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Los errores (video)

Basta de frustracciones

Helios Manzano Sánchez-Pantoja ♦ Pensador, divulgador molesto

 

 

Jueves, 22 de agosto de 2019

En este video de ToDo a Zen, aprenderemos a cómo hacer frente a estos errores y no sentirnos frustrados por ello. A veces iniciamos una acción que nos saca de nuestra zona de confort para ir a un sitio donde nunca hemos estado para lograr algo que deseamos y muchas veces nos entra miedo: ¿habré cometido un error?…

No te lo pierdas… aprende a ser más feliz en ToDo a Zen… y pásaselo a tus amig@s y contactos… te lo agradecerán.

 

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Entrevista a Fernando Sánchez Turrión

La importancia del mindfulness en nuestras vidas

 
Amparo Perianes ♦ Redactora plazabierta.com

 

Lunes, 12 de agosto de 2019

Después de más de dos años al lado de este gran maestro de vida, he aprendido lo importante que es prestar atención a todo aquello que nos rodea, intentando disfrutar o hacernos amigos de nosotros mismos, de la vida, de cada instante, no me he resistido a descubrir quién es Fernando Sánchez Turrión y mostrarlo a quien tenga interés en la práctica del mindfulness.

Fernando Sánchez Turrión

Fernando nació en Bilbao en 1967. Inició sus estudios de Física en la Universidad del País Vasco en 1985. Se trasladó a Salamanca en 1987, donde finalmente se licenció en 1998 después de haber cursado también un año de Biología. Cuenta con un título de postgrado: Experto en lenguas y culturas de India e Irán.

Comenzó a practicar hatha yoga en 1991 y a impartir sus primeras clases en 1992, actividad en la que no ha cesado desde entonces. Obtuvo el título de profesor de yoga a través de la Asociación Internacional de Profesores de Yoga Sananda en 2006, año en el que comenzó a hacer una aproximación al mundo de la psicología por su propia cuenta, especialmente a la psicología transpersonal.

Practica meditación desde hace veinticinco años. Lo último: mindfulness, y en concreto MBSR (Mindfulness Based Stress Reduction, Reducción del Estrés Basada en Mindfulness), MSC (Mindful Self-Compassion) y MBCT (Mindfulness Based Cognitive Therapy).

Es Trained Teacher del programa MSC y Teacher in Training del programa MBCT. Actualmente dirige Satya Mindfulness, Escuela de Mindfulness, Yoga y Compasión.

Ha publicado tres libros: Rugidos de almas (Mandala, 2007), Vibhuti, en lotos y cenizas (Dédalo, 2009) y Los discípulos del señor Pez, perfiles de un yoga imaginario(autoedición, 2011).

Sentados en una terraza de una conocida cafetería de Salamanca, me siento con Fernando e iniciamos esta interesante entrevista de este experimentado profesor de mindfulness.

Por todas partes se habla del mindfulness, pero ¿de qué se trata?

Así es, es algo que se escucha cada vez en más círculos, pero que quizá no se logra comprender bien del todo. Históricamente el término mindfulness fue acuñado por el estudioso de la lengua pali T. W. Rhys Davids, una lengua emparentada con el sánscrito que se hablaba en la India antigua, hacia finales del siglo XIX. El término hace referencia al manejo y uso que se le puede dar a la atención según la meditación budista. De hecho, el séptimo paso del camino budista es la recta atención, sati. Este término, sati, es el que habitualmente traducimos por mindfulness. En castellano nos referimos a él como atención o conciencia plena.

¿Es cuestión entonces simplemente de estar atento?

Eso es sólo una parte; de hecho, una parte muy pequeña. Ante todo mindfulness hace referencia a una forma muy concreta de experimentar las cosas. Podríamos decir que mindfulness es experiencia atenta, experiencia en primera persona. Resaltamos esta cualidad de primera persona que tiene la experiencia. Esto quiere decir que no es lo mismo hablar de mindfulness que experimentar el estado de mindfulness. Lo podemos comparar al sabor de una manzana, por ejemplo. Para conocer cuál es el sabor de la manzana tienes que probar la manzana. Ninguna explicación, por muchas palabras que tenga, puede sustituir al sabor de la manzana. Mindfulness es el sabor de esta experiencia en primera persona cuando uno comienza a estar atento a lo que está pasando momento a momento.

¿Deduzco entonces que no es una idea tan moderna como podemos pensar?

Digamos que las prácticas de mindfulness son técnicas antiguas vestidas con ropajes modernos. Hay que tener en cuenta que este tipo de meditación se ha practicado durante siglos, siempre en el contexto de ciertas tradiciones contemplativas, no sólo en el marco del budismo. El mindfulness, tal como lo entendemos hoy día, también bebe de otras tradiciones y de otras prácticas, como el yoga, por ejemplo.

¿Es entonces un tipo de meditación?

Podríamos decir que sí, pero con algunos matices. En esencia, como he comentado, muchas de las técnicas de mindfulness se basan o están inspiradas en antiguas prácticas contemplativas. Sin embargo, estas prácticas se realizan fuera del contexto de las tradiciones de las que proceden. Nos hemos quedado con las herramientas después de haberlas sacado del contexto, en muchos casos dogmático y metafísico, de estas tradiciones. Y esto, en mi opinión, es un gran avance, ya que nos permite acercar estas técnicas tan valiosas a toda la población, sin necesidad de pertenecer a una determinada escuela o dogma, y sin tener que dar por sentados determinados presupuestos metafísicos. Claro que esto también tiene sus riesgos, como la comercialización excesiva del mindfulness o la falta de ética en su aplicación, algo que ya se está denunciando en algunos círculos.

Por tanto, nos quedamos con la fenomenología, con la experiencia en primera persona que comentábamos antes, ya que eso es a ciencia cierta algo de lo que sí podemos dar cuenta en todo momento.

¿Y cómo se produjo este proceso de descontextualización? ¿Cómo surgió la idea en el mundo moderno?

Aquí tenemos que hablar del artífice de lo que hoy conocemos como mindfulness, de Jon Kabat-Zinn, profesor emérito de medicina de la Universidad de Massachusetts. Él era un gran entusiasta del yoga y del budismo y eso le llevó a aplicar estas técnicas a personas con dolor crónico en la década de los 70. Fundó la Clínica de Reducción de Estrés en dicha universidad. En concreto, creó un protocolo, un programa estructurado de 8 sesiones, un día a la semana, que incluía todas estas técnicas y los resultados fueron francamente positivos. Es lo que se llamó programa de Reducción de Estrés Basado en Mindfulness, o MBSR por sus siglas en inglés, que está funcionando perfectamente en todo el mundo desde 1979, siendo uno de los protocolos de mindfulness sobre los que más investigación se ha realizado.

Tengo entendido que estas prácticas son útiles para muchos otros problemas.

Ésa ha sido una de las consecuencias del éxito de este programa pionero, aunque no me gustaría referirme a los avances en mindfulness en términos únicamente utilitarios. Es cierto que ha habido una gran explosión de estas técnicas debido a sus beneficios para regular el estrés, las emociones, la ansiedad, el estado de ánimo; de hecho, se han creado muchos otros programas que se basan en el MBSR para trastornos específicos. Tenemos que dar un voto de confianza a toda la investigación que se está realizando, y que ha crecido exponencialmente en las últimas tres décadas. Por ejemplo, tenemos el programa MBCT (Mindfulness-based Cognitive Therapy), desarrollado por los Drs. Williams, Teasdale y Segal, que ha demostrado ser tremendamente útil para la prevención de recaídas en depresión, con una eficacia similar a la de la medicación antidepresiva. Tenemos otros programas también muy útiles para personas con adicciones, etc.

Todo esto es fantástico, y la investigación sigue creciendo, pero me gustaría resaltar que lo que buscamos con la práctica de mindfulness es algo que va mucho más allá de la reducción de unos pocos síntomas.

¿De qué se trata entonces?

Yo diría que se trata de un cambio de perspectiva, de una forma diferente de ver las cosas y, en definitiva, de una forma diferente de vivir y de ser. En mis clases muchas veces digo que se trata de crear espacio, pero no un espacio físico-literal, obviamente es una metáfora, sino un espacio de consciencia, una perspectiva interna desde la que uno tiene una mayor libertad de acción. En este lugar uno deja de ser un autómata, uno deja de reaccionar de forma compulsiva, uno deja de ser una marioneta de las circunstancias, para pasar a responder de forma creativa y sabia a los estímulos, también a las situaciones difíciles. En cierta forma uno pasa a tener cierta libertad de elección. Ante un enfado o en una fuerte discusión con alguien, por ejemplo, ya no eres presa fácil de las emociones, de la frustración, de la ira, de la rabia. No es que no las sientas o no las vayas a tener. Más bien dejas de identificarte tanto con ellas, las ves venir, te haces amigo de ellas, surfeas la ola emocional en lugar de sucumbir automáticamente. En dos palabras, pasas de ser víctima a ser un aprendiz de la vida. Y todo ello aderezado con un toque de benevolencia, de buena voluntad, que te hace ver las cosas desde tu lado más amable. Sonríes ante la dificultad en lugar de apretar los dientes. Pero, claro, todo esto requiere cierto entrenamiento. Volvemos así a la práctica.

¿Se puede uno entrenar para ser amable?

Sin ninguna duda. Al igual que la atención, que es la base del mindfulness, esta amabilidad, bondad y generosidad naturales se pueden entrenar. De hecho, todas estas cualidades son la base de la compasión, un elemento también muy importante en el camino budista. En realidad estos dos términos se complementan, mindfulness y compasión, y según todos los expertos no puede haber un entrenamiento verdadero en mindfulness si falta la compasión. Tradicionalmente decimos que son las dos alas del pájaro de la sabiduría. Entendemos la compasión como el deseo natural de que todos los seres estén libres de sufrimiento y la motivación por aliviarlo. Hay por tanto aquí un componente activo muy claro. Y esto también nos lo podemos aplicar a nosotros mismos, podemos aplicarnos esta compasión así entendida cuando sufrimos. Esto es lo que ha tratado de estudiar la investigadora pionera Kristin Neff: cómo es esta experiencia “autocompasiva”, cómo se puede cultivar esta cualidad y qué consecuencias tiene para el individuo. Como era de esperar, la investigación ha venido a ratificar algo parecido a lo que ya hemos encontrado con mindfulness, una mejoría en el bienestar general, mayor satisfacción vital y mayor conexión social, entre muchas otras cosas. Además, Kristin Neff ha creado junto al psicólogo clínico Chris Germer el protocolo MSC (Mindful Self-Compassion), basado en el MBSR, para cultivar la habilidad de la autocompasión con muy buenos resultados. Nosotros lo estamos aplicando en Salamanca desde hace tres años.  

Hablábamos antes de comercialización. ¿No se tratará tan sólo de una moda pasajera?

En gran parte es una moda. Pero ¿qué no fue en su día una moda? Miremos donde miremos, todo empezó así en algún momento. Algunas cosas se quedaron, otras no. Es cierto que en el mundo del mindfulness estamos viviendo una gran explosión de programas, de protocolos, de posibles aplicaciones. Es seguro también que no es un remedio para todo o una varita mágica que nos va a resolver la vida. En mi opinión, en muchas ocasiones se sobredimensionan sus efectos, pero es muy posible que en un futuro cercano seamos capaces de separar la paja del grano, aunque ahora haya mucha paja. Tenemos que alentar a las personas que se acercan al mindfulness a que disciernan lo que realmente vale de lo que no. Por todo ello me parece fundamental que las personas que imparten estos programas tengan una buena formación. 

Este me parce un punto importante. ¿Cómo puede saber una persona que se apunta a un curso de mindfulness si éste es de verdad?

Conviene saber quién es el profesor, saber cuál es su formación. Existen protocolos oficiales estandarizados, entre los que están los que ya hemos mencionado antes: MBSR, MBCT, MSC. Hay muchos otros. Pienso que estas formaciones son un aval que garantiza que uno va a ponerse en buenas manos. Recientemente se ha creado la Red Española de Programas Estandarizados de Mindfulness (redprogramasmindfulness.org), en parte con esta finalidad. Por tanto se están dando pasos en esa dirección. Yo personalmente abogo por una profesionalización de la enseñanza del mindfulness. Hay que hacer entender a la gente que no vale cualquier cosa.

¿Pueden ser los psicólogos profesores de mindfulness?

Pueden serlo si tienen una formación en mindfulness, al igual que cualquier otra persona que tenga una formación en mindfulness, salvo para formaciones específicas que se vayan a aplicar a una población clínica. En estos casos si será necesario contar con un profesional con determinado perfil. De hecho, en mi opinión, en muchas ocasiones es mejor no ser psicólogo para trabajar con mindfulness, o quitarse el gorro de psicólogo si uno lo es. Y todo por la sencilla razón de que, como profesionales, no estamos ahí para arreglarle la vida a nadie. Eso ya no sería mindfulness, sino terapia. No somos terapeutas, el mindfulness no es una terapia. Llámalo si quieres intervención psicoeducativa, que es lo que se suele decir ahora. Simplemente estamos tratando de estar al lado seres humanos como nosotros para mostrarles un camino, unas herramientas para que ellos por sí mismos realicen la transformación que necesitan o sean capaces de ver lo que tengan que ver.

Tal vez exista el riesgo de que la psicología se apropie del mindfulness, en parte creo que ya lo ha hecho, pero no necesitamos eso. El mindfulness, la meditación, si se quiere entender así, ha sido patrimonio de las tradiciones contemplativas durante siglos y ahora se acaba de emancipar de ellas para convertirse en una disciplina independiente. Lo único que necesitamos entender es que algo tan básico y elemental como la atención y la amabilidad son cualidades humanas universales que se pueden cultivar en cualquier circunstancia y en cualquier entorno.

Algunos yoguis y profesores de yoga afirman que el mindfulness es una meditación descafeinada.

Es posible. Yo también afirmo que probablemente la mayor parte del yoga que se enseña hoy día en occidente no es más que fitness o algún tipo de gimnasia. Creo que existe ese prejuicio hacia el mindfulness por parte de algunos profesores de yoga, pero no es más que desconocimiento. Yo simplemente les diría que en los programas de mindfulness enseñamos procedimientos y aplicamos consignas y protocolos que ni siquiera remotamente se enseñan en la formación tradicional de la meditación del yoga o del budismo. Y es en estos métodos, protocolos y procedimientos donde está la novedad y el avance que hace que el mindfulness se desmarque de las disciplinas contemplativas tradicionales. En parte, creo, es una cuestión sobre cuál es nuestro criterio de autoridad, pero eso es ya otra historia.

Nunca será tarde para inventar un mindfulness para yoguis.

Para terminar, ¿para quién, por tanto, puede ser recomendable el mindfulness?

Básicamente para todo el mundo, en especial si lo que uno quiere es iniciar un camino de autoconocimiento. Todos aquellos que aspiran a una vida relajada tienen en esta práctica una buena oportunidad para empezar. Si sufres de una u otra forma, como todo ser humano, la práctica de la atención plena te puede ser de gran ayuda. Si quieres estar en conexión con la vida y darle sentido a tu paso por el mundo, el mindfulness es una puerta maravillosa.

Desde aquí me atrevo a afirmar que la práctica del mindfulness, y de la meditación bien entendida en general, puede suponer un paso evolutivo para la espacie. Estamos dando esos pequeños pasos hacia una forma diferente de ser, hacia una forma diferente de reaccionar, una forma que a veces puede parecer completamente anti-intuitiva, pero ahí está la gracia y el valor de estas enseñanzas.

Y ahora que estamos celebrando los 50 años del alunizaje, de ese “pequeño paso para un hombre…”, pienso que eso no es nada en comparación con los millones de pasos que ya hemos dado las miríadas de meditadores anónimos de todos los tiempos con el simple gesto de sentarnos sobre nuestros cojines, sillas y bancos de meditación, meditadores pasados, presentes y futuros. En mi opinión esta es la verdadera re-evolución.   

EL AMOR, EL DESENCANTO Y EL PERO, PERO, PERO DE LOS PATRONES Y LOS MAPAS MENTALES.

Mar Outsiders (Campillo) ♦ Periodista

 

Martes, 6 de agosto de 2019

El desencanto lúcido tiene el lirismo consistente de la indolencia. Es el pero, pero, pero de los remolinos emocionales remontando asociaciones delicadas en un intento de regeneración del amor. Menos mal que los psicólogos nos han explicado que detrás de cada emoción/sentimiento hay una IDEA mental, una información guardada a nivel inconsciente que cristaliza en creencia, algo que damos por real ya que se convierte en “nuestro mundo”.

«Lleva mucho tiempo saber que ese famoso yo nunca se pierde, pero tampoco se encuentra realmente». Gregor von Rezzori
https://www.clereviewofbooks.com/home/2019/7/2/fascism-and-fracture-on-gregor-von-rezzoris-abel-and-cain

Hoy os hago un planteamiento apasionante en el que va salir triunfador el amor, pero no como solución romántico-sentimental, sino como la única salida posible al atolladero en que ha quedado atrapado el ser humano. Al final es el amor el que salva al Don Juan de Zorrilla, a Raskólnikov de Dostoyevski, y a ti y a mí.

La confluencia de almas no es flor para quien no fluye en su propia oscuridad. Las conexiones subterráneas convergen con el encanto escondido bajo diversas actitudes: en la sincronía, en la imaginación activa, en la cultura y siempre, en las maneras (la otra educación).

Tratamos simplemente de no caer por el precipicio del agotamiento. Es la desvinculación de los estados emocionales o de relaciones que podrían originar apegos. Optamos por desaparecer y nos convertimos en lechuga.

Al sacar de nuestras vidas al amor romántico, la mayor parte de las tendencias narcisistas desaparecen de la identidad psicológica y espiritual. Cierras una puerta, se abre una ventana: acabamos con la mente condicionada y aparece la impermanencia.

Así nos bate el desafío de las relaciones: o nos desatascamos o nos quedamos sin alma…

Estatua del padre de los Panero en un fotograma de “El desencanto”, de Jaime Chávarri
https://www.youtube.com/watch?v=QLG2Yv5tO04

El objetivo es liberarnos mientras, la polarización campa a sus anchas: solo somos capaces de manejar ciertas emociones y funciones relacionales. Cuando conocemos a alguien y comenzamos una relación, evaluamos inconscientemente sus cualidades, atributos, tendencias y capacidades emocionales. Gradualmente, insidiosamente e inconscientemente, a medida que la relación avanza, emerge un poderoso proceso psicológico de asignación de roles emocionales.

Por si fuera poco, lo que hemos vivido anteriormente nos condiciona. Y si las circunstancias de vida presente son peleagudas… No es caos, son la desgana y el agotamiento los que nos empujan a pegar la vuelta.

Existe una gran cantidad de teorías psicológicas que intentan conceptualizar por qué ocurre. Se formulan alrededor de una multitud de emociones y funciones de rol en cualquier punto de una relación.

https://sepimex.wordpress.com/2014/12/10/que-funcion-tienen-las-emociones/

Sabemos lo que debemos hacer, ya que no suele ser algo que no entendamos, al revés es algo que sí entendemos muy bien. Pero tendemos a postergar o prevenir, y un mes se convierte en un año, que se convierte en una década. Esta incapacidad no es un defecto de carácter, sino que parece ser uno de los elementos centrales de la condición humana.

Actuar y resolver provocaría un cambio, interrumpir el status quo y la rutina a la que muchas personas se aferran y donde encuentran consuelo. Crearía un límite entre el pasado y el presente, marcando el paso del tiempo, la inevitabilidad de la pérdida y la nostalgia de lo que una vez fue y lo que nunca pudo ser. Paradójicamente, tiene el efecto de hacer que la persona se sienta mal, engendrando autocrítica.

Hacer un cambio, está imbuido de una sensación de fracaso , inicia el miedo a lo desconocido y desencadena ansiedad por no saber si las cosas finalmente saldrán bien. La situación personal en el presente se ha convertido en una parte tan importante de la identidad de las personas que se supone que es personalmente definitoria y permanente cuando, de hecho, todas las cosas en la vida, incluso la vida misma, son impermanentes.

El ser humano está bien arraigado en una narrativa compleja, construida con el tiempo, sobre la prueba o el enigma que le causa angustia, hasta parecer irresoluble.

En “La Vida es Sueño”, Calderón ponía en boca de Segismundo la audaz alternativa ante la aparente inconsistencia de la vida: “Atrevámonos a todo”.

Los psicólogos actuales recomiendan acabar con los «efectos de expectativa«, esas actitudes inconscientes que una persona incita en otros, y que no están vinculadas a ningún factor o característica directa u obvia. Los efectos de la expectativa son, en esencia, los precursores de las indicaciones neurobiológicas. Estas señales no se reconocen conscientemente; en cambio, activan sutilmente una forma estilizada de pensar y sentir acerca de otras personas y, gradualmente organizan y dan forma a las respuestas que están alineadas con las mismas. Más allá de nuestra conciencia e intencionalidad, estamos comunicando neurobiológicamente nuestra historia a otros de manera que, en última instancia, parece perpetuarse esa historia.

 

Nuttin (1985) , declaró que todavía es un reto para la investigación psicológica, la representación de las complejas relaciones que acontecen entre los deseos y afectos humanos, las metas y planes de acción sobre el mundo percibido y pensado’ y la actividad psíquica.

 

Cada uno de nosotros tenemos una plantilla relacional inconsciente que determina a quién amamos, por qué los amamos y cómo nos aman, y muy poco sobre esta plantilla de nuestras propias elecciones o incluso nuestras preferencias están bajo nuestro control consciente.

El auto- conocimiento y auto-control de las emociones se puede asemejar a las nociones de auto-eficacia, auto-determinación y causación personal.

Metacognición y emociones, «aprender a aprender», para llegar al equilibrio emocional
https://journals.copmadrid.org/psed/art/6ba3af5d7b2790e73f0de32e5c8c1798

Lo que sucede debajo de la superficie, y lo que realmente motiva a dos personas a unirse, es una dinámica inconsciente que llamada «reclutamiento». Y el reclutamiento es un proceso que generalmente no termina bien, debido a la naturaleza desconcertante del amor, ya que o los amantes románticos no son héroes más grandes que la vida, ni son capaces de detener el tiempo.

La verdadera intimidad no hace promesas, enfrenta «heroicamente» lo que venga, sin más.

Pero: ¿cómo llegar a una combinación de amistad profunda, conexión con el alma, propósito emergente y tierno apoyo empático sin indulgencia?

Tal vez, respetando los límites emocionales y físicos sin invadirlos. Con una pasión emocional y sexual tranquila y profunda. Siendo sinérgicamente algo más que la suma de partes individuales.

 

Las inseguridades

Helios Manzano Sánchez-Pantoja ♦ Pensador, divulgador molesto

Sábado, 3 de agosto de 2019

Muy buenos días amigos y amigas de todo a zen.

Vamos a hablar de las inseguridades y los miedos. A todos nos pasa que nos avergonzamos de nuestras inseguridades y nuestros miedos, hasta el punto de ocultarlas al resto de las personas.

Sin embargo, no solo es algo de lo que no debemos avergonzarnos. Es algo que hay que mantener ahí. 

En el momento en que te diriges a algo que deseas, el miedo y las inseguridades van a hacer su aparición, y eso está bien porque te obliga a estar alerta contigo mismo. Si no, iríamos a lo loco y probablemente lo estropearíamos todo.

Esos miedos, que por muy elevado o elevada que te encuentres siempre van a aparecer, son tus mejores aliados.

Generalmente, cuando una persona dice que ha aceptado sus miedos, pero no ha hecho este trabajo interior, lo que en realidad ha hecho es resignarse a ellos sin aprender a vivir con ello, y obliga al resto de personas a resignarse también a ellos. 

No es así, Si los conoces, y entiendes su papel en tu historia, entonces puedes convivir con ellos, y aprovecharlos para conocerte mejor, y lograr tu objetivo haciendo una maniobra redonda.

Como dijo Don Juan “a la guerra como al amor, hay que ir con miedo, con respeto, con los ojos bien abiertos, y con absoluta confianza.

Muy buenos días!

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VOLVER AL TRABAJO TRAS EL CÁNCER

Mar Outsiders (Campillo) ♦ Periodista

Martes, 16 de julio de 2019

La tasa de supervivencia al cáncer, gracias a los avances en el diagnóstico y mejores tecnologías de tratamiento, cada vez es mayor. De las personas sobrevivientes, las que se encontraban en su mejor momento laboral, tienen una difícil cuando no imposible reinserción laboral, no solo por los efectos del tratamiento.

En su número de octubre de 2015, la revista Time reflexionaba sobre
los retos ante el cancer. Es un impresionante texto periodístico:
http://Why Doctors Are Rethinking Breast-Cancer Treatment

Los sobrevivientes de cáncer regresan a su actividad laboral, si la tenían, desprovistos de un plan de reintegración. Quienes que se encontraban desempleados rara vez disponen de algún plan de reiserción laboral. Muchos sienten una profunda sensación de aislamiento durante su período de baja por enfermedad, y muchos terminan siendo diagnosticados de depresión. Volver al trabajo puede mejorar la calidad de vida de muchos pacientes que han superado el cáncer.

Pocos estudios han abordado el estado de evaluación de la aptitud para el trabajo, y efectos secundarios como fatiga, linfedema y dolor tras el tratamiento agudo, no reciben una evaluación médica antes del regreso a la actividad laboral. De hecho, una gran cantidad de personas no reciben una evaluación médica antes de reintegrarse en su trabajo.

Los obstáculos para volver al mercado laboral son abundantes. Desde la perspectiva del lugar de la actividad, podríamos mencionar la carga de trabajo (o el sistema del mismo), la ausencia de un programa de rehabilitación y la falta de apoyo legal / financiero. Desde la perspectiva social, desborda la falta de “tacto” colectivo y la percepción de que el cáncer no es una responsabilidad social ni un desafío común.

Y si incluímos la exigencia de tener la capacidad de volver al mismo nivel anterior o al del trabajador medio, la quimera se convierte en pesadilla.

La solicitud de programas de retorno es una reivindicación, que con perspectiva social mejoraría la comprensión sobre el cáncer, y que a través de la educación aclararía su percepción, factor clave para los empleadores.

 

“Se calcula que hay más de 230.000 afectados por cáncer y, de ellos, 90.000 están en edad laboral. Los datos del CNIO aseguran que en unos años 1 de cada 2 hombres padecerá algún tipo de cáncer, y 1 de cada 3 mujeres también.  En el año 2018 más de 25.000 personas se encontraban en estado de extrema pobreza a causa de esta enfermedad. PLAN DE INSERCIÓN LABORAL POST-CÁNCER. Necesito seguir viviendo:

https://www.change.org/p/administraciones-locales-inserci%C3%B3n-laboral-post-cancer-necesito-seguir-viviendo-c7ed6e27-eb1d-49e1-b5fb-26bd9c185745

La reintegración laboral y social de los sobrevivientes, ahora de mediana edad pero cada vez más jóvenes, y que formaban parte de la fuerza laboral en el momento del diagnóstico, es esencial. Por lo tanto, volver al trabajo es un elemento importante y un signo de un regreso a la normalidad.

«Las células cancerosas malignas muestran un alto grado de adaptabilidad, conocida como plasticidad». El Médico Interactivo

Actualmente, los procedimientos establecidos para ayudar a volver al trabajo son prácticamente inexistentes. Los empleadores, los defensores legales, los proveedores de atención médica, los patrocinadores de los servicios de apoyo y las agencias gubernamentales deberían ayudar a eliminar la discriminación y minimizar los efectos adversos del cáncer en el empleo, apoyando al mismo tiempo a los sobrevivientes a corto y largo plazo.

El cáncer se considera una enfermedad crónica en la UE y los EE. UU.  Pero no se abordan los problemas del regreso al trabajo.

Un examen adecuado requiere una comprensión clara de cómo atender y proteger los intereses del empleado y aquí es donde aparece el conflicto: al relacionarlos con las inquietudes del empleador. En consecuencia, se debería dar prioridad a un papel adicional: el mediador entre el médico y el empleador, cuya capacitación, apoyo y recursos podría ayudar a facilitar el empleo y la retención de empleo entre los empleados enfermos de cáncer.

 

Los retornos escalonados, cambios en las tareas de trabajo (por ejemplo, menos físicos, atención al cliente), es decir, los cambios en el entorno físico y servicios de asesoramiento y terapéuticos, deben acompañarse de programas de apoyo dentro de las empresas, para garantizar que los sobrevivientes de cáncer puedan volver a trabajar de manera estable y mantener sus trabajos.
En la última década, se ha puesto mayor énfasis en incluir a las personas con enfermedades discapacitantes (incluido el cáncer) en la sociedad y en el mercado laboral. Esto ha sido fomentado por un movimiento en toda Europa, que ha logrado la implementación de una legislación que incluye, en algunos casos, esquemas obligatorios de cupos de empleo, leyes contra la discriminación, derechos de protección laboral y políticas específicas del mercado laboral. No podemos olvidar que los sobrevivientes de cáncer también son miembros de la sociedad, y deben recibir apoyo social y alternativas para la reintegración.

La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) planteó la necesidad de elaborar un Plan Integral de Atención a los Largos Supervivientes de Cáncer. Su objetivo es abordar de forma sistemática la atención de este colectivo de personas, y considera que las Autoridades Sanitarias, las Asociaciones de Pacientes, las Sociedades Científicas y los Grupos Cooperativos (GGCC), que realizan investigación independiente en Oncología, deberían abordar este creciente problema de una forma coordinada. ISBN: 978-84-695-8843-7.

La Plataforma de Pacientes reivindica medidas que favorezcan la inserción laboral de las personas con enfermedad crónica (abril 2.019).

Trailer. ‘Ser paciente en España’. Capítulo 2: Laboral

 

PROBLEMAS A BATIR EN CUANTO A LA LEGISLACIÓN LABORAL:  
 
.- La no contratación por razón de la enfermedad tras un proceso de selección. El aspecto fundamental para resolver la cuestión planteada es que se pueda probar que las razones que han motivado la no contratación son discriminatorias, ya que la ley lo impide.
.- La cuestión de si es posible el despido por estar de baja a causa de la enfermedad. El Estatuto de los Trabajadores introduce entre las causas objetivas de extinción del contrato laboral las faltas de asistencia al trabajo, aun justificadas si son intermitentes.
.- La razón del despido por la enfermedad. El Estatuto de los Trabajadores establece como causa objetiva de extinción del contrato la ineptitud del trabajador conocida o sobrevenida con posterioridad a su colocación efectiva en la empresa.
 

ALGUNAS ACCIONES PARA LA ESPERANZA:

“En España contamos con multitud de estudios e investigaciones que hablan de incidencias médicas de los pacientes oncológicos, pero muy pocos que se refieran al impacto que produce la enfermedad en el ámbito socioeconómico de los pacientes y sus familiares. Kilian, trabajador social de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) en La Palma.

El Servicio Andaluz de Empleo (SAE) trabaja desde el año 2005, en un Programa de Inserción Laboral con el objetivo de promover la inserción socio-laboral de este colectivo, un itinerario personalizado de inserción laboral a pacientes de cáncer y sus familiares en primer grado que sean demandantes de trabajo, tras el protocolo de colaboración suscrito en materia de orientación profesional con la Asociación Española contra el Cáncer (AECC).

 

  • La Fundación Randstad y AECC firmaron un programa de un año de duración para favorecer la inserción laboral de personas que hayan padecido cáncer, (2015).
  • La AECC sirve de eje vertebrador de las acciones relacionadas con la inserción laboral de las supervivientes de cáncer. Ejerce una acción facilitadora de relación/comunicación entre los diferentes estamentos públicos (sanidad, empleo, asuntos sociales, igualdad) y las mujeres. Los resultados obtenidos en Almería han planteado la extensión del Programa a otras provincias.

Si amig@s, algunas veces… No se puede.

Helios Manzano Sánchez-Pantoja ♦ Pensador, divulgador molesto

13 de julio de 2019

En esta nueva era de la new age, que lo único ha hecho es cambiar a “Dios” por “el Universo”, vivimos rodeados y abrumados por un absurdo exceso de positivismo mal entendido.

Escuchamos a todas horas “Hay que estar bien, porque si no todo te sale mal”. Y, hala… Al agobio diario hay que sumar la culpa y el estrés de saber que, si no nos sale bien es porque no estamos las 25 horas del día al 500% de nuestra capacidad de “estar bien”.

Es ridículo tratar de eliminar emociones, como el que quita pelusas del ombligo. 

Aquí cada cosa tiene su tiempo y su lugar, y el trabajo consiste en entender y aprender a usar esas emociones, que no son positivas y negativas de por sí, más allá del uso que les demos.

Si te has dado con el meñique en las esquina de la mesilla de noche al levantarte, y no te permites ese ratito de blasfemias inocuas, forzando la sonrisa, el cuerpo te va a estar recordando todo el día que no le permitiste el desahogo, y probablemente por la noche el dedo te siga doliendo. Si se te ha muerto el canario, guarda luto y llora un rato.

Es lo natural.

Lo que no es natural es amarrarte un cable a la comisura de los labios, y sonreír a fuerza de que deje de llegarte sangre al cerebro.

¿Y si te viene un tigre de frente? ¿Le vas a sonreír? Porque no es bueno sentir miedo, según las sabias enseñanzas del Gurú.

No tengas miedo del tigre, porque el estrés es malo para el cuerpo. Mejor corre despacito, poniendo la atención en la respiración…. Aconseja el tigre.

Y Bon Apettit!

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El juicio final

♦ Director-Editor de plazabierta.com

5 de julio de 2019

Nadie da la voz de alarma ante lo que estamos a punto de convertirnos.  No se trata de derrotismo,  sino de la inminente destrucción del ser humano por el propio ser humano. 

Y no sólo me refiero a la constante degradación de lo biológico que,  a pesar de los avances de la medicina y de la ciencia en general,  por nuestra inconsciencia y falta de responsabilidad cada día mayor con nuestro planeta estamos convirtiendo nuestro hábitat y el de la fauna en general, en un estercolero,  con el consiguiente riesgo cada vez  mayor para nuestra salud. Pero, nuestra supina idiotez cuando más se hace evidente es cuando nos relacionamos con nuestros congéneres  yendo nuestra actitud destructora más allá de nuestra materia, me refiero a la destrucción del espíritu, del alma, de aquello que todos tenemos dentro y que nos hace ser mejores personas.

El corazón del ser humano es cada vez más impermeable a los sentimientos, se va volviendo tan negro y duro como el carbón con el paso del tiempo, aquellos sedimentos que almacenamos con nuestra experiencia van solidificándose y, en vez de utilizarlos como experiencia formando parte de nuestro aprendizaje, los transformamos en arma arrojadiza contra quienes nos acompañan en este camino de la vida. Los convertimos en frustraciones haciendo responsable al resto de mortales, creando una coraza a nuestro alrededor para evitar que los demás nos vuelvan a hacer daño, lo que nos hace cada vez empatizar menos con sus problemas y necesidades.

Está bien que las experiencias negativas nos hagan ser precavidos, pero de ahí a la desconfianza y al odio hay un paso importante. De todo se aprende, de lo bueno y de lo malo, pero para que tales experiencias no nos hagan sufrir debemos catalizarlas en nuestro interior, provocando una proceso de aprendizaje, adquiriendo consciencia que nuestra vida, como la de todos, al igual que el tablero del ajedrez está formada por cuadros negros y blancos sobre los que inexorablemente debemos pisar para afrontar cada una de las partidas que se nos presentan en el juego de la vida.

Cuando el rencor se apodera de nosotros, sin darnos cuenta estamos sobrepasando la barrera del mal, nos hace ser desconfiados y vengativos, sumiéndonos en un mundo de tinieblas que poco a poco nos lleva a la oscuridad más absoluta, hundiéndonos cada vez más en ese pozo de fango del que nos resultará imposible salir, provocando nuestra propia destrucción y la de los demás, con confrontaciones absurdas, confundiendo dignidad con soberbia.

Hace unos días observaba a dos amigos discutir y aprendí que es cierto eso que se dice que “no hace daño quien quiere sino quien puede”. Los dos acumulaban experiencias negativas de la relación entre ambos, pero mientras uno usó el camino del reproche el otro aprovechó pare reconocer sus errores y pedir perdón, perdón que no fue logrado ante el resentimiento de quien quería utilizar el momento como venganza. Quien no lo otorgó continuó con su frustración, mientras que el otro quedó liberado de sus cargas emocionales. Indudablemente de esa pretendida contienda salió vencedor quien no penetró en lado oscuro de la vida. 

En definitiva, se trata de evitar que nuestros sentimientos negativos nos destruyan y sólo hay un camino para conseguirlo, ser cada día mejores o al menos pretenderlo, y para ello solamente tendremos que hacer un esfuerzo, primero de autocrítica y después de comprensión hacia los demás, porque, comprenderlo todo, como dijo Lev Tólstoi, es perdonarlo todo. Aunque realmente no se trata de perdón, se trata en transformar nuestro corazón en algo tan bello como el diamante, más duro que el carbón pero que transforma el rayo de luz que a través de él penetra en un haz de colores maravillosos que nos hará más felices.

El triunvirato

Helios Manzano Sánchez-Pantoja ♦ Pensador, divulgador molesto

4 de julio de 2019

 

Hay muchas formas de concebir a la Santísima Trinidad. Unos lo hacen en forma de misterio convenientemente irresoluble, otros lo extrapolan a otras religiones, y otros…. Como yo, lo hacen de la manera que les da la gana….

En este caso, de una forma útil, cercana, y nada mística.

Dividamos, para este ejercicio, a tu persona en tres.

A saber:

  1. Tu mente subconsciente
  2. Tu Cuerpo

Hago esta subdivisión porque tenemos una contradicción constante en casi todo lo que hacemos y pensamos, pero siempre se nos olvida meter un factor…. El Cuerpo. Ese olvidado, que se lleva todo lo peor del día, y el que al final nos aplasta contra el sofá, aunque aún la mente no esté en posición de relajarse… A esa mortífera mezcla la llamamos “Insomnio”.

Nos creemos que todo está en nuestra cabeza, y no es así. El cuerpo tiene su propia voz, necesidades, opinión, e incluso ilusiones y expectativas… 

Y tiene una tremenda ventaja y desventaja. El cuerpo no sabe la diferencia entre dentro y fuera. Por eso cuando recuerdas aquel suceso trágico en el cual le dijiste a la chica que la querías, y ella te mandó a freír monas, tu cuerpo vuelve a producir esa sensación de dolor… Porque para él, está volviendo a pasar.

E, igualmente podemos calmar al cuerpo imaginando el objeto de su zozobra, pero de manera positiva. Así pensará que está sucediendo eso que anhela, y por lo menos un rato le tenemos contento. 

En ese momento, notarás que la energía sube que no veas…

En definitiva, es imprescindible entender que no siempre somos nosotros los que hablamos… A veces si, pero a veces es la mente subconsciente, y a veces es el cuerpo. Y aunque siempre hay que escucharles, no siempre hay que hacerles caso.

Aprender a usar uno para calmar al otro es un arte con unas aplicaciones impresionantes… Tanto es así, que seguiremos charlando de esto en artículos posteriores.

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La Vida Eterna

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

3 de julio de 2019

Concebir el futuro es una actividad importante. Desde la magia, desde la ciencia o las artes, fundamentalmente la literatura, asomarse a lo que vendrá ha sido, es y será, un ejercicio con gran predicamento social.

 

En muchas ocasiones hay personas que desconsideran esa búsqueda como una concesión a la fantasía, como una pérdida de tiempo o como un ejercicio inútil ya que no llegaran a vivir lo imaginado. Cada uno tiene sus valores, sus inquietudes y sus percepciones, y son difíciles de discutir.

A mí me interesa el futuro, tanto el que me tocará vivir, de mañana en adelante, como el que seguramente no llegaré a conocer, ese que con tanta facilidad llamamos lejano olvidándonos de que ya en su momento le habíamos llamado así al presente que vivimos.

Intentar imaginar el futuro es un ejercicio de responsabilidad. Imaginar el futuro proyectando hacia adelante las tendencias y corrientes que vivimos actualmente y la evolución que hemos vivido es una forma de ser más consciente de los errores cometidos y de las consecuencias que las decisiones actuales pueden tener en nuestros descendientes.

Tal vez el ejemplo más claro, más palpable, sean las consecuencias climáticas, me niego a caer en el tópico del cambio, que las decisiones para un consumo desaforado han provocado, y como esas consecuencias condicionan el futuro. Lo terrible sería ignorar lo que sucede y no extrapolar la actualidad para saber qué mundo vamos a legar a los que vengan detrás.

Quitando de nuestro argumentario las mancias y las ciencias, a veces tan cercanas que limitan, si hacemos un repaso por la literatura nos encontramos una cantidad ilimitada de obras, de mayor o menor calidad, que intentan contarnos ese futuro, obras que pertenecen a esa rama de la ciencia ficción que se llama anticipación. Y si bien muchas se recrean en la fantasía, o en los viajes espaciales, o en los avances técnicos, o en los seres que podamos encontrar, otras, y muy serias, intentan hacer un retrato de la sociedad futura, de su entorno, de sus valores, de sus logros y de sus fracasos.

Novelas como “Farenheit 451”, “Un Mundo Feliz”, “1984” o “Sueñan los Androides con Hormigas Eléctricas”, por nombrar solo las más conocidas, son un claro ejemplo de estas últimas, y todas ellas son distopías. Todas ellas recrean un mundo en el que el poder se retroalimenta, la riqueza se acumula en unos pocos, o desaparece, y la sociedad es incapaz de encontrar los cauces para corregir esos errores. Todo queda confiado a las manos de algún rebelde ocasional con más posibilidades de testimoniar un fracaso que de alcanzar a lograr alguna solución.

Sí, es verdad que la distopía es más fácil de contar y tiene más lectores que la utopía, no lo olvidemos, pero también es verdad que los síntomas que se perciben alrededor no dan para imaginar grandes alegrías.

La pérdida sistemática de derechos individuales en favor de derechos colectivos, casi siempre miedos y casi siempre, posiblemente, inducidos o alimentados, la pérdida de valores éticos, cuando no su decadente confusión, y la implacable y cada vez más acentuada brecha entre ricos y pobres en nombre de un ultra liberalismo suicida, como respuesta a unas políticas socialistas que han ido de fracaso en fracaso, hacen concebir un futuro con pocas esperanzas.

Y es esa brecha entre ricos y pobres, esas estadísticas que nos dicen que un reducido porcentaje de la humanidad, donde digo reducido dígase exclusivo, acumula más bienes que la inmensa mayoría, que en gran parte vive en la miseria, es la que hace que la posibilidad de que la humanidad viva momentos de injusticia y opresión sea la más plausible. Pero no una injusticia cualquiera, que de esa ya tenemos mucha, no una opresión cualquiera, que esa ya la sufrimos, en muchas ocasiones sin ni siquiera ser conscientes, si no de las más profundas e intolerables, las que afectan a la vida.

La biotecnología en particular y la medicina en general, avanzan a un ritmo que ha llevado a algunos visionarios, por ejemplo José Luís Cordeiro, a asegurar que a mediados de este siglo el hombre podrá matar a la muerte, o sea, logrará ser inmortal. Que la medicina y la tecnología juntas podrán solventar cualquier dolencia, carencia o accidente que el hombre pueda sufrir. No sé si la fecha es válida, ni sé si ese planteamiento tan absoluto es cierto, pero lo que sí sé es que si ese planteamiento fuera cierto solo lo sería para aquellos que pudieran pagarlo. Que las mafias podrían vender vida, que el dinero podría comprar vida, y que habría una inmensidad de la raza humana que moriría contemplado la perpetuación de unas castas poderosas que les negarían el acceso a la posibilidad de vivir más tiempo. Que la muerte pasaría de ser la gran igualadora a la más despiadada clasista.

No quiero imaginarme ese mundo. No quiero imaginarme un mundo en el que la vida, la duración de la vida, sea un valor de referencia. Un mundo en el que vivir más o menos dependa del estatus social, del poder logrado, de la cercanía conseguida a las fuentes de riqueza. No quiero imaginar la absoluta abyección en la que se llegaría a caer por logar un tiempo más. No quiero imaginar la desesperación de ver morir a un hijo, a una pareja, a unos padres, en la impotencia más absoluta, mientras otros acumulan vida más allá de lo racional. No quiero ni imaginarme un mundo en el que la vida prolongada sea un lujo solo al alcance de unos pocos. No quiero mirar al sistema sanitario de la mayoría de los países de este mundo y proyectarlo sobre un futuro en el que la medicina otorgue una vida de mayor duración, de mayor calidad.

No, a veces es mejor no imaginar, a veces es mejor cerrar los ojos y morir a tiempo.

La perespectiva del Tiempo

Los chascos

 

Diccionario mediante, un chasco es

(Voz onomatopéyica.)

  1. s. m.Decepción, desengaño o sorpresa que produce un suceso o una contestación inesperados o adversos.

Si lo dice el diccionario… Pero ¿Qué es adverso? ¿Por qué es adverso?

“Tío, me he declarado a la chica que me gusta, y me ha dicho que no, vaya chasco”

Tía, me han rechazado el currículum en la empresa que me daría el sueldo que quiero”

Casi todo el mundo se desanima en estos casos, y mucha gente pone un THE END a la historia que quería comenzar, ante una, dos o tres negativas por parte de la parte interesada en el asunto… 

Es normal, en la mayoría de los casos estamos educados para “conservar la dignidad” en el caso de una negativa, y salir con la cabeza alta (y la autoestima en los pies) por la puerta de atrás.

¿No será que no hemos tenido paciencia para ver el final de la historia? ¿Qué, por miedo al “CHASCO”, por temor a “HACER EL IDIOTA” nos hemos desvinculado de nuestro deseo en cuanto hemos oído o interpretado una negativa a conseguirlo, ya sea por parte del exterior, o de algunas de las “sabias” voces del interior?

Así es, amig@s. El temor a hacer el ridículo, el vernos a través de los ojos de los demás como que nos hemos estrellado… Esa famosa escena en la que, rodilla en suelo nos declaramos en un restaurante, y ante la negativa y posterior huida de la interfecta, miramos a los que nos están mirando y decimos “¿No os fastidia que os pase esto?”

Nos aterroriza tanto hacer lo que consideramos un ridículo a ojos de otros, que rápidamente nos alejamos de nuestro deseo, y nos aseguramos de no volverlo a intentar.

No es así. La autoestima no se pierde por intentarlo las veces que haga falta. Lo que baja la autoestima hasta subsuelos inalcanzables es DEJAR DE PERSEGUIR lo que queremos. Y lo que la eleva hasta el cielo, lo consigamos o no, es saber que hemos puesto toda la carne en el asador.

Y os digo más. La actitud que genera ese discurso interior de “lo merezco, y voy a hacer todo lo posible por conseguirlo me digan lo que me digan desde fuera” se refleja en el exterior… Esa energía se siente, y abre muchas puertas que parecían cerradas, e incluso desoculta puertas donde parecía que solo había paredes.

Y si no se consigue, todo ese tiempo que has empleado en fortalecerte, formarte, trabajarte interiormente… Todo es premio te lo llevas tu. Y, lejos de deprimirte, sales tremendamente renovad@ de la experiencia, con una enorme confianza en tus capacidades, que sin duda te serán de gran utilidad en el siguiente proyecto…

…Que, probablemente sea el que de verdad te conviene.

Mirad la historia en su conjunto, con perspectiva… Recordad que solo vosotr@s podéis poner el THE END a la historia que queréis comenzar… 

Solo vosotr@s, y nadie más.

¡Y sed felices!

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DIARIOS DE LAS ESTRELLAS, o el Vago Profesional que hay en Mi.

Helios Manzano Sánchez-Pantoja ♦ Pensador, divulgador molesto

18 de junio de 2019

¡Dejar las cosas para después! Que bello y patrio deporte… Hablemos de ello.

Es genial y quizá hasta genético el dejarnos llevar por el vago en nosotros. 

¡Qué maravilla tener tiempo para no hacer nada!

La cosa es que no lo hay, y aunque el tema de porque necesitamos descansar de las cosas que nos gustan da para varios artículos y una conferencia, no lo vamos a tratar aquí.

Sin reproches de ningún tipo (el religioso en nosotros es un brasas de cuidado), te invito a reflexionar sobre tal asunto.

 ¡Y te invita un vago profesional! Estoy federado y todo… Iba a ir a una competición, pero al final pasé de ir… 

La medalla de oro me la enviaron por correo.

A pesar de que, cuando pensamos en una situación idílica, nadie se imagina currando como un borrico, y todos nos vemos con daikiri, hamaca y porteadores, lo cierto es que nos llenamos de cosas que hacer— ¿¿Por qué?? Si lo que más nos mola es hacer el cactus… ¿Por qué gaitas chirriantes nos petamos el día de cosas, y cuantas más hacemos, mejor nos sentimos con nosotr@s mism@s? ¿Es que somos idiotas? ¿Esclavos contentos? ¿Simplemente masocas?

Bien pudiera ser… Pero no.

Lo cierto es que nos llenamos de cosas que hacer, porque nos gusta, porque es sano, porque se avanza mucho en el camino personal haciendo cosas por fuera, que constantemente nos obligan a revisar lo que tenemos por dentro. Es natural hacer cosas, y lo que hay que conseguir es que todo lo que hacemos nos guste, e ir consiguiendo actividades que nos gusten cada vez más.

Cuántas veces hemos pensado “Bah, que se ocupe de esto mi YO del futuro, yo estoy a gusto ahora tumbao, y me lo merezco.,.. Que trabajo mucho”

La cosa es que si decidimos hacer algo en un momento dado, es porque es en ese momento en el que todas las piezas se han colocado para hacerlo. Si no, no llegaríamos a esa conclusión.

Dejarlo para después, hace que la maquinaría siga rotando, y cuando nos ponemos a ello (con cierto cargo de conciencia, por saber que vamos con retraso) algunas, si no todas las piezas han continuado su rotación, y ya no salen las cosas tan fluidas… 

Y lo peor, es que nuestro YO del futuro en ciscará en nuestros parientes más cercanos por no haber hecho las cosas en su momento… Porque luego, efectivamente… ¡HAY OTRAS COSAS QUE HACER!

Así que la conclusión a la que llego como vago profesional, después de mi larga experiencia, es que hay que hacer ambas cosas… Primero hacer, y después disfrutar de la vaguería en toda su extensión.

Por extensión, quiero decir estar tumbaos.


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La satisfacción de ser mejores

Feliciano Morales ♦ Director-Editor de Plazabierta.com

23 de mayo de 2019

Hay una canción de Joaquín Sabida que dice: “igual que una co… te digo la o”… “como te digo una cosa te digo la otra”, y así es, pues de sobra es conocido por quienes me leen de mi sentimiento misántropo en ocasiones, sobre todo cuando pretendes analizar como el devenir de los acontecimientos nos están llevando a un mundo deshumanizado. Sin embargo, sería de necios o de ególatras el pensar que en este mundo no hay gente buena, personas preocupadas por el mundo que les rodea, personas responsables, personas cuyas virtudes no aparentes, sino reales, nos enseñan o dan ejemplo en el día a día con su conducta de cuál ser nuestra forma de actuar con respecto a nuestros congéneres para hacer de ese mundo un mundo mejor.

La cuestión parece simple: “trata a los demás como te gustaría que tratasen a ti”, sin embargo, no es así, pues es inevitable que en las relaciones humanas surjan roces y con esos roces ciertas actitudes no toleradas en nuestros semejantes, a veces por soberbia, otras por envidia, y la mayoría de las veces, ni se sabe cual es el motivo para tener tantos frentes abiertos. Es evidente que la complejidad del ser humano es fruto de su sistema emocional y racional, estando la solución como en la mayoría de las cosas en el equilibrio entre ambos.

Una persona puramente racional, no sería más que una máquina, un ente frio, calculador, habida cuenta que la razón no es más que la relación entre ideas o conceptos con el fin de  obtener conclusiones o formar juicios. Las emociones son necesarias, puesto que muchas de nuestras actuaciones son fruto de nuestro sentimiento, así, por ejemplo, el socorrer a nuestros semejantes es fruto fundamentalmente del sentimiento de la compasión. Pero, además, este juego entre la razón y el sentimiento no se puede sustraer de los estereotipos sociales cuando se habla de relaciones humanas, es decir, de creencias generales relacionadas con un grupo o una clase de personas concretas, muchas veces de manera preconcebida y sin fundamentos teóricos, lo que aún hacen más compleja, si caben, las citadas relaciones.

Por consiguiente, hacer a los demás lo que nos gustaría que nos hiciesen a nosotros está muy bien, como la mejor manera de conseguir armonía en las relaciones tanto a nivel individual como social con otras de personas, sin embargo la complejidad de nuestro sistema de pensar, actuar y sentir, hace que perdamos el Norte, entrando en un mundo de confrontaciones absurdo, a no ser que, lo que se pretenda es quedar por encima de los demás.

La confrontación debe existir, entendida ésta como un cotejo de una opinión con otra, sin elementos violentos o de imposición de ideas, sino a través de la dialéctica como técnica de dialogar y discutir para descubrir la verdad, en la que, inevitablemente, es necesario la exposición y confrontación de razonamientos y argumentaciones contrarios entre sí, pero nunca con el ánimo de desplazar a la persona, sino al argumento.

En definitiva, se trata únicamente de ser honestos con nosotros mismos y con los demás, como sinónimo de decente, decoroso, recatado, razonable, justo, probo, recto u honrado según detalla el diccionario de la Real Academia Española; porque no nos quepa la menor duda que solamente de esto se trata, así estaremos más cerca de conseguir nuestra felicidad y la de los demás. Pero, hay de llevarlo a cabo, incluso cuando los demás no se lo merezcan, porque así sólo él quedará evidenciado.

Claro que el mundo puede cambiar, aunque sólo sea nuestro pequeño mundo. Es difícil, pero no imposible, además la satisfacción que nos reportará merece la pena, aunque nada más sea para dormir a gusto todas las noches.

Embaucadores





17/mayo/2019
Feliciano Morales. Director-Editor Plazabierta.com

Muchas personas cuando hablan encandilan, dicen palabras bonitas, pero sólo son eso: palabras.  Podríamos decir que en estas personas “del dicho al hecho hay mucho trecho” tal y como reza en nuestro rico refranero, sólo buscan quedar bien, pero sin adoptar compromiso alguno o lo que es peor, dicen una cosa y hacen otra.

En ellas el “buenismo” no existe, no son hacedores del bien, son predicadores y repetidores de frases hechas, de consejos que ellos mismos son incapaces de poner en práctica, aduladores que buscan embaucar a quienes le rodean, el reconocimiento social a su aparente bonhomía.

Esta forma de actuar no es más que una manifestación perversa de su cinismo.  Un cinismo adornado con joyas verbales. Se esconden detrás de una falsa apariencia, bajo el manto del buenismo, haciendo un marketing social de si mismo y de sus ideas atizando luego en la penumbra a quien no piensa o actúa como él. Hacen en público concesiones generosas para evitar conflictos, tanto a nivel personal como social, en un intento hipócrita de apaciguamiento.

Buenista viene de bueno, como dice la RAE es una actitud de quien, ante los conflictos, rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con extrema tolerancia, siendo esta la imagen que tratan de dar aquellos farsantes con piel de cordero. En público dicen una cosa y en privado hacen otra, incluso en determinados ámbitos actúan de manera diferente según el foro en el que se encuentren. En definitiva,  no dan la auténtica cara, van de apaciguadores cuando luego son ellos los que crean los conflictos o echan leña al fuego para que no se apague.

Hacen una caridad de reconocimiento social, sólo para que los demás les ensalcen. Perdonan en público agravios recibidos pero guardan el rencor en su interior, no son capaces del olvidar, estando al acecho de quien le agravió, para en pequeños comités destruirle. No van de cara.

Se olvidan de que los problemas se pueden solucionar a través del dialogo, la solidaridad y la tolerancia, siendo éstas, a tal caso, apariencias iniciales dentro de un mero postureo.

Viven socialmente en una constante actitud artificiosa e impostada que adoptan por conveniencia o simplemente para presumir, en busca de una “posverdad” que no es más que una distorsión deliberada de la realidad, siendo capaz de manipular creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública.

No son más que embaucadores a través de una falsa representación de virtudes de las que carecen. Son un fraude social en busca de un populismo sonriente.

Están lejos de ser libre-pensadores porque buscan solución a los problemas con términos acuñados en vez de con argumentos y análisis de los argumentos contrarios. Están lejos de ser buenas personas, aunque lo parezcan.

Cuidado con ellos.

Reflexión educativa

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

Sin duda una de las grandes y poco valoradas, por habituales, tareas del hombre es la educación de sus hijos. Esa ingente tarea en la que se embarca en su juventud y no abandona hasta su muerte.

Curiosamente en los curriculum de las personas figuran sus estudios, sus trabajos, sus títulos y desempeños, pero ninguno recoge esas muestras de habilidades y logros, nunca he visto a nadie referenciar que sea padre, de cuantos hijos, ni los logros de ellos de los que debería de sentirse partícipe. Lo de los fracasos ya ni mentarlo.

 

Ser padre consciente, así, en género genérico, debería de ser uno de los mayores orgullos, uno de los logros más gratificadores de los que una persona debiera de presumir, moderadamente, porque también hay que reconocer que la suerte y el entorno tienen su influencia. Seguramente esta carencia parte del hecho de que hasta hace poco, relativamente poco, tener hijos era una circunstancia inherente a la vida misma. Educarse, casarse, procrear y transmitir la educación recibida no era planteable, la sociedad lo demandaba de esa forma sutil y absoluta con la que la sociedad nos empuja a sus propios objetivos.

Pero hoy en día en esta sociedad en plena evolución el paradigma ha cambiado y, cada vez más, tener hijos es una elección íntima, y la forma de educarlos una declaración de convicciones personales, a veces obsesiones personales, que habla mucho de los que lo hacen.  A favor, en unos casos, o en contra en otros, porque intentar educar en unos valores concretos, sean religiosos o ideológicos, es de alguna manera una forma de castrar la libertad del futuro. Tan malo es, y evidentemente es un punto de vista, fomentar una creencia como intentar impedirla por todos los medios. Tan negativo y castrante es permitir los juegos y juguetes sexistas como intentar prohibirlos radicalmente y crear una obsesión que sustituya a un planteamiento racional. Y existen varias posturas de este tipo: la bélica, la sexista, la religiosa, la ideológica, la electrónica.  No deberíamos de olvidar la frase de Plutarco que define maravillosamente la base de una educación eficaz: “la mente no es un vaso por llenar, sino un fuego por encender”

Prohibir, imponer, exigir, erradicar, son verbos absolutos que nada tienen en común con educar. Yo diría incluso que son justo el reverso del concepto. Claro que siempre hay que tener en cuenta que para ejercer de padre no hay un manual conocido, y, aunque internet se comba por el peso de tutoriales sobre el tema, aún nadie ha descubierto la fórmula universal, el sistema que valga para todas las peculiaridades. Pero mencionaba, así, como de pasada, en un párrafo anterior el concepto de padre consciente. Es decir, aquél que lo es más allá de una consecuencia fisiológica, de un arrebato pasional o de una circunstancia que no sabe o no quiere evitar sin un compromiso real con la situación. El padre consciente es aquel que lo es voluntariamente, que busca una educación y formación adecuadas para su hijo, que tiene un plan e intenta llevarlo adelante a pesar de las circunstancias.

Claro que así, puesto por escrito, teorizando, todo parece fácil. Las letras, las palabras, todo lo resisten, luego la vida es otra cosa.

A veces lo más sencillo suele ser lo más práctico, y la experiencia, esa que no se tiene cuando hace falta, sin ser la panacea universal, es la única que podría apuntar a un camino que ni tiene trazado ni nunca va por donde uno espera. Y aunque efectivamente los padres no disponen de esa experiencia nos quedan los abuelos, que habrían de servir como algo más que de meros suplentes de necesidades puntuales o torpes molestias de pasados insondables.

A estas alturas, ya abuelo, me preocuparía mucho de educar a un hijo que ya no voy a tener en unos valores básicos: pensar libremente, respetar siempre a los demás, aprender a pedir perdón, aprender a defender las convicciones con rigor y a usar la lógica más sencilla y descarnada en cualquier circunstancia de la vida.

Lo de las ciencias, las justicias, las ideologías, las religiones y otras cuestiones menores seguro que se van resolviendo por sí mismas.

El desierto vergel

Inopinadamente un viaje por ciertos espacios parece convertirse en un viaje por ciertos tiempos, y es que el desplazamiento por algunas carreteras locales de nuestra geografía rural, a velocidades convencionales, produce efectos que parecen pertenecer a la ciencia ficción y el tiempo se trastoca en nuestro avance. El tiempo y la desmemoria.

He hecho un precioso viaje a las entrañas del Alto Ebro, una región de una belleza particular, llena de aguas en pozos, de aguas en cascadas, de aguas en ríos, encañonadas, salvajes, que se retuercen por la geografía hasta que su búsqueda las hace coincidir y sumarse. Una región en la que el Ebro se transforma de fuente en arroyo, de arroyo en río y de río en ese caudal magnífico que se va asomando a la geografía peninsular hasta su desembocadura. s de Escalada e invita al visitante a recorrer sus calles antes o después de visitar sus parajes. Geografía física y geografía política, como se llamaban en mis tiempos de estudiante a las ramas de la geografía que estudiaban los aspectos naturales y los humanos.  Una llena de venas de agua y sombras de montañas y la otra llena de colores y fronteras que delimitaban las comarcas, las provincias, los usos y costumbres, los recursos naturales que identificaban y daban vida a los hombres que las habitaban.

La belleza de los parajes es conmovedora. La geografía física con sus relieves, sus cursos y sus líneas geodésicas se mantiene, si no imperturbable por el tiempo si al menos, constante en su belleza. Ese prodigio estético, que es la cascada de Orbaneja del Castillo, o ese profundo azul del pozo del mismo color en Covanera, o la belleza del cañón que encauza al Ebro en toda la región y que puedes contemplar en toda su grandiosidad en los miradores junto a Pesquera de Ebro, contrasta con un feroz decaimiento de la geografía política.

Un vergel casi desierto. Una ristra de pueblos enfilados por el Ebro en los que apenas quedan ojos para solazarse en el paisaje, para refrescarse en las aguas, para contemplar el vuelo de las rapaces que pueblan las paredes del magnífico cañón. Una comarca, El Valle del Sedano, en la que entre todos sus pueblos apenas suman el número de vecinos que consideraríamos mínimo para uno solo de ellos. Una comarca que sobrevive con el retorno de los propios en las épocas estivales, de vacaciones y algunos fines de semana, y con el turismo que sus bellezas naturales y culturales deparan a los que se asoman a ellas.

Todo está montado para ese tiempo, para ese escaso, efímero tiempo en el que la población recupera la geografía política. Pero el resto del tiempo, la mayor parte de los días del año, el lugar languidece como si la población, su escasez, fuera la sangre fría de un animal que hiberna a la espera de que vuelva el calor de sus habitantes.

Recorrimos varios pueblos, casi todos, y en todos ellos encontramos el mismo mensaje. No hay gente, no hay niños, no hay vida más allá de algunas paredes que acogen a los cuatro, a los ocho o a los veinte habitantes que aún se aferran a sus pueblos. Pasamos por Sedano, vimos sus iglesias, románico espectacular e incluso único como las columnas de la iglesia de Moradillo de Sedano, como la riqueza que las paredes de la de Gredilla de Sedano atesoran.  Pero no encontramos un bar en el que comer, ni allí ni hasta treinta kilómetros más adelante.

Nos lo decía Blanca, que tiene una panadería, la panadería, en Sedano: “Hace meses que cerró el único bar que daba comidas, y no parece que vayan a abrirlo de nuevo. Primero se llevaron a los niños a Escalada, luego cerraron el bar, este pueblo se va muriendo. A pesar de que aún nos queda el banco ya no quedan apenas habitantes. No más de veinte a diario.” No es la única que nos cuenta esas cuitas, también lo hace la esposa de José Ignacio Ruiz, carnicería Nacho, mientras nos despacha unas morcillas recién cocidas, aún calientes, exquisitas. El pueblo, los pueblos, languidecen y ya solo esperan el retorno temporal de los que viven en Burgos, en Santander, en Aguilar de Campoo o en Villarcayo. O el de los que viven aún más lejos y que por una temporada al año retornan a los paisajes de sus ancestros, o, incluso, a los suyos propios hasta que la necesidad, o la necedad, de un mundo mal construido los llevó a otras tierras. O, como último recurso, a los que se asoman ávidos de las bellezas físicas y políticas que guardan.

Nos lo corrobora José Santos Ruiz, Concejal de Cultura del valle de Sedano, habitante casi único y último agricultor en san Martín de Elines, a donde hemos ido para ver la Colegiata, mientras cargamos un saco de sus patatas. No queda nadie, no quedan agricultores, ni ganaderos, ni ninguna fuente de riqueza que pueda fijar a la población o atraer a nuevos habitantes.

Mientras recorremos estos parajes vemos en la televisión a los agricultores valencianos quejarse del precio al que les pagan las naranjas, de la importación masiva de naranjas de la China, de la “China, na, China, na te voy a regalar” que cantaba mi abuela en mis tiempos infantiles, en esos tiempos en los que la expresión “naranjas de la China” era sinónimo, ya, de camelo. Vamos, como lo del cuento chino y la miel pero en cítrico. Al parecer sale más barato, para los distribuidores, transportar de tan lejos un producto de menor calidad que cogerlo a la vuelta de la esquina. Les permite enriquecerse más para ser más exactos. Y mientras tanto los políticos legislan a favor de los distribuidores, a favor de las grandes superficies y penalizan fiscalmente, en realidad asfixian, a cualquier pequeño productor que intente hacer primar la cercanía y la calidad sobre el beneficio puro y duro de las grandes explotaciones o de la distribución, el verdadero tiburón de la cadena alimenticia, que ha quedado en manos de empresas que siendo extranjeras no sienten ni padecen los problema locales de este país que se despuebla a ojos vistas. Los productos de la tierra, antes sinónimo de calidad, de frescura y sustento de tantas familias, van siendo sustituidos por productos extranjeros, no siempre mínimamente aceptables y de una calidad muy inferior, y no siempre concordantes con lo que dicen ser o de donde dicen provenir en sus etiquetas.

Los pueblos, la España rural del mapa político, languidecen mientras vienen a Madrid a explicarnos que se mueren de soledad e indiferencia. En tanto miles, millones, de personas arrastran su vida por los suburbios de ciudades que apenas reparan en ellos para compartir sus restos, sus excedentes a veces en forma de residuo o basura.

Hacen falta leyes que corrijan este despropósito, hace falta recuperar el amor por la tierra, el gusto por lo cercano, el orgullo de lo propio. Hacen falta leyes, infraestructuras, tejido económico y social que permita repoblar los lugares que se pierden y que hacen que perdamos sus bondades y sus bellezas al mismo tiempo, en tanto la gente malvive y se hacina en otros lugares.

Como decía Blanca, la panadera de Sedano, “cuando en un pueblo cierra el bar ya es que no queda nada”. En esta país cuando en un pueblo cierra el último bar es que ya no queda nada de nada, ni siquiera consciencia política de que hay temas más importantes que ganar unas elecciones o presidir un gobierno, como conseguir un país próspero y preservar lo mejor de su geografía política, de esa geografía política de la que parecen no querer saber nada los políticos actuales.

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