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Historias escritas por felicianoplaza
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Director-Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Adenda. ¿Quién es Dios?

Feliciano Morales. Director-Editor de MAGAZINE PLAZABIERTA.COM

Sin la existencia no hay vida. No puede haber existencia donde no hay nada. Es decir, la nada es lo que hay antes y después de la existencia. Si nada existe es porque ha existido la existencia.

Consecuentemente, la nada es a la existencia lo que la existencia es a la nada. Dos estados diferentes. Imaginemos la constante expansión del universo, allí donde antes existía la nada ahora hay existencia.

El cuerpo se corrompe después de la muerte hasta concluir en cenizas que pasarán a formar parte de los nutrientes del suelo, todo es un ciclo que no termina.

Como dijo el químico, biólogo y economista francés, Antoine-Laurent Lavoisier: “La energía ni se crea ni se destruye sólo se transforma”, entonces se nos plantea la cuestión ¿a dónde va nuestra energía cuando desaparece la vida?.

Vaya a la tierra que se beneficia de nuestra materia o al cosmos, ambos forman parte de un todo infinito.

A Dios se le define como a un todo, alfa y omega, principio y fin, antes del principio no existía nada, porque el principio es el inicio de algo, y sin inicio no puede existir la nada.

El inicio ¿es energía o es materia?. El origen del Universo es el instante en que surgió toda la materia y la energía que existe actualmente. Materia y energía es el origen del todo. La existencia. 

Si Dios es todo, Él es materia y energía.

Si el universo está en constante expansión, es porque sigue existiendo esa materia y esa energía, con lo cual Dios existe, pudiendo afirmar que es el principio y el fin. El todo y la nada. Insisto, un Dios sin cara, sin dogmas, sin religión, sin diferencias…, el Arquitecto Superior del Universo.

¿Quién es Dios?

Notre Dame sobrevive

Feliciano Morales. Director-Editor de MAGAZINE PLAZABIERTA.COM 

Un día me enseño un buen y querido maestro en un magnífico taller, que todas las piedras que hay en una catedral tienen importancia, desde los cantos rodados que forman la argamasa que une sus piedras, hasta las piedras más maravillosas colocadas en su frontal, desde las piedras que soportan los cimientos que nadie ve, hasta las más labradas por la manos de expertos canteros y talladores.

Esta magistral lección que nunca olvidaré me ha venido a la cabeza el pasado lunes, cuando el sol empezaba a ponerse por occidente, la llamas de un incendio, al parecer accidental, empezaban a extenderse por el tejado de una de las más icónicas Catedrales de nuestra Planeta, Notre Dame, de París, que de la misma manera que Qusiamodo la hubiese protegido con sus enormes brazos, abrazaban la bella torre aguja hasta que sucumbió al calor que derritió el plomo de su estructura, provocando un vuelco en el corazón de todos los que contemplábamos encogidos las imágenes retransmitidas por los medios. 

Considerando, en primer lugar, que nada es espontaneo, sino que todo tiene un origen, que la línea de investigación se haya centrado en una causa accidental, no colma las expectativas de muchos que creemos que puede tener su origen en una negligencia profesional, aspecto difícil de esclarecer si tenemos en cuenta que fuego ha eliminado cualquier prueba existente. 

Pero, volviendo al inicio, la desgracia acaecida ha evidenciado un aspecto muy importante de estas construcciones magnas, como es la firmeza de su edificación, la ciencia y maestría de quienes dirigían los trabajos, la constancia de quienes golpe a golpe de mallete y cincel en mano, consiguieron que las piedras encajaran unas sobre otras hasta conseguir que la construcción se elevase hacia el cielo con la belleza que tiene. Maestros y aprendices con un solo empeño erigir una construcción dedica a la gloria y a la grandeza de Dios. Una obra casi perfecta salida de las manos del hombre.

No importará para algunos el fin de las catedrales, pero sí, excepto para los que estén ciegos o no quieran, o peor aún, no deseen ver la belleza de su arte, el tesoro que representa y que alberga en su interior.

Pero, hay un tesoro mayor que el que evidencia tan magnífica joya, en este caso, la Catedral de Notre Dame, a la que vemos mal herida, pero todavía con la firmeza de una digna construcción que le dice al mundo, aquí sigo porque magnificas personas me construyeron, como otras, igualmente magníficas, me cuidaron, que me protegieron en las revoluciones; pero también, porque todavía necesito cobijar entre mis muros a esas gentes que buscan la paz, como aquellas que gozan de mis arcos, de mis rosetones, de mis capiteles, de las cruces, cálices, custodias, órganos… que quienes me construyeron crearon pensando en mejorar el mundo.

 Notre Dame está herida, como lo están los corazones de los franceses, pero también de muchos de los seres humanos de este planeta, porque cuando la belleza trasciende a lo puramente material, cuando la belleza alcanza cotas tan altas de magnificencia en su construcción y en el destino de su existencia, el daño que sufre repercute en quienes consideramos que forman del Patrimonio de la Humanidad.

Puesto que estamos en Francia, de las tres palabras que representan la Revolución Francesa que termino con el absolutismo, “igualdad, libertad y fraternidad”, debemos verlas impresas por el fuego de Notre Dame en los corazones de todas las personas del mundo, para que podamos ver que las Catedrales son más que monumentos, son el trabajo encomiable de personas que la edificaron, cumpliendo cada uno con su función, con un solo fin, elevar nuestro trabajo al sin fin del universo.

 Dedicado a ese Maestro que me ayudó a entender mejor las piedras de las catedrales y a todos los que como él en todo el mundo trabajan como aquellos maestros y aprendices, por mejorar el mundo. Tarea ardua, difícil, pero no imposible… Se trata de ir golpe a golpe, como los canteros, intentando ser mejores.

Y ahora, ¿a quién voto?

Feliciano Morales. Director-Editor Magazine PLAZABIERTA.COM

Hace un rato me sentaba en el sofá de mi salón, aprovechando para poder estar solo un rato dado que mi mujer se había ido a la cama hace no hace mucho, aunque llevaba dormida desde hace dos horas, no me extraña…, cuando, intentando desconectar, me manda una amiga puñetera un video sobre Vox ensalzando el patriotismo, ese de los neanderthales en su sentido más amplio de la palabra, con la sola intención de provocarme, pues sabe de qué pie cojeo, lo que me llevó a intentar reflexionar sobre mi futuro voto en los comicios electorales de finales de mes, al menos aclararme cuál de los políticos actualmente en escena, pueden merecer vi voto. 

Presentía una noche de insomnio, porque cuándo me meto en estos lares, es decir, afrontar el responsable y más importante derecho, pero a la vez deber, de decidir acerca de la vida que quiero para mi país y, consecuentemente para mi, los próximos cuatro años. Bien es cierto que si no hubiese sido porque de nada me servía prolongar esta agónica decisión, me hubiese metido en la cama con ella.

Así que, profundizando en el bosque de maleza en el que me había metido, he decidido compartir con vosotros y vosotras estas mis “profundas” reflexiones, porque compartiéndolas creo me ayudará a ser más firme en mi resolución final, pero, además, porque si puedo ayudar a alguien a aclarar sus ideas, bienvenido sea, aunque auguro que será una misión imposible y, si no, pues aquí tienen a su disposición este medio para rebatir lo que deseen de mis reflexiones, con la sana intención qué, si tengo que apearme de lo que dije porque los argumentos son lo suficientemente sólidos como para convencerme, asumo el compromiso, sólo con un limite, el respeto propio entre personas librepensantes. 

He echado a suertes con una moneda asignado a la cara donde figura el valor la extrema izquierda y, por el contrario, a la otra, la extrema derecha, siguiendo con mi análisis por el orden marcado intercalando la “ideología” de cada uno de los partidos en ambos lados con tendencia al centro.

Y…, ha tocado la extrema izquierda.

¿Qué es y que representa la extrema izquierda?

Es lógico que primero me aclare de que es la “izquierda” para luego ponerle sólo los extremos que nos llevarán a Stalin, una posición tan radicalizada que nos aproxima al fascismo en cuanto a sus ideas totalitarias y su carácter impositivo.  La izquierda, buscando en  diccionarios todas las posibles acepciones, más o menos coincidían en englobar un conjunto de posturas políticas que postulan el progresismo y la igualdad social frente al tradicionalismo y al individualismo. 

Así pues, extrema izquierda sería eso y mucho más, refiriéndome por más a lo absurdo de los radicalismos, en este caso mediante una lucha de clases donde el rico es el enemigo, al que se denosta, no sin merecerlo en muchos casos, pero no siempre. Las generalizaciones no son buena porque nos llevan a estereotipos muchas veces basados en la falacia.

Se trata de que estamos en el Siglo XXI y no al final del XIX y principios del Siglo XX y, aunque la concepción ideal de la “lucha de clases” persiga el conflicto buscando el cambio social o progreso, sin embargo en un momento como el actual los elementos son bien diferentes.

En efecto, en el momento actual estamos inmersos en mercados de valores que condicionan la economía internacional sobre todo en el ámbito de las inversiones, siendo aquí que el término “lucha” debe sustituirse por el esfuerzo que debemos hacer todos hacia una economía más racional, los consumidores hacia un consumo más racional y ético, y los activos financieros o inversores en asegurar un equilibrio de fuerzas sobre todo pensando en las partes más débiles del sistema.

Es por ello que, radicalizar la lucha social solo persigue un repliegue de la economía en la que todos, sobre todo la clase media que es la que participa más activamente en el consumo, salimos perdiendo.

La lucha social que potencian estos partidos radicalizados de la izquierda no sólo persiguen machacar y humillar a los ricos sino imponer sus ideas con un dogmatismo especulativo que al que no lo acepta o cuestiona, en todo o en parte, es rechazado y vilipendiado.

Claramente sabemos quien representa a esta izquierda en el mapa político español, quienes, además irrumpieron en la escena política vendiendo medias verdades a las que luego, incluso, no están respondiendo. Ahí está, como ejemplo, la crítica que este sector de la izquierda hizo al resto de partidos llamándolos casta, donde el gusto a la poltrona política les hacía y les sigue haciendo perpetuarse en el poder, perpetuación que parece que ellos también persiguen a la vista de los muchos activos políticos que vuelven a repetir presentándose a las próximas elecciones. Ideológicamente, también ha existido una manipulación en la puesta en escena de la “lucha de clases”, donde la crítica a los chalets de ciertos ricos del IBEX no tardó en aparecer, sucumbiendo su Secretario General a las mieles del capitalismo. Y no quiero decir que una personas de izquierdas, entre las que me incluyo ideológicamente, no puede comprarse un chalet si su poder adquisitivo lo permite, pero no utilices este argumento para finalmente sucumbir al “enemigo”, como él, ellos y ellas dicen.

No me convence quien utiliza la confrontación para cambiar el sistema. Soy más partidario de una revolución educada, como dice un estupendo conocido y, me costa, seguidor de este medio, en su análisis de la vida política, económica y social de nuestro país, en un libro con el mismo título “la revolución educada”, Alfonso Estévanez, al que mando desde aquí un saludo. Libro que, por cierto, recomiendo.

Si pasamos a la derecha la cosa no mejora mucho, por no decir nada, donde para ellos las desigualdades sociales son el motor de su ideologías, en el sentido de considerarlas como un daño natural y colateral del sistema capitalista respecto a los más débiles, donde los mercados de valores marcan las diferencias, mejor dicho, las acentúa.

Me enoja, en lo que se ha convertido la derecha de este país, no sólo por su extrema radicalización, y no me refiero solamente a esa nuevo partido que ha penetrado en el circo político en una Comunidad Autónoma de izquierdas pero harta de la izquierda socialista, si se la puede llamar así; sino que, me refiero, también, a los otros dos partidos, uno naranja y otro azul, este último que trata de recuperar a los que se largaron con la extrema derecha, de la que tampoco nunca han estado muy lejos, lo que le ha llevado a radicalizar también su “ideología patriótica”….; y el que queda, pues dando bandazos, eso sí, desde la derecha a un centro derecha, según convenga la situación.

Pero, si cabe, todavía es más lamentable la puesta en escena. La peor de los cuarenta años y pico que llevamos de democracia, cargada de insultos, desafíos, amenazas… un “tú más” como único argumento de sus desaciertos. Patético.

Como verán, después de compartir con ustedes estas reflexiones, por necesidad sólo me queda preguntar en voz alta: ¿a quién voto?.

Tal vez, si la mayoría votásemos con un voto nulo, que no favorece a nadie, hiciésemos pensar a esos mequetrefes que se dedican a la política. Pido perdón a los mequetrefes. Y… es que, comparar a esta gente con cualquier cosa, siempre salen perdiendo. ¿Por qué será?. Bueno, no siempre, sino casi siempre, de vez en cuando, ya que, por puñetera influencia de los astros o de no se quién, dan en la diana. Será porque todavía queda gente buena en todos los “lados”, hasta en la política… a ver si se hacen más visibles y terminan con este sistema electoral pactado entre los dos grandes partidos, para marginar a los partidos minoritarios, y convierten todo este tinglado en algo que se parezca más a una democracia, con listas abiertas en las que podamos votar a la buena gente y no a los trepas de los diferentes partidos.

El ser humano

Feliciano Morales. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

Los diversos conceptos del ser humano confluyen en definirlo como una animal racional. Animal porque procede de la familia de los homo sapiens, y racional porque tiene la capacidad de razonar, de hecho el vocablo “sapiens” significa sabio.

Sin embargo, a pesar de los logros alcanzados a lo largo de los tiempos de los que evidentemente son protagonistas grandes hombres y mujeres, tenemos una historia que es una vergüenza porque igual que hemos evolucionado en la ciencia hemos involucionado en el humanismo hasta el punto que estamos acudiendo a un eclipse de los valores y de la dignidad del ser humano.

Cada vez son más los elementos económicos, políticos, sociales e incluso culturales que limitan la solidaridad y la libertad de elección del ser humano, imponiéndose cada vez más aquellas ideologías que en vez de potenciar la dignidad y el respeto hacia la persona en todas las relaciones que configuran su vida individual, comunitaria y social, potencian la confrontación y la destrucción de los valores humanos como la honestidad, la sensibilidad, la gratitud, la humildad, la prudencia, el respeto, la responsabilidad, entre otros muchos.

Hablamos de derechos. Derechos de las homosexuales, derechos de los animales, derechos de las mujeres, derechos de los parados, de los pensionistas…, pero no respetamos los derechos humanos, es más, los prostituimos a nuestro antojo para sustentar ideologías de todo tipo con el único objetivo de imponerse sobre las contrarias mediante una hermenéutica viciada en origen porque no parten de una conciencia histórica y social, se juzgan situaciones acontecidas en un marco histórico determinado con elementos actuales cargados de una serie de prejuicios y expectativas que convierten el argumento en un engaño o mentira que suponen un obstáculo a una interpretación seria que den solución a problemas y procesos sociales actuales.

Es por ello que, una de las cualidades que definen al ser humano, cual es la capacidad de raciocinio, cada vez está más limitada por corrientes de opinión marcadas por ideologías interesadas, manipuladoras, y lo que es peor fragmentadoras de los grupos sociales. Si a esto unimos la sobrada muestra de la capacidad destructiva del ser humano a lo largo de la historia, no solamente en relación a sus congéneres sino de nuestro hábitat, hace que cada vez se pueda cuestionar más la auténtica naturaleza humana, salvo que admitamos que estamos ante una especie animal mala por naturaleza.

Dijo Thomes Hobbes en su obra El Leviatán (1651) que, el hombre es un lobo para el hombre, «Homo homini lupus», con ello pretendió la defensa de la razón práctica sin perder la vista a los otros, es decir, del resto de individuos que conforman el grupo, tanto en la acción moral como en la política.

A diferencia del lobo que es gregario, siguiendo una tendencia a agruparse en manadas, predominando el grupo y su defensa frente agresiones externas, el hombre es segregario, estando encaminada su actuación irracional  a destruir el grupo, a dividirlo, a destruirlo; lo que evidencia los horrores de los que es capaz la humanidad para consigo misma.

Mientras perdamos la expectativa de que el hombre es un fin y no meramente un medio y, por ello digno de respeto en todas las relaciones y manifestaciones que configuran su vida, estaremos convirtiendo las sociedades actuales en una jungla de animales irracionales, crueles y, lo que es peor, destructivos, peor que el lobo al que se refiere Hobbes.

Se hace absolutamente necesario en este momento de un existencialismo vertiginoso, promover todas aquellas facetas humanas tendentes a satisfacer las necesidades y aspiraciones del hombre, mediante un reconocimiento recíproco de los hombres en su dignidad, de manera que la relación del individuo con la naturaleza y con los demás seres humanos tengan como fin el progreso de la humanidad y no su destrucción.

Si no empezamos a actuar así, si la política, los avances científicos, tecnológicos…, en definitiva si nuestra propia existencia no la ponemos a servicio de los demás, con el fin de corregir todas aquellas irregularidades, diferencias, injusticias que atentan contra nuestra propia dignidad, estaremos abocados al fracaso de nuestra propia existencia, transformándonos en seres humanos instrumentalizados y degradados.

¿Quién es Dios?


Feliciano Morales. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

He tratado de eludir enfrentarme a esta pregunta, no por la respuesta, sino de la forma en que ésta es aceptada o rechazada por quien se haya atrevido a entrar en estas profundidades, y por las formas en que dicha aceptación o rechazo se manifiesta. 

También, quiero dejar claro que no pretendo abordar este tema desde una perspectiva religiosa y hacer de la respuesta a tal pregunta algo dogmático, entre otras razones porque encasillar todo no es de mi agrado. Me es imposible aceptar algo si no lo entiendo porque mi fe es más bien poca y, a veces, mi corazón duro… y la carne débil.

Por otra parte, tengo verdadero horror a esos dioses a los que se les pone cara, porque las caras han causado y siguen causando mucho daño. Dioses que se emplean al antojo del usuario teísta. Jeová, Dios, Alá, Buda, pero también, los dioses del amor, de la fortuna, de la salud… de la guerra… Elijan el bazar espiritual ha abierto sus puertas.

No soy digno de tener un dios con cara y, ante la pregunta de si pueden existir otros dioses que no sean los que la religión de cada uno nos ha inculcado, la respuesta debe ser afirmativa.

Los más ateos, algunos de ellos llevando el ateísmo como una religión, que paradoja, aseguran, ya que ellos nunca se preguntan por estar por encima de dioses, niegan la  existencia de cualquier dios con el único fundamento que no se puede probar, pero además, porque, poniendo en relación con el  aspecto dogmático de las religiones éstas atentan contra la libertad del individuo. Y no les falta, en cierto modo, razón: para afirmar que algo existe hay que probarlo.

No puedo, y pretendo menos aún, imponer una creencia sobre algo. Las cosas son o no son, existen o no existen, son tangibles o no lo son

Tras algunas lecturas del Nuevo Testamento, y algo del Antiguo, estoy convencido que de la misma manera que si hubiese leído el Corán o cualquier otro libro sagrado, que he empezado a hacerlo, el resultado sería el mismo para mi. El rechazo de los dioses con cara, y menos un dios que premia a los buenos y castiga a los malos…. 

Perdonen le petulancia, necesito un Dios más grande, más infinito… sin número de serie y menos con un manual de funcionamiento bajo el brazo. No puedo con esos dioses y, menos aún con quienes los defienden desde el fanatismo. Desde un fanatismo terrorista no sólo con víctimas de carne y hueso, sino también con víctimas ideológicas al actuar contra su libertad de pensamiento, de actuación, de decisión; es decir, anulando a las personas.

Así pues, si el ateísmo es no creer en un dios con cara, soy ateo, pero si el ateísmo es no creer en ningún dios, entonces, la cosa cambia.

En mi creencia no cabe el chantaje, con promesas o velas a cambio de favores sobrenaturales. Tampoco para tener tranquila mi conciencia pensando en el paraíso. Ya me vale con tenerla sobre mis derechos y deberes civiles para enredarme en problemas de conciencia teísta. 

Mi Dios no se acomoda a las necesidades del hombre, más bien al contrario, porque el Dios en el que creo es un todo y es un nada, es la expansión, lo infinito, la creación de la vida, el alfa y el omega, la explosión y expansión constante del universo, las energías que surgen cuando explosiona una Supernova, o la que se concentra en su interior al nacer. Dios es el universo, es la persona que tenemos enfrente, el planeta en el que vivimos y no respetamos, por eso necesitamos acomodarnos a ese Dios.

Todos y cada uno estamos unidos por un árbol de la vida que nos hace parte de un todo, lo que al final debía traducirse en un respeto “quasi sagrado” a todo cuanto nos rodea, a quienes igual que nosotros forman parte de es Dios, de ese polvo cósmico y/o energía cósmica en constante expansión. Eso demuestra que mi Dios es tangible, que existe.

Zasca en toda la boca

Feliciano Morales. Director-Editor magazine Plazabierta.com

A determinadas personas no les vendría mal un “zasca” en toda la boca, perdón por mi agresividad, aunque tal vez los que tengan que pedir perdón sean ellos. Aparte de por su verborrea y mensajes vacíos o aprendidos que repiten como loros de repetición, también por la prepotencia con la que los dicen. Y no porque me enerven, sino porque me resultan cansinos, aburridos, yelmos,  sobre todo por sus maneras, sus ínfulas, su idiotez humana incontenida. Son como aquel cuñado insoportable que tienes que aguantar en esas comidas aburridas de familia en las que se auto convierte en el protagonista por saberlo todo.

Cada vez aguanto menos el talante de esas personas que van por la vida dando lecciones, de lo que saben y de lo que no saben, nunca predispuestas a escuchar a quienes tienen enfrente  y mucho menos empatizar con ellos. Personas que se ponen el birrete de catedrático de la materia de la que hablan, cuando no dejan de ser unos ignorantes. Parecen los depositarios de la ciencia, cuando no son más que unos charlatanes de pacotilla, sin discurso, sin fundamento.

Personas que parecen estar de vuelta de todo, que han alcanzado la luz de la ciencia infusa, repitiendo frases hechas, parafraseando discursos ajenos que distorsionan a su antojo sacándolos de contexto. Personas cuyo espíritu esta formado por  dogmas imbuidos en su pequeño cerebro, que más que estar formado por una masa gris parecen estarlo de páginas arrancadas de no se qué panfleto religioso, político, o de libro de auto ayuda o de coaching de feria.

Personas que se atreven a juzgar a todo el que pillan por delante, capaces de esperar a que tropieces dos veces con la misma piedra para machacarte por tu torpeza, para aplastarte la cabeza contra la tierra sobre la que has caído, para hundirte más en tu miseria que, no deja de ser bastante menor que la suya, porque el que cae con dignidad se levantará también con ella.  Sin embargo, ellos son como el fuego fatuo, porque sus palabras aparte de no oler muy bien son efímeras, sin consistencia, sin contenido, pero sobre todo porque la putrefacción de su espíritu de autosuficiencia hace que su llama se disipe en breve, no teniendo más trascendencia que el de una pequeña combustión dentro del cementerio de su escaso saber y de su imposibilidad de razonar.

Son seres patéticos, incapaces de ver su ridículo actuar, cuya gesticulación chulesca y palabras de repetición programada , evidencia que no hay donde rascar, convirtiéndose en caricaturas de si mismo, en el hazme reir en determinados foros en los que pretenden sobresalir sin la prudencia propia que tiene el sabio de escuchar a quien sabe más que él. Por este motivo, por su falta de prudencia, no les vendría mal un zasca en toda boca, para que nos dejen en paz un rato.

Presentación del libro: “Sostiene Mengano”

Entrevistamos a su autor Miguel Escudero, profesor titular de Matemática Aplicada de la UPC y escritor.

 

 

 

 

El pasado 18 del actual mes de marzo tuvo la presentación en la Casa del Libro de Madrid, del libro “Sostiene Mengano”, Ediciones Carena, de Miguel Escudero, habitual colaborador de este Magazine y de otros medios; profesor titular de Matemática Aplicada de la UPC y escritor, quien explica que: “Mengano es una voz de origen árabe que significa ‘quien sea’. Antonio Machado escribió en su retrato: “a distinguir me paro las voces de los ecos, y escucho solamente, entre las voces, una”. Así, he querido analizar de forma simple y clara algunas afirmaciones o negaciones. ¿Son de recibo y por qué? Y para ello he escogido a alguien cualquiera, desde Kant hasta un anónimo sepulturero, desde Isabel Coixet hasta Simone Weil.”

Miguel Escudero en el Centro. A su derecha (según se mira) Francesc de Carreras, y a su izquierda, Ramón Tamames. Uso permitido por Miguel Escudero

La presentación tuvo lugar en La Casa del Libro de Fuencarral, con un lleno total de la sala, estando el autor acompañado del economista Ramón Tamames, el jurista Francesc de Carreras y José Membrive, editor de la obra.

Con motivo de la presentación de “Sostiene Mengano”, tenemos la satisfacción que su autor nos permita formularle algunas preguntas:

De todos los “menganos” que habla en su libro, ¿cuál es su favorito y, por el contrario, al que guarda menos simpatía?

Son muchos mis preferidos, desde el anónimo sepulturero que me conmovió hasta el gran sindicalista que fue Ángel Pestaña o la extraordinaria y sensible psicóloga clínica que es Beatriz Garvía.

Perdón por entrar con el plato fuerte: En su libro, hay una amplia representación de personas y personajes destacados de todos los ámbitos de la cultura, el arte, las ciencias, la literatura, la historia, la política…, muchos de ellos destacados por su libre pensamiento. ¿Qué entiende Vd, por libre pensamiento?.

En esta hora, ‘libre pensamiento’ sería sinónimo de atreverse a pensar y a expresarse con rigor y razonablemente, sin mirar de reojo a los ‘bien pensantes’, para que les den el beneplácito y no les cuelguen los sambenitos. Las fuerzas inquisitoriales acechan con diferentes disfraces y no hay que hacerles el juego.

¿Que opinión le merecen esos otros “menganos” que tratan de imponer la independencia de Cataluña? .

Mengano es una voz árabe que significa ‘quien sea’. Esos menganos, que dice usted, se creen con derecho a dividirla sociedad catalana y alienarnos a los catalanes de nuestra condición española e imponernos una identidad prefijada, esto es, falsificar nuestra realidad y empobrecerla.¿Merece para Vd. un “sostiene” el juicio sobre el procés?

¿Qué tendría que hacer el futuro presidente de España para que estuviese en su libro “sostiene mengano”.

Desearía que ofreciera hechos más que palabras, y evidenciara honradez y eficacia y respeto verdadero a todos sus conciudadanos, sin exceptuar a sus adversarios. El sábado 23 de marzo, si no ando equivocado, se cumplen cinco años del fallecimiento del presidente Adolfo Suárez, verdadero espejo de las características que le acabo de decir.

¿Tiene en proyecto algún otro libro?

Sí, uno está avanzado. Hay otros a los que les sigo dando vueltas.

¿Quiere transmitir algo a sus lectores de Magazine Plazabierta.com?

Sí, es una oportunidad de mostrarles mi simpatía por compartir una plaza abierta, liberal e inclusiva, con voluntad de aprender de quienes puedan pensar u opinar de distinta forma, siempre con respeto a la realidad y a la condición personal de todos. Muchas gracias por concederme su atención.

Aprovechamos la ocasión para informar a nuestros lectores que Ediciones Hildy acaba de publicar ‘Por nuestras calles’, del  mismo autor, Miquel Escudero. 

Portada del Libro de Miguel Escudero: “Por Nuestras Calles”

Este libro articula breves textos donde se habla de Europa y de referendos, de terrorismos y de trampas, de banderas y de consignas, de franquezas y de engaños. En estas páginas se argumenta a “favor de una España liberal, igualitaria y plural, volcada en la convivencia y en la expresión de la conciencia de todos sus ciudadanos”. Que pueden comprar en este enlace de Amazon.

El poder de las cloacas

Feliciano Morales. Director-Editor del Magazine Plazabierta.com

Me he retrasado en lo que empezó siendo mi habitual opinión semanal sobre la política, hasta el punto que han pasado varios meses… Y, es que, aparte de no tener nada importante que decir, me da una enorme pereza hablar de lo que actualmente está sucediendo en España, hablar de esto no es hablar de POLÍTICA –escrita con mayúsculas y en negrita con toda la intención del mundo-, para que se vea la diferencia.

Miren ustedes y, perdón por que les llame de usted, pero prefiero hablando de estas cosas mantener ciertas distancias con quien me lee, primero  por no saber a ciencia cierta de que pie cojea, para intentar no herir a nadie y,  por aquello que “cada uno en su sitio y Dios en el de todos”. Pero, para no andarme con rodeos, he de decirles que pienso que la política de este país es una mierda, perdón por lo escatológico, pero sin dudas seguro que descriptivo, porque una mierda son los que hacen la política, vuelvo a pedir perdón aún a sabiendas que algunos no lo concedan.

Que ancho me he quedado”, “josuu..”. Sí…, me he quedado ancho de cuyons… “nunca he visto un país como éste”… “vaya nivel tiene el personal”. Se podría decir que del 1 al 10, estamos por ahí… en un 1,5, (Muy deficiente)… a riesgo que alguien diga algún improperio contra mi, porque lo de “Muy deficiente” creo que lo he personalizado en él o a lo que él vota. Quizá también, pero me callo. Estaremos de acuerdo que todos deberíamos hacer examen de conciencia, porque quien se crea que en esto no tenemos arte ni culpa, no ha entendido todavía de que va la historia, de democracia oiga, en las que unos votan y otros son los votados, y votando a unos inútiles pues ya se saben los resultados.

Viene siendo habitual que muchas personas para reafirmar su postura de no complicarse la vida, repiten aquello de: “para que voy a ir a votar si luego ellos hacen lo que quieren”, y no les falta parte de razón, pero, no la tienen toda. Bien es cierto que de votar, a los pactos postelectorales, a veces hay una distancia considerable, que es lo mismo que decir, que “del dicho al hecho hay mucho trecho”, pues convendrán conmigo que hay ciertos pactos que van contra natura. Lo digo por aquello de las ideologías, aunque poco veo que aquí las ideologías tengan mucho peso importante, al menos para los propios políticos de esta maltratada España, con poca diferencia entre partidos de cierta izquierda y de cierta derecha, aparte de lo estrictamente necesario, por aquello de que verte con el color azul* te da remordimientos.

Bueno, pero tengan o no tengan peso las “ideologías”, cierto es que no hay que confundirlas con “ideas”, algo imposible de pedir a quienes dirigen el país. A los hechos me remito.  Una España quebrada por el deseo de fragmentarla de unos cuanto independentistas, gobiernos que no gobiernan, una campaña electoral en la que los políticos nada más hacen que “rebuznar” y dar coces a sus contrarios, y prometer, y prometer, y prometer… 

Prometen mucho, se acercan más al pueblo en estos últimos meses que preceden a las elecciones, hasta el punto que apestan… ¿dónde han estado el resto de la legislatura?.

Por eso no me vale como argumento a quien dice que no vota porque no sirve para nada su voto. El voto sirve, al menos para que no haya una dictadura, pero, también para elegir a nuestros representantes… Claro que lo entiendo, que para elegir a quienes tenemos ahora en el plantel es mejor irse ese día al campo o a cualquier sitio lejos de los colegios electorales. Pero, así está la cosa, y si alguien no quiere votar que no vote, está en su derecho, pero al menos acuda a hacerlo, aunque no introduzcas ninguna papeleta en el sobre, puestos así, al menos estarás emitiendo un voto nulo que no beneficiará a nadie. Tal vez si así lo hiciésemos, al menos, quienes manifestamos no estar conformes con los políticos de este país, sería suficiente para que trascendiera que un alto porcentaje de españoles tienen algo que decir.

Pero, al final, sucederá lo que sucede siempre que hay elecciones. Es como si volviera el mundial de fútbol, los del PSOE contra el PP, C`s y Vox, el PP, también contra C`s y Vox -por los votos que les quita-, Los de C´s y los de Vox, contra todos… Y los de PODEMOS, puffff.. me temo que mal lo van a tener en estas próximas elecciones; sin duda les ha pasado y les pasará factura el haberse convertido en casta.

Pero, insisto, he pretendido hablar de política y al final me he enredado en las cloacas.

*Traje azul, como sinónimo de hombre de derechas, contrario a rojo.

Lágrimas de sangre

Como siempre, la babarie acompañada del fanatismo, ideas radicales de seres que creen que tienen encomendada por mediación divina o de no se qué ideólogo que creen que reventando cualquier sistema contrario a a sus ideas absolutistas, ha vuelto a hacer presencia, en este caso en las antípodas, pero la distancia no es una excepción al sentimiento, primero de compasión hacia las víctimas, sus familias y allegados, y segundo de rabia mezclada con una gran impotencia, por tan execrable conducta, sin sentido.

Vivimos en un mundo de extremos, donde las conductas equilibradas, mediadoras, tendentes a evitar el conflicto están mal vistas, no se si porque no tiene morbo, porque no se llevan o porque hoy día hay que ser de algo, aunque ese algo mate, asesine… aunque ese algo sea lo más cruel… Sino está sembrada la batalla, la confrontación, la subida do “likes” en nuestra RRSS,  con su demoniaca intención de desequilibrar todo, no se si buscando en el caos algún beneficio como redentores de sus nuevas patrias, religiones, tradiciones y, un largo etcétera, incluyendo el desatino de cualquier enajenado que por un día se convierte al mismo tiempo en Badman y Superman.

No seguimos empeñando en falacias, donde el mundo se divide en buenos y malos, en negro y blanco, olvidándose de la enorme escala de grises que hay; estereotipos y prejuicios, donde  los islámicos son todos del ISIS, los y las homosexuales, maricones de mierda y degenerados, la mujer que liga una puta, y los que no piensan como ellos están equivocados. Este es el peor terrorismo, pues, pudiendo desembocar en un atentado sangriento, no sólo destruyen personas y bienes, sino también libertades. Desequilibrando la pretendida paz mundial, pero lo peor aún, corrompiendo todo lo que tocan.

Este es el mundo, así somos, matamos por ideas, por dioses con caras diferentes que dividen, por ideas de un radicalismo fascista, tanto de izquierdas como de derechas, de separatismo en vez de unión. Siempre existen puentes que unen, pero nos empeñamos en destruirlos.

Somos seres destructivos, no sólo de nuestra planeta, de nuestra hábitat, de nuestro entorno, sino también contra personas que piensa diferentes. Esto es la base del terrorismo.

La sala de espera

Feliciano Morales. Director-Editor del Magazine Plazabierta.com 

El murmullo no tarde en subir de volumen. Es algo muy propio de los españoles.No respetar el silencio de algunos lugares públicos. Como decía mi abuela, no nos callamos ni en misa. “Abuela en misa se reza”, exclamaba yo, sin entender a mí corta edad porque utilizaba ese símil. Claro que, también hay momentos de silencio y recogimiento que tampoco muchos respetan. Por eso prefiero el que me decía mi madre: “no te callas ni debajo el agua”, lo entendía mejor.

Estoy en la sala de espera de un hospital y esto parece un gallinero revuelto, donde el cloquear de los allí presentes, sin lugar a duda, más molesto que el de las gallinas ponedoras. Madre mía que incomodidad, cada cual contando su película sin pudor de ser oída por quientienen al lado, o en la otra punta de la sala. Parece que algunos llevavan el amplificador incluido de fábrica. “¿Por qué no se moderarán?” pensé, “ya que son incapaces de estar callados un rato“. 

El matrimonio de al lado, pegando con mi hombro, en plena discusión conyugal, porque el marido parecía no haberse cambiado de ropa interior que inevitablemente debía exponer en la prueba, una colonoscopia. Porqué tenía que enterarme yo y media sala de espera que iba con los calzoncillos sucios. No era para mí, ni para los allí presentes cómodo oír tal cosa y, sospecho que tampoco para el poco decoroso afectado, pues no tardo en arrugarse en su asiento con la mirada fija en el suelo, seguro que pensando, “tierra trágame…”

Una señora en la parte más distante del asiento incomodo donde yo me encontraba, pegada al móvil, parecía tenía una conversación con alguien duro de oído. Ya no era sólo que nos estuviésemos enterando los allí presentes, sino todos los que estaban en el hospital. Increíble,  pero cierto… No se trataba del amplificador incorporado de esta mujer, sino que parecía conectada al equipo de sonido más potente del mundo, a todos los altavoces del universo. “Jo.. pero no se atragantará, al fin y al cabo está en el lugar adecuado, en caso que el atragantamiento se descrontolara”, pensé… lo siento, por ser tan mal pensado…

No digo yo, que deba guardarse un silencio riguroso, que no estría mal, pero al menos ser lo suficientemente respetuosos para no incomodar aún más a los que acudimos a los servicios sanitarios, algunos enfermos, en la que el silencio ayudaría a llevar nuestro pesar, mejor que con tanto bullicio mareante, al que empezaban a unirme algunos tonos de llamadas de móvil, con sus correspondiente conversaciones que, algunas revelaban el motivo de la consulta: “hija, me han salido unos pólipos ahí abajo que me los tiene que ver el ginecólogo”, “aquí estoy esperando, esto de la sanidad pública es una vergüenza”. “La vergüenza es usted”, pensaba yo. “No te podrás callar un poquito”. Pero, lo peor aún era quienes no se cortaban un pelo en ver vídeos a través del móvil a todo volumen, aquello parecía un festival de cortometrajes o un centro comercial. “Y esa madre no le podrá decir al niño que baje el volumen de eso vídeojuego cuyos tiros estaban impactando en el cerebro”.

Estaba empezando a sentirme tan incomodo que no pude aguantarme, saliendo de mi boca ese “siiiiiiiiiip” prolongado e impositivo que obliga o pretende obligar a guardar silencio. No lo conseguí. Apenas duro unos segundos su efecto y menos de un minuto en volverse a convertir aquello en el mismo gallinero que antes.  

Ahora entendí porque estaba medio arrancado el cartel adherido con múltiples trozos de celofán, sobrepuestos unos a otros, a una de las paredes, con la imagen de una bella enfermera, hasta algo celestial, con su dedo índice sobre sus labios cerrados y un mensaje impreso: “por favor guarden silencio”. Silencio ni leches. “No tardarán mucho en arrancarlo del todo”, pensé, “¿para lo que sirve?”.   

Por megafonía suena “el acompañante de…..”, ese soy yo… “acuda a endoscopia”. Por fin ya me marcho. 

Cuando nos encontramos en la calle hasta el ruido de los coches parecían músigca celestial. 

Saludos

Hombres y mujeres XL

Feliciano Morarles. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

Quizá el título de este artículo lleve a muchos a pensar que vamos hablar de hombres y mujeres obesos que tienen que recurrir a tallas super grandes para poderse vestir. Pues no, aunque no descarto algún día tratar este tema, entre otras cosas porque me afecta personalmente al ver que progresivamente aumenta mi peso en parte por falta de deporte o una vida más activa y, el resto porque me resulta difícil contenerme ante un buen plato de comida.

 Sin embargo, y para mi desgracia, no se corresponde mi talla de ropa con esa otra a la que quiero referirme que, no es otra cosa que la talla humana, aquella que representa a hombres y mujeres que anteponen el deseo de un mundo mejor al propio de vivir en su zona de confort, dicho de otra manera, en su mundo de yupi con gafas de color acomodaticias para no complicarse la vida.

Podría hacer una relación de grandes  hombres y mujeres que a lo largo de la historia han contribuido a hacer un mundo mejor, pero esa no es la intención, sino analizar el porqué de tanta insatisfacción personal y social.

Resulta penoso que la vida de muchas personas se reduzca a lo puramente material o a la satisfacción inmediata de sus deseos, reduciendo su vida a actos de un mero transitar por el mundo con las orejeras puestas y en línea recta, persiguiendo esa zanahoria que le han colgado delante de sus narices, que nuca llegarán a alcanzar pues ya se han encargado de colocársela de manera que no pueda cogerla para vivir en una continua frustración que le prometen solucionar con panaceas, ideologías, religiones, dogmas o mediante un consumismo de insatisfacción continúa.

Así somos las mayoría de las personas, nos definen o delimitan un mundo ficticio donde la felicidad se relaciona con poseer, consumir, o peor aún, vivir de puertas para adentro, donde el resto del mundo no importa. Sin darnos cuenta y, aquí radica el gran problema de nuestra sociedad, que nuestra falta de compromiso por transformar el mundo que nos rodea, nos está llevando a un precipicio, tanto emocional, en lo que respecta a nuestra persona, como también social.

Sólo tenemos que detenernos  un instante para observar que el mundo que nos rodea es un mundo de insatisfacción constante que nos lleva a una conducta compulsiva no sólo de poseer cosas, sino también, porque somos incapaces de encontrar nuestro sitio, no como el lugar en el que uno se establece para vivir, sino como seres sociales, como parte integrante de algo mayor al que no podemos sustraernos, porque queramos o no, depende como funcione nuestro entorno social para que nuestras vidas sean mejores o peores.

La falta de implicación social de quienes individualmente formamos parte de esta comunidad de vida hace que ésta se anquilose, o peor aún, se vayan formando corpúsculos tóxicos que, al final, repercuten en nuestra existencia como individuos, donde las ideologías nos constriñen a ciertos comportamientos antisociales por su radicalidad o confrontación.

Entonces ¿cuál es la solución para mejorar nuestra pobre existencia?

En principio evitar los extremos, la confrontación y la dispersión que tanto interesa a quienes llevan las riendas del poder con el objeto de atraer a simpatizantes que les elijan, conscientes que el en el caos por ellos mismos creado con unas cuantas migas de pan son suficientes para arrastrar a los insatisfechos.

La razón nos lleva a comprobar que dos fuerzas antagónicas ejercidas sobre un objeto al final al final éste termina rompiéndose, siendo esto lo que está pasando en las sociedades actuales, tanto democráticas como dictatoriales, en las primeras por la diversidad de partidos contrapuestos sin el mínimo deseo de cambio mediante políticas de confrontación o porque carecen de las ideas y capacidad suficiente para conseguirlo, y en las segundas porque todo poder absolutista implica por necesidad y naturaleza una resistencia.

Es por ello que, el cambio social debe partir de un cambio personal, en una asunción de derechos y deberes necesarios para que el sistema funcione, evitando los abusos de poder. Cambio personal que consiste simple y llanamente en ser mejores personas, en potenciar la generosidad hacia los demás, la tolerancia, en sentir a los demás miembros de nuestro entorno social como parte de un todo que es también nuestro.

¿Utopía?, no…, sólo basta con convertirnos en hombres y mujeres XL, con valores, principios y un sentimiento social, con el convencimiento que individualmente cada uno de nosotros somos células sociales que solo mediante una simbiosis de transformación interior personal podemos conseguir un mundo mejor.

Sino lo intentamos, aunque nada más sea por alcanzar nuestro equilibrio personal, nunca comprobaremos que el cambio es posible. Grandes hombres y mujeres lo hicieron y lo consiguieron. Esa será nuestra legado para quienes vengan detrás, para nuestras familia y amigos. Poco a poco podemos conseguir que las cosas cambien sin esperar a que otros lo hagan, porque todos como seres sociales tenemos el deber de hacerlo.

Ida y vuelta

Feliciano Morales. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

De aquí para allá, de un lugar a otro, una estación, un aeropuerto, peajes, solo, acompañado. Noche, día, verano, invierno, primavera, otoño… Un transitar, un no parar. Siempre esperando algo y alguien en el destino.

Alguien esperando en el lugar de partida, tu pareja, tu familia. O, quizá nadie, solo tu casa vacía, tus calles, tu parque, el ruido, el silencio, la soledad que oprime tu  pecho o que tanto necesitas.

Hoy el taxista dormido a la salida del hotel, cansado de esperar clientes que no llegan. El tren me espera. Hablamos de la felicidad y de su antónimo, la tristeza. Cómo se buscan, cómo se encuentran, cómo te sorprenden. Cómo la tristeza llega, insoportable, da lo mismo su tamaño, la tristeza siempre rompe el corazón, el alma. Cómo la felicidad casi nunca es plena. Salud, dinero y amor, casi nunca llegan juntos. Es difícil la elección. ¿Prioridad?. En mi caso el amor. La Salud mermada sin amor sería insoportable, y lo afirmo porque lo vivo.

He llegado a la estación. La misma sensación de siempre. Los raíles se juntan en el infinito. Alguien que llora, abrazos de despedida, besos que no acaban y que desean no se vayan de sus labios. Brazos Extendidos esperando a quien llega. A veces fundiéndose en uno solo.  Los móviles en la mano anunciando la llegada, comunicando la partida, deseando el reencuentro. 

Hoy regreso a mi hogar, he dejado el taller de mi nueva vida, cargo con las herramientas, pues el trabajo es infinito. Ayer aprendí nuevas cosas. Ayer me desbordaron los sentimientos. Siento todavía los abrazos de quienes volveré a ver en esa ida vuelta por el camino que he emprendido. De acá para allá, ya no me siento sólo, mi vida tiene un sentido.

El tren llega a mi destino. Se han detenido los campos, el horizonte que he visto en mi trayecto. Regreso a mi hogar donde mi compañera me espera. 

Es arduo el trabajo, es arduo el camino, pero merece la pena vivirlo

El WhatsApp está contra mi

Feliciano Morales. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

Son las 2,00 h. AM, y cuando ya he sido arrojado a los brazos de Morfeo, un “plin” me sobresalta, una penumbra nublada por el profundo sueño del que acabo de despertar me envuelve, tardo unos segundos en darme cuenta donde estoy, sólo me hace tomar conciencia del tiempo y del espacio la persiana del dormitorio a medio bajar que deja pasar la tenue luz de las farolas de la calle.

Me incorporo, habiendo ya olvidado el motivo que me había desvelado, giro la cabeza al llamarme la atención una pequeña luz que sale de encima de mi mesilla, una maldición salió de mi boca seguida de “se me olvidó apagarlo”. Eso es lo que suelo hacer cuando el placer de la sábanas me envuelve y los parpados empiezan a resultar pesados. Pero esa noche no lo hice, quizá porque ese placer fue más intenso o el cansancio no dio tiempo a mi cabeza de ordenar a mis manos lo que tenían que hacer.

Ese aparato tan útil resultó ser tan impertinente como quien hizo que saliera de su letargo y yo del mío, tan impertinente como  he sido yo en otras ocasiones. Un mensaje aparece en pantalla con un icono verde con forma de bocadillo de comic y con un teléfono blanco en el centro. El comunicante, uno de mis contactos, quizá amante de la noche o desvelado, el mensaje un gif, sin puñetera gracia, como tampoco la tenía su inoportuna actuación por las horas que eran. 

Recordé a aquel amigo que en una mañana de domingo, a las 7,45 h. AM, le mande un WhatsApp con uno de mis artículos, su mensaje de respuesta fue una agresión verbal contra mi persona, seguida de un bloqueo entre sus contactos, me di cuenta porque mi respuesta pidiéndole disculpas nunca apareció seguida de esa doble viñeta azul que nos muestra la recepción del mensaje. Desde entonces no le he vuelto a ver para transmitirle mis disculpas personalmente. Javier, lo siento. Aunque tal vez debería también incluir algunos nombres más que se seguramente se han acordado de mi madre por el abuso de este medio. Así que a quienes hayan tenido presente a esa mujer que me dio la vida, la mejor mujer del mundo mundial, también les pido disculpas.

Es una realidad a la vez de una impertinencia el uso desmedido de esta aplicación y de otras similares, pero sobre todo el cabreo de quienes no reciben una respuesta inmediata, sin darse cuenta que el receptor es el dueño de sus tiempos y que, salvo una urgencia que, por cierto, sería mejor comunicarla mediante una llamada, debas contestar con la rapidez que la situación exige. Por eso, igual que he pedido disculpas, sin esperar reciprocidad, tan sólo comprensión y respeto, pido a quienes tienen el móvil y lo usan  para pasar el rato, que no está mal, pues el ocio debe formar parte de nuestras vidas y para eso también están los amigos que, al menos, no reprochen que no haya un mensaje de vuelta inmediato.

Otro “plin”, otro WhatsApp, mi contacto está por darme la noche. Pienso que es una venganza, con acoso y derribo. Debo decir que el contacto es femenino. Su contenido un emoticono, bueno, el mismo repetido varías veces, bastantes, de forma compulsiva, una cara lanzando besos. Pensé, el beso de Judas, a un amigo no se le hace esto. Venganza con nocturnidad y alevosía.

Ahora era el momento de responder. No quería ser mal educado, aunque en la cabeza se me agolpaban los esabruptos. “Puedes dejarme dormir…”, seré elegante: “de una puñetera vez”, fue mi respuesta, acompaña de un emoticono de una cara cabreada y roja de cólera. Pensé que era suficiente para que mi mensajera repusiera su actitud, pero no fue así, unos interrogantes sin contenido fue el siguiente “plin”. Ahora fue la progenitora de ésta la que acudió a mi cabeza, acompañada de un adjetivo referido a esas mujeres de moral distraída, quizá menos que la que había decidido darme la noche. Me contuve, intentando sucumbir al sueño.

Quizá personalizar el mensaje que deseo transmitir, conduzca a algunos de mis contactos a rallarse más allá de lo que intenta ser una crítica, no a las personas que, por otra parteo ha lugar a ella, sino al uso desmedido y me atrevería a decir patológico, por el abuso, de esta aplicación. Tengo la suerte que a mis contactos les sobra la educación y el saber estar, sobre todo a los que estoy unido por alguna relación personal o profesional, tan sólo algún despistado o despistada que no conociéndome lo suficiente quiere que caiga en el mismo juego que ellos.

Ahora, son las 5,00 h. AM, y el desvelo del mensaje “gifniano” del principio me ha llevo a escribir esto, posiblemente algo impertinente. El caso es que no puedo volver a conciliar el sueño, las sábanas ahora me molestan, me raspaban y eso que son de franela para combatir el frío de las noche salmantinas en una casa antigua. Me levanto, abro del todo la ventana del dormitorio, enciendo un cigarrillo prometiéndo no volverme a olvidar apagar el móvil o empezar  hacer uso de esa otra aplicación que te permite dejarlo en sueños que me baje hace unos meses.

No quiero romper corazones de nadie, solo desahogarme. Eso es todo.

Obtusos mentales

Feliciano Morales. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

Habréis oído más de una vez que no es lo mismo oír que escuchar, al igual que tampoco lo es ver y mirar. Muchos pensarán que es lo mismo, pero no es así, hay una gran diferencia, son términos completamente distintos, aunque uno forme parte del otro en ambos casos.

En la actualidad, donde el acceso a la información cada vez es más fácil debido al avance de las comunicaciones, sobre todo en internet, tal vez por la rapidez con la que ésta se mueve, no reparamos en ella, una lectura rápida y una información sesgada, a veces, porque interesa al comunicante, hace que nos quedemos en los superfluo sin entrar en el fondo del asunto.

Pongamos como ejemplo los posts que se publican en la redes sociales, unas veces porque están limitados a un número determinado de palabras y otras porque aunque tienen un enlace a una web (link) nos quedamos con el extracto, sin entrar en el vinculo para recabar toda la información que el comunicante desea transmitir. Es curioso observar como cuando el post contiene un video, si éste dura más de dos o tres minutos, es abandonado por el usuario por considerarlo demasiado extenso y aburrido, incluso cuando la información que se transmite es puramente lúdica. En definitiva, buscamos información rápida, formándonos con ello una opinión errónea o limitada.

El citado ejemplo es el que mejor nos transmite la diferencia entre los términos indicados al inicio y que podemos simplificar en el siguiente esquema:

Mirar = ver + interpretar
Escuchar = oír + interpretar

Como podemos observar, se trata en ambos casos de prestar atención a lo que se ve y se oye.

Las principales diferencia serían, por lo tanto, las siguientes

  • Mirar y escuchar pertenece al orden interpretativo del lenguaje frente a ver y oír que se incluye en el territorio fisiológico.
  • Mirar y escuchar implica la interpretación del lenguaje dando significado a la imagen o sonido  versus a ver y oír que conlleva percibir simplemente dicha imagen o sonido.
  • Mirar y escuchar es activo frente a ver y oír que es pasivo. Podemos dejar de mirar y escuchar cuando queramos.
  • Mirar y escuchar implica la realización de un esfuerzo físico y mental. Mientras que para ver y oír no es necesario dicho esfuerzo.

Así, las diferentes formas de mirar y escuchar, en cuanto que llevan implícita una interpretación de los que se ve y oye, implicaría las siguientes acciones

  • Apreciativa
  • Selectiva
  • Discernitiva
  • Analítica
  • Empática
  • Activa.

Por lo tanto, según lo expuesto, el esfuerzo es necesario para que lo que vemos y oímos, sea asimilado y, por consiguiente, no quedarnos solamente en lo superficial.

En mi anterior artículo “a esos lectores que nunca me leerán”, cuyo objetivo era despertar el amor por la lectura, me refería, precisamente, en el error apreciativo del mensaje escrito cuando nos quedamos solamente con una parte del mismo por la citada inmediatez con la que nos comunicamos; lo que lleva al obtuso lector a una idea errónea o parcial del mensaje que con osadía se permite criticar con la merma mental que ello supone.

La referencia a una mente obtusa no pretendo utilizarla en un sentido peyorativo o de poco respeto a las personas que actúan de tal manera, sino para referirme a una pauta opuesta al razonamiento y que, por consiguiente, opuesta también al libre pensamiento, habida cuenta que con ella el sujeto con una mente obtusa es incapaz de captar las normas de la comunicación que implican las acciones de mirar y escuchar, lo que se traduce un una escasa habilidad mental o en una inflexibilidad ante el mensaje que se transmiten, casi siempre por influencia ideológica excluyente.

Es por ello que, si deseamos ser respetados en nuestros mensajes debemos también respetar aquellos que también se nos transmiten, sin que esto signifique que debamos de estar de acuerdo con ellos, pero si esforzarnos en entenderlos y analizarlos en su justa medida, para después criticarlos. Si no actuamos conforme a estas normas, no sólo de simple convivencia y de respeto a los demás, sino de formación de nuestro razonamiento, no nos debe sentar mal que nos llamen obtusos mentales, porque en realidad nos estaremos comportando como tales.

Fuentes:

http://www.escuchaactiva.com/articulo_diferencias_oir_escuchar.htm

https://ladiferenciaentre.info/oir-y-escuchar/

A esos los lectores que nunca me leerán

Feliciano Morales. Director-editor de plazabierta.com

Más de una vez me he preguntado para qué escribo, si mis horas frente al ordenador, si me guerra contra la pantalla intentando sacar lo que tengo dentro, no son más que una perdida de tiempo o una manera de ocuparlo, pero siendo franco, no escribo para que me lean, aunque esta es la finalidad de todo escritor, comunicar, entretener, generar crítica, y eso no se puede conseguir si no hay lectores. Esta es la frustración del escritor, el preguntarse cuánta gente te leerá, a cuánta le interesará lo que trato de expresar.

Soy consciente que basta hacerse un nombre, un hueco en este difícil mundo de la escritura, para que todos los editores te abran la puerta de sus despachos y te sirvan en bandeja una editorial para difundir tu trabajo. Un nombre que algunos han conseguido a base del esfuerzo y la tenacidad y, sobre todo, por un trabajo bien hecho, otros porque como dice el refrán “si tienes padrino te bautizas” y, sino, pues a seguir con esta vocación que nos lleva teclear, sin tiempo, sin medida, solamente por un deseo incontrolable de desnudar tu alma, tus conocimientos, tu saber o entender de las cosas, de la vida, de la actualidad, del mundo, del arte… Por eso escribo, porque igual que el que necesita la droga para encontrarse bien, yo necesito, transmitir lo que tengo dentro. Esa es mi droga.

Desgraciadamente, cada vez son menos las personas que leen, estamos acostumbrados a la inmediatez, a la rapidez de las redes sociales, a obtener un mensaje manifestado en pocas palabras, en pocas líneas, me atrevería a decir, incluso en un titular con una foto, tal vez manipulada para que actúe de cebo, es suficiente para atraer la atención, formándose el obtuso lector una idea errónea o parcial del mensaje que con osadía se permite criticar con la merma mental que ello supone.

Es una pena que en los centros de enseñanza no se hagan talleres de lectura, inoculando a los niños la magia de la lectura, la comprensión de los textos, de las palabras, la atracción hacia los libros, esos libros impresos en papel, que al abrirlos liberan no sólo el olor a la tinta impresa sino también un mundo en ellos encerrados destinado a que el lector descubra, se sumerja, a veces como observador, otras para convertirse en protagonista de sus historias o hazañas. Tan sólo análisis sintácticos y morfológicos, que no están mal para aprender a construir frases, o comentarios de textos fríos, sin crítica, sin comprensión, que no ayudan a atraer a lector.

Un día en el pueblo antiguo de Isla, en Cantabria descubrí un almacén de libros usados: “el almacén de los libros perdidos”, y cuando penetré en su interior un mundo maravilloso colmó mi espíritu, si bien sucumbí a la tristeza de no poder abarcar tanta magia allí encerrada, de saber que como libros usados que eran, algún día formaron parte de la vida de alguien y que ahora habían sido castigados a permanecer en la oscuridad de un almacén, llenos de polvo en una estantería, con la esperanza de que alguien los adquiera. Los libros deberían estar en nuestras manos, formando parte de la calidez de nuestras vidas de nuestros hogares. O, tan solo pasando de mano en mano, de ser leídos en una cadena sin fin.

Es un auténtico placer el leer, un mundo catalizado por su autor se abre ante el lector, pero que quien penetra en él pude imaginarse de una manera diferente por muy realista que sea la descripción. Incluso en la fría lectura de una noticia, en la crítica u opinión periodística; nuestro ideario, nuestra filosofía de entender el mundo, intervienen en ese momento produciéndose una catarsis de emociones, de confrontación de ideas, que merece la pena.

Un amigo me dijo hace no mucho tiempo que prefería ver una buena película a leer un buen libro. Evidentemente para gustos están hechos los colores y, por supuesto, es un auténtico placer ver buen cine, pero, aún a pesar de eso, sin desmerecer este arte, todo lo contrario, ensalzándolo, el mundo de la lectura da la oportunidad al lector de pasar por su filtro, por su imaginación, por su mente, por su razón, el mundo que el autor le transmite, imaginarse el ambiente, respirarlo, sentirlo, incluso tocarlo. Además, detrás de una buena película, incluso de una programa de televisión o de radio, están los guionistas, esas personas ocultas que sólo aparecen en un reparto en el que nadie repara, sin los cuales los actores estarían mudos, no existirían las palabras por ellos pronunciadas, no existiría argumento ni historia que contar.

Por eso escribo, sin compararme, sin pretensiones, solamente con el deseo de ser leído por alguien, me da lo mismo uno que mil o que un millón, ojalá. Sólo con el deseo que quien lo haga sienta algo, aunque nada más sea el deseo de criticarme, pero sobre todo que vaya más allá de la literalidad de mis palabras impresas, porque todo lo que se escribe tiene un alma que quien la capta es un afortunado, igual que lo soy yo ahora.

Sin lectura no habría confrontación de ideas, pensamientos que dan vida a la vida, razonamientos que ayudan a razonar, transmisión del conocimiento, de la ciencia, del arte. Los libros son el cofre de la existencia, imprescindibles para la evolución del ser humano. Sin ello, no habría pensamiento crítico.

No hay nada más bello que una sucesión de palabras, de frases buscando un sentimiento. Marcadas por el espíritu de quien las ha escrito. Un mensaje cargado de vida. No hay nada más bello que sentir que en algún sitio habrá alguien que le interese lo que escribes, que te esté leyendo con la misma ilusión con la que yo ahora escribo. Una trascendencia en el tiempo y en el espacio que nos une por un momento.

A ese alguien le doy las gracias. A ese alguien al que tal vez nunca conoceré, pero que en un momento ha sentido la magia de la lectura, la simbiosis conmigo, con el mensaje que partiendo de mi alma ha conseguido mover los dedos de mi mano para que ahora tú lo leas, porque para ti iba destinado.

Y, a los que no me leéis, perdonadme por no saberos transmitir la ilusión de mi trabajo. Seguiré intentándolo.

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