Archivos de categoría para: Letras

Sombras y sueños

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

15 de junio de 2019

 

Con pereza las horas van borrando el sendero
y las sombras que acechan van ganado el terreno.
Anhelante de sueño dejo atrás los luceros
que la noche golosa va tiñendo de negro.

Ya las sombras son negras, las vivencias sueños,
los parpados pesan, los ojos me pican, me llama Morfeo
que me invita a su reino.
Fantasía, zalamera, me envuelve en sus velos.

La nada me reclama, me acuna, me acuesta en el lecho,
y yo rendido, sin fuerzas, me abandono y duermo.
Mañana, si existe, si existo, si es que alcanzo a verlo,
empezaré de nuevo, desgranando las horas, de nuevo.

La esperanza truncada

13 de junio de 2019

Levántate dominio
sobre el aire,
alumno aventajado
y siempre recto,
factor innecesario
que suscribe,
la exigua necedad
de ser eterno.

Acércate virtual y multimedia,
sagaz y perturbado,
con desprecio,
musita en discontinuo
cada nombre,
acusa al anterior
de ser primero.

Plastifica de ayer
las intenciones,
contrato mercantil
que vas de lado,
opción edificable
de un futuro,
nacido entre noviembres,
condenado.

Agonístico Akiles,
pies ligeros,
videojuego brutal
y manicomio,
terapia conductiva
que aconseja,
huir,
volar,
sentir,
matar el odio.

A los necios

7 de junio de 2019

 

© Carlos Muñoz

Cuánta lástima vierten mis sesos al ver que ahora la estupidez, se ha colocado simulando al Espíritu Santo, como una llama de amor viva, sobre unos seres huecos por fuera que utilizan el número cero, para lanzarlo al vaporoso reflejo de una idea cubierta de moho e ignorancia. Ayer, compré un enmascarado jilguero, silbón entre cardos e higueras con el moscatel regalado. Y recordé a las bestias sin voz que le amenazan; él vive libre, componiendo mudo la música en sus ojos. Los otros, eligen a duras penas la decisión de un cerdo desangrado.

Lágrimas

Empresario, escritor vocacional y estudioso de la gastronomía tradicional española

5 de junio de 2019

Hoy no quedan lágrimas, pero sí recuerdos

«¿De dónde sale ese llanto tan profundo que inopinadamente te transforma?, ¿Qué sentimiento te recorre y nos asalta desde tus ojos y nos vela sin reparos el entendimiento, la voluntad, la capacidad de acomodarnos a tu estado?, ¿Qué tremenda congoja te brota del alma y sale a nuestro encuentro por tus ojos, por tu cara transfigurada en máscara de dolor insoportable, por tu cuerpo todo convulso, entregado sin reparos, sin juicios, sin concesiones al sentimiento obsceno del sufrimiento indoloro?
Dudo, cuando te veo llorar de esa forma, de cuál puede ser el origen de tal caudal de sentimiento, de qué edad tiene el que llora, de cuál es el motivo último del llanto.


Nunca estoy preparado para recibir el impacto, siempre me pilla con la guardia baja, y con la guardia baja dudo si correr a guarecerme, si correr a consolarte, si correr sin más a la espera de que escampe. No sé en esos duros momentos –que duro es ver llorar a tu padre como a un niño, como a un viejo, como a un enfermo- si acercarme a ti como lo que soy, tu hijo, como lo que tú me crees, tu hermano, o simplemente como alguien que daría todo lo que tiene por saber qué te pasa y encontrar un remedio que previamente sabe que no existe.


No se papa, nadie en realidad lo sabe, si lloras porque al recordar te emocionas, si lloras porque no consigues recordar o lloras porque comprendes por un momento que alguien te está escamoteando tu vida, tu tiempo, tu memoria. No lo sé, papá, nadie lo sabe, pero lo que si se es que cuando te veo llorar lo haces con mis lágrimas, lo haces con el dolor que siento, lo haces con el tremendo temor que como hombre siento ante tú indefensión que un día podría ser la mía. Y me niego a llorar antes de tiempo.»

​Merton, otsog y soguis

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

31 de mayo de 2019

El célebre sociólogo norteamericano Robert K. Merton escribió una memorable ‘Sociología de la ciencia’ que os recomiendo de veras, no os aburrirá y os dará buena compañía. La ciencia tiene también un mundo social. Os citaré el ‘efecto Mateo’, un concepto que en aquellas páginas introdujo Merton. Se trata de la consecuencia de dar crédito a los científicos con renombre y negárselo a quienes aún no tengan hecho un nombre. En las publicaciones, sean científicas o no, tanto los editores como los lectores confían por lo general en las firmas conocidas más que en las desconocidas. A menudo, este automatismo resulta injusto y ocasiona errores con penosas consecuencias sociales y personales. Merton recuerda la parábola de los talentos que se halla en el Evangelio de san Mateo: «Al que tenga se le dará, y tendrá abundancia; pero al que no tenga se le quitará hasta lo poco que tenga».

Robert K. Merton

En ‘Ambivalencia sociológica’, Merton aludía al plagio inconsciente o ‘criptoamnesia’ (memoria oculta):»el hecho de que la ‘criptoamnesia’ pueda sucederle a todo el mundo expone al científico a la constante posibilidad de que la idea original que más aprecie sea en realidad el residuo olvidado de algo que leyó u oyó en otro momento». Debería funcionar el crédito de la honradez probada y no el del nombre afamado. No deja de ser curioso reconocer que en nuestro interior habitan muchas voces y muchas imágenes. Hay que estar siempre en forma para no confundirse con los ecos y con los destellos. Hay que estar dispuesto sin cesar a reconocer todas las herencias recibidas y no tener obsesión por ser absolutamente originales.

Entremos ahora en el libro ‘A hombros de gigantes’. En él, Robert Merton declaraba su gusto por desarrollar una perspectiva cómica para contemplar los asuntos serios. «El hombre es un enano a hombros de gigantes» es una frase atribuida a Newton pero que ya usó en el siglo XII el canónigo Bernard de Chartres. Merton escogió la palabra ‘otsog’, acrónimo de ‘On The Shoulders Of Giants’, como una palabra fea y memorable, corta y sin afectación, sin posibilidades de hacerse palabra de moda, «apretado tejido narrativo que rinde el debido tributo a la erudición, sin olvidarse del respeto exigido por la pedantería». Yo he inventado otra: ser ‘soguis’ es ser comunicativo y risueño y facilitar la guasa a su alrededor, acaso a su costa.

Trisomía

30 de mayo de 2019

© Ángela Zapatero

I.
Un porcentaje muy elevado de situaciones, tienden a tornarse en ridículas a medida que el tiempo transcurre ceremonioso; un surrealismo de pueblo tremendamente más onírico que un pantalón pidiendo una talla menos de humano. Pero el devenir de los acontecimientos es asi; un crimen por cada diez mil habitantes, un buen hombre en cada esquina. Hoy, todos los beneficios, se han hecho miembros del partido nazi.

II.
La salvación, no pasa por un sincero arrepentimiento plasmado en cinco folios de papel timbrado. El formulario estándar ha quedado obsoleto y Dios, manda a tomar por culo a todos aquellos que intentan acceder a su local con los zapatos recién lustrados. Al parecer, se trata de una cuestión de profilaxis. Un río de trenes me separa de una mujer joven que me observa. En su boca de ciprínido leo sus palabras: «estamos condenados». Recordatorio: degollar todos mis principios.

III
Quiero financiar una orgía en la que nunca se acaben las ganas ajenas; esa falsa ternura que se asoma, cuando aparece la idoneidad de los cuerpos, el sínodo convexo de un trío sin óvulos. La obsesión oculta tres cuartas partes del placer; un iceberg de plástico, reciclado enamorado de la densidad del mercurio. Una enorme habitación sin ventanas ha abierto su boca; y todos los comensales han puesto sus estómagos sobre la mesa.

Libre-violadores del sentido común y la dignidad.

Carlos Muñoz ♦ Escritor-Redactor de plazabierta.com

24 de mayo de 2019

Es normal que los usos exclusivos estén reservados a miembros relevantes de una sociedad basada en una ilegalidad documentada que practica la desinformación, el perjurio y el sexo seguro; vivencias prestadas a una élite de libre-violadores del sentido común y la dignidad. No sabía lo que era una amenaza, hasta que un valor absoluto cargado de demagogia me golpeó en la cabeza; enorme bolsa de tinta de calamar que al golpear contra el suelo, hizo que Alejandría y todas sus bibliotecas fueran desfloradas por un tirano con micropene. No quiero someterme, ni ser el conformista al que crucifiquen el próximo Viernes Santo. El problema es ya me he puesto las ganas de no tener cara.

Apócrifa versión del mundo

Carlos Muñoz ♦ Escritor y redactor letras plazabierta.com

18 de mayo de 2019

“Lo normal, es que la mayoría de las transmisiones que recibimos por parte de nuestros congéneres vengas sesgadas; un placer enorme por la mutilación nos mueve siempre a cercenar el único modo lógico de comunicación, enviando sólo trozos, pedazos de un lenguaje que de tan económico resulta absurdo. Yo mismo lo practico a veces, como buscando un onanismo público que al final, siempre me produce un terrible dolor de cabeza. Desde el alfeizar de una resaca, sincopamos con la cínica piedad de la prisa, todos nuestros actos; espasmos de un largo día que se muere de sombra. En algún momento habrá que parar esta disparatada y apócrifa versión del mundo.”

Otro día más.

16 de mayo de 2019

Estíbaliz Costa. Colaboradora. 

Me desperté sobresaltado: he pasado una mala noche, pero ya no es novedad.             Poco a poco empiezo a desperezarme y noto un dolor punzante en la espalda: no acabo de acostumbrarme al  viejo colchón de la habitación de invitados. No me parece bien dormir con ella después de lo que pasó. Los párpados me pesan, debo tener unas ojeras horribles, pero hace días que no me miro al espejo. Consigo levantarme, no sin antes escuchar cómo todos mis huesos crujen al unísono.

Echo un vistazo por la pequeña ventana, aún no ha amanecido. Sin novedad, el mismo paisaje de siempre y la misma valla a la que le hace falta una buena mano de pintura… o dos. 

Detrás de la valla, kilómetros de campo se abren ante mí. Elegimos esa casa para alejarnos del bullicio de la ciudad. El jardín, ahora tan poco cuidado, está cubierto de escarcha. 

Viene a mi mente, como el mejor tráiler de una película romántica, un recuerdo del anterior verano.  Ella estaba sentada sobre la hierba, bebiendo té helado con un libro entre las manos, retorciéndose un mechón de pelo de la nuca, mirándome de reojo como siempre hacía. Inevitablemente, también recuerdo el día en que todo se torció.

Despejo esos tristes pensamientos de mi cabeza.

Voy a la cocina a preparar café, cargado para mí, con leche y dos cucharaditas de azúcar para ella. No me quito de la cabeza la descolorida valla del jardín. Debí pintarla la primera vez que me lo pidió.

Me bebo el café de un sorbo y subo las escaleras al dormitorio principal. No quiero hacer ruido: tiene muy mal despertar. Empujo la puerta con suavidad y enciendo la pequeña lámpara de la mesilla. Ahí está ella, con ese camisón azul bordado que le regalé por su cumpleaños. 

Tiene los ojos cerrados, y presenta una apariencia tranquila. Tiene una pierna desarropada, qué fallo, ayer no debí taparla bien. La arropo como es debido. Lo último que quiero es que coja frío. Quizás hoy le apetezca tomar un largo baño caliente, más tarde se lo prepararé. Es tan preciosa cuando duerme… Le doy un beso en la mejilla y no puedo evitar que un escalofrío recorra todo mi cuerpo al ver su cuello degollado, no acabo de acostumbrarme. Otro día más.

© Estíbaliz Costa

Ganadora del primer premio de CEPA Colmenar Viejo y segundo premio de concurso de INTERCEPAS de la Comunidad de Madrid

Sopa de sobre

Carlos Muñoz. Escritor. Editor Letras Plazabierta.com

“No sé nada acerca de la responsabilidad; esa sensación que surge del estómago, sube hasta la barbilla y allí se queda, lo mismo que un huésped con derecho a cocina y baño propio. Y con ella colgando, el devenir de los hechos poco a poco se va agrietando, formando simas en los rostros y una dolorosa artrosis en la pluma estilográfica con la que nos convertíamos en seres únicos. Una mecedora de carne comienza a crecer en la espalda; entonces, solemos elevar una plegaria al cielo pidiendo ayuda. Y lo único que obtenemos es un vale-regalo para un plato de sopa de sobre.”

Autorretratos españoles de hace 175 años

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

En 1836, el ‘Semanario Pintoresco’ supuso en nuestro país el primer modelo de revista ilustrada. Tres años antes se había establecido la división territorial en provincias, y tres años después, el célebre abrazo de Vergara cerró la primera guerra carlista en el norte de España; no concluyó del todo hasta meses después, cuando Espartero venció la resistencia de Cabrera. La regencia impuesta por aquel acabó en 1843 e Isabel II subió al trono. Pues bien, al poco se editó una colección de artículos compuestos por cincuenta y dos autores que ofrecían una ‘literatura de tipos’; ya fuera una criada, una lavandera o doncella, o un barbero o un cochero. Se pintaba también la simpatía de la maja, el torero y la gitana, o incluso la del bandolero procedente de la guerrilla. Era común la benevolencia con que se enfocaba la caballerosidad y el código de honor de quienes estaban fuera de la ley. Tras un fondo de estrechez económica, se mostraban frutos románticos junto a una llamada a la cordura y la concordia.

©edición plazabierta.com

Un siglo después se publicó, desde el exilio mexicano, una espléndida monografía: ‘Los españoles pintados por sí mismos (1843-1844)’. Tiene verdadero valor no solo como documento, sino por los muy interesantes análisis de su autora: Margarita Ucelay Da Cal (madre del historiador Enric Ucelay y hermana de la primera arquitecta que hubo en España), doctora en Historia por la universidad de Columbia.

En esos años, la vida rural, señala ahí la profesora Ucelay, era vista con desdén: un “desprecio compasivo por la ignorancia, rudeza y tosquedad de sus habitantes”, aislados de la capital por la mala calidad de los caminos. Había un tono intenso de adiós melancólico a una España llena de ‘sabor tradicional’, “algo que se ve a punto de desaparecer, o irremediablemente perdido”. Dominaba la desorientación y el “pesimismo moral, social y político” entre la muy frágil clase media.

Yo quiero llamar la atención sobre algunas observaciones de la autora, como que el término ‘región’ estaba ausente de aquel libro, era frecuente el de ‘provincia’ “y, cuando no, país, e incluso patria, aplicado en el sentido de patria chica”. Destacaba Margarita Ucelay que el concepto de región no tardaría en gravitar en la vida nacional: “primero con un carácter literario y sentimental y después con un contenido político cada vez más intenso”. Todo esto merece mi atención.

Esos políticos

Carlos Muñoz. Escritor. Redactor letras MAGAZINE PLAZABIERTA.COM

“Según lo previsto, los supuestos nunca han de ser acordes a las proposiciones que exuda el acelerado metabolismo de los políticos; añagazas de escaso valor, abalorios brillantes que atraen con su fulgor de voltio y medio a los incautos pájaros de las ciudades, buscadores de comida fácil. Y malviviendo en un descampado de sofismas, las obligaciones se quedan dormidas, sedadas con el hipnótico sonido lejano de los aplausos, que en cerrada ovación, dedica una legión de mutilados de guerra al subsidio por desconcierto. Demasiados procedimientos, demasiadas ejecuciones con balas de fogueo. Y mientras la creación, tomando un café solo para suavizar la resaca de la orgiástica noche anterior.”

Sucederá

Carlos Muñoz. Redactor Letras de PLAZABIERTA.COM

«Ella nunca pensó en la posibilidad de lo imposible; sin embargo, en la duda, se sentó con las piernas temblando frente al espejo y con los ojos fijos en el azogue, pronunció la palabra que abre todas las puertas: «Sucederá».
Aquella noche, la prisa era una lenta anciana rebosante de niñas.
Y escaleras abajo, huyendo de ascensores de boca abierta, descendió coqueta las teclas de escalera que caían hasta la calle; y al fondo nervios; y al fondo un beso de abrazo.
Nunca podré jurar si aquella ajena aventura, acabó oscura, amaneciendo aguas cuando el sol vomitaba sus primeros rayos; mi seguridad reside horas antes, cuando el farolero, apagó el gas que me daba la vida…»

Hábitos

Carlos Muñoz. Escritor y Redactor Letras Magazine PLAZABIERTA.COM

Cualquier hábito, está sometido a esas pequeñas tiranías que suelen esconderse dentro de las buenas palabras. No es una cuestión personal, de eso no hay duda; el problema radica en que nadie quiere a su lado iteraciones por muy estimulantes que sean, orgasmos incluidos. Todo lo que se repite, es sinónimo de muerte, y toda muerte produce un profundo cambio en el que la sufre; seguida de una exasperante cotidianidad que implica a terceros llorando y llevando flores a un lugar muy bien abonado de silencio. Habitos; apuntaré en mi agenda algunos de ellos.

La nada.

Amparo Perianes. Editora MAGAZINE PLAZABIERTA.COM
Caronte cruza el río Estigia transportando en su barca las almas de los difuntos, óleo de Alexander Litovchenko. (1889) (Public Domain). Foto editada por Ángela Zapatero – plazabierta.com


La cábala casuística del pensamiento

degenera en una negritud de blancura azul purpurina.

Transportadas las almas, navega la Barca de Caronte

conduciendo a los  espíritus desencarnados hacia LA NADA.

 

El inconsciente, con su consciencia de NADA.

 

Pura, efímera, infinita, equidistante, silenciante …

 

En un tono cambiante…

 

En un espacio inocupado…

 

En palabras indefinidas… 

 

donde todo principio roza su fin

 

Donde todo fin llega a LA NADA.

 

 

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