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Historias escritas por Nachoplazabierta
Salmantino en Madrid. La mitad escribiendo. Cambiando la vida a cañonazos, pero siempre desde castillos en el aire.

En el cielo no hay alcohol

Buscando tus abrazos en el exilio, ese abrigo que solamente irradia una cuna y el recuerdo de aquella chimenea donde restallaban pupilas al son de madera seca.
Ahora, en mi lecho de muerte en vida por un día, cada día que me atropella el mediodía con su tren de excesos y lagunas de cubos de hielo, quiero volver a tu piel, al silencio del campo de tu epidermis, ahora, cobarde de mí. 
Quizá sea porque me estoy haciendo mayor, más débil, más pequeño. Quizá siga sin aprender la lección. Ya no sé hacer ni chuletas.

No hay amor

Llegó a casa taquicárdico, tiró la colilla de su cigarro al suelo del parqué y se sentó en el sofá como el paciente que espera en urgencias, silenciosa figura de cuatro.

Agarró un mechero bic, grande, azul cielo, ovalado como la mirada cómplice del compañero de mus que tiene tres cerdos y un as.

No tenía gas. Tampoco quería bajar a comprar un nuevo fuego así que, encerrado en su cueva puso a prueba sus huellas digitales, primero la del dedo obeso mórbido de la mano derecha. Su insistencia hizo desaparecer dos números de su dni. Luego pasó a su mano izquierda, dedo progre.

Salía un humo fino que ascendía fatigado escalador con gran pájara.

No había fuego ni blanco y negro en aquella habitación donde el calor del color amarillo se diluía a pocos metros de una sombra encogida ya, sin posibilidad de fotosíntesis para la hoja marchita de la paciencia.

De ida y ¿vuelta?

 

 

De tanto que me queria,

y mi corazón con estrías,

con las venas* llenas de amor (dar)

y las arterias** vacías. (recibir)

*Las venas llevan sangre de los tejidos al corazón. Sus paredes son más delgadas que las arterias.

**Las arterias llevan sangre del corazón a los tejidos. Sus paredes son gruesas y expandibles.

Sacas todos mis demonios

Las huellas de ropa que dejaste tras tu espalda en barbecho, puerta abierta hacia tu horizonte que amaneció solamente en aquel cuarto sin memoria.

Hace veinte años

 

 

 

Cada vez que vuelvo a mi ciudad suelo pasar por una calle desde la que siempre veo aquella ventana pequeñita, redonda y roja. Siempre la miro porque al verla retrocedo en el tiempo por un instante, sonrío y continúo caminando comprimiendo un pensamiento que parece que no se borra, o no quiere irse.

Fue hace mucho tiempo, la palabra feminismo sonaba a superioridad femenina, había manadas pero no salían en la tele, había violencia hacia la mujer, pero no era violencia, se silenciaba con amenazas, las mujeres, como hoy todavía, cobraban menos que los hombres. 

Esa ventana daba a una habitación abuhardillada donde compartí por primera vez cama con una chica. Todo iba a ir genial.

Nos metimos en la cama, todo estaba yendo genial. Todos mis amigos ya lo habían hecho y yo sentía que esas larvas que arañaban a su paso por mis entresijos saldrían catapultadas por aquella ventana pequeñita, redonda y roja convertidas en mariposas multicolores a la mañana siguiente.

Y entonces ella, como despertando de una pesadilla, abrió sus ojos y volcó en mí un empujón en forma de aire.

¡PARA!

Yo me asusté y paré. Le pregunté si todo iba bien y ella respondió con el mismo imperativo.

Paré y, sin saber qué había hecho mal, en silencio, me aparté. Innato.

Dormimos hasta el día siguiente.

Unos cuantos sentidos de más

Mirada

 

Los chicos con las chicas, 

las chicas con los chicos…

Cada calcetín con su par, mismos zapatos, cordones de los mismos colores. 

“Estamos matando al número impar”-dijo mientras besaba el borde de su taza de black coffee.

El silencio sólo* es incómodo cuando es silencio. ¿Acaso los ojos no hablan, los gestos?

“Quiero que te vayas, quiero irme de aquí”, es lo que pensaba ella delante de mí cuando la comunicación verbal se desvaneció. Lo noté y el silencio se hizo cama de agujas oxidadas. 

Todos miran el móvil cuando van al servicio.

Yo me meé encima por no perderme una mirada suya, incluso las que hacían parábola sobre el resto de seres humanos en aquella terraza de gente sin importancia. No es tan fácil golpear el cristalino de la mujer que tienes delante y penetrar en sus pensamientos. A veces no hace falta, la mirada habla por sí sola pero mis yemas suspendieron braille en segundo curso. La universidad fue muy dura para mí, por eso decidí jugar con el haki mientras bebía litronas de hachís. Es tan importante mirar, ver, observar las flechas que van hacia uno como las que ella lanza a su alrededor. Trescientos sesenta grados de globo ocular. Como la Luna, solamente vemos una parte de sus ojos, ¿qué guarda el resto?

Y la mirada cogió el ascensor al sótano de su entrepierna. Piel que la vestía de mujer y marcas de mis dientes que le faltaban. Tacto del gusto al arco de sus movimientos que podía oír a cada milímetro de traslación y rotación.

Ella era el Sol y la Tierra.

Suer(t)e

 

Suerte

 

 

Suerte con caries,

abrí la revista y leí Aries.

Pero soy un Virgo con vértigo

y tanto miedo al fuego amigo

que no te digo que te quiero

por si la metralla me hace otro agujero.

Antonio Machado

Antonio Machado

©

No recuerdo bien si eran cables rojos o vísceras lo que nos ataba. Un laberinto de carne dura y dunas que levantaban tus costillas flotaban en la densidad y el color del licor de granadina. Suave como despertar tras un coma, tras ese sencillo susurro de aire que precede al intercambio de saliva viscosa y dulce de un caracol en celo.

No recuerdo bien cuándo fundiste los plomos de aquella avenida, no recuerdo cómo, sin levantar cabeza, dibujaste en el cielo tallos germinando a la velocidad de fuegos artificiales. 

(El proceso de escritura puede darse de miles de maneras, por ciencia infusa, por vivencias bien o mal filtradas a la taza de café, tras un largo, o no, proceso de lectura y aprendizaje… Yo bebo y fumo hasta que algo sale)*.

No recuerdo cuándo escribí esto, cuándo te conocí y si te conocí pero todo apunta a que la respuesta es ahora.

Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora. 

*Parón en el proceso creativo debido a la falta de ideas y/o la imposibilidad de alcanzar un estado alterado de conciencia. Otro cigarrillo y un nuevo trago.

Filamentos estelares

FILAMENTO ESTELARES

Primer día de verano

plumón

© Efraimstochter

 

 

Volvió la luz y el calor, volví a verte, ausente, con el bolsillo repleto de cosas pendientes.

Vi tus ojos empapados de sol brillante, sin medias tintas, con pinta de no saber que nunca se nos fue la inocencia de una mirada cruzada entre tu pelo y mis uñas desgastadas.

Zapatillas sucias y vergüenza exiliada,

balas en la recámara de tu cámara debajo de las sábanas de plumón.

Pestañea y abanícame el aire que te llene los pulmones de tu corazón.

Ensancha tus costillas y hazlas explotar, pinta el techo de líquido raquídeo con tu sensación de no saber que casi sin querer abriste las costuras del cielo.

Lluvia

Lluviacristales

 

 

 

Hace poco leí algo así como “No hay que sentirse vivo, sino humano”.
Iván Ferreiro dice que en la tristeza hay belleza. Creo que piensa
que no hay nada de malo en estar triste, que no debemos aplacar
ese sentimiento, tan natural como la felicidad.
Podemos volver a ese “Es mejor haber amado…” del poeta inglés
Alfred Tennyson (no sabía quién lo dijo, lo he buscado en
Internet).
Es mejor haber sido humano que no un mero pasajero de la vida.
Es mejor tener grietas, ser imperfecto.

 

 

 

Lou Reed se mezcla con el sonido de la lluvia rompiendo en las
ventanas, algunas gotas de agua se cuelan curiosas en casa y
me preguntan qué me pasa. Intento sentirme humano, pero
cuanto más humano me siento, menos vivo estoy. 

 

 

Existe una felicidad vegetativa en las canciones tristes. Una luz
latente que asoma con determinados acordes y voces. La
ansiedad, los trastornos obsesivos compulsivos, el recuerdo
envuelto en óxido debajo de las uñas, la suave sensación del
dolor inyectado y su incorporación a la corriente sanguínea. Es
entonces cuando la respiración se ralentiza, cuando podemos ver
cómo nacen y se marchitan las hojas fotograma a fotograma,
cómo rompen kamikazes contra el cristal las balas, cómo el
tiempo se pasa y cómo pasamos  pasajeros infelizmente felices
por esta acera encharcada de vida.

¿Y si fuera así siempre?

Siempreasi

Libros sin musas.

Calderos sin brujas.

Hijos sin madres.

Vacías las calles.

 

Quizás merecemos

 

hojas en blanco,

pociones inocuas,

hijos con hambre

Idealizar

Idealizar

No sé

Alquitran

Algo se nos está pasando (inyectado de cafeína)

 

 

 

 

Inyectado de cafeína meditaba acerca del futuro. De cómo, con el paso del tiempo, unos se vuelven más comprensivos y otros más testarudos.
El tiempo, la oxidación de sus células, era el único elemento que transportaba con éxito sus ideas de un extremo a otro, siempre con esa paciente comprensión que sólo él ofrece, sin esperar nada a cambio.

Salvo nuestro propio tiempo.

A ese reloj de arena le quedaban ya pocas playas.

Era una mañana casi abierta, el pulso del barrio comenzaba a bombear con ritmo los quehaceres de sus glóbulos rojos.

Es una pena que se nos pasen tantos detalles.

La terraza de la plaza era un desierto de palmeras de tela, solamente salvaba esa constante de tempo exacto aquel oasis con forma femenina y zumo de naranja.

El mendigo de la calle pez, vecino recién llegado, buscaba nada y contaba los pasos restantes cabizbajo hacia cualquier mirada cómplice que le alimentara con una conversación que nunca llegaba.

Se nos está olvidando dar de comer al corazón.
Tenemos el estómago demasiado lleno haciendo la digestión.

Inyectado de cafeína, caminaba por la calle buscando un detalle que le trajera el mar a Madrid. Buscaba una mirada que nadie le regalaba.

Porque una mirada con marea no se encuentra en cualquier playa.

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