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La pecera

 

Sábado, 24 de agosto de 2019

«Vive Julio encerrado, deformando sus cuatro paredes con la libertad que no tiene.

De un lado para otro va y viene desquiciado, moviendo de rápido los ojos y abriendo grande, muy grande su boca, intentando gritar, o qué sé yo.

En las tardes de luz baja, su mundo se vuelve algo más hermoso y yo, yo me quedo mirándolo, con mi nariz pegada al universo que en ese momento nos une; lugar cristalino, desesperado.

Deseo.

A las seis y cuarto, mi nuevo cuerpo de pez, flota hinchado y muerto en la pecerita redonda del salón y Julio me mira mientras que, con su mano, saca delicadamente del agua lo que de mí queda.

-Gracias –dice mientras acaricia mi lomo púrpura-.

-Vamos…

Julio ha cruzado la calle y descalzándose, ha saltado a la playa, andando torpemente hasta la orilla del mar y allí se ha sentado, conmigo aún entre las manos, esperando que al fin la marea, llene de olas la realidad.»

Mi universo

 

Sábado, 17 de agosto de 2019

© ÁngelaZ´19

Dicen que el universo está sembrado de majanos; alguien con el epílogo colgado del cuello, acumuló toda la materia sobrante en una cantidad innumerable de pequeños montículos llenos de huecos y espacios redondos y húmedos; el Paraíso nombrado por todos en la seca garganta de la credulidad. El abandono cubrió aquellos lugares de una fina capa de vanagloria; el primer germen de una vida giroscópica. Ignoro lo que sucedió a continuación, pues parto de una cantidad ingente de incongruencias que sólo me conducen a la obviedad de mi propio reflejo.

Los viejos selfies

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Miércoles, 14 de agosto de 2019

 

Hola papá:

 

Hace ya meses que hablamos por última vez, hace ya meses que mi falta de tranquilidad, mi imposibilidad de sentir el duelo a la que estoy sometido por las cuestiones mundanas, tú ya sabes de qué te hablo, ha medio cegado esta vía de comunicación de la que nos hemos valido durante tu enfermedad. Esa enfermedad tantas veces negada y en la que tanto hemos sufrido durante tu última etapa.

Supongo que habrás visto al Tío Julio. Fíjate, la de cosas que superó durante su vida y ha sido incapaz de superar tu muerte. Me lo decía Alma, no levantó cabeza desde que se enteró de que habías muerto, pero ya estáis los tres ahí, los tres de mi infancia y casi adolescencia: Mamá, el tío y tú.

No te voy a contar muchas cosas de las que aquí han quedado, son excesivamente penosas y no nos aportan nada a ninguno de nosotros, solo, si te acuerdas, dile a mamá que cuanta razón tenía respecto a ciertas personas, cuanto odio, cuanta rabia, cuanto pensamiento negativo pueden albergar algunos seres humanos. Como ella bien decía es imposible ser feliz cuando solo se tienen pensamientos negativos hacia los demás.

Pero quiero centrarme en lo que quería contarte. A ella le escribiré cuando consigamos desentrañar toda la miseria que aquí nos ha quedado.

Llevaba tiempo intentando escribirte, pero siempre he roto todo lo que escribía. Eran palabras tristes y sin contenido, palabras que no tenían otro mensaje que la queja o el retrato de una situación sin pies ni cabeza, y para eso, ya me basto yo. Además supongo que donde estés habrá un filtro para evitar que las cuitas y miserias de este mundo lleguen a contaminar ese.

Nada, que me enrollo. El motivo principal de esta carta, en realidad la necesidad de poder hablar contigo es realmente el principal, es una foto. Una foto trucada e inesperada. Una foto que al recibirla me turbó de tal manera que tardé un tiempo en recuperarme, una foto tuya que nunca te hicieron a ti.

Ya sabes que en estos tiempos, aunque a ti ya prácticamente no te pillaron, todo el mundo usa los teléfonos móviles para sacar fotografías, incluso se ha puesto de moda hacerse fotos a uno mismo y se llaman “selfies”. Sí, claro que me acuerdo papá, como no, de cuando usabas los carretes de 36 fotos para todo un verano, o para un viaje, porque luego había que llevarlas a revelar y costaban una pasta, y además a veces pagabas por revelar fotos que ni se sabía que habían reflejado, o las veladas, que daban aún más rabia. En estos tiempos que corren la cosa es distinta, treinta y seis fotos se hacen en un pispás, se revisan en el momento y se borran las que no sirven. Y es que los tiempos adelantan “que es una barbaridad”.

Bueno, pues no queda ahí la cosa, ahora resulta que esas fotos se pueden manipular usando programas especiales. Que si las retocas, que si les pones un filtro de color, que si las conviertes en dibujos, que si… que sí, que se puede hacer todo eso y más. Tanto más se puede hacer que uno de esos retoques es la causa de estas letras.

Uno de esos programas que te comento envejece aparentemente a las personas. No te puedo explicar cómo, pero lo hace. En la mayor parte de las ocasiones se limita a añadir alguna ojera, algún descuelgue y alguna arruga para lograr el resultado de una vejez previsible. O eso es lo que yo creía y había visto, hasta que el otro día tu nieto me mandó una foto suya que había pasado por el dichoso programita. Tardé en entender la foto. Tardé en recuperarme de la impresión que me produjo. La foto de Yago envejecido era una foto tuya. Esta vez el programa había tirado de genes.

Siempre hemos sostenido que Yago se parecía más a la familia de Isabel que a nuestra rama. Es más, si lo miras ahora, sin el filtro, difícilmente aprecias en él ningún rasgo tuyo.  Pero parece ser que el programita en cuestión no se sintió aludido por nuestra perspectiva y envejeció a Yago hasta lograr un retrato de su abuelo, un retrato más tuyo que de él.

Te lo envío para que lo veas. Tal como ya he avisado a la gente, yo no pienso pasar ningún retrato mío por el tal filtro, primero porque cuando uno ya tiene arrugas propias a lo peor el programa se las borra, o sea que el envejecimiento de la vejez resulte un rejuvenecimiento, pero segundo, y aún más importante, porque después de la experiencia de Yago no quiero ver mi foto convertida en alguien a quien recuerde. Y es que, en contra de lo que piensan muchos, no siempre todo lo que se puede hacer, apetece.

Un beso papá. Hasta la próxima. Saluda a los que estén contigo.

Hoy, ahora, contigo

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

 

Domingo, 11 de agosto de 2019

La muerte es solo un instante, un umbral, una esperanza. No se puede hacer del miedo el tamiz de todas las vivencias, no se puede ser feliz con la permanente presencia del mañana incierto. Hay que enfrentarse al instante sin secuelas, a la vivencia con la inconsciencia de quien no ha tenido ni tendrá otras vivencias, al momento con la insaciable sed de quien apura hasta el fondo el recipiente de lo cotidiano. Sin tiempo para pensar, sin necesidad de anticipar, sin ánimo de comparar ni recordar aquello que por ya sido, por porvenir incierto, pueda manchar irremediablemente lo único cierto, hoy, ahora, contigo.

Il tempo

 

Sábado, 10 de agosto de 2019

Es al mirar al cielo cada mañana, antes de salir a la calle para mendigar como niño harapiento, de pelo afeitado al cero, descalzo, de negra mugre y pulgas todo mi cuerpo lleno, cuando soy durante un instante feliz….
Vivo debajo del puente de Saint Jacques, en la pequeña ciudad de Amboise, con tejados de negra pizarra y su hermoso castillo coronando como de un rey todo el valle del Loira…..


….Allí, junto con dos chiquillos más lo comparto todo….o nada, mejor dicho, pues nada tenemos, si acaso los ojos grandes y el estómago siempre vacio…..Francois, el pelirrojo, siempre sonriendo y mostrando los dientes que le faltan, apenas tendrá once años , Denain, con su piel morena, casi negra y su mirada de gato siempre alerta y yo, el niño sin nombre, sin padres, sin pasado….


De mi vida anterior muy pocos recuerdos tengo, casi de pesadilla son: Un lugar blanco y muy brillante, monstruos de hierro produciendo un tremendo ruido, casas enormes y altas que se perdían en el cielo, una sonrisa blanca de mujer, caricias…. y tras eso, un enorme agujero de pura oscuridad…..Después, un abrir de ojos y encontrarme aquí, tumbado en el suelo, bajo la atenta mirada de los que ahora son mi única familia….


-Denain….Crees que estará muerto?…….
-Que va hombre, no ves que está sudando…..lo muertos no sudan. Despierta, despierta tú….!!!
Francois me da un par de tortas en la mejilla y abrí los ojos……
-Lo ves!…no está muerto…..
…De eso han pasado creo que tres años…..
Al principio casi ni hablar sabía….balbuceaba algunas palabras sueltas, sin sentido y me era muy difícil entender a aquellos dos chicos y al resto de la gente que me rodeaba…..
Ahora vamos de iglesia en iglesia…un día a la de Saint Michael…..otro al Sacre Coeur….
….Esperamos a que los distinguidos caballeros y damas, al salir de los oficios a bien tengan por darnos una limosna….
-Ay caballero!, unos centavos para este pobre niño que de hambre se muere……distinguida dama de piel blanca como la nieve, apiádese de este pobre infante de piel y huesos formado!!!!…
…A sus ojos somos invisibles, como la brisa de la tarde….
No sacamos mucho…entre los tres a lo sumo para una hogaza de pan al día…..
Es primavera y toda la Ciudad de Amboise bulle nerviosa ante la llegada del Nuestro Rey soberano Francois I, por Dios puesto para gobernar los destinos de toda Francia….
Durante unas semanas el soberano se ha instalado en el pequeño castillo a la espera de un hombre que de lejos viene, un sabio entre sabios, alguien que conoce todos los secretos que aún no han sido revelados…..He oído a uno de los soldados que aquel hombre viene una ciudad llamada Florencia a nos menos de diez jornadas de Amboise…..
En las calles no se habla de otra cosa y gran parte de la corte de París, con toda su pompa y lujo se ha venido aquí, a orillas de este hermoso río que manso discurre entre álamos….
-Mejor que mejor –dice Denain frotándose las manos- mucha gente rica acudirá a rendir homenaje al rey y seguro que alguna moneda de plata cae seguro, si sabemos poner una mirada tierna claro…..A ver, vamos a ensayar…..
Los tres ponemos los ojos más llorosos y tristes que podemos y nos miramos. No podemos contener la risa y estallamos en un sinfín de carcajadas tirándonos al suelo….
Una tibia noche nos ha sorprendido y cansados nos acomodamos en unos soportales, junto a los caballos atados cerca de la posada de “Le Troi Diables”…..
Mis hermanos se han quedado dormidos pero yo no puedo, una y otra vez, aquellos primeros recuerdos de mi vida dan punzadas sobre mi cabeza….
A lo lejos escucho el ruido presto de los cascos de unos caballos que se acercan….Se trata de un carruaje descubierto, protegido por dos soldados de su majestad, lanza en mano….
En él, un hombre entrado ya en canas, con una gran melena y barba blanca va sentado….Su semblante es serio, como el del que busca algo…..
Me he puesto de pié y he salido del soportal para verle mejor…..Es el gran sabio que el rey espera, sin duda.
-Eh tú niño aparta!!! –dice uno de los soldados gritando y a punto de darme un golpe con su mano-
Aquel hombre, al oir las voces giró la cabeza hacia mí, clavando su mirada hasta lo más profundo de mi alma….
Yo conocía a aquel hombre, le había visto antes muchas veces…..
-Para, para!!! –mandó al cochero-.
Aquel hombre descendió del carruaje y se acercó a mí…..
-Hola! –me dijo esbozando una sonrisa- a tí he venido a buscar a estas tierras de Francia. Me reconoces?.
Yo di un par de pasos hacía aquel anciano gigantón y gran parte de mis recuerdos se abrieron en dos…..
-Le-Leonardo????……e-res tú????…..
-Si Alain soy yo, al fin te he encontrado. Mucho tiempo y en muchas épocas he estado antes de dar contigo y mira es ahora, en mi propio mundo y momento en donde te he hallado…..
…Leonardo, aquel loco hombre que encontré una tarde al salir del cine “Ideale”, después de ver por cuarta vez “Viaje en el tiempo”, mi película favorita……
Estaba en la calle, algo desorientado y diciendo un montón de cosas extrañas a los que pasaban por allí….
-En que época estamos????…….Que año es?????…..Dónde estoy…..????
Nadie le hacía caso, pero yo me acerqué a él y respondí a sus preguntas.
-Señor, estamos en el año 2009 y ésto es París………
Los ojos se le salían de las órbitas y al punto empezó a dar saltos y gritos de alegría……
-Lo conseguí, lo conseguí….!!!!! Me quemarán por ésto pero…..al carajo!!!!!….
Yo no entendía nada pero pude observar como en su mano una esfera de color azul brillaba con una luz tan intensa casi como el propio día…..
El me la mostró orgulloso…..
-Mira, mira que preciosidad, el trabajo de toda mi vida, de la vida de Leonardo, el inventor de inventores…..
-Que es eso señor? –le pregunté curioso-
-Es…es…se acercó a mí y me susurro al oído….una máquina del tiempo……
Mis deseos se hacían realidad…..
-Señor……
-Llámame Leonardo niño…..Leonardo…..
-Yo soy Alain….
-Un placer muchacho….
-Leonardo, de verdad que con esa bola uno puede viajar por las épocas que uno quiera?….a mí me encantan los romanos y……
Un grupo de gente se había arremolinado en torno a nosotros y un par de gendarmes de acercaban…..
-Me llevas contigo inventor de inventores????
El frunció el ceño, como si durante unos segundos sopesase mi pregunta…..
-Está bien, agárrate a mí con todas tus fuerzas y no te sueltes bajo ningún concepto…..
Y eso hice….
Justo cuando uno de los gendarmes dijo llevándose la mano derecha abierta a la sien para saludar….”Hola buenas tardes, por favor, documentación”, Leonardo escribió con su dedo unos signos y símbolos sobre aquella esfera y, en un instante el mundo desapareció, siendo tragados por una especie de negro torbellino que chupó hacia quién sabe dónde…..
….Y en ese instante me solté…….
Una suave lluvia empieza a pintar de brillo de espejo todos los tejados de Amboise…..Leonardo y yo estamos el uno frente al otro…..
-Cuando de nuevo el mundo se hizo real yo aparecí en mi taller de Florencia pero tú, tú ya no estabas conmigo, debiste de soltarte, apareciendo en un lugar muy distante del punto de retorno….ven, te llevaré a casa….
Francois y Denain aún duermen. No quiero despertarles. Leonardo me ha dado cuatro monedas de plata y he dejado dos a cada uno, justo delante de su cara para que cuando despierten, sea la alegría lo primero que vean…..
….Acompañé a Leonardo al Castillo y bajo su tutela y cuidado, durante varios meses, él me enseño todo su saber y la construcción y correcto uso de la bola brillante, que a lo largo de los años había perfeccionado…..
-Ahora podrás viajar donde tú quieras, por fín podrás ver a esos romanos que tanto te gustan…..
-No vendrás conmigo?….
-No Alain, no….a mí me quedan muy pocos días de vida, cuatro para ser exactos……Después quiero que vuelvas a tu tiempo y que cuando hayas crecido des buen uso al mayor de mis inventos…..conoce todo aquello que desees y aprende como yo le hecho…..más nunca reveles a nadie nuestro gran secreto……
El gran Leonardo Da Vinci murió en Amboise, cuatro días después…..una preciosa mañana de 1519 y fue enterrado en un pequeño panteón siempre bañado por la luz del sol y rodeado un por jardín de blancas azaleas y pensamientos…..
…Antes de volver a mi tiempo, cogí una de las flores, un pequeño pensamiento morado….tras eso, dibujé los signos correctos en la esfera de luz azul, regresando tras un espacio negro y frío, al instante en el que salía del cine….
Cerré los ojos y los volví a abrir deseando que todo hubiese sido un sueño, pero no, la esfera azul estaba en mi mano derecha y la flor en mi izquierda……
…Han pasado muchos años y en el ya viejo cine “Ideale” reponen “Viaje en el Tiempo”. No he podido resistirme…..la he vuelto a ver cuatro veces….
Es media tarde…..Y en el mismo lugar le espero….
He dado unos cuantos pasos y allí está él de nuevo, en la calle, algo desorientado y diciendo un montón de cosas extrañas a los que pasan por allí….
-En que época estamos????…….Que año es?????…..Dónde estoy…..????
Mil hormigas recorren mi cuerpo de nuevo…..
Me acerco él…..
-Señor estamos en el año 2029 y esto es París………
-Hola Leonardo…….bienvenido de nuevo…..
El me mira con su mirada de águila sorprendido
-Alain!!!! Que gusto verte de nuevo amigo!!!….eres ya todo un hombre….
Nos abrazamos…..
Un grupo de gente se arremolina en torno a nosotros y un par de gendarmes se acercan…..
-A Roma????…..
Una suave brisa se ha levantado y el húmedo olor del Sena pinta nuestros cuerpos de inmortalidad….

​Simenon y los mirlos de Maigret

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 31 de julio de 2019

 

Georges Simenon fue un escritor belga nacido en 1903. Mi amigo Julián Marías lo creía uno de los mejores del siglo XX, y no sólo en lengua francesa. La primera vez que supe de él fue por el cine, vi unas cuantas películas basadas en historias de su personaje el comisario Maigret. Me consta que es poco conocido, ¿o me equivoco? Silencio hasta en Marie-Claire y demás ‘erasmus’ franceses. Pero vale la pena, muchachos. ¿Qué os puedo señalar de su interés por las vidas humanas, por los detalles que la afectan? He traído aquí algunas referencias de su incierta búsqueda de felicidad. Gentes que llegan a hablar con ternura, que desengañadas transmiten interés por los demás, que se alegran cuando encuentran en otros ojos una luz suave y apaciguadora. Gentes cuya mirada muestra sufrimiento y su rostro pugna por otra expresión. Gentes que no piensan claro, o que tienen la penosa sensación de no haber sido ellos mismos, de haberse dejado dominar por una especie de embrujamiento.

En sus ‘Memorias’, Maigret reconoce haber aprendido mucho en la calle, en las ferias, en los grandes almacenes, allá donde se reúnen multitudes; mil ruidos familiares. Claro que no comprende todos los misterios humanos, pero se aplica en este procedimiento: «todo es cuestión de saber. Saber el ambiente en que se ha cometido un crimen; saber el género de vida, las costumbres, los hábitos y las reacciones de la gente complicada en él, víctimas, culpables o simples testigos. Entrar en su mundo sin sorpresa, naturalmente y hablando su lenguaje».

Puede alcanzar la oscura sensación de que hay demasiada gente que no está en su sitio, que en una cafetería están separados no sólo por asientos vacíos, sino por un vacío indefinible y más difícil de salvar, que tal vez emana de cada cual. Él se sabe un profesional, no juega a las adivinanzas y no le excita una caza apasionante. Un comisario Maigret carente de rencor, sin apenas curiosidad: los hechos como son, y que a fin de cuentas mira a los criminales: «como a seres que existen y que, para bien de la sociedad y pensando en el orden público, hay que mantener de grado o por fuerza dentro de ciertos límites, y que castigar cuando los franquean». Maigret se llena de realidad, y se podría decir que «a causa de los mirlos el universo penetraba un poco más en su sueño, y mezclaba realidades con lo que estaba soñando». 

La noche del olvido

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Viernes, 26 de julio de 2019

Se hace de noche y las sombras se acumulan en mi cabeza, recuerdos que no quisiera recordar, penumbras que no me dejan ver. Me arrepiento de no haberte dado lo que tú me diste, me siento culpable de tu destierro y hasta de tu enfermedad porque no supe escucharte cuando aún tu cuerpo estaba en sintonía con tu mente. 

Hoy no has levantado la cabeza, caída sobre la mesa, no se si no me querías ver o es que no me veías. Tu cuerpo cansado se revela, quiere levantarse de esa silla en la que estás postrado, preso de esa enfermedad de la que no puedo aliviarte.

Sí, soy culpable de tu retiro forzoso, y tal vez de tu falta de memoria, quizá para olvidar aquel día que te dejé allí.

 Pasan los días… Cinco años desde que empezaste a perderte en ese mundo vacío, años en los que no he podido sentirte como antes te sentía, en los que ya no estás conmigo. 

Ahora siento el cansancio de la vida. Cansado de no poder hacer nada.

Oigo tu lamento y veo tus lagrimas buscando camino entre los surcos de tu cara. ¿Por qué sufres si tus recuerdos ya no existen?.

Padre perdóname, si es que aún me puedes perdonar.

No puedo contener mi llanto, pero quiero que el tuyo cese.

Talismán

Jueves, 25 de julio de 2019

“Hace hoy cuatro años, un mes y siete días, que perdí un talismán; la única y humanizante razón por la cual, recogía pedazos de palabras del suelo y los unía para formar el puente colgante que me hacia cruzar cada segundo, al lado más amable de la incongruencia. Siempre iba conmigo, al persistente abrigo de mi memoria; y no tenía si acaso que morir un poco, para sentir el prohibido goce de su energía entre los labios. Una Mañana, aquel maravilloso amuleto, se arrancó de las frases aún no pronunciadas, dejándome con un montón de buena suerte en forma de excrementos de gaviota sobre mis hombros. No he vuelto a saber más nada de él; aunque a veces, en determinadas tardes del verano, aún cuando creo percibir su lánguido perfume.”

Mañana… tal vez

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Lunes, 22 de julio de 2019

¿Qué nos pasa?. El mundo llora, y nosotros también. Vivimos sin vivir, amamos sin amar. Todo se ciñe a nuestra efímera existencia por muchos años que nos precedan. Estamos en un tránsito envueltos en un cuerpo que finalmente se pudrirán.

Descansando © ÁngelaZ

Nos empeñamos en dirigir la vida de los demás habiendo perdido el rumbo de la nuestra. Nos subimos en cajones fabricados con sueños para hacer más sombra a los demás, presumiendo de nuestros logros encaramados en la cima de una montaña de miserias.

Nuestra soberbia espiritual nos hace creernos mejores que los demás, incluso mejores que nosotros mismos. Es la continua esquizofrenia de nuestra personalidad. De nuestra existencia. 

Blanco y negro. Existencias basadas en estereotipos. Todo está encasillado, clasificado, pero mi corazón se resiste a vivir dentro de ese compartimento transparente que te deja ver la vida pero no tocarla. 

No me digas lo que tengo que hacer, porque ahora no quiero hacer nada. No me juzgues porque yo no te juzgo, aunque me lo merezca, aunque te lo merezcas… Porque debes darme la oportunidad de reconocer que me he vuelto a equivocar, y aprender. Como yo te la doy a ti.

Me canso de mi mismo, de mis lamentos, de mis frustraciones, de la monotonía de una vida que te obliga un día y otro a caer en los mismos errores. Quiero salir de esa cárcel, de esa celda que yo solo me he construido. Carcelero y preso a la vez de mis propios pecados, de mis propios delitos. Enemigo de mi mismo.

Me arrastro sobre el asfalto pegajoso y caliente de una tarde infernal, por las calles vacías de la ciudad de los espíritus abandonados. Espíritus de personas que, como yo, vagan de un lugar para otro buscando su propia existencia, donde el sol no pude verse, pero si sentirse.

 Llega la noche y sigo deambulando buscando un lugar en el que descansar y olvidarme de mis pesadillas. No puedo más y me dejo caer al suelo entre dos contenedores, acompañado de media docena de gatos que buscan comida entre la basura.

Quizá mañana, llegue al parque y pueda dormir en uno de aquellos bancos junto a la fuente.

Dios y yo

Jueves, 18 de julio de 2019

“Con Dios mi relación
no está basada
en mantras, devoción o desvaríos,
no somos un equipo victorioso;
aquí dos pordioseros
con principios.

Él no pide de mí sino alimento,
la sorda compañía del amigo,
silencio enriquecido
por un tiempo
que añade corazón
a mi egoísmo.

Compartimos la sangre,
las mujeres y el vino,
el barro, los sepulcros,
la carne y el camino;
somos lo que no somos,
un infierno distinto.”

II.

“Bendecido el humano,
Dios se muere,
Pues de su majestad
Al agua sacia;
Páramo de rosarios y dos manos
Que el amante desnuda
En su nostalgia;
Quiero ser en la espina
Su veneno,
El siervo que traiciona a las guadañas.

Lleno de involución
Pido tu carne;
La Cruz que en de mis noches
Se hace espada.”

Proceso mental

11 de julio de 2019

 

La elaboración de un proceso mental, confiere automáticamente un poder especial al ser que lo ha originado, dotándole de una innecesaria capacidad verbal que le imposibilita para realizar mecanismos más complejos; una puerta blindada que ofrece la creación, para que nada ni nadie pueda alcanzar el límite máximo de omnipotencia. Un modo muy práctico de engendrar esclavos que no tengan noción alguna de su efectiva y lamentable condición. Es triste, pero la parcialidad traza líneas rectas en un universo curvo; una traición construida de antemano por un distribuidor de mala suerte.”

Como siempre nos han dicho

Francisco R. Breijo-Márquez. Doctor en Medicina. 

8 de julio de 2019

 Una vez más…Me despertará un golpe de viento contra la ventana. 

Se me hará, como desde hace tanto tiempo hace,  cada vez más larga y más ancha mi cama, cada noche desventurada después de un día de rutina.

 ¡Se me harán de nuevo tan frías las sábanas… !

Con los ojos medio cerrados y plagados de legañas, buscaré otra mano sin encontrar  ninguna. Tal como como ayer, tal como mañana. 

La  soledad, mi fiel amante eterna y sin ánimo de corregirla, seguirá recorriendo mi cuerpo, pliegue a pliegue…palmo a palmo. 

Y seguiré escuchando entre vagos susurros el maullido del perpetuo gato, castrado y viejo, que siempre duerme debajo del portal, sin rata ni ratones que le importen. Y las campanadas rigurosas contando las horas sin dar todavía las uvas.

Despacio, sin encender la luz, bajaré los pies al frío suelo y aprovecharé a visitar el baño, cuyo espejo, algo desvencijado, me dirá de bruces que me estoy haciendo viejo 

¡Cómo pasa el tiempo! ¡Cómo vuelan los años!

Las calles de mi juventud recogerán mis sueños huidizos y largamente perdidos.

¡Como se va arrugando la piel y hundiéndose los ojos!.

De mañana temprano, cuando salga de nuevo a las calles, el portero me dibujará una sonrisa un poco socarrona, un poco triste. Será el orgullo de todo aquel que tiene a alguien que caliente su cama en las frías noches de noviembre… o agosto.

Otra vez igual, como ayer, como mañana. 

            Pero, como siempre nos han dicho, hay que ganarle el tiempo al tiempo y los sueños a los sueños. 

Hay que cantar en voz alta. Probarlo todo hasta el final de cada sorbo.

Hay que ir mucho más allá que donde cualquier palabra pretenda llevarnos. 

Ser  tal como somos, sin tapujo que nos enturbie y pueda engañar a nadie. 

            Hay que olvidar el tejado rojo y la ventana con flores. La oscura escalera y las imágenes viejas que tan taimadamente se esconden en todo rincón inesperado cuando los pasamos. 

Hay que decir adiós a esa puerta que se cierra y nunca quisimos cerrar. 

Hay que rellenar bien el pecho y cantar una canción del viejo De Burgh aunque el frío de fuera te haga temblar. La mujer de rojo seguirá bailando conmigo sin tiritar.
            No escuchar a estos perros que ahora ladran y mañana ladrarán más si es que cabe.
Y olvidar de un sorbo toda  la imagen aborrecida que te ha devuelto ese maldito espejo de medianoche. 

Y olvidar hasta esos pequeños sitios dónde alguna vez creíste ser feliz, para descubrir miles nuevos. ¡Y volver a serlo sorbo a sorbo …despacio!

            Hay que cargar la guitarra a la espalda otra vez y volver a hacer el camino que un día de esos abandonaste en cualquier vereda olvidada.

Los caminos son siempre hacia arriba pero iré a pie . Las olas deben borrar toda  huella que quede en el puerto. Iré a pie, el camino es de subida pero en los bordes…siempre quedará alguna flor sin marchitar.

Hasta el final… hay que ganar tiempo a los sueños. Hay que ir mucho más allá de las palabras.
Ser tal como somos y saber decirse adiós si la vida diaria ha hecho de las suyas y ha cambiado las cosas y también a nosotros. 

Cambiemos pues a ella de una vez y por todas. 

Que mi amor valiente sea siempre para ti, para ganar terreno a la vida, y agotarla
y exprimirla.
Hasta que haya que decirse adiós. 

Hasta el final.

Como siempre nos han dicho que hay que hacer.




La mala noche

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

6 de julio de 2019

Cuando la luz que se venía empezó a teñir de plata el hilo que perfila en continuo el horizonte, hacía ya tiempo que el sueño me había abandonado. Una de esas noches teñidas de falso día, llenas de sueños que solo eran escenas imaginadas, llenas de pesadillas imposibles de diferenciar de instantes cotidianos. Sueños que te hacen desear con desesperación un amanecer capaz de separar la verdad de las verdades, la posibilidad real de las imposibilidades ensoñadas.

Prometeo’, del monumental ‘Tríptico de Prometeo

Cuando la luz que se venía empezó a teñir de plata el hilo que perfila en continuo el horizonte, hacía ya tiempo que el sueño me había abandonado. Una de esas noches teñidas de falso día, llenas de sueños que solo eran escenas imaginadas, llenas de pesadillas imposibles de diferenciar de instantes cotidianos. Sueños que te hacen desear con desesperación un amanecer capaz de separar la verdad de las verdades, la posibilidad real de las imposibilidades ensoñadas.

Devanando el infinito bucle, el recurrente revivir, de un instante en el que todo se dibuja con una falsa nitidez, con una firmeza sin vuelta atrás. La noche tocaba a su fin. Las sombras densas, ominosas, absorbentes, arrastraban, pegados a sus recovecos, los fantasmas de los ensueños desabridos. Ya no habría palabras calladas, gestos improbables, determinaciones sin retorno, en una constante revisión de lo no sucedido.

Incluso la sensación de calor insano, acumulado bajo la ropa de la cama, extrañamente adherido a la piel como una segunda envoltura de miasma insalubre, más imaginado que real, hace desapacible un dormir que en ningún momento consiguió ser sueño.

La pegajosa sensación de sudor frío, semiseco, semihúmedo, que marca la temperatura de la superficie en la que el cuerpo no consigue acomodarse, se encarama al sueño para completar un clima impertinente, desagradable, espeso, pantanoso.

Bruma en la mente, desazonado el cuerpo y un entorno febril, que impide que nada pueda ser despejado. Las horas son interminables, la aguja del minutero retiembla de impotencia cada vez que intenta avanzar un paso, sin darse cuenta de que aún no ha pasado, sin lograr apreciar que el presente, siempre efímero, se ha convertido en eterno, y el futuro, perplejo, se ha parado. Como en un discurrir obsesivo, en una suerte de apnea vital, se ha inmovilizado el espacio, se ha detenido el tiempo, y la normalidad busca desesperadamente una posibilidad para restituir el movimiento.

Cuando la luz, en la lejanía, empezó a colorear en rosas, en dorados, el borde imperfecto de una nube huérfana, hacía ya tiempo que, abandonado el sueño, pude considerar que podía empezar a enfrentar, con perspectiva, las obsesiones.

Posiblemente la luz, por más brillante que parezca, no contenga las respuestas, pero parece que no haya respuestas sin luz que las revele, sin claridad mental que las perciba, sin día para vivirlas ordenada, consecutiva, temporalmente.

Puertas

29 de junio de 2019

Son en las madrugadas del invierno, cuando las calles aún no existen y tienen que ser de nuevo inventadas por los mendigos en sus sueños, o ser sacadas temerosas de una cajita de puros llenas de recuerdos de la infancia, en donde, cientos de puertas de todos los tamaños y colores vuelan por el brumoso cielo iluminado por una luna complaciente, única testigo del milagro que sucede, esperando ser abiertas para desvelar todos sus secretos.

Cada una tiene un nombre fuera, el de persona que debe de abrirla más, la inmensa mayoría de ellas, siempre permanecerán cerradas, estropeándose con el paso del tiempo y oxidándose su cerradura, quedando atascadas para siempre, cayendo al suelo triste y siendo tragada por una lastimera boca de riego que canta eternamente su pena.

Más aquel día, tres horas antes de que el sol saliera, al menos, una de ellas se abrió. Sin saber como, tal vez impulsada por una suave brisa, una hermosa puerta azul se coló por alguna rendija en el portal de mi casa, metiéndose dentro del ascensor y quedándose allí esperando, esperándome. Ella sabría que vendría.

Después de despertarme, abrí la ventana y di gracias a cada estrella y también a la luna, por tener ojos de esperanza, me vestí de azul, como hago siempre y salí con las manos en los bolsillos, rumbo a una ilusión.

El ascensor estaba ya en el rellano de mi piso, con sus maderas viejas y pintadas de granate, su luz de sábana blanca, secada a la brisa de un verano de hace muchos años y su espejo, reflejo agradecido de tantos besos.

Entré y pulsé el botón de bajada. La voz del ascensor, dándome los buenos días, me empezó a llevar hacía la planta baja.

Me miré en el espejo y vi que detrás había una brillante y estrecha puerta azul, de ese azul tan bonito con el se pintan los barcos y las poesías que hablan del mar….En ella mi nombre escrito con pequeñas caracolas «Destino».

Entre los cristales del ascensor, pude ver entre la oscuridad y el silencio, cómo en los pisos tercero y segundo, un sinfín de luciérnagas guardaban aún el dormir tranquilo de los habitantes de las casas.

Llegué a la planta baja, pero continué descendiendo, más y más abajo. Todo se llenó de luz, y yo cada vez me hacía más y más pequeño.

La casa desapareció de repente y me encontré todavía dentro de la cabina del elevador flotando en ningún sitio, como cuando era niño, y jugaba a las orillas de un caudaloso río de leche con chocolate con aviones y barquitos papel.

Fue en ese momento, cuando supe que debía de abrir aquella puerta, pues ella necesitaba mostrarme su interior y yo debía de volver a reír otra vez.

Ni siquiera tenía cerradura, sólo tuve que empujar hacia dentro suavemente y con los pasitos cortos y los deberes de «Mates» en una mochila verde, y entrar.

Volví a jugar con la arena del parque, hice de cada hormiga una amiga y de cada hormiguero un castillo lleno de valientes caballeros, mi padre me volvió a llevar de la mano al cine, mi madre, colocándome una servilleta de cuadros para no mancharme, me preparó las albóndigas con tomate que tanto me gustaban.

Vagué por aquel mundo maravilloso, durante horas, paseos por la playa, el olor de los lapiceros…un abrazo…

La puerta se volvió a abrir, tenía que irse….y yo con ella…

La cerré con suavidad y ella haciéndose lluvia, entró en mi boca y el sabor de las nubes de aquel paseo por el parque de hace tantos años me hizo volar.

Dejé de flotar y el ascensor me llevó hasta la planta baja de mi casa. Abrí el portal. Las calles ya existían y olían a moneda de cinco pesetas.

Miré al cielo y el brillo de las primeras pinceladas del sol en mi cara dibujaron la sonrisa mas hermosa. Después con las manos en los bolsillos, me fui andando lentamente hacia la plaza de la fuente, silbando y sin pisar las rayas de las baldosas.

Sofisma

27 de junio de 2019

Escapar del ombligo de un piano,
Roer el tiempo, lo mismo que un ratón
De campos magnéticos,
Abrasar las columnas vertebrales
Con el agua bendita que escupen los santos;
Todo cambiaría; un universo con los sofismas
Jugando a unas tabas sin verdugo.

Me gustaría ser de Poliespán;
Así las ideas sórdidas rebotarían contra
Los millones de gránulos de mi cuerpo
Y se irían al lugar en el que siempre debieron
De estar:
En el interior de un tubo fluorescente fundido o,
En su defecto,
En el cerebro hueco con el que nacen aquellos
Que se aman a dos manos.

En esta tarde de junio y hielos,
El grito ha tirado veinte decibelios al suelo
Y yo, he aprovechado
Para hacer un círculo en la arena.

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