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Las líneas rojas. No todo vale

♦ Director de plazabierta.com

 

Lunes, 14 de octubre de 2019

Por mucho que queramos negarlo, los seres humanos tendemos a justificar nuestras malas acciones cayendo además en una trampa muy frencuente como es escusarse sin nadie haberle acusado, lo que convierte su excusa en su propia acusación, como dice la locución Latina de origen medieval «Excusatio non petita, accusatio manifesta«, lo cual no deja de ser la voz del Pepillo grillo que todos llevamos dentro, o lo que es lo mismo la voz de la conciencia.

Photo by Matt Seymour on Unsplash

Pero ¿por qué la conciencia tiene voz? o lo que es lo mismo, ¿por qué los seres humanos tenemos conciencia?

La conciencia se traduce del griego sy‧néi‧dē‧sis, de syn -‘con’- y éi‧dē‧sis -‘conocimiento’-, de modo que significa co-conocimiento, o conocimiento con uno mismo. Conciencia se refiere al saber de sí mismo, al conocimiento que el humano tiene de su propia existencia, estados o actos. Aplicándose a lo ético, a los juicios sobre el bien y el mal de nuestras acciones. Así una persona «de conciencia recta» no comete
actos socialmente reprobables.

Podríamos decir que quien pone voz a nuestra conciencia es la moral, como conjunto de normas y principios que se basan en la cultura y las costumbres de determinado grupo social, siendo la ética, con la cual se confunde, el estudio y reflexión sobre la moral; en definitiva, lo que permite que un individuo pueda discernir entre lo que está bien y lo que está mal.

Sin embargo, cuando el límite que nos marca nuestra conciencia va en contra de nuestro interés personal en cuanto a la obtención de algún beneficio, es fácil sobrepasarlo con la justificación que si la conducta que nos auto-reprochamos no la llevamos a cabo lo harán otros más espabilados o con menos conciencia, circunstancia que al final se traduce en un estado constante de alarma basado en la desconfianza entre los demás miembros de un grupo respecto al cumplimiento de esas normas morales que no pueden dejar de existir, precisamente como una línea Roja que no hay que sobrepasar para que exista una convivencia social en paz o en armonía.

Sin existencia de tales normas morales el caos se apoderaria del grupo social, pudiéndose llegar a justificar conductas de lesa humanidad, como el exterminio judío por los nazis en pro de una raza Aria superior, o los experimentos llevados en campos de concentración que sobrepasaban la deontología médica, en pos de la ciencia.

No es admisible la versión extrema y particular del modelo ético consecuencialista de que «el fin justifica los medios» inspirado en la obra «El Principe» de Nicolás Maquiavelo, porque de serlo estaríamos dando paso a un modo de proceder con astucia, doblez y perfidia, invadiendo la responsabilidad que significa ir por la vía contraría a la ética y el respeto a la integridad del otro, con plena conciencia que nuestras decisiones tienen consecuencias sobre alguien más y que frente a estas seremos, como no puede ser de otra manera, juzgados.

En todo caso, hay que decir que una cosa es ser moral y otra idiota, no convirtiéndose en tal quien deja perder una oportunidad de obtener beneficio por cumplir las normas morales, porque idiota es realmente el que carece del auto juicio suficiente para saber que sus actos originan u ocasionan consecuencias porque formamos parte de un todo, del que somos responsables como seres sociales y políticos.

Solamente si el fin es lícito los medios para alcanzarlo tambien lo serán, pues se presupone que responden al orden marcado tanto por las normas morales para alcanzarlo.

LA ESCLAVITUD DE LA LEY

Francisco Javier Marín Mauri, doctor en psicología ♦ Experto en mediación ante conflictos sociales.

 

Lunes, 6 de octubre de 2019

 No hace mucho tiempo un buen amigo me dijo algo que me hizo pensar, como siempre he dicho si lo complejo se explica con palabras sencillas puede aportarte más. Me dijo que la ley no era suficiente con que existiera, sino que haba que hacerla fuerte. En  el  contexto en donde estábamos lo entendí rápidamente.

explotación laboral by ÁngelaZ´19

No basta con que la ley diga que tienes derecho a comer, es que tienes que comer para tener ese derecho y hacerlo fuerte. Dicho en otras palabras, de nada sirven las leyes si no las utilizamos en tiempo y en forma. En Andalucía eso no es nada sencillo. Parece como si aquel dicho popular se hiciera realidad “el que hace la ley, hace la trampa”. De nada sirve tener leyes muy avanzadas si luego no se dan los medios para hacerlas viables y aplicarla en tiempo y en forma. Al menos, en la ciudad de mi mágica Sevilla, la defensa de los derechos laborales se ha convertido en un western de aquellos en donde la ley era la del más hábil con el revólver. Por seguir el silogismo en Sevilla aquí la ley la marca el más deshonesto. Pienso que así las cosas, Sevilla podría denominarse Sevilla City en memoria de aquellos pueblos pioneros americanos.

Pongamos por caso que un trabajador cuyo sueldo llega a los 900 e y poco menos, se plantea denunciar a su empresa. 900 e brutos, o lo que es lo mismo 500 mondos y lirondos descontando gastos corrientes. Para empezar, ha de buscar un abogado, ya que uno de oficio por la abultada nomina de poco menos de 900 , dudo que le asignen la asistencia jurídica gratuita. 

A partir de este momento comienza la historia interminable.

                                   LA HISTORIA INTERMINABLE

Supongamos que consiga reunir los 300 e que legítimamente cobra un abogado en concepto de provisión de fondos. Se inicia con el acto de conciliación al que rara vez acude la empresa en cuestión. Tras no haber acuerdo se pasa a la denuncia del despido. Denuncia que no se será atendida hasta muchos meses después con la fecha de celebración del juicio años más tarde, 2, 3 ,4 años y puede que hasta más tiempo.

En ese tiempo la empresa si perversa pero práctica , habrá desaparecido, teniéndose que hacer cargo el pueblo español de los gastos de lo que el juez considere, en nuestro caso el Fondo de garantía salarial (Fogasa). De esta forma la empresa perversa le da lo mismo pagar sueldos míseros porque al final no va a pagar nada, lo haremos nosotros con nuestros impuestos ya que será lo bastante listo como para hacer desaparecer cuentas y bienes a nombre de la empresa.

Pero aún hay más. Todo ello se une a un cuerpo de inspección de trabajo ineficaz o insuficiente y a unos juzgados de lo social totalmente colapsados. Es decir, “QUIEN HIZO LA LEY HIZO LA TRAMPA”. Una ley justa que protege, pero ineficaz por completo, ya que la justicia en su lentitud de procedimiento es tan injusta como injusto es el derecho del trabajador de ser atendido por la misma.

Hay empresas por llamarlas de alguna manera, que no lo son, ya que los dueños no son empresarios sino propietarios y esas empresas tampoco lo son, son chiringos. Ante este panorama un trabajador despedido que ve todo esto y que no tiene medios para denunciar el chiringo en donde trabajaba, no puede ejercitar su derecho. Es decir, la justicia no es universal y gratuita, es para quien puede pagarla. Más dinero, mejor justicia.

Esas empresas en verdad obedecen a este principio de indigencia y pobreza laboral, acumulando juicios, embargos y sanciones fiscales. Aún así, nadie se pregunta cómo es posible su cierre y apertura de otra nueva con tantas causas pendientes. Algo no va bien en todo esto. Aunque cambien de Cif. 

Hoy en día, sus trabajadores han conseguido algunas condiciones laborales superiores a los 4 euros la hora que se pagaban. Ya el sueldo es el legalmente establecido. Porque con anterioridad ni vacaciones, ni las pidieras. Tampoco anticipos porque estabas en la calle.

 El hechizo de lo trivial.

Según la constitución española que casi nadie respeta en su artículo 35 se lee:

Artículo 35. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

Esto no solo no se cumple, sino que se menoscaba la dignidad del trabajador como ser humano. Lo que nos lleva a una triste realidad, ¿para qué denunciar a la empresa, si mi problema exige una solución a corto plazo? De este modo, lo que es una situación delictiva y anómala se le da visos de normalización cotidiana laboral. Con lo que no se denuncia por falta de medios y por falta de justicia. ¿Cómo hacer fuerte la ley?, si quien hizo la ley  hizo la trampa para no aplicarla.

Con todo ello, no quiero generalizar, hay empresas que son eso, empresas en donde lo que les confiere valor es el trabajador, el factor humano, contribuyendo a reunir recursos para su formación y su cualificación profesional. Empresas andaluzas en donde la dignidad de la persona está por encima de la producción. Eso es una empresa.

Jornadas de 12 horas, ausencia de vacaciones, rogar anticipos como si se pidieran limosnas, no justificar despidos debidamente, ausencia del pago de bajas médicas. Son conquistan que se han hecho muy recientemente en el chiringo arriba citado y lo que es peor con el consentimiento y protección de la empresa contratante LFA ESPAÑA. Durante años se han permitido jornadas de 12 horas estando los trabajadores contratados  4. Conquistas inspiradas por la lógica y por la presión. ¿Donde se mete inspección de trabajo? ¿Salen alguna vez de sus oficinas en la Plaza de España sevillana. ¿Hay suficientes inspectores para parar a esta panda de presuntos delincuentes?

Las preguntas si no se responden van surgiendo más.

Los folloneros de las Redes Sociales.

 
♦ Director de plazabierta.com

 

Viernes, 18 de septiembre de 2019

Nada más ha faltado la convocatoria de nuevas elecciones generales para el próximo 10 de noviembre, para comprobar que la tensión ha subido en las Redes Sociales. Si ya, de por sí, la cosa estaba revuelta, ante la falta de acuerdo para gobernar el país, las flechas ahora se han convertido en incendiarias, con insultos, amenazas, descalificaciones, siempre en manos de iluminados totalitaristas incapaces de escuchar a su adversario político y, menos aún, de debatir de forma razonada.

Esto hace que hasta el día anterior a la celebración de las elecciones tengamos que soportar los exaltados mítines y debates de unos y otros y, lo que es peor, al insoportable vecino o vecina, compañera o compañero de trabajo, amigo o amiga, cuñado o cuñada, o cualquier otra situación en la que se acerque a ti una persona, que no te de la baturra sobre sus preferencias políticas.

Y, por supuesto que hay que hablar de política, aunque a mi cada día me aburre más, pero  antes deberíamos hablar del correcto comportamiento político, del nuestro y de quienes se presentan para ser nuestros representantes en las Cortes Generales, porque sino el diálogo, más que ser de besugos, será de idiotas intolerantes o de raquíticos mentales.

Es lógico que cada cual cuente la feria según le vaya en ella, pero lo más correcto cuando se pretende dialogar desde la razón es situarnos en un terreno neutral, no por prudencia, que también, sino con la intención de saber o descubrir a nuestro contrincantes político, no avasallándole, entrando en un “coqueteo” , permitidme la expresión, o bien desde una postura más sibilina tirando anzuelos para ver si aquel pica, y que nos servirá cuanto menos para centrar o fijar el tema de conversación y por donde pueden ir sus derroteros.

En segundo lugar, es más útil que sea nuestro interlocutor el que tome inicialmente la palabra exponiendo el tema desde su perspectiva. Dejémolse hablar cómodamente, como máximo asintamos con la cabeza, nunca neguemos, pues esto supondría una muestra de disconformidad que podría interrumpir su discurso o sentirse agredido; y si vemos que su reflexión se alarga, aprovechar el momento más adecuado para interrumpir y exponer la nuestra, aquella que nos ha dado tiempo a pensar durante su speech.

Si creemos que aquel no ha sido del todo sincero en su exposición, lo mejor en nuestra primera intervención es buscar puntos de encuentro, al objeto de que se relaje y vaya confiando más en nosotros. 

Siguiendo a Aristóteles“el hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”.

En una conversación, nadie quiere callar, pues callar se percibe siempre como un fracaso, como una sumisión y aceptación de los argumentos, o de la actitud, del otro, pero no es así como acabamos de ver.

No hace falta en el dialogo, tampoco en una discusión, entrar en el terreno de la descalificación del adversario por lo que es o representa, sino por lo que dice. Los insultos, las etiquetas, los adjetivos en general, incluso la definición peyorativa del adversario, es una falacia que define por si sola a quien la utiliza.

Por eso, “a tiempos revueltos…”, es probable que los folloneros de las Redes Sociales sean los pescadores que saquen la ganancia, bien electoral para los que están puestos ahí con ese fin, o para reforzar su enanismo mental, en el mejor de los casos, sintiéndose los mejores salvapatrias, los más sociales, los más solidarios, con ideologías totalitarias y excluyentes. Sin embargo, están perdiendo una oportunidad valiosísima para conocer, incluso aprender de quien no piensa igual, de poner sosiego y razón en un mundo de tarados y de borregos sin causa, o con ella. Escuchemos, intentemos comprender al adversario, tener en cuenta sus experiencias -si hemos podido conocerlas-, y disintamos con el sosiego de quien controla la situación por tener argumentos suficientes y fundados para ello. Incluso, aunque nos ataquen, no nos sintamos atacados, es la mejor forma de desarmarlos.

Es cierto que, en el fragor de una discusión, las vísceras se imponen al cerebro, pero sino queremos quedar como unos auténticos “bocachanclas” o, peor aún, como un exaltado falaz, el insulto no tiene cabida. Antes de esto es mejor abandonar el foro en el que nos encontremos que entrar en discusión o en un “tú más” con un perfecto idiota carente de argumentos.

Tampoco es que la imagen que recibimos de nuestros representantes políticos sea la adecuada para un debate de altura, convirtiendo los platos de televisión y auditorios donde debaten con sus adversarios o dan sus mítines, en espectáculos bochornosos de descalificación al contrario -no me atrevo a hablar de circo mediático por respeto a este sector tan maltratado-. Y, dado que siguen en sus trece, sin ningún atisbo de que la cosa vaya a cambiar, y todo porque carecemos de políticos de altura, empecemos por cambiar nosotros. Así se cambia el mundo, empezando por nosotros mismos, siendo útil, además de importante, si queremos llegar a acuerdos que a todos nos beneficie, la corrección en nuestro comportamiento político.

El doctor Baldasano

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 25 de septiembre de 2019

Mucha gente identifica ‘calentamiento global’ y ‘cambio climático’ como conceptos equivalentes. Pero tienen algunas diferencias. El primer término refiere el aumento de la temperatura media anual de la superficie de la Tierra (un incremento que no es uniforme; por ejemplo, el Ártico se calienta más que el promedio, mientras que el Atlántico Norte se enfría), pero hoy sirve para aludir a un complejo proceso científico. El ‘cambio climático’, por el contrario, se refiere a la gama completa de consecuencias o impactos que se producen por el aumento de las concentraciones en la atmósfera de los gases del efecto invernadero (GEI) y representa una multitud de efectos de dicho calentamiento. Cuanto antes se reduzcan las emisiones GEI, mejor se limitarán los daños y costes del cambio climático. Hay evidencia de esta relación de causa y efecto, y no hay posible discusión científica. «Con la ciencia no se puede negociar», así lo ha sintetizado el profesor José María Baldasano.

Excmo Sr. D. José María Baldasano.
Académico Numerario de la RAE

He tenido la fortuna de escuchar a este distinguido investigador de Ingeniería Ambiental (algunos de sus muchos méritos científicos son ser premio Rey Jaime I, director de 33 tesis doctorales, autor de 400 artículos científicos y fundador y director del departamento de Ciencias de la Tierra del ‘Barcelona Supercomputing Center’). En julio, la Real Academia Europea de Doctores le acogió como Académico Numerario en una magnífica sesión. Su discurso de ingreso se tituló ‘El actual cambio climático: una visión holística de la crisis climática’ (‘actual’ porque lo está generando la especie humana desde hace tres siglos; ‘holístico’ porque esa realidad es vista como un todo distinto a la suma de las partes que la componen).

Hay una absoluta necesidad de evitar un cambio climático desbocado y descontrolado, por ser graves e imprevisibles sus consecuencias. Si no se toman medidas, en 2050 se habrán perdido 1,5 millones de kilómetros cuadrados de tierras agrícolas (equivalente a las zonas cultivables de toda la India). Se precisa de las intervenciones tecnológicas de la geoingeniería, pero también de un cambio de mentalidad ante los drásticos cambios que nos aguardan. En 2018 murieron 10.733 personas por desastres naturales y los fenómenos meteorológicos extremos afectaron a 62 millones de personas, entre tormentas, incendios, sequías o inundaciones. En efecto, con la ciencia no se puede negociar. 

El escalón felón

Francisco R. Breijo-Márquez ♦ Doctor en Medicina. 

 

Viernes,  20 de septiembre de 2019

Leo un titular informativo , no sin asombro, en uno de los diarios digitales de la comunidad donde habito que tanto me pasma que, sin pestañear siquiera, clico en ella sin dilación. Y me la zampo.

El titular dice exactamente : «Nuevo patinazo de la Reina Letizia por su bronca a un guardaespaldas». 

El contenido viene a decir – doy como hecho cierto que algo de exageración debe tener el mismo, en otro caso sería totalmente  inaceptable – que la princesa ( ¡perdón!… Reina consorte) le echó un rapapolvo de padre , muy señor mío y “que me he quedado con tu cara” a uno de los guardaespaldas que la protegen, o eso deberían…

Resulta que, según el diario, la muchacha se tropezó – que dio un traspiés, vaya – en un escalón que no había previsto que estaba por allí y, ni corta ni haragana, dirigió su mirada más fiera al pobre guardaespaldas que más cerca le pillaba recriminándole en voz queda y mirada felina que no hubiese visto antes el escalón de marras, para que de esa manera ella no hubiese quedado como  pandero de elefanta delante del personal que tanto y tanto la aclamaba.

La muchacha nunca ha sido santa a la que yo haya guardado, ni piense guardar ,devoción alguna. Es más, no me cae muy bien que digamos. No sabría decir el porqué de mi atrabilis, pero así es.

Y no crean que es últimamente, no.

Para mí que es desde que la vi por primera vez por la tele y no precisamente como presentadora de telediarios de la uno, no.

No tenía ni remota idea de que era periodista, ni que presentaba telediarios, ni que era asturiana (porque es asturiana ¿no?) ¡Qué va!

Me enteré de sus antecedentes y de su facha cuando el entonces Principe de Asturias y hoy Rey  – no electo, creo – don Felipe, la presentó a la plebe como su novia formal.

Tengo entendido que, previamente, le había dicho a sus regios papás que o era ésa – Leticia– o que renunciaba a la corona española de una maldita vez.

¡Que ya estaba bien de que sus papás le dijeran tantos noes a las novias que el muchacho les había propuesto!

Y tuvieron los papás que ‘achantar la muí’ y tragar con la menos irritante y más proclive a sus intereses de estado. Digo yo que serían de Estado. Y le tocó a Leticia ser la princesa consorte (yo lo escribo sin “zeta”, que me gusta más).

Todo esto independientemente de que a uno no le caiga, ni le haya caído ,  bien la muchacha, sino todo lo contrario ( siempre la valoré -subjetivamente, por supuesto- , como ‘rabiseca’, ‘marimandona’ y con sonrisas más que forzadas en un pretendido intento de quedar medio bien con sus lacayos , vasallos y plebeyos ). Seguro que me equivoco…¡Ay, me equivoco tantas veces..!

Pero, las acciones y decisiones de la misma – en muchas ocasiones vistas – son intolerables para un servidor. Y eso, quieras que no, influye.

Recuérdese el pifostio que se armó con la reina madre – o emérita…o como se diga ahora – a la salida de una catedral de no sé dónde, a la hora de hacerse fotos con una de las infantas (o con las dos, que no me acuerdo muy bien). Alguna critica que otra le cayó a la princesa doña Leticia. Al menos yo las oí y leí.

Mas que no sirvan estos deslices como que la princesa Leticia es rabiseca y marimandona por el mero hecho de que haya conyugado con un príncipe de casta (electo creo que no… creo) y se le hayan subido tales humos a la cabeza.

Que igual en la intimidad del hogar dulce hogar es afectuosa, compasiva, generosa y desprendida…vaya usted a saber.

Aunque, de ser cierto lo que dice el diario digital de la comunidad en la que habito, a mi no me parece nada, pero es que nada, bien su actitud ante el pobre guardaespaldas; que bastante tendrá el muchacho mirando en derredor por si algún terrorista de tres al cuarto asoma una culata y pueda herir a tan magna personalidad.

So pena que  también tenga la princesa doña Leticia guardaespaldas especializados en vislumbrar y valorar, previamente,  la peligrosidad de cualquier escalón imprevisto donde la princesa doña Leticia pudiera tropezar y hacerse un esguince peroneo-astragalino de primer grado y le fuere  preciso tomar ibuprofenos con omeprazoles (¡cómo detesto escribir principios activos farmacológicos!) más algún elixir tópico apestante para mitigar tanto dolor. O sea, hacerse pupita, la dulce princesa.

Mire usted por dónde que, tal noticia – si es que se le puede llamar así a semejante tontería – me ha recordado a un líder latinoamericano de la más contumaz izquierda obrera – o eso dice él, y viste como un indígena para intentar dar el pego – que viene a llamarse Juan Evo Morales Ayma y es presidente de Bolivia desde hace más tiempo del que sin duda merece (desde 2005, según fuentes consultadas) cuando se dio cuenta de que a su zapato derecho se le habían soltado los cordones y, bastó una mirada de soslayo a uno de sus guardaespaldas para que éste , sin encomendarse ni a dios ni a ese diablo que todos padecemos, agachara su cerviz, pusiera rodilla en tierra y, con un primorosa floritura, le acordonase los zapatos a tan desprendido e izquierdista presidente. Lo estoy viendo ahora mismo…o como si lo viera.

¡De pena!

P.S.- No ha mucho, un columnista de estos lares – Fermín Gassol Peco – escribió un artículo con el título « Talla personal». ¡Qué corto se quedó el buen hombre!

Almas veganas

Francisco R. Breijo-Márquez. Doctor en Medicina. 

 

Sábado,  7 de septiembre de 2019


Y eso que estaba totalmente dispuesto a no escribir nada que se apartase de mi oficio. ¡Anda qué! Imposible.

Resulta que, por una de esas, en mi móvil – desconozco en el de ustedes, el mío es muy sencillo, nada aparatoso y con funciones muy básicas –  aparecen – de quererlo, claro – una serie de noticieros cuando deslizo hacia la izquierda su pagina principal de encendido.

Fuente: https://www.lasexta.com

Y, entre onda, segmento e intervalo, hago algún descanso (un día de estos me van a volver tarumba total) y me pongo los auriculares para escuchar a Chopin y sus nocturnos – últimamente duermo fatal, el ‘jet lag’ ese es otra cosa que me va a matar un día de estos… y ya van dos asesinos potenciales – a la par que tomo el móvil. Y eso que uno no es de los que está cientos de horas diarias con él, ni por asomo, y reojeo de pasada el noticiero.

¡Cataplás!

Una de las noticias que aparece es acerca de unas tal “Almas Veganas”, y la fuente es ‘la Sexta’ ( noto yo muy capciosa a la Sexta, al menos en los últimos tiempos, pero es una impresión muy personal, ojo), apareciendo en la fotografía tres individuas (lo he escrito bien, ¿verdad?) que, a mi corto e ignaro parecer, les han sacado algo maritornes (que igual no son así, oiga, que no todo el mundo sale bien en las fotos, siendo un servidor fiel ejemplo de ello) o a mi  me  lo han parecido así estampadas.

Quizá por el título de la noticia, he “picado (o clicado, creo que se dice también)” en la misma, para ampliar mis conocimientos – eso siempre – sobre “veganismo”, ya que uno sabía – más o menos – en qué consistía el “vegetarianismo” pero lo de “vegano” no lo tenía muy claro, no.

¡Anda que no he aprendido cosas del artículo y de lo que se supone que dicen esas individuas (lo he escrito bien, ¿verdad?)!

He aprendido que los animales – el que sea, oiga – son “personas”.

Las gallinas (y los animales en general), no es que sean ‘como las personas’, no…, son personas en si mismas (y mismos), en esencia y existencia.

También he aprendido de las individuas  (está bien escrito, ¿verdad?) en las que estamos qué viene a significar “antiespecista” , “transfeminista” y otras palabrejas más de las que no había oído en mi vida (en realidad , para la pura verdad, todavía no lo sé, pero no voy a ir pregonando en cualquier sitio mi supina ignorancia, digo yo).

Son veganas (que, salvo error, omisión o torpeza, viene a ser algo así como “vegetariano más ausencia de ingestión de huevos”, o algo así), animalistas, antiespecistas y transfeministas – a más de otras cosas que no pone la noticia, y que un servidor podría calificarlas sacandose de su  manga derecha (incluso izquierda) si es que estuviera dispuesto a ser escarnecido por las tales; cosa que me da igual en su más amplio sentido –.

Y además han separado a los gallos de las gallinas porque estosn maleficos machos gallináceos no son otra cosa que unos tremebundos violadores , y los muy rastreros no hacen otra cosa en el día que ir dale que te pego violando gallinas y cuántas más veces y más gallinas mejor (para que luego diga el dicho que « era más p*** que las gallinas).

Así pasa lo que pasa. Que en vez de poner las pobres veinte huevos al año, como la naturaleza naturalmente prescribe, pues ponen más de trescientos con tanta y tan descontrolada violación por parte de los gallos…¡que son muy valientes y gallitos ellos, por lo visto!

¡Pero hasta ahí han llegado…pues faltaría más!

Las individuas éstas (está bien escrito, ¿verdad?) no se crean que hablan sin saber de qué. Ni mucho menos oiga. Que saben desde la perfección más científica e inapelable cómo, tras tanta violación de los repugnantes gallos, reaccionan involuntariamente ocasionándoles una «calcificación, colapso y desgaste» de la cloaca que les puede llevar a la muerte. O eso dicen.

(Todo lo que estoy escribiendo es “sic” según el noticiero. Y lo que sigue, también).

Que sepan todos ustedes que, según estas individuas (está bien escrito, ¿verdad?) que los animales son personas (ya lo he escrito antes, vale) y utilizarlos    es una actitud fascista.

Remachan las individuas (está bien escrito, ¿verdad?) que todo aquel que come pollo está financiando la esclavitud y tiene una actitud opresora a más no poder.

El  único propósito de éstas individuas (está bien escrito, ¿verdad?)  en ésta vida y en éste valle de lágrimas no es otro que el de salvar vidas y despertar conciencias.

¡Que lo sepa de una maldita vez toda la gentuza que lo desconocíamos!

Un servidor ha salido empapado de más sabiduría si cabe. He aprendido nuevos términos y sus conceptos correspondientes, gracias a estas individuas (está bien escrito, ¿verdad?)

Toda esta manera de pensar y actuar – me niego a llamarle filosofía – también podían haberla hecho publicas antes, vamos.

Sobre todo cuando uno era pequeño y su mamá le hacía tragar sin templanza los asquerosos “huevos pasados por agua” llenos de mocos – a mi me daban esa impresión – y empapando un cacho de pan frito después de romper la cascará con una cuchara de café con leche – mínimo -.

¡De la basca que me hubiesen librado éstas majestuosas individuas (lo he escrito bien, ¿verdad?) que se auto-proclaman “Almas Veganas”. 

Si no fuera por éstas individuas (lo he escrito bien, ¿verdad?) y por otros fulanos que se empeñan en proclamar que la tierra es plana – como los senos de alguna de éstas individuas (lo he escrito bien, ¿verdad?) – y que buen pábulo que les dan las cadenas noticieras, por cierto- …si no fuera por ellas: Cuán ignorantes seguiríamos  siendo y seremos.

P.S.- ¡Hay que joderse… hermanos y hermanas en la ignorancia!

Cuando la policía es el problema y no la solución

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Lunes, 26 de agosto de 2019

Tanto conduce al caos la falta de normas en cualquier sociedad como que éstas se apliquen con discrecionalidad y abuso de autoridad, máxime cuando tales normas tienen como finalidad el castigo por una conducta ilegítima. 

Es cierto que, como dijo Thomas Hobbes: “la ley sin espada no es más que palabra”, pero su aplicación indiscriminada puede suponer una vulneración de derechos del individuo que deben servir de límite a un ejercicio despótico del poder, convirtiéndose aquello que consideran legal en injusto, es decir, cuando lo justo referido al sentido moral del Derecho, a la eticidad de sus normas; esto es, cuando lo «justo por convención» (reglas jurídicas) no concuerda o es coherente con lo «justo en sí».

Así se convertiría en injusto la aplicación de la norma sin valorar o hacer un juicio de la procedencia de su aplicación. Tal sería el ejercicio de la potestad sancionadora por parte de los agentes de la autoridad en la aplicación de un precepto legal donde se contiene la tipificación de la infracción que se comete, sin valorar todos los elementos que confluyen en su aplicación o que sirven para medir la responsabilidad del infractor para imputarle  una sanción leve, grave o muy grave, o bien no proceder a su aplicación si se constata la improcedencia de su aplicación o bien se dan las circunstancias que evidencia, conforme a la propia Norma Jurídica, que eximen o liberan al que reclaman su cumplimiento.

Como dice un colega y amigo mío, es el viejo aforismo “DURA LEX, SED LEX” o lo que es lo mismo  dura ley, pero ley‘, que expresa la necesidad y la obligación de respetar y aplicar la ley en todos los casos, incluso cuando esta pudiera resultar rigurosa o excesiva, pero igualmente, quien la aplica debe ser lo suficientemente justo como para justificar la procedencia de su aplicación, sino claramente nos encontraríamos ante conductas que evidencia con toda claridad un abuso de autoridad.

He querido hacer la exposición anterior para poner de manifiesto la conducta que muchos agentes de la autoridad, tanto dentro de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, incluyendo, asimismo, a la policía local, excediéndose en su autoridad sancionadora, al margen del decoro que deben manifestar en su ejercicio mediante un comportamiento adecuado y respetuoso correspondiente a cada categoría y situación.

De esta manera no es aceptable que en el momento de la sanción no escuche el argumento o justificación de el presunto infractor, y digo presunto con hincapié, porque puede ser que no lo esté siendo, y la conducta ilícita que se le quiere imputar responda a una apreciación errónea por parte de los Agentes, máxime cuando existen elementos de prueba suficiente en el momento que justifican la conducta del infractor con arreglo a Derecho, actuando aquellos con circunspección y gravedad.

Una causa bien defendida es una causa justa, por ello el primer deber de todo servidor público como son los Agentes de la Autoridad es oír al presunto infractor y comprobar que son ciertos los hechos alegados, no llevando al ciudadano a un costoso y cansado procedimiento contencioso-administrativo o penal para ejercer su defensa, pues de otra manera se está ejerciendo un acoso que, como se ha indicado, no deja de ser un abuso de poder porque suponen una falta de pureza de la Administración en sus relaciones con la sociedad, donde la policía no es parte de la solución sino del problema.

Además, suele ser frecuente que ante indicios que muestran que la versión policial puede faltar a la verdad, los jueces y fiscales no se atreven a dar el paso de abrir piezas judiciales que investiguen estos extremos.

Los ciudadanos tenemos la necesidad de confiar en nuestra policía, es más, es necesario, siendo difícil que ante situaciones como las indicadas, podamos tenerla, máxime cuando en su actitud denotan una falta de humanismo, tal es el caso de lo que me aconteció antes de ayer cuando estando detenido en una vía pública de mi querida Salamanca, concretamente en el Paseo de Canalejas, donde según la ordenanza municipal de aplicación, en concreto su artículo 22 sanciona la parada o estacionamiento, entre otras causas: “Cuando la distancia entre el vehículo y el borde opuesto de la calzada o una marca longitudinal sobre la misma que indique prohibición de atravesarla impida el paso de una fila de automóviles que no sean motocicletas y, en cualquier caso, cuando no permita el paso de otros vehículos”. El motivo trasladar en  el vehículo a una familiar de 91 años, enferma y con escasa movilidad para ser trasladada. 

Sin embargo los policías locales que tuve la desgracia de conocer, celosos en su cumplimiento del deber, no dudaron en sancionarme con la sustanciosa multa de 200 euros, estando un servidor dentro del vehículo, con el motor en marcha y las cuatro intermitencias puestas, su justificación para sancionar, es no haber visto bajar o subir a la persona a la que me disponía a trasladar, a lo que les respondí que entraran en el portal frente al que me encontraba y vivo, para comprobar la veracidad de lo alegado; además de no disponer de estacionamiento en las proximidades, y mucho menos con la cercanía suficiente como para que una persona anciana pudiera trasladarse con seguridad por su escasa movilidad, aparte de preguntar a los muchos testigos existente en la zona.

Ni lo uno, ni lo otro, impertérritos, y con la impertinencia de quien se considera por encima, como me hizo saber uno de los policías de ser un agente de la autoridad, una evidencia que salta a la vista por su uniforme, sólo obtuve una respuesta final: “vaya usted al Ayuntamiento para desahogarse”, negándose a darme sus números de placa. Actuación, vergonzosa y humillante cuando mi argumento de defensa se puede constar por una cámara de seguridad existente en la zona, y en la que debe quedar constancia de esa actividad que me veo obligado a realizar para el traslado de esa persona de avanzada edad y enferma con cierta frecuencia, o bien preguntando a los comercios existentes en la zona. Además de hacer la vista gorda en el momento sobre otros vehículos, no sólo parados, sino estacionados, incluso en la propia acera, sin el conductor en su interior. O bien, permitir durante el curso académico, de lunes a viernes, la parada de un gran número de vehículos en la puerta de dos colegios concertados existente en la zona, repito concertados y gestonados por comunidades religiosas, de padres que llevan o recogen a los niños a la entrada y salida,  también subidos a la acera y otros parados en paralelo, con el consiguiente riesgo para la circulación, viandantes  y para los propios niños, como una infracción continuada de la Norma que a mi me imputan, con una diferencia, mi delito haber parado a la entrada de mi vivienda por los motivos que os he narrado. Si esto no es una aplicación arbitraria de la Norma, que venga Dios y lo vea.

Quiero poner de manifiesto que, aún a pesar de estos “policías especiales” que… “haberlos haylos”, siendo lo pertinente para terminar con estas actuaciones improcedentes efectuadas con la intimidación de la que puede hacer uso un Agente de la Autoridad, sigue habiendo una policía buena y ejemplar. De hecho tengo amigos y excompañeros entre ellos, no pudiéndose meter en el mismo cajón a todos ellos. Por ello, los ciudadanos no podemos dejarnos avasallar y agachar la cabeza ante este tipo de actuaciones de ciertos policías que parece que lo único que persiguen es llegar un cupo de sanciones; y en la defensa de nuestros derechos y libertades poner la correspondiente denuncia a la espera que un Juez aprecie la veracidad de los hechos;

Porque, no debemos olvidar, y ellos tampoco, que cuando se competen excesos en el ejercicio de sus funciones están expuestos como cualquier otro profesional, pero ellos aún más en su calidad de agentes de la autoridad donde se exige un decoro en su actuación así como una conduca ejemplarizante para los ciudadanos, a la interdicción de los Tribunales de Justicia en defensa de nuestros derechos y libertades como así garantiza el artículo 9.3 de nuestra Constitución, aunque de sobra es conocido por todos que los derechos y libertades que la esta Norma Magna reconoce y protege, que, en la mayoría de las ocasiones no deja de ser un escaparate publicitario de una democracia en la que, por desgracia, los Poderes Públicos por no complicarse la vida, acuden a esa manida “presunción de veracidad” de los Agentes de la Autoridad, incluso en caso de duda, dejando al margen la máxima jurídica “in dubio pro reo”, en caso de duda a favor del imputado o sancionado, en este caso.

El motivo de lo manifestado no es otro que intentar convencer a la sociedad que nuestros derechos y deberes tienen una salvaguarda legal y, cuando un policía o policías amparados en su uniforme esgrimen una conducta carente de una total  humanidad, abusiva, dando la más la impresión de perseguir un fin más recaudatorio que de protección del orden y de la seguridad de los ciudadanos, debemos acudir a los tribunales, por lo menos para que los Jueces se den cuenta o se sensibilicen, que existe abuso de autoridad reiterada por algunos policías y que esto es una actuación intolerante.

Tambien, para decirle al Sr. Alcalde de esta magnifica ciudad Charra, como Jefe superior de la Policía Local, sea consciente de lo que sucede con algunos de sus agentes, porque quizá algún día haya que lamentar una desgracia que no va a poderse compensar con la responsabilidad patrimonial que corresponde a las Administraciones Públicas, porque una vida o una lesión invalidante no tiene precio… Ah, y aprovechando, que el Tormes pasa por Salamanca, que ordene aumentar el tiempo de cruce en los semáforos de la Zona porque a personas ancianas y con problemas de movilidad, como la que se había trasladado en mi vehículo, apenas les da tiempo a llegar a la mitad.

Además, ya que se ha gastado un millón de euros en previa precampaña electoral en las últimas elecciones municipal para arreglar este paseo, del que sólo necesitaba arreglo las aceras, lo ha convertido en un lugar peligroso al impedir la carga y descarga en prácticamente toda la vía pública, sólo en unos pocos lugares, que llevan a los transportistas a recorrer largas distancias para recoger o distribuir sus encargos o pedidos, circunstancia que lleva a muchos a tenerse que subir en las aceras lo que ocasiona un grave peligro y hace inútil a pesar de la ampliación de éstas… Pero ya sabemos que pesa más la rentabilidad política que los derechos de los ciudadanos más débiles. Así es nuestra vilipendiada democracia.

Cuando el nombre no nombra

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Miércoles, 24 de julio de 2019

Mantener una posición equilibrada, que no equidistante ni farisea, ante ciertos problemas, es como andar por el alambre, si está pintado en el suelo uno se desenvuelve con cierta facilidad, pero si está a treinta metros de altura el simple hecho de poner el pie encima ya te desequilibra, y no podemos olvidar que además, a treinta metros de altura, puede haber algún tipo de viento, que en esas circunstancias, y por muy leve que sea, contribuye a hacer más complicado cada paso que se da.

 

 

En estas fechas que nos ocupan hay un ejercicio similar en Madrid, porque, tirando de simbolismo,  el tema LGTBI es el alambre sobre el que queremos pasar, y aunque no queramos está tan presente en todas partes que es inevitable. La altura sería el día festivo que se ha denominado, creo que con muy poca fortuna, “Día del Orgullo Gay”. Y finalmente el desafío, andar sobre ese alambre a esa altura durante un cierto recorrido y sin que te tumbe ninguno de los posibles y cambiantes vientos laterales, es escribir sobre este tema sin caerte hacia alguno de los lados.

 

Partamos, plataforma en el extremo del cable dios mediante, en nuestro recorrido de una primera aseveración: no entiendo el nombre, no entiendo porque se llama día del orgullo gay a una fiesta que no dura un día, no presupone, al menos en principio una superioridad moral o física, y no es solamente gay, si no LGTBI. Empezamos mal si empezamos por llamar a las cosas como no son.

 

Yo le llamaría Semana de la Visibilidad LGTBI, y creo que el nombre además de ser más exacto sería igual de reivindicativo, o más. Y además eso desmontaría, aunque a algunos tal desmontaje le chafara planes y risas, muchos argumentos de personas que hablan de oídas sobre la tal festividad.

Lo de llamarle semana en vez de día no pasa de ser una reivindicación un tanto tiquismiquis, lo que dura la fiesta no aporta nada al hecho reivindicativo. Llámese semana o día no variará ni su contenido ni su continente, con lo que es puramente ornamental, aunque pueda describir que es algo más que la celebración principal.

 

Pero en el segundo término, en lo del orgullo, creo que alguien ha metido más el subconsciente frentista que la intención reivindicativa. Dice el DRAE, máxima autoridad en estos temas, que la palabra orgullo tiene dos acepciones, y si una no se ajusta, la otra es preferible pensar que tampoco.

“Exceso de estimación hacia uno mismo y hacia los propios méritos por los cuales la persona se cree superior a los demás.” No dudo, que entre todo el batiburrillo de personas, personajes y proyectos que los actos mueven, haya un porcentaje, y no precisamente despreciable, de partidarios de la confrontación y la soberbia, que es un sinónimo aceptable de esta acepción del orgullo. Pero es que radicales y personas que buscan tapar sus inseguridades personales aprovechando el ruido y una cierta impunidad en el número, las hay en todas las manifestaciones humanas que sobrepasan el número de tres. Seguramente esos mismos que viéndose amparados por los que les rodean y jaleados en sus actitudes de confrontación se crecen y bordean lo despreciable, serían absolutamente incapaces de mantener ni siquiera una actitud moderada en solitario. Insisto, eso se da en todos los ámbitos y podría sacar ejemplos como los campos de fútbol, los grupos  que promueven linchamientos o, en más pequeño, esas manadas de violadores que últimamente parecen haberse puesto de moda.

 

“Sentimiento de satisfacción hacia algo propio o cercano a uno que se considera meritorio.” Yo creo que esta definición tampoco se ajusta a lo que se supone que intenta esta fiesta. Porque partimos de que la sexualidad no se elige, al menos no se busca voluntariamente, sino qué, ante unos sentimientos y una percepción, se vive. Uno no se educa, se prepara o se esfuerza en una opción determinada de cómo vivir su sexualidad, si no que la vida, los deseos y sentimientos, lo van poniendo ante opciones que toma o rechaza, luego ninguna opción es meritoria, como ninguna opción debe de constituir un demérito.

 

En todo caso, en ambos casos, la palabra orgullo es inapropiada ya que en ningún caso existe mérito alguno en practicar el sexo en ninguna de su posibles formas, y el único mérito es vivir esa sexualidad con plenitud y sin interferencias, ni propias, ni ajenas. Y donde no hay mérito no puede haber orgullo. Salirse de lo normal, de norma o mayoría, por muy natural, de naturaleza, que sea la opción tomada nunca será un motivo de orgullo, aunque pueda ser un motivo de íntima satisfacción.

 

Y por último gay. Para empezar la G de gay es solo una parte del colectivo, pero es que, además, es difícil elegir peor un término, primero porque se toma del inglés algo que es de origen provenzal u occitano: gai, alegre, pícaro y que sin embargo en Inglaterra hacía referencia a la prostitución masculina. Y segundo porque es un término que se aplica únicamente a la homosexualidad masculina. Y no entiendo en un colectivo tan identificado con las cuestiones de género que se deje fuera a las lesbianas y a los transexuales. Gay, y ya no solo en Inglaterra, si le preguntas a cualquier peatón no concienciado por su equivalente en castellano no se lo va a pensar dos veces, marica. Y lo de ”Día del orgullo marica”  que al fin y al cabo es lo mismo pero en español de toda la vida, ya no resulta ni tan reivindicativo, ni siquiera invita a festividades.

 

En estos casos, lo mejor, al menos lo más inmediato y ajustado, es preguntarles a las personas que tienes alrededor y que pertenecen al colectivo LGTBI, y resulta que la mayoría de ellas, no me gusta decir todas, viven hoy en día con una visibilidad discreta, como la de los heterosexuales, una integración social completa, como la de los heterosexuales, y un cierto rechazo a los excesos de puesta en escena de algunos participantes en la fiesta, como el de los heterosexuales.

 

Es verdad que lo que han pasado no es un camino de rosas. Es verdad que no todo está conseguido. Pero no es menos cierto que el exceso de visualización, el desbarre reivindicativo de una minoría, convierten una fiesta que intenta una visibilización de un colectivo y sus problemas, en una exhibición frentista que bordea, a veces por dentro, el mal gusto y una suerte de exclusión perversa de los que no compartan sus ideas. Insisto, es una minoría, pero precisamente por eso suele ser la más ruidosa y visible.

 

Y entonces empiezan los insultos, los de unos y los de otros, las sinrazones, los exabruptos y las falacias que pueblan las redes, y una fiesta, que como tal debería de ser universal, como tal y por interés de los organizadores, para reivindicar una normalidad en la convivencia, se convierte en todo lo contrario, se convierte en una exhibición de la diferencia y en una reivindicación de la intolerancia, propia y ajena, aunque sea por parte de una minoría, aunque sea con la posterior condena, a veces ni siquiera, de los organizadores.

 

Ciertas personas, habitualmente de izquierdas, más con ánimo de sentirse ellos buenos que de defender  realmente lo que significa la fiesta, se lanzan con beligerancia hacia cualquiera que quiera denunciar lo que de negativo tienen ciertas actitudes. Yo, como no me importa ser bueno o malo, como no necesito justificarme ante mí ni ante los demás, me permito hacer una llamada de atención sobre una celebración que cada año que pasa es menos lo que dice ser y más lo que nunca quiere reconocer que está siendo. Empezando por el nombre que no nombra lo que pretende reivindicar.

La Apfcyl condena el uso y abuso de las fuentes vecinales y el sensacionalismo ante el nuevo crimen machista

Comunicado de la Asociación de Periodistas Feministas de Castilla y León

El colectivo de periodistas feministas insta a hacer una información comprometida y responsable contra la violencia de género

La Asociación de Periodistas Feministas de Castilla y León (Apfcyl) manifiesta su repulsa por el nuevo asesinato por violencia de género ocurrido en Salas de los Infantes (Burgos) el lunes día 8 de julio.

Ante este nuevo crimen machista recordamos el papel tan importante que cumplen los medios de comunicación en la prevención y el respeto a la dignidad de las víctimas. La información ha de estar a la altura y atenerse a las buenas prácticas periodísticas consensuadas en violencia de género.

En este sentido, manifestamos nuestra preocupación y rechazo hacia el tratamiento informativo sensacionalista y poco ajustado a los principios básicos para abordar la violencia de género que hemos observado en varios medios de comunicación.

Denunciamos el uso y abuso de las fuentes vecinales como soporte de grandes titulares y recordamos que esta es una de las prácticas desaconsejadas en todos los manuales y en concreto en el que la Junta de Castilla y León y el Colegio de Periodistas de Castilla y León elaboraron para los medios y periodistas de nuestra Comunidad.

Recordamos que la violencia de género no son sucesos aislados, sino un problema estructural cuya raíz es la desigualdad entre hombres y mujeres. En concreto, desde 2003 ya son 1004 las mujeres asesinadas en España, según las estadísticas oficiales del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 23 en Castilla y León. En lo que va de año ya son 29 las víctimas mortales que se han cobrado estos crímenes y en Castilla y León hemos asistido lamentablemente al segundo asesinato por violencia de género en 2019.

La violencia de género es una vulneración de los derechos humanos y en concreto del más elemental, que es el derecho a la vida, y como tal debe ser abordada en las piezas informativas.

Como periodistas comprometidas con un periodismo responsable y útil para contribuir a erradicar la violencia de género recordamos la importancia de un tratamiento informativo que respete la dignidad de las víctimas y no contribuya a hacer espectáculo de esta lacra que nuestra profesión está obligada a afrontar con rigor.

Insistimos en la necesidad de que desde los gabinetes de prensa de las instituciones, y en particular de la Delegación del Gobierno en Castilla y León y las correspondientes subdelegaciones provinciales, se contribuya a estas buenas prácticas de forma proactiva en los comunicados oficiales sobre casos de violencia de género como el acaecido en Salas de los Infantes.

Queremos reivindicar una vez más la formación de periodistas tanto en las facultades de periodismo y comunicación como a través de asociaciones con el apoyo institucional necesario de la Junta de Castilla y León.

Reclamamos un compromiso serio y ejemplar de los medios de comunicación de Castilla y León, que no se limite a firmar protocolos de tratamiento informativo sobre la violencia de género que luego no se ponen en práctica cuando es más necesario. En las situaciones difíciles y críticas, como es un nuevo asesinato, es donde se plantea el reto de abandonar los lugares comunes y erróneos y buscar formas de presentar la violencia de género a la ciudadanía que realmente contribuyan a su prevención.

Recordamos que existen fuentes fiables y expertas que pueden enriquecer la información y dar a la opinión pública una dimensión ajustada a la gravedad de lo que supone el asesinato de mujeres por el mero hecho de serlo.

Os adjuntamos las 30 claves informativas elaboradas por personas expertas en este documento del Colegio de Periodistas de Castilla y León y la Junta.

30 Claves Informativas sobre Violencia de Género.

Sálvame y sus alcahuetas

Hace unos días, sorprendentemente, al encender la televisión oí a una afamada presentadora, directora, colaboradora de Televisión y periodista, Elisa Carlota Corredera Llauger -Carlota Corredera para el gran público-, conocida por haber presentado varios programas de la Fábrica de la Tele, en la actualidad co-presentadora del afamado programa de Tele 5, Sálvame, donde no se le ocurrido otra cosa que disparar con la verborrea que la caracteriza como si de una ametralladora se tratase contra todos los medios digitales denominándolos basura, porque según ella solemos hacer uso de la información simplemente porque alguien la puso en marcha, sin contrastar. 

Desde luego que un periodista, titulado o no,  que no contraste la información, y la ponga en marcha sin ningún reparo está muy alejado de lo que es realmente el periodismo, el cual consiste en la recogida, elaboración y difusión de información actual o de interés para transmitirla al público a través de la prensa, tanto escrita como digital, radio y televisión; información que por necesidad para limpiar las cloacas del periodismo debe ser veraz y, para ello, la única forma es cotejarla, pues de otra manera se están convirtiendo en farsantes o porteras quienes no actúan así, con perdón de esta digna, servicial y exigua profesión.

Pero, de ahí, y menos una persona que se dedica al periodismo como la referida presentadora, meter en el mismo saco a todo los digitales es, cuanto menos, una imprudencia, además de una actitud prepotente, y más cuando tal afirmación se hace en un programa que, aunque de máxima audiencia como es Sálvame, deja mucho que desear por la catadura moral de quienes en el intervienen poniendo al límite a los personajes que forman parte de ese mundo cuyos protagonistas, la mayoría de las veces, el único mérito que tienen es haber aparecido en algún reality, comportándose como macarras, o hablar de sus intimidades o las de otros.

No debemos tolerar que cada día abunden más las fakes news con el único propósito de conseguir más seguidores o audiencia para el informativo para que trabajan esos paraperiodistas, incluso algunos likes en las redes sociales, siendo por ello necesario que quienes luchamos por una información libre y veraz, sin ningún tipo de ataduras, incluso quienes son sus destinatarios, denunciemos esta práctica cada día es más extendida, no solamente en los digitales sino también en programas televisivos como el indicado, amen de otros programas de radio. Aunque dejarlos de seguir sería la muestra más responsable si queremos combatir la desinformación de la que muchas veces somos sufridores, incluso sin darnos cuenta.

Bien es cierto, que hay personas que disfrutan viendo despedazar en la plaza pública a quienes son objeto de este tipo de prensa que cada día amarillea más, incluso participando del apaleamiento del populacho en sus comentarios con afirmación tales como “se lo tiene bien merecido”.

También es cierto que la tele y otros medios dedicados a la información están para entretener y divertir, aunque hay que ser de mala prosapia como para divertirse con los “chismes”, cotilleos, y juicios sumarísimos que los “profesionales” que en ellos participan están acostumbrados a hacer. Pero, inevitablemente de todo hay y tiene que haber en la viña del Señor.

Valga lo que aquí se denuncia para que tan afamada presentadora hiciese una rectificación pública sobre lo dicho, aparte de hacer examen de conciencia y autocrítica de vez en cuando, porque para reprochar a alguien una conducta lo primero que hay que hacer es no comportarse como quienes son objeto de su critica, dando, aunque sea de vez en cuando, un poco de ejemplo con su buen hacer.

La información cuando no es libre es una farsa, y está claro que estos medios mal olientes no son otra cosa que la voz de su amo, quienes lo financian y obtienen las ingentes fortunas a base de manipular al público con su desinformación. Así que, amiga Corredera, menos demagogia y más profesionalidad.

La hipocondría inducida

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

26 de junio de 2019

Hablaba el otro día con mi amigo Antonio, Antonio Zarazaga, médico, gestor y renacentista, sobre las cuestiones que la vida nos va deparando, y de tema en tema llegamos al, para él habitual, de la medicina, tema en el que él habla y yo escucho para aprender, que es una costumbre placentera cuando el ponente sabe tanto.

Y hablábamos de esa nueva moda social, de esa obsesión moderna que es intentar resolver la muerte en vida, tratar a la muerte como una ocurrencia o una enfermedad y no como una consecuencia inevitable. Dicho en otras palabras, vivir para no morir en vez de morir después de vivido.

Uno recorre las modernas fuentes del conocimiento, más bien del desconocimiento, asomándose a toda suerte de opiniones, recomendaciones, diagnósticos e informaciones que la falta de preparación básica nos impide matizar, cribar y escoger con criterio. Así que en un alarde de inconsciencia absoluta, en una demostración de estupidez sin parangón, prestamos oídos a algún gurú que pretende tener acceso a conocimientos que, aparentemente, nos van a dejar la vida resuelta de enfermedades, que va a aportar a nuestra salud soluciones que una conspiración universal contra ella perpetran enemigos desconocidos, que nos va a revelar secretos ancestrales que los modernos poderes nos escamotean al tiempo que los modernos poderes ponen a nuestro alcance, al alcance de nuestra estulticia. El enfermo imaginario, ese al que Moliere ya le dedicó una obra, demanda soluciones imposibles. Nunca ha habido persona más engañable, más risible y más digna de conmiseración que el hipocondríaco. Ni persona más despreciable y peligrosa que aquella que armada de una supina estupidez, de una inteligencia lamentablemente enfocada, de una osadía sin parangón, se cree en poder de verdades curativas fantásticas y pone en peligro la salud y la vida de todos aquellos que tienen la desgracia de escucharlos. Y cuidado, hay gurús con bata y título.

Tal vez por eso, o porque todo lo nuevo vende, o por tantos motivos que uno solo no lo explica, hemos pasado de unos enfermos imaginarios a una imaginería de la enfermedad, a la creación de una sociedad hipocondríaca, más preocupada de prevenir una posible enfermedad que de vivir la salud presente, más obsesionada por ritos y magias que por una actitud de saludable disfrute de la vida, más empeñada en vivir un futuro saludable que en vivir un presente con salud.

“Primun non nocere”, primero no dañar. Esta máxima, que además es el título de un blog con opiniones sobre medicina que recomiendo, puede resumir el terrible dilema del hombre moderno que se debate entre una medicina que, a fuer de ser preventiva, se convierte en obsesiva y la obsesiva presión de los “chamanes” del desconocimiento ancestral, de su ignorancia presente, que difunden, sin una base de criterio mínimo, prácticas y técnicas que a la postre pueden resultar letales.

La medicina preventiva ha sobrepasado los límites con los que fue ideada. La moderna medicina anticipatoria significa un paso más en la escalada hacia una sociedad hipocondríaca, a una sociedad obsesionada por erradicar la enfermedad o, al menos, por tratar las enfermedades incluso antes de que asome el síntoma, incluso antes, si fuera posible, de que la dolencia esté descrita.

El problema viene cuando le preguntas a un médico, de los que han hecho la carrera, no de los que diagnostican a golpe de libro de medicinas alternativas o de entrada en internet, y te encuentras que por cada médico que mantiene una opinión, sobre el tema que sea, hay otro que mantiene la contraria. No te queda, entonces, más remedio que recurrir al historial de esos médicos y ver sus logros y publicaciones en el terreno de la investigación: médica, biológica… Con un poco de suerte encontrarás diferencias entre médicos, generalmente con un marcado toque humanista y una larga trayectoria de preocupación por el paciente y por su ciencia, y “doctores” que no han aportado a la medicina más que recetas y opiniones basadas en la experiencia de otros. Como me dijo mi amigo Antonio, en cierta ocasión, hay un momento en el que tienes que preguntarte: “¿Tú eres médico porque sabes, o dices que sabes, porque eres médico?”

Ya en los años 70 Ivan Ilich escribe un libro que se llama “Medical Némesis” y en las que describe tres formas en las que el colectivo médico causa un daño clínico. Esta interacción nefasta, que recibe el nombre de iatrogenia, puede ser directa, por una mala praxis, o social, en la que establece las bases del daño producido por la medicina preventiva y la frontera de esta con la medicina anticipativa, que son las otras dos formas de iatrogenia. Medicina preventiva sería aquella en la que el sujeto a tratar solicita ayuda médica para prevenir una enfermedad y medicina anticipatoria aquella en la que es el médico el que convence al paciente de que necesita su ayuda para prevenir enfermedades. Esta diferenciación la establece Gilbert Welch, profesor del Instituto de Política de Salud y Práctica Clínica de Dartmouth, en un libro en el que trata sobre el sobrediagnóstico.

Otro posible enfoque es a través de estudios médicos, informes estadísticos sobre enfermedades, medicamentos, tendencias y evoluciones. No lo recomiendo. Y no lo recomiendo primero porque la estadística es una ciencia -¿es una ciencia?- que siempre dice lo que quiere oír el que la maneja y segundo porque a determinados niveles hace falta una preparación muy alta en el objeto de estudio para entender los resultados.

Si cogemos un informe médico nos dirá que las estatinas, por poner un ejemplo, han reducido el número de fallecimientos por causas cardiovasculares entre los pacientes que son tratados con ellas, pero si lees otro informe, te dirá que esto es así desde que se bajaron los límites de colesterolemia y empezó a tratarse con ellas a pacientes sin enfermedades cardiovasculares diagnosticadas, es decir, desde que la medicina anticipativa empezó a considerar enfermos anticipativos a aquellos pacientes asintomáticos, sin enfermedad diagnosticada y que por una decisión medico administrativa pasaron a ser sujetos de medicación de la noche a la mañana. No es imposible, pero morirse de una enfermedad que no se tiene es algo más complicado de lo habitual. De hecho el número de muertes por accidente cardiovascular son prácticamente las mismas antes y después de variar el límite establecido por el colesterol, y antes o después del aumento de pacientes tratados con estatinas. Lo que sí ha variado, y de forma exponencial, son los beneficios de los laboratorios que las fabrican.

Y las estatinas no son inocentes. Su administración no es inocente. Las consecuencias de su administración convierten a muchos de sus consumidores en pacientes de dolencias debidas a sus efectos secundarios, contraviniendo la máxima de la que hablábamos, “primum non nocere”, lo primero es no hacer daño. Lo primero es no provocar una dolencia en un sujeto que hasta ese momento no tenía, ni esa ni la que se pretendía anticipar. Lo primero es no crear enfermos a base de anticipar enfermedades.

Si hacemos un breve recorrido por el internet de nuestras entretelas, observaremos una gran cantidad de consejos, prácticas y observancias que debemos de tener en cuenta para llegar a lograr una vida saludable. Y si decidimos, en un alarde de “suigestión”, palabro inventado a base de supina ignorancia y estupidez sin parangón, poner en práctica unas cuantas de estas ocurrencias, lograremos morirnos absolutamente sanos. Sanos y sin haber vivido por falta de tiempo salvo para preservar una salud que acabaremos no teniendo.

 

 

 

Para escribir esta opinión se han tenido en cuenta diferentes entradas del Blog “Primum non nocere”, del Dr. Rafael Bravo, concretamente: “Estatinas y Mayores. Pués por ahora, va a ser que no”, “Hipertensión Arterial”, “La Culpa Fue Del Smartwatch” y “Muchas Enfermedades Se Presentan Por Un Número Arbitrario”.

Odio inculcado y explosionado

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

 

Respirando derivadas parciales en la pizarra, me fijo en Pau. No atiende ni toma notas, mira su móvil continuamente y con rostro compungido. Al acabar la clase le pido que venga un momento. Parece esperar que le riña. No. “¿Qué te pasaba, Pau?”. Me dice que estaba viendo horrorizado y en directo el video de la matanza en dos mezquitas de Nueva Zelanda. Le pregunto si tiene por ahí familiares y amigos. No, pero aún así está sobrecogido por una grabación que sabe real y que muestra el poder del mal en acción. ¿Por qué los asesinos se creen con el derecho de destruir vidas? 

Estos días he leído al psicólogo Vicente Garrido, en su libro Asesinos múltiples destaca la paradoja del mal: “si el mal es tan habitual en nuestra vida, ¿por qué hay tan pocas personas que se consideren malvadas?”. Hoy se suele definir el asesinato múltiple como un acto homicida que causa cuatro o más muertos en un mismo incidente. Hay una zona de solapamiento, muy desconocida aún, entre cinco tipos de asesinos: 1) Los que matan por frustración, ira y venganza; 2) los que han desarrollado una grave enfermedad mental; 3) familicidas; 4) los que siguen fines delictivos y 5) terroristas.

El miserable criminal que nos ocupa estaría, de entrada, entre los tipos 1, 2 y 5. Perdió el tabú moral que impide matar y es capaz de justificar su matanza. Ha deshumanizado a sus víctimas y se autoriza a ser violento con ellas. ¿Cómo germina la semilla del odio, cómo se hacen y declaran enemigos acérrimos, a muerte?

Se puede hablar de psicopatía (ausencia de empatía y de compasión), de descomposición narcisista (tanto ofensiva, como defensiva), de acumulación de agravios, de personalidades inestables que encuentran refugio en un fanatismo desesperado, de incapacidad de imaginar y de dudar, de las técnicas de captación y reclutamiento de las sectas, del lavado de cerebro o del adoctrinamiento (expresión esta que enoja mucho por razones políticas a quienes tienen todo el interés en inculcar determinadas ideas o creencias beligerantes y falsas, que generan rechazo, aborrecimiento y hostilidad automática hacia otros).

El agresor que se siente ofendido, marginado o perseguido busca dar ‘su merecido’ a unos chivos expiatorios que le han arruinado su vida. Sólo falta que tenga armas a mano…

Se ha impuesto la razón a la estafa

José Enrique Centén Martín. Historiador y ensayista.

En el año 2014, unos vendedores sin escrúpulos de una empresa llamada SUPERNOVA EDICIONES, S.L.  o Agrupación de la Salud o SIGLO EXPANSIÓN, llamaron a la puerta de mi octogenaria madre y le vendieron unos cacharros para la salud, un purificador de “Ozono” y cuatro fruslerías más que no necesitaba por el módico precio de 2.255 €, eso sí, que le dejaban pagar en cómodos plazos de 140 euros mensuales por medio la financiera UNIÓN FINANCIERA ASTURIANA. Cuando sus hijos nos dimos cuenta del error o trampa en el que había caído nuestra madre, ya era demasiado tarde y pagó religiosamente hasta la última cuota.


La sorpresa vino cuando a principios de 2016 nos percatamos que no había una cuota de 140 euros, sino que por el banco le habían pasado hasta tres cuotas. Tirando del hilo descubrimos que, además del primer contrato, nuestra madre había suscrito presuntamente otros dos contratos de iguales características, importes y aplazamientos, y que uno lo venía pagando, además, desde abril año 2015 a la financiera COFIDIS y el otro, desde enero de 2016, otra vez a UNIÓN FINANCIERA ASTURIANA. Según esto, nuestra madre se había gastado en cacharros inútiles, repetidos y nunca entregados para colmo, la inestimable cantidad de 7.735 €. Tres contratos distintos firmados en Madrid, C.C. en Águilas-Murcia y Oviedo, mi madre no se movió de casa desde que falleció mi padre el 15 de mayo del 2011, no conoce Murcia, ni Asturias, ¿cómo firmó allí los presuntos contratos que así rezan bajo su firma?

Lógicamente devolvimos los recibos que pudimos y solicitamos el reintegro de las cantidades indebidamente abonadas. Una de las financieras, COFIDIS, atendió nuestras explicaciones, hizo sus averiguaciones, rectificó, nos pidió disculpas y devolvió hasta el último céntimo. La otra, UNIÓN FINANCIERA ASTURIANA, no. Presentó una demanda contra nuestra madre y en este mes de marzo se celebró el juicio, donde un perito hasta calificó, de manera inexplicable, que en los contratos la firma de mi madre era auténtica. Con muy poca esperanza de que esto terminase bien, hoy 13 de marzo de 2019 nos han notificado la sentencia y se ha hecho justicia, desestimando la demanda de la empresa financiera y dándonos la razón, recalcando que doña Victoriana fue víctima de un vil engaño, pero nuestra madre ya no podrá saborear esta victoria porque Victorina Martín Pérez padece en la actualidad un proceso degenerativo avanzado de Demencia senil y Alzheimer. El próximo 29 de abril cumplirá 90 años. Puede que UFA recurra, pero poco probable la rectificación de la sentencia.

Debemos de agradecer el éxito a la razón, comprendida y sentenciada por la Juez gracias a la labor y buen hacer del abogado Juan Manuel Martínez García del grupo ICAM,  juanmanuelmartinez@icam.es  y a la procuradora Raquel Nieto Bolaño.

Zasca en toda la boca

Feliciano Morales. Director-Editor magazine Plazabierta.com

A determinadas personas no les vendría mal un “zasca” en toda la boca, perdón por mi agresividad, aunque tal vez los que tengan que pedir perdón sean ellos. Aparte de por su verborrea y mensajes vacíos o aprendidos que repiten como loros de repetición, también por la prepotencia con la que los dicen. Y no porque me enerven, sino porque me resultan cansinos, aburridos, yelmos,  sobre todo por sus maneras, sus ínfulas, su idiotez humana incontenida. Son como aquel cuñado insoportable que tienes que aguantar en esas comidas aburridas de familia en las que se auto convierte en el protagonista por saberlo todo.

Cada vez aguanto menos el talante de esas personas que van por la vida dando lecciones, de lo que saben y de lo que no saben, nunca predispuestas a escuchar a quienes tienen enfrente  y mucho menos empatizar con ellos. Personas que se ponen el birrete de catedrático de la materia de la que hablan, cuando no dejan de ser unos ignorantes. Parecen los depositarios de la ciencia, cuando no son más que unos charlatanes de pacotilla, sin discurso, sin fundamento.

Personas que parecen estar de vuelta de todo, que han alcanzado la luz de la ciencia infusa, repitiendo frases hechas, parafraseando discursos ajenos que distorsionan a su antojo sacándolos de contexto. Personas cuyo espíritu esta formado por  dogmas imbuidos en su pequeño cerebro, que más que estar formado por una masa gris parecen estarlo de páginas arrancadas de no se qué panfleto religioso, político, o de libro de auto ayuda o de coaching de feria.

Personas que se atreven a juzgar a todo el que pillan por delante, capaces de esperar a que tropieces dos veces con la misma piedra para machacarte por tu torpeza, para aplastarte la cabeza contra la tierra sobre la que has caído, para hundirte más en tu miseria que, no deja de ser bastante menor que la suya, porque el que cae con dignidad se levantará también con ella.  Sin embargo, ellos son como el fuego fatuo, porque sus palabras aparte de no oler muy bien son efímeras, sin consistencia, sin contenido, pero sobre todo porque la putrefacción de su espíritu de autosuficiencia hace que su llama se disipe en breve, no teniendo más trascendencia que el de una pequeña combustión dentro del cementerio de su escaso saber y de su imposibilidad de razonar.

Son seres patéticos, incapaces de ver su ridículo actuar, cuya gesticulación chulesca y palabras de repetición programada , evidencia que no hay donde rascar, convirtiéndose en caricaturas de si mismo, en el hazme reir en determinados foros en los que pretenden sobresalir sin la prudencia propia que tiene el sabio de escuchar a quien sabe más que él. Por este motivo, por su falta de prudencia, no les vendría mal un zasca en toda boca, para que nos dejen en paz un rato.

La sala de espera

Feliciano Morales. Director-Editor del Magazine Plazabierta.com 

El murmullo no tarde en subir de volumen. Es algo muy propio de los españoles.No respetar el silencio de algunos lugares públicos. Como decía mi abuela, no nos callamos ni en misa. “Abuela en misa se reza”, exclamaba yo, sin entender a mí corta edad porque utilizaba ese símil. Claro que, también hay momentos de silencio y recogimiento que tampoco muchos respetan. Por eso prefiero el que me decía mi madre: “no te callas ni debajo el agua”, lo entendía mejor.

Estoy en la sala de espera de un hospital y esto parece un gallinero revuelto, donde el cloquear de los allí presentes, sin lugar a duda, más molesto que el de las gallinas ponedoras. Madre mía que incomodidad, cada cual contando su película sin pudor de ser oída por quientienen al lado, o en la otra punta de la sala. Parece que algunos llevavan el amplificador incluido de fábrica. «¿Por qué no se moderarán?» pensé, «ya que son incapaces de estar callados un rato«. 

El matrimonio de al lado, pegando con mi hombro, en plena discusión conyugal, porque el marido parecía no haberse cambiado de ropa interior que inevitablemente debía exponer en la prueba, una colonoscopia. Porqué tenía que enterarme yo y media sala de espera que iba con los calzoncillos sucios. No era para mí, ni para los allí presentes cómodo oír tal cosa y, sospecho que tampoco para el poco decoroso afectado, pues no tardo en arrugarse en su asiento con la mirada fija en el suelo, seguro que pensando, “tierra trágame…”

Una señora en la parte más distante del asiento incomodo donde yo me encontraba, pegada al móvil, parecía tenía una conversación con alguien duro de oído. Ya no era sólo que nos estuviésemos enterando los allí presentes, sino todos los que estaban en el hospital. Increíble,  pero cierto… No se trataba del amplificador incorporado de esta mujer, sino que parecía conectada al equipo de sonido más potente del mundo, a todos los altavoces del universo. “Jo.. pero no se atragantará, al fin y al cabo está en el lugar adecuado, en caso que el atragantamiento se descrontolara”, pensé… lo siento, por ser tan mal pensado…

No digo yo, que deba guardarse un silencio riguroso, que no estría mal, pero al menos ser lo suficientemente respetuosos para no incomodar aún más a los que acudimos a los servicios sanitarios, algunos enfermos, en la que el silencio ayudaría a llevar nuestro pesar, mejor que con tanto bullicio mareante, al que empezaban a unirme algunos tonos de llamadas de móvil, con sus correspondiente conversaciones que, algunas revelaban el motivo de la consulta: “hija, me han salido unos pólipos ahí abajo que me los tiene que ver el ginecólogo”, “aquí estoy esperando, esto de la sanidad pública es una vergüenza”. “La vergüenza es usted”, pensaba yo. “No te podrás callar un poquito”. Pero, lo peor aún era quienes no se cortaban un pelo en ver vídeos a través del móvil a todo volumen, aquello parecía un festival de cortometrajes o un centro comercial. “Y esa madre no le podrá decir al niño que baje el volumen de eso vídeojuego cuyos tiros estaban impactando en el cerebro”.

Estaba empezando a sentirme tan incomodo que no pude aguantarme, saliendo de mi boca ese “siiiiiiiiiip” prolongado e impositivo que obliga o pretende obligar a guardar silencio. No lo conseguí. Apenas duro unos segundos su efecto y menos de un minuto en volverse a convertir aquello en el mismo gallinero que antes.  

Ahora entendí porque estaba medio arrancado el cartel adherido con múltiples trozos de celofán, sobrepuestos unos a otros, a una de las paredes, con la imagen de una bella enfermera, hasta algo celestial, con su dedo índice sobre sus labios cerrados y un mensaje impreso: “por favor guarden silencio”. Silencio ni leches. “No tardarán mucho en arrancarlo del todo”, pensé, “¿para lo que sirve?”.   

Por megafonía suena “el acompañante de…..”, ese soy yo… «acuda a endoscopia”. Por fin ya me marcho. 

Cuando nos encontramos en la calle hasta el ruido de los coches parecían músigca celestial. 

Saludos

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