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La satisfacción de ser mejores

Feliciano Morales ♦ Director-Editor de Plazabierta.com

23 de mayo de 2019

Hay una canción de Joaquín Sabida que dice: “igual que una co… te digo la o”… “como te digo una cosa te digo la otra”, y así es, pues de sobra es conocido por quienes me leen de mi sentimiento misántropo en ocasiones, sobre todo cuando pretendes analizar como el devenir de los acontecimientos nos están llevando a un mundo deshumanizado. Sin embargo, sería de necios o de ególatras el pensar que en este mundo no hay gente buena, personas preocupadas por el mundo que les rodea, personas responsables, personas cuyas virtudes no aparentes, sino reales, nos enseñan o dan ejemplo en el día a día con su conducta de cuál ser nuestra forma de actuar con respecto a nuestros congéneres para hacer de ese mundo un mundo mejor.

La cuestión parece simple: “trata a los demás como te gustaría que tratasen a ti”, sin embargo, no es así, pues es inevitable que en las relaciones humanas surjan roces y con esos roces ciertas actitudes no toleradas en nuestros semejantes, a veces por soberbia, otras por envidia, y la mayoría de las veces, ni se sabe cual es el motivo para tener tantos frentes abiertos. Es evidente que la complejidad del ser humano es fruto de su sistema emocional y racional, estando la solución como en la mayoría de las cosas en el equilibrio entre ambos.

Una persona puramente racional, no sería más que una máquina, un ente frio, calculador, habida cuenta que la razón no es más que la relación entre ideas o conceptos con el fin de  obtener conclusiones o formar juicios. Las emociones son necesarias, puesto que muchas de nuestras actuaciones son fruto de nuestro sentimiento, así, por ejemplo, el socorrer a nuestros semejantes es fruto fundamentalmente del sentimiento de la compasión. Pero, además, este juego entre la razón y el sentimiento no se puede sustraer de los estereotipos sociales cuando se habla de relaciones humanas, es decir, de creencias generales relacionadas con un grupo o una clase de personas concretas, muchas veces de manera preconcebida y sin fundamentos teóricos, lo que aún hacen más compleja, si caben, las citadas relaciones.

Por consiguiente, hacer a los demás lo que nos gustaría que nos hiciesen a nosotros está muy bien, como la mejor manera de conseguir armonía en las relaciones tanto a nivel individual como social con otras de personas, sin embargo la complejidad de nuestro sistema de pensar, actuar y sentir, hace que perdamos el Norte, entrando en un mundo de confrontaciones absurdo, a no ser que, lo que se pretenda es quedar por encima de los demás.

La confrontación debe existir, entendida ésta como un cotejo de una opinión con otra, sin elementos violentos o de imposición de ideas, sino a través de la dialéctica como técnica de dialogar y discutir para descubrir la verdad, en la que, inevitablemente, es necesario la exposición y confrontación de razonamientos y argumentaciones contrarios entre sí, pero nunca con el ánimo de desplazar a la persona, sino al argumento.

En definitiva, se trata únicamente de ser honestos con nosotros mismos y con los demás, como sinónimo de decente, decoroso, recatado, razonable, justo, probo, recto u honrado según detalla el diccionario de la Real Academia Española; porque no nos quepa la menor duda que solamente de esto se trata, así estaremos más cerca de conseguir nuestra felicidad y la de los demás. Pero, hay de llevarlo a cabo, incluso cuando los demás no se lo merezcan, porque así sólo él quedará evidenciado.

Claro que el mundo puede cambiar, aunque sólo sea nuestro pequeño mundo. Es difícil, pero no imposible, además la satisfacción que nos reportará merece la pena, aunque nada más sea para dormir a gusto todas las noches.

Embaucadores





17/mayo/2019
Feliciano Morales. Director-Editor Plazabierta.com

Muchas personas cuando hablan encandilan, dicen palabras bonitas, pero sólo son eso: palabras.  Podríamos decir que en estas personas “del dicho al hecho hay mucho trecho” tal y como reza en nuestro rico refranero, sólo buscan quedar bien, pero sin adoptar compromiso alguno o lo que es peor, dicen una cosa y hacen otra.

En ellas el “buenismo” no existe, no son hacedores del bien, son predicadores y repetidores de frases hechas, de consejos que ellos mismos son incapaces de poner en práctica, aduladores que buscan embaucar a quienes le rodean, el reconocimiento social a su aparente bonhomía.

Esta forma de actuar no es más que una manifestación perversa de su cinismo.  Un cinismo adornado con joyas verbales. Se esconden detrás de una falsa apariencia, bajo el manto del buenismo, haciendo un marketing social de si mismo y de sus ideas atizando luego en la penumbra a quien no piensa o actúa como él. Hacen en público concesiones generosas para evitar conflictos, tanto a nivel personal como social, en un intento hipócrita de apaciguamiento.

Buenista viene de bueno, como dice la RAE es una actitud de quien, ante los conflictos, rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con extrema tolerancia, siendo esta la imagen que tratan de dar aquellos farsantes con piel de cordero. En público dicen una cosa y en privado hacen otra, incluso en determinados ámbitos actúan de manera diferente según el foro en el que se encuentren. En definitiva,  no dan la auténtica cara, van de apaciguadores cuando luego son ellos los que crean los conflictos o echan leña al fuego para que no se apague.

Hacen una caridad de reconocimiento social, sólo para que los demás les ensalcen. Perdonan en público agravios recibidos pero guardan el rencor en su interior, no son capaces del olvidar, estando al acecho de quien le agravió, para en pequeños comités destruirle. No van de cara.

Se olvidan de que los problemas se pueden solucionar a través del dialogo, la solidaridad y la tolerancia, siendo éstas, a tal caso, apariencias iniciales dentro de un mero postureo.

Viven socialmente en una constante actitud artificiosa e impostada que adoptan por conveniencia o simplemente para presumir, en busca de una “posverdad” que no es más que una distorsión deliberada de la realidad, siendo capaz de manipular creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública.

No son más que embaucadores a través de una falsa representación de virtudes de las que carecen. Son un fraude social en busca de un populismo sonriente.

Están lejos de ser libre-pensadores porque buscan solución a los problemas con términos acuñados en vez de con argumentos y análisis de los argumentos contrarios. Están lejos de ser buenas personas, aunque lo parezcan.

Cuidado con ellos.

Reflexión educativa

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

Sin duda una de las grandes y poco valoradas, por habituales, tareas del hombre es la educación de sus hijos. Esa ingente tarea en la que se embarca en su juventud y no abandona hasta su muerte.

Curiosamente en los curriculum de las personas figuran sus estudios, sus trabajos, sus títulos y desempeños, pero ninguno recoge esas muestras de habilidades y logros, nunca he visto a nadie referenciar que sea padre, de cuantos hijos, ni los logros de ellos de los que debería de sentirse partícipe. Lo de los fracasos ya ni mentarlo.

 

Ser padre consciente, así, en género genérico, debería de ser uno de los mayores orgullos, uno de los logros más gratificadores de los que una persona debiera de presumir, moderadamente, porque también hay que reconocer que la suerte y el entorno tienen su influencia. Seguramente esta carencia parte del hecho de que hasta hace poco, relativamente poco, tener hijos era una circunstancia inherente a la vida misma. Educarse, casarse, procrear y transmitir la educación recibida no era planteable, la sociedad lo demandaba de esa forma sutil y absoluta con la que la sociedad nos empuja a sus propios objetivos.

Pero hoy en día en esta sociedad en plena evolución el paradigma ha cambiado y, cada vez más, tener hijos es una elección íntima, y la forma de educarlos una declaración de convicciones personales, a veces obsesiones personales, que habla mucho de los que lo hacen.  A favor, en unos casos, o en contra en otros, porque intentar educar en unos valores concretos, sean religiosos o ideológicos, es de alguna manera una forma de castrar la libertad del futuro. Tan malo es, y evidentemente es un punto de vista, fomentar una creencia como intentar impedirla por todos los medios. Tan negativo y castrante es permitir los juegos y juguetes sexistas como intentar prohibirlos radicalmente y crear una obsesión que sustituya a un planteamiento racional. Y existen varias posturas de este tipo: la bélica, la sexista, la religiosa, la ideológica, la electrónica.  No deberíamos de olvidar la frase de Plutarco que define maravillosamente la base de una educación eficaz: “la mente no es un vaso por llenar, sino un fuego por encender”

Prohibir, imponer, exigir, erradicar, son verbos absolutos que nada tienen en común con educar. Yo diría incluso que son justo el reverso del concepto. Claro que siempre hay que tener en cuenta que para ejercer de padre no hay un manual conocido, y, aunque internet se comba por el peso de tutoriales sobre el tema, aún nadie ha descubierto la fórmula universal, el sistema que valga para todas las peculiaridades. Pero mencionaba, así, como de pasada, en un párrafo anterior el concepto de padre consciente. Es decir, aquél que lo es más allá de una consecuencia fisiológica, de un arrebato pasional o de una circunstancia que no sabe o no quiere evitar sin un compromiso real con la situación. El padre consciente es aquel que lo es voluntariamente, que busca una educación y formación adecuadas para su hijo, que tiene un plan e intenta llevarlo adelante a pesar de las circunstancias.

Claro que así, puesto por escrito, teorizando, todo parece fácil. Las letras, las palabras, todo lo resisten, luego la vida es otra cosa.

A veces lo más sencillo suele ser lo más práctico, y la experiencia, esa que no se tiene cuando hace falta, sin ser la panacea universal, es la única que podría apuntar a un camino que ni tiene trazado ni nunca va por donde uno espera. Y aunque efectivamente los padres no disponen de esa experiencia nos quedan los abuelos, que habrían de servir como algo más que de meros suplentes de necesidades puntuales o torpes molestias de pasados insondables.

A estas alturas, ya abuelo, me preocuparía mucho de educar a un hijo que ya no voy a tener en unos valores básicos: pensar libremente, respetar siempre a los demás, aprender a pedir perdón, aprender a defender las convicciones con rigor y a usar la lógica más sencilla y descarnada en cualquier circunstancia de la vida.

Lo de las ciencias, las justicias, las ideologías, las religiones y otras cuestiones menores seguro que se van resolviendo por sí mismas.

El desierto vergel

Inopinadamente un viaje por ciertos espacios parece convertirse en un viaje por ciertos tiempos, y es que el desplazamiento por algunas carreteras locales de nuestra geografía rural, a velocidades convencionales, produce efectos que parecen pertenecer a la ciencia ficción y el tiempo se trastoca en nuestro avance. El tiempo y la desmemoria.

He hecho un precioso viaje a las entrañas del Alto Ebro, una región de una belleza particular, llena de aguas en pozos, de aguas en cascadas, de aguas en ríos, encañonadas, salvajes, que se retuercen por la geografía hasta que su búsqueda las hace coincidir y sumarse. Una región en la que el Ebro se transforma de fuente en arroyo, de arroyo en río y de río en ese caudal magnífico que se va asomando a la geografía peninsular hasta su desembocadura. s de Escalada e invita al visitante a recorrer sus calles antes o después de visitar sus parajes. Geografía física y geografía política, como se llamaban en mis tiempos de estudiante a las ramas de la geografía que estudiaban los aspectos naturales y los humanos.  Una llena de venas de agua y sombras de montañas y la otra llena de colores y fronteras que delimitaban las comarcas, las provincias, los usos y costumbres, los recursos naturales que identificaban y daban vida a los hombres que las habitaban.

La belleza de los parajes es conmovedora. La geografía física con sus relieves, sus cursos y sus líneas geodésicas se mantiene, si no imperturbable por el tiempo si al menos, constante en su belleza. Ese prodigio estético, que es la cascada de Orbaneja del Castillo, o ese profundo azul del pozo del mismo color en Covanera, o la belleza del cañón que encauza al Ebro en toda la región y que puedes contemplar en toda su grandiosidad en los miradores junto a Pesquera de Ebro, contrasta con un feroz decaimiento de la geografía política.

Un vergel casi desierto. Una ristra de pueblos enfilados por el Ebro en los que apenas quedan ojos para solazarse en el paisaje, para refrescarse en las aguas, para contemplar el vuelo de las rapaces que pueblan las paredes del magnífico cañón. Una comarca, El Valle del Sedano, en la que entre todos sus pueblos apenas suman el número de vecinos que consideraríamos mínimo para uno solo de ellos. Una comarca que sobrevive con el retorno de los propios en las épocas estivales, de vacaciones y algunos fines de semana, y con el turismo que sus bellezas naturales y culturales deparan a los que se asoman a ellas.

Todo está montado para ese tiempo, para ese escaso, efímero tiempo en el que la población recupera la geografía política. Pero el resto del tiempo, la mayor parte de los días del año, el lugar languidece como si la población, su escasez, fuera la sangre fría de un animal que hiberna a la espera de que vuelva el calor de sus habitantes.

Recorrimos varios pueblos, casi todos, y en todos ellos encontramos el mismo mensaje. No hay gente, no hay niños, no hay vida más allá de algunas paredes que acogen a los cuatro, a los ocho o a los veinte habitantes que aún se aferran a sus pueblos. Pasamos por Sedano, vimos sus iglesias, románico espectacular e incluso único como las columnas de la iglesia de Moradillo de Sedano, como la riqueza que las paredes de la de Gredilla de Sedano atesoran.  Pero no encontramos un bar en el que comer, ni allí ni hasta treinta kilómetros más adelante.

Nos lo decía Blanca, que tiene una panadería, la panadería, en Sedano: “Hace meses que cerró el único bar que daba comidas, y no parece que vayan a abrirlo de nuevo. Primero se llevaron a los niños a Escalada, luego cerraron el bar, este pueblo se va muriendo. A pesar de que aún nos queda el banco ya no quedan apenas habitantes. No más de veinte a diario.” No es la única que nos cuenta esas cuitas, también lo hace la esposa de José Ignacio Ruiz, carnicería Nacho, mientras nos despacha unas morcillas recién cocidas, aún calientes, exquisitas. El pueblo, los pueblos, languidecen y ya solo esperan el retorno temporal de los que viven en Burgos, en Santander, en Aguilar de Campoo o en Villarcayo. O el de los que viven aún más lejos y que por una temporada al año retornan a los paisajes de sus ancestros, o, incluso, a los suyos propios hasta que la necesidad, o la necedad, de un mundo mal construido los llevó a otras tierras. O, como último recurso, a los que se asoman ávidos de las bellezas físicas y políticas que guardan.

Nos lo corrobora José Santos Ruiz, Concejal de Cultura del valle de Sedano, habitante casi único y último agricultor en san Martín de Elines, a donde hemos ido para ver la Colegiata, mientras cargamos un saco de sus patatas. No queda nadie, no quedan agricultores, ni ganaderos, ni ninguna fuente de riqueza que pueda fijar a la población o atraer a nuevos habitantes.

Mientras recorremos estos parajes vemos en la televisión a los agricultores valencianos quejarse del precio al que les pagan las naranjas, de la importación masiva de naranjas de la China, de la “China, na, China, na te voy a regalar” que cantaba mi abuela en mis tiempos infantiles, en esos tiempos en los que la expresión “naranjas de la China” era sinónimo, ya, de camelo. Vamos, como lo del cuento chino y la miel pero en cítrico. Al parecer sale más barato, para los distribuidores, transportar de tan lejos un producto de menor calidad que cogerlo a la vuelta de la esquina. Les permite enriquecerse más para ser más exactos. Y mientras tanto los políticos legislan a favor de los distribuidores, a favor de las grandes superficies y penalizan fiscalmente, en realidad asfixian, a cualquier pequeño productor que intente hacer primar la cercanía y la calidad sobre el beneficio puro y duro de las grandes explotaciones o de la distribución, el verdadero tiburón de la cadena alimenticia, que ha quedado en manos de empresas que siendo extranjeras no sienten ni padecen los problema locales de este país que se despuebla a ojos vistas. Los productos de la tierra, antes sinónimo de calidad, de frescura y sustento de tantas familias, van siendo sustituidos por productos extranjeros, no siempre mínimamente aceptables y de una calidad muy inferior, y no siempre concordantes con lo que dicen ser o de donde dicen provenir en sus etiquetas.

Los pueblos, la España rural del mapa político, languidecen mientras vienen a Madrid a explicarnos que se mueren de soledad e indiferencia. En tanto miles, millones, de personas arrastran su vida por los suburbios de ciudades que apenas reparan en ellos para compartir sus restos, sus excedentes a veces en forma de residuo o basura.

Hacen falta leyes que corrijan este despropósito, hace falta recuperar el amor por la tierra, el gusto por lo cercano, el orgullo de lo propio. Hacen falta leyes, infraestructuras, tejido económico y social que permita repoblar los lugares que se pierden y que hacen que perdamos sus bondades y sus bellezas al mismo tiempo, en tanto la gente malvive y se hacina en otros lugares.

Como decía Blanca, la panadera de Sedano, “cuando en un pueblo cierra el bar ya es que no queda nada”. En esta país cuando en un pueblo cierra el último bar es que ya no queda nada de nada, ni siquiera consciencia política de que hay temas más importantes que ganar unas elecciones o presidir un gobierno, como conseguir un país próspero y preservar lo mejor de su geografía política, de esa geografía política de la que parecen no querer saber nada los políticos actuales.

¿Quién es Dios?


Feliciano Morales. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

He tratado de eludir enfrentarme a esta pregunta, no por la respuesta, sino de la forma en que ésta es aceptada o rechazada por quien se haya atrevido a entrar en estas profundidades, y por las formas en que dicha aceptación o rechazo se manifiesta. 

También, quiero dejar claro que no pretendo abordar este tema desde una perspectiva religiosa y hacer de la respuesta a tal pregunta algo dogmático, entre otras razones porque encasillar todo no es de mi agrado. Me es imposible aceptar algo si no lo entiendo porque mi fe es más bien poca y, a veces, mi corazón duro… y la carne débil.

Por otra parte, tengo verdadero horror a esos dioses a los que se les pone cara, porque las caras han causado y siguen causando mucho daño. Dioses que se emplean al antojo del usuario teísta. Jeová, Dios, Alá, Buda, pero también, los dioses del amor, de la fortuna, de la salud… de la guerra… Elijan el bazar espiritual ha abierto sus puertas.

No soy digno de tener un dios con cara y, ante la pregunta de si pueden existir otros dioses que no sean los que la religión de cada uno nos ha inculcado, la respuesta debe ser afirmativa.

Los más ateos, algunos de ellos llevando el ateísmo como una religión, que paradoja, aseguran, ya que ellos nunca se preguntan por estar por encima de dioses, niegan la  existencia de cualquier dios con el único fundamento que no se puede probar, pero además, porque, poniendo en relación con el  aspecto dogmático de las religiones éstas atentan contra la libertad del individuo. Y no les falta, en cierto modo, razón: para afirmar que algo existe hay que probarlo.

No puedo, y pretendo menos aún, imponer una creencia sobre algo. Las cosas son o no son, existen o no existen, son tangibles o no lo son

Tras algunas lecturas del Nuevo Testamento, y algo del Antiguo, estoy convencido que de la misma manera que si hubiese leído el Corán o cualquier otro libro sagrado, que he empezado a hacerlo, el resultado sería el mismo para mi. El rechazo de los dioses con cara, y menos un dios que premia a los buenos y castiga a los malos…. 

Perdonen le petulancia, necesito un Dios más grande, más infinito… sin número de serie y menos con un manual de funcionamiento bajo el brazo. No puedo con esos dioses y, menos aún con quienes los defienden desde el fanatismo. Desde un fanatismo terrorista no sólo con víctimas de carne y hueso, sino también con víctimas ideológicas al actuar contra su libertad de pensamiento, de actuación, de decisión; es decir, anulando a las personas.

Así pues, si el ateísmo es no creer en un dios con cara, soy ateo, pero si el ateísmo es no creer en ningún dios, entonces, la cosa cambia.

En mi creencia no cabe el chantaje, con promesas o velas a cambio de favores sobrenaturales. Tampoco para tener tranquila mi conciencia pensando en el paraíso. Ya me vale con tenerla sobre mis derechos y deberes civiles para enredarme en problemas de conciencia teísta. 

Mi Dios no se acomoda a las necesidades del hombre, más bien al contrario, porque el Dios en el que creo es un todo y es un nada, es la expansión, lo infinito, la creación de la vida, el alfa y el omega, la explosión y expansión constante del universo, las energías que surgen cuando explosiona una Supernova, o la que se concentra en su interior al nacer. Dios es el universo, es la persona que tenemos enfrente, el planeta en el que vivimos y no respetamos, por eso necesitamos acomodarnos a ese Dios.

Todos y cada uno estamos unidos por un árbol de la vida que nos hace parte de un todo, lo que al final debía traducirse en un respeto “quasi sagrado» a todo cuanto nos rodea, a quienes igual que nosotros forman parte de es Dios, de ese polvo cósmico y/o energía cósmica en constante expansión. Eso demuestra que mi Dios es tangible, que existe.

La rebelión de las emociones

Francisco Javier Marín Mauri, doctor en psicología.- Experto en mediación ante conflictos sociales.

Nuestro cerebro es, hoy por hoy, la máquina de adaptación y de aprendizaje más compleja del universo. Máquina biológica por cierto, perfectamente diseñada para la vivencia y para la supervivencia.

También es verdad que muchas personas pasan por la vida o la vida por ellas, sin quitarles siquiera el sello de fábrica, desconociendo sus potencialidades por la simple pereza en muchas ocasiones, de tener que utilizarlo. Nada supera, de momento, en velocidad de procesamiento de información a esta máquina bioquímica y bio-eléctrica. Así pues estamos ante un verdadero prodigio de la evolución. Con sus más de cien millones de células nerviosas o neuronas, son capaces de efectuar entre ellas más conexiones interneuronales que partículas atómicas hay en el universo conocido.

Como podemos apreciar en la figura dos, nuestro cerebro está lejos de ser una masa indiferenciada, todo lo contrario, está compuesto por zonas perfectamente integradas a través de canales de comunicación perfectamente coordinados entre sí (figura 2).

En cada zona se delimita una función humana concreta, el lenguaje, la memoria, las emociones, el razonamiento numérico y todo lo que nos podamos imaginar. Pero no debemos creer que nuestro máquina biológica es tan simple, ya que su comportamiento es tan complejo que nos ha llevado años de estudio conocerla un poco más. Cada vez, podemos decir que vamos conociendo más nuestro órgano rector por excelencia.

Figura 2

                                                          

El cerebro pues trabaja de forma mancomunada, en donde una zonas intervienen en el funcionamiento con otras. Tanto es así, que si una zona es afectada por algún traumatismo, otras pueden suplir sus funciones.

Así es la maravilla de máquina que tenemos dentro del cráneo: Rapidez, equilibrio y coherencia, tres principios primarios reguladores de la actividad cerebral. Con ellos nuestro cerebro es capaz de asegurar la adaptación al entorno de una manera rápida y eficaz.

Aquellas capacidades que nos hacen humanos se debe a que tenemos un máquina con herramientas suficientes para ello, pero también se debe a que la interacción que se produce con el entorno es tan coordinada como una baile sincronizado entre genotipo y fenotipo, dando como resultado la conducta, la acción final de todo un sistema.

Más abajo en la figura 3 podemos ver las partes fundamentales de nuestra máquina.

Figura 3

Podemos diferenciar que en realidad no hay un solo cerebro sino dos, son los hemisferios cerebrales unidos entre sí por una protuberancia llamada cuerpo calloso. Esta estructura es fundamental para que lo que hace o procesa un hemisferio, lo conozca el otro.

LA SALIDA DE LAS CAVERNAS

 El Día en que el ser humano se planteó perder el miedo a los elementos y salir fuera a investigar que era todo aquello de fuera de la caverna donde vivía, se produjeron dos procesos cognitivos simples pero de mucha transcendencia:

Empezó a entender lo que más temía. La curiosidad hizo que la realidad fuese vertebrada de forma más coherente. Por tanto, la realidad se hizo predecible. Todo ello le llevó a pensar que necesitaba algo fuera de él mismo para poder seguir conociendo su realidad. Una expansión de sí mismo, de sus capacidades, habilidades, destreza y fuerza. Ese día nacieron las herramientas. Las cuales, reorganizaron el trabajo de forma diferente, haciéndolo más efectivo.

Bien es cierto que no existe la linealidad tal y como se ha descrito. Ya que el proceso es largo en el tiempo y plagado de ensayos y errores, como forma fundamental de aprendizaje. De este modo la estructuración distinta del trabajo, obligó a estructurar la realidad también de forma diferente, con lo que fue posible, casi de forma obligada, esa extensión de nuestras capacidades cognitivas (dando lugar ya a las cognitivas extendidas)

CAPACIDADES EXGENDIDAS EN EL FUTURO

Desde Las cavernas hasta nuestros días, las herramientas para organizar y ejecutar el trabajo se han ido modificando y haciéndose, no solo más complejas, sino más globales. Gracias al proceso socializador del ser humano, hemos conseguido que todos tengamos acceso a esas mismas herramientas.

A nuevas herramientas disponibles, hoy día tangibles y virtuales, diferente forma de estructurar nuestra realidad, en donde, no solo hay elementos materialmente tangibles sino también virtuales exactamente igual de reales que los primeros. Evidentemente nuestras habilidades cognitivas vuelven a experimentar un proceso nuevo de expansión hacia esta nueva forma de construir la realidad inmersa dentro del mundo digital. 

Obviamente, nuestras capacidades expandidas ante estos ecosistemas de herramientas insertos en las nuevas tecnologías, son más complejas porque también implican mas funciones cerebrales y más redes neuronales, desarrollando aun más lo que se denomina en neuropsicología “plasticidad neuronal”. No es más que una adaptación, no ya de nuestro cerebro, sino de nuestro encéfalo y sistema nervioso central ante la nueva información procesada en los lóbulos cerebrales

Con todo ello, si hablamos de cogniciones, también hemos de hablar de emociones. Entendidas como un nueva forma de producirse y de activarse ante el uso de estas mismas herramientas que las nuevas tecnologías nos ofrece. Tanto es así que ya no deberíamos hablar de emociones, sino mejor aún de “tecno emociones”, término acuñado por la doctora Mar Souto Romero, profesora de la Unir.

Los sistemas emociónales que entrar en acción cuando interactuamos de manera correcta, o simbiótica, así como la forma de clasificar esas emociones, son totalmente diferentes a como lo hacemos en la interacción de manera presencial. Es decir, también podríamos estar, no solo a cogniciones o capacidades expandidas, sino también antes emociones igualmente expandidas, “LAS TECNOEMOCIONES”. 

No es baladí lo anteriormente expuesto, ya que estas emociones expandidas o tecno-emociones,  hacen que nuestro funcionamiento cerebral, también llamado mente, desarrolle nuevas formas de afrontamiento ante las mismas. Por desgracia los estudios en este campo son escasos, centrándose los que hay, también escasos, en la dependencia capaz de general el uso inadecuado de estas herramientas tecnológicamente nuevas.

¿EMOCIONES EN LA EMPRESA?

Muchas grandes compañías entendieron el papel del sistema emociona en el rendimiento y en la productividad de las emociones. Google, sin ir más lejos, hace tiempo cambió el concepto del trabajo, haciendo posible que muchos trabajadores tuviesen la iniciativa de crear sus propios entornos en donde desarrollar su actividad. Por ejemplo trabajando desde casa. Así el trinomio estoy bien-me siento bien-trabajo mejor es cada vez más real y efectivo. Con la conjunción de estos tres elementos se consigue no solo producir más, producir mejor, con más calidad en el servicio que ofrecemos y, sobre todo, un mayor compromiso con la empresa.

Sin embargo, esto no es nuevo. Todo cambia desde que las páginas webs 2.0 cambian nuestra forma de interactuar con las TIC (Tecnologías de información y comunicación). Lo cual en nuestro puesto de trabajo hemos de relacionarnos con aplicaciones, ecosistemas de herramientas inteligentes que nos obliga a construir una realidad interactiva. Un intercambio de información entre la herramienta y nosotros en donde hemos de tener presente los datos de nuestra empresa o de nuestro puesto de trabajo. Nos obliga e elaborar perfiles de búsqueda con el fin que nuestros sistema informático nos ofrezca de manera selectiva lo que buscamos y que sea lo mejor para nuestro servicio o producto. ¿Cómo se organiza nuestro sistema emocional ante esto? Buena pregunta.

Quizá en esa década se termine de desarrollar otra realidad aun más excitante que las páginas 2.0. Las páginas proactivas o también llamadas páginas 3.0. Estas pueden definirse como aquellas plataformas o herramientas online capaces de ponerse en contacto de manera inteligente con otras webs usando un lenguaje natural. Dicho con otras palabras, son las webs semánticas. 

Hoy día esta tecnología se ha desarrollado en buscadores: https://www.thebrain.com/https://hotelmix.co.uk/quintura.html,Pero su desarrollo es exponencial. 

Volvemos a preguntarnos la misma cuestión que hacíamos anteriormente: ¿Qué papel desempeña nuestro sistema emocional ante estas nuevas herramientas proactivas aplicados a nuestra empresa o trabajo? Habría que cuestionarse también ¿cómo es afectado y de qué forma se reorganiza para interactuar de una manera adecuada con estos sistemas? Estamos hablando de herramientas online capaces de entender el lenguaje humano. En esa nueva dimensión o nueva era los chatbots a través de la inteligencia artificial son capaces de interactuar de manera activa con el usuario. Incluso serán capaces de mantener conversaciones habladas con el usuario. Empresas como Wannabot ya están desarrollando este producto (lenguaje hablado en el chatbot) para su aplicación en la empresa.

El panorama en la investigación de esta y otras variables es más bien pobre. No sabemos muy bien como nuestras tecno-emociones son moduladas y adaptadas a estos sistemas proactivos de navegación sin que ello afecte a nuestro trabajo o empresa. ¿Qué nivel de autoestima es necesario para obtener un rendimiento adecuado? ¿Cómo se ve esta variable afectada? Que emociones son las más adecuadas y las menos adecuadas para que nuestro trabajo usando estas TIC sea provechoso para nuestra empresa, ¿Qué emociones debemos entrenar y de qué forma para que nuestras carencias psicológicas no usen esta tecnología, favoreciendo una dependencia psicológica?

Las empresas tendrán que tener en cuenta las variables psicológicas en la selección de personal pero de forma diferente. Con el fin que la relación que haga el empleado con este nuevo ecosistema sea rentable, pero también beneficioso, no solo para quien las usa, sino para la empresa. Con ello se debe obtener un ambiente corporativo de trabajo y también de bien-estar.

Cambios de conceptos empresariales

 Es obvio que si damos la importancia que debe tener la tecno-emoción en el mundo empresarial para mejorar la calidad del producto fabricado o servicio ofrecido, parece de cajón que tengamos que hablar de cambios en los conceptos empresariales más comunes. Quizá el más obsoleto de ellos es de de competitividad. Este concepto no favorece un entorno en la empresa y en el desarrollo del trabajo precisamente relajado, sino más bien hostil. De esta forma, se percibe al compañero como rival al que superar, favoreciendo la disgregación. 

 El concepto nuevo que habrá que tener presente en el balance de resultado de las empresas es el de cooperación. Antítesis de la competitividad salvaje del actual sistema.  Tanto es así que el éxito empresarial se mide por el beneficio financiero, con lo que tenemos empresas dirigidas a la producción a cualquier precio. Por otro lado, el beneficio económico se mide por el PIB (Producto Interior Bruto). Si la economía debe estar al servicio del ciudadano y no sólo al servicio del beneficio, las nuevas empresas han de fomentar y tener muy presente el valor de las emociones cara a la creación de un bien-estar y felicidad en el puesto de trabajo.

Esto nos lleva a un modelo de empresa basado en la cooperación a nivel intra e interempresarial. Tanto es así que las nuevas políticas económicas podrían hacer reducciones fiscales y de impuestos a aquellas empresas que presenten en sus balances de resultados, valores como la cooperación, la honestidad, la responsabilidad y en definitiva que el empleado se identifique con el proceso productivo inmerso en lo bien que se siente mientras trabaja.

Son los principios de la teoría del bien común de Forbes en donde se podría comenzar a poner en valor el sistema emocional de los empleados de una empresa. Sobre todo, mediante el uso de las TIC y canalizando esas tecno-emociones hacia formas adecuadas dentro de la producción.

VIABILIDAD DE LA EMOCION COMO VALOR

Pionera en España de este tipo de empresas que ponen en sus resultados el grado de satisfacción personal de sus empleados en el proceso productivo y con auditoria realizada (https://issuu.com/limoniumcanarias/docs/informe_final_ebc_limonium_canarias), es LIMONINUN CANARIAS (http://www.limoniumcanarias.com/), haciendo viable otra forma de crear empleo de manera sostenible y, sobre todo,  humanizada.

A nivel global más de 1.700 empresas y municipios en todo el mundo son conscientes de este valor que las emociones representan y en nuestro país, además del consorcio de Zaragoza más municipios de Extremadura, Alicante y Salamanca están evaluando como tener en cuenta el sistema emocional del trabajador en su interacción con las TIC. Es un principio, ya que nuestro sistema emocional no termina de madurar hasta la segunda década de vida del ser humano, localizándose el juicio práctico en el lóbulo frontal cerebral, es obligado que incluso los planes de formación y reciclaje que las empresas ejecuten tengan muy presente la forma en que sus empleados afrontan su relación con las TIC y como estas interacciones afectan el sistema emocional. Es necesario sepan identificar aquellas emociones originadas por estas interacciones virtuales (tecno-emociones) para poder analizarlas y procesarlas de una manera adecuada.

Hombres y mujeres XL

Feliciano Morarles. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

Quizá el título de este artículo lleve a muchos a pensar que vamos hablar de hombres y mujeres obesos que tienen que recurrir a tallas super grandes para poderse vestir. Pues no, aunque no descarto algún día tratar este tema, entre otras cosas porque me afecta personalmente al ver que progresivamente aumenta mi peso en parte por falta de deporte o una vida más activa y, el resto porque me resulta difícil contenerme ante un buen plato de comida.

 Sin embargo, y para mi desgracia, no se corresponde mi talla de ropa con esa otra a la que quiero referirme que, no es otra cosa que la talla humana, aquella que representa a hombres y mujeres que anteponen el deseo de un mundo mejor al propio de vivir en su zona de confort, dicho de otra manera, en su mundo de yupi con gafas de color acomodaticias para no complicarse la vida.

Podría hacer una relación de grandes  hombres y mujeres que a lo largo de la historia han contribuido a hacer un mundo mejor, pero esa no es la intención, sino analizar el porqué de tanta insatisfacción personal y social.

Resulta penoso que la vida de muchas personas se reduzca a lo puramente material o a la satisfacción inmediata de sus deseos, reduciendo su vida a actos de un mero transitar por el mundo con las orejeras puestas y en línea recta, persiguiendo esa zanahoria que le han colgado delante de sus narices, que nuca llegarán a alcanzar pues ya se han encargado de colocársela de manera que no pueda cogerla para vivir en una continua frustración que le prometen solucionar con panaceas, ideologías, religiones, dogmas o mediante un consumismo de insatisfacción continúa.

Así somos las mayoría de las personas, nos definen o delimitan un mundo ficticio donde la felicidad se relaciona con poseer, consumir, o peor aún, vivir de puertas para adentro, donde el resto del mundo no importa. Sin darnos cuenta y, aquí radica el gran problema de nuestra sociedad, que nuestra falta de compromiso por transformar el mundo que nos rodea, nos está llevando a un precipicio, tanto emocional, en lo que respecta a nuestra persona, como también social.

Sólo tenemos que detenernos  un instante para observar que el mundo que nos rodea es un mundo de insatisfacción constante que nos lleva a una conducta compulsiva no sólo de poseer cosas, sino también, porque somos incapaces de encontrar nuestro sitio, no como el lugar en el que uno se establece para vivir, sino como seres sociales, como parte integrante de algo mayor al que no podemos sustraernos, porque queramos o no, depende como funcione nuestro entorno social para que nuestras vidas sean mejores o peores.

La falta de implicación social de quienes individualmente formamos parte de esta comunidad de vida hace que ésta se anquilose, o peor aún, se vayan formando corpúsculos tóxicos que, al final, repercuten en nuestra existencia como individuos, donde las ideologías nos constriñen a ciertos comportamientos antisociales por su radicalidad o confrontación.

Entonces ¿cuál es la solución para mejorar nuestra pobre existencia?

En principio evitar los extremos, la confrontación y la dispersión que tanto interesa a quienes llevan las riendas del poder con el objeto de atraer a simpatizantes que les elijan, conscientes que el en el caos por ellos mismos creado con unas cuantas migas de pan son suficientes para arrastrar a los insatisfechos.

La razón nos lleva a comprobar que dos fuerzas antagónicas ejercidas sobre un objeto al final al final éste termina rompiéndose, siendo esto lo que está pasando en las sociedades actuales, tanto democráticas como dictatoriales, en las primeras por la diversidad de partidos contrapuestos sin el mínimo deseo de cambio mediante políticas de confrontación o porque carecen de las ideas y capacidad suficiente para conseguirlo, y en las segundas porque todo poder absolutista implica por necesidad y naturaleza una resistencia.

Es por ello que, el cambio social debe partir de un cambio personal, en una asunción de derechos y deberes necesarios para que el sistema funcione, evitando los abusos de poder. Cambio personal que consiste simple y llanamente en ser mejores personas, en potenciar la generosidad hacia los demás, la tolerancia, en sentir a los demás miembros de nuestro entorno social como parte de un todo que es también nuestro.

¿Utopía?, no…, sólo basta con convertirnos en hombres y mujeres XL, con valores, principios y un sentimiento social, con el convencimiento que individualmente cada uno de nosotros somos células sociales que solo mediante una simbiosis de transformación interior personal podemos conseguir un mundo mejor.

Sino lo intentamos, aunque nada más sea por alcanzar nuestro equilibrio personal, nunca comprobaremos que el cambio es posible. Grandes hombres y mujeres lo hicieron y lo consiguieron. Esa será nuestra legado para quienes vengan detrás, para nuestras familia y amigos. Poco a poco podemos conseguir que las cosas cambien sin esperar a que otros lo hagan, porque todos como seres sociales tenemos el deber de hacerlo.

Obtusos mentales

Feliciano Morales. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

Habréis oído más de una vez que no es lo mismo oír que escuchar, al igual que tampoco lo es ver y mirar. Muchos pensarán que es lo mismo, pero no es así, hay una gran diferencia, son términos completamente distintos, aunque uno forme parte del otro en ambos casos.

En la actualidad, donde el acceso a la información cada vez es más fácil debido al avance de las comunicaciones, sobre todo en internet, tal vez por la rapidez con la que ésta se mueve, no reparamos en ella, una lectura rápida y una información sesgada, a veces, porque interesa al comunicante, hace que nos quedemos en los superfluo sin entrar en el fondo del asunto.

Pongamos como ejemplo los posts que se publican en la redes sociales, unas veces porque están limitados a un número determinado de palabras y otras porque aunque tienen un enlace a una web (link) nos quedamos con el extracto, sin entrar en el vinculo para recabar toda la información que el comunicante desea transmitir. Es curioso observar como cuando el post contiene un video, si éste dura más de dos o tres minutos, es abandonado por el usuario por considerarlo demasiado extenso y aburrido, incluso cuando la información que se transmite es puramente lúdica. En definitiva, buscamos información rápida, formándonos con ello una opinión errónea o limitada.

El citado ejemplo es el que mejor nos transmite la diferencia entre los términos indicados al inicio y que podemos simplificar en el siguiente esquema:

Mirar = ver + interpretar
Escuchar = oír + interpretar

Como podemos observar, se trata en ambos casos de prestar atención a lo que se ve y se oye.

Las principales diferencia serían, por lo tanto, las siguientes

  • Mirar y escuchar pertenece al orden interpretativo del lenguaje frente a ver y oír que se incluye en el territorio fisiológico.
  • Mirar y escuchar implica la interpretación del lenguaje dando significado a la imagen o sonido  versus a ver y oír que conlleva percibir simplemente dicha imagen o sonido.
  • Mirar y escuchar es activo frente a ver y oír que es pasivo. Podemos dejar de mirar y escuchar cuando queramos.
  • Mirar y escuchar implica la realización de un esfuerzo físico y mental. Mientras que para ver y oír no es necesario dicho esfuerzo.

Así, las diferentes formas de mirar y escuchar, en cuanto que llevan implícita una interpretación de los que se ve y oye, implicaría las siguientes acciones

  • Apreciativa
  • Selectiva
  • Discernitiva
  • Analítica
  • Empática
  • Activa.

Por lo tanto, según lo expuesto, el esfuerzo es necesario para que lo que vemos y oímos, sea asimilado y, por consiguiente, no quedarnos solamente en lo superficial.

En mi anterior artículo “a esos lectores que nunca me leerán”, cuyo objetivo era despertar el amor por la lectura, me refería, precisamente, en el error apreciativo del mensaje escrito cuando nos quedamos solamente con una parte del mismo por la citada inmediatez con la que nos comunicamos; lo que lleva al obtuso lector a una idea errónea o parcial del mensaje que con osadía se permite criticar con la merma mental que ello supone.

La referencia a una mente obtusa no pretendo utilizarla en un sentido peyorativo o de poco respeto a las personas que actúan de tal manera, sino para referirme a una pauta opuesta al razonamiento y que, por consiguiente, opuesta también al libre pensamiento, habida cuenta que con ella el sujeto con una mente obtusa es incapaz de captar las normas de la comunicación que implican las acciones de mirar y escuchar, lo que se traduce un una escasa habilidad mental o en una inflexibilidad ante el mensaje que se transmiten, casi siempre por influencia ideológica excluyente.

Es por ello que, si deseamos ser respetados en nuestros mensajes debemos también respetar aquellos que también se nos transmiten, sin que esto signifique que debamos de estar de acuerdo con ellos, pero si esforzarnos en entenderlos y analizarlos en su justa medida, para después criticarlos. Si no actuamos conforme a estas normas, no sólo de simple convivencia y de respeto a los demás, sino de formación de nuestro razonamiento, no nos debe sentar mal que nos llamen obtusos mentales, porque en realidad nos estaremos comportando como tales.

Fuentes:

http://www.escuchaactiva.com/articulo_diferencias_oir_escuchar.htm

https://ladiferenciaentre.info/oir-y-escuchar/

Pensamiento libre y crítico. Aprender a discutir (video)

Feliciano Morales. Director-editor plazabierta.com

no es fácil ser librepensador, no es fácil dialogar y discutir para descubrir la verdad, porque casi siempre queremos imponer la nuestra como una verdad absoluta, y verdades absolutas no existen, verdad que solamente podrá obtenerse mediante la exposición y confrontación de razonamientos y argumentaciones contrarias entre si. En este video aprenderás a discutir y confrontar ideas desde la razón sin resultar un papagayo o corto de mente.

Para qué sirve un psicólogo (video)

Franciso Javier Marín Mauri, doctor en psicología.- Experto en mediación ante conflictos sociales. ||

En este video el Dr. en Psicología, D. Francisco Javier Marín Mauri, nos explica para qué sirve un psicólogo, cuáles son sus funciones y competencias, de qué herramientas dispone un psicólogo para ayudar a quien lo necesita. Son muchas respuestas que podrás encontrar aquí.

Si crees que tú necesitas, algún familiar tuyo, alguien cercano a ti, necesita un psicólogo no dejes de ver este video, te será de una gran ayuda.

haz clic en la foto para acceder a la web del Doctor, encontraras videos y más artículos sobre temas de psicología que te pueden ayudar. También puedes solicitar consulta desde cualquier lugar de nuestra geografía, vía online. Haz clic en logo de la derecha ———————>


Dependencia virtual-dependencia química

Franciso Javier Marín Mauri, doctor en psicología.- Experto en mediación ante conflictos sociales. ||

Las tecnologías de la comunicación e información (TIC) nos facilitan un sinfín de gestiones, tanto a nivel de internet para las cosas, como a nivel empresarial. Que duda cabe que estas nuevas tecnologías nos facilitan nuestro trabajo tanto en tiempo como en esfuerzo. Tanto es así, que abarca cualquier faceta de desarrollo humano, desde el trabajo al ocio.

 En una sociedad donde cada vez el tiempo libre será cada vez mayor, queramos o no el concepto de trabajo va cambiando poco a poco, incluso en nuestro país, dispondremos de un tiempo que habrá que ocupar con contenidos diversos: Estar más con la familia, con los amigos, formarnos, realizar tareas creativas, etc. En cualquier parte de lo enunciado tienen cabida ya las TIC. 

Toda actividad placentera es capaz de provocar dependencia primero a los efectos que produce de bien estar, luego para evitar sentir los efectos negativos de no disponer de ese placer.

Concepto de dependencia

 Tanto es así que la dependencia a las TIC ya se considera como dependencia psicológica, como la dependencia al sexo, al juego patológico. Es decir, es capaz de general en base a unos factores de riesgo una necesidad compulsiva de usar o conectarse a internet en detrimento de otras actividades necesarias para la persona. Este detrimento o deterioro de las relaciones interpersonales, deterioro en el mundo laboral o académico del usuario dependiente es lo que nos hace ver que las TIC mal usadas pueden provocar cambios significativos en la realidad cotidiana de quien las usa. 

De esta forma, la dependencia se define como el mecanismo automáticamente desarrollado para evitar efectos desagradables si no se obtiene el efecto buscado. Lo que empieza siendo una búsqueda del placer se convierte en una evitación de un mal-estar.

Dependencia virtual

 Aunque tan definición no varía, opino que la dependencia hacia las TIC son algo distinto o no solo es una dependencia psíquica. Bajo mi opinión es algo más que eso. La inmediatez con que se produce, la accesibilidad disponible la conforman como una dependencia distinta pero, sobre todo, la posibilidad en tiempo real de crear desde personalidades e identidades distintas hasta la creación de mundos y sistemas de relación distintos. Lo cual, viene a rellenar de forma adictógena carencias previas que, sin duda, ya estaban presentes antes del uso de las TICS. 

Estamos pues ante un nuevo modelo de dependencia psicológica que además tiene modificaciones a nivel cerebral?. Es una pregunta que sin duda tendrá que responder la investigación hoy escasa en este campo,  o aún confeccionada con muestras poco representativas.

El mundo no está hecho a nuestra imagen y semejanza

Hace unos días un buen amigo hablando de las ideas, del librepensamiento y de la tolerancia hacia quienes no piensan igual que nosotros, me comentaba que cuando a veces se sigue un proyecto común, la soberbia nos hace que queramos imponer y dar por superiores o válidos nuestros pensamientos e ideas frente a la de los demás, echando la zancadilla a aquellos miembros del mismo grupo que no piensan igual que nosotros, en definitiva queremos que el grupo se transforme a nuestra imagen y semejanza, yo el primero que me acuso de tal conducta.

Nos olvidamos que los grupos, como tal, son plurales y, querer imponer una línea de actuación hace que el grupo pierda su carácter democrático y plural para convertirse en un grupo adoctrinado, puede que ideológico, pero sin ideas. 

Los grupos, son entes vivos, en los cuales, aparte de las normas internas de funcionamiento que todos deben respetar y unas pautas básicas  de organización cuyas líneas, si bien son infranqueables para que el grupo no pierda su razón de ser, su esencia la determinan todos y cada uno de los miembros, donde el respeto mutuo a los demás y a sus pensamientos, la positividad y la conciencia de límites hacen que el grupo pueda funcionar  adecuadamente. 

La humildad, en vez de la prepotencia, nos llevará a comprender que la verdad ni siquiera la tenemos nosotros, de manera que lo que dicen los demás siempre tiene una faceta importante, pero tampoco como verdad absoluta, sino como complemento de lo que cada uno individualmente pensamos y decimos, lo cual determinará una conciencia de límites de nuestra actuación en relación con la de los demás miembros, de nuestra libertad de pensamiento.

El grupo no es monopolio de nadie, de manera que si no es democrático en su funcionamiento, a pesar de que pueda existir una estructura jerarquizada, al final el grupo se distorsionaría para convertirse en una agrupación o unión de seres alineados, en los que el libre pensamiento no tiene cabida.  Para que el grupo cumpla con su fin debe convertirse en una comunidad de ciencia, donde las opiniones e hipótesis se contrasten y se comprueben. No se convence con la fuerza, sino con la razón y los hechos. 

«Para que el grupo cumpla con su fin debe convertirse en una comunidad de ciencia, donde las opiniones e hipótesis se contrasten y se comprueben. No se convence con la fuerza, sino con la razón y los hechos.» 

La planificación, el ritmo y la programación de sus líneas de actuación darán continuidad al grupo, evitando que se estanque o se convierta en algo estático. Si no hay dinamismo en el grupo se perderá el entusiasmo y el deseo de formar parte de él. Los nuevos miembros deben sentirse parte activa, deben ser protegidos, pensando que son la sabia nueva del grupo, eso sí, evitando que su lógico desconocimiento del grupo pueda llevarle a comportamientos desmesurados que puedan afectar al resto.

Es muy importante, asimismo, para que el grupo funcione, el conocimiento mutuo de todos sus miembros, sabiendo lo que hemos hecho cada uno en relación al mismo, pero, sobre todo, no puede obligarse a los demás a estar de acuerdo con las ideologías de los demás, por ello, es importante, delimitar un marco de referencia ideológico basado en el libre pensamiento.

Sobre todo, debemos comprender y concienciarnos, que el mundo no está hecho a nuestra imagen y semejanza, que los grupos los conforman una suma de fuerzas individuales, entendidas éstas como impulso de su movimiento, no como imposición de nuestras ideas y pensamientos.

Misántropos lobotomizados

Existen determinadas personas que con el desprecio más absoluto se convierten en seres misántropos no por la deshumanización de cuanto nos rodea, sino porque se creen superiores a los demás, con el convencimiento de que su interior es un templo que deben preservar de la contaminación del mundo exterior, lo que les impide empatizar con los que sufren, porque su soberbia les lleva a ser distantes y despreciativos con el resto del mundo.

Muchos de estos ortodoxos de la espiritualidad, en sus diferentes manifestaciones, religiosa, humanista, filosófica, etc., se convierten en seres sectarios, agrupándose a otros semejantes que practican la misma intolerancia, discriminación u odio hacia quienes no practican su fanatismo espiritual, creando facciones violentas dentro de la sociedad o grupo social del que forman parte.

Son divergentes grupales, cuyo desprecio al resto de la humanidad los convierte en seres egoístas y egocéntricos, mal nacidos que no son agradecidos con las cosas buenas que les proporciona el resto de la sociedad; despreciables por mucho que nuestra compasión con la desgracia humana nos pida benevolencia y comprensión con ellos, intentando averiguar la causa de su deshumanización y desarraigo con sus congéneres.

Los hay quienes renuncian a sus propias raíces, a sus orígenes, porque piensan que el cordón umbilical con sus progenitores les sitúa por debajo de donde ellas y ellos consideran deben estar o están. No les importa el sufrimiento de quienes le dieron la vida y, muchos menos, aún, la necesidad de comprender sus actitudes de exilio social y familiar voluntario. 

Se amparan en proyectos de vida donde la exclusión sectaria y permanente es para ellos una medida profiláctica de un mundo que consideran contaminado, pero que no hacen nada por cambiarlo, sometiéndolo a un asilamiento constante porque piensan que constituyen un peligro para su espiritualidad. Se alejan mucho, por tanto, del concepto humanista e integrador de los libre-pensadores. Son dogmáticos, doctrinales, incapaces de pensar y actuar por ellos mismos. Son robots de no se sabe que ideologías o creencias. Son patéticos insufribles. 

Son pobres desgraciados, con los que la compasión no funciona por su insociabilidad, eso los convierte en peligrosos socialmente, parecen seres lobotomizados, para los cuales la única salvación es sacarlos del mundo donde se encuentran y someterlos a un buen tratamiento psiquiátrico o psicológico. El problema es cómo aislarlos de la causa de su desgracia, máxime cuando por su mayoría de edad voluntariamente han elegido ese camino.

Cuando no existían móviles

No hace mucho tiempo de esto, aunque a los más jóvenes, sobre todo los nacidos en este Siglo, les parezca mentira  y menos que pudiéramos sobrevivir sin ellos, sin embargo así ha sido. La telefonía móvil se inició en el año 1976, recién estrenada la democracia en nuestro país, si bien no fue hasta el año 1995 cuando se expandió y popularizó basándose en el estándar europeo de tecnología GSM por Movistar.

En aquel año la telefonía móvil en España contaba ya con 15 millones de líneas con un crecimiento imparable, llegando hasta nuestros días las redes fijas y móviles de banda ancha a superar los 60.000 millones

Antes de aquella fecha de expansión los españoles, como el resto del mundo, nos comunicábamos a través de la telefonía fija desde nuestros hogares o lugares de trabajo, estando sembradas nuestras ciudades de cabinas de teléfono que nos permitían comunicarnos cuando nos encontrábamos fuera del domicilio o del ámbito labora;, incluso en los bares y cafeterías existían líneas de uso público para uso de sus clientes o del público en general.

La popularización de la telefonía móvil, aún siendo bastante más cara en nuestro país en relación a otros de nuestro entorno geográfico, actualmente se ha convertido en un medio imprescindible y útil habiendo pasado de aquellos móviles que parecían zapatos por su tamaño y que sólo servían para hacer y recibir llamadas,  a los modernos Smartphone que nos permiten acceder a internet, así como el uso de la mensajería instantánea, en la que destacan los WhatsApp, donde se pueden añadir imágenes y videos para compartir con nuestros contactos, así como realizar llamadas a través de internet mediante el uso de datos, además de las múltiples utilidades que nos reportan la gran cantidad de aplicaciones, no sólo para nuestro entretenimiento sino también para la gestión de nuestra vida, salud y negocios, entre otras muchas.

Pero, como todos los avances tecnológicos, la telefonía móvil además de las ventajas que nos reportan en cuanto a la comunicación, sin embargo, también existen contras respecto a su uso, además de su carestía a la que se ha hecho mención no sólo en la adquisición de terminales sino también por el coste de las propias comunicaciones, a pesar de que nos vendan las líneas en paquetes de distintos precios dependiendo de la rapidez, el uso de datos o canales de TV digital y entrenamiento.

«… como todos los avances tecnológicos, la telefonía móvil además de las ventajas que nos reportan en cuanto a la comunicación, sin embargo, también existen contras respecto a su uso …»

Aunque en principio fue un medio de uso por los adultos, hoy, sin embargo, cada vez son más lo menores que utilizan el móvil, es raro el hogar en que los hijos no disponen de una línea móvil por contrato o prepago, aunque su uso se recomienda a partir de los 13 años debido al grado de inmadurez de nuestros menores, evitando de esta manera hacer un uso irresponsable. Aunque, esta edad no deja de ser simbólica en el sentido de que deben ser los padres quienes se preocupen que sus hijos hagan un uso adecuado de su móvil hasta que alcancen una madurez suficiente para ello.

Además, lo que empezó siendo útil para los padres como forma de mantenerse en contacto con sus hijos cuando estos estuvieran fuera del hogar familiar, al final, para los padres responsables se ha convertido en una hándicap por el peligro que representa el acceso a la Red de los menores, puesto que, como todos sabemos, existen contenidos de acceso para adultos para los que no existe ningún tipo de limitación, excepto aquellas que los propios padres puedan hacer mediante aplicaciones instaladas en los dispositivos de sus hijos que permiten un control parental  de su uso por éstos.

Resulta evidente que hemos prosperado en tecnología, pero el peligro del uso del móvil, incluso para los mayores está presente, utilizándose aveces como un medio que permitiendo ocultar la identidad personal, no la IP o número que identifica, de manera lógica y jerárquica, a una Interfaz en red de un dispositivo,   como son todos aquellos que se conectan a internet; amparándose en un pretendido anonimato para un uso inadecuado de la libertad de expresión y de comunicación, compartiendo contenidos prohibidos o que rayan la ilegalidad por una falta de Norma Jurídica que regule su uso.

En definitiva, todo se traduce en un uso adecuado y responsable de la tecnología, pero también proporcional, no convirtiéndonos en esclavos de nuestros Smartphones como sin fueran pegatinas de las que no somos capaces de despegarnos, fomentando más relaciones personales y, mucho menos utilizarlos cuando constituyan un peligro para nuestra integridad física y de los demás, como es conduciendo nuestros vehículos o incluso cuando caminamos por la vía pública sin prestar atención al resto de personas, al mobiliario urbano o cuando cruzamos la calzada.

«… todo se traduce en un uso adecuado y responsable de la tecnología, pero también proporcional, no convirtiéndonos en esclavos de nuestros Smartphones como sin fueran pegatinas de las que no somos capaces de despegarnos…»

No estaría mal que, también, de vez en cuando, los desconectásemos sobre todo a las horas de descanso para poder regenerar nuestras energías. Recordemos que cuando no existían móviles subsistíamos sin ningún problema. La inmediatez en la comunicación sin lugar a dudas supone un avance pero también una carga de dependencia muy próxima a la adicción, además de un sometimiento a quienes esperan de nosotros una respuesta en el momento. Acostumbremos a los demás a que nuestros tiempos tienen que se respetados y que nuestro tiempo nos pertenece sólo a nosotros haciendo de él el uso que consideramos adecuados.

¿Podemos cambiar el mundo?

Hace unos días, cayendo en el desánimo empecé a pensar que todo el esfuerzo que hacemos quienes queremos un mundo mejor cae en saco roto. Así lo manifesté a un grupo de amigos tras preguntarles el porqué en este mundo, tanto a nivel de quienes nos dirigen como a nivel individual, no imperaba un sentimiento y un actuar más humanista; entendiendo por humanismo, en un sentido amplio, el valorar al ser humano y a la condición humana, ligado a actitudes como la generosidad, la compasión por lo menos favorecidos o más necesitados, así como la valoración de los atributos y las relaciones humanas.

En cuanto a su significado estimológico, la palabra como tal se compone de la humānus, que significa ‘humano’, e -ισμός (-ismós), raíz griega que hace referencia a doctrinas, sistemas, escuelas o movimientos, de manera que en este sentido podríamos referirnos a un movimiento intelectual desarrollado en Europa durante los siglos XIV y XV que, rompiendo las tradiciones escolásticas medievales y exaltando en su totalidad las cualidades propias de la naturaleza humana, pretendía descubrir al hombre y dar un sentido racional a la vida tomando como maestros a los clásicos griegos y latinos, cuyas obras redescubrió y estudió.

Así, partiendo del sentido amplio en principio aludido ligado al  desánimo en el que me encontraba manifesté mi deseo de querer vivir en otro planeta distinto al nuestro que me permitirá protegerme de él, de nosotros mismos, uno de los amigos se refirió a un concepto que podría curar mi misantropía pasajera al considerar la incapacidad de los seres humanos de hacer un mundo mejor,  siendo tal concepto el transhumanismo, definido por José Luis Cordeiro[1] como un “movimiento cultural e intelectual que afirma la posibilidad y la necesidad de mejorar la condición humana, basándose en el uso de la razón aplicada bajo un marco ético sustentado en los derechos humanos y en los ideales de la Ilustración y el Humanismo.” El transhumanismo (www.TransHumanismo.org) representa una visión positiva del futuro de la humanidad.

Hoy día, tecnologías como ingeniería genética, clonación terapéutica, infotecnología, robótica, así como otras tecnologías que se encuentran en sus fases de implementación como la nanotecnología, la inteligencia artificial y la colonización espacial, forman parte del ámbito de discusión transhumanista. Discusión que impone considerar los riesgos y beneficios de estas nuevas tecnologías con el fin último de desarrollar estrategias y políticas que permitan a las sociedades e individuos navegar por las nuevas aguas que tenemos por delante.

Los transhumanistas esperan ansiosamente el día en el que el Homo sapiens sea sustituido por un modelo mejor, más inteligente y en mejores condiciones en el que dichas tecnologías pueden influir, de ahí que se explore su uso adecuado.

Ahora bien, quedarnos en este concepto como sustitutivo de la voluntad humana -de ahí la discusión de los transhumanistas-, me parece cuando menos arriesgado, siendo por ello que, sin negar la importancia de la tecnología y de la inteligencia artificial como una posibilidad de cambio favorable, sería demasiado escaso sino nos damos cuenta que el poder de cambiar las cosas está solamente en nuestras manos, no sólo en cuanto al desarrollo tecnológico, sino en la capacidad de influencia con nuestro actuar en los demás.

«Los transhumanistas esperan ansiosamente el día en el que el Homo sapiens sea sustituido por un modelo mejor, más inteligente y en mejores condiciones en el que dichas tecnologías pueden influir, de ahí que se explore su uso adecuado.»

Sin embargo, entiendo que esta capacidad de influencia no debemos planteárnosla a nivel global o  como redentor de la condición humana, porque de ahí podría venir el desánimo personal referido al principio, sino que se trata de algo más intimista o más reducido, es decir, en el cambio de uno mismo para intentar cambiar con nuestro ejemplo y/o conducta a los más próximos.

Quizá, se entienda mejor lo dicho formulando una simple pregunta: ¿intentamos cambiar en nosotros mismos lo que criticamos en los demás?. Criticamos, entre otras cosas, la falta de una política humanista no basada solamente en el poder del capital que, también tiene su relativa importancia, porque dentro del proceso productivo es necesario tanto al factor humano o mano de obra como la inversión o capital necesario para que un negocio pueda establecerse y funcionar, ahora bien, debería tratarse también una economía más igualitaria, donde los empleados formasen parte del activo de la empresa, en cuanto que, una mejor preparación y estímulo basado en la promoción profesional. Pero, recuerdo un hechor real que también me comentaba un amigo de cómo habiendo dado la oportunidad a los trabajadores de su empresa de formar parte de ella  como socios industriales,  una vez se sintieron «jefitos» empezaron a arruinar a la empresa con actitudes que iban desde la falta de rendimiento hasta apropiarse de los propios clientes para montar otro negocio al margen, lo que ocasionó la ruina total de quien les dio la oportunidad de ser algo más que un simple trabajador.

Otra actitud muy frecuente es criticar la corrupción política, pero, ¿somos nosotros lo suficientemente íntegros para para hacer esta crítica, o por el contrario somos de los que si podemos defraudar a la hacienda pública lo hacemos? o ¿ayudamos a quien lo necesita sin escudarnos que para eso esta el sistema público de asistencia social?. En definitiva, con un pequeño granito de arena unido a otros muchos podría hacerse una gran montaña, podría conseguirse un gran cambio, pero, ¿estamos dispuestos a hacerlo?. Que cada cual se responda a si mismo.

Lo cierto, es que nuestra actitud negativa la escudamos en la actitud del mismo signo de los demás con reflexiones tan infantiles y falaces como «si roban millones de euros los políticos corruptos o los banqueros por qué no vamos a hacerlo nosotros», valga como ejemplo actuaciones reales tales como: «hágame usted una factura sin el IVA» o «¿le puedo pagar esto o aquello en dinero negro?»

Como dijo Gandhi: «si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo«. Quizá se éste el mejor punto de partida para lograr ese transhumanismo tan necesario para cambiar el mundo.

[1] Ingeniero Mecánico por el Massachusetts Institute of Technology (MIT), Máster en Administración de Empresas por INSEAD y se ha formado en Economía Internacional y Política Comparada en la Universidad de Georgetown.

Además de sus actividades en la World Future Society y la Singularity University, es Investigador del Institute of Developing Economies (IDE – JETRO) en Tokio, director de la Single Global Currency Association (SGCA) y de la Lifeboat Foundation, cofundador de la Internet Society (Venezuela), consejero del Center for Responsible Nanotechnology, miembro del Comité Académico del Centro para la Divulgación del Conocimiento Económico y de la World Futures Studies Federation (WFSF) así como asesor de la Asociación Venezolana de Ejecutivos (AVE) y de varias compañías y organismos internacionales.

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