Archivos de categoría para: Nacional

La República.0

José Enrique Centén Martín ♦ Historiador y ensayista.

20 de mayo de 2013

La República.0

La Pepa fue la 3ª Constitución del mundo tras la norteamericana 1787 y la francesa 1789; contenía 384 artículos, entre ellos cabe destacar:

Artículo 2. – La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.

También:

– Derecho de representación– La nación ejerce su soberanía mediante sus representantes en Cortes. 

– Igualdad de los ciudadanos ante la ley. – Supuso el fin de los privilegios estamentales.

– Reconocimiento de derechos individuales a: la educación, libertad de imprenta, inviolabilidad del domicilio, la libertad y la propiedad. 

– Se prohibía aplicar penas a los familiares de quien había cometido un delito, y el castigo debía recaer exclusivamente sobre el culpable de los hechos. La tortura estaba prohibida y se articulaba el derecho a la integridad física.

Medallón de la Primera República Plaza Mayor de Salamanca

El sentir republicano y liberal de la época se inició con la Revolución francesa, cuando se empezó a vigilar a los llegados desde el verano de 1789, posteriormente Carlos IV encargó a la Inquisición que combatiera la propaganda subversiva que penetraba bajo formas solapadas, como freno a la política ilustrada, se ordenó cierre de fronteras a las ideas revolucionarias (1793-1795).

La República española.0 fue ignorada por la importancia de Guerra de la Independencia y los avatares de la invasión napoleónica entre 1808 – 1814, originada por el Tratado de Fontainebleau en octubre de 1807 entre España y Napoleón con el pretexto de invadir conjuntamente Portugal, para su conquista y reparto.

Los borbones se trasladaron en marzo a Aranjuez, el 17 estalló el Motín de Aranjuez por el pueblo (pero orquestado por los fernandistas para ocupar el trono), revuelta contra de la invasión y control de las ciudades por las tropas francesas, abdicó el pusilánime de Carlos IV en su hijo <<El Felón>> Fernando VII. Madrid es ocupada por Murat el 23 de marzo siendo recibido como aliado por el doblemente traidor Fernando VII y ordenó a las tropas españolas apoyar la invasión de Portugal. Los Borbones se trasladaron a Bayona el 20 de abril y renunciaron tanto Carlos IV como Fernando VII al trono español el 5 de mayo, Napoleón cedió a su hermano José la corona de España tres días después del levantamiento popular del 2 de mayo en Madrid, mientras que los mandos del ejército, nobleza e Iglesia destacaron por su ausencia, claramente en contra de la Independencia de España. 

En marzo de 1812, ante el desgobierno general español al existir distintas Juntas territoriales, en Cádiz, y durante el asedio por las tropas imperiales se proclamó la posteriormente olvidada la Constitución de una República española.

Con el regreso de Fernando VII el 22 de marzo de 1814, algunos ciudadanos desengancharon los caballos de la carroza real y tirando de ella se gritaba ¡Muera la libertad y vivan las cadenas! Poco después el 12 de abril un grupo de diputados a Cortes absolutistas le reclamaban la vuelta al absolutismo. Finalmente, el 4 de mayo de 1814 emite en Valencia un decreto por el que disolvía las Cortes, abolía la Constitución de 1812 y toda labor legislativa de las Cortes de Cádiz restableciendo el absolutismo. Inmediatamente el régimen absolutista abordó la depuración de la administraciónlo que llevó a la expulsión de miles de funcionarios, especialmente docentes.

Sostiene un titular de prensa

Miguel Escudero ♦ Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

Sostiene un titular de prensa

Una amiga donostiarra me envía una foto singular. Junto al Merkatua (o mercado) de San Sebastián, un quiosco de prensa ofrece un tablón vertical con la portada de diversos diarios. La primera fila va ocupada por la de estos cuatro: Deia, Guipuzkoa, Noticias y Gara. Los tres primeros -imagino que de la misma cadena- coinciden de pe a pa en unas líneas y sostienen: “Sánchez abre ronda de contacto con Casado, Rivera e Iglesias y excluye a vascos y catalanes”. Me pide que lo comente y me indica que no son pocos quienes se paraban a echar una ojeada al mostrador. No entremos ya en que, según el protocolo, tiene que ser el Rey, en primer lugar, quien convoque al ganador de los comicios para que busque formar Gobierno. Me quiero fijar en el final de la frase en cuestión: “excluye a vascos y catalanes”.

Un auténtico disparate dominado por la mala fe. En efecto, se suplanta la realidad de ‘vascos y catalanes’ cuando solo se puede referir a ‘nacionalistas vascos y catalanes’. Es una chapuza inaceptable que ha colado entre los periodistas durante muchos años. Para remate, obsérvese la selección del verbo ‘excluir’: una sobrecarga de veneno. Lo cierto es que son los autores de esta noticia quienes nos excluyen a todos los que no somos nacionalistas de nuestra condición vasca o catalana. Hay que estar al quite, no queda otra.

Heridos y olvidados

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

Cada vez tengo más claro el deber de atender a las víctimas de todos los abusos, de la índole que sea y, en especial, a las que tengo más cerca, sin discriminación de ningún género. No es por afán de tranquilizar mi conciencia, sino por estar convencido de que la sociedad tiene que reconocer su dolor y acompañarlo. Es una cuestión de decencia y justicia la que nos obliga, so pena de ser incoherentes o impostores. A menudo somos torpes e ilusos. Leo a Antonio Miguel Utrera, herido en el atentado del 11M cuando tenía 18 años. Se niega a que aquel atentado sea ‘toda su vida’, sino una parte. Alude a las manifestaciones multitudinarias de solidaridad y dice algo que hay que saber captar: «La gente iba para honrar a las víctimas, pero también iba por su necesidad. Ese respaldo en la calle que ha quedado en la memoria no tiene una consecuencia directa en las víctimas. No critico a la gente, pero ojalá hubieran entendido que manifestarse el día 12 de marzo no hacía que yo el 5 de mayo estuviera mejor».

He leído este testimonio en ‘Heridos y olvidados’ (La Esfera de los libros) donde se aborda la realidad de los supervivientes del terrorismo en España. Sus autores son María Jiménez (es doctora en Comunicación y fue una magnífica directora de comunicación de COVITE) y Javier Marrodán (periodista y profesor de la Universidad de Navarra). En otras cinco entrevistas a víctimas del terrorismo político: Alejandro Ruiz-Huerta siente cierto complejo de culpa por no haber muerto en la matanza de abogados de Atocha, en 1977; estuvo diez años sin hablar de ello ni en privado. Natividad Astudillo tenía 29 años cuando resultó herida en el atentado de la cafetería Rolando, en 1974; un año de baja, operaciones y «problemas psicológicos, que están escondidos y no son fáciles de reparar». Ana Arregui, esposa de un ertzaintza herido en atentado, en 1995, recuerda la chulería desafiante de los terroristas durante el juicio. O Maribel Lolo, hija de un policía municipal herido en otro atentado, en Portugalete, 1978, y sometido a 30 operaciones. Maribel tenía solo 4 años. Olvidar no se olvida: «Me han robado la infancia». «Mi padre no me volvió a llevar al parque ni al cine, no me vio cuando me tiré de cabeza por primera vez a la piscina olímpica, no asistió a mi primera comunión ni hemos ido a tomar una hamburguesa juntos». Todo esto debe constar y ser escuchado. 

La deslealtad de los secesionistas catalanes a la II República

Rodrigo Vázquez de Prada y Grande. Periodista. Director de Crónica Popular

Un año antes de que se realizara La retirada, la marcha hacia el exilio de cientos de miles de españoles republicanos de la que se cumplen ahora 80 años, tuvieron lugar unos hechos realizados por los separatistas vascos y catalanes que, desgraciada y lamentablemente, enlazan a la perfección con el problema político más grave de nuestros días. Sin duda alguna, el más grave al que se ha enfrentado España desde que, tras la Transición, el pueblo español recobrara las libertades y derechos democráticos: el golpe de Estado de los secesionistas catalanes perpetrado en septiembre de 2017 y en torno al cual se está celebrando la vista oral ante la sala de lo Penal del Tribunal Supremo.

Los hechos se conocieron en marzo de 1938 y dejaban a las claras la baja catadura moral y política de los secesionistas. Mientras el Gobierno legítimo de la II República, presidido por don Juan Negrín, mantenía la defensa de la República contra el golpe de Estado de Franco y los militares- – “resistir, resistir y resistir” había pedido el presidente Negrín-, los separatistas vascos y catalanes desarrollaban gestiones secretas y al margen del Gobierno en pro de la mediación de Gran Bretaña para la paz por separado para el País Vasco y Cataluña. Un episodio más en el catálogo de deslealtades con España aquel que entonces se perpetró contra la II República y la Constitución de 1931 por parte de los secesionistas catalanes y vascos, antecesores de los golpistas cuyas actuaciones han quedado grabadas en video para la Historia universal de la infamia. 

Unos hechos, en fin, que provocaron ya entonces una contundente denuncia de la deslealtad del secesionismo, en la misma línea que en 2017 se pronunciara el Jefe del Estado, el Rey Felipe VI, cuando rechazó “la inadmisible deslealtad” de los independistas catalanes, en un discurso que supuso un fuerte aldabonazo en la conciencia de los millones de españoles constitucionalistas. En los años treinta del pasado siglo, uno de los políticos de más valía del socialismo español, Indalecio Prieto, había clamado contra ese proceder de los independentistas catalanes en plena República española. Y, pocos años después, el presidente del Gobierno republicano, Juan Negrín, manifestaba encolerizado su absoluto rechazo de las graves maniobras de los independentistas, realizadas, además, en los momentos cruciales de la guerra civil.

Realmente, se trataba de una operación de deslealtad con la II República en tres actos y una suerte de proemio. Su máximo protagonista, el ex militar y fundador de ERC, Francesc Maciá, que, ya en 1926, bajo la dictadura del general Primo de Rivera, había escrito ya el proemio, organizando el llamado “complot de Prats de Molló”: una invasión armada desde Francia, donde se encontraba exiliado, para provocar en Cataluña una insurrección general y proclamar la República catalana, separada del resto de España. Su detención por la gendarmería francesa, impidió aquella incursión armada y lo envió desterrado a Bélgica, país que se convertiría, 92 años después, en un “santuario” para otro secesionista catalán, el golpista fugado de la justicia española, Carlos Puigdemont.

Con este antecedente, el acto primero tuvo lugar en el mismo momento en que se estaba gestando la proclamación de la II República española. El 14 de abril de 1931, adelantándose unas horas a su proclamación en Madrid, Maciá volvió a repetir su intentona separatista. Eran las 2:30 de la tarde de aquella fecha histórica, cuando, asomado al balcón del Ayuntamiento de Barcelona, Maciá proclamó “el Estado Catalán”, que – según decía en su alocución- procuraría integrar en la Federación de Repúblicas Ibéricas. ERC, el nuevo partido formado por la fusión de Estat Catalá y Partido Republicano Catalán, había obtenido una mayoría en las elecciones municipales del 12 de abril. Y, al igual que sucedería en 2017, para Maciá aquella mayoría, le daba pleno derecho a hablar “en nombre del pueblo de Cataluña”. Su primera proclamación de independencia de Cataluña sería seguida de otras dos en la misma jornada: una de ellas a media tarde y la otra a última hora del día, una vez que se conoció la proclamación de la II República en la capital de España y que el Rey Alfonso XIII abandonaría nuestro país.

El Estado catalán duró tres días. Maciá renunció a su pomposa declaración de independencia tras el acuerdo con el Gobierno Provisional de la II República, en nombre del cual negociaron con él dos ministros catalanes, Marcelino Domingo y Lluis Nicolau d´OLwer, y el socialista Fernando de los Ríos, que se comprometieron a presentar en las futuras Cortes Constituyentes un Estatuto de Autonomía para Cataluña. Es decir, exactamente, lo que se había concertado en el Pacto de San Sebastián, acuerdo al que dado su asentimiento el partido Estat Catalá, liderado por Maciá, que participó en aquella articulación del republicanismo español celebrada en agosto de 1930.

Poco tiempo después, Indalecio Prieto declararía en Las Cortes, con ocasión del debate del Estatuto catalán: “En los 32 años de vida política que llevo, no he conocido un caso de deslealtad más característico que el realizado por los republicanos catalanes…” Como recuerda la directora de la Real Academia de la Historia Carmen Iglesias, en su estudio sobre Las Constituciones de 1931 y 1978, el dirigente socialista acusó a los secesionistas de “haber creado en Cataluña un “Estado de hecho” para forzar a las Cortes Constituyentes y al país a sancionar lo que habían realizado en contra de lo que solemnemente se había acordado en el Pacto de San Sebastián” (1) 

El segundo acto, tuvo lugar tres años más tarde, el 6 de octubre de 1934. Lo protagonizó el sucesor de Maciá al frente de la Generalitat, Lluis Companys, que, a las ocho y diez minutos de la tarde de aquel día, nuevamente proclamó el Estado Catalán, en este caso, señalaba él, dentro de la República Federal Española. En su discurso, pronunciado desde el palacio de la Generalidad, se arrogaba también, al igual que lo había hecho Maciá tres años antes, hablar en “nombre del pueblo y del Parlamento” y justificaba su decisión en que “las fuerzas monárquicas y fascistas que de un tiempo a esta parte pretenden traicionar a la República, han logrado su objetivo y han asaltado el Poder”. Hacía suyo, por tanto, el desacertado análisis efectuado por la izquierda española en aquel momento y duramente rebatido por el historiador comunista David Ruiz en su obra Octubre de 1934. Revolución en la República española (2), análisis según el cual el triunfo de las derechas en las elecciones de aquel año recreaban en España el Gobierno de Dolfuss en Austria y el asalto del fascismo a las instituciones democráticas.

Este segundo acto de la deslealtad secesionista duró mucho menos que el urdido por Maciá. Se acabó en diez horas. Pero, como un ejemplar contrapunto a la deslealtad secesionista, brilló la gallarda lealtad a la II República y a su Constitución de uno de los militares de más prestigio en la historia del Ejército español, el general Domingo Batet Mestre. Un militar al que el historiador norteamericano Stanley G. Payne describe en su obra Los militares y la política en la España contemporánea, como “un liberal que había participado en las conspiraciones contra Primo de Rivera”, “hombre de familia rica y de opiniones liberales” (3) y queen aquel momento, era general en jefe de la IV División Orgánica, que así se llamaba entonces la Capitanía General de Cataluña tras la reforma militar de Azaña. 

Fiel a la Constitución y al Gobierno de la II República, el general Batet rechazó tajantemente ponerse a las órdenes de Companys “para servir a la República Federal que acabo de proclamar“, tal como le conminó éste, y declaró el estado de guerra aplicando la Ley de Orden Público de 1933, con arreglo a lo que le pidió el Gobierno presidido por otro catalán, Alejandro Lerroux. 

Frente a lo que le instaba desde Madrid el general Franco, encumbrado entonces por el ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, notario extremeño y militante del Partido Radical, que le nombró asesor militar personal, el general Batet minimizó el uso de la artillería contra los defensores del proclamado Estado catalán, aunque no pudo evitar que murieran cuarenta y seis personas: treinta y ocho civiles y ocho militares. Y, poco tiempo después, a las seis de la mañana del día 7, Companys se rendía al general Batet. Unas horas antes, había huido del palacio de la Generalitat por las alcantarillas, y terminaba su huída en Francia, su consejero de Gobernación, Josep Dencás, que, pocos meses antes, se había declarado al vicecónsul italiano en Barcelona como “ferviente militante fascista camuflado”.

El desenlace de este segundo acto de deslealtad está dotado de perfiles que merece la pena recordar en estos momentos en que los golpistas catalanes están siendo juzgados por el Tribunal Supremo. Las diversas analogías saltan a la vista en ambos procesos. De un lado, la autonomía catalana fue suspendida indefinidamente por una ley aprobada el 14 de diciembre, a propuesta del Gobierno. De otro, Companys y todos los integrantes del gobierno de la Generalitat fueron condenados por el Tribunal de Garantías Constitucionales, en junio de 1935, como autores de un delito de rebelión miliar, a 30 años de prisión. Un año después, sin embargo, el Gobierno del Frente Popular indultó a todos ellos…sin que ello supusiera en ningún momento, tal como se demostró posteriormente, conversión alguna de los independentistas en respetuosos demócratas del orden constitucional de la II República.

Exiliado en Francia, Companys fue detenido allí por la Gestapo, que, en agosto de 1940, lo entregó a las autoridades franquistas, que lo condenaron y ejecutaron. Tres años antes, había corrido la misma suerte, el militar constitucionalista que puso fin a su delirio independentista, el general Batet, condecorado con la Laureada de San Fernando, la máxima distinción militar, por su defensa del orden constitucional de la II República y haber abortado con la máxima celeridad y el mínimo de pérdidas humanas el golpe de Estado de Companys. El 18 de febrero de 1937, había sido fusilado, tras haberse negado a secundar el golpe de Estado de Franco. 

Tal como relata Hilari Raguer, historiador y monje de Montserrat, en su obra El general Batet. Franco contra Batet: crónica de una venganza (4),Batet sufrió con una admirable dignidad hasta su muerte el rencor del dictador, cuyo odio visceral residía en dos actuaciones impecables del general catalán: ser autor de uno de los informes que conformaron el Expediente Picasso sobre el “desastre de Annual” y los militares africanistas y por no haber intervenido en Cataluña en 1934 con la misma dureza que había aplicado el general Yagüe contra los mineros de Asturias…

Pero, al mismo tiempo, Hilari Raguer subraya la entereza final ante la muerte de un militar que dirigió a los soldados que le iban a fusilar unas palabras estremecedoras y de una gran gallardía: “Disparadme al corazón, os lo pide vuestro general”. Como recuerda el historiador británico Paul Preston en el prólogo al libro de Hilari Raguer, Franco se cuidó de vejar con un sádico refinamiento la sentencia condenatoria, incluyendo su expulsión del Ejército bajo la acusación de «su probado desamor a España”.

El tercer acto de la deslealtad secesionista con la II República, tuvo lugar, como indico el comienzo de estas líneas, en 1938. Lo relata el historiador Enrique Moradiellos, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura y autor de la más amplia y rigurosa obra sobre el presidente de Gobierno de la II República, el doctor Juan Negrín (5) y de otros trabajos anteriores sobre la posición que mantuvo Gran Bretaña en relación con la guerra civil española en general y con los secesionistas catalanes en particular (6). 

La operación secesionista en Gran Bretaña comenzó a finales de abril de dicho año, cuando, Josep María Baptista i Roca, que se titulaba “amigo personal del presidente Companys, Jefe del Estado de Cataluña” (sic), se presentó al Foreign Office “para saber si había alguna posibilidad de concertar un armisticio en España”, aunque, en realidad, su pretensión, tal como confesó al subsecretario de Exteriores británico, sir Alexander Cardogan, era “salvar a Cataluña”. A partir de este momento, Baptista i Roca continuó sus entrevistas en el Foreign Office, con el apoyo del gobierno autónomo vasco y acompañado personalmente por José F. de Lizaso, representante personal en Londres del lendakari del Gobierno Provisional Vasco, el peneuvista José Antonio Aguirre (7).

Un año antes, en mayo de 1937, en vísperas de la caída de Bilbao ante las tropas franquistas, Lizaso había empezado por su cuenta una gestión unilateral con Gran Bretaña, poniendo como condición de la mediación británica el reconocimiento del “derecho de autodeterminación de los pueblos” y anunciando al mismo tiempo que las tropas vascas no seguirían luchando fuera de Vizcaya, puesto que España “era un país extranjero y hostil”. Prácticamente, los mismos términos en que se expresaba un memorándum suscrito por los gobiernos catalán y vasco, en junio de 1938, que condicionaban la mediación británica a que tanto Cataluña como Euzkadi estuvieran representadas “directamente” en cualquier conferencia de paz (8). 

Todas estas gestiones, tanto la de los secesionistas vascos como las de los catalanes, primero cada uno por su lado y luego conjuntamente, fueron hechas al margen por completo de la embajada en Londres de la II República, cuyo titular era entonces Pablo de Azcárate, padre del que fue dirigente del PCE, Manolo Azcárate y reconocido diplomático e historiador, que había dejado su puesto de Secretario general adjunto de la Sociedad de Naciones para desempeñar aquel cargo en la capital británica. Su antecesor en la embajada había sido el escritor asturiano Ramón Pérez de Ayala que, después de haber formado parte de la Agrupación al Servicio de la República, y tomado posesión del cargo de embajador en 1932, terminó inclinándose a favor del bando franquista, por lo que presentó su dimisión.

Sin embargo, a pesar de estar hechas de espaldas a la embajada española, llegaron a oídos del presidente Negrín. Según subraya Enrique Moradiellos, la información le pudo haber llegado a través de los espías británicos conocidos muchos años después como “los cinco de Cambridge”:un potente grupo de altos funcionarios de los servicios de inteligencia de Gran Bretaña que, al tiempo, servían a la URSS como agentes de la KGB debido a sus firmes convicciones comunistas y del que formaban parte desde el periodista Kim Philby al historiador del arte y asesor artístico personal de la Reina de Inglaterra, Anthony Blunt que lo nombró sir de la Corona Real y. muchos años después, en 1979, fue destituido de su cargo de conservador de las colecciones reales, por la premier conservadora Margaret Thacher, la “dama de hierro”. 

Resulta altamente probable que miembros de este grupo fueran la fuente que informó al Gobierno de la II República. Durante los años de la guerra civil española, uno de integrantes de “los cinco de Cambridge”, Donald D. Maclean, era precisamente uno de los funcionarios del Foreign Office encargados de tramitar y analizar las gestiones de los catalanes y vascos, mientras que el considerado como responsable de este equipo de espías de la KGB, el periodista Kim Philby, se encontraba en España, en la zona franquista, como corresponsal del prestigioso The Times (9), lo que le permitía moverse en España con suma facilidad y contactar, si así lo precisaba su trabajo de inteligencia, y aunque tuviera que ser a través de personas interpuestas, con miembros del Gobierno republicano.

Como quiera que fuere, el presidente Negrín conoció los turbios manejos de los secesionistas catalanes y vascos y, reflexionando con profunda amargura sobre lo que estaba ocurriendo en Londres, pronunció entonces unas palabras escasamente conocidas todavía hoy en día pero que ponen en evidencia tanto su frontal rechazo de los nacionalismos independentistas como el amor a España de un estadista de profundas convicciones socialistas como él. Un político que, además, fue uno de los mejores científicos y catedráticos que tuvo nunca la Universidad española, formado en Alemania y que, dotado de una gran altura intelectual y políglota, podía hablar en su idioma – como lo hizo- con los grandes estadistas de su tiempo:

No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: España. No se puede consentir esta sorda y persistente campaña separatista y tiene que ser cortada de raíz si se quiere que continúe siendo ministro de Defensa y dirigiendo la política del Gobierno, que es una política nacional.

Nadie se interesa tanto como yo por las peculiaridades de su tierra nativa: amo entrañablemente todas las que se refieren a Canarias y no desprecio, sino que exalto las que poseen otras regiones, pero por encima de todas esas peculiaridades, España.

El que estorbe esa política nacional debe ser desplazado de su puesto. Antes de consentir campañas nacionalistas que nos lleven a desmembraciones, que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco, sin otra condición que se desprendiese de alemanes e italianos. 

En punto a la integridad de España soy irreductible y la defenderé de los de afuera y de los de adentro. Mi posición es absoluta y no consiente disminución” (10).

La pertinencia y actualidad de estas palabras de Negrín sobrecogen todavía hoy. Al menos a mí. Y no cabe duda alguna de su autenticidad. Las recogió de sus labios, directamente, uno de sus colaboradores más cercanos, otro socialista de la primera hora, el periodista Julián Zugazagoitia, que fue director de El Socialista, ministro dos veces de la II República, primero de Hacienda y después de Gobernación y, finalmente, secretario general de Defensa, cartera que Negrín aunaba con la presidencia del Gobierno. Un socialista muy próximo a Indalecio Prieto primero y a Juan Negrín después, al lado del cual permaneció hasta el último momento de la guerra civil.

Zugazagoitia – que en su prólogo a esta memorable obra, había escrito “no hay peor enemigo del español- y de lo español- que el español mismo”(11)- murió fusilado en las tapias del Cementerio del Este de Madrid el 9 de noviembre de 1940, tras haber sido condenado a muerte en Consejo de Guerra celebrado en julio de dicho año, tal como recuerda el historiador Santos Juliá en un texto biográfico de Zugazagoitia de gran valor (12). Se había exiliado a Francia y en París fue detenido por la Gestapo, que lo entregó a la policía franquista junto a Companys y el anarquista Joan Peiró, ex ministro de Industria de la República. 

Zuga, así lo llamaban sus compañeros de partido, reprodujo estas palabras de Juan Negrín en su libro Historia de la guerra en España, que escribió en París, entre 1939 y 1940, cuando todavía estaban muy frescos los recuerdos de la incivil contienda, teniendo, además, a la vista las notas que tomaba día a día a lo largo de una dilatada vida política. Su Historia de la guerra en España fue editada por primera vez en la Argentina, en 1940, con ese título y, posteriormente, en 1968, en París, por la editorial Librería Española, fundada por el republicano español Antonio Soriano, como Guerra y vicisitudes los españoles, con un prólogo espléndido de Roberto Mesa, catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid y vicerrector de la UCM con el socialista Francisco Bustelo como Rector, que escribió otro prólogo para la edición de esta obra editada por Ediciones Éxito en 1978 (13). Posteriormente, fue editada varias veces por otras editoriales, entre ellas Crítica y Tusquets.

En su libro, Zugazagoitia apostilla las palabras de Negrín con el siguiente comentario: “El propio Azaña no se hubiera pronunciado con más vehemencia. En este tema, los dos presidentes eran correligionarios” (14 ). 

Rodrigo Vázquez de Prada y Grande. Periodista. Director de Crónica Popular

Notas:

(1)Carmen Iglesias, No siempre lo peor es cierto. Estudios sobre Historia de España, Galaxia Gutemberg, Círculo de Lectores, 2008, pág. 658.

(2)David Ruiz González, Octubre de 1934. Revolución en la República española, Síntesis, 2008.

(3)Stanley G. Payne, Los militares y la política en la España contemporánea, Ruedo Ibérico, París, 1968, págs. 202 y 258.

(4)Hilari Raguer, El general Batet. Franco contra Batet: crónica de una venganza, Ediciones Península, Barcelona, 1996.

(5)Enrique Moradiellos, Don Juan Negrín, Editorial Península, 2006.

(6)Enrique Moradiellos, El gobierno británico y Cataluña durante la República y la guerra civil, El Basilisco, nº 27, Oviedo, 2000, págs.. 21-36; Enrique Moradiellos, Neutralidad benévola. El gobierno británico y la insurrección militar española de 1936, Oviedo, Pentalfa, 1990.

(7)Enrique Moradiellos, obra cit., págs. 369.

(8)Enrique Moradiellos, obra cit. pág.368.

(9)Enrique Moradiellos, obra cit. Pág. 372; Ch. Andrew y O. Gordievsky, KGB. The Inside Story, cap. 6 y págs. 167 y-170.

(10)Enrique Moradiellos, obra cit. págs. 372 y 373. Julián Zugazagoitia, Guerra y vicisitudes de los españoles, Editorial Éxito, 1978, tomo II, págs.454.

(11) Julián Zugazagoitia, obra cit., tomo I, pág 15.

(12) Santos Juliá, Julián Zugazagoitia, prólogo a Guerra y vicisitudes de los españoles, Barcelona, Tusquets, 2001, páginas I-XXXI.

(13) Julián Zugazagoiti, obra cit., págs.7-13.

(14) Julián Zugazagoitia, obra cit., pág. 454.

Crónica Popular

Historia y entusiasmo

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

El profesor Ricardo García Cárcel se jubila este año de su cátedra de Historia Moderna de la UAB. Escritor, investigador y premio Nacional de Historia, García Cárcel ha formado también a un puñado de historiadores que le reconocen como maestro. La clave de este magisterio no es solo una necesaria humildad, sino su ejemplar entusiasmo por el conocimiento crítico del pasado, siempre concreto, desarrollado en innumerables horas pasadas sin desmayo en los archivos de Historia. Un trabajo dedicado a ‘recomponer la mentalidad de los hombres de otra época’, como pedía Lucien Febvre, y configurar un proyecto de futuro. Acaba de salir un libro coordinado por los profesores Doris Moreno y Manuel Peña: Diálogos con la historia (Cátedra), subtitulado ‘Ricardo García Cárcel y el oficio de historiador’ y en el que han colaborado más de treinta historiadores, entre ellos su viejo amigo Carlos Martínez Shaw (“hermanos siameses en muchos aspectos”, dice éste) y el legendario John Elliott.

Ricardo García Cárcel

Cuenta Ricardo García Cárcel que ya de pequeño quería ser historiador y que la Historia era para él una fijación personal; su padre, que tanto le empujó a ser recto, estudioso y un extraordinario trabajador, hubiera preferido otra carrera para él, pero nunca se opuso a la decisión que su hijo Ricardo adoptó. En una larga entrevista que los coordinadores del libro le hacen, García Cárcel explica que su director de tesis Juan Reglà le propuso irse con él a la UAB. Llegó en 1972, desde su Valencia natal, y durante un período tuvo que vender enciclopedias para ganarse la vida. Al año siguiente leyó su tesis doctoral, un mes antes de que muriera el profesor Reglà. En 1978 ganó la oposición de adjunto y poco después logró la cátedra.

Tengo la suerte de ser su amigo y admiro y comparto su método de ‘comprender y hacer comprender, no juzgar’. Enfoca la historia desde las mentalidades y no desde las ideologías; es alérgico al espíritu dogmático y tiende a la heterodoxia. Contribuye a elaborar un relato veraz que no dependa de la identidad de quien lo haga. Fiel a sí mismo, busca hacer lo que su conciencia le dicta. De Francisco Tomás y Valiente señala que “era puro encanto personal”. Estoy esperando con ilusión y con especial confianza y deseo, nuevos y ricos frutos intelectuales de Ricardo García Cárcel en estos próximos años. ME

Mis colores, mi Cádiz

José Enrique Centén Martín. Historiador y ensayista.

La Naturaleza nos brinda tres plantas que coinciden en su crecimiento y en el mismo lapsus de tiempo siendo sus colores, el rojo de la amapola, el amarillo del trigo y la flor de la malva, esa espontaneidad de colores son la bandera de aquellos que murieron y de los que vivimos deseando una España justa en la forma de Estado. Lo definió magistralmente el escritor y político José de Espronceda1 cuando asociaba la igualdad con: «la emancipación de las clases productoras, hasta ahora miserables siervos de una aristocracia tan inútil como ilegítima. Ella sola es la fianza de la Libertad, así como de la Fraternidad y el símbolo de su fuerza». Por esto: «el primer grito es el de Fraternidad para que el triunfo de la Libertad sea cierto».

Detalle Monumento a las Cortes de Cádiz

Esos colores y mi Cádiz son ejemplos a seguir y llevar en el corazón, la ciudad dio la 1º Constitución “La Pepa” en 1812, y en su Artículo 2 decía: “La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.”

También fue un hito de tenacidad ante el asedio que sufrió desde febrero de 1810, y donde las tropas napoleónicas fueron derrotadas el 24 de agosto de 1812, sin entrar en la ciudad.

Los s. XIX y XX, fueron siglos convulsos donde el pueblo español soportó invasiones, guerras carlistas durante 67 años y dictaduras que causaron gran mortandad por represalias políticas, e inestabilidad que llegó hasta 1975 total 167 años, protagonizado principalmente por los dos mayores genocidas españoles, Fernando VII y Franco.

Espronceda nació en 1808 y hasta su fallecimiento en 1842 fue testigo y actor importante en este convulso país, como el:

– Pronunciamiento de Torrijos con Juan Van Halen en 1817 con la pretensión de restablecer la Constitución de 1812 a Fernando VII.

– Levantamiento de Rafael del Riego, el 1 de enero de 1820 en Cabezas de san Juan (Sevilla) consiguió que Fernando VII jurara “La Pepa” el 10 de marzo.  

– La invasión de los Cien Mil Hijos de san Luis en abril 1823, con la restauración absolutista de Fernando VII.Riego derrotado, detenido y arrastrado por la calle del Humilladero en un serón hacia el patíbulo de la plaza de la Cebada en Madrid, fue ahorcado y posteriormente decapitado.

– El asesinato de Mariana Pineda en mayo de 1831, por bordar la bandera Tricolor contra el absolutismo borbónico, con el lema “Libertad, Igualdad, Ley”.

– Regreso de Torrijos, exiliado desde 1823 en Inglaterra, en 1831, vía Gibraltar entró en Málaga blandiendo tres palabras “Patria, Libertad e Independencia”, nueve días después fue fusilado.

Por la República y sus colores muchos lucharon y fueron derrotados, pero la llama no se extinguió, llegará el triunfo definitivo2 y se hará realidad el pensamiento de Espronceda.

¿Cómo no vamos a tener esperanza los republicanos españoles?

1.- Espronceda, participó en las barricadas de París en julio de 1830 contra la entronización de Luis Felipe (último rey de Francia) y representante del liberalismo financiero, similar a la situación actual con los Neoliberales españoles. En 1834 las ideas republicanas de Espronceda comienzan a ser ampliamente conocidas en los círculos políticos y literarios de Madrid, consiguiendo una sólida reputación como escritor, así como por su pensamiento político y social a través de diversos artículos en periódicos o en el Ateneo, falleció el 23 de mayo en 1842, dejando su impronta de rebelión moral y la política, y una muy elevada creación artística como poeta representativo del Romanticismo español.

2.- Los escépticos, los monárquicos y los Neoliberales españoles pregonan continuamente que ya ha habido dos Repúblicas fracasadas en España, sin entrar en los motivos pongamos el ejemplo de Francia. 1ª República desde 1792 a 1804, abolida por el Imperio de Napoleón Bonaparte que gobernó hasta 1815. Entra Luis XVIII reina hasta 1824, sin hijos, a su muerte le sucedió su hermano Carlos X hasta 1830 (último Borbón), fue derrotado por la revolución de 1830 (cuadro de Eugène Delacroix), es entronado Luis Felipe I de Francia (participó Espronceda en su contra), de nuevo una Revolución en 1848 dió paso a la 2ª República hasta 1852, abolida por el 2º Imperio con Luis Napoleón, este fue derrotado en 1870 por los Prusianos. En 1875 fue aprobada en la Asamblea Nacional la 3ª República por un solo voto (353 a 352), duró hasta 1940 con la II Guerra Mundial y Francia en guerra e invadida. La IV República desde 1946 a 1958, fue la reedición de la III, y la V República desde 1958 hasta hoy. Cinco distintas pero una sola forma de Estado más justo.

República

¿Quién es Dios?


Feliciano Morales. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

He tratado de eludir enfrentarme a esta pregunta, no por la respuesta, sino de la forma en que ésta es aceptada o rechazada por quien se haya atrevido a entrar en estas profundidades, y por las formas en que dicha aceptación o rechazo se manifiesta. 

También, quiero dejar claro que no pretendo abordar este tema desde una perspectiva religiosa y hacer de la respuesta a tal pregunta algo dogmático, entre otras razones porque encasillar todo no es de mi agrado. Me es imposible aceptar algo si no lo entiendo porque mi fe es más bien poca y, a veces, mi corazón duro… y la carne débil.

Por otra parte, tengo verdadero horror a esos dioses a los que se les pone cara, porque las caras han causado y siguen causando mucho daño. Dioses que se emplean al antojo del usuario teísta. Jeová, Dios, Alá, Buda, pero también, los dioses del amor, de la fortuna, de la salud… de la guerra… Elijan el bazar espiritual ha abierto sus puertas.

No soy digno de tener un dios con cara y, ante la pregunta de si pueden existir otros dioses que no sean los que la religión de cada uno nos ha inculcado, la respuesta debe ser afirmativa.

Los más ateos, algunos de ellos llevando el ateísmo como una religión, que paradoja, aseguran, ya que ellos nunca se preguntan por estar por encima de dioses, niegan la  existencia de cualquier dios con el único fundamento que no se puede probar, pero además, porque, poniendo en relación con el  aspecto dogmático de las religiones éstas atentan contra la libertad del individuo. Y no les falta, en cierto modo, razón: para afirmar que algo existe hay que probarlo.

No puedo, y pretendo menos aún, imponer una creencia sobre algo. Las cosas son o no son, existen o no existen, son tangibles o no lo son

Tras algunas lecturas del Nuevo Testamento, y algo del Antiguo, estoy convencido que de la misma manera que si hubiese leído el Corán o cualquier otro libro sagrado, que he empezado a hacerlo, el resultado sería el mismo para mi. El rechazo de los dioses con cara, y menos un dios que premia a los buenos y castiga a los malos…. 

Perdonen le petulancia, necesito un Dios más grande, más infinito… sin número de serie y menos con un manual de funcionamiento bajo el brazo. No puedo con esos dioses y, menos aún con quienes los defienden desde el fanatismo. Desde un fanatismo terrorista no sólo con víctimas de carne y hueso, sino también con víctimas ideológicas al actuar contra su libertad de pensamiento, de actuación, de decisión; es decir, anulando a las personas.

Así pues, si el ateísmo es no creer en un dios con cara, soy ateo, pero si el ateísmo es no creer en ningún dios, entonces, la cosa cambia.

En mi creencia no cabe el chantaje, con promesas o velas a cambio de favores sobrenaturales. Tampoco para tener tranquila mi conciencia pensando en el paraíso. Ya me vale con tenerla sobre mis derechos y deberes civiles para enredarme en problemas de conciencia teísta. 

Mi Dios no se acomoda a las necesidades del hombre, más bien al contrario, porque el Dios en el que creo es un todo y es un nada, es la expansión, lo infinito, la creación de la vida, el alfa y el omega, la explosión y expansión constante del universo, las energías que surgen cuando explosiona una Supernova, o la que se concentra en su interior al nacer. Dios es el universo, es la persona que tenemos enfrente, el planeta en el que vivimos y no respetamos, por eso necesitamos acomodarnos a ese Dios.

Todos y cada uno estamos unidos por un árbol de la vida que nos hace parte de un todo, lo que al final debía traducirse en un respeto “quasi sagrado» a todo cuanto nos rodea, a quienes igual que nosotros forman parte de es Dios, de ese polvo cósmico y/o energía cósmica en constante expansión. Eso demuestra que mi Dios es tangible, que existe.

Presentación del libro: “Sostiene Mengano”

Entrevistamos a su autor Miguel Escudero, profesor titular de Matemática Aplicada de la UPC y escritor.

 

 

 

 

El pasado 18 del actual mes de marzo tuvo la presentación en la Casa del Libro de Madrid, del libro “Sostiene Mengano”, Ediciones Carena, de Miguel Escudero, habitual colaborador de este Magazine y de otros medios; profesor titular de Matemática Aplicada de la UPC y escritor, quien explica que: “Mengano es una voz de origen árabe que significa ‘quien sea’. Antonio Machado escribió en su retrato: “a distinguir me paro las voces de los ecos, y escucho solamente, entre las voces, una”. Así, he querido analizar de forma simple y clara algunas afirmaciones o negaciones. ¿Son de recibo y por qué? Y para ello he escogido a alguien cualquiera, desde Kant hasta un anónimo sepulturero, desde Isabel Coixet hasta Simone Weil.”

Miguel Escudero en el Centro. A su derecha (según se mira) Francesc de Carreras, y a su izquierda, Ramón Tamames. Uso permitido por Miguel Escudero

La presentación tuvo lugar en La Casa del Libro de Fuencarral, con un lleno total de la sala, estando el autor acompañado del economista Ramón Tamames, el jurista Francesc de Carreras y José Membrive, editor de la obra.

Con motivo de la presentación de “Sostiene Mengano”, tenemos la satisfacción que su autor nos permita formularle algunas preguntas:

De todos los “menganos” que habla en su libro, ¿cuál es su favorito y, por el contrario, al que guarda menos simpatía?

Son muchos mis preferidos, desde el anónimo sepulturero que me conmovió hasta el gran sindicalista que fue Ángel Pestaña o la extraordinaria y sensible psicóloga clínica que es Beatriz Garvía.

Perdón por entrar con el plato fuerte: En su libro, hay una amplia representación de personas y personajes destacados de todos los ámbitos de la cultura, el arte, las ciencias, la literatura, la historia, la política…, muchos de ellos destacados por su libre pensamiento. ¿Qué entiende Vd, por libre pensamiento?.

En esta hora, ‘libre pensamiento’ sería sinónimo de atreverse a pensar y a expresarse con rigor y razonablemente, sin mirar de reojo a los ‘bien pensantes’, para que les den el beneplácito y no les cuelguen los sambenitos. Las fuerzas inquisitoriales acechan con diferentes disfraces y no hay que hacerles el juego.

¿Que opinión le merecen esos otros “menganos” que tratan de imponer la independencia de Cataluña? .

Mengano es una voz árabe que significa ‘quien sea’. Esos menganos, que dice usted, se creen con derecho a dividirla sociedad catalana y alienarnos a los catalanes de nuestra condición española e imponernos una identidad prefijada, esto es, falsificar nuestra realidad y empobrecerla.¿Merece para Vd. un “sostiene” el juicio sobre el procés?

¿Qué tendría que hacer el futuro presidente de España para que estuviese en su libro “sostiene mengano”.

Desearía que ofreciera hechos más que palabras, y evidenciara honradez y eficacia y respeto verdadero a todos sus conciudadanos, sin exceptuar a sus adversarios. El sábado 23 de marzo, si no ando equivocado, se cumplen cinco años del fallecimiento del presidente Adolfo Suárez, verdadero espejo de las características que le acabo de decir.

¿Tiene en proyecto algún otro libro?

Sí, uno está avanzado. Hay otros a los que les sigo dando vueltas.

¿Quiere transmitir algo a sus lectores de Magazine Plazabierta.com?

Sí, es una oportunidad de mostrarles mi simpatía por compartir una plaza abierta, liberal e inclusiva, con voluntad de aprender de quienes puedan pensar u opinar de distinta forma, siempre con respeto a la realidad y a la condición personal de todos. Muchas gracias por concederme su atención.

Aprovechamos la ocasión para informar a nuestros lectores que Ediciones Hildy acaba de publicar ‘Por nuestras calles’, del  mismo autor, Miquel Escudero. 

Portada del Libro de Miguel Escudero: “Por Nuestras Calles»

Este libro articula breves textos donde se habla de Europa y de referendos, de terrorismos y de trampas, de banderas y de consignas, de franquezas y de engaños. En estas páginas se argumenta a “favor de una España liberal, igualitaria y plural, volcada en la convivencia y en la expresión de la conciencia de todos sus ciudadanos”. Que pueden comprar en este enlace de Amazon.

Contando ovejas

Convocar a la gente a movilizarse es fácil, que la gente se movilice no tanto. La calle es tradicionalmente de la izquierda que sabe movilizar con mayor resultado, pero confundir la capacidad de movilización con un respaldo popular son ganas de hacer un brindis al sol.

La concentración del domingo en Madrid me pareció escasa. Escasa incluso comprando la cifra de los convocantes que seguramente era mucho más cercana a la realidad que la de las instituciones. Seguramente el número de personas que esperaban movilizar los partidos convocantes era mucho mayor del conseguido, pero de ahí a considerar, como ya ha hecho el Sr. Sánchez, que los ciudadanos respaldan sus ansias de poder pagadas con cesiones y declaraciones contrarias al sentir popular va un trecho que puede costar unas elecciones.

En esa tibieza de la respuesta popular pueden influir muchas variables, pero la principal es que los partidos pueden movilizar con cierta eficacia  las bases pero les cuesta mucho más motivar, rara vez lo consiguen, a una mayoría de electores que estando hartos de lo que tienen están casi igual de hartos de lo que se les ofrece.

El lenguaje, esa herramienta que los políticos utilizan con alegría, desprecio por las reglas e inconsciencia, puede ser una de las causas principales del desafecto general entre la clase política, toda, y el ciudadano medio, ese que hace ganar o perder las elecciones.

Nadie medianamente templado puede asistir a los exabruptos del señor Casado y luego salir a la calle a apoyarlo. El lenguaje, y más el castellano o español, tiene una riqueza infinita para llamarle a cualquiera lo que a uno le apetezca sin que de su boca salga ni una sola calificación. Nuestro idioma tiene tal abundancia de conceptos, sinónimos y antónimos, que se puede calificar a alguien sin cualificarlo ni descalificarlo directamente. Pero una de las grandes carencias de nuestros líderes es confundir la grandilocuencia y el volumen de emisión con la oratoria. Aquella oratoria en la que era necesario ser versado, y aprendido, para dirigirse con un mínimo de aceptación al público. Aquella oratoria que era fundamental en los estudios de las artes liberales y que emanaba del trívium: dialéctica, gramática y retórica.

Pero tampoco son del agrado general las declaraciones descalificando  los asistentes a la manifestación, calificándolos de rancios, que los habría, de fachas, que los había, o de intolerantes, que algunos lo serían. Descalificar a los demás tiene el peligro de aumentar su número por pura simpatía.

Cierto tipo de izquierda casposa y poco imaginativa tiene la costumbre de despreciar los símbolos nacionales en la misma medida en que cierta derecha, casposa y poco imaginativa, tiene la costumbre de considerar los símbolos como una propiedad y el certificado de una identidad inequívoca. Se puede amar un país, una región, un pueblo, sin necesidades exhibicionistas, pero es difícil amar un país, una región, un pueblo sin respetar sus símbolos ni a los que lo habitan.

«Cierto tipo de izquierda casposa y poco imaginativa tiene la costumbre de despreciar los símbolos nacionales en la misma medida en que cierta derecha, casposa y poco imaginativa, tiene la costumbre de considerar los símbolos como una propiedad y el certificado de una identidad inequívoca.»

Muchos, cada vez más, estamos hartos de ser de ser descalificados como ciudadanos, calificados como fascistas y puesta en cuestión nuestra cualificación democrática por personas que parecen haberse erigido en impartidores de verdades sin otra credencial que el desprecio y el rencor.

Desprecio por todo lo que suponga una identidad y rencor por todo lo que pueda estar asociado a esa identidad. Y para justificarlo les basta con asociarlo todo, me temo que hasta la prehistoria, a un periodo concreto y nefasto de nuestra historia que no podremos resolver mientras su rencor no decaiga o el fervor por él de algunos pocos sea alimentado sistemáticamente por el odio de los primeros.

El permanente y pertinaz sistema de enfrentar a la sociedad, de partirla y descalificar a la parte con la que no se identifican no hace otra cosa que descalificar a esos pretendidos líderes que se afanan, y ufanan, descalificando a millones de ciudadanos que no piensan como ellos.

Yo no podría calificar de casposos o fascistas a la globalidad delos manifestantes del domingo, pero ni mucho menos podría calificar de traidores o de felones a personajes, o personas, que solo me parecen incapaces, soberbios y ambiciosos. Y no podría porque tanto lo uno como lo otro intenta descalificar con adjetivos genéricos, injustos y difíciles de demostrar, algunos de ellos solo utilizables en un proceso judicial.

Guardemos las palabras para aquello que fueron concebidas, para comunicarnos, para acercarnos a la verdad, a la memoria, a la belleza, a la razón, y guardemos en un lugar de acceso restringido a las que sirven para descalificar.

No, el domingo la manifestación no puede considerarse como un éxito. No, no todos los que compartían la necesidad de que el Sr. Sánchez convoque elecciones estaban en Colón. No, no todos los que no fueron consideran al señor Sánchez y sus métodos válidos para sacar adelante este país en sus circunstancias actuales. No, no todos los que fueron consideran que el Sr. Sánchez sea un traidor, o un felón. No, todos los que fueron, ni todos los que consideran que es imprescindible convocar elecciones, piensan que el líder necesario estaba en esa manifestación. No, no todos los españoles se sienten representados en alguno de los bandos, bandas según su forma de actuar, que unas elecciones pueden poner en juego. No, no todos los que reivindican la historia, la bandera, el himno o las tradiciones son fachas. No, no todos los que hacen desprecio de esas cosas son progresistas.

«No, no todos los españoles se sienten representados en alguno de los bandos, bandas según su forma de actuar, que unas elecciones pueden poner en juego. No, no todos los que reivindican la historia, la bandera, el himno o las tradiciones son fachas. No, no todos los que hacen desprecio de esas cosas son progresistas.»

No, no somos una tortilla a la que dividir en porciones para luego comérsela, entre otras cosas porque para hacer una tortilla hay que unir huevo y patata, y en este país ni los huevos respetan a las patatas, ni las patatas toleran a los huevos. Aquello de que los huevos ni olerlos.

Yo el domingo me lo pasé contando ovejas, unas de manifestación, otras de mitin y otras muchas balando barbaridades en los medios de comunicación y las redes sociales, según el rebaño al que creen pertenecer. Un rebaño en busca de un pastor que la tradición y nuestra idiosincrasia nos niegan.

Sin novedad en el frente

Lo malo de una guerra, una vez declarada e iniciada, es que alguien va a perder. Lo malo de una guerra es que alguno de los contendientes no ha medido correctamente sus fuerzas y va a salir derrotado. Lo malo de una guerra, de casi cualquier guerra es que transcurrido un cierto tiempo ya se tiene claro quién no la va a ganar, incluso que el que no la va a perder quisiera que no hubiese sucedido. Lo malo de una guerra es que entre la derrota y el reconocimiento de la misma transcurre un tiempo en el que los daños son prescindibles pero inevitables, porque a nadie le gusta perder, porque a nadie le gusta perder absolutamente y todos los derrotados buscan eso que maniqueamente se llama una salida digna. No siempre la hay, no siempre se concede.

También es verdad que esa dignidad de la salida depende mucho de la inquina, de la prepotencia, de la soberbia desplegada durante las batallas. No pierde igual aquel que lo único que ha generado es odio que el que ha pretendido luchar dignamente por aquello de lo que estaba lealmente convencido, aunque todas las batallas, por el sufrimiento que causan, son reas de dolor que pide dolor. En la generosidad del vencedor, en su comprensión hacia el perdedor y sus motivos, radicará la dignidad de la salida pactada. Un final con honor o una derrota total.

En España estamos viviendo una guerra, en realidad varias todas interconectadas, que teniendo ya un perdedor no tiene claro ni su final ni los términos en los que este verá la luz.

Una guerra provocada por un conflicto mal legislado, mal administrado, mal planteado y, de momento peor resuelto. Es curioso que los legisladores siempre esperan a que se genere el problema en términos inaceptables para empezar a buscar las soluciones, aunque uno pueda pensar que su trabajo debería ser buscar las soluciones para evitar los problemas. Seguramente su devenir político y partidista no les deje el tiempo imprescindible para pensar en sus funciones y sus obligaciones.

El caso es que, sea como sea, nuestras calles se han llenado de taxistas, teóricamente patronos, indignados por la situación de competencia, en muchos casos provocada por su propia incompetencia, desleal, por una legislación incorrectamente planteada e incorrectamente aplicada, que argumentan como obreros contra obreros a los que les llaman patronos. Ya el planteamiento en sí es perverso, pero más lo es el desarrollo cuando cierto ministro en franca dejación de sus funciones, también se puede hablar de extrema cobardía política, traslada la resolución del problema a las administraciones de menor rango, posibilitando acuerdos locales que ni resuelven el problema de forma homogénea, ni siquiera semejante, o lo que es lo mismo, creando agravios comparativos entre colectivos de distintos lugares con diferentes logros en sus demandas en un único territorio nacional. Un sindiós que diría un amigo mío.

«El caso es que, sea como sea, nuestras calles se han llenado de taxistas, teóricamente patronos, indignados por la situación de competencia, en muchos casos provocada por su propia incompetencia, desleal, por una legislación incorrectamente planteada e incorrectamente aplicada, que argumentan como obreros contra obreros a los que les llaman patronos»

Y ahí estamos. Los taxistas de Madrid no saben cómo acabar una movilización en la que se han enfrentado a sus propios clientes, con unas pretensiones iniciales dictadas por unos logros ajenos a los ciudadanos, otorgados por las ¿autoridades? catalanas, y que han expulsado a la competencia de las calles de Barcelona, imposibles de logar en Madrid, con unos mensajes y hechos de cariz radical, cuando no violento, difíciles de asumir por la opinión pública y viendo como su pretendida fuerza se va diluyendo en el tiempo y la sinrazón.

No menos importantes que las batallas, en las guerras, son los personajes que surgen a su fragor. En Madrid se ha hecho famoso “Peseto Loco”, parece ser que un taxista de ideas radicales y tirón mesiánico que parece arrastrar a los más extremistas entre los movilizados, que tampoco son todos aunque si la mayoría. No conozco a la persona, desconozco bastante al personaje, pero si tengo claro que cuando lo nombro la memoria se me mueve entre Tiroloco McGraw, aquel dibujo animado de Hanna y Barbera que era un caballo vaquero con cargo de sheriff y habilidades para conducir diligencias, y Caballo Loco, famoso jefe piel roja que empezó una guerra que nunca podía haber ganado. Ni la humorística vida del dibujo animado, ni la heroica del jefe Sioux, parecen ejemplos válidos en la lucha de los taxistas, pero de ambas se pueden sacar paralelismos, y ninguno es positivo.

Lo malo de esta historia es que acabe como acabe, sea con una salida digna o con una rendición sin condiciones, el conflicto entre dos formas de ver y enfocar dos negocios que se hacen competencia no será otra cosa que un aplazamiento más de la solución definitiva que el problema demanda. Claro que eso pasará por un ministro capaz y unas asociaciones dispuestas más negociar que a movilizar y secuestrar ciudades y ciudadanos.

Sin necesidad de ser oráculo el momento dice que sin haber acabado el enfrentamiento actual ya podemos vislumbrar las tensiones futuras. Y si no al tiempo.

Tele 5. Entre el morbo y la compasión

El rescate de Julen se ha convertido en un hecho que ha puesto de manifiesto la solidaridad de la que nuestro país ha hecho gala cuando la desgracia ha hecho acto de presencia de forma pública. Atentados terroristas, aviones que se estrellan al despegar o aterrizar, trenes que descarrilan, edificios que explosionan, incendios, derrumbamientos, y un largo etcétera. Somos un pueblo que empatiza con el dolor ajeno; pero ¿lo hacemos cuando este dolor es más privado?, ¿cuándo la desgracia se ceba con el vecino de enfrente?, ¿cuándo la desgracia es continua en una zona de nuestro pueblo o ciudad?, ¿cuándo vemos que un indigente se está muriendo de frio en el banco de un parque?. Claro, hay instituciones para su asistencia, para eso están los servicios públicos, incluso los indigentes se mueren de hambre y de frío porque quieren, porque no quieren asistir a los refugios para que no los controlen, porque les gusta deambular de un lado para otro sintiendo la libertad a pesar de que su cuerpo se hiele de frio, o en invierno o en verano el sol aterrador les pegue al asfalto, porque les gusta curtir su piel con las inclemencias del tiempo.

Esta referencia a la injusticia social, sólo es un pequeño ejemplo de la gran solidaridad que existe en nuestro país, de lo grandes que somos, de lo compasivos que nos volvemos cuando nos encontramos con la desgracia ajena de frente, sin esperarla, y como de duros nos volvemos cuando a lo que tenemos que hacer frente es a esa falta de justicia social. Se podría decir que somos caritativos cuando esa caridad se convierte en un espectáculo que satisfaga nuestro propio ego, y que no falte, algo es algo, y menos da una piedra.

Pero, valga esta introducción para retomar el tema inicial, el que nos ha mantenido en vilo durante trece días, en los que muchos hemos elevado nuestra plegarias pidiendo por su supervivencia aunque en nuestro fuero interno estábamos seguros que era imposible que un niño tan pequeño pudiese vivir todavía. Nos hemos convertido en padres de ese niño sin serlo, ni sentir lo mismo que sentían sus verdaderos progenitores, porque ese dolor tan desgarrados sólo lo pueden sufrir ellos. Nos hemos sentido orgullos de sus rescatadores, un equipo de más de trescientas personas que no han descansado todo ese tiempo con el único fin de que se cumpliera un milagro que finalmente no se ha cumplido, de su hazaña, de haber sido protagonistas de un rescate que se ha convertido en un hito de España por su enorme complejidad, de unos héroes que han huido de las alabanzas de un país, porque como han manifestado sólo hacían su trabajo. 

Pero ha habido un contrapunto en toda esta historia, como es el espectáculo de algunos medios de comunicación, en especial la cadena que siempre juega con el morbo, Tele 5, convirtiendo en un circo mediático lo que para muchos ha sido un sufrimiento desinteresado durante esas casi dos semanas que ha durado el rescate, sobre todo el que montaron la tarde anterior al rescate del niño y que duro hasta la media noche, fallándoles lo más importante, que no se produjera durante su emisión, no se pudo consumar lo que el programa especial liderado por Ana Rosa buscaba, hurgar en el dolor de una familia, de un pueblo, incluso de un país. Morbo disfrazado de compasión. Morbo disfrazado de noticia. 

“… ha habido un contrapunto en toda esta historia, como es el espectáculo de algunos medios de comunicación, en especial la cadena que siempre juega con el morbo, Tele 5, convirtiendo en un circo mediático lo que para muchos ha sido un sufrimiento desinteresado durante esas casi dos semanas que ha durado el rescate»

Y un gran numero de tele espectadores pegados a la pantalla esperando ver como los rescatadores sacaban el niño en sus brazos, menos mal que no se ha visto. Menos mal que alguien ha puesto cordura en este juego de los medios, poniendo las distancias necesarias para que se dejara de especular con lo que para los rescatadores ha sido un esfuerzo sobre humano. 

Hay una línea muy delgada entre el derecho a la información y el espectáculo que algunos medios hacen al amparo de este derecho. Hay una línea muy delgada entre el morbo y la compasión, y Tele 5, como siempre se ha situado al lado del morbo.

España en crisis. Políticas inservibles

No se puede caminar ente dos aguas a no ser que quien lo haga se llame Moises y lo haga por mediación divina, sin correr el riesgo de morir ahogado en el intento. Igual que no se puede defender como constitucionalistas la unidad de España y luego pactar con quienes pretenden su división, no en comunidades autónomas respetando la pluralidad territorial y cultural existente en el territorio español sino desde una posición secesionista.

Muchas y muchos entendimos la necesidad de echar de la Moncloa al Partido Popular ante una forma de gobernar totalmente autoritaria además de los reiterados procesos judiciales de imputación de altos cargos del partido por corrupción; pero, sobre todo, por el olvido de esa parte de la ciudadanía que estaba siendo machacada por una economía neoliberal; pero también, mucha y muchos fuimos conscientes que la forma de hacerlo no era la adecuada, y no en referencia a la moción de censura que era pedida a voces, sino en previsión de lo que venía después, la necesidad de negociación con los partidos nacionalistas e independentistas para mantenerse en el poder y sacar adelante los proyectos de ley.

La forma adecuada hubiese sido convocar elecciones, como prometió inicialmente Pedro Sánchez una vez llegara a la Moncloa, pero no lo ha hecho y no lo hará ante la inminencia de las elecciones municipales y autonómicas, pues el resultado hubiese sido un marcador irrefutable para los resultados de éstas, pudiendo elevar a las alturas al PSOE o sepultarlo durante, al menos una legislatura.

Lo dicho, obviamente, también es predicable respecto a Unidos Podemos, quien también se ha movido en la tibieza respecto al tema autonómico, siendo lo único que han conseguido hasta el momento en cuanto a su apoyo al PSOE el aumento del salario mínimo interprofesional. Un pequeño logro si tenemos en cuenta otras demandas sociales, entre ellas una de cuyos demandantes depende en gran parte que los resultados electorales se inclinen hacia un lado u otro de la balanza, como son los pensionistas que, justamente piden un incremento de la pensiones,  en cuanto que las mínimas alcancen el montante de aquel salario mínimo, así como en un incremento proporcional en cuanto al resto,  y una revisión anual de acuerdo con la subida del IPC.

En definitiva, ante un panorama político tan caliente e incierto, es lógico que Vox se eleve con promesas que quieren oír quienes están hartos de ver como la pelota se mueve en el tejado de los partidos mayoritarios, PP y PSOE, sin resultados aparentes en cuanto a la mejora del país, cuyas políticas se limitan a criticar al contrario para tapar la ineficacia y miserias propias. Sin que el radicalismo de Unidos Podemos arrastre a nuevos electores al haber alcanzado techo según ha evidenciado el marcador político de las elecciones andaluzas, territorio donde siempre ha gobernado el PSOE, posiblemente por su apoyo a éste.

Estamos, sin lugar a dudas, ante un circo político donde lo malabares y las payasadas para gobernar son los que llenan su pista principal, con un director de escena fatuo que no está a la altura de las circunstancias, y cuya solución no está en el cambio de actores sino en el cambio de políticas claras que contribuyan al interés general y no al interés sectario o partidista. Mientras esto no se produzca ir a votar es una perdida de tiempo porque, en definitiva, ganará quien sea, subirán y bajarán en los resultados unos y otros dependiendo de quien haya vendido mejor el humo de sus políticas, pero todo seguirá estando igual. 

Se trataría pues de cambiar los principios que rigen las políticas, de una revolución social donde la igualdad, la libertad y la fraternidad impregne cualquier actuación política, dejando fuera a quienes no se comprometan a este cambio real y no al desequilibrio social y económico que inevitablemente dará al traste a los actuales sistema democráticos por su falta de autenticidad y falta de justicia social, con polarizaciones políticas cada vez más extremas, donde la confrontación irá en aumento, abocándonos a un colapso social sin precedentes. 

«Se trataría pues de cambiar los principios que rigen las políticas, de una revolución social donde la igualdad, la libertad y la fraternidad impregne cualquier actuación política, dejando fuera a quienes no se comprometan a este cambio real»

Se necesitan políticas de solidaridad y no de caridad hacia los más débiles en este sistema capitalista que sólo beneficia a los poderosos. Dejémonos de dogmas económicos, pues la economía tal y como se entiende actualmente tiene los días contados frente a una economía solidaria. Dejémonos de dogmas políticos basados en el pasado histórico cuyas bases no son las mismas que rigen los Estados actuales. Dejémonos de dogmas sociales basados en filosofías existencialistas para pasar a filosofías más humanistas.

Basta de ideologías para dejar paso al libre pensamiento pues de esta manera seremos auténticamente libres y comprometidos con nuestros semejantes. Se necesitan políticos que, por encima de todo, sean seres sociales auténticos, ejemplarizantes, perdiendo miedo a la expresión del pueblo manifestada en referéndums o consultas ciudadanas.

El resto se llamará democracia, pero no dejará de ser una oligarquía de partidos políticos basada en un sistema representativo donde el ciudadano sólo es tenido en cuenta cada cuatro años, para emitir el voto y, después, si te he visto no me acuerdo.

Se trata simplemente de voluntad de política de construir sociedades más humanas, donde no se den mendrugos de pan a los que no tienen qué comer, sino las herramientas para proporcionarse ellos su comida. Se trata de llamar a las cosas por su nombre: explotadores a los que se sirven de la mano de obra barata para incrementar sus beneficios. Usureros a los que conceden ayudas económicas que ahogan a sus deudores. Asesinos a quienes proporcionan armas para que otros maten en conflictos bélicos en vez de buscar soluciones pacíficas. Malvados a quienes quitan el techo con una especulación inmobiliaria insoportable. Hipócritas a quienes dicen una cosa y luego hacen otras.

El futuro del mundo está en nuestras manos, en la de todos, no sólo en la de los políticos, nosotros somos responsables cuando emitimos nuestro voto de a quién elegimos, pero también de dar ejemplo con nuestras actitudes, o buscamos ser más humanos repartiendo lo que nos sobra, buscando el equilibrio, la justicia social, o estamos abocados al caos. Es cuestión de tiempo.

O buscamos la integración en vez de la exclusión, o el mundo dejará de ser nuestro hogar para convertirse en nuestro infierno.

Errejón. ¿Ángel o demonio?

El mesías se siente traicionado por su judas particular, Íñigo Errejón. Y los podemitas como no, han invadido las redes sociales con las habituales críticas in misericorde, muchos insultando como único argumento, donde el término traidor es el más suave, eso sí, sin ningún tipo de autocrítica ni por lo resulados obtenidos en Andalucía, ni por el retroceso en intención de voto, lo que se traduce en una perdida de personas que confiaban en este partido como único salvador de la situación de una España cada vez más sumida en una crisis social y política y, lo que es peor, de valores, donde todo vale en nombre de dogmas prefabricados por grupos de presión social, muchos de ellos urdidos por este partido morado, despreciando cualquier otro posicionamiento que no sea el que ellos defiende.

A todos ellos habría que formularles la pregunta de ¿quién ha traicionado a quién?, y no en referencia a la relación Pablo-Errejón, que también, sino a la relación de Unidos Podemos con algunos de sus iniciales seguidores que, por pensar diferentes, por hacer autocrítica y ajustarse a los postulados iniciales de esta formación, donde las asambleas pretendían ser el principal motor de sus políticas, fueron rechazados e incluso, vilmente, despreciados. Pero, también, con ese sector de la sociedad que confiaron en sus políticas sociales cuyo fin era modificar un sistema desde dentro y de forma pacífica un democrático corrupto y anclado en una transición que ya no da respuesta a las demandas de la sociedad actual, y no aplaudiendo, como ahora hacen en el circo que sesión tras sesión monta en el Congreso de los Diputados el Sr. Rufian and company, con la única finalidad de romper la unidad de España con actitudes secesionistas.

Resulta patético los aplausos del Sr. Iglesias e Irene Montero a las intervenciones de ERC, con actitudes encaminadas a la confrontación social promovidas por los independentistas, en vez de fomentar una negociación encaminada a la reforma constitucional que pudiera reforzar las competencias de las Comunidades Autónomas, en aras a una mayor independencia económica y de gestión, sin perder el espíritu de solidaridad entre todas ellas para corregir las desigualdades sociales o satisfacer las necesidades más perentorias, encaminadas a mejorar el bienestar de sus ciudadanos al fin de conseguir un Estado Nacional prospero y sin desigualdes territoriales. Pero, lo peor, aún, es que dichos aplausos no se verbalizan cuando se trata de definirse como constitucionalistas o independentistas, moviéndose en esa aguas tibias que les permiten balancearse hacia uno u otro lado según donde venga el viento.

«Resulta patético los aplausos del Sr. Iglesias e Irene Montero a las intervenciones de ERC, con actitudes encaminadas a la confrontación social promovidas por los independentistas, en vez de fomentar una negociación encaminada a la reforma constitucional que pudiera reforzar las competencias de las Comunidades Autónomas, en aras a una mayor independencia…»

No es traición el que un dirigente de un partido político critique las políticas propias cuando considera que no están dando la respuesta a lo que la sociedad demanda de él. No es traición el aportar ideas no basadas en ideologías leninistas trasnochadas. No es traición el querer buscar soluciones políticas basadas en el encuentro y no en la confrontación. No es traición el no sentirse a gusto cuando tu líder hace de su partido un cortijo en el que únicamente caben sus palmeros. 

Debería ser un ejemplo para todos los partidos políticos lo que ha hecho el Sr. Errejón, quién, como el mismo ha manifestado su finalidad no estar en la política sino hacer política, habiendo dejado su escaño renunciando a su acta de diputado que, como todos deberían saber es personal, pudiendo haber pasado el grupo mixto viviendo de su sueldo de Diputado y, sin embargo, no lo ha hecho, cerrando así las bocas de dirigentes de Podemos, como Echenique e Irene Montero quienes se apresuraron a afirmar que no lo haría, aferrándose a su sillón para vivir de la politica. Será por aquello de que “se cree el ladrón que todos son de su misma condición”.

Es comprensible que el Sr. Errejón se haya acercado al proyecto de Carmena respecto al futuro de Madrid, como plataforma en la que caben cualquier partido, movimientos sociales, vecinales u organizaciones cuya única intención es mejorar la ciudad, sin divisiones ideológicas, y de la que no ha querido formar parte Unidos Podemos, porque su sacrosanto Secretario General no quiere que nadie le haga sombra.

Ahora, el futuro político de Errejón es incierto, habiendo apostado por una forma de hacer política basada en la unión de ideas y no en la división y la confrontación ideológica, habiéndose descolgado de ese modus vivendi que muchos hacen de la política, sin saber cual será el resultado electoral que, esperemos, sea favorable por el bien de los madrileños  y como ejemplo para el resto del país, para terminar con la oligarquía de partidos imperante donde sus políticas únicamente van encaminadas a los resultados electorales para conservar sus privilegios.

Señores y señoras de Unidos Podemos, antes de atacar hagan ustedes un poquito de autocrítica y piensen que cada uno es libre para estar o apostar por lo que le de la realísima gana y que no por eso hay que hablar de traición, sino piensen que tal vez hayan sido ustedes los que hayan traicionado a los que creyeron en un proyecto inicial de podemos que para nada se parece al que ustedes al final están poniendo en marcha y que no difiere absolutamente nada de los partidos tradicionales, donde la sumisión hace que quien se mueva un poquito de los postulados de su Secretario General y el grupo servidores incondicionales que dicen continuamente amen cuando abre la boca, no salga en la foto.

Como dicen en mi pueblo: con dos bemoles Sr. Errejón.

Medidas anticontaminación

¿Alguien se ha planteado que los coches eléctricos no son la solución definitiva?

 

Parece ser que para circular por Madrid Central o te tienes que disfrazarte de Rey Mago o tener una buena cuenta corriente para poder comprar un coche eléctrico o ir en bicicleta. Lo que está claro es que las medidas anticontaminación impuestas por el Ayuntamiento de Carmena las tienes que soportar, como siempre, el ciudadano de a pié, y nunca mejor dicho, porque bien se les podía haber ocurrido abaratar el transporte público en esta zona.

Cada vez son más las voces que se alzan para denunciar que el vehículo eléctrico no es tan limpio como lo pintan, pudiendo generar más contaminación que otros automóviles movidos por Diesel o gasolina, ya que los coches eléctricos almacenan energía en grandes baterías de iones de litio, que consumen muchos materiales y energía durante su producción, sus emisiones de CO2 en esta etapa suelen superar las de los vehículos convencionales. 

Y, no sólo esto, sus baterías una vez desechadas después de su vida útil son altamente contaminantes.

Así que, a modo de conclusión general, podemos decir que, efectivamente, los vehículos eléctricos también contaminan, menos que los de combustión, por lo que todavía necesitan ser perfeccionados pero, ademas, que las medidas públicas no sólo descarguen la responsabilidad en el ciudadano sino que, asuman también parte del coste que supone mantener una cuidada más limpia, como abaratar el transporte público en las zonas de mayor contaminación.

 

 

 

 

Opina tú también

tu opinión cuenta



Elige alguna de las siguientes opciones

¿Cuál es tu grado de satisfacción con MAGAZINE PLAZABIERTA?

  • Nada satisfecho - 0
  • Satisfecho - 5
  • Muy satisfecho - 13
  • No lo conozco - 0
votar
estadística

Si no nos conoces puedes suscribirte en la parte de arriba de esta página (margen derecho)

Gracias por tu colaboración

traductor/translator

NUESTRO EQUIPO

NUESTRA BIBLIOTECA RECOMENDADA

Más información aquí

Más información aquí

Mas información aquí

Mas información aquí

Mas información aqui

Mas información aquí

Mas información aquí

BIBLIOTECA TÉCNICA RECOMENDADA

Mas información aquí

 

Galería de Fotos

Acceder | Designed by Gabfire themes