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Contando ovejas

Convocar a la gente a movilizarse es fácil, que la gente se movilice no tanto. La calle es tradicionalmente de la izquierda que sabe movilizar con mayor resultado, pero confundir la capacidad de movilización con un respaldo popular son ganas de hacer un brindis al sol.

La concentración del domingo en Madrid me pareció escasa. Escasa incluso comprando la cifra de los convocantes que seguramente era mucho más cercana a la realidad que la de las instituciones. Seguramente el número de personas que esperaban movilizar los partidos convocantes era mucho mayor del conseguido, pero de ahí a considerar, como ya ha hecho el Sr. Sánchez, que los ciudadanos respaldan sus ansias de poder pagadas con cesiones y declaraciones contrarias al sentir popular va un trecho que puede costar unas elecciones.

En esa tibieza de la respuesta popular pueden influir muchas variables, pero la principal es que los partidos pueden movilizar con cierta eficacia  las bases pero les cuesta mucho más motivar, rara vez lo consiguen, a una mayoría de electores que estando hartos de lo que tienen están casi igual de hartos de lo que se les ofrece.

El lenguaje, esa herramienta que los políticos utilizan con alegría, desprecio por las reglas e inconsciencia, puede ser una de las causas principales del desafecto general entre la clase política, toda, y el ciudadano medio, ese que hace ganar o perder las elecciones.

Nadie medianamente templado puede asistir a los exabruptos del señor Casado y luego salir a la calle a apoyarlo. El lenguaje, y más el castellano o español, tiene una riqueza infinita para llamarle a cualquiera lo que a uno le apetezca sin que de su boca salga ni una sola calificación. Nuestro idioma tiene tal abundancia de conceptos, sinónimos y antónimos, que se puede calificar a alguien sin cualificarlo ni descalificarlo directamente. Pero una de las grandes carencias de nuestros líderes es confundir la grandilocuencia y el volumen de emisión con la oratoria. Aquella oratoria en la que era necesario ser versado, y aprendido, para dirigirse con un mínimo de aceptación al público. Aquella oratoria que era fundamental en los estudios de las artes liberales y que emanaba del trívium: dialéctica, gramática y retórica.

Pero tampoco son del agrado general las declaraciones descalificando  los asistentes a la manifestación, calificándolos de rancios, que los habría, de fachas, que los había, o de intolerantes, que algunos lo serían. Descalificar a los demás tiene el peligro de aumentar su número por pura simpatía.

Cierto tipo de izquierda casposa y poco imaginativa tiene la costumbre de despreciar los símbolos nacionales en la misma medida en que cierta derecha, casposa y poco imaginativa, tiene la costumbre de considerar los símbolos como una propiedad y el certificado de una identidad inequívoca. Se puede amar un país, una región, un pueblo, sin necesidades exhibicionistas, pero es difícil amar un país, una región, un pueblo sin respetar sus símbolos ni a los que lo habitan.

“Cierto tipo de izquierda casposa y poco imaginativa tiene la costumbre de despreciar los símbolos nacionales en la misma medida en que cierta derecha, casposa y poco imaginativa, tiene la costumbre de considerar los símbolos como una propiedad y el certificado de una identidad inequívoca.”

Muchos, cada vez más, estamos hartos de ser de ser descalificados como ciudadanos, calificados como fascistas y puesta en cuestión nuestra cualificación democrática por personas que parecen haberse erigido en impartidores de verdades sin otra credencial que el desprecio y el rencor.

Desprecio por todo lo que suponga una identidad y rencor por todo lo que pueda estar asociado a esa identidad. Y para justificarlo les basta con asociarlo todo, me temo que hasta la prehistoria, a un periodo concreto y nefasto de nuestra historia que no podremos resolver mientras su rencor no decaiga o el fervor por él de algunos pocos sea alimentado sistemáticamente por el odio de los primeros.

El permanente y pertinaz sistema de enfrentar a la sociedad, de partirla y descalificar a la parte con la que no se identifican no hace otra cosa que descalificar a esos pretendidos líderes que se afanan, y ufanan, descalificando a millones de ciudadanos que no piensan como ellos.

Yo no podría calificar de casposos o fascistas a la globalidad delos manifestantes del domingo, pero ni mucho menos podría calificar de traidores o de felones a personajes, o personas, que solo me parecen incapaces, soberbios y ambiciosos. Y no podría porque tanto lo uno como lo otro intenta descalificar con adjetivos genéricos, injustos y difíciles de demostrar, algunos de ellos solo utilizables en un proceso judicial.

Guardemos las palabras para aquello que fueron concebidas, para comunicarnos, para acercarnos a la verdad, a la memoria, a la belleza, a la razón, y guardemos en un lugar de acceso restringido a las que sirven para descalificar.

No, el domingo la manifestación no puede considerarse como un éxito. No, no todos los que compartían la necesidad de que el Sr. Sánchez convoque elecciones estaban en Colón. No, no todos los que no fueron consideran al señor Sánchez y sus métodos válidos para sacar adelante este país en sus circunstancias actuales. No, no todos los que fueron consideran que el Sr. Sánchez sea un traidor, o un felón. No, todos los que fueron, ni todos los que consideran que es imprescindible convocar elecciones, piensan que el líder necesario estaba en esa manifestación. No, no todos los españoles se sienten representados en alguno de los bandos, bandas según su forma de actuar, que unas elecciones pueden poner en juego. No, no todos los que reivindican la historia, la bandera, el himno o las tradiciones son fachas. No, no todos los que hacen desprecio de esas cosas son progresistas.

“No, no todos los españoles se sienten representados en alguno de los bandos, bandas según su forma de actuar, que unas elecciones pueden poner en juego. No, no todos los que reivindican la historia, la bandera, el himno o las tradiciones son fachas. No, no todos los que hacen desprecio de esas cosas son progresistas.”

No, no somos una tortilla a la que dividir en porciones para luego comérsela, entre otras cosas porque para hacer una tortilla hay que unir huevo y patata, y en este país ni los huevos respetan a las patatas, ni las patatas toleran a los huevos. Aquello de que los huevos ni olerlos.

Yo el domingo me lo pasé contando ovejas, unas de manifestación, otras de mitin y otras muchas balando barbaridades en los medios de comunicación y las redes sociales, según el rebaño al que creen pertenecer. Un rebaño en busca de un pastor que la tradición y nuestra idiosincrasia nos niegan.

Sin novedad en el frente

Lo malo de una guerra, una vez declarada e iniciada, es que alguien va a perder. Lo malo de una guerra es que alguno de los contendientes no ha medido correctamente sus fuerzas y va a salir derrotado. Lo malo de una guerra, de casi cualquier guerra es que transcurrido un cierto tiempo ya se tiene claro quién no la va a ganar, incluso que el que no la va a perder quisiera que no hubiese sucedido. Lo malo de una guerra es que entre la derrota y el reconocimiento de la misma transcurre un tiempo en el que los daños son prescindibles pero inevitables, porque a nadie le gusta perder, porque a nadie le gusta perder absolutamente y todos los derrotados buscan eso que maniqueamente se llama una salida digna. No siempre la hay, no siempre se concede.

También es verdad que esa dignidad de la salida depende mucho de la inquina, de la prepotencia, de la soberbia desplegada durante las batallas. No pierde igual aquel que lo único que ha generado es odio que el que ha pretendido luchar dignamente por aquello de lo que estaba lealmente convencido, aunque todas las batallas, por el sufrimiento que causan, son reas de dolor que pide dolor. En la generosidad del vencedor, en su comprensión hacia el perdedor y sus motivos, radicará la dignidad de la salida pactada. Un final con honor o una derrota total.

En España estamos viviendo una guerra, en realidad varias todas interconectadas, que teniendo ya un perdedor no tiene claro ni su final ni los términos en los que este verá la luz.

Una guerra provocada por un conflicto mal legislado, mal administrado, mal planteado y, de momento peor resuelto. Es curioso que los legisladores siempre esperan a que se genere el problema en términos inaceptables para empezar a buscar las soluciones, aunque uno pueda pensar que su trabajo debería ser buscar las soluciones para evitar los problemas. Seguramente su devenir político y partidista no les deje el tiempo imprescindible para pensar en sus funciones y sus obligaciones.

El caso es que, sea como sea, nuestras calles se han llenado de taxistas, teóricamente patronos, indignados por la situación de competencia, en muchos casos provocada por su propia incompetencia, desleal, por una legislación incorrectamente planteada e incorrectamente aplicada, que argumentan como obreros contra obreros a los que les llaman patronos. Ya el planteamiento en sí es perverso, pero más lo es el desarrollo cuando cierto ministro en franca dejación de sus funciones, también se puede hablar de extrema cobardía política, traslada la resolución del problema a las administraciones de menor rango, posibilitando acuerdos locales que ni resuelven el problema de forma homogénea, ni siquiera semejante, o lo que es lo mismo, creando agravios comparativos entre colectivos de distintos lugares con diferentes logros en sus demandas en un único territorio nacional. Un sindiós que diría un amigo mío.

“El caso es que, sea como sea, nuestras calles se han llenado de taxistas, teóricamente patronos, indignados por la situación de competencia, en muchos casos provocada por su propia incompetencia, desleal, por una legislación incorrectamente planteada e incorrectamente aplicada, que argumentan como obreros contra obreros a los que les llaman patronos”

Y ahí estamos. Los taxistas de Madrid no saben cómo acabar una movilización en la que se han enfrentado a sus propios clientes, con unas pretensiones iniciales dictadas por unos logros ajenos a los ciudadanos, otorgados por las ¿autoridades? catalanas, y que han expulsado a la competencia de las calles de Barcelona, imposibles de logar en Madrid, con unos mensajes y hechos de cariz radical, cuando no violento, difíciles de asumir por la opinión pública y viendo como su pretendida fuerza se va diluyendo en el tiempo y la sinrazón.

No menos importantes que las batallas, en las guerras, son los personajes que surgen a su fragor. En Madrid se ha hecho famoso “Peseto Loco”, parece ser que un taxista de ideas radicales y tirón mesiánico que parece arrastrar a los más extremistas entre los movilizados, que tampoco son todos aunque si la mayoría. No conozco a la persona, desconozco bastante al personaje, pero si tengo claro que cuando lo nombro la memoria se me mueve entre Tiroloco McGraw, aquel dibujo animado de Hanna y Barbera que era un caballo vaquero con cargo de sheriff y habilidades para conducir diligencias, y Caballo Loco, famoso jefe piel roja que empezó una guerra que nunca podía haber ganado. Ni la humorística vida del dibujo animado, ni la heroica del jefe Sioux, parecen ejemplos válidos en la lucha de los taxistas, pero de ambas se pueden sacar paralelismos, y ninguno es positivo.

Lo malo de esta historia es que acabe como acabe, sea con una salida digna o con una rendición sin condiciones, el conflicto entre dos formas de ver y enfocar dos negocios que se hacen competencia no será otra cosa que un aplazamiento más de la solución definitiva que el problema demanda. Claro que eso pasará por un ministro capaz y unas asociaciones dispuestas más negociar que a movilizar y secuestrar ciudades y ciudadanos.

Sin necesidad de ser oráculo el momento dice que sin haber acabado el enfrentamiento actual ya podemos vislumbrar las tensiones futuras. Y si no al tiempo.

Tele 5. Entre el morbo y la compasión

El rescate de Julen se ha convertido en un hecho que ha puesto de manifiesto la solidaridad de la que nuestro país ha hecho gala cuando la desgracia ha hecho acto de presencia de forma pública. Atentados terroristas, aviones que se estrellan al despegar o aterrizar, trenes que descarrilan, edificios que explosionan, incendios, derrumbamientos, y un largo etcétera. Somos un pueblo que empatiza con el dolor ajeno; pero ¿lo hacemos cuando este dolor es más privado?, ¿cuándo la desgracia se ceba con el vecino de enfrente?, ¿cuándo la desgracia es continua en una zona de nuestro pueblo o ciudad?, ¿cuándo vemos que un indigente se está muriendo de frio en el banco de un parque?. Claro, hay instituciones para su asistencia, para eso están los servicios públicos, incluso los indigentes se mueren de hambre y de frío porque quieren, porque no quieren asistir a los refugios para que no los controlen, porque les gusta deambular de un lado para otro sintiendo la libertad a pesar de que su cuerpo se hiele de frio, o en invierno o en verano el sol aterrador les pegue al asfalto, porque les gusta curtir su piel con las inclemencias del tiempo.

Esta referencia a la injusticia social, sólo es un pequeño ejemplo de la gran solidaridad que existe en nuestro país, de lo grandes que somos, de lo compasivos que nos volvemos cuando nos encontramos con la desgracia ajena de frente, sin esperarla, y como de duros nos volvemos cuando a lo que tenemos que hacer frente es a esa falta de justicia social. Se podría decir que somos caritativos cuando esa caridad se convierte en un espectáculo que satisfaga nuestro propio ego, y que no falte, algo es algo, y menos da una piedra.

Pero, valga esta introducción para retomar el tema inicial, el que nos ha mantenido en vilo durante trece días, en los que muchos hemos elevado nuestra plegarias pidiendo por su supervivencia aunque en nuestro fuero interno estábamos seguros que era imposible que un niño tan pequeño pudiese vivir todavía. Nos hemos convertido en padres de ese niño sin serlo, ni sentir lo mismo que sentían sus verdaderos progenitores, porque ese dolor tan desgarrados sólo lo pueden sufrir ellos. Nos hemos sentido orgullos de sus rescatadores, un equipo de más de trescientas personas que no han descansado todo ese tiempo con el único fin de que se cumpliera un milagro que finalmente no se ha cumplido, de su hazaña, de haber sido protagonistas de un rescate que se ha convertido en un hito de España por su enorme complejidad, de unos héroes que han huido de las alabanzas de un país, porque como han manifestado sólo hacían su trabajo. 

Pero ha habido un contrapunto en toda esta historia, como es el espectáculo de algunos medios de comunicación, en especial la cadena que siempre juega con el morbo, Tele 5, convirtiendo en un circo mediático lo que para muchos ha sido un sufrimiento desinteresado durante esas casi dos semanas que ha durado el rescate, sobre todo el que montaron la tarde anterior al rescate del niño y que duro hasta la media noche, fallándoles lo más importante, que no se produjera durante su emisión, no se pudo consumar lo que el programa especial liderado por Ana Rosa buscaba, hurgar en el dolor de una familia, de un pueblo, incluso de un país. Morbo disfrazado de compasión. Morbo disfrazado de noticia. 

“… ha habido un contrapunto en toda esta historia, como es el espectáculo de algunos medios de comunicación, en especial la cadena que siempre juega con el morbo, Tele 5, convirtiendo en un circo mediático lo que para muchos ha sido un sufrimiento desinteresado durante esas casi dos semanas que ha durado el rescate”

Y un gran numero de tele espectadores pegados a la pantalla esperando ver como los rescatadores sacaban el niño en sus brazos, menos mal que no se ha visto. Menos mal que alguien ha puesto cordura en este juego de los medios, poniendo las distancias necesarias para que se dejara de especular con lo que para los rescatadores ha sido un esfuerzo sobre humano. 

Hay una línea muy delgada entre el derecho a la información y el espectáculo que algunos medios hacen al amparo de este derecho. Hay una línea muy delgada entre el morbo y la compasión, y Tele 5, como siempre se ha situado al lado del morbo.

España en crisis. Políticas inservibles

No se puede caminar ente dos aguas a no ser que quien lo haga se llame Moises y lo haga por mediación divina, sin correr el riesgo de morir ahogado en el intento. Igual que no se puede defender como constitucionalistas la unidad de España y luego pactar con quienes pretenden su división, no en comunidades autónomas respetando la pluralidad territorial y cultural existente en el territorio español sino desde una posición secesionista.

Muchas y muchos entendimos la necesidad de echar de la Moncloa al Partido Popular ante una forma de gobernar totalmente autoritaria además de los reiterados procesos judiciales de imputación de altos cargos del partido por corrupción; pero, sobre todo, por el olvido de esa parte de la ciudadanía que estaba siendo machacada por una economía neoliberal; pero también, mucha y muchos fuimos conscientes que la forma de hacerlo no era la adecuada, y no en referencia a la moción de censura que era pedida a voces, sino en previsión de lo que venía después, la necesidad de negociación con los partidos nacionalistas e independentistas para mantenerse en el poder y sacar adelante los proyectos de ley.

La forma adecuada hubiese sido convocar elecciones, como prometió inicialmente Pedro Sánchez una vez llegara a la Moncloa, pero no lo ha hecho y no lo hará ante la inminencia de las elecciones municipales y autonómicas, pues el resultado hubiese sido un marcador irrefutable para los resultados de éstas, pudiendo elevar a las alturas al PSOE o sepultarlo durante, al menos una legislatura.

Lo dicho, obviamente, también es predicable respecto a Unidos Podemos, quien también se ha movido en la tibieza respecto al tema autonómico, siendo lo único que han conseguido hasta el momento en cuanto a su apoyo al PSOE el aumento del salario mínimo interprofesional. Un pequeño logro si tenemos en cuenta otras demandas sociales, entre ellas una de cuyos demandantes depende en gran parte que los resultados electorales se inclinen hacia un lado u otro de la balanza, como son los pensionistas que, justamente piden un incremento de la pensiones,  en cuanto que las mínimas alcancen el montante de aquel salario mínimo, así como en un incremento proporcional en cuanto al resto,  y una revisión anual de acuerdo con la subida del IPC.

En definitiva, ante un panorama político tan caliente e incierto, es lógico que Vox se eleve con promesas que quieren oír quienes están hartos de ver como la pelota se mueve en el tejado de los partidos mayoritarios, PP y PSOE, sin resultados aparentes en cuanto a la mejora del país, cuyas políticas se limitan a criticar al contrario para tapar la ineficacia y miserias propias. Sin que el radicalismo de Unidos Podemos arrastre a nuevos electores al haber alcanzado techo según ha evidenciado el marcador político de las elecciones andaluzas, territorio donde siempre ha gobernado el PSOE, posiblemente por su apoyo a éste.

Estamos, sin lugar a dudas, ante un circo político donde lo malabares y las payasadas para gobernar son los que llenan su pista principal, con un director de escena fatuo que no está a la altura de las circunstancias, y cuya solución no está en el cambio de actores sino en el cambio de políticas claras que contribuyan al interés general y no al interés sectario o partidista. Mientras esto no se produzca ir a votar es una perdida de tiempo porque, en definitiva, ganará quien sea, subirán y bajarán en los resultados unos y otros dependiendo de quien haya vendido mejor el humo de sus políticas, pero todo seguirá estando igual. 

Se trataría pues de cambiar los principios que rigen las políticas, de una revolución social donde la igualdad, la libertad y la fraternidad impregne cualquier actuación política, dejando fuera a quienes no se comprometan a este cambio real y no al desequilibrio social y económico que inevitablemente dará al traste a los actuales sistema democráticos por su falta de autenticidad y falta de justicia social, con polarizaciones políticas cada vez más extremas, donde la confrontación irá en aumento, abocándonos a un colapso social sin precedentes. 

“Se trataría pues de cambiar los principios que rigen las políticas, de una revolución social donde la igualdad, la libertad y la fraternidad impregne cualquier actuación política, dejando fuera a quienes no se comprometan a este cambio real”

Se necesitan políticas de solidaridad y no de caridad hacia los más débiles en este sistema capitalista que sólo beneficia a los poderosos. Dejémonos de dogmas económicos, pues la economía tal y como se entiende actualmente tiene los días contados frente a una economía solidaria. Dejémonos de dogmas políticos basados en el pasado histórico cuyas bases no son las mismas que rigen los Estados actuales. Dejémonos de dogmas sociales basados en filosofías existencialistas para pasar a filosofías más humanistas.

Basta de ideologías para dejar paso al libre pensamiento pues de esta manera seremos auténticamente libres y comprometidos con nuestros semejantes. Se necesitan políticos que, por encima de todo, sean seres sociales auténticos, ejemplarizantes, perdiendo miedo a la expresión del pueblo manifestada en referéndums o consultas ciudadanas.

El resto se llamará democracia, pero no dejará de ser una oligarquía de partidos políticos basada en un sistema representativo donde el ciudadano sólo es tenido en cuenta cada cuatro años, para emitir el voto y, después, si te he visto no me acuerdo.

Se trata simplemente de voluntad de política de construir sociedades más humanas, donde no se den mendrugos de pan a los que no tienen qué comer, sino las herramientas para proporcionarse ellos su comida. Se trata de llamar a las cosas por su nombre: explotadores a los que se sirven de la mano de obra barata para incrementar sus beneficios. Usureros a los que conceden ayudas económicas que ahogan a sus deudores. Asesinos a quienes proporcionan armas para que otros maten en conflictos bélicos en vez de buscar soluciones pacíficas. Malvados a quienes quitan el techo con una especulación inmobiliaria insoportable. Hipócritas a quienes dicen una cosa y luego hacen otras.

El futuro del mundo está en nuestras manos, en la de todos, no sólo en la de los políticos, nosotros somos responsables cuando emitimos nuestro voto de a quién elegimos, pero también de dar ejemplo con nuestras actitudes, o buscamos ser más humanos repartiendo lo que nos sobra, buscando el equilibrio, la justicia social, o estamos abocados al caos. Es cuestión de tiempo.

O buscamos la integración en vez de la exclusión, o el mundo dejará de ser nuestro hogar para convertirse en nuestro infierno.

Errejón. ¿Ángel o demonio?

El mesías se siente traicionado por su judas particular, Íñigo Errejón. Y los podemitas como no, han invadido las redes sociales con las habituales críticas in misericorde, muchos insultando como único argumento, donde el término traidor es el más suave, eso sí, sin ningún tipo de autocrítica ni por lo resulados obtenidos en Andalucía, ni por el retroceso en intención de voto, lo que se traduce en una perdida de personas que confiaban en este partido como único salvador de la situación de una España cada vez más sumida en una crisis social y política y, lo que es peor, de valores, donde todo vale en nombre de dogmas prefabricados por grupos de presión social, muchos de ellos urdidos por este partido morado, despreciando cualquier otro posicionamiento que no sea el que ellos defiende.

A todos ellos habría que formularles la pregunta de ¿quién ha traicionado a quién?, y no en referencia a la relación Pablo-Errejón, que también, sino a la relación de Unidos Podemos con algunos de sus iniciales seguidores que, por pensar diferentes, por hacer autocrítica y ajustarse a los postulados iniciales de esta formación, donde las asambleas pretendían ser el principal motor de sus políticas, fueron rechazados e incluso, vilmente, despreciados. Pero, también, con ese sector de la sociedad que confiaron en sus políticas sociales cuyo fin era modificar un sistema desde dentro y de forma pacífica un democrático corrupto y anclado en una transición que ya no da respuesta a las demandas de la sociedad actual, y no aplaudiendo, como ahora hacen en el circo que sesión tras sesión monta en el Congreso de los Diputados el Sr. Rufian and company, con la única finalidad de romper la unidad de España con actitudes secesionistas.

Resulta patético los aplausos del Sr. Iglesias e Irene Montero a las intervenciones de ERC, con actitudes encaminadas a la confrontación social promovidas por los independentistas, en vez de fomentar una negociación encaminada a la reforma constitucional que pudiera reforzar las competencias de las Comunidades Autónomas, en aras a una mayor independencia económica y de gestión, sin perder el espíritu de solidaridad entre todas ellas para corregir las desigualdades sociales o satisfacer las necesidades más perentorias, encaminadas a mejorar el bienestar de sus ciudadanos al fin de conseguir un Estado Nacional prospero y sin desigualdes territoriales. Pero, lo peor, aún, es que dichos aplausos no se verbalizan cuando se trata de definirse como constitucionalistas o independentistas, moviéndose en esa aguas tibias que les permiten balancearse hacia uno u otro lado según donde venga el viento.

“Resulta patético los aplausos del Sr. Iglesias e Irene Montero a las intervenciones de ERC, con actitudes encaminadas a la confrontación social promovidas por los independentistas, en vez de fomentar una negociación encaminada a la reforma constitucional que pudiera reforzar las competencias de las Comunidades Autónomas, en aras a una mayor independencia…”

No es traición el que un dirigente de un partido político critique las políticas propias cuando considera que no están dando la respuesta a lo que la sociedad demanda de él. No es traición el aportar ideas no basadas en ideologías leninistas trasnochadas. No es traición el querer buscar soluciones políticas basadas en el encuentro y no en la confrontación. No es traición el no sentirse a gusto cuando tu líder hace de su partido un cortijo en el que únicamente caben sus palmeros. 

Debería ser un ejemplo para todos los partidos políticos lo que ha hecho el Sr. Errejón, quién, como el mismo ha manifestado su finalidad no estar en la política sino hacer política, habiendo dejado su escaño renunciando a su acta de diputado que, como todos deberían saber es personal, pudiendo haber pasado el grupo mixto viviendo de su sueldo de Diputado y, sin embargo, no lo ha hecho, cerrando así las bocas de dirigentes de Podemos, como Echenique e Irene Montero quienes se apresuraron a afirmar que no lo haría, aferrándose a su sillón para vivir de la politica. Será por aquello de que “se cree el ladrón que todos son de su misma condición”.

Es comprensible que el Sr. Errejón se haya acercado al proyecto de Carmena respecto al futuro de Madrid, como plataforma en la que caben cualquier partido, movimientos sociales, vecinales u organizaciones cuya única intención es mejorar la ciudad, sin divisiones ideológicas, y de la que no ha querido formar parte Unidos Podemos, porque su sacrosanto Secretario General no quiere que nadie le haga sombra.

Ahora, el futuro político de Errejón es incierto, habiendo apostado por una forma de hacer política basada en la unión de ideas y no en la división y la confrontación ideológica, habiéndose descolgado de ese modus vivendi que muchos hacen de la política, sin saber cual será el resultado electoral que, esperemos, sea favorable por el bien de los madrileños  y como ejemplo para el resto del país, para terminar con la oligarquía de partidos imperante donde sus políticas únicamente van encaminadas a los resultados electorales para conservar sus privilegios.

Señores y señoras de Unidos Podemos, antes de atacar hagan ustedes un poquito de autocrítica y piensen que cada uno es libre para estar o apostar por lo que le de la realísima gana y que no por eso hay que hablar de traición, sino piensen que tal vez hayan sido ustedes los que hayan traicionado a los que creyeron en un proyecto inicial de podemos que para nada se parece al que ustedes al final están poniendo en marcha y que no difiere absolutamente nada de los partidos tradicionales, donde la sumisión hace que quien se mueva un poquito de los postulados de su Secretario General y el grupo servidores incondicionales que dicen continuamente amen cuando abre la boca, no salga en la foto.

Como dicen en mi pueblo: con dos bemoles Sr. Errejón.

Medidas anticontaminación

¿Alguien se ha planteado que los coches eléctricos no son la solución definitiva?

 

Parece ser que para circular por Madrid Central o te tienes que disfrazarte de Rey Mago o tener una buena cuenta corriente para poder comprar un coche eléctrico o ir en bicicleta. Lo que está claro es que las medidas anticontaminación impuestas por el Ayuntamiento de Carmena las tienes que soportar, como siempre, el ciudadano de a pié, y nunca mejor dicho, porque bien se les podía haber ocurrido abaratar el transporte público en esta zona.

Cada vez son más las voces que se alzan para denunciar que el vehículo eléctrico no es tan limpio como lo pintan, pudiendo generar más contaminación que otros automóviles movidos por Diesel o gasolina, ya que los coches eléctricos almacenan energía en grandes baterías de iones de litio, que consumen muchos materiales y energía durante su producción, sus emisiones de CO2 en esta etapa suelen superar las de los vehículos convencionales. 

Y, no sólo esto, sus baterías una vez desechadas después de su vida útil son altamente contaminantes.

Así que, a modo de conclusión general, podemos decir que, efectivamente, los vehículos eléctricos también contaminan, menos que los de combustión, por lo que todavía necesitan ser perfeccionados pero, ademas, que las medidas públicas no sólo descarguen la responsabilidad en el ciudadano sino que, asuman también parte del coste que supone mantener una cuidada más limpia, como abaratar el transporte público en las zonas de mayor contaminación.

 

 

 

 

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El régimen del 78 y la reforma constitucional

Hoy es el día de la Constitución, que si nos gusta a los españoles es por el día de descanso y el puente que en ocasiones podemos hacer con el día de la Inmaculada, disfrutando de un largo fin de semana, como éste.

Por lo demás, hablar de la Constitución, aparte de conseguir rallarte es perder el tiempo, porque creo que la mayoría coincidimos que estamos ante un texto obsoleto en algunos de sus títulos, como el segundo dedicado a la Corona, el tercero a las Cortes Generales, el octavo a la Organización Territorial del Estado y el décimo a la reforma constitucional, fundamentalmente.

Empezando por la regulación de la Corona, no es la primera vez que manifiesto mi oposición a esta forma  política del Estado denominada monarquía parlamentaria, porque no entiendo que pueda existir un jefe del que Estado que no lo sea por elección dentro de una democracia, aunque, como español manifiesto mi lealtad por lo que representa, aunque como republicano lucharé por que las cosas cambien, máxime cuando el comportamiento de los miembros de la familia han dejado mucho que desear.

Respecto a la Organizacion territorial del Estado, resulta manifiesto que las Comunidades Autónomas denominas históricas reclaman cada vez más competencias propias, reivindicando su independencia la del país vasco y la catalana. Además de la cada vez menos solidaridad entre las distintas comunidades,  como principio básica en la relación entre ellas, reclamando el trozo más grande de la tarta quien más contribuye a la hacienda pública por su mayor productividad lo que se traduce en una PIB y una renta percápita mayor.

Es necesario una reforma constitucional, porque una constitución tan rígida  y blindada como pone de manifiesto su título X, donde se exige una mayoría cualificada de tres quintos de ambas Cámaras para llevarla a efecto, esta provocando su desfase respecto a las respuesta que plantean las demandas sociales.

Sin embargo, creo que quienes demandamos una Constitución más social y menos blindada, no sólo queremos una mera declaración de derechos y libertades que no se llevan a la práctica,  pero nos vamos a quedar con las ganas porque los partidos mayoritarios fruto del régimen del 78, están muy bien donde están, habida cuenta que  una constitución tan programática como la nuestra la pueden manipular a su antojo, como así es, prostituyendo el sistema sin reparo, ni vergüenza.

“Es necesario una reforma constitucional, porque una constitución tan rígida  y blindada como pone de manifiesto su título X, donde se exige una mayoría cualificada de tres quintos de ambas Cámaras para llevarla a efecto, esta provocando su desfase respecto a las respuesta que plantean las demandas sociales.”

Estamos de acuerdo que las leyes están para desarrollar los derechos, libertades y obligaciones que la Constitución proclama, pero ahí está la manipulación política que, sobre todo en legislatura con mayoría absoluta del partido del gobierno que mediante la técnica del rodillo legislan a su antojo, además de ser  interpretada por un Tribunal Constitucional cuyos 12 miembros,  nombrados por el Rey; cuatro a propuesta del Congreso por mayoría de tres quintos de sus miembros; cuatro a propuesta del Senado, con idéntica mayoría; dos a propuesta del Gobierno, y dos a propuesta del Consejo General del Poder Judicial, éste último cuyos veinte miembro,  llamados vocales, también son nombrados por el rey, elegidos por las Cortes Generales (Congreso y Senado) entre jueces y juristas de reconocida competencia y, un  presidente, que  es a su vez Presidente del Tribunal Supremo, designado por el Pleno del Consejo en su sesión constitutiva, el cual obviamente también lo es de designación política en cuanto que lo son quienes lo eligen. Siendo, por ello, que no puede hablarse de un poder judicial totalmente independiente, lo que hace que sus resoluciones sean cada vez más cuestionadas por los ciudadanos.

Las elecciones de nuestros representantes políticos, no constituye un sistema electoral auténticamente democrático, en el sentido que cada persona no es un voto, en aplicación de la Ley D’Hont,  de cálculo proporcional que divide el número de votos emitidos para cada partido entre el número de cargos electos con los que cuenta cada circunscripción, beneficiando de esta manera a los partidos mayoritarios como el PP y el PSOE, quienes acordaron una reforma de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General para blindar su mayor representación frente a los partidos minoritarios. Sistema electoral que, en definitiva, es el origen de todos los males en cuanto a una auténtica separación de poderes.

Ya, a principios de año, el PP en su sistemático bloque de cualquier reforma que provenga de otro partido y el PSOE, cómodo en su situación, máxime siendo ahora el partido del gobierno, frenaron una reforma de un sistema electoral más democrático a propuesta del C´s, aunque tal vez su matrimonio de conveniencia con Unidos Podemos se plantea una vía de reforma a propuesta de éste.

En definitiva, un día como en el de hoy hay poco que celebrar, tan solo el paso de un régimen dictatorial a otro que no lo es tanto, pero en el que los ciudadanos cada vez nos sentimos más indignados porque estamos viendo que no se da respuesta a las demandas sociales que reclaman un democracia más auténtica que la que tenemos ahora que se traduce en una oligarquía de partidos políticos.

Hoy debería ser un día en que los diferentes partidos, sobre todo los mayoritarios hiciesen autocrítica, en vez de pelear continuamente entre ellos para atraer más votos, denostando sin reparo a los contrarios, lo que se traduce en un circo mediático cuyo mayor manifestación encontramos en las Cortes Generales, con ataques la mayoría de las veces personales en vez de la actuación política.

Al final, todo se traduce en un sistema corrupto, un sistema dividido socialmente entre ricos y pobres, donde se protege a los primeros en detrimento de los segundo, con una macroeconomía que hace aguas por todos los lados, puesto que no se lleva a cabo un reparto equitativo de la riqueza, donde la banca y los empresarios cada vez multiplican exponencialmente sus beneficios explotando a las rentas mínimas, con salarios y trabajos cada vez más representativos de una explotación o esclavismo laboral.

Pero, esto es España y, así somos los españoles, personas indignadas de puertas para adentro o en la barra del bar, entretenidos por los políticos en contiendas que no van a ninguna parte pero que mantienen viva la confrontación, para que el ruido tape su ineptitud y, por ende, su ineficacia en la gestión de lo público. En definitiva un tótum revolútum donde no hay quien se aclare con una inseguridad jurídica cada vez mayor.

 

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Prisioneros de un referéndum.

 

Hay quienes afirman que “votar es democracia” y por tanto a los que criticamos cualquier petición de un referéndum nos consideran antidemocráticos, fachas. Tal argumento maniqueo ha trufado todo el discurso del nacionalismo catalán, vasco, escocés, español o británico. La realidad es que la democracia siempre es algo más que votar, mucho más. Pero votar es imprescindible para la democracia.

El problema es que se puede votar aquello para lo que tienes competencia para votar. Veamos. Se afirma, por parte del nacional-catalanismo, que Cataluña tiene derecho a decidir si quiere ser un estado independiente. Es como si los españoles menos los catalanes pudieran votar si expulsan a Cataluña de España. La noticia paródicad e esto la hicieron los de Charnego Newsy todavía hoy llegan comentarios ácidos sobre la misma. Digamos que no se puede marginar a los extremeños  de una decisión que les afecta (su expulsión de España), como no se puede marginar a los españoles no catalanes de la decisión de segregar una parte de España. En ambos casos es una segregación, de la pobreza ¿no?

Referéndums catalanes.

En Cataluña desde la transición ha habido cuatro referéndums circunscritos a la autonomía. Dos legales y dos ilegales.

De los legales el primero se realizó en 1979 para aprobar el Estatuto, en el participo casi un 60% del censo –digamos que tampoco es que generara grandes entusiasmos, imagínense que se hubiera exigido, como determinaba la constitución de la segunda República, los dos tercios del censo para su aprobación–. El segundo referéndum se convoco en 2006 para aprobar la reforma del Estatuto; la participación no llego al 49% del censo. Parece que el tema no le interesaba a algo más de la mitad de la población.

De los dos referéndums ilegales no hay datos oficiales en la web de la Generalitat ¡hasta quien los convocaba los considera ilegales!. El primero, el famoso 9N de 2014, la participación, no certificada, fue de poco más del 36%. Los resultados del segundo, el referéndum del 1 de octubre de 2017 son más que discutibles y aunque Wikipedia hable del 43% como dato no verificado, es evidente que tales datos son falseados (se podría hablar de la movilización de hasta 400.000 personas pero incluso ese dato puede estar inflado)

Otros referéndums catalanes.

Los catalanes hemos participado en cuatro referéndums más que afectaban a todos los españoles, todos legales. En el primero el de la reforma política de 1976 participó el 74% del censo catalán, superando el 93% de síes. El siguiente, el de la Constitución, en 1978 tuvo una participación de casi el 70%, mayor en 8 décimas que en el conjunto de España y un 90,5% de síes, superando en dos puntos y medio la media nacional.

El tercer referéndum fue en 1986 sobre la permanencia de España en la OTAN. La participación a nivel nacional supero el 59% del censo –los síes fueron casi el 57% de los votantes–.  En Cataluña la participación fue de casi un 63% y gano el nocon casi un 54%

Y el cuarto sobre la Constitución Europea que supero algo el 42% de participación y casi un 82% de votos emitidos favorables. En Cataluña la participación bajo al 41% y los votos afirmativos al 64%

¿Para que sirve un referéndum?

Esa pregunta deberíamos hacernos antes de lanzarnos a pedirlo como posesos ya que en ocasiones sus resultados no son tan determinantes como para que la decisión de su resultado sea la más democrática. A tenor de los resultados de las 8 convocatorias se puede decir que hay dos en que claramente se pudo ver el interés de los catalanes en participar: El de la reforma política y el de la constitución con participaciones superiores o iguales al 70%. Podríamos aceptar cierta legitimidad al referéndum para el Estatuto de 1979 con el 60% de participación y, eso, si no nos ponemos muy republicanos. Pero el resto podemos decir que sirvieron de bien poco, al menos para discernir la voluntad de los catalanes/españoles. Eso si sirvieron para las políticas partidistas de quienes los convocaron.

“Esa pregunta deberíamos hacernos antes de lanzarnos a pedirlo como posesos ya que en ocasiones sus resultados no son tan determinantes como para que la decisiónE de su resultado sea la más democrática.”

Sobre los referéndums propiamente catalanes se puede afirmar que el de reforma del estatuto (2006) no resolvió el problema que nos creo el señor Maragall dada su bajísima participación. De los dos ilegales solo podemos extraer que han sido una herramienta de división social y que restañar las heridas requiere de mucho tiempo y voluntad.

El uso del referéndum como herramienta de toma de decisiones políticas debe realizarse tras un sosegado debate social y con la participación de todos los implicados, todos. Es decir no se pueden hacer referéndums en Cataluña o Extremadura que afecten a la vida de todos los españoles y además debemos definir previamente que porcentajes de participación son exigibles y que porcentajes sobre el censo debe alcanzar la opción elegida mayoritariamente. Es decir lo de la mitad más uno para según qué, no sirve, ni siquiera del censo.

“El uso del referéndum como herramienta de toma de decisiones políticas debe realizarse tras un sosegado debate social y con la participación de todos los implicados, todos.”


El brexit.

En realidad el titulo de este artículo lo inspira el problema que se ha generado en Reino Unido con el resultado del referéndum para salir de la UE.

Es posible que un nuevo referéndum arrojase resultados diametralmente opuestos al primero. Hoy los británicos son más conscientes de lo que implica separarse de la UE. Con una participación del 72%, casi el 52% se mostraron en 2016 a favor de dejar la Unión Europea y el 48% de permanecer en ella. Imagínense que un pequeño incremento o decremento en la participación junto a un mayor conocimiento podría suponer y cambio en una decisión política de enorme calado, no solo para los británicos, para todos los europeos. A tener en cuenta que ese 52% favorables a la salida representan tan solo al 37,5% de la población británica. ¿Cómo se puede tomar una decisión de esa envergadura sin, al menos, la mitad del censo?

Pero están prisioneros de un referéndum donde las mentiras, como luego reconocieron, forzaron una decisión que está lastrando toda la política europea, es decir no solo les afecta a los británicos.

El CatExit.

Ciertamente los porcentajes 48/52 (secesionismo/no secesionismo) electorales, invertidos por birlibirloque del sistema electoral en 53/47 parlamentarios, son muy parecidos al del Brexit y nos plantean grandes problemas de difícil solución en España y no parece que un referéndum vaya a resolverlo. Sobre todo si no se tiene en cuenta a todos los españoles y no se establecen unas reglas del juego limpias… Cosas harto improbables.

Democratizar la vida política y fortalecer el Estado. Es más un deseo que una posibilidad. Rescatar la ética e imponer un sistema de democracia real donde el voto de nadie valga más que el de cualquiera. Y donde todas las opciones políticas tengan la misma presencia en los medios de comunicación y se limiten los gastos electorales de las grandes maquinarias partidistas engrasadas con dinero de la corrupción.

Es un deseo. ¡No es fácil!

 

 

 

 

Las elecciones imposibles

Hay muchas razones por las que no es conveniente un gobierno débil, y hay casi tantas por las que puede ser deseable. Pero las razones negativas se multiplican cuando la coyuntura es complicada, y cuando la debilidad más parece una anemia terminal que un episodio superable. Y en esas estamos.

En el momento actual el gobierno que preside Pedro Sánchez no sólo es débil e inadecuado para las circunstancias que vivimos, no, además es que su empeño de superar unas expectativas, hablo de las reales, de voto desastrosas lo hacen parecer aún más débil, rozando el esperpento con sus declaraciones que la mayoría de las veces son simples titulares populistas, cuando no inútiles para lo que dicen resolver. Y ahí está, atrapado entre lo imposible y lo que no puede ser. Preso entre la necesidad de gobernar para mejorar sus expectativas y la falta misma de expectativas que va cosechando con su inoperancia.

Pero si lo del gobierno en general es preocupante lo de la vicepresidenta portavoz seguramente es digno de espectáculo bufo y cartelera. Sus declaraciones pasan del chiste a la ocurrencia, de la ocurrencia al disparate y del disparate al “válgame dios” sin solución de continuidad.

La pirueta, o pingareta, declarativa realizada por la Vicepresidenta para justificar la flagrante contradicción respecto  a la calificación del proceso catalán como rebelión, es digna de la antología del descaro y la desvergüenza. Y encomiable por su cintura. A pocos se les habría ocurrido el argumento, pero nadie, salvo esta señora, se habría atrevido a utilizarlo.

 

“Pero si lo del gobierno en general es preocupante lo de la vicepresidenta portavoz seguramente es digno de espectáculo bufo y cartelera. Sus declaraciones pasan del chiste a la ocurrencia, de la ocurrencia al disparate y del disparate al “válgame dios” sin solución de continuidad.”

El gobierno del señor Sánchez, como todo gobierno débil, este extremadamente débil, es reo de la búsqueda de apoyos para sacar adelante sus iniciativas, por lo que es reo, como consecuencia, de las concesiones que tiene que hacer para conseguir esos apoyos. Y esa circunstancia lo hace vivir en un permanente cuestión, porque cualquier iniciativa, por muy loable o ajustada que pueda parecer, que coincida con los planteamientos de sus posibles valedores, está sujeta a sospecha, crítica y descrédito.

Este problema se agrava cuando algunos de esos valedores tiene como objetivo prioritario, a veces parece que único, la ruptura del estado. Cualquier cambio de posición, cualquier iniciativa que pueda apuntar a su favor estará automáticamente bajo la lupa de la calle y redundará en el descrédito del presidente del gobierno.

Tampoco ayuda a fortalecer al gobierno su permanente exhibición de titulares sensacionalistas o populistas, y menos cuando con el devenir del tiempo se muestran como absolutamente inaplicables o carentes de contenido o, incluso, perjudiciales para aquellos a los que dicen querer favorecer.

Ejemplos tenemos muchos, demasiados, para considerarlos deslices o muestras entusiastas de objetivos inalcanzables. Desde la exhumación del cadáver de Franco, al que han dado una nueva preponderancia que ya no tenía, que amenaza con convertirse en una bufonada digna de las plumas de Jardiel o Tono, pasando por la permanente comunicación de subidas de impuestos que repercutirán en las costillas de los que ya las tienen laceradas, o la última ocurrencia de las hipotecas que han provocado la hilaridad de todos menos aquellos que por afinidad ideológica, y por contumacia adhesiva, consideran correcta cualquier iniciativa. O sea, esos que siempre llamo “los de toda la vida”. A nadie se le escapa, ni siquiera a estos, que el nuevo decreto ley ha abierto la vía para que ese impuesto se repercuta en los clientes y que por tanto las comisiones, que suelen funcionar por porcentajes, se incrementen. O sea un decreto ley cuya precipitación e irresponsabilidad va a suponer un encarecimiento inmediato de las hipotecas. Conseguido. Loa bancos salen indemnes y los que necesitan ayuda para lograr algo lo van a conseguir más caro. Merece aplauso. Un dos por uno.

Ya nadie cree al gobierno, salvo sus componente y sus afines incapaces de pensar por si mismos. Ya nadie cree al gobierno, ni siquiera, o tal vez menos que nadie, sus socios que solo lo soportan porque les es útil para conseguir objetivos imposibles de otra manera algunos, para conseguir su mayor desgaste en beneficio propio otros, o para evitar que en unas elecciones pueda salir un gobierno menos manejable la mayoría.

 

“Ya nadie cree al gobierno, salvo sus componente y sus afines incapaces de pensar por si mismos.”


Este país necesita urgentemente unas elecciones, un gobierno fuerte y una política algo menos errática y populista. Este país merece y necesita unas elecciones para poder afrontar sus necesidades con perspectivas de estabilidad y sin sospechas de hipotecas difíciles de asumir. Este país necesita unas elecciones ya, y justo por eso no las va a tener.

Reeditar el tripartito, no, gracias

La estrategia de diálogo qué lanzó Soraya Sáenz de Santamaría desde el Gobierno de Rajoy tenía a ERC como elemento clave para desmontar el frente independentista. La de Pedro Sánchez, igual. En realidad, la precipitada convocatoria de elecciones después de la imposición del 155 parece ser que pretendía facilitar el sorpassode ERC al PDECAT. Estrategia que fallo con la huida de Puigdemont, cosa que este supo manejar para convertirse en el centro de toda la política catalana.

Es evidente que la oligarquía española y la catalana están muy interesadas en reeditar un tripartito. La visita del presidente de la CEOE a Junqueras en la cárcel lo confirma. También la de José María Álvarez, secretario general de la UGT, siempre muy… muy cercano a las tesis nacionalistas.

Fue el tripartito dirigido por Pasqual Maragall el que abrió el camino para que nos encontremos dónde estamos. Quiso ser más papista que el Papa, más nacionalista que los nacionalistas y, cuando nadie revindicaba un nuevo estatuto, él se lo sacó de la chistera y se tragó sus palabras sobre la corrupción convergente del 3% para poder pasar a la historia, a la historia torcida de Cataluña. Viendo donde está hoy su hermano, se confirma la ocupación del nacionalismo trasversal de todos los partidos en Cataluña. En una cena, hace muchos años, del colectivo Mogambo, donde el invitado era Ernest Maragall ya me quedó claro que lo importante para él era el poder, no su ideología socialista, si es que la hubo, que no la hay.

“Fue el tripartito dirigido por Pasqual Maragall el que abrió el camino para que nos encontremos dónde estamos. Quiso ser más papista que el Papa, más nacionalista que los nacionalistas y, cuando nadie revindicaba un nuevo estatuto, él se lo sacó de la chistera y se tragó sus palabras sobre la corrupción convergente del 3%”



También recuerdo una comida con los intelectuales del Foro Babel en un restaurante, ya desaparecido, de la calle Viladomat, donde la euforia por la próxima llegada de Maragall a la Generalitat les hacia albergar esperanzas de superación del proceso nacionalista; la realidad frustró toda esperanza.

Aquel tripartito lo gobernaba el PSC; el que nos puede venir lo gobernará ERC. Si en aquellos años ya apunté mis reservas, las que ahora tengo, ante un tripartito con Junqueras al frente, un PSC jibarizado y un Cat-Comú Podem más soberanista que nunca, se multiplican y auguran tiempos de matraca reclamando un referéndum de autodeterminación. Con Maragall, el Estatut que nadie pedía, y, con Junqueras, el referéndum que la mayoría no quiere.

Elecciones en Cataluña antes de mayo

Si la estrategia Santamaría/Sánchez da su fruto, manteniendo la fricción entre el independentismo, todo hace preveer que a principios de año tendremos elecciones autonómicas en Cataluña.

Por otro lado, el adelanto de dichas elecciones tendrá otro importante componente: desarmar la candidatura de Valls al Ayuntamiento de Barcelona que hace peligrar, no ya la alcaldía de Colau, la hegemonía del secesionismo en la capital de Cataluña, ¡no es moco de pavo! (recomendable el artículo de Pascual Esbrí en este mismo número). Y Tabarnia a la vuelta de la esquina…

Las elecciones en España son una herramienta más al servicio del poder y se adelantan o no en función de intereses espurios del partido gobernante o de la oligarquía correspondiente. Se ha visto recientemente en Andalucía y se verá en breve en Cataluña. A ninguno de los partidos gobernantes, o de los que aspiran a gobernar, bien sea en el ámbito autonómico o en el general, les interesa cambiar un sistema electoral tan útil a sus intereses. Sus propuestas de reforma las hacen con la boca pequeña y son simples retoques que nada cambian.

La mayoría no nacionalista y su imposible gobernabilidad

Lo cierto es que la sociedad catalana está tan tensionada que es improbable que los resultados varíen mucho respecto a los del 21D de 2017. Mientras el sistema electoral infravalore los votos de los ciudadanos de Barcelona (provincia) no habrá cambios y volveremos a vivir el día de la marmota, muy a mi pesar. Será, de nuevo, la repetición de unas elecciones que no sirvieron para resolver nada, tal vez empeorarlo. No habrá cambiado mucho respecto a las opciones que se presentaban aquel día. Ciertamente, la participación subió hasta el, tan cacareado, 80%.

El 40,50% del censo no es nacionalista (en votos, más del 52%) y el 38,77% independentistas (menos del 48% en votos). A pesar del empecinamiento de amigos socialistas que argumentan que el eje izquierda/derecha no es determinante en Cataluña y que la polarización se da entre nacionalismo versus constitucionalismo, lo cierto es que ambos subsisten y se entrecruzan. Para mí, la confrontación principal es la confrontación de clases que deriva en la confrontación izquierda/derecha. El nacionalismo crea una polarización que sirve a sus intereses que no son otros que los de las clases dominantes. Solo desde esa perspectiva entiendo posible el análisis del procéso, mejor, del nacionalismo.

Así, pues, si en la calle lo más visible y mediático es la dualidad nacionalismo/constitucionalismo, lo cierto es que hoy es imposible que se dé el pacto de los constitucionalistas marcados internamente por diferencias ideológicas. Y eso es así debido al sistema de partidos existente en Cataluña, y también en el resto de España. Una cosa son los votantes y otra las direcciones de los partidos. Seguramente, los votantes de los partidos constitucionalistas estarían de acuerdo en superar las diferencias ideológicas en aras de acabar con el procés, a modo de gobierno por la democracia. La realidad es endiabladamente compleja y más con el sistema electoral actual.

“… si en la calle lo más visible y mediático es la dualidad nacionalismo/constitucionalismo, lo cierto es que hoy es imposible que se dé el pacto de los constitucionalistas marcados internamente por diferencias ideológicas.” 

Veamos. Si sumamos los diputados de PP, C’s y PSC suman 57, exactamente los mismos que suman el ansiado tripartito: ERC, PSC y CatCP. Aún sumando a los de CatCP a los constitucionalistas para hacer un frente no nacionalista se quedarían en 65. En todo caso, no son suficientes para la formación de un gobierno tripartito o no nacionalista, salvo que persistiera la no sustitución de los diputados suspendidos. Cosa esta última que quedará resuelta con nuevas elecciones.

Lo que no quedará resuelto es la ingobernabilidad desde posiciones no nacionalistas por dos causas:

La primera ya la apuntaba, la falta de voluntad de las direcciones de los partidos marcados por la ideología. A este problema hay que añadir otro, si cabe más importante, la inexistencia institucional (con diputados) de una izquierda no nacionalista y que ya he comentado en otros artículos. La actual izquierda esta prisionera de una hispanofobia resultado de una mala digestión del antifranquismo y la Transición.

La segunda, el desamparo del Estado ante esta situación. Y no hablo tan solo de la estrategia de diálogo Santamaría/Sánchez, no. Me refiero a la nula voluntad política para poner las bases legales de ese cambio: La reforma electoral con la circunscripción única como principio rector. En Cataluña no hay ley electoral, ya les va bien la española. Se podía haber cambiado la distribución de escaños por provincias en las elecciones del 21D de 2017, pero el miedo escénico era evidente, las prisas…. También se podía haber hecho una reforma de la LOREG, entre el tiempo transcurrido entre las generales de 2015 y 2016.

Estamos en 2018 y llegaremos a las elecciones generales anticipadas o en su tiempo en 2020 y nada se habrá hecho… Todos aspiran a beneficiarse de la ley actual… En elacuerdo presupuestario de Sánchez e Iglesias se reduce a lo que indica el punto 11.2

“Modificación de la Ley Electoral

Se impulsará la reforma de la Ley Electoral con el objetivo de acabar con las trabas del voto rogado de las españolas y españoles en el exterior, y se establecerán listas cremallera. Además, se acuerda realizar un mailing electoral único.

Igualmente, se trabajará para conseguir un amplio consenso que permita modificar la fórmula electoral para mejorar la proporcionalidad del sistema.”

Esta bien lo de acabar con el voto rogado y el mailing electoral único siempre que incluya a todas las candidaturas. Veo más problemático y poco creíble el segundo párrafo que no deja de ser una cantinela que, de repetida, nadie se cree. Solo hay que ver que ningún periódico la destaca.

Malos tiempos para la lírica” cantaba Golpes Bajos;malos tiempos para la Política, con mayúsculas, en esta España que nos duele, tanto como a Unamuno o a Jaime Gil de Biedma:

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
puede y debe salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Apología y petición. 1961

El Parlament no es la Bastilla

El pasado sábado especulaba yo en el Ateneo de Madrid sobre la balcanización de Cataluña. El domingo y el lunes parecían los cachorros independentistas confirmar mis temores. La violencia se instala en la política de Cataluña.

Dentro del mundo secesionista existe una mitificación de su “lucha”,  es el mejor elemento para qué los que participan de ese proceso se consideren a sí mismos imbuidos de un mandato superior, mandato cuasi divino ya que el “pueblo” se convierte en una divinidad, en un elemento superior, al cual todo buen catalán se somete. Es la nación esencialista el elemento central, la justificación del todo, frente a la otra nación: la Nación política, la que nos hace ciudadanos libres e iguales.

Es la nación esencialista, herderiana, “milenaria”, neofeudal, racista y violenta la que pugna por imponerse a la mayoría.

La muchachada que asaltó el Parlamentde Cataluña creía estar realizando un acto revolucionario y en realidad estaban asaltando la democracia. La Bastilla de París era una prisión y el símbolo del antiguo régimen, de la opresión. El Parlament de Cataluña, independiente a cómo se configura la representación ciudadana en él, es el símbolo de una democracia recobrada, es la representación de los catalanes en el ámbito autonómico.

No hay épica en ese asalto, no hay toma de la Bastilla, es el “vivan las cadenas” de Buñuel  al final de la película “El fantasma de la libertad”. Es el continuo absurdo nacionalista disfrazado de progresismo.

En Nou Barris, Barcelona. 05 de octubre de 2018

Los restos de Franco. Debajo de las cenizas están las ascuas

Permítanme que empiece con un juego al que todos hemos jugado alguna vez, sobre todos los que peinamos canas y antes no disponíamos de consolas digitales, móviles, u otros utensilios electrónicos que nos ofrecen un sinfín de juegos de todo tipo, con una verosimilitud que sumergen al jugador en una realidad digital muy parecida a la vía real, dejando poco espacio a la imaginación. El juego de mesa-camilla al que me refiero es el de la oca, y quiero utilizar este referente por aquella casilla en la que si caías en ella después de echar el dado y contar el número que te había salido te permitía avanzar más rápido te permitía expresar  aquello de “oca a oca y tiro porque me toca”. Pues bien, esto mismo es lo que está pasando con la exhuma eón y el traslado de los restos del dictador del Valle de los Caídos, todavía no sabe a dónde, ni siquiera si la decisión del gobierno de este traslado se hará efectiva algún día.

La citada similitud entre el juego y el traslado de los restos de Franco tiene su origen en el vayven que entre la familia de éste y el gobierno de España parece no tener fin, porque, aparte de la oposición radical de aquella al traslado, cada día surge un nuevo episodio que, por desafiante a la democracia, no puede ni debe ser tolerado ni permitido, amén de las resoluciones judiciales que puedan dar por finalizado este interminable litigio entre las partes en conflicto, decisiones que cualquier demócrata debe de respetar como ejercicio necesario de uno de los poderes en los que se sustenta cualquier régimen democrático como es el poder judicial. Cuestión diferente es estar de acuerdo con ellas o no y, por lo tanto, ser criticada política e incluso jurídicamente, con argumentos diferentes. Digo con argumentos, porque lo que no vale o no debería valer sería el insulto y la descalificación gratuita de nuestro sistema judicial.

Lo más preocupante de todo este conflicto es el hecho de la necesaria regeneración democrática en cuanto a esa historia, relativamente reciente, del poder totalitario ejercido por el dictador Franco en este país, que tantos represaliados y muertos ocasionó entre los que gritaban el nombre de libertad frente a una presión mordaz donde los que alzaban la voz eran torturados por la brigada político-social, estigmatizándolos socialmente e incluso encarcelados sin juicio o con un juicio militar sumarísimo en aplicación de una ley vergonzosa denominada de vagos y maleantes. Regeneración que pasa por eliminar todos los símbolos franquistas entre ellos la exhumación de los restos de aquel que como un faraón egipcio fue enterrado en el Valle de los Caídos junto con sus siervos y enemigos que cayeron en aquella contienda de 1936 contra la instaurada Segunda República, y cuya victoria por el ejercito liderado por aquel  sumió al país durante  cuarenta años en una oscura y sangrienta dictadura.

Pero, además, el cuento de nunca acabar tendría su fin si de una vez por todas se pusiera cada cosa en su sitio, no pudiendo ser otro el sitio de un dictador que una fosa familiar en un cementerio al uso, en una de las mansiones que todavía, aunque robada al municipio, sigue disfrutando la familia como es el Pazo de Meirás, o donde narices sea, pero siempre lejos de cualquier santuario que pudiera convertirse en un lugar de peregrinación y exaltación de la dictadura y de la persona que la mantuvo.

Es por ello que, resulta cuanto menos provocador la exigencia de la familia de los Franco de que los restos del dictador sean trasladados a la Catedral de la Almudena de Madrid y que dicho traslado se haga con honores militares. Provocación que no tiene otra finalidad que azicatar a la extrema derecha de este país y todavía a algún que otro grupo de militares retirados con añoranzas de aquel ejercito que con fusil en mano representaban un poder omnímodo contra una población civil, olvidánse de que la finalidad del Ejercito en el momento actual al que han servido es asegurar el actual régimen democrático.

Y, es que, ese refrán español de que “debajo de las cenizas están las ascuas” representa la realidad de ese fanatismo fascista aún imperante en nuestros días a pesar del tiempo transcurrido desde la instauración de la democracia en el año 1978, porque debajo del muerto, no se si de sus cenizas o de su momia, todavía se conserva la candente influencia que sobre determinado sector de nuestra sociedad, aunque minoritario, reaviva las llamas de quienes rechazan la democracia bajo el convencimiento de que la única solución a los problemas económicos, sociales o el resurgir de la izquierda en determinados momentos de  nuestra vida democrática, es el “palo largo y la mano dura“; dicen que  “para evitar lo peor“, siguiendo la canción de aquel grupo llamado Jarcha que en el momento de la transición evidenciaban la herencia recibida del franquismo, herencia que aún hoy prevalece en el terreno ideológico de determinadas momias políticas, no por viejos, porque de todo hay, sino por lo putrefacto de su olor.

“Y, es que, ese refrán español de que “debajo de las cenizas están las ascuas” representa la realidad de ese fanatismo fascista aún imperante en nuestros días a pesar”

Es necesario que dicha restauración democrática se haga de forma definitiva, ya que mientras tanto, mientras se siga provocando a las familias de aquellos represaliados durante la dictadura con la exaltación de un dictador con las manos muy manchadas de sangre de la sangre de gente que sólo deseaban vivir en libertad, derecho inalienable del ser humano, así como de su obra genocida, no existirá una auténtica democracia. En definitiva, mientras no se instauré como delito cualquier tipo de exaltación del fascismo y se ponga al dictador lejos de cualquier altar mayor o centro de peregrinación, estaremos jugando, o mejor dicho, estarán jugando nuestros representantes políticos a un juego llamado democracia permitiendo a los desleales a ésta reírse en nuestra cara y, lo que es peor, de quienes soportaron en sus propias carnes las heridas y muertes provocada por aquella dictadura infame y cruel.

No soy tuya ni de nadie

 

Parece que en este país, llamado España, siempre nos acordamos de Santa Bárbara cuanto truena. Se nos revuelven las entrañas, sentimos impotencia, repulsa, dolor, y unas grandes ansias de justicia contra quienes agraden, extorsionan y matan a sus parejas o ex parejas, y luego qué.

 

También parece que en esto tiene algo que ver aquello  que se predica dentro de la iglesia católica cuando alguien contrae matrimonio por esta vía de que “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”, no se sabe si con la sana intención de que esta unión sea para toda la vida, o como una manifestación de la posición patriarcal que esta religión, como otras, han manifestado a lo largo de su historia en cuanto al concepto de matrimonio.

Tal y como dijo Gerda Lerner (1986) el patriarcado  es “la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y niños/as de la familia y la ampliación de ese dominio sobre las mujeres en la sociedad en general”, manifestación que en nuestros días sigue estando presente, concibiendo todavía muchos hombres que su unión a una mujer, bien sea por la vía matrimonial o bien como un acto voluntario entre ambos de convivencia en común, le otorga cierto poder de posesión y disposición sobre ella.

Quizá a estos hombres hubiese que recordar que el matrimonio según nuestro Código Civil -habida cuenta que los matrimonios eclesiásticos tienen efectos civiles-, que los cónyuges son iguales en derechos y deberes (artículo 566), que los cónyuges deben respetarse y ayudarse mutuamente y actuar en interés de la familia (artículo 67), o que los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente; debiendo, además, compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes y otras personas dependientes a su cargo (artículo 58).

Pero, tampoco está de más el recordarles que igual que el matrimonio une, como una manifestación libre de la voluntad de los contrayentes, también existe la posibilidad que por una decisión voluntaria de uno de los miembros, o bien por mutuo acuerdo, se elimine dicho vínculo mediante el divorcio.

Quienes hemos vivido una experiencia de separación o divorcio sabemos que, salvo raras ocasiones donde predomina, en algunos casos el beneficio de los hijos o porque por la madurez de ambos se prefiere finiquitar una relación que no da de más, produce un desequilibrio emocional en ambos; no en vano la unión matrimonial o relaciones more uxsorio o a modo de matrimonio -sin vínculo matrimonial- suele tener su germen en el amor, salvo algunos que pueden tener su base en un móvil de tipo económico o social, aunque éstos no suelen ser lo habitual; desequilibrio que debería llevar a quienes no pueden controlarlo a buscar la asistencia médica o psicológica necesaria, por su propio bien y de quienes le rodean.

Es cierto que, cuando la unión matrimonial o extramatrimonial se sustenta en el amor, aunque éste desaparezca, queda un poso de vacío existencial, la nostalgia de aquellos momentos felices se apodera de nuestro ser; pero, también lo es que de amor al odio hay un paso y que muchas personas no perdonan el hecho de ser dejados por su pareja. Entonces, aquí entra el juego sucio, el excesivo ruido que se genera durante el proceso de separación y/o divorcio, suele desembocar en una cantidad de reproches que nunca habíamos pensado, eso sin contar con el reparto de bienes que puede  no sea lo más equitativo para ambos.

El problema viene cuando es ruido continúa después de la ruptura, cuando los chantajes emocionales, las amenazas y extorsiones se convierte en un hábito para recobrar o mantener la posesión de la expareja, desembocando finalmente en agresiones frente  a los cuales la reacción judicial no suele ser muy efectiva o acertada, terminando en muchos casos, con el homicidio que, como viene siendo habitual las víctimas suelen ser los propios hijos o la mujer o ex pareja femenina, que tan frecuentemente tiñen de luto muchos de nuestros días a lo largo del año, ante lo cual la sociedad se plantea la pregunta del porqué de tanta inquina.

La respuesta no es otra que la apunta al inicio, es decir, el sentimiento de posesión de la mujer: “la mate porque la amaba, la maté porque era mía”, aparte de un gran desequilibrio mental no tratado, cuya base no es otra que la propia educación patriarcal recibida o aprendida, lo que nos lleva a pensar que la propia sociedad viene a ser responsable de no querer o no saber cambiar hacia una educación de respeto e igualdad entre los miembros de la pareja, atribuyendo roles en función del sexo, donde la mujer siempre suele llevar la mayor carga.

Dejándonos llevar por la repulsa hacia ese tipo de mal llamados hombres, pues su hombría, como conjunto de características y cualidades morales que se consideran propias de un hombre queda eliminada por actos tan execrables como son las agresiones a sus exparejas, la respuesta social, como no puede ser otra es exigir justicia, una justicia proporcional y adecuada al daño provocado, no sólo a nivel individual sino también social, al haberse convertido este tipo de conductas en una lacra social que, parece ser imposible de eliminar.

“La respuesta no es otra que la apunta al inicio, es decir, el sentimiento de posesión de la mujer: “la mate porque la amaba, la maté porque era mía”, aparte de un gran desequilibrio mental no tratado, cuya base no es otra que la propia educación patriarcal recibida o aprendida”

 

La justicia debe existir, tal vez siendo más dura de lo que es en sus resoluciones, donde en muchos casos la mujer es cuestionada o considerada causante de la reacción criminal de su pareja, lo cual no estaría de más sino fuese porque también muchos jueces están imbuidos de esa educación patriarcal a la que estamos aludiendo, en vez del esclarecimiento neutro de los hechos en la valoración de las pruebas presentadas y su enjuiciamiento; pero fundamental es la concienciación social en educarnos en principios de libertad, igualdad y respeto a nuestras parejas, porque sólo así podremos también educar a nuestros hijos, condenando el sometimiento o sumisión de la mujer. Es por ello que, tal vez, no estaría de más decir a nuestras parejas que no somos suyas ni de nadie y jamás lo seremos.

Balcanización de Cataluña y la ausencia del Estado

El nacional-secesionismo ha iniciado un proceso qué pretende la balcanización de España, aparentemente una balcanización sin armas pero igual de efectiva, y con el objetivo de forzar la secesión de Cataluña como un hecho consumado. Ignora el nacional-secesionismo que su procés a dónde nos arrastra es a una balcanización de Cataluña. Padece de ceguera política o bien de optimista voluntariedad ya que soslaya la realidad sociológica de Cataluña.

 

El nacional-secesionismo controla las herramientas de todo el poder político debido a la dejadez del Estado -y aquí si toca hablar de Estado, de Estado Español-. La conllevanza, en forma de dejadez y sin la contrapartida de la fidelidad, que los sucesivos gobiernos estatales han practicado respecto al catalanismo desde la transición, ha permitido el control de todos los aparatos ideológicos del Estado por parte del nacionalismo.  La sociedad catalana ha sido bombardeada por televisión, radio y escuela con toda una artillería ideológica apabullante. El nacional-secesionismo ha controlado todo desde un principio; cualquier asociación de petanca, de padres, de sardanas o de sevillanas ha sido infiltrada por elementos subvencionados y debidamente aleccionados. Vender libros el Día del Libro en una mesa en Nou Barris suponía que hasta la gente más revolucionaria entendían que había que hacerlo con la bandera catalana, ondeando cómo faldón de la mesa, dispuestos incluso a olvidar sus propias señas de identidad ideológica.

En el proyecto nacional-secesionista el charnego debía aceptar la subalternidad de su pertenencia a la comunidad. Debía aceptar que su ciudadanía era de segunda, que estaba afectada de una hipoteca para con sus receptores, acogedores, explotadores… El éxito de la asimilación o mejor dicho de la aculturización de los nouvinguts (inmigrantes) es aparentemente total cuando oyes a uno de reciente incorporación que afirma que “es lógico que en la escuela solo se enseñe en catalán porque estamos en Cataluña“. Sí Goebbels levantara la cabeza se sentiría satisfecho de su máxima de que “una mentira miles de veces repetidas se convierte en verdad”. Algunos parecen recién descubrir que existe algo que se llama fake news. La manipulación de la opinión pública es algo que practicaron los nazis con gran eficacia y lleva años perfeccionando el amigo americano, el sionismo y el nacionalismo… que se lleven las manos a la cabeza por la entrada en el juego de Rusia causa estupor por la hipocresía de su afectación.

El pacto no escrito y el complejo de la izquierda

La actual ley electoral española es copia directa del decreto 20/1977 previo a la Constitución del 78. Un sistema que consolida un bipartidismo imperfecto siempre necesitado de los votos nacionalistas, también beneficiados frente al castigo que sufren los partidos medianos y la exclusión de los pequeños. Cierto es que en las dos ultimas elecciones generales la aparición de dos partidos con pretensiones de sorpasso y sustitución nos da la apariencia de un cuatripartito; lo cierto es que los dos partidos que hasta la fecha se han beneficiado del bipartidismo del sistema (PP y PSOE) siguen beneficiándose y los dos nuevos (C’s y P’s), aunque de tamaño superior a los clásicos perjudicados (IU y UPyD), siguen siendo perjudicados en sus resultados –aunque en menor medida dado su tamaño– y los nacionalistas, como siempre, indemnes. Ver gráfico.

Este sistema electoral consolida un pacto no escrito por el cual PP y PSOE se turnan en el gobierno de España y los nacionalistas se aseguran mandar en sus autonomías. En ese pacto se incluía la continua cesión de competencias y el “dejar hacer” ante abusos del nacionalismo dentro de sus territorios y respecto a todos los españoles –No solo lingüísticas, también discriminaciones sociales y políticas, incluyendo un largísimo proceso de “construcción nacional” (más de 30 años) –.

La fidelidad constitucional no estaba incluida en ese pacto. Prueba de ello son las leyes de desconexión de septiembre de 2017 que pretendían romper la legalidad constitucional y la solidaridad y soberanía del pueblo español.

La extraña  mezcla de complejo de culpa impropia de la izquierda ante el nacionalismo –incomprensible a la luz de la historia–, la confusión equiparadora entre España y franquismo, unido a un dogmatismo proveniente de una mala lectura de los textos leninistas sobre el derecho de autodeterminación, han conducido a la izquierda a una desnaturalización de sus principios de igualdad y fraternidad.

La izquierda en Cataluña siempre ha estado dirigida por hijos de la burguesía nacionalista lo que ha alimentado la hoguera del procés. La asociación de lucha social y nacional ha perjudicado gravemente a la primera y el memede que la independencia de Cataluña arrastraría, cual fichas de dominó, hacia un cambio republicano en toda España ha desarmado no solo a las izquierdas catalanas, si no también a las del resto de España, siendo su valedor más destacado Podemos y sus confluencias. La inconsistencia de esa “teoría” es total a tenor de quienes hegemonizan el procés. Podríamos decir que esa “teoría” más que una utopía es una distopía social propia de mentes calenturientas, perdidas en los “significantes vacíos” del neoperonismo de Ernesto Laclau .

 

“La extraña  mezcla de complejo de culpa impropia de la izquierda ante el nacionalismo incomprensible a la luz de la historia–, la confusión equiparadora entre España y franquismo, unido a un dogmatismo proveniente de una mala lectura de los textos leninistas sobre el derecho de autodeterminación, han conducido a la izquierda a una desnaturalización de sus principios de igualdad y fraternidad.”



La posible secesión de Cataluña conduciría hacia una balcanización en la misma Cataluña y a un enfrentamiento de imprevisibles consecuencias dentro de Cataluña. No existe una Cataluña homogénea en torno al procés, al contrario. El procésha roto las compuertas que mantenían adormilados sentimientos cosmopolitas, lejos de identidades excluyentes. El sentimiento de españolidad se aleja del supremacismo nacional-catalanista y se abraza a un patriotismo constitucional abierto y plural, que ya no tiene que ver con el franquismo y que supera el complejo de la izquierda antifranquista y antiespañolista.

Pero hay que estar vigilantes ya que al secesionismo le interesa generar un enfrentamiento identitario: catalanismo versus españolismo. Es en la guerra de identidades donde se hacen fuertes y con ello pretenden seducir a gentes, que sin ser catalanistas, se sienten antifranquistas. No son ajenos a este interés formaciones de la ultraderecha españolista (falange, VOX, etc.), siempre dispuestos a ocupar y hegemonizar las manifestaciones criticas con el nacional-catalanismo. Son dos nacionalismos que se retroalimentan.

Guerra de símbolos. Ausencia del Estado.

La pretensión de ocupar todo el espacio público con el amarillo secesionista se ha encontrado con un Estado debilitado y ausente en Cataluña. Ello es fruto de una dejadez continua desde los años 80 en los que los sucesivos gobiernos del PP y PSOE, se han apartado displicentemente ante todo ataque del nacional-catalanismo a las libertades y a la Constitución.

Es más la dejación de funciones ha sido resultado de un cambio de cromos en los que los nacionalistas se quedaban siempre los mejores. Que la derecha, el PP, lo hiciera tiene que ver con una manera de entender la sociedad: cada uno a su negocio. Pero que lo hiciera el PSOE podemos considerarlo una traición de clase, una traición a su base electoral; cosa que le ha pasado factura y aun no se han enterado. No se salva de responsabilidad IU, ICV, EUiA, ahora diluidos en Unidos Podemos o Catalunya en Comú, avezados defensores de un supuesto “derecho a decidir”, antes “catalanismo popular”, que ha condenado siempre a las clases trabajadoras de Cataluña a la subsidiariedad, a ser ciudadanos de segunda.

El Estado es débil en Cataluña. Es débil por que sus instituciones de base, los ayuntamientos, están tomados por el nacional-secesionismo con la colaboración de la izquierda oficial: PSC y Catalunya en Comú. Los que tendrían que defender la neutralidad del espacio público amparan a los totalitarios (salvo honrosas excepciones). Y la autonomía (Generalitat y Parlament) en manos del secesionismo merced a una ley electoral que también beneficia a los dos grandes partidos es la gran gestora de la ruptura de la legalidad, de la soberanía, de la infidelidad constitucional, del proceso de secesión ilegal –por definición toda secesión es ilegal e ilegítima–.

El gobierno de España y su parlamento que deberían ser garantes de la igualdad y de que ese espacio público se respetase, antes con el PP y ahora con el PSOE, no encuentra su punto de autoridad para intervenir tras tantos años de dejadez y ausencia.

España. Un Estado fuerte, una nación plural.

Siempre he dicho que Cataluña es más plural en sí que España. Si aceptáramos que España es plurinacional deberíamos aceptar que Cataluña también lo es. Es más segura la balcanización de Cataluña que la de España. La tensión que pretende el nacional-secesionismo puede derivar en enfrentamientos civiles. Forzar su independencia asegura una ruptura territorial interna. Las cartas ya están sobre la mesa. Lo que apareció como una broma es una alternativa en caso de conflicto: Tabarnia. Ahora parece un chiste pero mañana puede ser una realidad. Se habla mucho de Quebec como reclamo catalanista, pero no olviden que la ley de claridad canadiense aseguraría en Cataluña que en los municipios donde ganara el no, se quedarían en España. Si es que hubiere, que no lo habrá, un referéndum legal.

Ya no es posible volver a las posiciones previas al inicio del procés, donde la hegemonía no se le discutía a un nacionalismo extractivo, donde se aceptaba el predominio social, económico y educacional de lo catalán –siendo el catalán la lengua de prestigio y dominación-. Donde los afectos al régimen gozaban de privilegios y se hacían ricos a la sombra de una administración corrupta, donde se ha generado una nueva clase o parroquia de funcionarios, cargos “digitales” y contratistas mamando de la teta de la administración autonómica y municipal.

Ya no es posible volver por que los excluidos hemos tomado conciencia de que somos mayoría, de que la mayoría nacionalista es un pufo, es mentira. Y queremos otra Cataluña: bilingüe, abierta, plural, social, solidaria, fraternal, libre… donde no importe ni el idioma que hablas ni tu sentimiento de pertenencia, donde la igualdad sea la máxima.

Para esa Cataluña se precisa una nueva izquierda.

Una izquierda sin complejos, una izquierda no nacionalista. Es preciso reformar cosas en España: La Constitución y el Estatutde Cataluña. Una ley electoral que nos iguale, donde el valor de nuestro voto sea igual votes donde votes. Donde nuestros hijos aprendan en la legua familiar y si hay otra en nuestra comunidad también, de forma aditiva, en positivo… Una España donde la propiedad esté al servicio del bien común –lo dice la Constitución, sí, la del 78–, donde trabajo, sanidad, vivienda sean derechos reales no virtuales. Donde España sea un Estado Integral como decía la Constitución de la Segunda República y nos olvidemos de “derechos a decidir” y “nación de naciones” y demás banalidades. Que cuando hablemos de federalismo no lo confundan con confederalismo o asimetrías. Donde incluso nos atrevemos a plantear la devolución de algunas competencias a la Administración Central del Estado, por ejemplo: Sanidad y Educación, sin que ello impida una gestión compartida con Autonomías y Municipios.

Esa izquierda está empezando a configurarse en IZQUIERDA EN POSITIVO.

Nou Barris, Barcelona. 16 de agosto de 2018

Vicente Serrano

Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista y miembro del Grupo Promotor de IZQUIERDA EN POSITIVO.

Autor del ensayo EL VALOR REAL DEL VOTO. Editorial El Viejo Topo. 2016

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