 con la II Guerra Mundial y Francia en guerra e invadida. La IV República desde 1946 a 1958, fue la reedición de la III, y la V República desde 1958 hasta hoy. Cinco distintas pero una sola forma de Estado más justo.

República

¿Quién es Dios?


Feliciano Morales. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

He tratado de eludir enfrentarme a esta pregunta, no por la respuesta, sino de la forma en que ésta es aceptada o rechazada por quien se haya atrevido a entrar en estas profundidades, y por las formas en que dicha aceptación o rechazo se manifiesta. 

También, quiero dejar claro que no pretendo abordar este tema desde una perspectiva religiosa y hacer de la respuesta a tal pregunta algo dogmático, entre otras razones porque encasillar todo no es de mi agrado. Me es imposible aceptar algo si no lo entiendo porque mi fe es más bien poca y, a veces, mi corazón duro… y la carne débil.

Por otra parte, tengo verdadero horror a esos dioses a los que se les pone cara, porque las caras han causado y siguen causando mucho daño. Dioses que se emplean al antojo del usuario teísta. Jeová, Dios, Alá, Buda, pero también, los dioses del amor, de la fortuna, de la salud… de la guerra… Elijan el bazar espiritual ha abierto sus puertas.

No soy digno de tener un dios con cara y, ante la pregunta de si pueden existir otros dioses que no sean los que la religión de cada uno nos ha inculcado, la respuesta debe ser afirmativa.

Los más ateos, algunos de ellos llevando el ateísmo como una religión, que paradoja, aseguran, ya que ellos nunca se preguntan por estar por encima de dioses, niegan la  existencia de cualquier dios con el único fundamento que no se puede probar, pero además, porque, poniendo en relación con el  aspecto dogmático de las religiones éstas atentan contra la libertad del individuo. Y no les falta, en cierto modo, razón: para afirmar que algo existe hay que probarlo.

No puedo, y pretendo menos aún, imponer una creencia sobre algo. Las cosas son o no son, existen o no existen, son tangibles o no lo son

Tras algunas lecturas del Nuevo Testamento, y algo del Antiguo, estoy convencido que de la misma manera que si hubiese leído el Corán o cualquier otro libro sagrado, que he empezado a hacerlo, el resultado sería el mismo para mi. El rechazo de los dioses con cara, y menos un dios que premia a los buenos y castiga a los malos…. 

Perdonen le petulancia, necesito un Dios más grande, más infinito… sin número de serie y menos con un manual de funcionamiento bajo el brazo. No puedo con esos dioses y, menos aún con quienes los defienden desde el fanatismo. Desde un fanatismo terrorista no sólo con víctimas de carne y hueso, sino también con víctimas ideológicas al actuar contra su libertad de pensamiento, de actuación, de decisión; es decir, anulando a las personas.

Así pues, si el ateísmo es no creer en un dios con cara, soy ateo, pero si el ateísmo es no creer en ningún dios, entonces, la cosa cambia.

En mi creencia no cabe el chantaje, con promesas o velas a cambio de favores sobrenaturales. Tampoco para tener tranquila mi conciencia pensando en el paraíso. Ya me vale con tenerla sobre mis derechos y deberes civiles para enredarme en problemas de conciencia teísta. 

Mi Dios no se acomoda a las necesidades del hombre, más bien al contrario, porque el Dios en el que creo es un todo y es un nada, es la expansión, lo infinito, la creación de la vida, el alfa y el omega, la explosión y expansión constante del universo, las energías que surgen cuando explosiona una Supernova, o la que se concentra en su interior al nacer. Dios es el universo, es la persona que tenemos enfrente, el planeta en el que vivimos y no respetamos, por eso necesitamos acomodarnos a ese Dios.

Todos y cada uno estamos unidos por un árbol de la vida que nos hace parte de un todo, lo que al final debía traducirse en un respeto “quasi sagrado» a todo cuanto nos rodea, a quienes igual que nosotros forman parte de es Dios, de ese polvo cósmico y/o energía cósmica en constante expansión. Eso demuestra que mi Dios es tangible, que existe.

Presentación del libro: “Sostiene Mengano”

Entrevistamos a su autor Miguel Escudero, profesor titular de Matemática Aplicada de la UPC y escritor.

 

 

 

 

El pasado 18 del actual mes de marzo tuvo la presentación en la Casa del Libro de Madrid, del libro “Sostiene Mengano”, Ediciones Carena, de Miguel Escudero, habitual colaborador de este Magazine y de otros medios; profesor titular de Matemática Aplicada de la UPC y escritor, quien explica que: “Mengano es una voz de origen árabe que significa ‘quien sea’. Antonio Machado escribió en su retrato: “a distinguir me paro las voces de los ecos, y escucho solamente, entre las voces, una”. Así, he querido analizar de forma simple y clara algunas afirmaciones o negaciones. ¿Son de recibo y por qué? Y para ello he escogido a alguien cualquiera, desde Kant hasta un anónimo sepulturero, desde Isabel Coixet hasta Simone Weil.”

Miguel Escudero en el Centro. A su derecha (según se mira) Francesc de Carreras, y a su izquierda, Ramón Tamames. Uso permitido por Miguel Escudero

La presentación tuvo lugar en La Casa del Libro de Fuencarral, con un lleno total de la sala, estando el autor acompañado del economista Ramón Tamames, el jurista Francesc de Carreras y José Membrive, editor de la obra.

Con motivo de la presentación de “Sostiene Mengano”, tenemos la satisfacción que su autor nos permita formularle algunas preguntas:

De todos los “menganos” que habla en su libro, ¿cuál es su favorito y, por el contrario, al que guarda menos simpatía?

Son muchos mis preferidos, desde el anónimo sepulturero que me conmovió hasta el gran sindicalista que fue Ángel Pestaña o la extraordinaria y sensible psicóloga clínica que es Beatriz Garvía.

Perdón por entrar con el plato fuerte: En su libro, hay una amplia representación de personas y personajes destacados de todos los ámbitos de la cultura, el arte, las ciencias, la literatura, la historia, la política…, muchos de ellos destacados por su libre pensamiento. ¿Qué entiende Vd, por libre pensamiento?.

En esta hora, ‘libre pensamiento’ sería sinónimo de atreverse a pensar y a expresarse con rigor y razonablemente, sin mirar de reojo a los ‘bien pensantes’, para que les den el beneplácito y no les cuelguen los sambenitos. Las fuerzas inquisitoriales acechan con diferentes disfraces y no hay que hacerles el juego.

¿Que opinión le merecen esos otros “menganos” que tratan de imponer la independencia de Cataluña? .

Mengano es una voz árabe que significa ‘quien sea’. Esos menganos, que dice usted, se creen con derecho a dividirla sociedad catalana y alienarnos a los catalanes de nuestra condición española e imponernos una identidad prefijada, esto es, falsificar nuestra realidad y empobrecerla.¿Merece para Vd. un “sostiene” el juicio sobre el procés?

¿Qué tendría que hacer el futuro presidente de España para que estuviese en su libro “sostiene mengano”.

Desearía que ofreciera hechos más que palabras, y evidenciara honradez y eficacia y respeto verdadero a todos sus conciudadanos, sin exceptuar a sus adversarios. El sábado 23 de marzo, si no ando equivocado, se cumplen cinco años del fallecimiento del presidente Adolfo Suárez, verdadero espejo de las características que le acabo de decir.

¿Tiene en proyecto algún otro libro?

Sí, uno está avanzado. Hay otros a los que les sigo dando vueltas.

¿Quiere transmitir algo a sus lectores de Magazine Plazabierta.com?

Sí, es una oportunidad de mostrarles mi simpatía por compartir una plaza abierta, liberal e inclusiva, con voluntad de aprender de quienes puedan pensar u opinar de distinta forma, siempre con respeto a la realidad y a la condición personal de todos. Muchas gracias por concederme su atención.

Aprovechamos la ocasión para informar a nuestros lectores que Ediciones Hildy acaba de publicar ‘Por nuestras calles’, del  mismo autor, Miquel Escudero. 

Portada del Libro de Miguel Escudero: “Por Nuestras Calles»

Este libro articula breves textos donde se habla de Europa y de referendos, de terrorismos y de trampas, de banderas y de consignas, de franquezas y de engaños. En estas páginas se argumenta a “favor de una España liberal, igualitaria y plural, volcada en la convivencia y en la expresión de la conciencia de todos sus ciudadanos”. Que pueden comprar en este enlace de Amazon.

Contando ovejas

Convocar a la gente a movilizarse es fácil, que la gente se movilice no tanto. La calle es tradicionalmente de la izquierda que sabe movilizar con mayor resultado, pero confundir la capacidad de movilización con un respaldo popular son ganas de hacer un brindis al sol.

La concentración del domingo en Madrid me pareció escasa. Escasa incluso comprando la cifra de los convocantes que seguramente era mucho más cercana a la realidad que la de las instituciones. Seguramente el número de personas que esperaban movilizar los partidos convocantes era mucho mayor del conseguido, pero de ahí a considerar, como ya ha hecho el Sr. Sánchez, que los ciudadanos respaldan sus ansias de poder pagadas con cesiones y declaraciones contrarias al sentir popular va un trecho que puede costar unas elecciones.

En esa tibieza de la respuesta popular pueden influir muchas variables, pero la principal es que los partidos pueden movilizar con cierta eficacia  las bases pero les cuesta mucho más motivar, rara vez lo consiguen, a una mayoría de electores que estando hartos de lo que tienen están casi igual de hartos de lo que se les ofrece.

El lenguaje, esa herramienta que los políticos utilizan con alegría, desprecio por las reglas e inconsciencia, puede ser una de las causas principales del desafecto general entre la clase política, toda, y el ciudadano medio, ese que hace ganar o perder las elecciones.

Nadie medianamente templado puede asistir a los exabruptos del señor Casado y luego salir a la calle a apoyarlo. El lenguaje, y más el castellano o español, tiene una riqueza infinita para llamarle a cualquiera lo que a uno le apetezca sin que de su boca salga ni una sola calificación. Nuestro idioma tiene tal abundancia de conceptos, sinónimos y antónimos, que se puede calificar a alguien sin cualificarlo ni descalificarlo directamente. Pero una de las grandes carencias de nuestros líderes es confundir la grandilocuencia y el volumen de emisión con la oratoria. Aquella oratoria en la que era necesario ser versado, y aprendido, para dirigirse con un mínimo de aceptación al público. Aquella oratoria que era fundamental en los estudios de las artes liberales y que emanaba del trívium: dialéctica, gramática y retórica.

Pero tampoco son del agrado general las declaraciones descalificando  los asistentes a la manifestación, calificándolos de rancios, que los habría, de fachas, que los había, o de intolerantes, que algunos lo serían. Descalificar a los demás tiene el peligro de aumentar su número por pura simpatía.

Cierto tipo de izquierda casposa y poco imaginativa tiene la costumbre de despreciar los símbolos nacionales en la misma medida en que cierta derecha, casposa y poco imaginativa, tiene la costumbre de considerar los símbolos como una propiedad y el certificado de una identidad inequívoca. Se puede amar un país, una región, un pueblo, sin necesidades exhibicionistas, pero es difícil amar un país, una región, un pueblo sin respetar sus símbolos ni a los que lo habitan.

«Cierto tipo de izquierda casposa y poco imaginativa tiene la costumbre de despreciar los símbolos nacionales en la misma medida en que cierta derecha, casposa y poco imaginativa, tiene la costumbre de considerar los símbolos como una propiedad y el certificado de una identidad inequívoca.»

Muchos, cada vez más, estamos hartos de ser de ser descalificados como ciudadanos, calificados como fascistas y puesta en cuestión nuestra cualificación democrática por personas que parecen haberse erigido en impartidores de verdades sin otra credencial que el desprecio y el rencor.

Desprecio por todo lo que suponga una identidad y rencor por todo lo que pueda estar asociado a esa identidad. Y para justificarlo les basta con asociarlo todo, me temo que hasta la prehistoria, a un periodo concreto y nefasto de nuestra historia que no podremos resolver mientras su rencor no decaiga o el fervor por él de algunos pocos sea alimentado sistemáticamente por el odio de los primeros.

El permanente y pertinaz sistema de enfrentar a la sociedad, de partirla y descalificar a la parte con la que no se identifican no hace otra cosa que descalificar a esos pretendidos líderes que se afanan, y ufanan, descalificando a millones de ciudadanos que no piensan como ellos.

Yo no podría calificar de casposos o fascistas a la globalidad delos manifestantes del domingo, pero ni mucho menos podría calificar de traidores o de felones a personajes, o personas, que solo me parecen incapaces, soberbios y ambiciosos. Y no podría porque tanto lo uno como lo otro intenta descalificar con adjetivos genéricos, injustos y difíciles de demostrar, algunos de ellos solo utilizables en un proceso judicial.

Guardemos las palabras para aquello que fueron concebidas, para comunicarnos, para acercarnos a la verdad, a la memoria, a la belleza, a la razón, y guardemos en un lugar de acceso restringido a las que sirven para descalificar.

No, el domingo la manifestación no puede considerarse como un éxito. No, no todos los que compartían la necesidad de que el Sr. Sánchez convoque elecciones estaban en Colón. No, no todos los que no fueron consideran al señor Sánchez y sus métodos válidos para sacar adelante este país en sus circunstancias actuales. No, no todos los que fueron consideran que el Sr. Sánchez sea un traidor, o un felón. No, todos los que fueron, ni todos los que consideran que es imprescindible convocar elecciones, piensan que el líder necesario estaba en esa manifestación. No, no todos los españoles se sienten representados en alguno de los bandos, bandas según su forma de actuar, que unas elecciones pueden poner en juego. No, no todos los que reivindican la historia, la bandera, el himno o las tradiciones son fachas. No, no todos los que hacen desprecio de esas cosas son progresistas.

«No, no todos los españoles se sienten representados en alguno de los bandos, bandas según su forma de actuar, que unas elecciones pueden poner en juego. No, no todos los que reivindican la historia, la bandera, el himno o las tradiciones son fachas. No, no todos los que hacen desprecio de esas cosas son progresistas.»

No, no somos una tortilla a la que dividir en porciones para luego comérsela, entre otras cosas porque para hacer una tortilla hay que unir huevo y patata, y en este país ni los huevos respetan a las patatas, ni las patatas toleran a los huevos. Aquello de que los huevos ni olerlos.

Yo el domingo me lo pasé contando ovejas, unas de manifestación, otras de mitin y otras muchas balando barbaridades en los medios de comunicación y las redes sociales, según el rebaño al que creen pertenecer. Un rebaño en busca de un pastor que la tradición y nuestra idiosincrasia nos niegan.

Sin novedad en el frente

Lo malo de una guerra, una vez declarada e iniciada, es que alguien va a perder. Lo malo de una guerra es que alguno de los contendientes no ha medido correctamente sus fuerzas y va a salir derrotado. Lo malo de una guerra, de casi cualquier guerra es que transcurrido un cierto tiempo ya se tiene claro quién no la va a ganar, incluso que el que no la va a perder quisiera que no hubiese sucedido. Lo malo de una guerra es que entre la derrota y el reconocimiento de la misma transcurre un tiempo en el que los daños son prescindibles pero inevitables, porque a nadie le gusta perder, porque a nadie le gusta perder absolutamente y todos los derrotados buscan eso que maniqueamente se llama una salida digna. No siempre la hay, no siempre se concede.

También es verdad que esa dignidad de la salida depende mucho de la inquina, de la prepotencia, de la soberbia desplegada durante las batallas. No pierde igual aquel que lo único que ha generado es odio que el que ha pretendido luchar dignamente por aquello de lo que estaba lealmente convencido, aunque todas las batallas, por el sufrimiento que causan, son reas de dolor que pide dolor. En la generosidad del vencedor, en su comprensión hacia el perdedor y sus motivos, radicará la dignidad de la salida pactada. Un final con honor o una derrota total.

En España estamos viviendo una guerra, en realidad varias todas interconectadas, que teniendo ya un perdedor no tiene claro ni su final ni los términos en los que este verá la luz.

Una guerra provocada por un conflicto mal legislado, mal administrado, mal planteado y, de momento peor resuelto. Es curioso que los legisladores siempre esperan a que se genere el problema en términos inaceptables para empezar a buscar las soluciones, aunque uno pueda pensar que su trabajo debería ser buscar las soluciones para evitar los problemas. Seguramente su devenir político y partidista no les deje el tiempo imprescindible para pensar en sus funciones y sus obligaciones.

El caso es que, sea como sea, nuestras calles se han llenado de taxistas, teóricamente patronos, indignados por la situación de competencia, en muchos casos provocada por su propia incompetencia, desleal, por una legislación incorrectamente planteada e incorrectamente aplicada, que argumentan como obreros contra obreros a los que les llaman patronos. Ya el planteamiento en sí es perverso, pero más lo es el desarrollo cuando cierto ministro en franca dejación de sus funciones, también se puede hablar de extrema cobardía política, traslada la resolución del problema a las administraciones de menor rango, posibilitando acuerdos locales que ni resuelven el problema de forma homogénea, ni siquiera semejante, o lo que es lo mismo, creando agravios comparativos entre colectivos de distintos lugares con diferentes logros en sus demandas en un único territorio nacional. Un sindiós que diría un amigo mío.

«El caso es que, sea como sea, nuestras calles se han llenado de taxistas, teóricamente patronos, indignados por la situación de competencia, en muchos casos provocada por su propia incompetencia, desleal, por una legislación incorrectamente planteada e incorrectamente aplicada, que argumentan como obreros contra obreros a los que les llaman patronos»

Y ahí estamos. Los taxistas de Madrid no saben cómo acabar una movilización en la que se han enfrentado a sus propios clientes, con unas pretensiones iniciales dictadas por unos logros ajenos a los ciudadanos, otorgados por las ¿autoridades? catalanas, y que han expulsado a la competencia de las calles de Barcelona, imposibles de logar en Madrid, con unos mensajes y hechos de cariz radical, cuando no violento, difíciles de asumir por la opinión pública y viendo como su pretendida fuerza se va diluyendo en el tiempo y la sinrazón.

No menos importantes que las batallas, en las guerras, son los personajes que surgen a su fragor. En Madrid se ha hecho famoso “Peseto Loco”, parece ser que un taxista de ideas radicales y tirón mesiánico que parece arrastrar a los más extremistas entre los movilizados, que tampoco son todos aunque si la mayoría. No conozco a la persona, desconozco bastante al personaje, pero si tengo claro que cuando lo nombro la memoria se me mueve entre Tiroloco McGraw, aquel dibujo animado de Hanna y Barbera que era un caballo vaquero con cargo de sheriff y habilidades para conducir diligencias, y Caballo Loco, famoso jefe piel roja que empezó una guerra que nunca podía haber ganado. Ni la humorística vida del dibujo animado, ni la heroica del jefe Sioux, parecen ejemplos válidos en la lucha de los taxistas, pero de ambas se pueden sacar paralelismos, y ninguno es positivo.

Lo malo de esta historia es que acabe como acabe, sea con una salida digna o con una rendición sin condiciones, el conflicto entre dos formas de ver y enfocar dos negocios que se hacen competencia no será otra cosa que un aplazamiento más de la solución definitiva que el problema demanda. Claro que eso pasará por un ministro capaz y unas asociaciones dispuestas más negociar que a movilizar y secuestrar ciudades y ciudadanos.

Sin necesidad de ser oráculo el momento dice que sin haber acabado el enfrentamiento actual ya podemos vislumbrar las tensiones futuras. Y si no al tiempo.

Tele 5. Entre el morbo y la compasión

El rescate de Julen se ha convertido en un hecho que ha puesto de manifiesto la solidaridad de la que nuestro país ha hecho gala cuando la desgracia ha hecho acto de presencia de forma pública. Atentados terroristas, aviones que se estrellan al despegar o aterrizar, trenes que descarrilan, edificios que explosionan, incendios, derrumbamientos, y un largo etcétera. Somos un pueblo que empatiza con el dolor ajeno; pero ¿lo hacemos cuando este dolor es más privado?, ¿cuándo la desgracia se ceba con el vecino de enfrente?, ¿cuándo la desgracia es continua en una zona de nuestro pueblo o ciudad?, ¿cuándo vemos que un indigente se está muriendo de frio en el banco de un parque?. Claro, hay instituciones para su asistencia, para eso están los servicios públicos, incluso los indigentes se mueren de hambre y de frío porque quieren, porque no quieren asistir a los refugios para que no los controlen, porque les gusta deambular de un lado para otro sintiendo la libertad a pesar de que su cuerpo se hiele de frio, o en invierno o en verano el sol aterrador les pegue al asfalto, porque les gusta curtir su piel con las inclemencias del tiempo.

Esta referencia a la injusticia social, sólo es un pequeño ejemplo de la gran solidaridad que existe en nuestro país, de lo grandes que somos, de lo compasivos que nos volvemos cuando nos encontramos con la desgracia ajena de frente, sin esperarla, y como de duros nos volvemos cuando a lo que tenemos que hacer frente es a esa falta de justicia social. Se podría decir que somos caritativos cuando esa caridad se convierte en un espectáculo que satisfaga nuestro propio ego, y que no falte, algo es algo, y menos da una piedra.

Pero, valga esta introducción para retomar el tema inicial, el que nos ha mantenido en vilo durante trece días, en los que muchos hemos elevado nuestra plegarias pidiendo por su supervivencia aunque en nuestro fuero interno estábamos seguros que era imposible que un niño tan pequeño pudiese vivir todavía. Nos hemos convertido en padres de ese niño sin serlo, ni sentir lo mismo que sentían sus verdaderos progenitores, porque ese dolor tan desgarrados sólo lo pueden sufrir ellos. Nos hemos sentido orgullos de sus rescatadores, un equipo de más de trescientas personas que no han descansado todo ese tiempo con el único fin de que se cumpliera un milagro que finalmente no se ha cumplido, de su hazaña, de haber sido protagonistas de un rescate que se ha convertido en un hito de España por su enorme complejidad, de unos héroes que han huido de las alabanzas de un país, porque como han manifestado sólo hacían su trabajo. 

Pero ha habido un contrapunto en toda esta historia, como es el espectáculo de algunos medios de comunicación, en especial la cadena que siempre juega con el morbo, Tele 5, convirtiendo en un circo mediático lo que para muchos ha sido un sufrimiento desinteresado durante esas casi dos semanas que ha durado el rescate, sobre todo el que montaron la tarde anterior al rescate del niño y que duro hasta la media noche, fallándoles lo más importante, que no se produjera durante su emisión, no se pudo consumar lo que el programa especial liderado por Ana Rosa buscaba, hurgar en el dolor de una familia, de un pueblo, incluso de un país. Morbo disfrazado de compasión. Morbo disfrazado de noticia. 

“… ha habido un contrapunto en toda esta historia, como es el espectáculo de algunos medios de comunicación, en especial la cadena que siempre juega con el morbo, Tele 5, convirtiendo en un circo mediático lo que para muchos ha sido un sufrimiento desinteresado durante esas casi dos semanas que ha durado el rescate»

Y un gran numero de tele espectadores pegados a la pantalla esperando ver como los rescatadores sacaban el niño en sus brazos, menos mal que no se ha visto. Menos mal que alguien ha puesto cordura en este juego de los medios, poniendo las distancias necesarias para que se dejara de especular con lo que para los rescatadores ha sido un esfuerzo sobre humano. 

Hay una línea muy delgada entre el derecho a la información y el espectáculo que algunos medios hacen al amparo de este derecho. Hay una línea muy delgada entre el morbo y la compasión, y Tele 5, como siempre se ha situado al lado del morbo.

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