Archivos de categoría para: Vida

Consulta a tu psicólogo gratis

Magazine Plazabierta.com te ofrece un nuevo servicio gratuito, poniendo a tu disposición un psicólogo al que podrás formular cualquier consulta que afecte a tu bienestar emocional, personal y social, con el objetivo de mejorar tu calidad de vida, ofreciéndote la orientación que necesites.

Para formular tu consulta deberás enviarnos un correo  a contacto@plazabierta.com o mandarnos tu mensaje a haciendo clic aquí,contándonos tu caso y nuestro neuro-psicólogo te responderá en el plazo más breve posible en la sección de vida (tu psicólogo) , de nuestro menú, conservando siempre tu anonimato.

 

También puedes hacer clic en el logotipo de abajo, para acceder a la web del Doctor D. Francisco Javier Marín Mauri, donde encontraras videos y más artículos sobre temas de psicología que te pueden ayudar.

Haz clic en logo de la derecha ———————>

 

 

 

 

Así mismo, el Doctor te ofrece la posibilidad de terapia personal por videoconferencia desde cualquier lugar de nuestra geografía. Consúltanos los precios, te sorprenderán, en el correo arriba indicado, con el asunto: PRECIOS TERAPIA.

 

 

 

 

El teléfono de Primo Levi

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

10 de junio de 2019

 

En 1958, a punto de cumplir cuarenta años de edad, el químico turinés Primo Levi publicó ‘Si esto es un hombre’, un libro que habría de tener una gran resonancia y en donde explicaba su experiencia de un año internado en Auschwitz. Se trata del testimonio de un hombre que ni se jactaba de ser judío, ni se avergonzaba de serlo. Un judío no sionista, que no era creyente pero que era consciente de su instalación en una tradición y una cultura. Sin embargo, él se sentía más italiano que judío; más aún, él se sentía huésped de la Naturaleza, pues ‘la patria no es lo primero’.

El éxito de aquel primer libro suyo giró alrededor de su punto de vista, «sólo hablo de lo que vi con mis ojos». Primo Levi, miembro del Partido Comunista de Italia, deploraba sentirse uno más, perder su individualidad en una masa, por vejada que ésta fuera. No idealizaba a su conjunto. «No había nada de noble en los hundidos de Auschwitz –-declararía–. Nunca habrían cedido parte de su ración a otros. El tejido de las relaciones humanas estaba completamente destruido». Así puede entenderse que, desde su insobornable ecuanimidad y distinguiendo perfectamente a las víctimas de los verdugos, afirmara que es «un error estúpido ver a todos los demonios en una parte y a todos los santos en la otra». Cabe decir que a partir de cierto momento, Levi consideraba el estado de Israel como «un error en términos históricos» y que prefiriera que el centro de gravedad del judaísmo estuviese fuera de Israel: «Diría que lo mejor de la cultura judía está unido al hecho de estar dispersa, de ser policéntrica».

Primo Levi dejó de ejercer como químico en 1975. Decía que al escribir había dejado de desempeñar el papel de superviviente, «pero lo sigo siendo». Si decía que le complacía mucho que sus libros ayudasen a alguien, también afirmaba que le gustaría que le ayudasen a él. Su manera de hacer vacaciones, declaró, era escribir. La razón no puede tomar vacaciones, y él quería divertirse escribiendo, y divertir a sus futuros lectores. Por eso, confesaría, «el libro escrito tiene que ser un teléfono que funcione». ‘¿Qué te parece, Sylvia?’. Pero ella permanece callada, casi inexpresiva a mi provocación. Por cierto, Levi declaró que las huelgas estudiantiles le parecían autodestructivas, originaban gente mal preparada.

La curva-dura del despacio-tiempo

Helios Manzano Sánchez-Pantoja ♦ Pensador, divulgador molesto

9 de junio de 2019

 

 

 

¿Sabes que tenemos dos tiempos? En realidad hay muchos, pero nos centramos en dos. 

Uno es el cronológico, el que marcan relojes y calendarios, y el otro es el de verdad, el que nos afecta, nos desespera y nos melodramatiza.. Ese tiempo que no paaaasa nunca, cuando estamos trabajando, o esperando que llegue la respuesta a un mensaje… 

Ese quedar cinco minutos para salir de trabajar, y ponerse a hacer papeleos, recados, llamadas… Y cuando vuelves a mirar son menos 4 minutos… ¿porque? ¿Que hemos hecho para merecer esto?

O ese mandar un mensaje a la persona que te gusta, y en lo que le llega, lo mira, se desconecta, y vuelve a entrar para contestar, nos hemos casado con esa persona, hemos tenido hijos y discusiones y nos hemos divorciado.

Esperar le da ventaja al diablo, dicen… 

Lo cierto es que nuestro imaginario no puede estar ocioso, y en lo que esperamos, sacamos miles de conclusiones sin el más mínimo dato real. Y, lo peor es que el psiquismo no reconoce la diferencia entre dentro y fuera, así que lo que imaginamos, es como si lo hubiéramos vivido de verdad… El chiste del gato… lo conocéis? Si no, decídmelo y lo cuento en el siguiente artículo.

“¿Por qué no contesta a mi mensaje? Porque pasa de mi, seguro…” Cuando hay miles de posibilidades diferentes: Que vaya caminando por la calle, que quiere pensar la respuesta porque tu también le gustas, que se esté cayendo por un barranco… La cosa es que, no solo tendemos a completar sin datos para poder sacar conclusiones que calmen nuestra ansiedad, si no que además tendemos a centrarnos en la posibilidad más negativa de todas… Por lo menos, a mi me pasa.

Ese tiempo se hace eteeeeeerno e insoportable, y ese rato, que podríamos aprovechar para ir haciendo nuestras cosas, y que cuando llegara la respuesta nos pillara de sorpresa, nos lo pasamos elucubrando sin datos reales, con la necesidad de sacar respuesta rápida que nos salve de estar “haciendo el canelo”. Aquí ya entra el exceso de amor propio, que ya trataremos en otro artículo, porque es tan importante y puñetero, que debería tener su propio código postal.

 Todo es porque tenemos tal inseguridad de nosotros mismos, que en cuanto ponemos algo en juego necesitamos que sea aprobado por el otro en cuestión, y nos valoramos en función de cómo nos vemos a través de los ojos de la otra persona. Y tiene que ser en el momento en que nosotros queremos, y de la forma que a nosotros nos agrada… Y si no, nos inunda un sentimiento de.. “Ajajaaaaa… ¿Es que cree que no estoy a su altura? ¿Se cree que soy tont@?” Y necesitamos defendernos, acorazarnos (poner una coraza al corazón)… Así que nos centramos tanto en defender nuestro ego que creamos una película totalmente distinta a la realidad, y forzamos a la realidad a que encaje con nuestra película. Y eso está muy bien cuando la película mola… Pero generalmente esa energía la aplicamos en películas que no molan, en las que necesitamos defendernos para no sentirnos una caca.

“¡Seguro que no me llama porque pasa de mi y no tiene, (¡¡Oh Dios!!) ni el respeto de escribirme para decírmelo, sino que me da largas!” (Y te golpeas en el pecho y miras al cielo jurando, cual Scarlett O` hara, que no vas a permitir que nadie se ría de ti)

Disfrutemos de la incertidumbre, cosa que al psiquismo no agrada, que nos da el poder de ser felices en todo momento, y la recompensa no depende nunca del exterior… Y cuando encima llega eso que estábamos esperando, es siempre una maravilla extra.

Visita mi canal! ToDo a Zen, tienes un vídeo relacionado con este artículo aqui

Grupo de Facebook

Página web

UNA EXPERIENCIA SINGULAR PARA ENTRENAR LA RESILENCIA

4 de junio de 2019

¿De qué te crees capaz?

La resilencia es individual: depende de tu plena presencia, de tu capacidad de transformar en aliciente cualquier dificultad, de rodearte de buenas personas positivas, y evitar «los tóxicos». Es un cambio importante el intentar no controlar las situaciones, sino las emociones y después ¡a entrenar!

M. Outsiders en el croma key del rodaje de “Excéntrica”, mediometraje (sin editar) sobre los sentidos y las emociones, trabado de momento, por el hado

Para contestar a la pregunta: ¿de qué te crees capaz?, hay un largo proceso de «reparación» en la existencia de la propia «capacidad». El primer peldaño para subir por esta stairway to Heaven es separar zancadillas de charcos, sobre todo, cuando tu vida está siendo, todo el rato, una carrera de obstáculos.

Lo que no sabes ni esperas, se enfrenta después del trompazo: tú puedes decidir cómo, según cómo tires subes un peldaño o bajas dos. Las zancadillas se previenen y los charcos en los que meterse se sopesan, pero el karma individual no puede constelarse… Cuando me refiero aquí a la vida, hablo de la vida lograda; se trata también de superar nuestro karma, mientras conocemos el propósito de nuestra existencia: ¡darle tu cuerpo a otra alma!

Yo comencé, sin saberlo exactamente, a entrenar resilencia en el año 2005, cuando por azar participé en el primer experimento de Jorge Arribas Haro, un invento brutal: un Taller de Destructoterapia para eliminar el stress, desfondándome a golpes con un mazo sobre un coche de desguace a las afueras de Soria. También probé con el lanzamiento de móvil y la pulverización televisiones.

 

Jorge Arribas, un verdadero crack:
http:// https://www.linkedin.com/in/jarribasharo/

El ser humano sabe mucho más de lo que comprende, dijo Alfred W. Adler.

La Humanidad es entender al mundo y el Sr. Arribas me ayudó a entenderme muy bien: yo no tenía stress sino algún tipo de imponencia emocional asomándose peligrosamente por el balcón de la rabia. Decidí auto distanciarme, cambiar el foco, utilizar otros recursos y pasarlo bien. Hacer un poco la loca, cosas raras que me gustaran, tener experiencias nuevas para estirar las piernas del alma. Mi meta, dado que siempre se me ha cumplido el «no hay dos sin tres» y el señor Murphy parecía mi novio, era conseguir convertirme en una resiliente en estado puro y realizar lo imposible mientras lo posible no sucediera. Salí a buscar mi brújula vital para localizar norte, con el fin de superar la soledad del autónomo, el síndrome burnt out (del quemado), y los etéceteras de la alta competición que es el hoy en día.

La televisión japonesa se hizo eco de este primer alunizaje en Soria:

https://www.youtube.com/watch?v=p6a3oDQ6ypQ

¡Romper, romper, romper!:

Hay que decir que aquí llegué gracias al manager del grupo de rock soriano «El Petardo Infecto», cuyo tema «Mecaguenelcopón» sonaba con toda la chicha posible mientras los «afectados» dábamos martillazos a diestro y siniestro.

 

Ese fue mi primer ejercicio resilántico. El martes que viene os cuento mi conversión en Argonauta, siguiente fase del entrenamiento, esta vez en el Atlántico.

La satisfacción de ser mejores

Feliciano Morales ♦ Director-Editor de Plazabierta.com

23 de mayo de 2019

Hay una canción de Joaquín Sabida que dice: “igual que una co… te digo la o”… “como te digo una cosa te digo la otra”, y así es, pues de sobra es conocido por quienes me leen de mi sentimiento misántropo en ocasiones, sobre todo cuando pretendes analizar como el devenir de los acontecimientos nos están llevando a un mundo deshumanizado. Sin embargo, sería de necios o de ególatras el pensar que en este mundo no hay gente buena, personas preocupadas por el mundo que les rodea, personas responsables, personas cuyas virtudes no aparentes, sino reales, nos enseñan o dan ejemplo en el día a día con su conducta de cuál ser nuestra forma de actuar con respecto a nuestros congéneres para hacer de ese mundo un mundo mejor.

La cuestión parece simple: “trata a los demás como te gustaría que tratasen a ti”, sin embargo, no es así, pues es inevitable que en las relaciones humanas surjan roces y con esos roces ciertas actitudes no toleradas en nuestros semejantes, a veces por soberbia, otras por envidia, y la mayoría de las veces, ni se sabe cual es el motivo para tener tantos frentes abiertos. Es evidente que la complejidad del ser humano es fruto de su sistema emocional y racional, estando la solución como en la mayoría de las cosas en el equilibrio entre ambos.

Una persona puramente racional, no sería más que una máquina, un ente frio, calculador, habida cuenta que la razón no es más que la relación entre ideas o conceptos con el fin de  obtener conclusiones o formar juicios. Las emociones son necesarias, puesto que muchas de nuestras actuaciones son fruto de nuestro sentimiento, así, por ejemplo, el socorrer a nuestros semejantes es fruto fundamentalmente del sentimiento de la compasión. Pero, además, este juego entre la razón y el sentimiento no se puede sustraer de los estereotipos sociales cuando se habla de relaciones humanas, es decir, de creencias generales relacionadas con un grupo o una clase de personas concretas, muchas veces de manera preconcebida y sin fundamentos teóricos, lo que aún hacen más compleja, si caben, las citadas relaciones.

Por consiguiente, hacer a los demás lo que nos gustaría que nos hiciesen a nosotros está muy bien, como la mejor manera de conseguir armonía en las relaciones tanto a nivel individual como social con otras de personas, sin embargo la complejidad de nuestro sistema de pensar, actuar y sentir, hace que perdamos el Norte, entrando en un mundo de confrontaciones absurdo, a no ser que, lo que se pretenda es quedar por encima de los demás.

La confrontación debe existir, entendida ésta como un cotejo de una opinión con otra, sin elementos violentos o de imposición de ideas, sino a través de la dialéctica como técnica de dialogar y discutir para descubrir la verdad, en la que, inevitablemente, es necesario la exposición y confrontación de razonamientos y argumentaciones contrarios entre sí, pero nunca con el ánimo de desplazar a la persona, sino al argumento.

En definitiva, se trata únicamente de ser honestos con nosotros mismos y con los demás, como sinónimo de decente, decoroso, recatado, razonable, justo, probo, recto u honrado según detalla el diccionario de la Real Academia Española; porque no nos quepa la menor duda que solamente de esto se trata, así estaremos más cerca de conseguir nuestra felicidad y la de los demás. Pero, hay de llevarlo a cabo, incluso cuando los demás no se lo merezcan, porque así sólo él quedará evidenciado.

Claro que el mundo puede cambiar, aunque sólo sea nuestro pequeño mundo. Es difícil, pero no imposible, además la satisfacción que nos reportará merece la pena, aunque nada más sea para dormir a gusto todas las noches.

Embaucadores





17/mayo/2019
Feliciano Morales. Director-Editor Plazabierta.com

Muchas personas cuando hablan encandilan, dicen palabras bonitas, pero sólo son eso: palabras.  Podríamos decir que en estas personas “del dicho al hecho hay mucho trecho” tal y como reza en nuestro rico refranero, sólo buscan quedar bien, pero sin adoptar compromiso alguno o lo que es peor, dicen una cosa y hacen otra.

En ellas el “buenismo” no existe, no son hacedores del bien, son predicadores y repetidores de frases hechas, de consejos que ellos mismos son incapaces de poner en práctica, aduladores que buscan embaucar a quienes le rodean, el reconocimiento social a su aparente bonhomía.

Esta forma de actuar no es más que una manifestación perversa de su cinismo.  Un cinismo adornado con joyas verbales. Se esconden detrás de una falsa apariencia, bajo el manto del buenismo, haciendo un marketing social de si mismo y de sus ideas atizando luego en la penumbra a quien no piensa o actúa como él. Hacen en público concesiones generosas para evitar conflictos, tanto a nivel personal como social, en un intento hipócrita de apaciguamiento.

Buenista viene de bueno, como dice la RAE es una actitud de quien, ante los conflictos, rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con extrema tolerancia, siendo esta la imagen que tratan de dar aquellos farsantes con piel de cordero. En público dicen una cosa y en privado hacen otra, incluso en determinados ámbitos actúan de manera diferente según el foro en el que se encuentren. En definitiva,  no dan la auténtica cara, van de apaciguadores cuando luego son ellos los que crean los conflictos o echan leña al fuego para que no se apague.

Hacen una caridad de reconocimiento social, sólo para que los demás les ensalcen. Perdonan en público agravios recibidos pero guardan el rencor en su interior, no son capaces del olvidar, estando al acecho de quien le agravió, para en pequeños comités destruirle. No van de cara.

Se olvidan de que los problemas se pueden solucionar a través del dialogo, la solidaridad y la tolerancia, siendo éstas, a tal caso, apariencias iniciales dentro de un mero postureo.

Viven socialmente en una constante actitud artificiosa e impostada que adoptan por conveniencia o simplemente para presumir, en busca de una “posverdad” que no es más que una distorsión deliberada de la realidad, siendo capaz de manipular creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública.

No son más que embaucadores a través de una falsa representación de virtudes de las que carecen. Son un fraude social en busca de un populismo sonriente.

Están lejos de ser libre-pensadores porque buscan solución a los problemas con términos acuñados en vez de con argumentos y análisis de los argumentos contrarios. Están lejos de ser buenas personas, aunque lo parezcan.

Cuidado con ellos.

Reflexión educativa

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

Sin duda una de las grandes y poco valoradas, por habituales, tareas del hombre es la educación de sus hijos. Esa ingente tarea en la que se embarca en su juventud y no abandona hasta su muerte.

Curiosamente en los curriculum de las personas figuran sus estudios, sus trabajos, sus títulos y desempeños, pero ninguno recoge esas muestras de habilidades y logros, nunca he visto a nadie referenciar que sea padre, de cuantos hijos, ni los logros de ellos de los que debería de sentirse partícipe. Lo de los fracasos ya ni mentarlo.

 

Ser padre consciente, así, en género genérico, debería de ser uno de los mayores orgullos, uno de los logros más gratificadores de los que una persona debiera de presumir, moderadamente, porque también hay que reconocer que la suerte y el entorno tienen su influencia. Seguramente esta carencia parte del hecho de que hasta hace poco, relativamente poco, tener hijos era una circunstancia inherente a la vida misma. Educarse, casarse, procrear y transmitir la educación recibida no era planteable, la sociedad lo demandaba de esa forma sutil y absoluta con la que la sociedad nos empuja a sus propios objetivos.

Pero hoy en día en esta sociedad en plena evolución el paradigma ha cambiado y, cada vez más, tener hijos es una elección íntima, y la forma de educarlos una declaración de convicciones personales, a veces obsesiones personales, que habla mucho de los que lo hacen.  A favor, en unos casos, o en contra en otros, porque intentar educar en unos valores concretos, sean religiosos o ideológicos, es de alguna manera una forma de castrar la libertad del futuro. Tan malo es, y evidentemente es un punto de vista, fomentar una creencia como intentar impedirla por todos los medios. Tan negativo y castrante es permitir los juegos y juguetes sexistas como intentar prohibirlos radicalmente y crear una obsesión que sustituya a un planteamiento racional. Y existen varias posturas de este tipo: la bélica, la sexista, la religiosa, la ideológica, la electrónica.  No deberíamos de olvidar la frase de Plutarco que define maravillosamente la base de una educación eficaz: “la mente no es un vaso por llenar, sino un fuego por encender”

Prohibir, imponer, exigir, erradicar, son verbos absolutos que nada tienen en común con educar. Yo diría incluso que son justo el reverso del concepto. Claro que siempre hay que tener en cuenta que para ejercer de padre no hay un manual conocido, y, aunque internet se comba por el peso de tutoriales sobre el tema, aún nadie ha descubierto la fórmula universal, el sistema que valga para todas las peculiaridades. Pero mencionaba, así, como de pasada, en un párrafo anterior el concepto de padre consciente. Es decir, aquél que lo es más allá de una consecuencia fisiológica, de un arrebato pasional o de una circunstancia que no sabe o no quiere evitar sin un compromiso real con la situación. El padre consciente es aquel que lo es voluntariamente, que busca una educación y formación adecuadas para su hijo, que tiene un plan e intenta llevarlo adelante a pesar de las circunstancias.

Claro que así, puesto por escrito, teorizando, todo parece fácil. Las letras, las palabras, todo lo resisten, luego la vida es otra cosa.

A veces lo más sencillo suele ser lo más práctico, y la experiencia, esa que no se tiene cuando hace falta, sin ser la panacea universal, es la única que podría apuntar a un camino que ni tiene trazado ni nunca va por donde uno espera. Y aunque efectivamente los padres no disponen de esa experiencia nos quedan los abuelos, que habrían de servir como algo más que de meros suplentes de necesidades puntuales o torpes molestias de pasados insondables.

A estas alturas, ya abuelo, me preocuparía mucho de educar a un hijo que ya no voy a tener en unos valores básicos: pensar libremente, respetar siempre a los demás, aprender a pedir perdón, aprender a defender las convicciones con rigor y a usar la lógica más sencilla y descarnada en cualquier circunstancia de la vida.

Lo de las ciencias, las justicias, las ideologías, las religiones y otras cuestiones menores seguro que se van resolviendo por sí mismas.

Adenda. ¿Quién es Dios?

Feliciano Morales. Director-Editor de MAGAZINE PLAZABIERTA.COM

Sin la existencia no hay vida. No puede haber existencia donde no hay nada. Es decir, la nada es lo que hay antes y después de la existencia. Si nada existe es porque ha existido la existencia.

Consecuentemente, la nada es a la existencia lo que la existencia es a la nada. Dos estados diferentes. Imaginemos la constante expansión del universo, allí donde antes existía la nada ahora hay existencia.

El cuerpo se corrompe después de la muerte hasta concluir en cenizas que pasarán a formar parte de los nutrientes del suelo, todo es un ciclo que no termina.

Como dijo el químico, biólogo y economista francés, Antoine-Laurent Lavoisier: “La energía ni se crea ni se destruye sólo se transforma”, entonces se nos plantea la cuestión ¿a dónde va nuestra energía cuando desaparece la vida?.

Vaya a la tierra que se beneficia de nuestra materia o al cosmos, ambos forman parte de un todo infinito.

A Dios se le define como a un todo, alfa y omega, principio y fin, antes del principio no existía nada, porque el principio es el inicio de algo, y sin inicio no puede existir la nada.

El inicio ¿es energía o es materia?. El origen del Universo es el instante en que surgió toda la materia y la energía que existe actualmente. Materia y energía es el origen del todo. La existencia. 

Si Dios es todo, Él es materia y energía.

Si el universo está en constante expansión, es porque sigue existiendo esa materia y esa energía, con lo cual Dios existe, pudiendo afirmar que es el principio y el fin. El todo y la nada. Insisto, un Dios sin cara, sin dogmas, sin religión, sin diferencias…, el Arquitecto Superior del Universo.

¿Quién es Dios?

CARTA A MI MALTRATADOR

No me ha quedado otro remedio que pedir ayuda para poder salir de este abismo: no puedes obligarme a quedarme y resistir porque esté casada contigo. Esclavizada y a tu servicio, me acosas, chantajeas, manipulas y maltratas psicológicamente desde hace… ni me acuerdo.

Mar Outsiders (Campillo). Periodista

No puedo seguir coaccionada  ni vejada emocionalmente. Pretendes que vaya y vuelva a cualquier parte en el mínimo tiempo, y que esté preocupada sintiéndome responsable de cualquier cosa que pueda ocurrir si no hago las cosas como tú quieres.

Impides de todas las maneras posibles que pueda desenvolverme en mi trabajo y actividades, en definitiva, mi desarrollo profesional, realización como persona, como mujer, y ya no tener un futuro sino un presente.

Te notifico mi decisión de interponer una demanda de divorcio inmediatamente, y me libero de la obligada convivencia conyugal, colmada de conductas de control, asedio y manipulación, que han producido una lesión psicológica por desgaste, incapacitándome para defenderme ante tus abusos, actos retorcidos, malas palabras, persecuciones por la calle y constantes mensajes telefónicos.

Estoy sometida, desde hace mucho tiempo, a tu acoso afectivo e intimidación, ejecutados mediante pautas de sujeción que, como acosador, has ejercido al fingir depender emocionalmente de mi, tu víctima, hasta el punto de hacerme la vida imposible, saqueando mi tiempo amén de devorarme con tus manifestaciones continuas y exageradas de afecto, reclamaciones de cariño y atenciones continuas.

Has robado mi intimidad, además de contarle a todo el mundo detalles de nuestra vida personal, arrebatándome la tranquilidad y el tiempo para realizar mis tareas y actividades, que has interrumpido constantemente con tus demandas; apenas me has dejado respirar entre petición y petición, pero siempre con buenas palabras, inoportunas y agobiantes. Cuando he podido salir para ir a trabajar, atender a mi familia o visitar a mis amigas, a mi regreso siempre he sufrido represalias, ultrajes y amarguras.

Cuando he rechazado someterme a esta forma de acoso, te has quejado, llorado, desesperado, implorado, amenazado y realizado actos de maldad, torticeros y ladinos, que has justificado diciendo que todo lo haces porque me amas. Esto supone añadir el chantaje afectivo a la estrategia de acoso.

En los últimos meses, además, apelas a cualquier cosa para provocar en mi un sentimiento de culpa e incrementar el menoscabo emocional.

Eres un artista de la agresión insospechada, una forma de violencia psicológica sutil y elaborada que se ejerce disfrazándola de protección,  atención, buenas intenciones y deseos.


La culminación de tu plan fue impedir mi desarrollo como persona autónoma, dificultado ejercer mi derecho a la libertad, sin poder escapar del entorno artificial fabricado para mí.

Todo dices hacerlo por mi bien; jamás has permitido mi independencia, nunca, haciéndome creer que el día que faltes mi integridad valdrá bien poco.


Me has agobiado con demandas de ayuda, como si fuera una enfermera o tu madre, privándome del derecho a salir con mis amigas, de viajar a mi gusto o de desarrollar mi profesión, pasando horas sin dejar de vigilarme, observarme y paralizarme.

Para no estar solo me has convertido en chica para todo, no tengo autonomía, no puedo descansar (me llamas y me mandas mensajes y whatsapps a todas las horas). Soy una esclava (hago la compra, cocino, te acompaño a pasear, a tomar algo, etc.).

Otra forma de agresión insospechada son los consejos. Tus consejos sapientísimos han tenido siempre un matiz de amenaza y han sido otra forma de acoso.


O lo que es lo mismo, empeñarte en dar tu visto bueno a mis acciones, ofreciéndome tu parecer sin pedirlo o, por el contrario, vetando mis proyectos. Te has permitido incluso darle tu beneplácito a mi sexualidad, mientras me repetías incansablemente que era el amor de tu vida y te ibas con otras mujeres, de lo que también me has hecho responsable.

Aconsejarme sobre lo que tengo que hacer en una u otra situación y hasta prevenirme del desastre si no seguía tus recomendaciones, ha sido la puntilla. Te has opuesto con todas tus fuerzas a que hiciera cosas que ni te iban ni te venían, pero en las que tú no podías dejar de intervenir.

Tengo secuelas de tu violencia psicológica contra mí, pero esto no es nada para ti, maltratador, tu manipulación me hizo creer que todo son exageraciones mías, que tengo la culpa de lo que sucede y, por supuesto, que es mi deber pasar página y perdonarte siempre. Lo mismo has intentado hacer con mi entorno, de manera que todo el mundo opinara que eres un excelente cónyuge, compañero o amigo. Lo has intentado, pero la gente no es tonta. Mi entorno sabe lo que pasa contigo y lo que estoy pasando contigo. Son mi apoyo, no estoy sola.

Sí, tengo secuelas: el desarrollo una personalidad adictiva, psicótica y casi violenta. La misma escena o escenas similares se han repetido una y otra vez hasta dejar de producirme malestar, porque mi mecanismo de habituación funciona y mi cerebro dejó de responder. Este es el mecanismo que desempeña el papel más importante en la violencia psicológica, porque la víctima, yo, he llegado a aceptar mi situación como algo totalmente normal y la he incorporado a mi vida como una faceta más.

Me ha costado mucho admitir que estoy anulada por ti, no es que me haya acomodado, sino que me has anulado por completo.

No me dejas descansar, ni dormir. No dejas de atacarme y de intentar engañarme para que me quede contigo. Pero no voy a seguir.

Me marcho lo quieras o no. Vas a dejar de perseguirme, acosarme, culpabilizarme y maltratarme.

Déjame vivir, por favor, no me mates.

 

El testigo de la vida

Amparo Perianes. Editora MAGAZINE PLAZABIERTA.COM

Oigo un llanto desesperado, es de una niña de 90 años, se dice bien. Parece una larga vida, pero no lo es. La vida es corta, los días, los meses, los años, pasan sin que nos demos cuenta, un día te levantas y el pelo se ha vuelto blanco, la piel descolgada y los surcos de las arrugas cada vez más profundos. El cuerpo merma, las manos se vuelven huesudas y las articulaciones de los dedos se deforman.

La niña nonageneria no deja de llorar, su llanto atrapa mi corazón, su desconsuelo no encuentra respuesta. 

Le paso la mano por ese pelo blanco, lacio, bajo hacia su cara y le seco con las yemas de mis dedos las lagrimas que se hacen camino entre su piel marchitada, pero la niña no calla. Sus ojos grandes destacan en una cara cansada, perdidos en el infinito. La niña se encuentra sola, le digo que la quiero, pero no me oye. 

Me siento en el brazo de su sillón, siempre el mismo, le agarro las dos manos colocándolas entre la mía, la miro a los ojos, se ha percatado de mi existencia. ¿Cómo puede expresar tanto una mirada?. Sus pupilas se han clavado en las mías y con un gesto de agradecimiento sus lágrimas cesan. La niña ahora está en calma, ya no se siente sola, pero no habla. 

Una sonrisa aparece en sus labios agrietados. Ahora son sus manos las que agarran las mías para impedir que me vaya.

Han pasado algunas horas, en un silencio sólo roto por su débil respirar, un silencio que dice tantas cosas como las que no se han dicho a lo largo de una vida. Un silencio de agradecimiento que no merezco. 

La niña de 90 años está en calma. Ya me ha pasado el testigo de la vida.

Sobre la eutanasia

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

Supongo que legislar es complicado, incluso ingrato. Supongo, porque nunca me he visto en la tesitura de hacerlo, que buscar la justicia para los demás  es una tarea que debe de exigir una capacidad casi infinita de perspicacia, perspectiva y buena fe que parece inalcanzable. Tal vez por eso mismo intentar que la legalidad, el resultado del acto de legislar, se acerque a un concepto tan ideal como el de Justicia ya no es solo complicado, ingrato, es, finalmente, improbable.

Pero tal vez lo más preocupante, lo que hace que nuestro punto de partida apunte, desde antes de empezar, en una dirección equivocada, a un camino torcido, es comprobar en manos de quién dejamos la tarea.

Legislar debe exigir una tremenda pulcritud en la neutralidad, unas claras miras de lograr mejoras en la convivencia que sobrepasen la circunstancialidad del día de su promulgación y busquen un futuro lo más largo posible, una vocación indiscutible de facilitar la convivencia en armonía evitando las situaciones de preponderancia, de abuso y de perjuicio, administrando los derechos de cada uno sin permitir que nadie pueda olvidar las obligaciones para con los demás.

Esto lo entendieron muy bien los legisladores de la antigua Roma, tan bien, que a día de hoy el derecho romano sigue siendo la base fundamental de diferentes sistemas legislativos, incluido el español. Pero desde entonces, desde hace más de dos mil años, ese cuerpo legislativo se ha ido modificando para adaptarlo a nuevos tiempos, nuevos conceptos, nuevos derechos, nuevas obligaciones. Y el problema siempre ha estado en la mirada del legislador.

Porque los cuerpos legislativos no han sido neutrales nunca. Durante cientos de años se ha legislado sobre los interesas de los legisladores que estaban representados por la iglesia y la nobleza. Unos legislaban sobre la moral, confundiendo sus convicciones con normas de obligado cumplimiento, y los otros legislaban sobre el beneficio y la riqueza reservándose la parte del león y el control de acceso a esa riqueza, o simplemente al bienestar. Detentar el poder y el control eran los objetivos.

Esta situación pareció cambiar con la Ilustración, el nuevo concepto de ciudadano y la aceptación de los derechos individuales universales. El reconocimiento del individuo como referente de esos derechos y capaz de gestionar su propio entorno ético abre unas expectativas que desgraciadamente se frustran al poco tiempo, al poco tiempo histórico.

La irrupción de las ideologías como sistemas de convicciones que se alimentan de la preponderancia del colectivo sobre el individuo, del enfrentamiento sobre el acuerdo, de la imposición por ley sobre la formación evolutiva, hacen que la tarea de legislar recaiga en unas manos que buscan conseguir por la vía de la inmediatez legislativa la obligatoriedad social de compartir las ideas del gobernante y sus más allegados, convirtiendo, de paso, la discrepancia en una ilegalidad.

Pero si con todo lo apuntado la ley parece quedar en mal lugar, en peor lugar queda cuando se constata que las leyes de los distintos periodos se solapan porque nadie las deroga, dando lugar a esperpentos, o situaciones de absoluto agravio.

La legislación sobre la moral que en tiempos pretéritos impulsó el `predominio terrenal de la iglesia, se convierte hoy en una legislación que afecta a las convicciones éticas de los individuos, penalizando, a veces con rigurosidad, convicciones que comparten amplios segmentos de los legislados.

No se puede, no se debe, legislar la moral. No se puede legislar, no se debe, sobre conceptos y derechos que atañen al propio individuo y no implican en su aplicación a otros, a terceros.

Tal vez el último ejemplo, el caso del suicidio de Mª del Carmen Carrasco, haya destapado un problema que solo permanecía tapado para la administración, la acción de control del cuerpo legislativo sobre la vida del individuo. Resulta que el suicidio, la libre disposición de la vida propia, es un delito. Y resulta, como consecuencia, que cualquiera que colabore es también un delincuente con el agravante de que mientras el sujeto principal del delito resulta ya inalcanzable para la justicia, el sujeto colaborador se convierte en reo y perjudicado.

En el fondo subyace el concepto de eutanasia. En realidad el poso moral de nuestra educación nos lleva a un debate estéril entre eutanasia y cuidados paliativos, estéril porque son diferentes y complementarios. Existe una cobardía moral heredada que nos penaliza e impide dar una solución ética al problema. ¿Cuál es la frontera entre los cuidados paliativos y la eutanasia? , yo creo que simplemente la que separa la acción de la inacción.

Los que en algún momento hemos tenido que tomar decisiones sobre vidas ajenas, pero muy próximas, sabemos de la rémora moral que nuestra decisión supone, aún a pesar de tener la convicción ética de haber hecho lo correcto. Tomar la decisión de dejar morir a alguien que ya no tiene ante sí más que un futuro, en la mayoría de los casos corto, de intenso sufrimiento, de tortura médica, es complicado, y siempre queda la duda, el mordisco interior de dudar si se ha hecho lo correcto. Esa incertidumbre moral es, supongo, estoy convencido, mucho mayor cuando en vez de consentir pasas a ejecutar, cuando con el consentimiento del sujeto tú dispones activamente de la vida ajena. Yo, ahora, desde mi perspectiva, no me siento capaz ni ética ni anímicamente de una decisión de ese tipo, pero tampoco, bajo ningún concepto, me siento moralmente capaz de condenar a aquellos que dadas la circunstancias adecuadas si lo hagan. Y en eso si debe de intervenir la legislación, en definir las circunstancias adecuadas descargando a la ley de todo peso moral.

Agravar el sufrimiento moral que seguramente sufre Ángel convirtiéndolo en un delincuente, gravándolo económicamente para mantener su defensa, y obligándolo a la exhibición pública de su zozobra, es de una bajeza ética difícil de consentir. Que además eso se realice mediante un tribunal especial, especialmente concebido y diseñado, para delitos en los que la alarma social es la única justificación para perpetrar una desigualdad con la excusa de corregir otra, es de una vileza legal difícil de asumir.

El peso de la ley, que parece ser muy pesado, no debe de recaer sobre individuos que no han hecho otra cosa que actuar éticamente. No es ese su fin. Tampoco debe de permitir escenarios equívocos en los que puedan darse situaciones de asesinato encubierto. Pero precisamente por eso, se debe de acometer de una vez por todas le definición de los escenarios en los que la eutanasia ha de ser aplicable, aquellos en los que el sujeto pasivo aún puede expresar su libre consentimiento y su firme voluntad debido al deterioro de su calidad de vida. Si se ha legislado sobre el aborto, que para mí no es más que una forma de eutanasia por derechos interpuestos, no entiendo los escrúpulos éticos para afrontar el resto de supuestos, los relacionados con enfermedades degenerativas en fases terminales y de sufrimiento. Acabaríamos, legalmente, con situaciones que terminan siendo injustas para con el que sufre en primer término y con el sufrimiento de los que asisten impotentes a su dolor por extensión.

¿Para qué sirven los viejos?

Salvo los propios abuelos, generalmente el resto, son vistos socialmente, bien como molestos, como cargas, incluso, en muchos casos, con la repulsa de una cara arrugada y un cuerpo consumido, por el transcurso de los años, de toda una vida que, por la profundidad de los surcos de las arrugas, parece que nada cómoda.

Dice el profuso refranero español que “es de buen nacidos ser agradecidos”, en consecuencia serán unos “mal nacidos” quienes repudian a sus progenitores, ni siquiera por causa que lo justifique, si es que algo podría justificar el desarraigo familiar, sobre todo cuando nuestros ascendientes empiezan a dar guerra o a ser dependientes. Si tan despreciables son sus ascendientes para merecer su repudia, habría que preguntar a quienes adoptan tal actitud, qué parte de responsabilidad tienen ellos o qué hicieron por cambiar la situación.

Olvidamos con mucha facilidad lo que somos que, en gran parte, debemos a una herencia tanto genética como educacional, primero de nuestros progenitores, pero también del resto de ancestros, en lo que nos gusta y no nos gusta. Pero, socialmente son el tesoro de la experiencia, de la sabiduría que da toda una vida, de conocimientos de una vida dedicada al estudio o a la investigación pero, también, quienes han contribuida a lo largo de su vida laborar para tener una pensión digna y merecida.

De todas las etiquetas que se suelen poner a nuestros mayores, la que más me saca de mis casillas es la de calificarlos como “carga”, como sinónimo de “molesto”, de alguien que estaría mejor fuera de nuestras vidas, así muchas veces no se duda en dejarlos en esos “almacenes de almas” que son las residencias de ancianos; aunque, sin cuestionar el hecho de llevarlos a ese lugar cuando se precisa de unos cuidados especiales que no se les pueden dispensar en su domicilio o en el de sus hijos o nietos, o por desearlo el propio abuelo o abuela; pero también, cuando los hijos por sus ocupaciones, cargas familiares y, a veces, esclavitud laboral, no disponen de tiempo o espacio suficientes para dispensar unos cuidados a sus mayores. El problema no es éste, sino el del abandono que se hacen de los ancianos en residencias olvidándonos de su existencia, desconectando de ellos.

En cualquier caso, no se trata de demostrar que es mejor, si la asistencia personal en nuestros hogares a los mayores o en centros residenciales públicos o privados.

Son muchas las combinaciones de intereses en juego, bien de los propios abuelos pero también delos familiares, por este motivo nadie debe juzgar sin conocer bien la casuística, de manera que la decisión que tomen unos familiares respecto de sus mayores, de su adecuado cuidado, de las disponibilidades para su cuidado personal, espacio, economía, es una cuestión que cada cual debe decidir y adoptar, bajo su responsabilidad y conciencia, valorando todos los intereses en juego, pero fundamentalmente pesando en el bienestar de los mayores. 

Se trata de demostrar que son muchas las cosas que debemos a nuestros padres y abuelos, entre otras cosas que estemos en este mundo que, sin haberlo pedido, como algunos dicen para justificar su desarraigo, el caso es que lo estamos, con la oportunidad de haber vivido lo que hemos vivido, lo bueno y lo malo, porque hasta de lo malo debemos sacar lo positivo si lo hay y, sino, al menos, la experiencia, esa que a lo largo de los años nos harán tan sabios como son ellos: nuestros mayores.

Pero si tuviéramos que hacer categorías de mal nacidos ocuparían el grado más elevado los que son capaces de hacer daño a los ancianos, gente sin corazón, sin escrúpulos, deshumanizados, que deberían ser rechazados socialmente, incluso ser castigados con penas de cárcel, porque quien atenta contra la integridad física y moral de un anciano o anciana, contra su honor, incluso contra su intimidad, no solamente está actuando contra natura, sino contra toda la sociedad que, moralmente tenemos el deber de guardar estos tesoros de la vida que son nuestros mayores.

Quien trabajando en una residencia carece de la mínima sensibilidad como para maltratar a los residentes, debe ser conocida públicamente para garantizar a la sociedad que nunca más volverá a trabajar en este sector por su manifiesta incapacidad para desarrollar mínimamente ese trabajo que, si bien siendo conscientes de la dureza del mismo, nadie le obliga a desempeñar y menos de esa manera tan ignominiosa y cruel.

Esperemos que el ministerio fiscal, presente cargos contra esa empleada de la residencia de Hortaleza en Madrid «Los Nogales de Hortaleza y contra la propia dirección por no controlar a sus trabajadores y el trabajo desarrollado por estos, en concreto contra Mónica Moya Pérez, Bryan Israel Noboa Calle y María Josefa Trueba López, que ya están siendo investigados por la Justicia para depurar responsabilidades.

Exigimos que se incremente la vigilancia por parte de la Administración para garantizar uno de los derechos proclamados constitucionalmente como es promover el bienestar durante la tercera edad, mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio (artículo 50 de la Constitución Española), exigiéndola incluso, responsabilidad subsidiaria por no controlar actos tan execrables como el que aquí denunciamos y que esperamos nunca más se vuelvan a repetir.

También hacer un llamamiento a aquellos familiares que “depositan” en estos centros a sus ancianos para quedar limpios de toda carga sin preocuparse de cómo son tratados, de si son felices o no, de cómo se encuentran, denunciando inmediatamente a esos centros privados que lo único que persiguen es ganar dinero, legítimo en cualquier empresa, pero no de la forma que lo hacen algunos tratándolos de cualquier manera, sin sensibilidad y no dando respuestas a sus necesidades más esenciales y básicas, incluso mucho más, por el dinero que algunas cobran que no solo dilapidan la pensión, sino los ahorros de toda una vida.

El desierto vergel

Inopinadamente un viaje por ciertos espacios parece convertirse en un viaje por ciertos tiempos, y es que el desplazamiento por algunas carreteras locales de nuestra geografía rural, a velocidades convencionales, produce efectos que parecen pertenecer a la ciencia ficción y el tiempo se trastoca en nuestro avance. El tiempo y la desmemoria.

He hecho un precioso viaje a las entrañas del Alto Ebro, una región de una belleza particular, llena de aguas en pozos, de aguas en cascadas, de aguas en ríos, encañonadas, salvajes, que se retuercen por la geografía hasta que su búsqueda las hace coincidir y sumarse. Una región en la que el Ebro se transforma de fuente en arroyo, de arroyo en río y de río en ese caudal magnífico que se va asomando a la geografía peninsular hasta su desembocadura. s de Escalada e invita al visitante a recorrer sus calles antes o después de visitar sus parajes. Geografía física y geografía política, como se llamaban en mis tiempos de estudiante a las ramas de la geografía que estudiaban los aspectos naturales y los humanos.  Una llena de venas de agua y sombras de montañas y la otra llena de colores y fronteras que delimitaban las comarcas, las provincias, los usos y costumbres, los recursos naturales que identificaban y daban vida a los hombres que las habitaban.

La belleza de los parajes es conmovedora. La geografía física con sus relieves, sus cursos y sus líneas geodésicas se mantiene, si no imperturbable por el tiempo si al menos, constante en su belleza. Ese prodigio estético, que es la cascada de Orbaneja del Castillo, o ese profundo azul del pozo del mismo color en Covanera, o la belleza del cañón que encauza al Ebro en toda la región y que puedes contemplar en toda su grandiosidad en los miradores junto a Pesquera de Ebro, contrasta con un feroz decaimiento de la geografía política.

Un vergel casi desierto. Una ristra de pueblos enfilados por el Ebro en los que apenas quedan ojos para solazarse en el paisaje, para refrescarse en las aguas, para contemplar el vuelo de las rapaces que pueblan las paredes del magnífico cañón. Una comarca, El Valle del Sedano, en la que entre todos sus pueblos apenas suman el número de vecinos que consideraríamos mínimo para uno solo de ellos. Una comarca que sobrevive con el retorno de los propios en las épocas estivales, de vacaciones y algunos fines de semana, y con el turismo que sus bellezas naturales y culturales deparan a los que se asoman a ellas.

Todo está montado para ese tiempo, para ese escaso, efímero tiempo en el que la población recupera la geografía política. Pero el resto del tiempo, la mayor parte de los días del año, el lugar languidece como si la población, su escasez, fuera la sangre fría de un animal que hiberna a la espera de que vuelva el calor de sus habitantes.

Recorrimos varios pueblos, casi todos, y en todos ellos encontramos el mismo mensaje. No hay gente, no hay niños, no hay vida más allá de algunas paredes que acogen a los cuatro, a los ocho o a los veinte habitantes que aún se aferran a sus pueblos. Pasamos por Sedano, vimos sus iglesias, románico espectacular e incluso único como las columnas de la iglesia de Moradillo de Sedano, como la riqueza que las paredes de la de Gredilla de Sedano atesoran.  Pero no encontramos un bar en el que comer, ni allí ni hasta treinta kilómetros más adelante.

Nos lo decía Blanca, que tiene una panadería, la panadería, en Sedano: “Hace meses que cerró el único bar que daba comidas, y no parece que vayan a abrirlo de nuevo. Primero se llevaron a los niños a Escalada, luego cerraron el bar, este pueblo se va muriendo. A pesar de que aún nos queda el banco ya no quedan apenas habitantes. No más de veinte a diario.” No es la única que nos cuenta esas cuitas, también lo hace la esposa de José Ignacio Ruiz, carnicería Nacho, mientras nos despacha unas morcillas recién cocidas, aún calientes, exquisitas. El pueblo, los pueblos, languidecen y ya solo esperan el retorno temporal de los que viven en Burgos, en Santander, en Aguilar de Campoo o en Villarcayo. O el de los que viven aún más lejos y que por una temporada al año retornan a los paisajes de sus ancestros, o, incluso, a los suyos propios hasta que la necesidad, o la necedad, de un mundo mal construido los llevó a otras tierras. O, como último recurso, a los que se asoman ávidos de las bellezas físicas y políticas que guardan.

Nos lo corrobora José Santos Ruiz, Concejal de Cultura del valle de Sedano, habitante casi único y último agricultor en san Martín de Elines, a donde hemos ido para ver la Colegiata, mientras cargamos un saco de sus patatas. No queda nadie, no quedan agricultores, ni ganaderos, ni ninguna fuente de riqueza que pueda fijar a la población o atraer a nuevos habitantes.

Mientras recorremos estos parajes vemos en la televisión a los agricultores valencianos quejarse del precio al que les pagan las naranjas, de la importación masiva de naranjas de la China, de la “China, na, China, na te voy a regalar” que cantaba mi abuela en mis tiempos infantiles, en esos tiempos en los que la expresión “naranjas de la China” era sinónimo, ya, de camelo. Vamos, como lo del cuento chino y la miel pero en cítrico. Al parecer sale más barato, para los distribuidores, transportar de tan lejos un producto de menor calidad que cogerlo a la vuelta de la esquina. Les permite enriquecerse más para ser más exactos. Y mientras tanto los políticos legislan a favor de los distribuidores, a favor de las grandes superficies y penalizan fiscalmente, en realidad asfixian, a cualquier pequeño productor que intente hacer primar la cercanía y la calidad sobre el beneficio puro y duro de las grandes explotaciones o de la distribución, el verdadero tiburón de la cadena alimenticia, que ha quedado en manos de empresas que siendo extranjeras no sienten ni padecen los problema locales de este país que se despuebla a ojos vistas. Los productos de la tierra, antes sinónimo de calidad, de frescura y sustento de tantas familias, van siendo sustituidos por productos extranjeros, no siempre mínimamente aceptables y de una calidad muy inferior, y no siempre concordantes con lo que dicen ser o de donde dicen provenir en sus etiquetas.

Los pueblos, la España rural del mapa político, languidecen mientras vienen a Madrid a explicarnos que se mueren de soledad e indiferencia. En tanto miles, millones, de personas arrastran su vida por los suburbios de ciudades que apenas reparan en ellos para compartir sus restos, sus excedentes a veces en forma de residuo o basura.

Hacen falta leyes que corrijan este despropósito, hace falta recuperar el amor por la tierra, el gusto por lo cercano, el orgullo de lo propio. Hacen falta leyes, infraestructuras, tejido económico y social que permita repoblar los lugares que se pierden y que hacen que perdamos sus bondades y sus bellezas al mismo tiempo, en tanto la gente malvive y se hacina en otros lugares.

Como decía Blanca, la panadera de Sedano, “cuando en un pueblo cierra el bar ya es que no queda nada”. En esta país cuando en un pueblo cierra el último bar es que ya no queda nada de nada, ni siquiera consciencia política de que hay temas más importantes que ganar unas elecciones o presidir un gobierno, como conseguir un país próspero y preservar lo mejor de su geografía política, de esa geografía política de la que parecen no querer saber nada los políticos actuales.

El ser humano

Feliciano Morales. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

Los diversos conceptos del ser humano confluyen en definirlo como una animal racional. Animal porque procede de la familia de los homo sapiens, y racional porque tiene la capacidad de razonar, de hecho el vocablo “sapiens” significa sabio.

Sin embargo, a pesar de los logros alcanzados a lo largo de los tiempos de los que evidentemente son protagonistas grandes hombres y mujeres, tenemos una historia que es una vergüenza porque igual que hemos evolucionado en la ciencia hemos involucionado en el humanismo hasta el punto que estamos acudiendo a un eclipse de los valores y de la dignidad del ser humano.

Cada vez son más los elementos económicos, políticos, sociales e incluso culturales que limitan la solidaridad y la libertad de elección del ser humano, imponiéndose cada vez más aquellas ideologías que en vez de potenciar la dignidad y el respeto hacia la persona en todas las relaciones que configuran su vida individual, comunitaria y social, potencian la confrontación y la destrucción de los valores humanos como la honestidad, la sensibilidad, la gratitud, la humildad, la prudencia, el respeto, la responsabilidad, entre otros muchos.

Hablamos de derechos. Derechos de las homosexuales, derechos de los animales, derechos de las mujeres, derechos de los parados, de los pensionistas…, pero no respetamos los derechos humanos, es más, los prostituimos a nuestro antojo para sustentar ideologías de todo tipo con el único objetivo de imponerse sobre las contrarias mediante una hermenéutica viciada en origen porque no parten de una conciencia histórica y social, se juzgan situaciones acontecidas en un marco histórico determinado con elementos actuales cargados de una serie de prejuicios y expectativas que convierten el argumento en un engaño o mentira que suponen un obstáculo a una interpretación seria que den solución a problemas y procesos sociales actuales.

Es por ello que, una de las cualidades que definen al ser humano, cual es la capacidad de raciocinio, cada vez está más limitada por corrientes de opinión marcadas por ideologías interesadas, manipuladoras, y lo que es peor fragmentadoras de los grupos sociales. Si a esto unimos la sobrada muestra de la capacidad destructiva del ser humano a lo largo de la historia, no solamente en relación a sus congéneres sino de nuestro hábitat, hace que cada vez se pueda cuestionar más la auténtica naturaleza humana, salvo que admitamos que estamos ante una especie animal mala por naturaleza.

Dijo Thomes Hobbes en su obra El Leviatán (1651) que, el hombre es un lobo para el hombre, «Homo homini lupus», con ello pretendió la defensa de la razón práctica sin perder la vista a los otros, es decir, del resto de individuos que conforman el grupo, tanto en la acción moral como en la política.

A diferencia del lobo que es gregario, siguiendo una tendencia a agruparse en manadas, predominando el grupo y su defensa frente agresiones externas, el hombre es segregario, estando encaminada su actuación irracional  a destruir el grupo, a dividirlo, a destruirlo; lo que evidencia los horrores de los que es capaz la humanidad para consigo misma.

Mientras perdamos la expectativa de que el hombre es un fin y no meramente un medio y, por ello digno de respeto en todas las relaciones y manifestaciones que configuran su vida, estaremos convirtiendo las sociedades actuales en una jungla de animales irracionales, crueles y, lo que es peor, destructivos, peor que el lobo al que se refiere Hobbes.

Se hace absolutamente necesario en este momento de un existencialismo vertiginoso, promover todas aquellas facetas humanas tendentes a satisfacer las necesidades y aspiraciones del hombre, mediante un reconocimiento recíproco de los hombres en su dignidad, de manera que la relación del individuo con la naturaleza y con los demás seres humanos tengan como fin el progreso de la humanidad y no su destrucción.

Si no empezamos a actuar así, si la política, los avances científicos, tecnológicos…, en definitiva si nuestra propia existencia no la ponemos a servicio de los demás, con el fin de corregir todas aquellas irregularidades, diferencias, injusticias que atentan contra nuestra propia dignidad, estaremos abocados al fracaso de nuestra propia existencia, transformándonos en seres humanos instrumentalizados y degradados.

El espíritu y la materia: miscelánea del avance de la Teoría de la Mente

Mar Outsiders (Campillo). Periodista

 

A pesar de considerarme una mujer informada y moderna, todavía tengo los pies juntillos y los talones hincados en el mundo máquina; aún cuando han sido extensas mis lecturas sobre los fenómenos cuánticos, pasar al mundo holístico y al papel de la conciencia en una realidad no objetiva, y que no existe independientemente de la conciencia del observador, otrosí, donde la conciencia está íntimamente relacionada con la naturaleza de la realidad… es hacer un salto científico olímpico de la certeza a la incertidumbre, de lo absoluto a lo relativo, de lo separado a lo unido. Y ya se sabe, entre los pies sale lo que no se piensa ni se entiende.

 

Glenn Perry, “Robando el Fuego de los Dioses: Nuevas Direcciones en Investigación Astrológica“

https://astrologiaexperimental.com/2013/01/19/un-nuevo-paradigma-para-la-investigacion-astrologica-el-punto-de-vista-de-glenn-perry/


 

 

Si fuera cierto que la conciencia humana afecta a la realidad, no podría ser de manera cualitativa, porque no con solo pensar podemos convertir un árbol en una mesa. Pero sí existe una interrelación fundamental entre la conciencia (mi yo / auto-conocimiento) y el mundo: la que evita que existan de manera independiente.

¿Está la conciencia por encima de  la materia? ¿Cómo se forma la autoconciencia, la empatía, la capacidad de desarrollo social, y por ende la cultura? Parece ser que la naturaleza del electromagnetismo le da a cada acción (electro) una memoria correspondiente (magnética), y así el ser humano se vuelve «consciente de la conciencia”. Un instante antes del Big Bang (sonido) fue la Luz (la conciencia como radiación). Toda la materia es entonces Luz (e = mc2) todo el tiempo (e = hf).

 

Sin detener el diálogo interno no se percibe la conciencia pura ni se alcanza el punto Ømega

La conciencia objetiva interactúa con los cerebros subjetivos para producir mentes individuales llenas de ondas: Ømega, en el llamado sueño lúcido,  estado que sigue al estado de onda cerebral Delta, la del  sueño profundo; Beta es la de la conciencia normal; Alfa, la de la mentalidad meditativa y Theta la del observador que sueña (cuando  estamos “en la luna”).

Estoy empezando a pensar que el viejo paradigma mecanicista de la materia es un vehículo para impedirme dar el salto cuántico que me permita la ascensión a la conciencia.

 

Os presento a Raúl Arrabales, científico cognitivo, con un fuerte enfoque en Psicología, Inteligencia Artificial y Neurociencia, pero también interesado en Filosofía de la Mente, Lingüística y Antropología. Es un informático que trabaja en robótica, big data, ciencia de datos, análisis, aprendizaje automático, aprendizaje profundo, computación cognitiva y conciencia de la máquina:

http://www.conscious-robots.com/

¿De qué está hecha la conciencia?, ¿Podemos medirla?

En física cuántica son posibles muchas cosas, como que las partículas puedan ser al mismo tiempo materia u onda, o sea, materia y no-materia. La idea de que la materia es la sustancia fundamental de la realidad deriva de los muchos fenómenos invisibles que aún tenemos que detectar y comprender. Al ser nuestras percepciones visuales incompletas, se produce un sesgo conceptual tenaz que interfiere con la formulación de un modelo más amplio, profundo y preciso, que aborde preguntas como: qué es la conciencia y cómo se relaciona con la realidad.

“Lo más impresionante de la física es que muchas veces parece magia. Pero a diferencia de ésta, sigue unas reglas muy claras, el método científico. Y con él podemos demostrar que los electrones pueden atravesar barreras, las partículas pueden comunicarse instantáneamente a distancia, las cosas pueden estar en varios sitios a la vez y… pues claro, también saben hacer el truco más conocido del mundo de la magia: el del sombrero y el conejo. Esto lo hace el universo continuamente en todo el espacio. El vacío es el sombrero y el conejo son todas las partículas conocidas: electrones, positrones, muones, kaones… todas. Es decir, el sombrero del universo tiene un doble fondo de donde saca continuamente partículas de la nada. ¿Pero cómo puede ser esto posible, tener algo de la nada? ¿Y la conservación de energía?”. TheBigVanTheory

Todo es energía, los pensamientos también. El espacio que consideramos como el único Universo, con una sola realidad, contiene muchas realidades paralelas, a las que a menudo se hace referencia como las dimensiones o planos de la realidad.

¿Estoy creando mi realidad? ¿Es el universo una construcción mental?

Yo soy un constructo llamado persona y estoy dentro de un constructo llamado universo / mundo. Soy el vehículo o la apertura que utiliza la conciencia fuente para mirar y experimentar uno de los muchos entornos que ha creado. Me encamino, mientras me invade la turbulencia cuántica, hacia una realidad no-mecánica, inmaterial, mental y espiritual.

Algunos científicos presuponen que la conciencia humana es el resultado de un proceso colateral de crecimiento de la entropía en el cerebro:   https://actualidad.rt.com/actualidad/261112-encuentran-fuente-conciencia-cerebro-humano

Para terminar, si todo esto nos parece muy marciano, siempre podemos volver la vista hacia Hildegarda de Bingen, que en su “Liber vitae meritorum” decía: «¡Hombre, hazte humano!».

http://www.hildegardiana.es/5pdf/libro_meritos_de_la_vida.pdf

traductor/translator

NUESTRO EQUIPO

NUESTRA BIBLIOTECA RECOMENDADA

Más información aquí

Más información aquí

Mas información aquí

Mas información aquí

Mas información aqui

Mas información aquí

Mas información aquí

BIBLIOTECA TÉCNICA RECOMENDADA

Mas información aquí

 

Galería de Fotos

Acceder | Designed by Gabfire themes