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​Africanidad de España

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

14 de junio de 2019

Este mes se cumple medio siglo de la ‘retrocesión’ de Ifni a Marruecos. Pablo Dalmases, uno de los grandes expertos de la historia y literatura del Sáhara español, acaba de publicar Viajes a Ifni ‘Tras las huellas de Santa Cruz de Mar Pequeña’ (Sial Pigmalión), libro que hará las delicias de quien quiera saber sobre estos asuntos tan ignorados. Hay gente obsesionada en escarnecer todo lo español como inferior y ‘africano’ (los ideólogos de ETA escribieron cosas como esta: «España es africana, mientras que por naturaleza Euzkadi es europea. De territorio, de sangre, de mentalidad, de genio emprendedor y de cuanto se quiera cotejar»). Sin embargo, cambian de disco según les convenga y se muestran, de palabra, amigos del ‘indigenismo’ frente al ‘colonialismo’. Esto es vivir en la impostura. La realidad tiene muchos colores y matices que los sectarios no quieren saber por ‘interés’ o por pereza.

Guerra Ifni

Los habitantes del pequeño enclave del Ifni son los baamaranis y su lengua particular es el chelja. Son bereberes como los saharauis (cuya lengua particular es el hassania). Por tradición, aquellos eran sedentarios (ganaderos y agricultores), mientras que estos eran pastores nómadas; por esto tuvieron rivalidades y enfrentamientos.

Franco, el general dictador que se pretendió propietario de España y negó la condición española a sus adversarios, viajó a Ifni en 1950. Ordenó la construcción de embalses y un puerto (que fue acabado quince años después). Habría que imaginarse a Franco cogido de la mano con el Imán, jefe espiritual de aquellas tribus, emocionados los dos hasta las lágrimas. El Régimen del 18 de julio que tuvo a raya a los españoles como súbditos, desde el nacionalcatolicismo, tuvo ‘extraños’ comportamientos en los territorios africanos: hizo la vista gorda con la existencia de esclavos, que pertenecían a los señores saharauis, construyó mezquitas y subvencionó peregrinaciones a La Meca, se respetó el culto católico pero se impidió su proselitismo.

Un año después de la independencia de Marruecos, en 1956, se produjeron en Ifni ataques de bandas armadas contra los españoles. La ‘guerra del Ifni’ duró tres meses y se cobró la vida de unos doscientos españoles. A pesar de su título, se desarrolló en su mayor parte en el Sáhara español. En un viaje reciente, Dalmases se encontró con regocijo y sorpresa a jóvenes ifneños entusiasmados por lo español. 

Una recomendación de Nart

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

A diferencia del resto de parlamentos de Europa, el Parlamento Europeo carece de iniciativa legisladora, aunque tenga capacidad de votar las leyes que le presente la Comisión Europea. Sí posee la posibilidad de recomendar para legislar. No es habitual, sin embargo, que se ejerza este derecho reconocido a las recomendaciones. El 21 de febrero se votó en Bruselas, en Comisión parlamentaria una recomendación sobre medidas para cortar las fuentes de ingresos de los yihadistas y, de este modo, combatir eficazmente la financiación del terrorismo. El ponente fue el eurodiputado Javier Nart, inspirador y redactor de este documento que ha recogido 283 enmiendas que han permitido alcanzar una posición común, un consenso en lo que técnicamente se denominan ‘compromisos’. Entre las propuestas estaba la de una plataforma de servicios de inteligencias que sea estable y sin estructura burocratizada, así como disponer de un centro de datos unificados. Frente a quienes quieren acabar con nuestras libertades y sumirnos en la más severa opresión, es fundamental desarrollar un programa de seguimiento de canales de financiación opaca que sea efectivo. Ante un problema común se precisa una normativa común; así en lo referente al mercado de compra venta de arte, oro y piedras preciosas, o en la carga de tarjetas bancarias.

Ante el terrorismo sólo cabe unidad y decencia social, no su utilización partidista como la que se hizo en Barcelona el pasado año. Hay que apuntar a su microfinanciación, pues prevalece un terrorismo de bajo coste (a diferencia de la que se dio en el 11S), atentados cuya organización puede costar ahora menos de 5.000 euros y lograr un grave efecto social: pequeños movimientos de dinero y atentados de gran importancia. A este propósito, Javier Nart ha recordado que la leyenda de los falsos solitarios es una falacia que esconde que su actuación se efectúa en red, conectados entre sí. Se trata de captar sus movimientos de conexión y atajarlos. Y en esas estamos. No hay guerra sin logística. Y más allá del armamento y la munición, hay que considerar sus cien mil militantes en la red, sus donaciones, su tráfico de refugiados, sus brutales saqueos y extorsiones, su tolerado movimiento y venta de petróleo. Javier Nart tiene ideas claras y las expone con valentía y con razones. Gracias, amigo. ME

Del libro Por nuestras calles (Edcs. Hildy)

Un ángel en Marsella-1.940-El desenlace

Montserrat Prieto. Escritora y Redactora letras PLAZABIERTA.COM

Habían transcurrido cuatro agobiantes días desde que fueron detenidos y encerrados en el buque. Durante ese tiempo el bullicio de la turba deambuló de un sitio a otro siguiendo la estela de Petain, jaleando sus arengas. Hasta que éste no abandonó la ciudad no les liberaron. Al fin pudieron regresar a la villa. Varian Fry reaccionó de inmediato, comunicó lo sucedido a la asociación de la prensa norteamericana en Francia, la cual, a su vez, trasladó la información a la sede central en Estados Unidos para ser publicada. La noticia advertía a la sociedad del trato que dispensaba el régimen de Vichy a los súbditos norteamericanos.

La expansión de las tropas alemanas por la “zona libre” era imparable. Los meses pasaban y el periodista continuaba aferrándose a su objetivo, luchaba con denuedo contra corriente en medio de tanta adversidad. A pesar de que la Prefectura no le había renovado el visado y su pasaporte seguía confiscado en el Consulado, podía desplazarse por el interior del territorio. Viajó a Niza para ver a Henri Mattisse, pionero del Fauvismo, pretendía vencer su resistencia a emigrar. Le acompañaba su secretario e inseparable amigo Daniel Beneditte. También visitaron a Andrè Magot, había logrado evadirse de un campo de prisioneros, y a Marc Chagall, nacionalizado francés desde 1.937. Se negaron rotundamente a exiliarse. 

A Chagall terminó por convencerle el argumento de las nuevas leyes antisemitas, finalmente se marchó a Marsella acompañado de su esposa. Habían transcurrido solo unos pocos días de su llegada cuando la policía, buscando judíos ocultos en los hoteles de la ciudad, le detuvo. Fry actuó con arrojo, les hizo saber: “Si esto llegara a saberse el mundo entero se escandalizaría, y se lo reprocharían a ustedes. Si no sale en media hora llamaré al New York Times y les daré la información”. Chagall fue liberado a los diez minutos.

Los residentes de la villa Air Bel soportaban las privaciones y la escasez de alimentos con entereza. El intenso frío de aquel invierno incrementó sus deterioradas condiciones de vida. Varian había perdido bastante peso, comenzaba a presentar algún signo de desnutrición. A pesar de las dramáticas circunstancias que vivían los artistas del surrealismo se protegían y cuidaban unos a otros, intentaban distraerse recurriendo a la fantasía, organizaban exposiciones y subastas ficticias de sus cuadros en el jardín. Max Ernts se incorporó al grupo, aunque no era judío se encontraba en la nefasta lista de Hitler como pintor “degenerado”. Se trataba de un artista increíblemente creativo.

Un atisbo de luz alentó las esperanzas del grupo cuando Vichy comenzó a expedir algunas autorizaciones para salir del país. Por fin los barcos con refugiados empezaban a zarpar del puerto de Marsella, lo hacían vigilados de cerca por los alemanes que sabían a quien permitirían pasar la criba. El navío “Capitán Paul Lemerle” levó anclas el 25 de marzo de 1.941, llevando a bordo a Andrè Breton, Victor Sach y Wilfredo Lam junto a trescientas personas más. Emigraban ante la expectante mirada de la gente rumbo a Martinica. Chagall y Ernts, en el punto de mira nazi, buscaron un camino alternativo viajando en un tren con destino a Lisboa. Desde allí volaron en un hidroavión hacia Nueva York. Ernts cargaba con su pesada maleta, en la que llevaba enrollados todos sus cuadros. Después de padecer tantas penurias, al fin, lograron alcanzar con éxito su meta, la ansiada libertad.

Sin embargo, el final de la primavera desembocó en una serie de desgraciados sucesos. Bill Freier fue delatado y detenido, trasladado al campo de prisioneros de Le Vernet y posteriormente deportado al campo de concentración de Dachau. Al vicecónsul Hiram Bingham le destituyeron por haberse excedido en la concesión de visados. A Daniel Beneditte le traicionó un traficante, llevaba encima más de dos mil dólares al ser detenido, le encarcelaron acusado de tráfico de divisas, se enfrentaba a cinco años de cárcel. Consiguieron liberarle a cambio de una sustanciosa fianza. Varian expresó así su regreso: “Cuando ha entrado en la habitación no me he podido contener y le he abrazado, le he apretado contra mí y he llorado, me siento totalmente estúpido pero es más fuerte que yo”. Beneditte informó a su amigo que la detención y los posteriores registros habían sido orquestados por Vichy, con el fin de obligarle a dejar Francia, no podían expulsar a un norteamericano sin pruebas. 

Aquello sirvió de excusa a la Prefectura.El jefe de la policía citó a Varian el 10 de julio de 1.941. Le advirtió que el asunto de su secretario tendría graves consecuencias para él. Fry respondió con firmeza: –No veo porqué, no hay pruebas de que yo haya tenido nada que ver-.El policía replicó: –En la nueva Francia no se necesitan pruebas-. Lejos de amilanarse le contestó con una pregunta: –Ya veo que tenemos distintos conceptos sobre los Derechos Humanos, dígame sinceramente, ¿por qué se ensaña usted conmigo?- La respuesta fue contundente y escueta: –Porque usted ha protegido a judíos y antinazis-.

Le obligaron a dejar Marsella escoltado por la policía. El 29 de agosto de 1.941 subía a un tren cargado de dolor. Mientras el convoy se alejaba lentamente de la estación, la entrañable imagen de sus amigos en el andén y la de Helen agitando un pañuelo al aire, despidiéndole, forjó una huella indeleble en su mente y en su corazón. A través de sus húmedas pupilas vislumbró el reflejo de la inmensa tristeza que trascendía a las difusas figuras, la de aquellos refugiados a los que él creía estar abandonando a su suerte. 

Tras la expulsión de Fry, Daniel Beneditte prosiguió la lucha junto a su esposa hasta que el gobierno de Vichy clausuró el centro norteamericano de socorro, entonces se unieron a la resistencia. Pocos meses después la “zona libre” fue ocupada totalmente por los nazis. La pintora Louise Strauss, la artista Charlotte Solomon y el escultor Otto Frambirg fueron detenidos, murieron en un campo de exterminio. Helen Hessel, los pintores Victor Branner y Hans Belmer lograron escabullirse durante toda la guerra. 

Varian había ido a Francia con una misión, rescatar a doscientos intelectuales en tres meses. Resistió todo un año y logró salvar a más de dos mil personas.

FIN

Varian Mackey Fry, (15-octubre-1.907 _ 13-septiembre-1.967). Estudió en Harvard. En Nueva York mantuvo incansable su guerra particular. Escribió sobre la matanza de judíos en Europa, previno a la opinión pública, criticó a Norteamérica por tardar en reaccionar. Su tesón en contar la verdad no resultaba agradable de soportar. Escribió artículos, destacando, “Los nazis cantan su odio” y “Cómo Europa ha sembrado la guerra”. En ensayos, “Sorrender on Demand”. En el libro titulado: “La Liste Noire”narró su misión en Marsella. Sufrió parte de censura y no fue publicado hasta 1.945. Durante algún tiempo fue víctima de un injusto e imperdonable olvido. En 1.967 Andrè Magot le rescató, le nombraron Caballero de la Legión de Honor, sucedió unos meses antes de su fallecimiento. Recibió una placa conmemorativa en Berlín. En 1.995 fue el primer norteamericano reconocido como Justo entre las Naciones por el Comité en Memoria del Holocausto de Jerusalén. 

“Hice lo que creí era mi obligación. La única pena que tengo sobre el trabajo que hicimos es que fue tan poco, deberíamos haber salvado a muchos más pero hicimos lo que pudimos. Esta experiencia me transformó profundamente. A veces tengo la sensación de haber vivido toda una vida durante aquel año”

Varian Fry

Notre Dame sobrevive

Feliciano Morales. Director-Editor de MAGAZINE PLAZABIERTA.COM 

Un día me enseño un buen y querido maestro en un magnífico taller, que todas las piedras que hay en una catedral tienen importancia, desde los cantos rodados que forman la argamasa que une sus piedras, hasta las piedras más maravillosas colocadas en su frontal, desde las piedras que soportan los cimientos que nadie ve, hasta las más labradas por la manos de expertos canteros y talladores.

Esta magistral lección que nunca olvidaré me ha venido a la cabeza el pasado lunes, cuando el sol empezaba a ponerse por occidente, la llamas de un incendio, al parecer accidental, empezaban a extenderse por el tejado de una de las más icónicas Catedrales de nuestra Planeta, Notre Dame, de París, que de la misma manera que Qusiamodo la hubiese protegido con sus enormes brazos, abrazaban la bella torre aguja hasta que sucumbió al calor que derritió el plomo de su estructura, provocando un vuelco en el corazón de todos los que contemplábamos encogidos las imágenes retransmitidas por los medios. 

Considerando, en primer lugar, que nada es espontaneo, sino que todo tiene un origen, que la línea de investigación se haya centrado en una causa accidental, no colma las expectativas de muchos que creemos que puede tener su origen en una negligencia profesional, aspecto difícil de esclarecer si tenemos en cuenta que fuego ha eliminado cualquier prueba existente. 

Pero, volviendo al inicio, la desgracia acaecida ha evidenciado un aspecto muy importante de estas construcciones magnas, como es la firmeza de su edificación, la ciencia y maestría de quienes dirigían los trabajos, la constancia de quienes golpe a golpe de mallete y cincel en mano, consiguieron que las piedras encajaran unas sobre otras hasta conseguir que la construcción se elevase hacia el cielo con la belleza que tiene. Maestros y aprendices con un solo empeño erigir una construcción dedica a la gloria y a la grandeza de Dios. Una obra casi perfecta salida de las manos del hombre.

No importará para algunos el fin de las catedrales, pero sí, excepto para los que estén ciegos o no quieran, o peor aún, no deseen ver la belleza de su arte, el tesoro que representa y que alberga en su interior.

Pero, hay un tesoro mayor que el que evidencia tan magnífica joya, en este caso, la Catedral de Notre Dame, a la que vemos mal herida, pero todavía con la firmeza de una digna construcción que le dice al mundo, aquí sigo porque magnificas personas me construyeron, como otras, igualmente magníficas, me cuidaron, que me protegieron en las revoluciones; pero también, porque todavía necesito cobijar entre mis muros a esas gentes que buscan la paz, como aquellas que gozan de mis arcos, de mis rosetones, de mis capiteles, de las cruces, cálices, custodias, órganos… que quienes me construyeron crearon pensando en mejorar el mundo.

 Notre Dame está herida, como lo están los corazones de los franceses, pero también de muchos de los seres humanos de este planeta, porque cuando la belleza trasciende a lo puramente material, cuando la belleza alcanza cotas tan altas de magnificencia en su construcción y en el destino de su existencia, el daño que sufre repercute en quienes consideramos que forman del Patrimonio de la Humanidad.

Puesto que estamos en Francia, de las tres palabras que representan la Revolución Francesa que termino con el absolutismo, “igualdad, libertad y fraternidad”, debemos verlas impresas por el fuego de Notre Dame en los corazones de todas las personas del mundo, para que podamos ver que las Catedrales son más que monumentos, son el trabajo encomiable de personas que la edificaron, cumpliendo cada uno con su función, con un solo fin, elevar nuestro trabajo al sin fin del universo.

 Dedicado a ese Maestro que me ayudó a entender mejor las piedras de las catedrales y a todos los que como él en todo el mundo trabajan como aquellos maestros y aprendices, por mejorar el mundo. Tarea ardua, difícil, pero no imposible… Se trata de ir golpe a golpe, como los canteros, intentando ser mejores.

Un ángel en Marsella -1.940- 2ª parte

Un ángel en Marsella -1.940-

Montserrat Prieto. Escritora y Redactora letras PLAZABIERTA.COM

 

Varian Fry descendió con determinación la escalera monumental de la estación de San Carlos en Marsella. Llevaba consigo dinero, pasaportes, y cuidadosamente oculta entre el forro de su ropa la valiosa lista, elaborada por el Comité de Rescate de Emergencia. Volvía a Europa cinco años después de haber aterrizado en Berlín, donde había sido testigo de la xenofobia y la brutalidad que destilaba la doctrina nacionalsocialista, de ahí su preocupación por la suerte que pudieran correr las personas que debía rescatar. Tenía 32 años, no sabía por dónde empezar  y solamente disponía de tres meses para llevar a cabo tan precipitada y complicada misión.

Hitler en la Torre Eiffel

Era 14 de agosto de 1.940 cuando se instalaba en una de las habitaciones interiores del Hotel Splèndide. Lo primero que hizo fue dirigirse al consulado de su país para obtener información, allí se encontró a una muchedumbre agolpada en espera de conseguir un visado. Su viaje carecía del aval oficial del gobierno norteamericano y al no recibirle el Cónsul comprendió que su tarea entrañaría mayor dificultad de la prevista. A pesar de tal contrariedad no se desanimó. Para los exiliados que permanecían inquietos en las puertas de la ciudad los obstáculos a salvar eran innumerables. Las esperanzas de escapar en algún buque quedaban frustradas por la policía, controlaban los embarques con excesivo esmero. El compromiso adquirido por el Mariscal Petain con Hitler era precisamente impedir la fuga de refugiados. 

Varian se organizó de inmediato convirtiendo la habitación del hotel en su centro operativo. Escribió a las personas de la lista con dirección conocida. Consiguió localizar a Franz Hessel y Alma Malher ocultos bajo nombre falso en un hotel marsellés. Apenas habían transcurrido unos días desde su llegada y la prensa local divulgaba la noticia. Le Petit Provenzele hacía mención a “un ángel caído del cielo” que llegaba con los bolsillos repletos de pasaportes y dinero. Los extranjeros requerían una serie de documentos importantes, el visado del país de acogida, un salvoconducto para poder circular por el interior del territorio y una autorización de salida para cruzar la frontera. Y el Gobierno de Vichy no se mostraba dispuesto a expedirlos. Marsella se había convertido en un callejón sin salida para ellos. 

El Gobierno de Vichy fue un régimen político instaurado en Francia durante la II Guerra Mundial, el 1 de julio de 1940, y cuya duración se prolongó hasta agosto de 1944

Muchos refugiados que no figuraban en su lista acudieron a él solicitando su ayuda. Escuchaba conmovido sus desgarradoras historias. Estaban muy alterados, sin papeles, sin dinero, solos con sus vidas rotas. La única compañía que llevaban consigo, la mayoría de ellos, era una desvencijada maleta conteniendo retazos de sus recuerdos más vitales, entre la ropa desgastada se hallaban algunas inestimables fotografías, unas cartas familiares o en el mejor de los casos una joya heredada. Varian sabía que aquellos que estuviesen dispuestos a escapar debían dirigirse a Portugal, país neutral. Una vez en Lisboa podrían zarpar en algún barco rumbo a Gibraltar, Las Antillas, el Norte de África o Nueva York, pero había que llegar hasta allí. 

Desbordado por la inesperada situación se le ocurrió la idea de formar un equipo. Había conocido a un joven judío alemán perseguido por los nazis, llamado Albert Hermann, le entregó un pasaporte con un nuevo apellido y le contrató. Miriam Davenport era una norteamericana de familia burguesa que había estudiado Historia del Arte en París, se transformó en una diligente secretaria. Charles Foset, también norteamericano, alegre, aventurero y luchador, fue el hombre comodín, hacía de todo. Eran idealistas, creían en la libertad y en los derechos humanos. 

Crearon un itinerario por el que salir clandestinamente y llegar a Lisboa a través de España. Aprovecharon las semanas posteriores al Armisticio, cuando predominaba la confusión y los controles eran escasos, para que muchos de los protegidos de Varian escapasen provistos de un visado de tránsito español, atravesando a pie los Pirineos. Era un camino largo, agotador, pero no tenían otra opción. A Franz Hessel y Alma Malher les retuvieron en la frontera, finalmente los aduaneros les permitieron continuar el viaje. Las últimas partituras inéditas de su fallecido esposo, el compositor Gustav Malher, viajaban dentro de su equipaje, así fue como consiguió salvarlas. 

La red de evasión trazada por el equipo funcionaba, el rumor se extendió y la larga cola de gente esperando en el hotel se acrecentó. Las quejas del establecimiento no tardaron en llegar, la policía se personó y detuvo a todo el mundo. Varian mintió sin vacilar, explicó que estaba haciendo una investigación sobre las necesidades básicas de los refugiados para auxiliar a los más vulnerables. La Prefectura le advirtió, debía atenerse a la legalidad. El Cónsul americano le lanzó otro aviso, las relaciones con Berlín y Vichy eran buenas y su misión no debía alterar el equilibrio diplomático. 

Ideó una nueva forma de encubrir sus actividades creando un centro norteamericano de socorro, oficialmente aportaban una ayuda económica a los exiliados pero en realidad el equipo continuaba con su programa de repatriación. En aquellos días, concretamente el 26 de septiembre de 1.940, un trágico suceso les marcó profundamente. El filósofo judío Walter Benjamin, al que habían ayudado a escapar, fue descubierto por la policía española en un control, le amenazaron con devolverlo a la frontera francesa. Estaba exhausto a causa del calvario que había soportado y llevado por el pánico a caer en las garras de la Gestapo ingirió una dosis letal de morfina en la habitación del hotel. 

Petain, en un mensaje de radio dirigido a la ciudadanía justificó la colaboración con Hitler diciendo que era para mantener la unidad del país. El Gobierno de Vichy activó, en octubre de 1.940, unas leyes que afectaban al status de los judíos, se les prohibió participar en la prensa, el cine y la función pública. Las redadas masivas en los barrios parisinos se incrementaron. En los Campos Elíseos los guardias rodeaban los cafés controlando e interrogando a hombres y mujeres, exigiéndoles la documentación. Detenían e internaban en campos especiales a los extranjeros de raza judía, infligiéndoles un tormento infrahumano. Dormían sobre la húmeda arena, la carne de rata se convirtió en un manjar, la carencia de agua potable y la dejadez de los carceleros franceses en higiene provocó que las fiebres tifoideas causasen estragos, y la disentería se volviese endémica. 

El equipo trabajaba intensamente y se reunía al atardecer para tomar decisiones. Se enteraron que los nazis estaban registrando los campos de la zona sur en busca de los refugiados que debían ser deportados a Alemania. Goebbels les llamaba “cadáveres en período de espera”. Varian resultó ser la única esperanza de muchos intelectuales. De nuevo se veía impelido a tomar una vital e incuestionable decisión añadiendo nombres a una lista que no dejaba de crecer. El Comité en Nueva York no compartía los cambios pero él lo ignoró. Mientras tanto no podía conciliar el sueño, tenía pesadillas y se preguntaba cómo evitar que la Gestapo deportase a las personas de su lista internadas en los campos. De pronto surgió una ayuda providencial del vicecónsul Hiram Bingham Jr., que le ofreció su colaboración, desobedeciendo las órdenes de sus superiores.

Fin de la segunda parte 

 

 

Un ángel en Marsella -1.940- 1ª parte.

Montserrat Prieto. Escritora y Redactora letras PLAZABIERTA.COM

El tren aminoró bruscamente de velocidad y los frenos lanzaron un estridente chirrido sobre las vías de acero, hasta que logró detenerse en la estación de Berlín. Era 1.935. Entre el trasiego de pasajeros un joven norteamericano se apeó del convoy portando una maleta y un bolso de viaje. Era alto, distinguido, de amable aspecto, las gafas que llevaba de cristales redondos le daban un cierto aire intelectual. Al buen observador no le pasarían desapercibidos aquellos profundos ojos parapetados tras los cristales transparentes, cuya inquisitiva mirada denotaba una gran perspicacia en su dueño. Varian tenía veintisiete años y de su persona emanaba una inconfundible aureola de inmensa humanidad, la cual le conduciría a acometer una ardua tarea aun a riesgo de su propia vida. Realizaría una memorable gesta, una de esas hazañas loables y generosas que solo algunos seres humanos son capaces de llevar a cabo por sus semejantes.

Varian Fry

Llegaba a Alemania como corresponsal enviado por The Living Age, el periódico para el que trabajaba. Su labor consistía en observar el auge de la política de Hitler. Coincidiendo con las recién promulgadas Leyes de Nuremberg, cuyo texto versaba sobre la ciudadanía, la raza y el honor alemán, iba a tener la oportunidad de investigar el creciente antisemitismo del Tercer Reich y, además, ser testigo de la vileza de diversos hechos, dejando constancia en los artículos que escribió y público posteriormente: 

 -“Vi como las divisiones de asalto perseguían a los judíos, cómo les golpeaban, les daban puñetazos y patadas en la cara y en el vientre. Les oí entonar su abominable canto:¡Alemanes, liberaos de la tiranía judía!¡No compréis en tiendas judías!¡Achtung Juden!”-

Desfile del ejército alemán en 1939

El día que presenció uno de los sucesos más crueles acudió indignado a quejarse al jefe de prensa extranjera de Hitler. Le dijo que había visto a un soldado alemán clavar la mano a la mesa a un judío con su puñal y después jactarse de ello. La abrumadora respuesta fue que los alemanes eran como los demás, pero mejores. Pretendían justificar una actitud primitiva y perversa culpando a los judíos de ser unos agitadores. El totalitarismo se iba imponiendo con una fuerza inusitada, avanzaba, se expandía y se intensificaba alarmantemente por todo el país.

Varian regresó a Estados Unidos impactado y sobrecogido. Intentó alertar a la ciudadanía escribiendo artículos y relatos desde la experiencia vivida. El título de uno de ellos reflejaba la evidencia de los dramáticos hechos que estaban transformando a Europa: Los nazis cantan su odio. Pero la gente prefirió permanecer ajena a tales acontecimientos sin prestar demasiada atención. En la era moderna, en pleno s. XX, el viejo continente se precipitaba hacia una de las épocas más oscuras, infames e inhumanas de su larga historia, caminaba irresponsablemente por la cuerda floja deslizándose al abismo sin posibilidad de retorno y mientras sucedía nadie parecía percatarse de ello. 

La opinión de Hitler no dejaba lugar a duda al escribir: “La decadencia es sobre todo de origen cultural”. El ministro Goebbels se apresuró a difundir la propaganda del III Reich pronunciando falsas e irritantes arengas una y otra vez: “Hombres y mujeres de Alemania el tiempo del excesivo intelectualismo judío ha terminado, el tiempo de la revolución alemana ha abierto una nueva vía.” En su ideario supremacista e ilimitado fanatismo no había cabida para “el arte degenerado”, en referencia al arte moderno. Su existencia resultaba aberrante y contaminante para las inmaculadas mentes de los alemanes, ¡tenía que ser destruido! Unas cinco mil obras, irrepetibles, insustituibles, alimentaron hogueras, miles y miles de páginas impregnadas de años de estudio, de inteligencia, de espíritu, fueron reducidas a minúsculas y livianas pavesas que flotaban bajo la luz intemporal de las llamas como una lluvia de lágrimas negándose a extinguirse. El Conocimiento fue ejecutado, se consumió entre el crepitar del fuego y el demencial alborozo de los nazis.

En 1.937, en Munich, la exposición del nuevo arte alemán fue inaugurada con gran solemnidad. Hitler, engalanado y rodeado de gran boato presidió las obras de los escultores y pintores del III Reich. Los ostentosos cuerpos atléticos representaban la patria, mostraban con fatuidad la superioridad y la pureza de la raza aria. Frente a aquella exposición estaba la otra, la del ofensivo “arte degenerado”, setecientas obras pertenecientes a grandes pintores como Chagall, Klee, Matisse, Kandinsky, Franz Marc, despreciadas y sentenciadas. Solo algunas de aquellas grandes obras se pudieron salvar al ser vendidas para financiar la guerra. Los artistas eran perseguidos, detenidos, condenados, despojados de sus pertenencias y de su nacionalidad alemana por traición al Imperio alemán y al pueblo. No podían exponer, tampoco publicar. Eran judíos, pacifistas, intelectuales o sencillamente alemanes antinazis, personas de bien. 

Mientras tanto en Nueva York Varian formaba parte de un grupo de norteamericanos antinazis que se manifestaban pidiendo el boicot a los productos alemanes. Publicó varios ensayos políticos, uno de ellos lo tituló: “Cómo ha sembrado Europa la semilla de la Guerra”.Hasta que estalló el conflicto el 3 de septiembre de 1.939. Francia y Reino Unido declararon la guerra al III Reich. Desde aquel momento los alemanes huidos del nazismo y refugiados en Francia se convirtieron en enemigos de la República. Muchos fueron detenidos y confinados en campos de internamiento, como el novelista Fassbender, el pintor Max Ernst o el filósofo Walter Benjamin. 

La Wehrmacht culminó su avance con la derrota de los franceses, arruinando la estructura de la sociedad burguesa y republicana, humillando a la ciudadanía que veía atónita cómo desfilaban los soldados alemanes por los Campos Elíseos. Francia firmó el Armisticio con Alemania el 22 de junio de 1.940. Los nazis reclamaron la entrega de los ciudadanos alemanes y austríacos que se habían refugiado en el país. Fassbender y Ernst escaparon, Benjamin fue liberado por escritores franceses. Se dirigieron a Marsella con la esperanza de zarpar en algún barco hacia Norteamérica.

En cuanto se firmó el Armisticio Varian se reunió con el Comité de Rescate de Emergencia, fundado por norteamericanos e intelectuales alemanes exiliados, entre ellos Thomas Mann. Pretendían obtener visados para los artistas y escritores de cualquier nacionalidad amenazados por los nazis o el régimen de Vichy. Contaban con el apoyo de Eleanor Roosevelt. Seleccionaron pintores, cineastas, escritores, sumaban doscientos nombres en total. Únicamente faltaba encontrar el eslabón imprescindible, el hombre capaz de realizar tan arriesgada misión, que dominase el francés y estuviese dispuesto a viajar hasta Marsella. Alarmado por las noticias y la suerte que podían correr aquellos artistas que tanto le habían deleitado con sus maravillosas obras, e impaciente ante la demora que tal búsqueda provocaría, Varian se ofreció voluntario sin dudar un instante. No se imaginaba lo que le esperaba. Iba a descubrir en sí mismo recursos que desconocía tener y un valor que nunca habría sospechado poseer.

Fin de la primera parte

¡Es un pájaro! ¡Es un avión! ¿Es el tío Petros? No, es el increíble hombre bala.

Dentro de un cañón hay un cilindro que se desliza hacia arriba después de la explosión inicial. Este cilindro se detiene al final del canuto, arrojando al ocupante hacia el cielo.

Mar Outsiders (Campillo). Periodista

Fue hace cuarenta años, en las Fiestas del Pilar de Zaragoza, donde vi por primera y última vez a Lluís Raluy, el hombre bala, acróbata, payaso, director de circo y matemático. Este genio declaró en el 2.012 a La Vanguardia que indagaba el ámbito de los números primos: «esos números sólo divisibles por sí mismos o por uno (…) He usado las matemáticas para los cálculos del cañón, la posición de los mástiles de la carpa, etc.”.  


https://www.youtube.com/watch?time_continue=5&v=-7MRipfWbsw

Los seres humanos siempre hemos anhelado volar  por el cielo azul claro y de algún modo, hemos tenido éxito: el paracaídas o los aviones, entre muchas otras maravillas tecnológicas, nos permiten encontrar una manera de arder a través del firmamento. Pero las balas humanas toman un camino único hacia un azul  salvaje extremadamente peligroso: estos temerarios sujetos penetran en los apretados confines de enormes cañones que los disparan en el aire y, aún con una larga historia enraizada en los circos de antaño, parece que todavía nadie ha dominado el arte de convertirse en la bola del cañón.

Ciertamente no es por falta de tentativas. El desafío surgió a finales del siglo XIX: el 13 de junio de 1871, el inglés George Farini, patentó el llamado «proyector», una simple plataforma con resorte que lanzaba a la gente al aire en lugares públicos de todo el país.
En 1873, un hombre disfrazado de mujer fue la primera persona de Estados Unidos en volar con el artilugio de Farini. Lulú pudo haber superado los 8 o 9 metros y, al llegar al vértice de su vuelo, agarrarse a un trapecio o una cuerda.
Sin embargo, fue una niña de 14 años en 1880, Rosa Maria Richter – Zazel, quien trepó dentro de un verdadero cañón, cortesía del afamado empresario de circo P.T. Barnum. El cañón usó resortes para propulsarla en el aire, mientras fuegos artificiales explotaban simultáneamente para lograr los efectos especiales. Zazel fue también una de las primeras víctimas de este emocionante acto de circo: se rompió la espalda, terminando su carrera como la primera bala de cañón humana rota.

Casi al mismo tiempo, el Yankee Robinson Circus trabajaba en su propio modelo, disparando a George Loyal desde un cañón hacia una mujer en un trapecio, quien lo habría de atrapar en medio del vuelo.


Si todo esto suena como una forma peligrosa de ganarse la vida, bueno, tienes razón.

Descubramos cómo los hombres bala obtienen sus alas,e imaginemos qué puede suceder cuando los aterrizajes salen terriblemente mal.

Al dispararse, el cañón empuja un émbolo hacia adelante con una fuerza de 3.000 a 6.000 libras por pulgada cuadrada (psi) de presión [fuente: New York Times]. La plataforma se detiene una vez alcanza el final del tubo, pero la persona que está dentro sigue avanzando a una distancia horizontal de unos de 50 metros, llegando casi a los 200 pies de altura, a una velocidad entre 90 y 115 kilómetros por hora.

A pesar de los cálculos cuidadosos, la artillería humana sigue siendo un esfuerzo arriesgado. Entonces, ¿por qué hay personas que todavía lo hacen y por qué lo permiten las parentelas? Singularmente, este oficio es a menudo una misión familiar que abarca generaciones.

Hay familias que no solo han sobrevivido a una gran cantidad de salvas, sino que también han convertido su fama en una profesión duradera. Moretones, huesos rotos y cabezas maltratadas se dan cuando alguien se gana la vida como una bala de cañón humana, pero también hay más de 30 de estos artistas muertos como resultado de fallos e imprevistos en su estratagema. Aún así, el peligro no ha impedido que se repita millones de veces.

La familia Smith posee la mayor cantidad de credenciales: en marzo de 2011, David «The Bullet» Smith Jr. superó el récord de su padre al volar 193 pies (59 metros).
Pero los profesionales saben que es la altura y no la distancia, lo que deja a la audiencia boquiabierta. Smith Sr. todavía tiene el récord del tiro más alto, en el que se elevó sobre dos ruedas de Ferris a una altura de 201 pies (61,2 metros).

Hace escasamente una semana y de manera inesperada, pude presenciar el lanzamiento de un hombre bala en la puerta de un circo, instalado en una pequeña ciudad.

 


Jody Bellucci, conocido como John Taylor Junior, antes de volar delante de la carpa del Circo Italiano

Jody Bellucci es alto y  me pareció un actor cuando le vi paseando en bata por los alrededores del circo. Casi suspiré amén a  la mirada refulgente de este italiano que desprende una gallardía luminosa. Luce en los carteles como John Taylor Junior- y se metió en el cañón porque su suegro tuvo que abandonarlo por enfermedad. El legado incluyó materiales homologados en un relevo que no tomó ninguna de las dos hijas que tuvo uno de los más famosos hombres bala. Así que Bellucci trabaja con el cañón que fabricó su mentor, del que también aprendió teoría de salto y mecánica para la pieza no humana del espectáculo.


Pura adrenalina circense y espectáculo de principio a fin

El cañón mide siete metros de largo y tiene casi uno y medio de diámetro. Está inclinado entre 39 y 40 grados. Funciona con aire compromido y está construido especialmente con piezas hidráulicas. La clave es ponerse muy recto justo antes de la cuenta atrás, que va de cinco a cero segundos. Luego controlar en vuelo el momento en el que se gira, porque si lo haces antes de tiempo te rompes las piernas y si lo haces más tarde, el cuello.

¿Probamos?:  las piernas juntas, el trasero apretado, los brazos y los codos estirados, desenrosca tus fibras musculares en una formación rígida, anticipa el momento en que la plataforma que está debajo de ti va a cobrar vida elevándote hacia el cielo con una tremenda fuerza de drenaje.
Pintado en la colchoneta de aterrizaje, como un objetivo hay un puñado de estrellas: son puntos de referencia, que deberás usar para medir la posición de su cuerpo a mitad del vuelo. La tensión en tu cuerpo será enorme, y la peor parte seráabsorbida por tus tobillos, rodillas y glúteos. Habrá suficiente poder allí para hacerte papilla.

https://www.youtube.com/watch?time_continue=54&v=VcgPMxbgapE

Lágrimas de sangre

Como siempre, la babarie acompañada del fanatismo, ideas radicales de seres que creen que tienen encomendada por mediación divina o de no se qué ideólogo que creen que reventando cualquier sistema contrario a a sus ideas absolutistas, ha vuelto a hacer presencia, en este caso en las antípodas, pero la distancia no es una excepción al sentimiento, primero de compasión hacia las víctimas, sus familias y allegados, y segundo de rabia mezclada con una gran impotencia, por tan execrable conducta, sin sentido.

Vivimos en un mundo de extremos, donde las conductas equilibradas, mediadoras, tendentes a evitar el conflicto están mal vistas, no se si porque no tiene morbo, porque no se llevan o porque hoy día hay que ser de algo, aunque ese algo mate, asesine… aunque ese algo sea lo más cruel… Sino está sembrada la batalla, la confrontación, la subida do “likes” en nuestra RRSS,  con su demoniaca intención de desequilibrar todo, no se si buscando en el caos algún beneficio como redentores de sus nuevas patrias, religiones, tradiciones y, un largo etcétera, incluyendo el desatino de cualquier enajenado que por un día se convierte al mismo tiempo en Badman y Superman.

No seguimos empeñando en falacias, donde el mundo se divide en buenos y malos, en negro y blanco, olvidándose de la enorme escala de grises que hay; estereotipos y prejuicios, donde  los islámicos son todos del ISIS, los y las homosexuales, maricones de mierda y degenerados, la mujer que liga una puta, y los que no piensan como ellos están equivocados. Este es el peor terrorismo, pues, pudiendo desembocar en un atentado sangriento, no sólo destruyen personas y bienes, sino también libertades. Desequilibrando la pretendida paz mundial, pero lo peor aún, corrompiendo todo lo que tocan.

Este es el mundo, así somos, matamos por ideas, por dioses con caras diferentes que dividen, por ideas de un radicalismo fascista, tanto de izquierdas como de derechas, de separatismo en vez de unión. Siempre existen puentes que unen, pero nos empeñamos en destruirlos.

Somos seres destructivos, no sólo de nuestra planeta, de nuestra hábitat, de nuestro entorno, sino también contra personas que piensa diferentes. Esto es la base del terrorismo.

De Guatemala a guatepeor

Hay conflictos en los que tomar partido es de una imposibilidad manifiesta, en los que no hay forma de decantarse por ninguna de las vías abiertas por incompatibilidad moral y por falta de información.

O por ser más exactos por falta de información fiable, porque si algo sobra en esta sociedad es la información, o, para ser más exactos, la opinión, porque toda la información que recibimos es opinada, y eso nos lleva a una desconfianza sistemática de su veracidad.

Cuando los conflictos se observan desde lejos, la distancia en vez de aclarar la perspectiva difumina los hechos, incapacita la posibilidad de ver con independencia y claridad.

Un ejemplo claro lo tenemos en el lamentable, parcial y partidista comunicado del PEN sobre Cataluña que hemos sufrido los españoles esta semana. Lleno de inexactitudes, trufado de incoherencias y falto absolutamente de una segunda visión sus conclusiones no solo son en muchos casos falsas, si no ofensivas para todos los españoles.

Es lo malo de las ideologías, que miran con un solo ojo y son incapaces de ver la realidad en relieve.

Pero no era sobre nuestro país sobre lo que yo quería comentar, no, si no sobre la terrible situación que vive el pueblo venezolano. Sojuzgados por un régimen de teatrillo, donde el presidente es un actor lamentable, el guión está lleno de faltas de ortografía y el local se desmorona día a día en una lucha interna en la que un personaje de ópera bufa da unos discursos que serían abucheados en una guardería, cómicos, previsibles, grandilocuentes y en los que confunde sistemáticamente lo que quiere él con lo que necesita el pueblo.

“… la terrible situación que vive el pueblo venezolano. Sojuzgados por un régimen de teatrillo, donde el presidente es un actor lamentable, el guión está lleno de faltas de ortografía y el local se desmorona día a día en una lucha interna en la que un personaje de ópera bufa da unos discursos que serían abucheados»

Y hoy nos despertamos con la noticia de que un miembro de la oposición se ha nombrado presidente, diría se ha autonombrado pero parece ser que ha seguido una vía legal, incomprensible, pero legal. Y aquí empieza el problema. Si con uno la Venezuela oficial estaba contenta y la oposición oprimida, con el otro la oposición considera que hay una oportunidad mientras la oficial se queja.

Veamos, si con Maduro el país era un desastre y hablábamos de hambruna, de falta de abastecimiento hasta de lo más elemental. Teniendo en cuenta esto se tiende a pensar que por fin hay un rayo de esperanza para los que lo luchaban.

Y en plena euforia por la solución posible, al leer la prensa, te enteras que los primeros en reconocer al nuevo presidente son Trump y Bolsonaro, y se te caen los palos del sombrajo.

La frase te viene inevitablemente a la cabeza. ¿Y si salen de Guatemala para meterse en guatapeor? Porque, como ya he dicho varias veces en el tema catalán: “dime con quién andas y te diré quien eres”. Quién con populistas se acuesta inadecuado se levanta.

¿Quiénes somos?

 

 

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España tiene manchadas las manos de sangre

Al igual que las personas, un país, nación o estado, tiene que responder a unos principios éticos, no en vano su estructura social  está integrada por individuos, de manera que, en gran parte un país es el reflejo de sus ciudadanos, máxime en un estado democrático donde tenemos el poder de votar a los que consideran más dignos de manejar los hilos que hacen posible la convivencia social. El problema viene cuando la degradación social es tan grande que todo lo que se presume que debería ser un buen gobierno se transforma en una charca de sapos y culebras, donde la inmundicia impregna todo lo que toca.

A veces, acudiendo a las relaciones internaciones, comerciales y diplomáticas se justifican actos de difícil justificación desde el ámbito de la catadura moral, aunque se intente acudir a justificaciones de índole humanitaria cuando lo que prevalecen son otro tipo de interés como el económico. Tal es el caso de la venta de armas a países con conflictos bélicos o patrocinadores de los mismos con base en ideologías o creencias religiosas fanáticas, muy propio cuando lo divino es la justificación del mal que se causa como redención necesaria de los infieles.

Otras veces, los conflictos buscan solamente alianzas para hacerse con un determinado territorio a modo de conquista o recobrar el que consideran arrebatado por razones históricas, aunque lo más surrealista hace acto de presencia cuando la actuación es como redentor en busca de la paz a través de la guerra, por aquello de que para construir primero hay que derribar.

Partir del hecho que la guerra es necesaria en determinados momentos como defensa ante un ataque exterior para hacer valer la soberanía de un país y defender a los propios ciudadanos, nos lleva a un conflicto moral a quienes rotundamente rechazamos cualquier conflicto bélico; aunque, siendo conscientes que la perfección cuando el ser  humano está por medio no existe y que el mal está presente en el mundo, evidentemente ante un ataque exterior lo normal  es pensar que éste se repela, aunque no para ello hay que utilizar las mismas reglas del juego, sobre todo en protección de una sociedad civil que es la que termina pagando las consecuencias de cualquier tipo de guerra. De tal manera que entendemos que cualquier conflicto armado debe repelerse dejando paso a la diplomacia y a la intervención de estamentos públicos cuya misión es la de garantizar las buenas relaciones internacionales como valedores de los derechos humanos, como Naciones Unidas.

«Partir del hecho que la guerra es necesaria en determinados momentos como defensa ante un ataque exterior para hacer valer la soberanía de un país y defender a los propios ciudadanos, nos lleva a un conflicto moral a quienes rotundamente rechazamos cualquier conflicto bélico»


¿Puritanismo?, no, nada más lejos si entendemos éste como rigidez y escrupulosidad excesiva en el cumplimiento de determinadas normas de conducta moral pública o privada. En todo caso, si tuviéramos que etiquetar este rechazo absoluto a la guerra su fundamento partiría del humanismo o supervivencia social, de ahí que condenemos cualquier tipo de justificación de la guerra; porque, además del mal causado demuestra la ineptitud de nuestros gobernantes o su excesiva ambición de preponderancia internacional.

Recordemos como una no muy lejos alianza entre EEUU, Reino Unido y España, durante el gobierno de José María Aznar justifico un ataque bélico contra Irak en busca de armas de destrucción máxima, contraviniendo incluso la resolución de la Naciones Unidas de su inexistencia según los observadores internacionales que se trasladaron a la zona, como finalmente ha terminado demostrándose; circunstancia que, como todos sabemos fue la muerte inútil de 92.614 civiles entre 2003 y 2008, según el equipo de Madelyn Hsiao, del King’s College londinense (Reino Unido), en cuyo análisis utilizaron datos de un proyecto no gubernamental (Iraq Body Count) que contabiliza las víctimas de episodios violentos aparecidos en la prensa, contrastándolos con información de hospitales, morgues, estadísticas oficiales y diversas ONGs, lo que hace bastante fidedigna la citada cifra.

En estos momentos España participa únicamente en conflictos armados, según la justificación de nuestros gobernantes por razones humanitarias. Que gran falacia. Nos hacemos garantes de la paz utilizando la guerra o vendiendo armas a países para este menester. Claro, que pensar en la pureza de un país es algo tan utópico como pensar que el poder es innecesario para garantizar el buen funcionamiento de sociedad, salvo que creamos en la Anarquía, donde el estado del individuo debería ser tan avanzado como para hacer posible el autogobierno.

«Que gran falacia. Nos hacemos garantes de la paz utilizando la guerra o vendiendo armas a países para este menester.»

En definitiva, moralmente la guerra no tiene justificación porque con ella se está eliminando el más preciado de los derechos del ser humano como es el derecho a la vida, como tampoco lo tiene la venta de armas de nuestro país a quienes participan de una manera u otra en dichos conflictos, porque haciéndolo se está manchando las manos de sangre. Tal es el caso de la venta de armamento a Arabia Saudí, uno de sus “socios” internacionales, armas que terminan matando a seres inocentes como son los niños.

Según Naciones Unidas, sólo durante 2016 más de 15.500 niños atrapados en conflictos armados fueron víctimas de violaciones de derechos generalizadas, incluidos asesinatos y mutilaciones, reclutamiento y negación del acceso humanitario.

En los últimos años, España se ha convertido en uno de los mayores exportadores de armas del mundo, cuando la respuesta debería ser por el contrario el incrementar la ayuda y asistencia a los niños atrapados en conflictos armados, las víctimas más inocentes, como en el caso de Yemen donde se enfrentan Arabia Saudita e Irán, con más de 4.000 niños asesinados  o que han resultado heridos desde que empezó el conflicto en marzo de 2015. Lo que demuestra que la catadura moral de quienes gobiernan ni siquiera está a un nivel aceptable, máxime cuando se les llena la boca de estar preocupados y de participar en la defensa de los derechos humanos en otras partes del planeta, lo cual es cierto, pero no por ello quedan redimidos de ser cómplices de las muertes de civiles, entre ellos niños, en otras partes del mundo, con la consiguiente correponsabilidad de todos nosotros que no hacemos lo suficiente para rechazar con energía cualquier tipo de conflicto bélico.

Campaña de recogida de firmas de Save the Children España contra la venta de armas de nuestro país. Si quieres participar haz clic aquí

El Papa, ¿hombre bueno o malo?

 

Hace algunos días discutía con un amigo acerca de la existencia de Dios, del bien y del mal, de la propia existencia del ser humano. Claro, este amigo es totalmente ateo, o al menos eso aparenta.

Continuando con el relato…, este amigo ateo tiene un apego muy singular a ese dicho que dice algo así como: “vamos a vivir bien que son tres o cuatro días”, es decir, de disfrutar el aquí y ahora, como si no existiese futuro, de los placeres de la vida. Claro, este amigo todavía es joven, pero no le falta razón, salvo que tenga por diosa a una moto, pero también lo entiendo, a veces es mejor una moto que un mal amigo.

Bueno…, acordándome de esa conversación y del esfuerzo que tuve que hacer para no aparentar un “carca”, tengo que decir que mi posición en ese momento fue una posición agnóstica1 y punto, igual que ahora.

No niego la existencia de Dios2, y hoy escribo ese “DIOS” con mayúsculas porque no le pongo o hago lo hasta lo imposible por no ponerle una cara determinada, una imagen religiosa, para que se me entienda. Creo en un Dios que es energía, en un Dios creador del universo, un arquitecto superior, pero no como nos lo pintan en las iglesias, de  ese hombre con barba blanca y un triángulo encima de su cabeza que en siete días creó todo;  lo cual no deja de ser un simbolismo de un inicio del todo desde el nada. Yo me refiero a Él como energía cósmica en el sentido que algunos científicos como Stephen Hawking, explica del origen del universo en sus diferentes teorías.

Y…, ¿porque Hawking y no lo que dice la iglesia sobre Dios?. Por cierto mi iglesia de nacimiento es la católica. En cuanto a la pregunta, creo que no hay que elegir sino mezclar, y de esa mezcla quedarse con lo que más nos satisfaga, eso sí con la coherencia que esa satisfacción exige. Me explico, aunque el católico, creyente y practicante exige el cumplimiento de una reglas y la creencia de unos dogmas, aporta la satisfacción de que existe un Ser Benevolente que en la muerte nos va predornar todos nuestros pecados y errores, y recoger en sus brazos, viviendo a su lado la vida eterna. Sin embargo en mi caso no me aporta satisfacción alguna porque mi única aportación al universo es la energía en la que me transformaré cuando me muera.

Centrándome aún más en el tema, mi posición agnóstica es destacable en el hecho de que nada me posiciona ideológicamente, por decirlo de alguna manera a la figura del Papa y de la Iglesia católica, de manera que si tengo que posicionarme respecto a su lider acerca de si es un hombre bueno u hombre malo, indudablemente mi respuesta sería la de un hombre bueno y, con ello no juzgo su trayectoria o viaje por esta vida que le precede, por dos razones, una porque no he indagado sobre la vida de Jorge Bergoglio antes de ser Papa y, segundo, porque no soy quien para juzgar a nadie en el sentido de atribuirle una condena a una conducta negativa determinada una condena que, simplemente, puede consistir en el desprestigio. Y, digo bueno, porque me lo parece, simplemente, y porque lo ha demostrado a lo largo de su pontificado, pero sobre todo por haberse puesto a levantar las alfombras de una institución de 2000 años de existencia, que por ser llevada por hombres, forzosamente ya no es infalible y, por lo tanto tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, como todos.

» si tengo que posicionarme respecto al líder de la Iglesia, ¿hombre bueno u hombre malo?, indudablemente seria un hombre bueno y, con ello no juzgo su trayectoria o viaje por esta vida que le precede»

Creo, además, que es un hombre valiente porque la limpieza que ha iniciado incomoda a un sector dentro del vaticano, vamos a llamarlo, más conservador, con mucha fuerza debido a un amplio sector entre los fieles que les apoyan.

Que no es un hombre perfecto, que no es un dios en la tierra, pues claro que no. Hasta si se lo preguntan a él creo que respondería en este mismo sentido, no sólo por humildad, que en este caso no es el hombre de un simple golpeo en el pecho con la mano derecha, sino por su gran conocimiento del ser humano como jesuita que es.

Parece que el ser progresista en nuestro días es cumplir y defender una serie de dogmas que, ademas, debes creer a pies juntillas, como ser feminista, gay, lesbiana, o  apoyarlos  hasta casi pensar o sentir como ellos; ateo, anarquista, anti-sistema, radical, animalista y otra serie de tópicos y típicos comportamientos, forma de vida, creencias que aunque es cierto son propios de personas con una mentalidad abierta, no tienes porque compartir necesariamente en toda su extensión, porque si algo lleva implícita esta condición de progresista debería ser la de ser libre-pensador y tremendamente respetuoso con las opiniones contrarias.

«… así debes ser feminista, gay, lesbiana, o  apoyarlos  hasta casi pensar  o sentir como ellos; ateo, anarquista, anti-sistema, radical, animalista y otra serie de tópicos y típicos comportamientos»

Así pues, dentro de ese progresismo mal entendido, otro dogma o pauta a seguir es presumir -no todos -, y este no es el caso de mi amigo-, de cierto ateísmo en una posición claramente anticlerical, por varias razones, pero sobre todo por la fuerza opresora que ha ejercido a la largo de su historia, muchas veces muy unida al poder del Estado, como ha sucedido en la historia reciente de nuestro país.

No me gustan las religiones porque no me gustan los dogmas. Sólo me importa el humanismo y por lo tanto el lado humanista de la Iglesia de la que estamos hablando lo tiene. Por supuesto que debería ser más amplio, a pesar de su boato, ritos y viejas tradiciones, que a mi no me importan, aunque es cierto que podría utilizar sus tesoros para atemperar la plaga de pobreza en muchos de los países del sur del planeta, aunque aquí tendríamos en contra la propia conservación  del patrimonio histórico artístico de sus bienes y otras labores sociales que hacen.

No le demos más vueltas, la Iglesia tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, como buenos y malos son sus servidores, estando entre los malos los pederasta que cada día son más y que se autodenominan siervos de Dios para cometer sus ignominiosos actos. Igualmente, el Papa tiene sus cosas buenas y malas.  Pero perdonen los “progresistas” -las comillas son intencionadas para diferenciarlos de los que realmente lo son-, no voy a sacar mi odio visceral y escupir la hiel que circula por mis venas contra todo lo que huela a Iglesia, y menos públicamente, porque, no tengo odio ni hiel en las venas y en segundo lugar porque juzgar a la Iglesia es juzgar a los seres humanos que la dirigen, aunque entiendo, a veces, la misantropía de algunos de mis amigos y amigas,  y también el anticlericalismo, y no es para menos.

1, adjetivo/nombre masculino y femenino

[persona] Que, sin negar la existencia de Dios, considera inaccesible para el entendimiento humano la noción de lo absoluto y, especialmente, de Dios.

«ser agnóstico depende de un razonamiento intelectual; lo que el

2, En las religiones politeístas, ser sobrenatural al que se rinde culto; tiene poder sobre un ámbito concreto de la realidad y sobre el destino de los humanos.

La reconstrucción del planeta

 

Dijo Albert Einstein que: “No se como será la tercera guerra mundial, sólo se que la cuarta será con piedras y lanzas”, y es que, está claro que el orbe nunca ha estado más en peligro que ahora, donde las cabezas nucleares de los misiles que las grandes potencias mundiales poseen están más calientes que nunca. No se trata de una actitud derrotista y mucho  menos alarmista, sino  una simple constatación de los hechos, con líderes al  frente de aquellas cada vez más exaltados, por una parte en respuesta a los conflictos bélicos existente en oriente medio con polarización en el control del mundo y de las reservas de petróleo y otras materias primas entre EEUU y Rusia, sobre todo con un Donald Trump cuya actitud bélica es más que manifiesta.

 

A lo anterior hay que añadir otra serie de conflictos que afectan a casi todos los países del mundo y más directamente a los ciudadanos, tales como el terrorismo, el narcotráfico, la inmigración ilegal, el hambre, el subdesarrollo, la contaminación y el consiguiente calentamiento global del planeta, que hacen que las bases del sistema capitalista se tambaleen, con una super población cada vez más exaltada por la indignación de la pésima gestión de quienes manejan los hilos del poder.

En definitiva, vivimos en un mundo enfermo física y mentalmente grave, donde la esquizofrenia hace que nos movamos entre ideologías antagónicas y radicalizadas en muchos casos, pasando de unas a otras según el movimiento del viento o los intereses del momento. Enarbolamos la bandera de la paz pero no dudamos en machacar a nuestro adversario político llegado el caso, en vez de buscar consensos que nos beneficien a todos, luchamos por los intereses de los animales o contra su maltrato pero no dudamos en comer carne, defendemos la igualdad de la mujer pero en nuestro ámbito privado dejamos que sean ellas las que lleven la carga del hogar y de los hijos, además de trabajar fuera de casa como si de superwomen se tratase, eso sin contar con los movimientos feministas para los que el hombre es un fiero enemigo sin evolucionar en línea directa con el  Hombre de Cromañón y, a veces, no es para menos.

Un simple botón lo controla todo, el mundo, lo creamos o no, está pendiente de un hilo cada vez más fino y todo por dos causas, la primera del aguante de sus habitantes frente a un poder global donde el dinero lo controla todo y la  avaricia de quienes lo tienen sin dejar lugar al bienestar de los peor tratados por el sistema y, la segunda, la incapacidad de nuestros representantes de llegar a acuerdos que equilibren la balanza entre países y personas ricas y pobres, reflejo propio de comportamiento humano que siempre busca quedar por encima de los demás, en una actitud soberbia y de dominio o control de los demás.

Nos enfrentamos, por tanto, a dos posibilidades ante tan grave situación, una la de levantar el pie del acelerador que hace que el mundo esté girando a una  velocidad vertiginosa incapaz de controlar o bien prepararnos para hacer frente a lo que se nos avecina, un planeta en vías de destrucción. En ambos casos la respuesta final será la reconstrucción. La reconstrucción de un sistema de valores que se transformen en reglas de obligado cumplimiento por aquello de que la norma sin espada no es más que palabra,  o la reconstrucción en el sentido al que nos lleva las palabras del Albert Einstein en principio citadas, a la reconstrucción de un planeta totalmente destruido, en el que quizá durante muchos años no quedará un resquicio para la vida.

«Nos enfrentamos, por tanto, a dos posibilidades ante tan grave situación, una la de levantar el pie del acelerador que hace que el mundo esté girando a una  velocidad vertiginosa incapaz de controlar o bien prepararnos para hacer frente a lo que se nos avecina, un planeta en vías de destrucción»


Ante esta descripción de los hechos lo normal es que todos entremos en el desánimo y en la resignación, pues entendemos que en nuestra minúscula existencia en comparación con el orbe y de las fuerzas que lo controlan poco podemos hacer. Sin embargo, las cosas no son así, todos y cada uno de nosotros aunque nos parezca mentira tenemos mas fuerza de la que nos pensamos, fuerza que si la unimos a la de nuestros semejantes puede desembocar un poder enorme.

No se trata de reventar o destruir el sistema como algunos dicen y hacer otro nuevo, no. De lo que se trata es de cambiar nosotros mismos para que nuestro entorno sea diferente, dicho de otra manera, adoptando una actitud diferente frente a lo que sucede en nuestro círculo social más inmediato, saliendo de la burbuja que todos nos hemos creado a nuestro alrededor para defendernos de los ataques externos, fomentando cada vez más una individualidad que hace que este planeta cada día se fracture más.

 

«De lo que se trata es de cambiar nosotros mismos para que nuestro entorno sea diferente, dicho de otra manera, adoptando una actitud diferente frente a lo que sucede en nuestro círculo social más inmediato, saliendo de la burbuja que todos nos hemos creado»


Si nosotros cambiamos hacia actitudes más generosas frente a los demás, más solidarias y con el único fin de hacer un mundo mejor, contagiaremos a quienes estén a nuestro alrededor. Se trata de adoptar una posición más activa frente a los problemas que nos afectan a todos, pero siempre con la predisposición de buscar soluciones que beneficien a la generalidad y no a unos pocos, no desde ideologías transnochadas  y manipuladoras sino desde ideas que sirvan para transformar el mundo, para su reconstrucción moral, porque mientras no gire sobre el eje del interés común o general no habrá nada que hacer e inevitablemente llegaremos a la destrucción total, quizá sin retorno. Si nosotros cambiamos indudablemente también cambiarán nuestros representantes, porque ellos están hechos de la misma pasta que el resto, pero, además, porque de nosotros dependerá su elección y su sustento en el ejercicio del poder.

Sí, es necesaria una revolución, pero una revolución de ideas, de principios, hacia dentro del ser humano. No hace falta sangre, ni voces, ni imposición de ideologías. Se trata de una revolución en silencio de la que tú ya puedes formar parte. Y, si no estás dispuesto o dispuesta a hacer nada, por lo menos cállate, porque tu ruido ya empieza a molestar.

 

Hipocresía e inmigración

Dice Pablo Casado que “No es posible que España pueda absorber a millones de africanos, y lamentablemente tengo que darle la razón habida cuenta que para hacer caridad primero tenemos que tener satisfechas las demandas de nuestra sociedad que, desgraciadamente son muchas y algunas de ellas tan urgentes que de ello depende el bienestar de muchas familias españolas. Tampoco se trata de que demos las sobras porque en el momento actual tampoco sobra tanto. Ahora bien, debemos preguntar al Sr. Casado que ha hecho su partido por los emigrantes aparte de poner alambres con concertinas para parar las avalanchas que en determinados momentos se producen en la frontera con el continente africano, cosa que también hizo el PSOE, o someter a los que han logrado su entrada a un absurdo examen de españolismo.

También estoy de acuerdo que el problema de la inmigración es un problema global o al menos europeo en cuanto que es éste el continente especialmente afectado, a lo que el gobierno del PP y también el del PSOE ha contribuido bastante poco para buscar soluciones, sólo parches puntuales que no arreglan una situación de la que especialmente somos responsables todos los países que vivimos sumidos en un sistema capitalista donde lo que impera es el poder del dinero y el bienestar de unos pocos, los más ricos, creando  desigualdades con determinadas zonas del planeta, lo que al final se traduce no sólo en la necesidad de que sus habitantes tengan que buscarse la vida en zonas más prosperas para poder subsistir. Países por otra parte, ricos muchos en materia primas, también explotados por el capital extranjero

Ningún argumento puede justificar el dejar morir a personas por la simple cuestión de haber nacido en el lugar menos adecuado para garantizar su subsistencia, pero tampoco es suficiente el argumento de permitir que todos los emigrantes procedentes de tales lugares se establezcan en nuestro país y, menos que se produzca un rechazo xenófobo donde la violencia es la única respuesta; de la misma manera que tampoco es admisible que la entrada se produzca de forma violenta, aunque comprensible cuando de lo que se trata es la opción de seguir viviendo o mal viviendo, o ¿acaso alguno de ustedes no defenderían con uñas y dientes su propia vida y la de su familia?.

La emergencia humanitaria exige respuestas inmediatas, respuestas o soluciones a largo plazo, donde la parte más débil, en este caso quienes huyen en muchas ocasiones de una muerte segura, no dejarles morir en las pateras o en las precarias embarcaciones que intentan llegar a nuestras costas o impidiendo el atraque en nuestros puertos de aquellas pertenecientes a ONG´s cuyo único fin es contribuir a aminorar las muertes por esta circunstancia. Cualquier país debería estar obligado internacionalmente a prestar el auxilio necesario a quien lo necesita, pero de la misma manera internacionalmente debe financiarse la acción de protección civil prestada.

 

«Cualquier país debería estar obligado internacionalmente a prestar el auxilio necesario a quien lo necesita, pero de la misma manera internacionalmente debe financiarse la acción de protección civil prestada.»

La cuestión, realmente se complica, cuando intentamos dar respuesta a la pregunta de qué hacer cuando las personas que han llegado a nuestras fronteras logrando la entrada en el país se han recuperado después de la adecuada asistencia sanitaria que les hemos prestado: ¿las devolvemos a su país sabiendo que de nuevo volverán a intentar huir de las condiciones paupérrimas en las que viven o de los conflictos bélicos en los que en los que están sumidos sus países?, ¿las acogemos aún sabiendo que no estamos en condiciones de recibir a tanta gente?.

Sería muy fácil recurrir al argumento o sentimiento de la solidaridad y la caridad que a la gente de bien nos puede aflorar ante estas situaciones, pero no se trata solamente de tener buenos sentimientos, se trata de humanismo, un humanismo que deben asumir todos los países, primero intentando solucionar las desigualdades económicas en el planeta, pero, también, colaborando con los países receptores por proximidad a los países de procedencia, primero con la financiación necesaria para una adecuada asistencia sanitaria y social y, por otra parte, siendo conscientes todos, y con ello me refiero a los ciudadanos de a pie, de que estamos ante un problema que no se puede solucionar echando a la gente y menos aún demonizándolos por ser de otro color o de otra raza.

El orbe esta en peligro, un peligro que afecta a todos y no solamente a los que huyen de sus países, quizá mañana seamos nosotros los que tengamos que emigrar, quién sabe, situación que todos en cierto modo hemos tolerado y que seguimos tolerando por pensar que la política no tiene que ver nada con nosotros. Basta ya de buenismos como el de Pedro Sánchez, que no digo que no sea oportuno ante situaciones de emergencia humanitaria, puesto que algo hay que hacer, pero no sólo para colocarnos medallas y menos aún para crear confrontación como hacen determiandos partidos de la derecha española.

 

Nosotros, vosotros y ellos

Hay episodios, como el de la inmigración, que desempolvan los viejos fantasmas arrinconados en el fondo del armario de la conciencia, pero nunca que nunca han sido superados ni olvidados. La habitual, y deleznable, corrección política va logrando que nadie se exprese libremente por temor a ser calificado como apestado social. Y curiosamente esto se hace en muchos casos en nombre de una libertad que solo entienden los que se consideran con derecho a dar certificados de libertad o corrección de pensamiento a los demás.

Pero no trataban mis palabras de hablar sobre la libertad, concepto escurridizo y excesivamente interpretable según el gusto de quién lo menciona, que también. Mi interés era hablar sobre los fantasmas que saca a la luz un episodio como el del barco llegado a Valencia con su, carga me parece deleznable, pasaje de personas en necesidad.

Partamos de que tan loable es la actitud del gobierno español como inhumana es la del italiano. Así, de entrada. Pero de entrada el cambio de luz entre el exterior y el interior suele producir una necesidad de adaptación para apreciar las formas correctamente. A veces eso sucede también con los hechos. Necesitan de análisis y perspectiva para apreciar todos los matices.

Eso no significa que justifique el comportamiento de los italianos, pero tampoco que aplauda ciegamente el español. El gobierno italiano tiró del populismo más rancio y deleznable para denunciar una situación por la que se ve superado. El gobierno español tiró, en unas circunstancias en la que su decisión le era popularmente favorable, del populismo más buenista para ofrecer una solución a pesar de que la presión inmigratoria, en muchos casos orquestada con fines políticos por nuestros vecinos, puede ser tan insoportable como la que soportan otros países limítrofes.

Pero una vez comentada la posición política, la calle comenta, se posiciona y quiere hacerse oír. Y quieren hacerse oír la parte de la calle que encuentra solo problemas y aquella otra parte a la que todo le parece bien. Y, como siempre sucede, ninguna de ambas partes es capaz de detentar la razón absoluta, y ambas partes tienen su cachito de razón. Nada nuevo.

Todas las posiciones tienen su parte de verdad y su parte de irracionalidad. Todas, excepto las que parten de un odio irracional, o de un irracional estado nirvánico, deben de ser tenidas en cuenta, escuchadas, contestadas y, en la medida de lo posible, satisfechas. Tal vez, como casi siempre, es la desinformación a la que se somete a la población la mayor causante de este prejuicio. Contra la mentira información veraz y contrastable.

 

«Tal vez, como casi siempre, es la desinformación a la que se somete a la población la mayor causante de este prejuicio. Contra la mentira información veraz y contrastable.»

Argumentario negativo: No hay dinero para acoger a tanta gente, quitan el trabajo y los recursos a los nacionales, son delincuentes, forman guetos, no se integran, intentan cambiar las costumbres e imponer las suyas, pueden ser terroristas, se les dan unos privilegios superiores a los que obtienen los nacionales.


Argumentario idílico: El mundo sería mejor sin fronteras, son personas que huyen del hambre y de la guerra, rechazarlos es una actitud xenófoba y todo lo que se diga en su contra es racismo, los países más ricos tienen la obligación absoluta de acogerlos.

Puede que me olvide alguna, en ambos grupos, aunque creo que están los principales argumentos. Pero empecemos a analizar.

No hay dinero para acoger a tanta gente. Es cierto. España es un país con una economía limitada, con una capacidad de generar trabajo poco flexible debido a su enfoque económico y a las leyes tremendamente lesivas con la iniciativa privada, sobre todo con la pequeña iniciativa privada. Pero siendo cierto también lo es que la mayoría de los inmigrantes solo están de paso, que la mayoría o son devueltos a sus países o buscan las economías más fuertes en el centro de Europa. Cierto, algunos se quedan, algunos reciben subvenciones y ayudas. También es verdad que esas subvenciones y ayudas son más visibles cuando son puestas en cuestión, pero, a falta de información veraz, creo que es injusto confundir visibilidad con privilegio.

Quitan el trabajo y los recursos a los nacionales. Si, esto es cierto, pero con matices. Ocupan puestos de trabajo. ¿Pero que sería de nuestros mayores y de nuestros hijos si no tuviéramos inmigrantes que desempeñaran esas labores que ya pocos españoles quieren desempeñar, y que los pocos que quieren ofertan a unos precios inasequibles? ¿De dónde obtendríamos esa mano de obra no cualificada que demanda nuestra sociedad llena de licenciados, doctorados y masters, reales o ficticios, que olvida las necesidades básicas? ¿Cuántos puestos de responsabilidad, cuantas empresas, chinos aparte, son de inmigrantes? De inmigrantes de necesidad, se entiende. Por no hablar de nuestro campo despoblado, de nuestra agricultura y nuestra ganadería ya casi inexistentes, de esa España rural que busca habitantes con desesperación e incentivos para no desaparecer. Y, ya puestos ¿Quién va a contribuir con el estado para que podamos cobrar nuestras pensiones en el futuro? ¿Los ya casi inexistentes nativos o los inmigrantes y sus hijos integrados en una sociedad  tan decadente que no se preocupa de su futuro?

Son delincuentes. Si, e ingenieros y literatos y padres de familia que se niegan a ver morir a sus hijos de hambre, reclutados por el señor de la guerra local o simplemente reos de faltas de oportunidad por nacer en un rincón del mundo despojado de sus bienes y derechos. Entre tanta gente, entre tantos hombres, mujeres y niños, ¿la proporción de delincuentes y personas normales es diferente a la de otros grupos humanos? No, otra cosa diferente es que muchos de ellos acaben delinquiendo por falta de integración, de oportunidades o por la presión del ambiente cerrado en el que acaban moviéndose. Desgraciadamente los inmigrantes delincuentes, al menos los más peligrosos, los más letales, no vienen en patera, vienen en avión y pertenecen a mafias internacionales. Pero a esos no los cuestionamos. A esos no les llamamos inmigrantes ni nos oponemos a que se queden con las grandes y lujosas casas de nuestras costas y ciudades o encarezcan y perviertan todo lo que está en su entorno.

Forman guetos. Claro. Como todos aquellos que llegan a un lugar en el que son extraños. Buscan a los iguales para que su vida sea un poco menos dura. Y más si los que los reciben tampoco están muy por la labor de integrarlos porque desconfían de sus intenciones, de sus motivos y de su presencia. Yo también lo haría. Yo también lo he hecho.

No se integran. Y este sí es un problema, porque los hay que no logran integrarse y otros que tienen a gala no intentarlo. La integración es difícil. Aceptar costumbres ajenas, idioma desconocido, leyes que son extrañas. Solemos ser poco tolerantes con lo que no son como nosotros. Solemos ser, incluso, agresivos, poco permisivos. Pero también es verdad que deberíamos ser inflexibles respecto a aquellos que llegan intentando imponer lo suyo sobre lo que ya existe. El equilibrio entre la tolerancia y la defensa de lo existente es uno de los frentes en los que más daño se hace. A veces, interesadamente, hay personajes públicos, cargos públicos, que utilizan la tolerancia hacia lo ajeno como argumento a sus personales cruzadas contra lo existente. Normalmente estas actitudes lo único que consiguen es un rechazo que acaba siendo utilizado por los populistas de signo contrario para promover la xenofobia entre personas que lo único que quieren es preservar lo que siempre han, hemos, vivido. El conflicto de promover conductas anti católicas con el argumento del estado laico, cayendo en posturas laicistas es bastante habitual entre una izquierda desnortada y que exaspera a una mayoría de la población.

Intentan cambiar las costumbres e imponer las suyas. Creo que en el punto anterior se podría integrar este. El problema, el daño, es comprobar que esta presión, partiendo de algunos inmigrantes, que son minoría, anclados en posiciones intolerantes respecto a las costumbres en sus países de acogida son utilizados, sin escrúpulo alguno, por políticos para sus propios y, no confesados, fines, provocando, sin reparar o sin importarles un ardite, un rechazo que promueve el racismo en personas hasta ese momento ajenas a tal sentimiento. Tal vez en estos casos, en una sociedad que funcionara correctamente, debería de invitarse al recalcitrante a volver a su país de origen y al sinvergüenza que lo utiliza al ostracismo político.

Son terroristas. Es difícil argumentar contra esta afirmación. Es complicado desmontar un argumento que no tiene ningún sustento aparente. Se refiere a inmigrantes musulmanes integristas, que los habrá, no digo que no, pero que viendo las cifras de atentados en Europa, el número de participantes en ellos, y comparada esa cifra con la de inmigrantes que entran en un día en uno de los países europeos ¿Dónde está el argumento? Viendo esas caras de esperanza de niños, de hombres y de mujeres ¿Dónde está el odio fanático necesario para matar? De los terroristas identificados ¿Cuántos eran inmigrantes directos y cuantos eran segunda o tercera generación? Efectivamente, los terroristas se forman en nuestros países, aprenden a odiarnos viviendo entre nosotros, abandonados a una educación en la que los estados se inhiben más interesados en la falsa tolerancia que en el futuro e integración real de esos ya ciudadanos, cuando no utilizados como amenaza que permite ciertas actitudes de control y recorte de derechos, que de todo hay. En todo caso es trabajo de los sistemas de seguridad llegado el momento separar la paja del heno, y precisamente por ello es mucho más conveniente rescatar y acoger, que permitir el acceso incontrolado.

Privilegios. Tal vez en este tema es donde más se eche en falta la absoluta falta de transparencia y la absoluta falta de credibilidad de nuestros políticos. ¿A que tiene derecho un inmigrante ilegal? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Cuál es su destino final? ¿Cuántos eluden los controles? ¿Cuántos acaban trabajando ilegalmente por falta de oportunidades de regularización? Todo se difumina tras una postura que según la ideología del informante engaña en un sentido o en otro. Yo estoy convencido de que la mayoría de los casos se ajustan a límites razonables. Tan seguro como seguro estoy que hay abusos, aunque suponga que son menos. Este argumento, tan dañino, tan difundido, tan utilizado, solo puede desmontarse con números reales, con números al margen de ideologías.

En definitiva, a alguien que ha sido inmigrante, como es mi caso, aunque haya sido interior, le cuesta reconocer los argumentos xenófobos que, sin quitarles la parte de razón que puedan tener, se llevan a unos límites donde la injusticia y la sinrazón son evidentes. En este mundo en general, y en este país en particular, casi todos somos, directamente o por descendencia, de un lugar diferente al que inicialmente nos habría correspondido. Parece que olvidamos con cierta facilidad los barcos rebosantes camino de Sudamérica, los trenes de la vendimia hacia Francia o los de contratados hacia Alemania. El goteo incesante de familias hacia las grandes ciudades. Yo recuerdo aquella Galicia en la que los peones camineros eran mujeres, el campo lo trabajaban las mujeres y la industria más tradicional era empleo de mujeres porque los hombres estaban buscando el sustento en otros lugares. Yo también recuerdo vivir en un gueto cultural entre originarios de la misma zona. Yo también recuerdo ser recibido con mofa y tópicos por proceder de una región diferente. Yo también, y la mayoría de los que me leen, soy inmigrante.

«En definitiva, a alguien que ha sido inmigrante, como es mi caso, aunque haya sido interior, le cuesta reconocer los argumentos xenófobos que, sin quitarles la parte de razón que puedan tener, se llevan a unos límites donde la injusticia y la sinrazón son evidentes.»

Analicemos ahora los argumentos de signo y sentimiento contrarios. Los de aquellos a los que todo les vale con tal de demostrar su superioridad moral y su buenismo contumaz.

El mundo sería mejor sin fronteras. Claro, por supuesto, pero el problema es que existen y que obedecen a una realidad legal que hemos aceptado. Cambiemos las leyes y deroguemos esas líneas imaginarias, cuando no recalcadas por un muro o una alambrada, y permitamos la libre circulación de bienes y personas. Pero teniendo claro cuáles son las consecuencias, cual es el precio de un mundo idílico que no ha preparado a sus habitantes para disfrutarlo y sí para pelear por su dominio. No solo podrían entrar libremente las personas de bien, sería imposible la seguridad colectiva, sería complicada la cobertura social porque los estados, las naciones, las regiones se desvanecerían por falta de límites en los que aplicar su influencia, y por tanto volverían el predominio del que fuera capaz de ejercer más fuerza en detrimento de la sustentación de derechos por falta de garantes. A veces hablar es hablar por hablar.

Son personas que huyen del hambre y de la guerra. La mayoría, la inmensa mayoría, pero entre ellos habrá personas que buscan mejores lugares donde ejercer sus habilidades delicuenciales, incluso habrá personas que hayan venido con su mejor voluntad y a las que la falta de oportunidades para progresar, o su menor habilidad para integrarse, o la misma presión de su entorno y su necesidad acaben por empujarlos hacia la parte más oscura de la inmigración frustrante, a la marginación, a la necesidad y a la delincuencia. La falta de respuesta firme por parte de la sociedad, la incapacidad flagrante de reaccionar de forma rápida y contundente para erradicar el problema, la percepción por parte de algunos  de que ser inmigrante es una situación equivalente a estar dispensado de obligaciones y convertirse en una suerte de mártires sociales, lleva al resto de la sociedad a rearmarse contra ellos y a que se generen actitudes de rechazo.

Racismo y xenofobia. Estas palabras se han convertido en una especia de banderín de enganche, de latiguillo dialéctico, de muletilla argumental, para evitar entrar al fondo de los problemas que se denuncian. Si consideras que la inmigración crea problemas, que no puede acogerse ilimitadamente, que hay que ser tan inflexible en el cumplimiento de las leyes con los que vienen como con los que están, es que eres un racista, un xenófobo. Si consideras que antes de ayudar a los que vienen convendría asegurar un futuro a los que nacieron aquí es que eres un xenófobo. Si apuntas a que hay que ser intolerante con aquellos que aprovechan su acogimiento para difundir su intolerancia eres un xenófobo, o un facha. Si consideras que ciertos colectivos tienen un problema de comportamiento emanado de sus costumbres originales que es incompatible con la sociedad que los acoge, maras, integrismo, delincuencia organizada, mafias, y debe de ser prevenido y tratado con rigor y agilidad eres un racista. Si tienes cualquier discrepancia o postura crítica hacia cualquier comportamiento o actitud de los acogidos eres automáticamente tildado de racista, de xenófobo, de facha, por una parte instalada en la exquisitez moral, en la superioridad ética, en la por nadie otorgada potestad de otorgar títulos de lo que se puede, o no, decir, hacer o pensar. El gran problema es que son ellos los que hacen por la xenofobia, por el racismo, más que todos los inmigrantes de la historia. No hay nada que fortalezca más el racismo que la falta de rigor y de crítica. No hay nada más negativo que el exceso de positivismo.

Los países ricos tienen la obligación de acogerlos. Moralmente sí. Humanitariamente hablando, claro. Pero el gran problema es que todo continente tiene una capacidad máxima de contenido. Los recursos son limitados, las estructuras son limitadas, las capacidades son limitadas, y ante una respuesta limitada, no por la voluntad, sino por la realidad, la exigencia no puede ser ilimitada. En terminología popular existe la gota que hace rebosar el vaso, tal vez el gran problema sea despojar al problema de ideologías y tasar correctamente la capacidad real del vaso. Pero esta solución siempre será políticamente incorrecta mientras los inmigrantes sean, digan lo que digan, un arma arrojadiza que utilizar que utilizar ideológicamente sin tener en cuenta a los seres humanos que despojados de identidad por el fenómeno masivo al que pertenecen sufren y mueren cada día.

Me gustaría hacer ahora una reflexión que resumiera todo lo antedicho. No soy capaz.  Solo sé, con  tal firmeza que me produce rabia, que cada muerto es un muerto innecesario, una víctima del enriquecimiento inmoral de alguien, un reo de una partida mundial en la que los jugadores ignoran sistemáticamente las muertes que provocan, una excusa inexcusable para que los buenistas demuestren con descaro su inmoral superioridad moral.

«Solo sé, con  tal firmeza que me produce rabia, que cada muerto es un muerto innecesario, una víctima del enriquecimiento inmoral de alguien, un reo de una partida mundial en la que los jugadores ignoran sistemáticamente las muertes que provocan



Solo sé, y a veces me cuesta, que cada uno de ellos ha nacido, ha sufrido y, muchas veces, muere sin nada que me lo justifique. Que cada uno ha dado y recibido amor de su entorno, que cada uno de ellos tiene derecho a vivir dignamente. Cada uno de ellos, uno a uno, aunque sean tantos.

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