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La sociedad de los tres monos

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Miércoles, 21 de agosto de 2019

Me preocupa esta sociedad. Me preocupa la incapacidad evidente de enfocar los problemas correctamente. Me preocupa, con preocupación presente y futura, el abismo intelectual, social y educativo con el que las ideologías de diferente índole y cariz la van castigando hasta sumirla en una dicotomía que lastra su solidaridad, envilece su pensamiento y destroza su capacidad de enfrentar correctamente aquellas cuestiones que le hurtan la esperanza de poder ser mejor.

 

 

No hace tanto que, con gran revuelo mediático, el gobierno propuso subir el salario mínimo interprofesional a mil euros al mes. No hace tanto que, con gran revuelo mediático, los poderes económicos se hacían cruces y anunciaban catástrofes inenarrables para la economía de este país. No hace tanto que oyendo a unos y a otros no sabía si se me caería la cara de vergüenza, ajena, o podría contener con algún éxito el descuelgue de mandíbula que el despliegue informativo, perdón, el despliegue opinativo, estaba llegando a producirme.

¿Era posible tal desfachatez por parte del gobierno? ¿Era posible tal falta de ética por parte de los poderes económicos? ¿Era posible tal falta de objetividad y visión de la realidad por parte de una sociedad dispuesta a alinearse ciegamente con quién su querencia ideológica lo demandara?

Sí, era posible. Era, es, y parece ser que será, lamentablemente posible.  Pero vayamos por partes, por protagonistas.

El nombre de salario mínimo interprofesional me parece una burla tal como está enfocado, tal vez salario de incapacidad supervivencial, o salario de incapacidad adquisitiva, o, directamente, tomadura de pelo, que al final es lo que es.

Se supone que el salario mínimo interprofesional, SMI para no tener que escribir tanto, y porque ya todo se nombra por siglas, debe de garantizar una retribución digna a cualquiera que desarrolle un trabajo. Se supone, digo bien, porque me gustaría saber con qué parámetros se calcula, por qué mil y no novecientos ochenta o mil cuatro con treinta y tres. ¿Qué se supone que garantiza ese montante? ¿Cuánto le cuesta al empresario? ¿Se garantiza también a los autónomos? A esto último, que es lo más evidente, la respuesta rotunda es no, ya se encargan el estado y su sistema retributivo de provocar, si la coyuntura lo requiere, que los ingresos de los autónomos puedan ser incluso negativos. Luego, primera tomadura de pelo, o los autónomos no desarrollan labor retribuible y solo se dan de alta por alegrar a la AT, o no son profesionales a pesar de sus profesiones, por lo cual no se pueden dar por aludidos. Es decir, que en el peor de los casos los autónomos tienen que pagar por trabajar, o por la expectativa de llegar a hacerlo.

A la primera pregunta la respuesta también es clara, suponerse se puede suponer lo que se quiera, pero la realidad es que garantizar, lo que se dice garantizar, tal como está la vida, no se garantiza con el SMI otra cosa que una imposibilidad de supervivencia individual. En la mayoría de las ciudades españolas no se puede acceder a una vivienda, pagar los costes de agua, energía y otros, preocuparse de una manutención razonable y hacer frente a otros gastos que la recaudación grava y el mercado alza, con los mil euros de los que hablamos, y si alguien tiene alguna duda, que lo pruebe, se le quitarán las dudas de golpe.

A la segunda también vamos a buscarle las vueltas. Más, al empresario le cuesta un porcentaje más que sale de su beneficio, o sea, el trabajador gana más, el empresario paga más y gana menos y el estado recauda más a la vez que justifica más impuestos para hacer frente a un gasto que no solo no soporta, si no que le beneficia. Y, como es lógico, los empresarios protestan. Sobre todo los pequeños y medianos empresarios, esos que, siendo autónomos por obligación, tienen que buscar la forma de financiar algo que en muchos casos no tienen de donde detraer y que, además, no tienen  acceso a los beneficios fiscales de las grandes empresas. Pero eso no importa, porque al ser empresarios, para una gran parte de la población, son insolidarios, millonarios y explotadores. Así los presenta el imaginario que ciertas ideologías manejan y que difícilmente se corresponde con la realidad, a poco que se tire de libros y resultados.

Así que nos encontramos con una tesitura en la que nada es verdad, ni nada es mentira, ni nada es del color del cristal con que se mira, salvo para los que llevan una retina deformada por alguna ideología, una gran parte de la sociedad, desgraciadamente.

Podríamos entonces convenir en que todos los actores sociales intervinientes en la trifulca tienen razón, casi todos. Los trabajadores porque el SMI es insuficiente para vivir de una forma mínimamente digna. Los empresarios porque el estado se aprovecha de su posición para gravar sus beneficios a cambio de nada. Bueno, de nada no, de propaganda para la ideología del demagogo de turno. Los autónomos porque a ellos nadie les garantiza nada, y los jubilados porque su pensión es inferior a ese baremo de supervivencia que los gobernantes se sacan de una chistera sin fondo, sin forro y sin vergüenza.

Aumentar el SMI es imprescindible. No gravar a los pequeños y medianos empresarios para lucirse es de justicia. Igualar las pensiones mínimas al SMI es de sentido común. Extender el beneficio a los autónomos es, simplemente, aplicar una justicia igualitaria. Y lograrlo, lograrlo es el problema con un sistema poco interesado en las soluciones reales y muy pendiente de las alharacas ideológicas, que es para lo que está montado.

Ni la derecha, preocupada por favorecer a las grandes fortunas y a las grandes empresas, está interesada en que el SMI sea otra cosa que un parámetro vendible, ni la izquierda, preocupada en exprimir al mediano y pequeño contribuyente mientras dice que su objetivo es el grande, está interesada en que el SMI sea otra cosa que un parámetro vendible.

Para que el SMI fuera un parámetro coherente tendría que calcularse de forma que realmente supusiera una estimación fiable del costo real de la vida por individuo, en base a los verdaderos costos de las partidas fundamentales. En ese momento, además, serviría como base referencial de otros muchos indicativos económicos y permitiría la elaboración de una fiscalidad con vocación de justicia distributiva. Podría analizarse el enriquecimiento, definir la acaparación, analizar los beneficios empresariales y referenciar tantos otros parámetros fundamentales para una justicia distributiva en SMIs. O sea, nada que interese a nadie.

Y no interesa a la derecha porque tirará del famoso mito de que con un sistema realmente distributivo se alimenta a los vagos, y a los pícaros que buscaran la forma de cobrar sin trabajar, que haberlos haylos y suelen ser los que más protestan, falacia fácil de desmontar si el interlocutor tiene algún interés más en el tema que el de defender una posición ideológica o repetir imperturbable los mantras aprendidos sin necesidad de demostrarlos ni de demostraselos a sí mismo. Y no interesa a la izquierda, porque siendo una suerte de derecha camuflada, de contra derecha, no necesita pensar en nuevos sistemas, cuanto menos de ponerlos en marcha, o simplemente pensar, si para lo que realmente quiere, que nada tiene que ver con una justicia distributiva, no necesita devanarse los sesos y lo puede obtener empobreciendo a los demás subiendo los impuestos y aumentando el déficit, que ya vendrán otros que lo paguen con el dinero que no es de nadie.

Realmente, como bien decía al principio, me preocupa esta sociedad de monos que no ven, no escuchan, y son incapaces de hablar para pedir: libertad, igualdad y fraternidad reales. Una sociedad capaz de mirar con equidad a sus miembros y proyectarse hacia un futuro de esperanza. Una sociedad basada en valores diferentes al enriquecimiento, el poder, el acaparamiento y la competencia. Ya sabéis, hablando cómodamente, una utopía.

La Trampa

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Jueves, 8 de agosto de 2019

Es muy habitual, sobre todo en tiempos de elecciones, oír hablar de un concepto más resbaloso que resbaladizo y que siempre concluye como la famosa frase de Quevedo: “fueronse y no hubo nada”. Hablo de la redistribución de la riqueza.

 

El concepto en sí mismo ya es tramposo. Cada vez que se produce una transacción económica se lleva a cabo una redistribución de la riqueza, pero no es en este sentido en el que oímos a los políticos hablar de este tema, si no en el sentido  de que hay que intentar que la riqueza se distribuya uniformemente entre toda la población, en el sentido de habilitar mecanismos económicos que persigan una igualdad patrimonial que esos mismos mecanismos desmienten.

Hace ya mucho tiempo, tanto que la abuela tortuga no llega a recordarlo…, perdón por esta introducción de cuento para explicar un cuento, que los que detentaban el poder inventaron el concepto básico  de cómo hacerse con parte de la riqueza que generaban aquellos que estaban bajo su dominio, los impuestos, y como justificar la tropelía, haciendo de un despojo una forma de extraña de prestar servicios comunes. Eso sí, cuanto más absoluto era el poder menos beneficio revertía en los contribuyentes. Cuanto más absoluto era el poder  más opaca era la inversión de lo recaudado.

A nada  que se piense con un poco de lógica aplicada, si es el poder siempre el que determina las reglas y cuantías de la contribución que para sus fines necesita de los que producen, y los mecanismos por los que los que contribuyen tienen acceso a controlar en que se usa la parte de su riqueza, que el poder considera, coercitivamente, que le corresponde para llevar a término su pervivencia, son escasos o inexistentes, es inevitable darse cuenta de que el poder utilizará en primer término su fuerza disuasoria para su propio beneficio.

Es decir, una institución no productiva pone en marcha un sistema por el que se obliga a una solidaridad no siempre consentida a aquellos que sí producen a cambio de unos beneficios, teóricos, uno de los cuales, y de los costosos, es el sistema coercitivo que se empleará, entre otras cosas, para obligar al cumplimiento de los no conformes, que pagan de esta manera su propia represión, imponiéndoles unas reglas y cuantías que no siempre, en realidad casi nunca, son justas, y además se les escarnecerá públicamente tachándolos de insolidarios y delincuentes.

Por si misma esta situación desmiente la bondad del concepto. Un sistema que necesita represión no es solidario, y casi con toda seguridad no es justo. Un sistema que utiliza parte de sus recursos, una parte cada vez más importante, en perseguir y sancionar a los disidentes, es un sistema implícitamente perverso. No se puede imponer la solidaridad, se pueden imponer conceptos negativos que la suplantan bautizándolos con nombres de ideales, cuya consecución no es objetivo real, como puedan ser: el bien común, los servicios sociales o la redistribución de la riqueza. Ideales cuyo logro quedan flagrantemente desmentidos tanto en los presupuestos de cualquier estado como en la vida real y cotidiana.

Así que la recaudación de impuestos no es otra cosa que una forma de obligar a los individuos a que prescindan de parte del beneficio obtenido de su trabajo para que otros que no producen ningún beneficio, conocido al menos, decidan que necesidades, pretendidamente comunes aunque no siempre lo sean, tienen que cubrirse con esa merma de la remuneración personal.

¿Está un pacifista satisfecho con su contribución a la defensa? ¿Está un jubilado conforme con sus carencias mientras contempla como ciertos pretendidos representantes de su situación tienen prebendas que él no puede alcanzar? ¿Está un empresario satisfecho mientras ve como las leyes que se aprueban con su contribución lesionan gravemente las posibilidades de pervivencia de su negocio? Por poner los ejemplos más populistas, dejando de lado los más sangrantes y complejos. Lo dudo. Otros me hablarán, para rebatirme, de la sanidad, de las infraestructuras, de la educación… y yo les hablaré de donde están todas las carencias que los estados permiten.

Habrá en este caso quién me hable de izquierdas y derechas, como si esa falacia tuviera algo que ver con la realidad del problema. Los impuestos se inventaron antes que las ideologías, y las ideologías lo único que han hecho ha sido reinterpretar el sistema en su propio interés. La prueba está, como siempre basta una mirada sin improntas ideológicas, para comprobar que nada ha cambiado, aunque nada sea igual. Defiendo la perversidad del sistema, no su falta de inteligencia. Por lo que se cambian impuestos por libertades, que no tienen costo, pero no se garantizan más allá de lo que los individuos, o el grupo de presión al que pertenecen, son capaces de defender por si mismos.

La derecha defiende la mínima intervención directa del poder a cambio de una desigualdad cada vez mayor permitiendo una acaparación sin límites y apenas interesándose por los más desfavorecidos. La izquierda promueve la máxima intervención posible de tal modo que el poder se erige en garante de sí mismo y la redistribución de una pobreza provocada por la falta de libertad individual. Hablo, claramente, de situaciones extremas, pero no por extremas menos ciertas. Como si de una función matemática se tratara diríamos que x = f(n) tendiendo n a infinito, siendo f los impuestos y n el importe. Para n= 0 estaríamos en una extrema derecha ideal, y para n=infinito en un extrema izquierda tan ideal como la extrema derecha ya mencionada.

Creo que hay una referencia histórica que describe la absoluta perversidad del sistema de recaudación de impuestos. Son tiempos de Luis XIV y Francia, en realidad el rey, necesita dineros para dotar las guerras que sostiene, teóricamente para aumentar la gloria de Francia, en realidad la gloria, el poder y la riqueza del rey de Francia y de su élite. La única salida es aumentar los impuestos, y en tal sentido Colbert, el ministro de finanzas, se dirige al cardenal Mazarino explicándole que no encuentra la forma de gravar más a una población castigada ya al límite. Mazarino, lejos de compartir las cuitas de Colbert le da una norma que todos los ministros de hacienda de todos los gobiernos tienen en la cabecera de su mesa como guía y faro: “Hay una enorme cantidad de gente entre los ricos y los pobres. Son todos aquellos que trabajan soñando en llegar algún día a enriquecerse y temiendo llegar a pobres. Esos son los que debemos gravar con impuestos, cada vez más, ¡siempre más¡. A esos cuanto más les quitemos más trabajarán para compensar lo que le quitamos. ¡Son una reserva inagotable¡”

 

 

Releyendo la frase se puede paladear toda la perversión que implica. No solo el cinismo sobre la clase media y la burguesía, también sobre las clases intocables. Los pobres son intocables porque si sobrepasamos el límite de lo que les quitamos perdemos al contribuyente. Los ricos porque su verdadero valor está en que siempre podemos, en caso de necesidad, comprar parte de su riqueza a cambio de prebendas que a la larga los harán más ricos.

Intentando concluir, cuestión ya de por sí cuestionable, la de concluir, y para aquellos bien intencionados:  confiar en que el sistema impositivo basado en una apropiación porcentual de la riqueza individual en función de su producción, o riqueza pasiva, pueda contribuir a una redistribución justa de las riquezas es una falacia que solo el poder puede manejar con desparpajo, y con medios detraídos de otras necesidades reales para poder imbuir en la sociedad esa falsa convicción. Lo que se llama propaganda. El hecho de que se permita que ese sistema, además, sea prerrogativa del poder, es como poner a la zorra a cuidar a las gallinas.

Si alguna vez alguien pretende redistribuir la riqueza, si alguien alguna vez tiene un fin justo, solidario, si alguna vez alguien está más interesado en compartir que en acaparar, si alguien alguna vez es más propenso a servir que a servirse, si en algún remoto e inconcebible futuro el administrador está interesado en los administrados y más preocupado por administrar que por recaudar, seguramente empezará por proponer unos límites de enriquecimiento y empobrecimiento que eliminen de la sociedad el lujo y la miseria, que son los extremos de una injusticia social. Si alguna vez la solidaridad es una necesidad común palpable y aceptada, el recorrido estará claramente garantizado.

Tal vez entonces, y solo entonces, entendamos qué es la redistribución tolerable de la riqueza y hayamos logrado comprender la trampa que el sistema tradicional de impuestos supone para aquellos que no son ni el poder ni su élite asociada. Si alguna vez la sociedad llega a asumir que la igualdad no existe, pero que la equidad es un estado alcanzable, habremos recorrido una parte importante del camino. 

¡Utopía¡, gritarán muchos ante mis palabras. ¡Distopía¡ me permito yo gritar ante sus hechos, sus pertinaces, mendaces e históricos hechos.

La CN(I)C

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Domingo, 4 de agosto de 2019

Hay organismos que simplemente analizando su nombre dan una idea de lo que se puede esperar de ellos. Habitualmente esconden la frustración de su vocación tras acrónimos que no significan nada, ni lo que hacen, si es que lo hacen, ni lo que dejan de hacer, si es que hacen algo, ni lo que deberían de hacer pero no hacen, si es que… me repito.

 

Hay entre todos uno que por su absoluta incapacidad, al menos por su absoluta incapacidad para que nos demos cuenta de que intenta hacer algo, me produce una especial ternura. Furiosa, indignada, rabiosa, pero ternura. Y es que el pobre organismo empieza sus problemas ya por su propio nombre, que es difícil que pudiera ser más inadecuado para las funciones que se supone, que ya es suponer, que debe de desarrollar.

 

Hablo de la CNC. Ya, la mayoría de ustedes ni siquiera sabe de lo que le hablo. Pues es un consuelo, porque una vez que lo identifique la mayoría de ustedes no sabrán para que sirve, y eso es, aún, peor.

 

La CNC es la guinda de un pastel que tiene a partes iguales desfachatez, desahogo, avaricia, de la de saco reforzado para que no se rompa, y abuso. Hablo del pastel político de las grandes corporaciones nacidas de la privatización y liberalización, por el bien de usuario y la libre competencia, de la energía y las comunicaciones, fundamentalmente.

 

Porque se supone que la, ¡ay¡ Don José que me da la risa y no puedo decirlo, privatización de las empresas nacionales de energía, Campsa, y comunicaciones, Telefónica, y la entrada de nuevas empresas de capital extranjero de los mismos sectores, haría que la competencia, y es que ya me duelen los costados de tanto reír, abarataría los precios y mejoraría la calidad de servicios a los usuarios, o sea, perdón que me seque las lágrimas un momento, nosotros.

 

Y es que cada vez que algún político dice que va a hacer algo por nuestro bien, que por cierto nunca nos ha preguntado antes, yo saco la cartera, miro lo que tengo y calculo cuanto menos me va a quedar, eso sí, por mi bien.

Es más, si la RAE me consultara, que ya sé que no lo va a hacer, yo haría una entrada a beneficio ciudadano que diría más o menos: “x. Política. Acción de gobierno encaminada a empeorar la situación de los ciudadanos, de coste desmesurado y beneficio de los representantes políticos elegidos por ellos.” Tal cual, sin más historias.

 

Pero no nos desviemos de nuestro tema principal, de nuestro actor protagonista, del papel de villano útil que le otorgó el guión de esta película, de la CNC.

 

Alguien pensó, si establecemos una libertad, ya empiezo otra vez con la risa nerviosa, de mercado tendré que establecer un organismo, más impuestos, más funcionarios, más burocracia, que vigile que parezca que se hacen la competencia entre ellos, que es la justificación primera del latrocinio cometido. Y crearon la CNC, la Comisión Nacional de la Competencia, cuyo nombre ya daba pistas sobre sus funciones, sí, pero sobre todo sobre su ineficacia, que al fin y al cabo es imprescindible para el enriquecimiento, no solo de los accionistas, que tendría un pasar, si no de los consejeros correspondientes que son, en su mayor parte, políticos en decadencia designados por sus partidos para un retiro feliz y altamente remunerado, y figuras emblemáticas del capitalismo más descarnado que controla estas empresas, encargados, a cambio de generosa remuneración, de llevar a la empresa por donde el poder, el político y el económico, lo necesiten. ¿Y el beneficio del ciudadano?, es evidente, aún podía pagar más de lo que paga. 

 

¿Y la CNC? A lo suyo, como esos empleados que se quejan de toooodo el trabajo que tienen y nunca hacen nada, a emitir comunicados, publicar multas, ineficaces, ridículas en su cuantía y a destiempo, y a quejarse, como no, de que no dan abasto. Ni abasto ni a no basto. Simplemente son de una ineficacia perfectamente útil para quien corresponda.

 

Ya llamándose comisión  cualquier ineficacia le puede ser supuesta. Una comisión al fin y al cabo una comisión no es otra cosa que un conciliábulo de expertos encargados de estudiar una situación y sus posibles salidas durante el tiempo suficiente para que la situación cambie y las soluciones no sirvan para nada. Y lo cumple, a pies juntillas, la CNC cumple su papel como comisión sin la más mínima concesión a la eficacia o a la función ejecutiva.

No voy a decir nada al término Nacional. No me voy a para a explicar que la mayoría de estas empresas nacidas con recursos nacionales está ahora en manos de capital extranjero. No le voy a dedicar ni un minuto.

 

Pero hablemos de competencia. Teóricamente la comisión nació para evitar que las grandes empresas se pusieran de acuerdo y actuaran como un monopolio encubierto. Si, justo, eso que en la actualidad hacen. Porque, ¿quién recuerda una bajada real de la gasolina?, ni siquiera cuando durante meses el petróleo bajaba y bajaba, la gasolina al consumidor reflejó esa bajada de la materia prima. Pero, ¡milagro de milagros!, en cuanto el petróleo empezó a subir el precio de la gasolina subió con ansia. Podríamos hablar de la electricidad, de cómo en un par de años nuestros recibos prácticamente se han duplicado, aunque nos vayan cambiando la forma y tiempo de la facturación para evitar que podamos hacer comparaciones engorrosas para ellos. Vale, vale, hablemos del agua. NO, tampoco el agua. O del cine que durante años reclamó, por el bien del espectador, la bajada del IVA cultural. Bueno, ya bajó. Digo el IVA cultural porque los precios de las entradas han subido.

 

¿Dónde está el CNC? ¿A qué se dedica? ¿Cuándo y en qué trabaja? ¿Hasta cuándo nuestra paciencia nos obligará a pagar porque nos tomen el pelo? Ya, ya, toda la vida. Estamos tan ocupados ideológicamente peleando por esos temas que a los poderosos le interesan que nos olvidamos de reclamar lo que a nosotros realmente nos interesa.

 

Hoy he hablado de la CNC, yo le llamaría CN(I)C, con la i de incompetencia bien marcada, pero mañana podemos hablar de la inutilidad ciudadana de otras entidades. Es más, podríamos hablar del concepto nocivo, para el ciudadano de a pié, de gobierno. Pero, parafraseando a los añorados Tip y Coll, mañana, mañana hablaremos del gobierno.

EMPRESAS EMERGENTES: DIFERENTES TIPOS DE PLATAFORMAS PARA EL DESPEGUE DE MODELOS DE NEGOCIO NACIENTES

Mar Outsiders (Campillo) ♦ Periodista

 

Martes, 30 de julio de 2019

¡Esto es el lío padre, entre semilleros, viveros, incubadoras, lanzaderas, aceleradoras, productoras o venture builders, uno no sabe dónde ir!

Las hay públicas y privadas, de instituciones, universidades, escuelas de negocio, empresas… Y ¡ojo!, porque la mayoría de ellas están especializadas en sectores de actividad.

https://www.muypymes.com/2015/02/19/incubadoras-y-aceleradoras-de-startups-todo-lo-que-debes-saber

Una incubadora (Lanzadera, Cloud Incubator o Impact) es una entidad que apoya proyectos de emprendedores que están en su fase semilla, es decir, en la etapa inicial. Normalmente, ayudan a las empresas de tres formas: con una infraestructura desde la que desarrollar su negocio, como acceso a internet, espacio de trabajo y salas de reuniones, casi siempre, en un espacio compartido con otras empresas que están en la misma fase. Es común que se impartan cursos de formación o coaching.

Una aceleradora, da impulso a una empresa que ya está funcionando, aviva su desarrollo y crecimiento a través de un programa con un tiempo fijado y un proceso de admisión competitivo. Los componentes de la startup reciben una formación más intensiva para establecer su modelo de negocio, diseñar y probar su escalabilidad, conseguir clientes, etc. Todo ello centrado en la validación del modelo de negocio, en la aplicación de métodos como Lean Startup, la gestión o la búsqueda de socios. Las jóvenes empresas  son presentadas en rondas con inversores para conseguir financiación. Y, a través del mentoring, (personas especializadas en determinadas materias) reciben asesoramiento y les son sugeridas ideas.

En el caso del Venture Builder ofrece apoyo desde la etapa inicial, pero la idea a desarrollar suele provenir de un modelo de negocio testado en otra zona. La organización busca al equipo humano que la ponga en marcha y la financiación necesaria. A cambio, la Venture Builder se queda con un porcentaje de los beneficios que se obtengan. Un ejemplo: https://www.nuclio.com/es/

Las 25 aceleradoras, incubadoras y venture builders mejor valorados de España en 2.018:
https://www.elreferente.es/Tecnol%C3%B3gicos/pros-contras-aceleradoras-incubadoras-y-venture-builders-espana-31248

BUENO, SÍ, TODO MUY BONITO Y MUY CLARO, PERO: ¿QUÉ TENGO QUE HACER PARA QUE UNA ACELERADORA ACEPTE MI CANDIDATURA?

Cámbiate el chip. Si crees en tu negocio recién nacido y en ti mismo, debes encontrar la mejor aceleradora. Y este es un desafío: elejir, ir a por ello y acertar. Si elijes bien y realizas una presentación apropiada de tu empresa a la aceleradora idónea, tienes más posibilidades de ser aceptado en su programa. Las recompensas pueden ser enormes: consejos empresariales invaluables, nuevas conexiones, presentaciones a potenciales inversionistas y la ayuda y camaradería de otras startups. Puede parecerte que todas te dicen o te piden lo mismo, pero ni todas son iguales ni tienen los mismos requerimientos. Estudia la puerta a la que vas a llamar.

Es cierto, algunas aceleradoras son más difíciles de alcanzar que Harvard; parece que es como si te hubiera tocado la lotería si te admiten. ¿Qué buscan estas aceleradoras competitivas? ¿Por qué una aceleradora podría interesarse en tu inicio?

Pocos emprendedores se lo preguntan, pero es un cambio de perspectiva potencial para tener un buen resultado.

Las aceleradoras buscan un gran equipo, un mercado interesante y un modelo de negocio cautivador, pero con los intereses de las dos partes alineados: equipos lo suficientemente fuertes, con un fundador y compañía adecuados para el programa, con las otras startups, la comunidad mentora y los inversores que la respaldan.

 

¿Cómo saber si la aceleradora tiene el programa que realmente necesitas o puedes asumir?

Algunas aceleradoras imponen planes duros y rápidos en términos de crecimiento, incluso semanales. Necesitas comprender las consecuencias de no cumplir con esas expectativas. Además, si te incorporas a un programa, debes ser consciente de que tu incipiente empresa puede necesitar grandes cambios en su enfoque y sus suposiciones. Por otra parte, las aceleradoras están afectadas por su ubicación en un ecosistema particular. Lo que ese ecosistema tiene y no tiene, y dónde está, son factores importantes en tu decisión. Elige un ecosistema que funcione para ti. Solo porque un lugar sea grande, no significa que sea el mejor. No solo porque haya dinero, significa que sea el “dinero correcto”.

Imagen original de Gaurab Sinha, Blastistic.com

¿Qué quieren sus inversores y / o de dónde proviene el dinero?

Otra pregunta clave que casi nadie pregunta. Los inversores determinan en gran medida la dirección de la aceleradora y, en última instancia, controlan quién ejecuta el programa y, por lo tanto, las decisiones que se toman. Averigua hacia qué sector van los tiros financieros.


¿El equipo de administración de la aceleradora tiene una participación?

Idealmente, quienes toman las decisiones en la aceleradora deberían tener una participación financiera. Esto puede ayudarte a determinar cuáles son realmente sus motivaciones para trabajar contigo.
Necesitas saber con quién estás hablando. Las decisiones de una persona toma cuando no tiene participación financiera son diferentes en el resultado. Las decisiones debidas a una política de trabajo no son análogas a las que se toman cuando se cree en un proyecto.
Confía en las aceleradoras que te piden que intentes que tu compañía sea un unicornio. De las que esperen ambición y unidad, trabajo duro y que te hagan mejorar notablemente en todas las áreas durante el programa. Explica que es un desafío para ti mismo y que vas a enfrentar los desafíos que te ayuden a establecer tu empresa. No te olvides de mostrar tu disponibilidad personal, honestidad, capacidad de ajustar tus aspiraciones de acuerdo con las nuevas realidades; hacer cambios rápidamente si algo no funciona y reaccionar a los obstáculos en lugar de evitarlos.

 

¿La aceleradora paga a los mentores?

Espera que la respuesta sea “no”. Hay que pagar por el aporte de profesionales en áreas como diseño, marketing, entrenamiento de la oratoria, ventas y otras habilidades sociales. SHablamos de los expertos del Coaching y de ellos obtienes lo que pagas. Sin embargo, los mentores son diferentes.
Una comunidad de mentores debería ser completamente voluntaria, porque las conexiones que los fundadores establecen con sus mentores deberían ser por prestigio. Son personas en las que confiar para hacer el seguimiento, abrir contactos contigo, hacer presentaciones y estar disponibles para dar más consejos y apoyo en el futuro. Eso tiene que venir de la pasión y no de codicia. Mejora su marca personal o de la empresa, les da una idea de las tendencias emergentes, etc.

 

¿Qué experiencia empresarial tiene el equipo directivo?
Una aceleradora es para verdaderos emprendedores. Nadie está mejor preparado para reconocer fortalezas y debilidades empresariales que un compañero de viaje. Un líder militar sin experiencia en combate es un peligro para las personas que dirige. Un asesor que no haya visto planes y sueños desintegrados no puede aconsejar.

 

¿Tiene asociaciones con clientes potenciales?

Las aceleradoras no son solo para aprender, son también para «hacer». Una parte clave del crecimiento de tu empresa será trabajar con socios más grandes dentro y fuera. Una startup B2B necesita clientes reales con los que hablar, y una startup B2C necesita hablar con las empresas que atienden a los clientes que buscan. Entonces, pregunta acerca de las relaciones reales de la aceleradora con compañías que pueden ser importantes para tu éxito. Una aceleradora debe tener relaciones sólidas en una variedad de industrias/empresas clave.

 

Por último, estudia lo que estarían dispuestos a hacer en caso de que algo saliera mal con la relación (contrato).

Imagen original de Gaurab Sinha, Blastistic.com

Criterios de admisión

La mayoría han definido criterios para los tipos de empresas a las que están dispuestas a ayudar. Algunas requieren ciertos hitos como equipo, capital, experiencia empresarial, antecedentes, ingresos o ajuste del producto. Otras requieren obligaciones contractuales, así que revisa la solicitud y comprende qué es crucial, te ayudará a determinar tus “ajustes”.


1.-    Prepara un plan de negocio de tres páginas (la versión completa la guardas hasta que te la pidan). Una descripción general simple del nombre de la empresa, la formación del equipo, la propuesta de valor, la ventaja competitiva, el mercado accesible, la estrategia de mercado, el producto o servicio, y un pronóstico de 12 meses pueden ayudar a diferenciar tu empresa.


 2.-   Prepárate para afrontar reuniones con un comité de selección: en la mayoría de los casos, las incubadoras aceptarán solicitudes iniciales para empresas que cumplan con los criterios básicos (modelo de negocio básico, la visión y la misión de la empresa). La segunda etapa generalmente es cumplir y discutir metas, planes, fortalezas y debilidades con un comité de selección, en forma de presentación o entrevista, y una serie de reuniones para establecer las expectativas de cada lado.

 

Y piensa en el tipo de financiación que vas a necesitar

Tipos de financiación para una startup o nuevo proyecto:  https://gluppi.com/tipos-financiacion-startup/

 

El gobierno de Pandora

Rafael López Villar ♦ Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

29 de mayo de 2019

 

Normalmente se le echa la culpa a Pandora, que la pobre ¿Qué culpa tenía? Y lleva con la maldita caja a cuestas desde que los griegos dominaban el mundo conocido. Y no porque haya transcurrido tanto tiempo deja de haber seguidores de la ínclita que dale que dale a la caja acaban destapando los truenos que lleva dentro.

 

Durante años, eran principios de la informatización de las empresas, uno de los grandes objetivos de las empresas, de los empresarios, era implantar un sistema de fichaje que pudiera controlar la presencia de sus empleados. Y mentar esto era mentar la bicha, era el control de los explotadores, sindicatos dixit, para exprimir más a los trabajadores.

Los ánimos se encrespaban y los responsables de informatizar teníamos que dar verdaderas charlas para explicar que no era un sistema para controlar el rendimiento del trabajo, si no su productividad, que estaría primada. Claro que por supuesto no éramos creídos, en ocasiones con razón, otras no, y las protestas y a veces más  seguían su curso hasta que la práctica ponía cada cosa en su lugar.

Y en estas breves palabras ya figuran cuatro de los cinco conceptos por los que Pandora puede haber vuelto a abrir la cajita de marras. Lo que nadie ha explicado, tal vez ni siquiera al gobierno dada su nula experiencia empresarial, es que todo control tiene una doble vertiente que lo hace al mismo tiempo deseable y peligroso.

Hay cinco conceptos en este tema: presencia, absentismo, empleo, rendimiento y productividad. Los cinco se pueden agrupar en dos categorías según el grado de control. Un grupo lo componen presencia y absentismo, el grupo que analiza si el trabajador está o no en su puesto de trabajo y constituyen el control de presencia. Las otras tres (empleo, rendimiento y productividad) analizan la cantidad y efectividad del trabajo realizado y conforman el control de producción.

El control de producción solo es viable si la empresa es capaz de sistematizar el trabajo encargado al trabajador y el tiempo de realización de dicho trabajo, de tal forma que empleo es el número de horas de trabajo asignadas a un trabajador, rendimiento sería el cociente de dividir las horas reales usadas frente a las asignadas, y se expresa como un porcentaje, y la productividad es el cociente resultante de dividir el empleo y el rendimiento y su valor máximo es 1, que es cuando el tiempo asignado y el empleado en la realización del trabajo son iguales.

El control de producción, salvo excepciones, es solo utilizable en fábricas y talleres que tienen tareas perfectamente definidas y baremadas. Puede haber excepciones, pero su análisis tiene complicaciones que no lo hacen interesante. En todo caso si soy empresario y me obligan a tener un control de presencia aprovecharé los datos iniciales para buscar un análisis más profundo de la calidad de mis trabajadores, y seguro que eso ya no gusta tanto.

Pero para buscar la mano de Pandora en la decisión del Gobierno de obligar a todas las empresas a llevar un control de presencia, que ya es obligar por obligar sin tener en cuenta las características peculiares de empresas y trabajadores, no necesito ir al control de producción, con poner un control de presencia riguroso ya puedo encontrarme con datos insospechados.

El primer trueno que puedo haber destapado, sobre todo si hablamos del empleo público es el absentismo, todos esos funcionarios y trabajadores que viven una baja sistemática y que hasta este momento podían negar por la falta de datos o por la dudosa solidaridad de los compañeros fichadores.

Y el absentismo, además, puede ser presencial. Todos conocemos el caso del trabajador que circulan por las dependencias de la empresa con unas carpetas o papeles en la mano y no le queda mesa por visitar. Está, nadie puede dudarlo, pero ¿hace algo?, habitualmente poco. Con lo que yo impondría un control de presencia en el puesto de trabajo, codificando los tiempos de abandono del puesto en necesarios, innecesarios y evitables, es decir aquellos que podrían haberse realizado sin hacer un desplazamiento. Para ello establecería control de paso en todos los accesos de la oficina: baños, dependencias, e incluso en el mismo puesto de trabajo. Y puestos, ya que me han obligado, puedo empezar a conseguir algunos ratios que serían sorprendentes. Tiempos muertos por horas trabajadas. Horas por trámite realizado. Horas por   contrato conseguido. Y así hasta un sinfín de análisis de semi productividad que hasta ahora eran soslayables pero que puestos a controlar apenas suponen un esfuerzo adicional sobre lo exigido. ¿Y si las horas extras se dan por una baja productividad de los trabajadores? ¿Qué medida adoptará el gobierno?

Eso, habrá que preguntarse si el gobierno va a aceptar las medidas empresariales contra esos trabajadores que existen en todas las empresas, maestros del escaqueo y del  disimulo, cuando intenten presentarse como motivos de despido justificado.

A lo peor resulta que el beneficio social, como la esperanza, queda en el fondo de la caja de Pandora de la que han salido a borbotones el absentismo puro, el presencial y los puestos de trabajo que en vez de crearse se muestran prescindibles.

No puedo evitar el pensar que a lo mejor, puestos a gobernar un país los políticos harían un poco mejor en leer alfo más de mitología y algo menos de autores de la lucha de clases. Que harían mejor en conocer de primera mano la realidad de las empresas y fiarse un poco menos de “actores sociales” que solo conocen de empresas que en España son excepcionales, pero que intentan aplicar los mismos baremos y maneras a las grandes corporaciones y al negocio familiar.

Eso sí, molón queda un ratos. ¡Camarero! Barra libre de control de presencia para todos, que el gobierno invita, pero no paga.

¡Ay Pandora, Pandora! Siempre a vueltas con la cajita.

Guerra en el lejano oriente

Rafael López Villar ♦Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

22 de mayo de 2019

Hay mañanas en las que escuchar las noticias se convierte en un ejercicio complicado de vuelta a la realidad, no porque lo escuchado no sea real, sino porque si los que las escuchan, y vistas sus reacciones, viven en el mismo ámbito geográfico que yo entonces yo vivo en la inopia y necesito volver a la cruda realidad.

Como en un combate de boxeo los golpes de disparates se van sucediendo, van atontando al oyente hasta que llega el definitivo que lo manda a la lona. Esta mañana el demoledor jab que nos deja tirados hasta más allá de la cuenta es la noticia sobre Google y Huawei.

Lo curioso es el degradé con el que se afronta. Se empieza a presentar como un desastre para en un intento vano de suavizar las terribles consecuencias del problema creado por Trump ir quitando hierro con comentarios consecutivos cada vez menos preocupantes. Lo que ya en sí mismo es terriblemente preocupante ya que la primera noticia no es más que un leve resplandor entre nubes al filo de un amanecer sin atmósfera, si alguien pretende decirme que aún quedan muchas horas hasta que el sol asome el miedo puede ser incontenible. El miedo o la absoluta inconsciencia.

No puedo evitar pensar en las similitudes, casi exactitudes, que la guerra comercial contra el resto del mundo emprendida por un presidente mejorable -¡que finisísimo he sido!- como persona y como político tiene con lo acontecido en el siglo XX entre los mismos EEUU y Japón.

¿Se resignará China a ser expulsada limpiamente del pastel tecnológico? Lo dudo. Ni por prestigio internacional, ni por interés económico China se va a quedar de brazos cruzados, no puede, no debe y no quiere.

Hablan algunos, no sé si piensan antes lo que dicen, de un nuevo sistema operativo de Huawei que reemplace al Android en sus terminales, pero lo importante, lo que hace popular un sistema operativo, no es el sistema en sí mismo sino la facilidad de acceder a servicios que se hacen masivos. Sin Google, sin Microsoft, significaría que los teléfonos móviles Huawei no tendrían acceso a las apps que hoy por hoy interconectan al mundo. Sin acceso a Gmail, sin acceso a Whatsapp, los usuarios de ese sistema operativo estarían desconectados de todas las redes sociales habituales.

Es más, y seguramente muchos lo desconocen, el sistema operativo Android nació como, y sigue siéndolo, un programa de código libre, esto es, accesible para cualquiera que quiera implantarlo en su teléfono, lo único que hizo Google fue darle su sello personal, desarrollar utilidades complementarias, tanto directamente como a través de desarrolladores interesados, que hicieran ese conglomerado de facilidades que han llevado a los móviles a la popularidad y tasa de utilización que tiene hoy en día.

Así que Huawei no tiene por qué renunciar al sistema operativo Android, pero si a todo esa galaxia de aplicaciones y facilidades que son su tienda de apps y a los programas desarrollados bajo el paraguas tecnológico de Google.

Recordemos que hace no mucho un gigante como Microsoft, con sus recursos, experiencia e implantación en el mercado, intentó competir con Android sacando terminales con su sistema operativo, Windows móvil, que fue un absoluto fracaso comercial. Hoy en día, en el mercado de los móviles, solo caben dos sistemas operativos, el Android adaptado por Google y el IOS de Apple, y caben porque colaboran y las herramientas populares las comparten, lo que significa que sus usuarios solo tiene que elegir entre dos tecnologías y dos formas de aprovecharlas que de cara al usuario, y sobre todo a su conexión con el resto de los usuarios, no supone ninguna traba o dificultad. Porque al final lo único que quiere el usuario es conectar su móvil y tener garantizada su interconexión con sus mundos, esos formados por sus relaciones con amigos, reales o virtuales, y su capacidad de acceso a una información, desinformación en muchos casos, masiva y compartible. Lo demás no importa, nada.

Ahora falta la respuesta China. No sé cuál será, pero si tengo claro quién va a ser la primera víctima de esta guerra, como todas, evitable. Sí, usted, y yo, todos los usuarios de telefonía móvil que dejamos de tener acceso a una tecnología de buena calidad y más barata. Los usuarios que han comprado de buena fe unos aparatos que más rápidamente de lo habitual, y ya era muy rápidamente, quedarán obsoletos.

Las implicaciones del inicio de esta guerra son tremendas y ni siquiera las empresas norteamericanas estarán libres de morir, o resultar dañadas, en la vorágine de una guerra en la que su inductor no parece haber medido las consecuencias, suponiendo, y ya es mucho suponer, que ese señor que parece empeñado en complicarnos la vida a todos tenga la capacidad suficiente para saber medir algo más que su propio ego y su afán de enriquecimiento.

Por lo de pronto, y en una marcha atrás que solo demuestra la falta de inteligencia política de un desgobierno populista y solo comprometido con sus propios intereses, que tampoco son los de su país, ya se ha acordado una suspensión de tres meses en las medidas contra Huawei por las caídas masivas en bolsa de empresas norteamericanas afectadas por la medida. Por lo de pronto.

Eso sí, en las próximas elecciones americanas será interesante ver la batalla entre los sistemas de propaganda rusos, que ya han demostrado su eficacia en algunas cuestiones de la Unión Europea y en las últimas elecciones americanas en las que jugaron a favor del  señor Trump, y los que los chinos necesitarán poner en juego para defender su posición en una guerra para la que tal vez aún no está totalmente preparados.

Y para los que creen que esto no les afecta, que comprueben que no están usando los prismáticos al revés, porque mirando por el lado equivocado todo se ve más pequeño, como si estuviera más lejos. Allá, en el lejano oriente.

Una excelente escritora forense

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

Hay un libro técnico reciente que me ha entusiasmado, se trata de ‘Las desventuras del dinero público‘ (Ed. Marcial Pons). Su autora es Mercedes Fuertes, catedrática de Derecho Administrativo en la Universidad de León. Atiende aquí a tres proyectos de grandes infraestructuras que han supuesto un notable incremento de la deuda pública española: el almacén Castor (hidrocarburos en el subsuelo), unas autopistas radiales y una concesión ferroviaria. Sus fracasos han ocasionado contundentes golpes financieros, un gran roto para las cuentas públicas. Mi admiración por estas páginas se basa en el rigor y la claridad con que se desarrollan estas historias jurídicas. Escritas espléndidamente y con la precisión de una sabia cirujana, Mercedes Fuertes prescinde de las notas a pie de página y de cualquier inclinación a la pedantería. De este modo y gracias a sus lances de esgrima, lectores legos en la materia -como es mi caso- pueden encaminarse por entre estos intrincados asuntos, donde se asiste a sobresaltos de centenares de millones de euros a pagar.

Cuando las empresas concesionarias ven defraudada de forma estrepitosa, su confianza en lograr pingües beneficios, ¿quién paga los desperfectos? No siempre rige el principio lógico de ‘riesgo y ventura’ del contratista. Ante la perplejidad de los ciudadanos, serios pagos suelen caer en sus espaldas, y no solo sobre los consumidores. ¿Qué aspectos jurídicos fallaron? ¿Qué daños producidos fueron responsabilidad del concesionario, por su imprudencia? ¿Se hicieron de modo honrado y riguroso los análisis de mercado y las previsiones de coste-beneficio? Inquieta, señala la autora, que aparezcan los mismos protagonistas en toda una retahíla de actuaciones repetidas. 

Con frecuencia los costes de las obras se multiplican y los presupuestos quedan sobrepasados. Aquí se especifica que en enero de 2007, un presupuesto de 500 millones de euros llegó en diciembre a 1.200. La profesora Fuertes alude a los peajes en la sombra. Expropiaciones, indemnizaciones, cánones de mantenimiento, valor de las instalaciones, recuperación de costes. Se impone aplicar un principio de sostenibilidad financiera: «Toda actuación que conlleve un incremento en los costes deberá atraer otra de reducción equivalente». Al fin, la política es «el bastidor en el que es preciso encajar» todas estas cuentas y sus posibles corrupciones. 

El ocaso de los dioses rojos

Los modelos económicos y de gestión de recursos públicos que se ejecutaban en el siglo XX se centraban fundamentalmente en aquellos productos o bienes de consumo tangibles, con lo que la fiscalidad derivada de una política económica localista  hacia recaudación en el rendimiento del trabajo fundamentalmente y menor en los bienes generados por dicho productividad a nivel individual.

 

Los nuevos modelos económicos: La teoría del bien común, la economía basada en recursos y la economía colaborativa usan las nuevas tecnologías con el fin de transcender el ámbito localista así como el producto tangible. En la actualidad las nuevas corrientes políticas globales están evolucionando o adaptando a nuevas formas de entender tanto el consumo como la producción. Las nuevas tecnologías con ayuda de la inteligencia artificial están haciendo posible el consumo a través de lo virtual.

Ello es posible gracias al desarrollo exponencial experimentado en los últimos diez años en torno a la tecnología inteligente, capaz de valorar nuestros gustos e inclinaciones a través de millones de datos recaudados de cada uno de nosotros. Así pues, esto hace posible que estemos pasando de ciudadanos dueños de nuestra vida a consumidores controlables de todo aquello que la industria es capaz de fabricar, sea tangible o virtual.

 

Gracias a las nuevas  tecnologías estamos siendo adiestrados para consumir a aquello que interesa fabricar en cada momento, con independencia que lo necesitemos o no. Si no existe esa necesidad se inventa.

Por desgracia, el uso que se hace de la tecnología no  revierte en una mayor calidad de vida y de libre albedrío de quien la consume, sino más bien en una recopilación de datos de todo tipo del ciudadano con el fin de redirigirlo hacia las tendencias de opinión, gustos, consumo que interesan en cada momento. Las nuevas tecnologías desde esta perspectiva, no están pensadas para mejorar nuestras vidas, sino para controlarlas. Cuando debería ser lo primero.

 

«Por desgracia, el uso que se hace de la tecnología no  revierte en una mayor calidad de vida y de libre albedrío de quien la consume, sino más bien en una recopilación de datos de todo tipo del ciudadano con el fin de redirigirlo hacia las tendencias de opinión, gustos, consumo que interesan en cada momento.»

 

La fiscalidad de lo invisible

Como poner precio a lo virtual? Donde se paga un servicio en España cuando el servidor que lo genera está en México?. En base a que baremos o tipos de base se abonan los beneficios?. Son preguntas que la política económica de pocos países dan respuesta. Lamentablemente el nuestro no está entre ellos..De este modo está llamado a ser un país esclavo más de otros que desarrollen y legislen sobre el uso y consumo de esas nuevas tecnologías y su implementación en la vida cotidiana de los ciudadanos. Tendremos que pagar por servicios de internet, de gestión de recursos etc.

El ocaso de aquellas ideas de igualdad, libertad y fraternidad, comenzó cuando los gobiernos vieron que era más fácil controlar a la población a través de la realidad virtual que a través de la represión. Es más práctico redirigir ideas que reprimirlas, ya que lo segundo no es políticamente correcto.

Si nos olvidamos de humanizar las tecnologías en su aplicación, como dice mi buen amigo el economista Rafael Martínez-Cortiña, estaremos entrando en políticas públicas no de gestión sino de control, estaremos en un sistema en donde lo virtual invade lo cotidiano para crear nuevos emociones y nuevas cogniciones en coherencia con el medio social en donde nos desarrollemos nuestra actividad vital..

 

La esperanza de lo esperado

El aspecto más importante para el desarrollo de una sociedad es sin duda su economía. Esto es precisamente lo que marca su carácter, su esencia como grupo organizado. Una economía basada en el servicio a quien va dirigida es una economía limpia, transparente y sobre todo libre. Libre del poder del capital, sujeta más que a la riqueza al bienestar. No hay bienestar sin riqueza, cierto, pero riqueza de todos no de unos pocos. Una economía que se base en las nuevas tecnologías como herramienta indispensable para facilitar al ciudadano información veraz sobre el coste de recursos, gastos ingresos etc, es una economía no solo basada en el crecimiento, sino también en el desarrollo, ya que lo uno sin lo otro precariza el bienestar de las personas.

 

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La Era ciborg. Ensayo sobre el bien-estar en la nueva economía. Principios de la ciberantropología económica. Por el Doctor Javier Mauri.

La palabra sigue siendo esa herramienta indispensable que nos ayuda día tras día a conformar y construir nuestra realidad. Por ello, antes de iniciar este apasionante viaje por el mundo ciborg, creo indispensable definir y asentar bien el significado de algunos términos. Cada uno de ellos, aquí delimitados, debe ayudarnos a reflexionar sobre nuestra forma de interactuar de forma activa y altiva con las nuevas tecnologías.

Digamos que es sentarse en un tranquilo bosque por el que estamos paseando, después de estar haciendo footing durante toda una mañana. Un bosque tranquilo, cerca de un riachuelo con agua fresca, que nos invita a sentarnos y a reponer fuerzas mediante la reflexión, para tomar una decisión sobre qué camino tomar para seguir corriendo.

Palabras como dependencia, simbiosis, necesidad, deseo y actitud, solemos usarlas en ocasiones con demasiada alegría sin pararnos a pensar en su significado real. Lo peor de hacer un uso no adecuado de las palabras que utilizamos no es lo que los demás no nos entiendan que queremos decirles, sino que no lo entendamos nosotros mismos o, lo que es aún peor, lo entendamos erróneamente.

¿Para qué queremos las nuevas tecnologías?. ¿Qué esperamos de ellas?. ¿Dependemos de ello?. ¿Nos relacionamos bien, de manera correcta con esas tecnologías que nos permiten gestionar mi negocio desde un portátil, controlando la calidad del trabajo de mis empleados?

Son preguntas que va siendo hora de responder, pero, sobre todo hay una fundamental, la piedra filosofal de este futuro que ya está aquí. Las nuevas tecnologías pueden y deben contribuir a que seamos más felices, sentirnos más completos.

Como dice mi buen y admirado Rafael Martínez-Cortiña,  (TELOS 2018) las respuestas a esas preguntas deberán enfocarse en torno a los objetivos que nos planteemos alcanzar con nuestra relación con ellas. Es decir, depende del tipo de futuro que nos planteemos: Utópico y deseable o bien distópico y alcanzable muy fácilmente por cierto. En este sentido, si lo que ambicionamos el segundo tipo de futuro, nos encontraremos con que las máquinas no sólo hacen nuestro trabajo sino que además suplen carencias y necesidades que hasta ahora hacían los semejantes con los que nos relacionábamos. Y es que siempre será más cómodo interactuar con la máquina, independientemente del nivel de inteligencia artificial puesto a nuestro servicio, que hacerlo con otra persona que exige de nosotros una parte de nuestras emociones, de nuestra atención y de nuestro sistema cognitivo generador de expectativas. Lo fácil no es siempre lo mejor, sino lo más cómodo.

Vayamos pues con esas definiciones, antes de seguir más allá del camino a través del bosque que nos rodea.

EL BISTURÍ DE LA PALABRA              

Uno de los pioneros de la neuropsicología soviética de hace bastantes años, Alexander Romanovich Luria, escribió en su Introducción Evolucionista a la Psicología (Luria, 1977) que la palabra hizo al hombre. Luego la jerarquía política de aquel tiempo cambiaría esa expresión por otra, políticamente más correcta, el trabajo hizo al hombre.

En cualquier caso la palabra se nos presenta como la auténtica arquitecta de la inteligencia humana. Gracias a ella, somos capaces, no sólo de comunicarnos de forma muy compleja, sino de categorizar la realidad de una forma o de otra. Esa realidad que como bien se apunta en la programación neurolingüística no existe como tal, sino que la construimos momento a momento, (Dilts B. Robert, Epstein A. Todd, Aprendizaje dinámico en PNL 1995). No debemos pasar por alto que en todo proceso cognitivo el ser humano no solo es capaz de ver, sino también lo es de percibir. Ello conlleva la asociación directa de todo aquello que ve con todos sus recuerdos, sensaciones, imágenes y pensamientos con todos y cada uno de sus momentos vivenciales, adquiriendo con ella una percepción única en cada momento, siendo específica y distinta para cada persona.

 DEFINICIONES

DEPENDENCIA:No es casual la elección primera de esta palabra. Podemos y debemos entender por tal la supeditación de una persona o situación a una entidad superior. Dicho en otras palabras, es aquella relación de origen o conexión supeditada a la subordinación de un poder percibido como superior. Lo que describe una situación de una persona que no está en condiciones de valerse por sí misma y que ha de supeditarse bien a otra o a una situación.

Obviamente, no es esta la clase de relación más deseable que podemos mantener en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana. Es decir, el ser humano no se puede poner al servicio de ningún tipo de sistema, sea político, social o económico, ni por supuesto tecnológico, teniendo las capacidades para no tener este tipo de relación.

Las relaciones de dependencia parten del hecho que la persona no puede valerse por sí misma, o bien lo percibe de esta manera, porque ya no tiene o nunca ha tenido las capacidades necesarias para ello.

Lamentablemente, no es un secreto que un uso inadecuado de las nuevas tecnologías pueden desarrollar relaciones de dependenciade quien las usa. No obstante, también es cierto que estas personas con este tipo de relación tecnológica, son proclives a padecer deficiencias afectivas, emocionales y cognitivas.

En varias investigaciones se pone de manifiesto sin embargo, que cuando la persona en cuestión presenta estas deficiencias y además muestra una baja autoestima, sentimiento de aislamiento social y ansiedad si mantiene interacciones positivas de tipo virtual, dichas carencias tienden a desaparecer o minimizarse, (Bueno D. 2017). La autoestima  alta, como muy bien señala la autora Lola Mesa (2016), refleja el respeto a un@ mism@.

SIMBIOSIS: Este término bien pudiera situarse como antagónico del anterior. En términos biológicos se considera la simbiosis a aquella asociación íntima o muy cercana de organismos de especies diferentes para beneficiarse recíprocamente en su desarrollo vital.

Extrapolando este significado al viaje en el que estamos, es lógico decir que la simbiosis entre las nuevas tecnologías incluidas dentro de un proceso de digitalización y la persona que las usa se enmarca dentro de entidades de un mismo nivel colaborativo. Así, si añadimos la inteligencia artificial que desarrollarán y harán más factible ese uso tendrán la capacidad de ir aprendido de su usuario a nivel personal y específico y este mismo usuario debe estar en disposición no solo de aprender de sus nuevas tecnologías, sino también de enseñar a las mismas. De este modo, lo que es un uso deja pasa a otro forma de extensión del propio ser humano, (yo mental) la interrelación personal máquina persona. En donde, en un desarrollo más profundo la comunicación deja pasa a la conexión. Es decir, la simbiosis plena persona-máquina, en donde cada uno de estos actores construye su realidad en función del otro cuando ambos interactúan, (conexión simbiótica)

Esta conexión simbiótica es lo que garantizaría ese “futuro utópico” del economista Martínez-Cortiña (Telos, 2017), huyendo del distópico basado en la mera dependencia. Relación tóxica que no contribuye para nada en nuestro bien-estar. En este sentido, a fecha de escribir el presente ensayo, se abre en Madrid el primer centro de atención a personas dependientes a las nuevas tecnologías de 12 a 17 años. El presente centro, pionero en España cuenta con cinco psicólogos y dos educadores. Si no abrimos un período de reflexión sobre la forma de relación con las tecnologías nuevas, el problema será mayor.

En este sentido, hemos de tener precaución con integrar esas nuevas tecnologías en nuestras vidas de una manera simbiótica y no dependiente ya que, como dice la ciberantropóloga Amber Case ( 2016), esta tecnología es susceptible de crear dependencia cuando en realidad no es su objetivo.

TECNO-EMOCIÓN: Es un concepto muy novedoso ya introducido por La doctora en economía Mar Souto de la Universidad Rovira y Virgil en el programa de radio Querer vivir de la que es directora en la zona de Madrid.

Vayamos por partes. Entendemos como emoción un estado afectivo que experimentamos ante el ambiente y que se acompaña de cambios fisiológicos y endocrinos de origen genéticamente establecidos. Tampoco debemos olvidar que el ser humano forma parte de algo más global que lo transciende. En este sentido la Doctora Souto está en la cierto cuando asegura que somos el Universo, (2017).

Nuestro sistema emocional, vital para la adaptación al medio, sigue desarrollándose más allá incluso de los diez años de edad del ser humano, tanto es así que junto al juicio práctico son los dos sistemas que más tardan en madurar. Esto no representa una buena noticia en tanto en cuanto los cambios que se producen en las nuevas tecnologías son de una velocidad vertiginosa. Digamos que no pueden esperar a que nuestros sistemas cognitivos y emocionales maduren al completo y con la misma rapidez.

Tal vez, si fuéramos capaces de diseñar competencias emocionales a aplicar en los modelos educativos actuales salvando esas trabas cognitivas que se definen en los profesores, facilitando un rápido desarrollo emocional más adaptativos (Souto R, 2012) seríamos capaces de obtener la simbiosis tan deseada y desterrar para la siempre la dependencia a las nuevas tecnologías.

En este mismo sentido, debemos entender la tecno-emoción como a aquel estado afectivo que viene dado como consecuencia del uso de las nuevas tecnologías. Admitir esto, es admitir que la cibertecnología produce y modifican las emociones del usuario

NECESIDAD: Se define como aquella sensación de carencia propia de los seres humanos que se encuentra directamente vinculada al deseo de satisfacerla.

Las necesidades están delimitadas a situaciones o elementos imprescindibles para nuestra supervivencia como seres humanos. Son elementos sin los cuales nuestra existencia se vería tan seriamente comprometida que podría extinguirse. Maslow ya las definió en su tiempo jerarquizándolas desde las más básicas a las más complejas (Maslow A, Una teoría sobre la motivación humana de 1943)     .

Según Maslow (Maslow A., 1943) en su teoría psicológica sobre la motivación humana, especifica que se va teniendo acceso a la satisfacción de las necesidades superiores en la medida en que se van satisfaciendo las necesidades inferiores

DESEO: Para el autor Philip Kotler (Kotler, 2016), los deseos nacen al dirigir nuestras necesidades hacia objetos concretos que podrían satisfacer la mima. Según Kotler, las necesidades se convierten en deseos cuando éstos se dirigen a objetos específicos que podrían satisfacerlos. Por ejemplo, la necesidad de alimento puede llevar a una persona a desear una hamburguesa o una pizza. La necesidad de vivienda puede impulsar a la persona hacia el deseo de poseer un apartamento.

ACTITUD: Parafinalizar, el último término al que haremos referencia antes de iniciar nuestro camino es la palabra ACTITUD, sin duda muy bien situada en nuestra realidad cotidiana. Según la Real Academia de la Lengua Española, la actitud es el estado de ánimo que se expresa mediante una manera muy concreta. Dicho de otro modo, es la capacidad de los seres humanos de enfrentarse al mundo y a sus circunstancias.

Tener una actitud positiva indica deseos de construir soluciones, de crear alternativas coherentes contigo mismo y con tus expectativas. Es la actitud positiva la que hace que movilicemos nuestros recursos mentales para alcanzar nuestro bien-estar y conseguir con ello que aquellos que nos rodean también lo alcancen.

 

 

LA ECONOMIA DE MERCADO.

 

El sistema global, como todos sabemos, está basado en la economía de libre mercado, independientemente del modelo ideológico que esté detrás, el capitalismo salvaje se adapta a cualquier entorno político y cultural. Su efecto camaleónico es lo que garantiza su supervivencia como sistema económico. Esto crea en las naciones del mundo profundas desigualdades estructurales de tipo social. Desigualdades que ponen en peligro la satisfacción misma de las necesidades básicas humanas. Esto provoca una relación de dependencia entre el ciudadano y el estado.

Cómo hemos dicho para estos contextos, eso no nada positivo, por consiguiente no facilita nada las cosas para un estado con sus ciudadanos felices.

Hasta ahí las consecuencias de las políticas económicas y fiscales asociales a esos modelos empresariales tradicionales. Pues bien, las nuevas tecnologías que están presentes ya y las que quedan por venir, ofrecen la posibilidad de crear modelos económicos de gestión y plataformas de negocio que sí posibilitan que el tipo de relación con el usuario sea:

Una relación simbiótica no dependiente.

Una relación basada no solo en la satisfacción de necesidades básicas, sino en aquellas más elevadas.

Una relación que vaya hacia la satisfacción de unos deseos que nos hagan ser empáticos

Una relación que desarrolle y haga posible una actitud positiva ante las circunstancias que nos rodean.

Una relación que produzca un conjunto de tecno emociones que no compitan ni sustituya a las del mundo real, sino que las complementen de manera simbiótica. El hecho que un like en nuestra última publicación en facebooock, sea capaz de provocar la misma cantidad de serotonina que un abrazo, no significa que lo primero debe hacernos olvidar que también necesitamos lo segundo. Olvidar esto nos lleva a la dependencia de las máquinas, no olvidarlo nos lleva a completarnos más como nuevos seres humanos  (ciborgs).

Para que esto sea real, porque cierto ya lo es, hemos de tener presente varias condiciones básicas que desarrollaremos en los siguientes puntos.

LA TECNO-ECONOMIA.

En un mundo en donde el dinero desaparecerá de forma física y nos comunicaremos mejor y de forma más eficiente, hemos de plantearnos qué modelo económico queremos. Por ejemplo, uno centrado en la tecnología con la cual podremos gestionar el tráfico de información de nuestra empresa? La inteligencia artificial será capaz, a través de la digitalización, hacer análisis estadísticos (lo que se conoce como big data, data studio, etc.), y decirnos el tipo la experiencia que nuestro cliente tendrá del producto que nos ha comprado o del servicio prestado por nuestra empresa.

La fidelización del cliente se presenta pues como un factor clave a tener muy en cuenta. En ese mismo sentido, nuestra reputación digital, tanto como clientes como dirigentes empresariales serán muy importantes de cara a generar contenidos atractivos en nuestras redes sociales. Redes donde no solo la cantidad, sino la calidad de la misma contribuirá de manera determinante a esa reputación digital. Una sociedad inteligente sólo es posible si sus dirigentes son lo bastante astutos como para construir un nuevo modelo de contribución de seguridad social y otro modelo fiscal, y no sólo reformarlos. Y por supuesto, sostenibles. Ya no es tiempo de reformar viejos sistemas económicos, sino de crear otros nuevos. Dichos sistemas deberán tener tres pilares fundamentales: 1. La sostenibilidad que propugna la economía basada en recursos (EBR) que defiende Alfonso Estébanez. (Estébanez Capilla A, 2017) 2. El bienestar de la teoría del bien común defendida por Christian Felber. (Felber C., 2015) 3. La justicia social de la economía colaborativa (Martínez-Cortiña)

EL ESLABON ENCONTRADO

 

Desde .un punto de vista paleontológico, puede parecer una herejía decir que el nuevo hombre que se ha desarrollado es un ciborg en proceso de fabricación y desarrollo. Si nos basamos en la definición de ciborg de los años 60 (Clein y Klines, 1960) nos encontramos con esta definición del término “como la integración en máquinas en los astronautas, en trajes o cuerpo para mejorar sus posibilidades de supervivencia en medios extraterrestres” (opus cit, Clein-Klines, 1960). Si echamos un vistazo a las nuevas tecnologías nos encontramos con que tenemos teléfonos móviles no solo como exoesqueletos (Martínez-Cortiña, Telos 2017), sino que además es ya realidad los implantes de terminales de móviles en la oreja. Dicho en otras palabras, ¿SOMOS CIBORGS? O como diría Luis Miguel Samperio “somos personas expandidas”. Afirmar lo segundo considero es ir a términos muy generalistas que no definen exactamente lo que somos, sino lo que conseguimos con lo que somos, que es bien distinto. Con ser ciborgs obtenemos una expansión, o dicho por la ciberantropóloga Amber Case  ·”obtenemos una prolongación de mi yo mental con el uso de esas nuevas tecnologías” (Telos 2017), pero no soy lo que

Obtengo. La causa no es lo mismo que el resultado que provoco.

Dicho esto, ¿estamos ante una nueva evolución del ser humano? (Case, 2013). De homo sapiens a homo ciber? (del griego Kyber, con significado de timón, control). De ser así ¿hacia dónde avanzamos, hacia la dependencia y esclavitud de nuestra propia evolución o hacia una integración simbiótica con la misma?. La respuesta a esta cuestión hemos de irla construyendo con lo que hemos de entrar en un período de reflexión. Lo cual parece obvio.

© Doctor Javier Mauri. Sevilla 2018.

BIBLIOGRAFIA

Bueno D.(2016). Las nuevas tecnologías están cambiando el cerebro humano. Recuperado http://www.lavanguardia.com/vida/20160414/401105508727/entrevista-david-bueno-cerebroflexia.html

Case A. (2017).En el futuro el bien más escaso, será la atención. Recuperado de:

https://www.fundaciontelefonica.com/2017/11/30/amber-case-en-el-futuro-el-bien-mas-escaso-sera-la-atencion/#

Case A.(2013) Todos podemos ser super-humanos. Recuperado de:

Todos podemos ser superhumanos, según la antropología de "cyborgs"

Dilts B. R, Epstein T.A.  (1995). Aprendizaje dinámico en PNL 1995. Ediciones Urano

Estébanez Capilla. (2017) La revolución educado. Scribo Editorial.

Felber C.(2015). La teoría del bien común. Deusto S.A. Ediciones.

Kotler P  (1999). El  Marketing según Kotler. Paidós

Martínez-Cortiña R. El transhumanismo es un alter sistema. Telos 2018

Maslow A. (1943). At theory of human motivation. Martino Publishing. U.S.A.

Mesa R. (2016). Ser tu pareja ideal para atraer a tu pareja perfecta. Círculo Rojo

Romanovich Luria A. (1977). Introducción evolucionista a la psicología. Pirámide Ediciones.

Souto R. 2016. Desarrollo de competencias emocionales en la educación superior. Ed.: Universitat Rovira i Virgili. Facultat de Ciències Econòmiques i Empresarials

Souto R. 2017. Somos el Universo  Editorial Caligrama

          

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Criptomonedas: Bitcoin Crash o rebajas de Enero

Recientemente estamos asistiendo a una caída general de todo el mercado de las criptomonedas. Valores solidos en alza como Bitcoin, Ethereum, IOTA y demás criptos y tokens se están desplomando durante dos días consecutivos y no paran de caer por el momento.

Tenemos el caso del Bitcoin, por ejemplo, que de cotizar a casi 19.000 en algún momento del 2017, se estabilizó en unos 12.000 € en diciembre. En estos momentos (17:00, 17/01/18) está a 7.882 €. Lo mismo ocurre con Ethereum que después de consolidarse entorno a los 1.200 €, se sitúa a día de hoy a unos regalados 655 €. Rebajas del 30%, 40% y hasta de un 50% como en el caso de Ripple según coinmarketcap.com.

 

coinmarketcap.com17.01

coinmarketcap.com

 

Muchos medios afines al sistema Fiat están aprovechando para lanzar sus cargas de profundidad contra estas criptomonedas en estos momentos, en intentos vanos de desestabilizar un mercado que lejos de hacer aguas se está consolidando con valores sólidos y rentabilidades más que razonables, no exento de riesgos como cualquier inversión de capital.

Aprovechan noticias como la reciente sucedida en Korea del Sur en la que uno de sus ministros lanzó su opinión de que el mercado de las criptomonedas se tenía que prohibir en Korea, lo que supuso un alzamiento popular que inundo al gobierno con firmas a favor de este mercado que empodera financieramente al pueblo y donde el pueblo habla y tiene el poder, obligó a su presidente a salir y dar explicaciones negando las palabras de su ministro y ofreciéndole la dimisión.

Otras noticias recientes son que el gobierno chino quiere prohibir este mercado también, pero la realidad es que solo pretenden regularlo, en el sentido de poder controlar el blanqueo de dinero procedente de actividades ilegales, sin vetarlo a los ciudadanos.

Otra carga de profundidad proviene del mismísimo Banco Metropolitano estadounidense que acaba de vetar las transacciones que tengan como fin algún Exchange de criptomoneda, después de haber sido uno de los más favorecedores en este sentido. En fin, intentar tapar el sol con un dedo. Si ese banco no emite transferencias, el resto sí. Cierre de cuenta y a otro banco. Veremos como terminan los balances en sus cuentas y cuanto tardan en dar marcha atrás.

Lo único que están intentando desde el mundo financiero internacional y afín al dinero inflacionario Fiat, es tapar las miles de grietas que tiene su sistema, pero no podrán parar la inundación. La gente está más que harta de un sistema que sistemáticamente y valga la redundancia, ha estado estafando a la gente y a los países con sus desmanes y abusos.

«Lo único que están intentando desde el mundo financiero internacional y afín al dinero inflacionario Fiat, es tapar las miles de grietas que tiene su sistema, pero no podrán parar la inundación».


Kay Van-Petersen, el especialista en fintech que pronosticó la espectacular escalada del bitcoin a principios de 2017, dice que la criptomoneda podría alcanzar los 100.000 dólares en 2018.

La responsable de Transformación de Banca de Inversión del BBVA, Alicia Pertusa, ha redoblado su apuesta por el ecosistema de las divisas virtuales. Hasta la fecha se había mantenido cauto en sus críticas contra este tipo de monedas en contra de la mayor parte del sector financiero. Incluso había comparado al bitcoin con el oro al establecer su valor en la escasez y no por una derivada industrial.

 

Dr. Jean-Paul Rodrigue Dept. of Global Studies & Geography Hofstra University

Dr. Jean-Paul Rodrigue Dept. of Global Studies & Geography Hofstra University

 

Por todo esto me atrevería a decir, aun sin tener ni idea de lo que digo, que más bien estamos en las rebajas de enero, como en años anteriores ha ocurrido. Estamos ante un mercado bajista en el que los inversores entran en pánico y mal venden, estando en todo su derecho, por supuesto, pero que están poniendo en bandeja los precios para que nuevos pequeños inversores entren, incluso muchos de los que vendieron volverán, por miedo a perder el tren, pero sobre todo a grandes inversores o ballenas como se les conoce en el argot, que sin atreverme a decir que hayan sido los que hayan empezado la venta masiva, están esperando frotándose las manos, esperando con placer a que toque fondo para entrar a saco con tó lo gordo, si se me permite la expresión. Después de este enésimo cataclismo y muerte anunciada, me atrevería a decir que todo seguirá igual y que este descenso, como otras veces, no es más que para coger impulso.

Cada cual que haga lo que le de la gana con su dinero, faltaría más.

¿Pensiones?. ¿Qué es eso?

 

Gracias a la buena gestión del gobierno del PP la hucha de las pensiones ha alcanzado su record negativo, pasando de 67.000 millones de euros a 8.000, y todo para financiar la deuda pública que ellos mismo junto a los del PSOE han ocasionado con servicios y obras de infraestructura innecesarias, en su gran parte, además de para poder hacer frente a otra serie de gastos inaplazables como las pagas extraordinarias de los empleados públicos. Un fraude a los españoles en toda regla, mientras que ellos aseguran su porvenir con pensiones en su cuantía máxima superior a los 2.500 euros, y sólo por el hecho de haber cotizado 7 u 11 años, mientras que el resto de los ciudadanos tienen que cotizar al menos 35 años, aparte del aumento de la edad de jubilación a los 67 años, con la disculpa que, con esta media se aumentará el fondo que han esquilmado.

Estamos hablando de jubilaciones de oro frente a jubilaciones que, en su gran mayoría no superan los 1.000 euros, eso sin hablar de los trabajadores autónomos que en activo, a duras penas, en el caso del pequeño comerciante, que es el que más abunda, no obtienen ganancias suficiente para mantener abiertos sus negocios, con jubilaciones que ni siquiera alcanzan los 5.00 euros.

Podría decirse que nuestros políticos lo quieren todo, sueldo astronómicos de una media de 4.000 euros, a los que hay que añadir dietas abultadas, además de una indemnización equivalente a una mensualidad por cada año de mandato, hasta un máximo de veinticuatro mensualidades, para afrontar el periodo de transición que se produce entre la disolución de las Cámaras y la constitución posterior tras los correspondientes comicios electorales, sin hacer absolutamente nada de nada; es decir, por el mero hecho de quedarse en su casita tumbaditos en el sofá.

Pero, la cosa se agrava cuando al afrontar la subida de las pensiones, éstas no superan el 0,25%, al igual que los últimos cuatro años, situándose la pensión mínima en 639,3 euros para los que fueron trabajadores por cuenta ajena, un aumento tan ridículo que solamente el plantearlo parece una burla a la gran mayoría de los jubilados, máxime cuando los medios de comunicación no dejan de arrojar noticias sobre la poca catadura moral de los políticos, empezando por el presidente del gobierno cobrando en dinero negro, aunque su partido pretenda negarlo diciendo que no se sabe quién es el tal “M. Rajoy” que aparece en las cuentas de Bárcenas; aparte de los cientos de altos cargos de este partido que están siendo investigados y a los que se imputan delitos relacionados con la corrupción, como prevaricación, malversación de fondos o fuga de capitales, entre otros; de los que muchos ya han resultado condenados.

Estamos, pues, ante un sistema que hace aguas por todos los lados, donde los pobres son cada vez más pobres y más ignorados, y donde la clase política es cada vez más privilegiada y corrupta. Pero, ¿dónde está el fallo?.

La lectura que puede hacerse de lo expuesto es que los ciudadanos estamos eligiendo a quienes van a gestionar nuestros intereses cobrando suculentos sueldos para que a nosotros no den las migajas y, encima les estemos agradecidos por ello; sino, no se entiende que, a pesar de tan denigrante trato una gran mayoría de los ciudadanos les sigan otorgando su confianza a la hora de depositar su voto. Esto nada más puede ser calificado de una manera, que no es otra que la de considerar masoquista al pueblo que les vota. Por ello, no es exagerar decir que tenemos lo que nos merecemos o, por lo menos, lo que nos hemos buscado confiando en quienes sabemos que legislatura tras legislatura los intereses de los ciudadanos son lo que menos les importa.

«los ciudadanos estamos eligiendo a quienes van a gestionar nuestros intereses cobrando suculentos sueldos para que a nosotros no den las migajas y, encima les estemos agradecidos por ello»


Algunos pensarán y, ¿nos lo merecemos quienes no les hemos votado?.

Dejando al margen el juego de las mayorías que sirve para la adopción de acuerdos en democracia, la cuestión no es a quién se vota o quién lo hace mejor o peor; se trata de que tenemos una clase política en su mayoría indigna para el cargo que ostentan, porque todavía está por ver que algún parlamentario haya renunciado a su asignación, y a quienes se les llena la boca de que destinan gran parte de sus retribuciones a fines sociales, está por ver que así lo hacen, no siendo suficiente con unas cuentas publicadas en un portal de internet sin ningún tipo de fiscalización externa y neutra; máxime cuando en algún caso se ha demostrado dedicarse a intereses partidistas.

Evidentemente, en un país democrático el voto es la mayor expresión de la soberanía nacional, pero este voto no puede ser en ningún caso un cheque en blanco, de manera que es obligación de todos los ciudadanos controlar la actuación pública de quienes hemos depositado nuestra confianza, existiendo muchas formas de hacerlo, desde las asociaciones vecinales hasta participando en el gobierno de nuestra ciudades, sino activamente formando parte de los órganos de gobiernos municipales, sí mediante su control asistiendo a los Plenos del Ayuntamiento, recogida de firmas, peticiones individuales o colectivas, y como último recurso o complementado lo anterior, volviendo a llenar las calles y plazas públicas para reclamar nuestros derechos. Ya lo hicieron quienes las llenaron el 15 de mayo de 2011, cuando la crisis empezó a ahogar y a desahuciar a la clase más humilde, conocido con el nombre de “Movimiento 15M” de cuyo espíritu posteriormente ha querido apropiarse PODEMOS, cuando ha demostrado ser un partido más del sistema, con el agravante de no saber dónde están en el panorama político lo que ha llevado a confrontaciones internas en algunos territorios con su omnipotente Secretario General y su séquito.

Nadie está libre de sospecha mientras no logren volver a ganarse la confianza de un pueblo. Pero para ello, el pueblo tiene que ser más crítico, más dinámico, más implicado, debiendo tener presente la máxima de que no puede dejarse totalmente en manos de otros nuestros propios intereses, y dado que ellos no velan por ellos tal y como proclama nuestra Constitución, lo tendremos que hacer nosotros, con el suficiente juicio crítico.

El pueblo tiene que volver a hablar y ahora es el momento, sino lo hacemos, quizá nuestros hijos, o nosotros mismos, en un futuro no muy lejano, tal vez no más de 15 o 20 años, no recuperemos ese dinero que nos descontaron de nuestros salario a lo largo de nuestra vida laboral para asegurar un futuro digno, desapareciendo de nuestro vocabulario, o lo que es peor, de nuestros derechos, las pensiones.

Subida de la Luz. Un crimen organizado

Cuando la ola de frío nos obliga a los ciudadanos a recluirnos más tiempo en nuestros hogares, lo cual no viene mal para mejorar nuestra vida familiar y disfrutar de los nuestros al calor de una buena calefacción,  sin embargo, como en otras ocasiones ha ocurrido, esta reclusión, pensando o no en las bonanzas que nos puede aportar, no nos va a salir gratis; mejor dicho, nos va a salir más caro, porque casi nada en este mundo, cuando hay un intercambio de bienes o una prestación de servicios tiene un coste cero. Todo cuesta, hasta los servicios públicos no son gratuitos a pesar de que nos lo quieran vender así y que muchos se lo quieran creer para vestir a sus políticos, a los que gobiernan, como benefactores.

 El encarecimiento de nuestra vida hogareña se debe, como a estas altura sabemos todos al haberse convertido hoy en la noticia estrella de los medios, a la subida del recibo de la luz, denominada por algunos como “el calambrazo español», una forma eufemística de reflejar el dolor que nos va a causar.

Una subida record desde el año 2008, lo que nos lleva a pagar un precio similar al de Alemania, pero con una renta más baja de los ciudadanos españoles debido a la bajada de sueldos; de manera que estamos pagando la energía eléctrica más cara de Europa; de manera que, comparada con los países de nuestro entorno equivale a un 70% desde el principio de la crisis, estando previsto un nuevo aumento de un 10%, que muchos intentan justificar relacionándola con  la climatología que ha llevado a nuestros pantanos a estar bajo mínimos; sin embargo, en otros países del sur de Europa, como en Portugal o Italia, el recibo sigue siendo el mismo, a pesar de tener una  climatología similar a la nuestra.

Hemos conseguido, o tal vez deberíamos decir que los gobernantes, quienes dicen ser nuestros representantes, han conseguido un sistema fabuloso respecto a la venta de energía, eso sí, fabuloso para las energéticas, pagando los sufridores españoles casi el doble desde que se iniciara la crisis, lo que ha llevado al país a alcanzar sin la aplicación impuestos el récord de subida de la U.E; impuestos que, sin duda también repercuten en la subida del recibo a unos 76 euros al mes por familia, de media.

Más de cinco mil personas sufren en España la pobreza energética, hecho que parece no importarle absolutamente nada a los gigantes energéticos, pero mucho menos a los gobiernos del Partido Popular que son los que han autorizado las mayores subidas desde el año 2011, trayéndoles al pairo las más de 7.000 muertes al año asociadas a las carestía excesiva de la energía, según el estudio bienal sobre pobreza y desigualdad energética publicado en abril del año pasado por la Asociación de Ciencias Ambientales, multiplicando aproximadamente por seis las víctimas de accidentes de tráfico.

 

«Más de cinco mil personas sufren en España la pobreza energética, hecho que parece no importarle absolutamente nada a los gigantes energéticos, pero mucho menos a los gobiernos del Partido Popular»

Según el citado estudio detrás de estas muertes están los incendios, como el de la anciana de Reus fallecida hace poco más de un año, así como enfermedades derivadas de la baja temperatura, sobre todo de índole respiratoria como costipados y neumonías, o circulatorias como hipertensión, infartos, ictus, etc, incluso ocasionando problemas de salud mental como ansiedad o depresión, entre otras.

Parece que ya hay un motivo importante para que nos olvidemos un poco del tema de Cataluña y de la confrontación que éste ha ocasionado entre los ciudadanos, para que nos empecemos a preocupar todos y a unirnos al objeto de hacer una oposición ciudadana a tal medida; habida cuenta que la inestabilidad económica  tras la crisis puede que mañana haga parada en nuestros hogares teniendo que recurrir a una manta  y a una vela para poder ver y darnos calor, circunstancia que, con toda seguridad, no viven ni tendrán que padecer los grandes directivos de las energéticas, así como los políticos que entran y salen a través de las puertas giratorias, y parlamentarios que cobran más de 3.500 euros al año, eso sin contar algunos pluses por formar parte de comisiones o ostenten alguna otra responsabilidad como portavoces o miembros de las distintas mesas. Y es que la pobreza en general, y la energética en particular, es el crimen más organizado del mundo.

La resaca del Black Friday

 

Dijo Séneca: “Compra solamente lo necesario, no lo conveniente. Lo innecesario, aunque cueste un solo céntimo es caro”

Viernes, 24 de noviembre de 2017.

 

08,00 horas: AM. Mi mujer agita mi cuerpo inerte todavía sumido en el sueño de Morfeo, me despierto sobresaltado, no es para menos, quejándome de su manera brusca de despertarme. No tarda en recordarme mi promesa de dedicarle este día para cumplir con el tercer mandamiento del capitalismo: “capitalizarás las fiestas”.

08,05 horas: AM. Me dirijo a la cocina llevándome por delante todo lo que encuentro por el camino, todavía mi cuerpo no ha reaccionado, sigo bajo los efectos traumáticos de tan duro despertar. Me preparo un café sólo, bien cargadito. Tomo mis pastillas, entre ellas la de la tensión porque la debo tener por las nubes. Ella me exige mayor rapidez. “¡¡Vamos, que estas dormido!!”. Me abraso la lengua.

08,15 horas: AM. He tomado el café casi de un sorbo, toca la ducha. Empiezo a entrar en agujas, mi cuerpo empieza a reaccionar a la cafeína y al agua que cae sobre mi cuerpo, mientras ella me dice, de nuevo, que me apresure, conocedora del tiempo, tal vez en exceso, que dedico a esta tarea.

08,30 horas: AM. Casi me saca a la fuerza del baño. Luego se queja que no lo limpio. Malditas prisas.

08,36 horas: AM. Me dispongo a vestirme. Sabiendo lo que me espera cojo la ropa y el calzado más cómodo.

09,30 horas: AM. Por fin he disfrutado de un poco de sosiego. Una hora de espera desde que ella entró al baño. Me ha dado tiempo para volverme a tomar tranquilamente otro café, responder a los emails que tengo pendientes en mi cuenta de correo -uno docena aproximadamente- y leer apaciblemente los titulares de las noticias en los medios digitales. Ella sigue con el mismo estrés. Me entran ganas de echarle un trankimazín al zumo de naranja que también en la larga espera me ha dado  tiempo a prepararle.

09,35 horas: AM. Me dirijo al garaje para sacar el coche. El maletero, como siempre, está lleno de cosas que se van dejando y que nunca se ordenan. Recojo las cosas que más ocupan y las subo a casa. “¿Qué haces aquí?”, me pregunta ella echándome en cara que todavía no haya sacado el coche del garaje. “No, si llegaremos a media mañana”, añade.  “Ni que tuviéramos que fichar”, pienso yo sin verbalizarlo, por si las moscas.

09,50 horas: AM. Me toca esperar de nuevo. En este caso casi diez minutos en doble fila y con amonestación del policía local de turno. Por fin llega. Nos ponemos en marcha. Aprecio una pequeña sonrisa en su cara.

10,00 horas: AM. Llegamos al parking del centro comercial. Vaya por Dios, no podía ser de otra manera, una larga cola para entrar. Caras largas de maridos pacientes y sonrientes de esposas esperando al gran festín.

10,15 horas: AM. Seguimos en la cola del parking. Ella se empieza a inquietar. No para de despotricar ante la larga espera. “Si hubiésemos salido antes”, me reprocha. Me rio de forma sarcástica.

10,20 horas: AM. Se baja del vehículo y quedamos en vernos en el interior del centro comercial. “Llámame al móvil cuando hayas aparcado y te digo donde estoy”. Me quedo más tranquilo. Aprovecho para poner la música alta para tratar de no pensar mucho en la tortura que me espera, acordándome del año pasado.

10,30 horas: AM. Por fin he aparcado el coche. La llamo al móvil, y lo que me esperaba, no lo coge. Insisto varias veces, lo coge y me dice donde me espera.

10,45 horas: AM. Llego al lugar donde hemos quedado. No la encuentro ante la gran muchedumbre que abarrotaba el establecimiento. Empieza la búsqueda de «encontremos a wally». Como un periscopio intento ponerme de puntillas y estirar mi cabeza para intentar divisiar a mi mujer, para ello intento recordar la ropa que lleva puesta.

11,00 horas: AM. Suena mi móvil.  Es ella: “¿Dónde te has metido?”, me pregunta medio enfadada. “Te estoy buscando y no te encuentro”. “¿Dónde estás?”, me vuelve a preguntar. “Pues donde me dijiste”, le respondo un poco nervioso. “Ya no estoy allí… había mucha gente”. Me tranquilizó el pensar que no me tenía que enfrentar a tal marabunta. Me dice el nuevo lugar en el que se encuentra, enfrente del anterior. Me doy la vuelta y más de lo mismo, gente y más gente, autómatas en busca del mejor precio. Todo mi gozo en un pozo.

11,05 horas: AM. Me dispongo, de nuevo, a iniciar la búsqueda. La diviso al fondo. ¡¡¡Victoria!!!. Me dirijo a ella intentando salvar la distancia de unos diez a quince metros que nos separaba, buceando entre el gentío y esquivando algunas prendas que en el recorrido me encontraba tiradas en el suelo y que se enredaban en mis zapatos. No es fácil avanzar.

11,10 horas: AM. Llego al expositor donde se encontraba pero, ya no está. De repente veo que un montón de pantalones, blusas, abrigos, bolsos y no sé cuántas cosas más, creo que se llaman complementos, de todos los colores y marcas se dirigen hacia mí como si de un fantasma se tratase o un muñeco de trapo que hubiese adquirido vida. Llegando donde me encontraba veo que de repente se asoma una cabeza de entre tanta ropa, la de mi mujer. ¡¡¡Eureka!!!.

11,30 horas: AM. Después de un largo cuarto de hora, llegamos ambos a la cola de la caja. Vaya cola. Eso parecía la entrada al Santiago Bernabéu en el derbi de los dos Madrid. Daba casi dos vueltas al establecimiento. Le pido que me pase parte de la ropa para evitar que cargue ella con toda.

11,40 horas: AM. Mi mujer se cansa de estar a la cola. El síndrome de la compra compulsiva parece haber vuelto a apoderarse de ella. De repente me veo con toda la ropa encima de mis brazos. “Voy a mirar unos vestidos que he visto y que están muy bien de precio”. Tragué saliva para hidratar mi garganta seca del aire caliente que salía de unos grandes tubos que colgaban del techo, sin que casi me diera tiempo a preguntar qué si no le bastaba con lo que había cogido, ante la repentina orden. “Llámame cuando estés llegando a las cajas”. Desapareció entre el tumulto

12,15 horas: PM. Media hora de espera en una cola interrumpida en numerosas ocasiones por gente que pedía paso para desplazarse de un lado a otro de la tienda. Tiempo suficiente para hacerme casi amigo de otro  sufrido marido que detrás de mi hacía lo propio. “¿Dónde se habrá metido mi mujer?”, me dijo. “Paciencia” dije yo intentando tranquilizarle después de media docenas de llamadas tanto suyas como mías a nuestras respectivas. Su mujer llegó después de diez minutos, la mía, sin embargo, ni siquiera cogía el teléfono y las cajas estaban apenas  a diez personas de distancia.

12,30 horas: PM. Después de quince minutos llamándola con cierta compulsividad termino dándome cuenta que su bolso lo tengo colgado de mi hombro y su teléfono dentro de él. Mi paciencia está llegando a su límite.

12,35 horas: PM. A dos personas de distancia de las cajas y sudando como un pollo, por fin aparece ella con otro montón de ropa, éste más pequeño que el que soportaba yo. Le suelto la que había dejado en mis brazos sobre ella, haciendo un solo monto que volvió a sepultar su cabeza, me descuelgo su bolso de mi hombro y lo cuelgo sobre el tuyo. Desaparezco. “Te espero fuera, no aguanto”, fueron mis últimas palabras. A medida que me voy alejando consigo oír a la mujer que había estado delante de mí en la cola que le decía a la mía: “yo a estas cosas no traigo a mi marido, ni por aguantarlo”, “a mí me viene muy bien para que espere a la cola”, le contestó mi amada esposa.

01,00 horas: PM. Por fin llega al banco donde intentaba descansar de tan ardua tarea. “Me he entretenido”, dijo. “¿En qué?”, le pregunte sin obtener respuesta, tal vez porque mi pregunta era lo suficientemente estúpida como obvia hubiese sido su respuesta.

01,05 horas: PM. Después de dividir las bolsas repletas entre ella y yo, me dispuse a iniciar el camino hacia el parking. “¿Dónde vas?”, preguntó, “Vamos a entrar en ese otro establecimiento”, añadió, sin dar tiempo a que yo pudiese contestar a su nuevo deseo.

01,15 horas: PM. La guerra empieza de nuevo con la diferencia que ahora no me podía evadir ante un “me acompañas” que salió de sus labios con cierta ternura, no dándome opción a decirle que no, sino quería quedar como un mal marido poco colaborador y mal educado. Qué remedio.

15,00 horas: PM. Termina el calvario, tres bolsas cada uno. Las suyas más repletas que las mías, quizá para no sobrecargar mi maltrecha espalda, o tal vez para que no siguiera quejándome de cada paso que ella daba.

15,15 horas: PM. Llegamos al coche, en silencio, exhaustos, al menos yo. No me atreví a preguntar cuánto se había gastado. No quería amargarle ni amargarme yo el resto del día pensado en esos números rojos que estaban ocupando mi cabeza desde que abandonamos la última tienda.

16,00 horas: PM. Por fin en casa. Yo agotado, ella al parecer no tanto pues se dispuso nada más comer un sándwich​ vegetal y una pieza de fruta a hacer un paso de modelos ante mí. Qué privilegio. Adiós siesta, pensé con la resignación de quien no tiene ninguna opción de salirse con la suya.

El resto del día y fin de semana no importa, sólo resaltar su felicidad después de unas largas jornadas de “ropaterapia”.

Lunes 27 de noviembre de 2017

La resaca del Black Friday, dos bolsas de ropa para descambiar. No pregunte el porqué. Aunque me hizo feliz pensando que el agujero en nuestra cuenta corriente iba a ser menos grande que el esperado.

La felicidad no duró mucho. Es cierto que nos pasamos media vida pensando en el pasado y la otra pensando en el futuro, sin vivir el presente. En este caso mi cabeza empezó a torturarse pensando en la Navidad, noche vieja y sus trajes de luces, Reyes y rebajas de enero, San Valentín, rebajas de primavera, vacaciones en primera línea de playa, rebajas de verano, vuelta al cole y comienzo de coleccionables, temporada otoño invierno, y rebajas de septiembre, puentes, Halloween, y de nuevo otro black friday y otra vez navidad, sin olvidar cumpleaños, aniversarios, bautizos, comuniones y bodas con su respectivo IBAN en la invitación. En fin una tortura mental y una cuenta corriente bastante mermada. Pero ella lo vale.

Santa María de Iquique, a vueltas con las distopías

Repasaba como tantas veces en mi memoria el disco dedicado a la matanza de Santa María de Iquique por Quilapayún que tanto escuché e influyó en mi adolescencia tardía o primera juventud. Y lo repasaba no sólo estéticamente si no históricamente. Han pasado 110 años, se cumplen ahora, el veintitantos de diciembre, desde que los trabajadores chilenos de las salitreras fueron asesinados impunemente por intentar salir de una situación de esclavitud encubierta a la que estaban sometidos en su propio país, por empresarios anglosajones protegidos por sus propios políticos. Y además los trabajadores, los muertos, fueron considerados los responsables de su propia muerte.

Y como siempre en este repaso hago una especie de cuadro evolutivo social de la situación de los trabajadores, como si se pudiera comparar la libertad actual con la esclavitud de aquellos hombres que no eran esclavos porque cobraban.

Es verdad que cobraban en dinero no convertible emitido por la empresa y que solo podía gastarse en los establecimientos de las propias empresas donde no había ninguna garantía sobre precios, pesos o medidas. Es verdad que los pobres ilusos vivían en casas que eran propiedad de sus patronos, comían lo que ellos les suministraban y al precio que ellos marcaban, pero sobre todo, astuto matiz, se les pagaba por su trabajo.

Nada que ver con hoy en día. Vivimos en casas que pertenecen a los bancos, nos pagan con el dinero que manejan los bancos que invertimos en pagarles la vida entera que les debemos. Compramos en establecimientos que son propiedad directa o indirecta de los bancos y si tenemos algún problema recurrimos a una legalidad impuesta por la jerarquía económico-política. Pero hay tres grandes diferencias, tres evoluciones claras y definitivas:

» Vivimos en casas que pertenecen a los bancos, nos pagan con el dinero que manejan los bancos que invertimos en pagarles la vida entera que les debemos.»


1. Antes los patrones eran personas, interpuestas o reales pero personas, ahora los patrones se esconden tras siglas de fondos de inversión, paraísos fiscales y anonimato recalcitrante y manejan el cotarro a través de sus capataces bancarios: Tal vez no sea una mejora pero es una evolución.

2. Antes los políticos se imponían y superponían a través de elecciones amañadas o directamente por golpes de estado, ahora los elegimos, eso es libertad. Es verdad que solo podemos elegir a aquellos que los bancos les prestan el dinero y luego se lo perdonan y se lo vuelven a dejar… y que nunca, nunca representan lo que quisiéramos que representaran. Pero podemos votar. No vale para nada, los resultados no son representativos, ofrecen unas cosas y hacen otras. Pero podemos votar. Somos libres de equivocarnos inevitablemente.

3. Yo creo que esta es la más clara de todas las evoluciones. En Santa María de Iquique los representantes de los trabajadores no corrieron y fueron los primeros en caer ante las balas. Hoy en día los sindicalistas corren, corren que se las pelan para alcanzar prebendas, puestos liberados que pagan sus compañeros a los que llevan a huelgas inútiles que a ellos les sufragan y viven integrados en el sistema, y piden el dinero a los bancos que se lo prestan y luego se lo perdonan y se lo vuelven a dejar… Anda! Como a los políticos.

Es de agradecer mucho, mucho, la preocupación de las grandes instituciones internacionales, nacionales, autonómicas y locales por garantizar nuestra libertad y nuestros derechos. Tanto sin vivir merece una recompensa que el populacho desagradecido no es capaz de reconorcerles. Aunque tampoco importa porque están más preocupados en elegir capataces de izquierdas o capataces de derechas, representantes de izquierdas o… bueno o de izquierdas, políticos de derechas o… bueno de centro izquierda. Eso sí mientras tanto los patrones, los de verdad, los que no tienen nombre, ni cara, ni salen en los papeles… un reír y no parar, de verdad, un reír y no parar.

Ah¡, se me olvidaba, esto no es un llamamiento a que nadie sea responsable de su propia desgracia, incluida la muerte, es solo la solitaria reflexión de un estúpido idealista.

El futuro que nos espera

Igual que nuestro presente, nuestro futuro no será nada halagüeño, y no es que lo digamos por decir, para cargar las tintas contra los políticos o porque lo queramos utilizar como arma arrojadiza contra el gobierno en este momento aprovechando la crisis catalana. No, es la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos​ (OCDE), la que lo dice  en el informe de bienestar de la OCDE de 2017 bajo el título ‘¿Cómo es la vida?’, en el que se sitúa a España entre los peores países desarrollados en calidad democrática y en desigualdad económica y, lo que es peor y más preocupante, es que la tendencia no mejorará, sino todo lo contrario.

Recordemos que la OCDE es un organismo de cooperación internacional, compuesto por 35 Estados, cuyo objetivo es coordinar sus políticas económicas y sociales, del que España forma parte desde el 3 de agosto de 1961.

Pues bien, el citado informe, entre otras cosas, manifiesta que los nacidos en nuestro país a partir de los sesenta tendremos un vejez peor que la de nuestros padres, al comparar la situación de los pensionistas españoles con los de la media de los países ricos, dependiendo prácticamente en su totalidad de los ingresos que obtuvieron durante su vida en activo, en tanto que los segundos este vínculo es inferior; lo que se traduce en una mayor desigualdad en los ingresos de los futuros pensionistas, debido fundamentalmente al aumento del paro que ha provocado una desigualdad de ingresos entre los hogares ricos y pobres, convirtiendo a España en el quinto país de la OCDE  con la peor distribución de renta, y el peor de Europa.

«convirtiendo a España en el quinto país de la OCDE  con la peor distribución de renta, y el peor de Europa.»

Además, el cambio en el cálculo de las pensiones españolas —que entró en vigor en 2014 y que implicaba el abandono del IPC como base para revalorizar las pensiones, y su sustitución por un mínimo del 0,25%— ha contribuido y contribuirá a reducir los pagos a los futuros pensionistas, eso sin contar con el sableado del gobierno de Mariano Rajoy al fondo de pensiones de donde ha sacado 67.337 millones de euros, se dice bien, desde el 2012, 9.500 millones a principios de año, lo que evidencia el fracaso de las reformas impulsadas por el PP y el PSOE.

Estamos ante un panorama especialmente negro para los pensionistas, al que contribuye el rápido envejecimiento de la población española y el abandono de la mujer del mercado laboral para cuidar de sus hijos, lo que se traduce en unos ingresos insuficientes en la hucha que pretendía garantizar el futuro de aquellos.

También, el informe de la OCDE, de la voz de alarma sobre los elevados niveles de pobreza en España, en continuo ascenso desde el inicio de la crisis económica en el año 2007, con especial incidencia en la población infantil, lo que suele acarrear problemas en la vida adulta.

Los riesgos de pobreza y desigualdad de nuestros jóvenes son muy superiores a los de sus padres, no sólo porque su esperanza de vida es superior, sino también porque las condiciones laborales son cada vez más precarias e inestables y porque la distribución de la riqueza es cada vez más desigual con incidencia en los extremos, es decir, unos pocos ganan mucho, mientras que unos muchos ganan poco, de manera que los ricos serán cada vez más ricos y los pobres más pobres, lo que,  en definitiva contribuye a que la desigualdad en edades avanzas continúe y aumente, al igual que las disparidades socio-económicas en la salud, lo que quiere decir que la desigualdad no sólo está en función de la edad sino también con factores como la salud, en cuanto que las personas con problemas sanitarios suelen ganar menos.

Otros factores que contribuye a la desigualdad económica son los bajos niveles formativos, de manera que, los que tienen más bajos niveles suelen dejar de trabajar antes; o el sexo, en cuanto que las pensiones que cobran las mujeres son un 27% menor que la delos hombres.

Un futuro desesperanzador que, como señala el informe de la OCDE no es previsible que mejore, y ello  porque, los gobiernos no han hecho bien sus deberes y siguen sin hacerlos, con políticas de parcheo ante problemas coyunturales o encaminadas a beneficiar a determinados sectores, en vez de con una visión de futuro tomando las medidas necesarias para que el país en general prospere, construyendo pilares sólidos sobre los que sustentar nuestra economía.

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