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Historias escritas por felicianoplaza
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Director-Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

Los farfulleros de la política (2ª parte)

♦ Director-Editor de plazabierta.com

8 de junio de 2019

 

Como les comentaba anteriormente no estoy dispuesto a perder más el tiempo para hablar de política cuando mi interlocutor es una especie de primate que repite acciones que otro honímido jefe del clan les ha enseñado, pero además subyugados a unas pseudoideologías de  saldo que no las compra ni el Tato, por cierto ¿quién es este señor que tanto se nombra…?

Esos jefes de los distintos clanes son los que realmente me interesan y, para no herir susceptibilidades, no me voy a referir particularmente a ninguno de ellos porque para casi todos son predicables muchas actitudes que hace que la política y quienes la ejercen tengan tan poco valor frente a quienes nos quitamos las orejeras ante la manipulación política ampliando nuestro campo de visión más allá de donde quienes ejercen el poder no quieren que lleguemos.

Me imagino a esos vividores de la política en sus despachos discutiendo como vender al pueblo una determinada estrategia, primero a los suyos y luego al pueblo que dicen representar… ¡¡ y un carajo !!. Me los imagino urdiendo en sus cerebros hedonistas todo tipo de triquiñuelas para vender su ideología de tres al cuarto, de la que se desprenden cuando les interesa, y lo dicho antes no importa, a ellos se les permite todo, hasta que mientan.

No, no me gusta ningún partido, absolutamente ninguno, aún así sigo pensando que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos e introduzco mi voto en la sagrada urna que representa el poder del pueblo a favor de quien más logra convencerme en eso que llaman campaña electoral, donde prometen de todo y, al final, se repite la película una y otra vez, como muy pocas variantes sobre todo en lo que se refiere al bienestar de los ciudadanos que es lo que realmente les debería importar y para lo que están ahí. Y voto porque ello me dará más fuerza para defenderme frente a los que al final no son más que unos defraudadores de la buena voluntad del un pueblo que ha confiado en ellos y que continuamente siguen defraudando legislatura tras legislatura.

Resulta evidente que las elecciones las deciden los indecisos, entre los cuales me incluyo, pues soy consciente de ese resultado que una y otra vez se repite, como en una moviola, primero con los unos y después con los otros. Por eso los indecisos tenemos que votar porque somos los únicos capaces de dar nuestro voto a quien sin perjuicios ideológicos polarizados hemos confiado para alcanzar un bienestar social que deseamos, en mi caso siempre a la izquierda, aunque de izquierdas y socialistas ya les queda muy poco, a los partidos como tales y a las personas que los integran, que venden un socialismo y otros hasta un marxismo de 1º de Bachillerato, que adaptan a sus vidas según les interesa. Y no se trata de poseer o de llevar una determinada calidad de vida, allá cada cual con el dinero que gana, no voy a decir honradamente, porque en la política la honradez escasea; se trata que no podemos comprometer nuestra palabra para vender una ideología con actitudes que van en contra de lo dicho. También predicable para los que están enfrente, para los de la derecha.

He votado y ya me siento decepcionado por los que voté y, del resto otro tanto, con pactos que desnaturalizan los resultados electorales, y que comprometen, incluso, lo prometido en campaña. Podría poner ejemplos de una y otra parte, pero no lo voy a hacer, allá cada uno con su memoria histórica, aunque sea manipulada. 

Eso es política con minúsculas, por tanto, quienes defiendan esas actitudes por su ceguera política no me interesan y no tengo nada de que hablar con ellos, hasta que no empiecen haciendo autocrítica, hasta entonces no son más que unos farfulleros de la política, que la toleran y la defienden convirtiéndose en cómplices de tanto desatino político.

Los farfulleros de la política (1ª parte)

♦ Director-Editor de plazabierta.com

1 de junio de 2019

Es una pena, además de una perdida de tiempo hablar de política con algunas personas. Todos somos conscientes que es un tema que levanta ampollas a ciertos individuos e individuas cuando no estás en la misma línea, convirtiéndose finalmente en un tema de agría discusión cuyo único fin es la defensa a ultranza de los “nuestros” masacrando al contrario. Y, es que, en este país nunca se habla de política con mayúsculas, es decir, dentro de un debate sosegado y objetivo, donde se pongan sobre la mesa los verdaderos problemas que afectan a los ciudadanos y las posibles soluciones y, aquí sí entraría, inevitablemente, el posicionamiento ideológico de cada uno para defender o condenar políticas según sus resultados.

Cuando se habla de política, con mayúsculas, significa estar por encima de ciertos comportamientos de desprecio a quien no piensa lo mismo, debiendo ser el objeto del debate la idea o posicionamiento ideológico y nunca el ataque a la persona que la defiende, siendo éste un comportamiento falaz al que una gran parte de los ciudadanos están acostumbrados siguiendo el ejemplo de los propios políticos cuyos debates suelen estar  cargados por descalificaciones personales al oponente.

Quienes recurren a estos tipos de debate, no son más que voceros de los partidos a los que mal defienden, personas con una merma intelectual considerable, además de unos mal educados o mal educadas que no son capaces de respetar a su interlocutor, solamente porque ven en él un enemigo ideológico, aspecto que, además,  les convierte en intolerantes a cualquier opinión, incluso cuando está pueda ser compatible o complementaria con la posición que defienden.

Quienes hacen de un debate político una causa personal demuestran que no son más que seres alineados, incapaces de pensar con objetividad, motivo por el cual no merecen ni la atención que les prestamos ni el tiempo que les dedicamos, dado que, de lo contrario, terminaremos actuando igual que ellos llevados por nuestro amor propio, avocándonos a discusiones viscerales donde la razón brilla por su ausencia.

Asimismo, hablar de política con mayúsculas significa ser capaz de hacer autocrítica, dado que, sólo así conseguiremos mejorar lo que defendemos, con la consciencia que nadie está en posición de una verdad absoluta, además de no pensar que tenemos enfrente a un enemigo, sino simplemente una persona que no piensa lo mismo y que merece el mismo respeto que exigimos para cada uno de nosotros.

Ninguna política es perfecta, como ningún partido político lo es, siendo por ello que el debate debe estar enfocado desde el libre pensamiento y no desde el fanatismo ideológico, si es que se puede hablar de ideologías cuando nos movemos en esa política de alineamiento partidista que desemboca en posiciones totalitarias.

En definitiva, hablar de política con mayúsculas es buscar posiciones de encuentro dentro de un amplio espectro político que beneficien a los ciudadanos, que hagan de nuestro país un país mejor, más prospero y más libre. Pero, para poder llegar a esto tendríamos que alcanzar una madurez democrática de la que desgraciadamente carece la sociedad española que sigue viendo al contrario como enemigo, dividiendo el país entre rojos y azules, entre explotados y explotadores, entre buenos y malos, sin ver que siempre hay posiciones intermedias, gamas de colores entre el rojo y el azul que son las que debemos poner en debate.

Así que, quien quiera hablar de política conmigo deberá ser de política con mayúsculas y no en un intercambio de ataques guiados por un fanatismo político rancio, sino es así que no cuenten conmigo porque estoy harto de perder el tiempo con enanos ideológicos y farfulleros de la política, sobre todo cuando el nivel de nuestros políticos no alcanza ni siquiera un aprobado, pero ese es otro tema del que ya hablaremos.

La satisfacción de ser mejores

Feliciano Morales ♦ Director-Editor de Plazabierta.com

23 de mayo de 2019

Hay una canción de Joaquín Sabida que dice: “igual que una co… te digo la o”… “como te digo una cosa te digo la otra”, y así es, pues de sobra es conocido por quienes me leen de mi sentimiento misántropo en ocasiones, sobre todo cuando pretendes analizar como el devenir de los acontecimientos nos están llevando a un mundo deshumanizado. Sin embargo, sería de necios o de ególatras el pensar que en este mundo no hay gente buena, personas preocupadas por el mundo que les rodea, personas responsables, personas cuyas virtudes no aparentes, sino reales, nos enseñan o dan ejemplo en el día a día con su conducta de cuál ser nuestra forma de actuar con respecto a nuestros congéneres para hacer de ese mundo un mundo mejor.

La cuestión parece simple: “trata a los demás como te gustaría que tratasen a ti”, sin embargo, no es así, pues es inevitable que en las relaciones humanas surjan roces y con esos roces ciertas actitudes no toleradas en nuestros semejantes, a veces por soberbia, otras por envidia, y la mayoría de las veces, ni se sabe cual es el motivo para tener tantos frentes abiertos. Es evidente que la complejidad del ser humano es fruto de su sistema emocional y racional, estando la solución como en la mayoría de las cosas en el equilibrio entre ambos.

Una persona puramente racional, no sería más que una máquina, un ente frio, calculador, habida cuenta que la razón no es más que la relación entre ideas o conceptos con el fin de  obtener conclusiones o formar juicios. Las emociones son necesarias, puesto que muchas de nuestras actuaciones son fruto de nuestro sentimiento, así, por ejemplo, el socorrer a nuestros semejantes es fruto fundamentalmente del sentimiento de la compasión. Pero, además, este juego entre la razón y el sentimiento no se puede sustraer de los estereotipos sociales cuando se habla de relaciones humanas, es decir, de creencias generales relacionadas con un grupo o una clase de personas concretas, muchas veces de manera preconcebida y sin fundamentos teóricos, lo que aún hacen más compleja, si caben, las citadas relaciones.

Por consiguiente, hacer a los demás lo que nos gustaría que nos hiciesen a nosotros está muy bien, como la mejor manera de conseguir armonía en las relaciones tanto a nivel individual como social con otras de personas, sin embargo la complejidad de nuestro sistema de pensar, actuar y sentir, hace que perdamos el Norte, entrando en un mundo de confrontaciones absurdo, a no ser que, lo que se pretenda es quedar por encima de los demás.

La confrontación debe existir, entendida ésta como un cotejo de una opinión con otra, sin elementos violentos o de imposición de ideas, sino a través de la dialéctica como técnica de dialogar y discutir para descubrir la verdad, en la que, inevitablemente, es necesario la exposición y confrontación de razonamientos y argumentaciones contrarios entre sí, pero nunca con el ánimo de desplazar a la persona, sino al argumento.

En definitiva, se trata únicamente de ser honestos con nosotros mismos y con los demás, como sinónimo de decente, decoroso, recatado, razonable, justo, probo, recto u honrado según detalla el diccionario de la Real Academia Española; porque no nos quepa la menor duda que solamente de esto se trata, así estaremos más cerca de conseguir nuestra felicidad y la de los demás. Pero, hay de llevarlo a cabo, incluso cuando los demás no se lo merezcan, porque así sólo él quedará evidenciado.

Claro que el mundo puede cambiar, aunque sólo sea nuestro pequeño mundo. Es difícil, pero no imposible, además la satisfacción que nos reportará merece la pena, aunque nada más sea para dormir a gusto todas las noches.

Embaucadores





17/mayo/2019
Feliciano Morales. Director-Editor Plazabierta.com

Muchas personas cuando hablan encandilan, dicen palabras bonitas, pero sólo son eso: palabras.  Podríamos decir que en estas personas “del dicho al hecho hay mucho trecho” tal y como reza en nuestro rico refranero, sólo buscan quedar bien, pero sin adoptar compromiso alguno o lo que es peor, dicen una cosa y hacen otra.

En ellas el “buenismo” no existe, no son hacedores del bien, son predicadores y repetidores de frases hechas, de consejos que ellos mismos son incapaces de poner en práctica, aduladores que buscan embaucar a quienes le rodean, el reconocimiento social a su aparente bonhomía.

Esta forma de actuar no es más que una manifestación perversa de su cinismo.  Un cinismo adornado con joyas verbales. Se esconden detrás de una falsa apariencia, bajo el manto del buenismo, haciendo un marketing social de si mismo y de sus ideas atizando luego en la penumbra a quien no piensa o actúa como él. Hacen en público concesiones generosas para evitar conflictos, tanto a nivel personal como social, en un intento hipócrita de apaciguamiento.

Buenista viene de bueno, como dice la RAE es una actitud de quien, ante los conflictos, rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con extrema tolerancia, siendo esta la imagen que tratan de dar aquellos farsantes con piel de cordero. En público dicen una cosa y en privado hacen otra, incluso en determinados ámbitos actúan de manera diferente según el foro en el que se encuentren. En definitiva,  no dan la auténtica cara, van de apaciguadores cuando luego son ellos los que crean los conflictos o echan leña al fuego para que no se apague.

Hacen una caridad de reconocimiento social, sólo para que los demás les ensalcen. Perdonan en público agravios recibidos pero guardan el rencor en su interior, no son capaces del olvidar, estando al acecho de quien le agravió, para en pequeños comités destruirle. No van de cara.

Se olvidan de que los problemas se pueden solucionar a través del dialogo, la solidaridad y la tolerancia, siendo éstas, a tal caso, apariencias iniciales dentro de un mero postureo.

Viven socialmente en una constante actitud artificiosa e impostada que adoptan por conveniencia o simplemente para presumir, en busca de una “posverdad” que no es más que una distorsión deliberada de la realidad, siendo capaz de manipular creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública.

No son más que embaucadores a través de una falsa representación de virtudes de las que carecen. Son un fraude social en busca de un populismo sonriente.

Están lejos de ser libre-pensadores porque buscan solución a los problemas con términos acuñados en vez de con argumentos y análisis de los argumentos contrarios. Están lejos de ser buenas personas, aunque lo parezcan.

Cuidado con ellos.

Los resultados electorales. Más de lo mismo

Feliciano Morales. Director-Editor de PLAZABIERTA.COM

Hablar de humildad en política sería una buena señal democrática, pero no, es algo imposible que los políticos reconozcan que la perdida de escaños en el Congreso de los Diputados es por errores propios, de modo contrario a cuando se alzan con la victoria que en la mayoría de la veces no se debe tanto a sus aciertos como a la incapacidad del contrario de hacer una buena gestión.

La disposición de los políticos a hablar mal del contrario es la tónica habitual para la atracción de votos, al igual que hacer promesas que raramente se cumplen y, si lo hacen, es dentro de esas políticas populistas que como viene siendo habitual es “pan para hoy y hambre para mañana”.

Al final, resulta que todos los hacen bien pero la situación siempre sigue siendo la misma, sólo pequeñas variaciones que para nada mejoran globalmente el sistema. El paro sube y baja dentro de una pequeña horquilla que para nada denota que la situación es distinta a la que dejaron los predecesores, quienes siempre son los culpables de la herencia recibida. Lo mismo podríamos decir de la economía,  la vivienda, las ayudas sociales, la política territorial y el resto de materias que conforman la vida de nuestro país. 

En definitiva, pasamos de un estado de euforia cuando salen elegidos aquellos que hemos votado a un estado de desánimo y decepción, cuando vemos pasar los días, los meses y los años y, al final de la legislatura, todo sigue igual, sin oportunidades, sobre todo para los sujetos más débiles o peor tratados por el sistema. Y, de nuevo, vendrán otras elecciones y los ciudadanos nos volvemos a posicionar creyendo que los nuestros lo harán de forma diferente. Así se repite una rutina cada cuatro años, volviendo a entrar en la dinámica del insulto y el descrédito del contrario.

Ahora que todo esta reciente, nada más tenemos que echar la vista para atrás unos cuantos días para calificar de vergüenza la campaña electoral que ha precedido a estas recientes elecciones que hemos visto simplificada en los dos debates electorales televisados, donde constantemente las pullas entre los contrincantes ha sido la tónica habitual, salvo una pequeña diferencia marcada por Unidas Podemos verbalizando su líder que el acoso y derribo del contrincante no es la solución. Pequeña, porque aunque eso fue lo que oímos en el debate, sin embargo, su campaña al igual que la del resto ha seguido la misma línea de no reconocer los errores propios que ha dado como resultado su perdida significativa de votos y, consecuentemente, de escaños en el Congreso. Pero ellas o ellos no tienen la culpa.

Es cierto que se ha producido un incremento de la participación en estos comicios electorales, posiblemente por el miedo que han infundido todos los partidos en los ciudadanos, unos con la amenaza de que vienen los rojos y, los contrarios, que vienen los fachas, augurando cada uno de ellos dentro de su posición el caos del sistema si votaban al contrario, polarizando la campaña en dos aspectos como si en ellos viniese enmarcados el futuro de nuestro país, cuales son, el problema catalán y el de los inmigrantes.

Desde luego que son dos problemas importantes a los que hay que buscar solución, la cual solamente podrá ser encontrada en el respeto a los derechos humanos, pero no son los únicos ni tampoco los más importantes, sin embargo, ha sido la principal amenaza por parte de la derecha para espolear a sus votantes y atraer a aquellos indecisos con un sentimiento patrio que no responde a la exigencias de un Estado moderno integrado en instituciones supranacionales, donde debe haber una cesión de soberanía para el control y regulación de los excesos habituales de los Estados que repercuten en el bienestar general. La izquierda, sin embargo, aunque sus políticas sociales van encaminadas a favorecer a lo más débiles, al final se traduce de políticas desestructuradas en cuanto que no benefician al interés general. 

En definitiva, se tratan de políticas antagonistas, cuya confrontación traen como único resultado cambios puntuales sin vocación de permanencia, posiblemente porque no tienen ninguna intención integradora de aquellos aspectos o propuestas del contrincante que pueden beneficiar a todos, ricos y pobres. Estamos, sin duda, ante una lucha obsoleta de clases que no beneficia a nadie y, si lo hacen, casi siempre el que gana es el mismo, que no es otro que el que tiene la sartén por el mango y el mango también, es decir, los que tienen el poder del dinero en su mano.

Así nos movemos, entre políticos sin pizca de humildad y entre políticas partidistas que solo buscan la rentabilidad política de los votos y, por lo tanto, con una temporalidad de cuatro años que dura cada legislatura. Políticas partidistas en las que a duras penas se busca, si quiera, una estabilidad temporal, cuanto menos una estabilidad a medio y largo plazo que haga de nuestro país un país más rico y, por consiguiente, más apto para dar soluciones, primero para acabar con las desigualdades sociales y, después, para poder competir en un duro mercado internacional.

Es decir, lo que debería traducirse en políticas integradoras entre los diferentes partidos, al final se traduce en una confrontación continua, en la que cada uno de los partidos políticos se postulan para mejorar una situación que ellos mismos han provocado, pero ninguno para cambiar el sistema, entre otras cosas, porque el cambio no se hace desde la confrontación, sino desde la integración, donde los problemas de Estado deben ser resueltos con pactos de Estado, con políticas de unión y no de separación, pero para esto hace falta esa humildad de la que carecen nuestros políticos y menos aún sus seguidores y votantes que hacen de cada uno de los comicios electorales una causa personal que, la mayoría de las veces, no va más allá de que “ganen los míos” aunque sean los peores.

El pluralismo político debe existir, es más, es bueno que exista, pero desde políticas integradoras, pero para esto falta un largo camino por recorrer, una madurez democrática de la que carecemos y que a los propios partidos no interesa fomentar no siendo que nos demos cuenta del tinglado que tienen montado.

Adenda. ¿Quién es Dios?

Feliciano Morales. Director-Editor de MAGAZINE PLAZABIERTA.COM

Sin la existencia no hay vida. No puede haber existencia donde no hay nada. Es decir, la nada es lo que hay antes y después de la existencia. Si nada existe es porque ha existido la existencia.

Consecuentemente, la nada es a la existencia lo que la existencia es a la nada. Dos estados diferentes. Imaginemos la constante expansión del universo, allí donde antes existía la nada ahora hay existencia.

El cuerpo se corrompe después de la muerte hasta concluir en cenizas que pasarán a formar parte de los nutrientes del suelo, todo es un ciclo que no termina.

Como dijo el químico, biólogo y economista francés, Antoine-Laurent Lavoisier: “La energía ni se crea ni se destruye sólo se transforma”, entonces se nos plantea la cuestión ¿a dónde va nuestra energía cuando desaparece la vida?.

Vaya a la tierra que se beneficia de nuestra materia o al cosmos, ambos forman parte de un todo infinito.

A Dios se le define como a un todo, alfa y omega, principio y fin, antes del principio no existía nada, porque el principio es el inicio de algo, y sin inicio no puede existir la nada.

El inicio ¿es energía o es materia?. El origen del Universo es el instante en que surgió toda la materia y la energía que existe actualmente. Materia y energía es el origen del todo. La existencia. 

Si Dios es todo, Él es materia y energía.

Si el universo está en constante expansión, es porque sigue existiendo esa materia y esa energía, con lo cual Dios existe, pudiendo afirmar que es el principio y el fin. El todo y la nada. Insisto, un Dios sin cara, sin dogmas, sin religión, sin diferencias…, el Arquitecto Superior del Universo.

¿Quién es Dios?

Notre Dame sobrevive

Feliciano Morales. Director-Editor de MAGAZINE PLAZABIERTA.COM 

Un día me enseño un buen y querido maestro en un magnífico taller, que todas las piedras que hay en una catedral tienen importancia, desde los cantos rodados que forman la argamasa que une sus piedras, hasta las piedras más maravillosas colocadas en su frontal, desde las piedras que soportan los cimientos que nadie ve, hasta las más labradas por la manos de expertos canteros y talladores.

Esta magistral lección que nunca olvidaré me ha venido a la cabeza el pasado lunes, cuando el sol empezaba a ponerse por occidente, la llamas de un incendio, al parecer accidental, empezaban a extenderse por el tejado de una de las más icónicas Catedrales de nuestra Planeta, Notre Dame, de París, que de la misma manera que Qusiamodo la hubiese protegido con sus enormes brazos, abrazaban la bella torre aguja hasta que sucumbió al calor que derritió el plomo de su estructura, provocando un vuelco en el corazón de todos los que contemplábamos encogidos las imágenes retransmitidas por los medios. 

Considerando, en primer lugar, que nada es espontaneo, sino que todo tiene un origen, que la línea de investigación se haya centrado en una causa accidental, no colma las expectativas de muchos que creemos que puede tener su origen en una negligencia profesional, aspecto difícil de esclarecer si tenemos en cuenta que fuego ha eliminado cualquier prueba existente. 

Pero, volviendo al inicio, la desgracia acaecida ha evidenciado un aspecto muy importante de estas construcciones magnas, como es la firmeza de su edificación, la ciencia y maestría de quienes dirigían los trabajos, la constancia de quienes golpe a golpe de mallete y cincel en mano, consiguieron que las piedras encajaran unas sobre otras hasta conseguir que la construcción se elevase hacia el cielo con la belleza que tiene. Maestros y aprendices con un solo empeño erigir una construcción dedica a la gloria y a la grandeza de Dios. Una obra casi perfecta salida de las manos del hombre.

No importará para algunos el fin de las catedrales, pero sí, excepto para los que estén ciegos o no quieran, o peor aún, no deseen ver la belleza de su arte, el tesoro que representa y que alberga en su interior.

Pero, hay un tesoro mayor que el que evidencia tan magnífica joya, en este caso, la Catedral de Notre Dame, a la que vemos mal herida, pero todavía con la firmeza de una digna construcción que le dice al mundo, aquí sigo porque magnificas personas me construyeron, como otras, igualmente magníficas, me cuidaron, que me protegieron en las revoluciones; pero también, porque todavía necesito cobijar entre mis muros a esas gentes que buscan la paz, como aquellas que gozan de mis arcos, de mis rosetones, de mis capiteles, de las cruces, cálices, custodias, órganos… que quienes me construyeron crearon pensando en mejorar el mundo.

 Notre Dame está herida, como lo están los corazones de los franceses, pero también de muchos de los seres humanos de este planeta, porque cuando la belleza trasciende a lo puramente material, cuando la belleza alcanza cotas tan altas de magnificencia en su construcción y en el destino de su existencia, el daño que sufre repercute en quienes consideramos que forman del Patrimonio de la Humanidad.

Puesto que estamos en Francia, de las tres palabras que representan la Revolución Francesa que termino con el absolutismo, “igualdad, libertad y fraternidad”, debemos verlas impresas por el fuego de Notre Dame en los corazones de todas las personas del mundo, para que podamos ver que las Catedrales son más que monumentos, son el trabajo encomiable de personas que la edificaron, cumpliendo cada uno con su función, con un solo fin, elevar nuestro trabajo al sin fin del universo.

 Dedicado a ese Maestro que me ayudó a entender mejor las piedras de las catedrales y a todos los que como él en todo el mundo trabajan como aquellos maestros y aprendices, por mejorar el mundo. Tarea ardua, difícil, pero no imposible… Se trata de ir golpe a golpe, como los canteros, intentando ser mejores.

Y ahora, ¿a quién voto?

Feliciano Morales. Director-Editor Magazine PLAZABIERTA.COM

Hace un rato me sentaba en el sofá de mi salón, aprovechando para poder estar solo un rato dado que mi mujer se había ido a la cama hace no hace mucho, aunque llevaba dormida desde hace dos horas, no me extraña…, cuando, intentando desconectar, me manda una amiga puñetera un video sobre Vox ensalzando el patriotismo, ese de los neanderthales en su sentido más amplio de la palabra, con la sola intención de provocarme, pues sabe de qué pie cojeo, lo que me llevó a intentar reflexionar sobre mi futuro voto en los comicios electorales de finales de mes, al menos aclararme cuál de los políticos actualmente en escena, pueden merecer vi voto. 

Presentía una noche de insomnio, porque cuándo me meto en estos lares, es decir, afrontar el responsable y más importante derecho, pero a la vez deber, de decidir acerca de la vida que quiero para mi país y, consecuentemente para mi, los próximos cuatro años. Bien es cierto que si no hubiese sido porque de nada me servía prolongar esta agónica decisión, me hubiese metido en la cama con ella.

Así que, profundizando en el bosque de maleza en el que me había metido, he decidido compartir con vosotros y vosotras estas mis “profundas” reflexiones, porque compartiéndolas creo me ayudará a ser más firme en mi resolución final, pero, además, porque si puedo ayudar a alguien a aclarar sus ideas, bienvenido sea, aunque auguro que será una misión imposible y, si no, pues aquí tienen a su disposición este medio para rebatir lo que deseen de mis reflexiones, con la sana intención qué, si tengo que apearme de lo que dije porque los argumentos son lo suficientemente sólidos como para convencerme, asumo el compromiso, sólo con un limite, el respeto propio entre personas librepensantes. 

He echado a suertes con una moneda asignado a la cara donde figura el valor la extrema izquierda y, por el contrario, a la otra, la extrema derecha, siguiendo con mi análisis por el orden marcado intercalando la “ideología” de cada uno de los partidos en ambos lados con tendencia al centro.

Y…, ha tocado la extrema izquierda.

¿Qué es y que representa la extrema izquierda?

Es lógico que primero me aclare de que es la “izquierda” para luego ponerle sólo los extremos que nos llevarán a Stalin, una posición tan radicalizada que nos aproxima al fascismo en cuanto a sus ideas totalitarias y su carácter impositivo.  La izquierda, buscando en  diccionarios todas las posibles acepciones, más o menos coincidían en englobar un conjunto de posturas políticas que postulan el progresismo y la igualdad social frente al tradicionalismo y al individualismo. 

Así pues, extrema izquierda sería eso y mucho más, refiriéndome por más a lo absurdo de los radicalismos, en este caso mediante una lucha de clases donde el rico es el enemigo, al que se denosta, no sin merecerlo en muchos casos, pero no siempre. Las generalizaciones no son buena porque nos llevan a estereotipos muchas veces basados en la falacia.

Se trata de que estamos en el Siglo XXI y no al final del XIX y principios del Siglo XX y, aunque la concepción ideal de la “lucha de clases” persiga el conflicto buscando el cambio social o progreso, sin embargo en un momento como el actual los elementos son bien diferentes.

En efecto, en el momento actual estamos inmersos en mercados de valores que condicionan la economía internacional sobre todo en el ámbito de las inversiones, siendo aquí que el término “lucha” debe sustituirse por el esfuerzo que debemos hacer todos hacia una economía más racional, los consumidores hacia un consumo más racional y ético, y los activos financieros o inversores en asegurar un equilibrio de fuerzas sobre todo pensando en las partes más débiles del sistema.

Es por ello que, radicalizar la lucha social solo persigue un repliegue de la economía en la que todos, sobre todo la clase media que es la que participa más activamente en el consumo, salimos perdiendo.

La lucha social que potencian estos partidos radicalizados de la izquierda no sólo persiguen machacar y humillar a los ricos sino imponer sus ideas con un dogmatismo especulativo que al que no lo acepta o cuestiona, en todo o en parte, es rechazado y vilipendiado.

Claramente sabemos quien representa a esta izquierda en el mapa político español, quienes, además irrumpieron en la escena política vendiendo medias verdades a las que luego, incluso, no están respondiendo. Ahí está, como ejemplo, la crítica que este sector de la izquierda hizo al resto de partidos llamándolos casta, donde el gusto a la poltrona política les hacía y les sigue haciendo perpetuarse en el poder, perpetuación que parece que ellos también persiguen a la vista de los muchos activos políticos que vuelven a repetir presentándose a las próximas elecciones. Ideológicamente, también ha existido una manipulación en la puesta en escena de la “lucha de clases”, donde la crítica a los chalets de ciertos ricos del IBEX no tardó en aparecer, sucumbiendo su Secretario General a las mieles del capitalismo. Y no quiero decir que una personas de izquierdas, entre las que me incluyo ideológicamente, no puede comprarse un chalet si su poder adquisitivo lo permite, pero no utilices este argumento para finalmente sucumbir al “enemigo”, como él, ellos y ellas dicen.

No me convence quien utiliza la confrontación para cambiar el sistema. Soy más partidario de una revolución educada, como dice un estupendo conocido y, me costa, seguidor de este medio, en su análisis de la vida política, económica y social de nuestro país, en un libro con el mismo título “la revolución educada”, Alfonso Estévanez, al que mando desde aquí un saludo. Libro que, por cierto, recomiendo.

Si pasamos a la derecha la cosa no mejora mucho, por no decir nada, donde para ellos las desigualdades sociales son el motor de su ideologías, en el sentido de considerarlas como un daño natural y colateral del sistema capitalista respecto a los más débiles, donde los mercados de valores marcan las diferencias, mejor dicho, las acentúa.

Me enoja, en lo que se ha convertido la derecha de este país, no sólo por su extrema radicalización, y no me refiero solamente a esa nuevo partido que ha penetrado en el circo político en una Comunidad Autónoma de izquierdas pero harta de la izquierda socialista, si se la puede llamar así; sino que, me refiero, también, a los otros dos partidos, uno naranja y otro azul, este último que trata de recuperar a los que se largaron con la extrema derecha, de la que tampoco nunca han estado muy lejos, lo que le ha llevado a radicalizar también su “ideología patriótica”….; y el que queda, pues dando bandazos, eso sí, desde la derecha a un centro derecha, según convenga la situación.

Pero, si cabe, todavía es más lamentable la puesta en escena. La peor de los cuarenta años y pico que llevamos de democracia, cargada de insultos, desafíos, amenazas… un “tú más” como único argumento de sus desaciertos. Patético.

Como verán, después de compartir con ustedes estas reflexiones, por necesidad sólo me queda preguntar en voz alta: ¿a quién voto?.

Tal vez, si la mayoría votásemos con un voto nulo, que no favorece a nadie, hiciésemos pensar a esos mequetrefes que se dedican a la política. Pido perdón a los mequetrefes. Y… es que, comparar a esta gente con cualquier cosa, siempre salen perdiendo. ¿Por qué será?. Bueno, no siempre, sino casi siempre, de vez en cuando, ya que, por puñetera influencia de los astros o de no se quién, dan en la diana. Será porque todavía queda gente buena en todos los “lados», hasta en la política… a ver si se hacen más visibles y terminan con este sistema electoral pactado entre los dos grandes partidos, para marginar a los partidos minoritarios, y convierten todo este tinglado en algo que se parezca más a una democracia, con listas abiertas en las que podamos votar a la buena gente y no a los trepas de los diferentes partidos.

El ser humano

Feliciano Morales. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

Los diversos conceptos del ser humano confluyen en definirlo como una animal racional. Animal porque procede de la familia de los homo sapiens, y racional porque tiene la capacidad de razonar, de hecho el vocablo “sapiens” significa sabio.

Sin embargo, a pesar de los logros alcanzados a lo largo de los tiempos de los que evidentemente son protagonistas grandes hombres y mujeres, tenemos una historia que es una vergüenza porque igual que hemos evolucionado en la ciencia hemos involucionado en el humanismo hasta el punto que estamos acudiendo a un eclipse de los valores y de la dignidad del ser humano.

Cada vez son más los elementos económicos, políticos, sociales e incluso culturales que limitan la solidaridad y la libertad de elección del ser humano, imponiéndose cada vez más aquellas ideologías que en vez de potenciar la dignidad y el respeto hacia la persona en todas las relaciones que configuran su vida individual, comunitaria y social, potencian la confrontación y la destrucción de los valores humanos como la honestidad, la sensibilidad, la gratitud, la humildad, la prudencia, el respeto, la responsabilidad, entre otros muchos.

Hablamos de derechos. Derechos de las homosexuales, derechos de los animales, derechos de las mujeres, derechos de los parados, de los pensionistas…, pero no respetamos los derechos humanos, es más, los prostituimos a nuestro antojo para sustentar ideologías de todo tipo con el único objetivo de imponerse sobre las contrarias mediante una hermenéutica viciada en origen porque no parten de una conciencia histórica y social, se juzgan situaciones acontecidas en un marco histórico determinado con elementos actuales cargados de una serie de prejuicios y expectativas que convierten el argumento en un engaño o mentira que suponen un obstáculo a una interpretación seria que den solución a problemas y procesos sociales actuales.

Es por ello que, una de las cualidades que definen al ser humano, cual es la capacidad de raciocinio, cada vez está más limitada por corrientes de opinión marcadas por ideologías interesadas, manipuladoras, y lo que es peor fragmentadoras de los grupos sociales. Si a esto unimos la sobrada muestra de la capacidad destructiva del ser humano a lo largo de la historia, no solamente en relación a sus congéneres sino de nuestro hábitat, hace que cada vez se pueda cuestionar más la auténtica naturaleza humana, salvo que admitamos que estamos ante una especie animal mala por naturaleza.

Dijo Thomes Hobbes en su obra El Leviatán (1651) que, el hombre es un lobo para el hombre, «Homo homini lupus», con ello pretendió la defensa de la razón práctica sin perder la vista a los otros, es decir, del resto de individuos que conforman el grupo, tanto en la acción moral como en la política.

A diferencia del lobo que es gregario, siguiendo una tendencia a agruparse en manadas, predominando el grupo y su defensa frente agresiones externas, el hombre es segregario, estando encaminada su actuación irracional  a destruir el grupo, a dividirlo, a destruirlo; lo que evidencia los horrores de los que es capaz la humanidad para consigo misma.

Mientras perdamos la expectativa de que el hombre es un fin y no meramente un medio y, por ello digno de respeto en todas las relaciones y manifestaciones que configuran su vida, estaremos convirtiendo las sociedades actuales en una jungla de animales irracionales, crueles y, lo que es peor, destructivos, peor que el lobo al que se refiere Hobbes.

Se hace absolutamente necesario en este momento de un existencialismo vertiginoso, promover todas aquellas facetas humanas tendentes a satisfacer las necesidades y aspiraciones del hombre, mediante un reconocimiento recíproco de los hombres en su dignidad, de manera que la relación del individuo con la naturaleza y con los demás seres humanos tengan como fin el progreso de la humanidad y no su destrucción.

Si no empezamos a actuar así, si la política, los avances científicos, tecnológicos…, en definitiva si nuestra propia existencia no la ponemos a servicio de los demás, con el fin de corregir todas aquellas irregularidades, diferencias, injusticias que atentan contra nuestra propia dignidad, estaremos abocados al fracaso de nuestra propia existencia, transformándonos en seres humanos instrumentalizados y degradados.

¿Quién es Dios?


Feliciano Morales. Director-Editor Magazine Plazabierta.com

He tratado de eludir enfrentarme a esta pregunta, no por la respuesta, sino de la forma en que ésta es aceptada o rechazada por quien se haya atrevido a entrar en estas profundidades, y por las formas en que dicha aceptación o rechazo se manifiesta. 

También, quiero dejar claro que no pretendo abordar este tema desde una perspectiva religiosa y hacer de la respuesta a tal pregunta algo dogmático, entre otras razones porque encasillar todo no es de mi agrado. Me es imposible aceptar algo si no lo entiendo porque mi fe es más bien poca y, a veces, mi corazón duro… y la carne débil.

Por otra parte, tengo verdadero horror a esos dioses a los que se les pone cara, porque las caras han causado y siguen causando mucho daño. Dioses que se emplean al antojo del usuario teísta. Jeová, Dios, Alá, Buda, pero también, los dioses del amor, de la fortuna, de la salud… de la guerra… Elijan el bazar espiritual ha abierto sus puertas.

No soy digno de tener un dios con cara y, ante la pregunta de si pueden existir otros dioses que no sean los que la religión de cada uno nos ha inculcado, la respuesta debe ser afirmativa.

Los más ateos, algunos de ellos llevando el ateísmo como una religión, que paradoja, aseguran, ya que ellos nunca se preguntan por estar por encima de dioses, niegan la  existencia de cualquier dios con el único fundamento que no se puede probar, pero además, porque, poniendo en relación con el  aspecto dogmático de las religiones éstas atentan contra la libertad del individuo. Y no les falta, en cierto modo, razón: para afirmar que algo existe hay que probarlo.

No puedo, y pretendo menos aún, imponer una creencia sobre algo. Las cosas son o no son, existen o no existen, son tangibles o no lo son

Tras algunas lecturas del Nuevo Testamento, y algo del Antiguo, estoy convencido que de la misma manera que si hubiese leído el Corán o cualquier otro libro sagrado, que he empezado a hacerlo, el resultado sería el mismo para mi. El rechazo de los dioses con cara, y menos un dios que premia a los buenos y castiga a los malos…. 

Perdonen le petulancia, necesito un Dios más grande, más infinito… sin número de serie y menos con un manual de funcionamiento bajo el brazo. No puedo con esos dioses y, menos aún con quienes los defienden desde el fanatismo. Desde un fanatismo terrorista no sólo con víctimas de carne y hueso, sino también con víctimas ideológicas al actuar contra su libertad de pensamiento, de actuación, de decisión; es decir, anulando a las personas.

Así pues, si el ateísmo es no creer en un dios con cara, soy ateo, pero si el ateísmo es no creer en ningún dios, entonces, la cosa cambia.

En mi creencia no cabe el chantaje, con promesas o velas a cambio de favores sobrenaturales. Tampoco para tener tranquila mi conciencia pensando en el paraíso. Ya me vale con tenerla sobre mis derechos y deberes civiles para enredarme en problemas de conciencia teísta. 

Mi Dios no se acomoda a las necesidades del hombre, más bien al contrario, porque el Dios en el que creo es un todo y es un nada, es la expansión, lo infinito, la creación de la vida, el alfa y el omega, la explosión y expansión constante del universo, las energías que surgen cuando explosiona una Supernova, o la que se concentra en su interior al nacer. Dios es el universo, es la persona que tenemos enfrente, el planeta en el que vivimos y no respetamos, por eso necesitamos acomodarnos a ese Dios.

Todos y cada uno estamos unidos por un árbol de la vida que nos hace parte de un todo, lo que al final debía traducirse en un respeto “quasi sagrado» a todo cuanto nos rodea, a quienes igual que nosotros forman parte de es Dios, de ese polvo cósmico y/o energía cósmica en constante expansión. Eso demuestra que mi Dios es tangible, que existe.

Zasca en toda la boca

Feliciano Morales. Director-Editor magazine Plazabierta.com

A determinadas personas no les vendría mal un “zasca” en toda la boca, perdón por mi agresividad, aunque tal vez los que tengan que pedir perdón sean ellos. Aparte de por su verborrea y mensajes vacíos o aprendidos que repiten como loros de repetición, también por la prepotencia con la que los dicen. Y no porque me enerven, sino porque me resultan cansinos, aburridos, yelmos,  sobre todo por sus maneras, sus ínfulas, su idiotez humana incontenida. Son como aquel cuñado insoportable que tienes que aguantar en esas comidas aburridas de familia en las que se auto convierte en el protagonista por saberlo todo.

Cada vez aguanto menos el talante de esas personas que van por la vida dando lecciones, de lo que saben y de lo que no saben, nunca predispuestas a escuchar a quienes tienen enfrente  y mucho menos empatizar con ellos. Personas que se ponen el birrete de catedrático de la materia de la que hablan, cuando no dejan de ser unos ignorantes. Parecen los depositarios de la ciencia, cuando no son más que unos charlatanes de pacotilla, sin discurso, sin fundamento.

Personas que parecen estar de vuelta de todo, que han alcanzado la luz de la ciencia infusa, repitiendo frases hechas, parafraseando discursos ajenos que distorsionan a su antojo sacándolos de contexto. Personas cuyo espíritu esta formado por  dogmas imbuidos en su pequeño cerebro, que más que estar formado por una masa gris parecen estarlo de páginas arrancadas de no se qué panfleto religioso, político, o de libro de auto ayuda o de coaching de feria.

Personas que se atreven a juzgar a todo el que pillan por delante, capaces de esperar a que tropieces dos veces con la misma piedra para machacarte por tu torpeza, para aplastarte la cabeza contra la tierra sobre la que has caído, para hundirte más en tu miseria que, no deja de ser bastante menor que la suya, porque el que cae con dignidad se levantará también con ella.  Sin embargo, ellos son como el fuego fatuo, porque sus palabras aparte de no oler muy bien son efímeras, sin consistencia, sin contenido, pero sobre todo porque la putrefacción de su espíritu de autosuficiencia hace que su llama se disipe en breve, no teniendo más trascendencia que el de una pequeña combustión dentro del cementerio de su escaso saber y de su imposibilidad de razonar.

Son seres patéticos, incapaces de ver su ridículo actuar, cuya gesticulación chulesca y palabras de repetición programada , evidencia que no hay donde rascar, convirtiéndose en caricaturas de si mismo, en el hazme reir en determinados foros en los que pretenden sobresalir sin la prudencia propia que tiene el sabio de escuchar a quien sabe más que él. Por este motivo, por su falta de prudencia, no les vendría mal un zasca en toda boca, para que nos dejen en paz un rato.

Presentación del libro: “Sostiene Mengano”

Entrevistamos a su autor Miguel Escudero, profesor titular de Matemática Aplicada de la UPC y escritor.

 

 

 

 

El pasado 18 del actual mes de marzo tuvo la presentación en la Casa del Libro de Madrid, del libro “Sostiene Mengano”, Ediciones Carena, de Miguel Escudero, habitual colaborador de este Magazine y de otros medios; profesor titular de Matemática Aplicada de la UPC y escritor, quien explica que: “Mengano es una voz de origen árabe que significa ‘quien sea’. Antonio Machado escribió en su retrato: “a distinguir me paro las voces de los ecos, y escucho solamente, entre las voces, una”. Así, he querido analizar de forma simple y clara algunas afirmaciones o negaciones. ¿Son de recibo y por qué? Y para ello he escogido a alguien cualquiera, desde Kant hasta un anónimo sepulturero, desde Isabel Coixet hasta Simone Weil.”

Miguel Escudero en el Centro. A su derecha (según se mira) Francesc de Carreras, y a su izquierda, Ramón Tamames. Uso permitido por Miguel Escudero

La presentación tuvo lugar en La Casa del Libro de Fuencarral, con un lleno total de la sala, estando el autor acompañado del economista Ramón Tamames, el jurista Francesc de Carreras y José Membrive, editor de la obra.

Con motivo de la presentación de “Sostiene Mengano”, tenemos la satisfacción que su autor nos permita formularle algunas preguntas:

De todos los “menganos” que habla en su libro, ¿cuál es su favorito y, por el contrario, al que guarda menos simpatía?

Son muchos mis preferidos, desde el anónimo sepulturero que me conmovió hasta el gran sindicalista que fue Ángel Pestaña o la extraordinaria y sensible psicóloga clínica que es Beatriz Garvía.

Perdón por entrar con el plato fuerte: En su libro, hay una amplia representación de personas y personajes destacados de todos los ámbitos de la cultura, el arte, las ciencias, la literatura, la historia, la política…, muchos de ellos destacados por su libre pensamiento. ¿Qué entiende Vd, por libre pensamiento?.

En esta hora, ‘libre pensamiento’ sería sinónimo de atreverse a pensar y a expresarse con rigor y razonablemente, sin mirar de reojo a los ‘bien pensantes’, para que les den el beneplácito y no les cuelguen los sambenitos. Las fuerzas inquisitoriales acechan con diferentes disfraces y no hay que hacerles el juego.

¿Que opinión le merecen esos otros “menganos” que tratan de imponer la independencia de Cataluña? .

Mengano es una voz árabe que significa ‘quien sea’. Esos menganos, que dice usted, se creen con derecho a dividirla sociedad catalana y alienarnos a los catalanes de nuestra condición española e imponernos una identidad prefijada, esto es, falsificar nuestra realidad y empobrecerla.¿Merece para Vd. un “sostiene” el juicio sobre el procés?

¿Qué tendría que hacer el futuro presidente de España para que estuviese en su libro “sostiene mengano”.

Desearía que ofreciera hechos más que palabras, y evidenciara honradez y eficacia y respeto verdadero a todos sus conciudadanos, sin exceptuar a sus adversarios. El sábado 23 de marzo, si no ando equivocado, se cumplen cinco años del fallecimiento del presidente Adolfo Suárez, verdadero espejo de las características que le acabo de decir.

¿Tiene en proyecto algún otro libro?

Sí, uno está avanzado. Hay otros a los que les sigo dando vueltas.

¿Quiere transmitir algo a sus lectores de Magazine Plazabierta.com?

Sí, es una oportunidad de mostrarles mi simpatía por compartir una plaza abierta, liberal e inclusiva, con voluntad de aprender de quienes puedan pensar u opinar de distinta forma, siempre con respeto a la realidad y a la condición personal de todos. Muchas gracias por concederme su atención.

Aprovechamos la ocasión para informar a nuestros lectores que Ediciones Hildy acaba de publicar ‘Por nuestras calles’, del  mismo autor, Miquel Escudero. 

Portada del Libro de Miguel Escudero: “Por Nuestras Calles»

Este libro articula breves textos donde se habla de Europa y de referendos, de terrorismos y de trampas, de banderas y de consignas, de franquezas y de engaños. En estas páginas se argumenta a “favor de una España liberal, igualitaria y plural, volcada en la convivencia y en la expresión de la conciencia de todos sus ciudadanos”. Que pueden comprar en este enlace de Amazon.

El poder de las cloacas

Feliciano Morales. Director-Editor del Magazine Plazabierta.com

Me he retrasado en lo que empezó siendo mi habitual opinión semanal sobre la política, hasta el punto que han pasado varios meses… Y, es que, aparte de no tener nada importante que decir, me da una enorme pereza hablar de lo que actualmente está sucediendo en España, hablar de esto no es hablar de POLÍTICA –escrita con mayúsculas y en negrita con toda la intención del mundo-, para que se vea la diferencia.

Miren ustedes y, perdón por que les llame de usted, pero prefiero hablando de estas cosas mantener ciertas distancias con quien me lee, primero  por no saber a ciencia cierta de que pie cojea, para intentar no herir a nadie y,  por aquello que “cada uno en su sitio y Dios en el de todos”. Pero, para no andarme con rodeos, he de decirles que pienso que la política de este país es una mierda, perdón por lo escatológico, pero sin dudas seguro que descriptivo, porque una mierda son los que hacen la política, vuelvo a pedir perdón aún a sabiendas que algunos no lo concedan.

Que ancho me he quedado”, “josuu..”. Sí…, me he quedado ancho de cuyons… “nunca he visto un país como éste”… “vaya nivel tiene el personal”. Se podría decir que del 1 al 10, estamos por ahí… en un 1,5, (Muy deficiente)… a riesgo que alguien diga algún improperio contra mi, porque lo de “Muy deficiente” creo que lo he personalizado en él o a lo que él vota. Quizá también, pero me callo. Estaremos de acuerdo que todos deberíamos hacer examen de conciencia, porque quien se crea que en esto no tenemos arte ni culpa, no ha entendido todavía de que va la historia, de democracia oiga, en las que unos votan y otros son los votados, y votando a unos inútiles pues ya se saben los resultados.

Viene siendo habitual que muchas personas para reafirmar su postura de no complicarse la vida, repiten aquello de: “para que voy a ir a votar si luego ellos hacen lo que quieren”, y no les falta parte de razón, pero, no la tienen toda. Bien es cierto que de votar, a los pactos postelectorales, a veces hay una distancia considerable, que es lo mismo que decir, que “del dicho al hecho hay mucho trecho”, pues convendrán conmigo que hay ciertos pactos que van contra natura. Lo digo por aquello de las ideologías, aunque poco veo que aquí las ideologías tengan mucho peso importante, al menos para los propios políticos de esta maltratada España, con poca diferencia entre partidos de cierta izquierda y de cierta derecha, aparte de lo estrictamente necesario, por aquello de que verte con el color azul* te da remordimientos.

Bueno, pero tengan o no tengan peso las “ideologías”, cierto es que no hay que confundirlas con “ideas”, algo imposible de pedir a quienes dirigen el país. A los hechos me remito.  Una España quebrada por el deseo de fragmentarla de unos cuanto independentistas, gobiernos que no gobiernan, una campaña electoral en la que los políticos nada más hacen que “rebuznar” y dar coces a sus contrarios, y prometer, y prometer, y prometer… 

Prometen mucho, se acercan más al pueblo en estos últimos meses que preceden a las elecciones, hasta el punto que apestan… ¿dónde han estado el resto de la legislatura?.

Por eso no me vale como argumento a quien dice que no vota porque no sirve para nada su voto. El voto sirve, al menos para que no haya una dictadura, pero, también para elegir a nuestros representantes… Claro que lo entiendo, que para elegir a quienes tenemos ahora en el plantel es mejor irse ese día al campo o a cualquier sitio lejos de los colegios electorales. Pero, así está la cosa, y si alguien no quiere votar que no vote, está en su derecho, pero al menos acuda a hacerlo, aunque no introduzcas ninguna papeleta en el sobre, puestos así, al menos estarás emitiendo un voto nulo que no beneficiará a nadie. Tal vez si así lo hiciésemos, al menos, quienes manifestamos no estar conformes con los políticos de este país, sería suficiente para que trascendiera que un alto porcentaje de españoles tienen algo que decir.

Pero, al final, sucederá lo que sucede siempre que hay elecciones. Es como si volviera el mundial de fútbol, los del PSOE contra el PP, C`s y Vox, el PP, también contra C`s y Vox -por los votos que les quita-, Los de C´s y los de Vox, contra todos… Y los de PODEMOS, puffff.. me temo que mal lo van a tener en estas próximas elecciones; sin duda les ha pasado y les pasará factura el haberse convertido en casta.

Pero, insisto, he pretendido hablar de política y al final me he enredado en las cloacas.

*Traje azul, como sinónimo de hombre de derechas, contrario a rojo.

Lágrimas de sangre

Como siempre, la babarie acompañada del fanatismo, ideas radicales de seres que creen que tienen encomendada por mediación divina o de no se qué ideólogo que creen que reventando cualquier sistema contrario a a sus ideas absolutistas, ha vuelto a hacer presencia, en este caso en las antípodas, pero la distancia no es una excepción al sentimiento, primero de compasión hacia las víctimas, sus familias y allegados, y segundo de rabia mezclada con una gran impotencia, por tan execrable conducta, sin sentido.

Vivimos en un mundo de extremos, donde las conductas equilibradas, mediadoras, tendentes a evitar el conflicto están mal vistas, no se si porque no tiene morbo, porque no se llevan o porque hoy día hay que ser de algo, aunque ese algo mate, asesine… aunque ese algo sea lo más cruel… Sino está sembrada la batalla, la confrontación, la subida do “likes” en nuestra RRSS,  con su demoniaca intención de desequilibrar todo, no se si buscando en el caos algún beneficio como redentores de sus nuevas patrias, religiones, tradiciones y, un largo etcétera, incluyendo el desatino de cualquier enajenado que por un día se convierte al mismo tiempo en Badman y Superman.

No seguimos empeñando en falacias, donde el mundo se divide en buenos y malos, en negro y blanco, olvidándose de la enorme escala de grises que hay; estereotipos y prejuicios, donde  los islámicos son todos del ISIS, los y las homosexuales, maricones de mierda y degenerados, la mujer que liga una puta, y los que no piensan como ellos están equivocados. Este es el peor terrorismo, pues, pudiendo desembocar en un atentado sangriento, no sólo destruyen personas y bienes, sino también libertades. Desequilibrando la pretendida paz mundial, pero lo peor aún, corrompiendo todo lo que tocan.

Este es el mundo, así somos, matamos por ideas, por dioses con caras diferentes que dividen, por ideas de un radicalismo fascista, tanto de izquierdas como de derechas, de separatismo en vez de unión. Siempre existen puentes que unen, pero nos empeñamos en destruirlos.

Somos seres destructivos, no sólo de nuestra planeta, de nuestra hábitat, de nuestro entorno, sino también contra personas que piensa diferentes. Esto es la base del terrorismo.

La sala de espera

Feliciano Morales. Director-Editor del Magazine Plazabierta.com 

El murmullo no tarde en subir de volumen. Es algo muy propio de los españoles.No respetar el silencio de algunos lugares públicos. Como decía mi abuela, no nos callamos ni en misa. “Abuela en misa se reza”, exclamaba yo, sin entender a mí corta edad porque utilizaba ese símil. Claro que, también hay momentos de silencio y recogimiento que tampoco muchos respetan. Por eso prefiero el que me decía mi madre: “no te callas ni debajo el agua”, lo entendía mejor.

Estoy en la sala de espera de un hospital y esto parece un gallinero revuelto, donde el cloquear de los allí presentes, sin lugar a duda, más molesto que el de las gallinas ponedoras. Madre mía que incomodidad, cada cual contando su película sin pudor de ser oída por quientienen al lado, o en la otra punta de la sala. Parece que algunos llevavan el amplificador incluido de fábrica. «¿Por qué no se moderarán?» pensé, «ya que son incapaces de estar callados un rato«. 

El matrimonio de al lado, pegando con mi hombro, en plena discusión conyugal, porque el marido parecía no haberse cambiado de ropa interior que inevitablemente debía exponer en la prueba, una colonoscopia. Porqué tenía que enterarme yo y media sala de espera que iba con los calzoncillos sucios. No era para mí, ni para los allí presentes cómodo oír tal cosa y, sospecho que tampoco para el poco decoroso afectado, pues no tardo en arrugarse en su asiento con la mirada fija en el suelo, seguro que pensando, “tierra trágame…”

Una señora en la parte más distante del asiento incomodo donde yo me encontraba, pegada al móvil, parecía tenía una conversación con alguien duro de oído. Ya no era sólo que nos estuviésemos enterando los allí presentes, sino todos los que estaban en el hospital. Increíble,  pero cierto… No se trataba del amplificador incorporado de esta mujer, sino que parecía conectada al equipo de sonido más potente del mundo, a todos los altavoces del universo. “Jo.. pero no se atragantará, al fin y al cabo está en el lugar adecuado, en caso que el atragantamiento se descrontolara”, pensé… lo siento, por ser tan mal pensado…

No digo yo, que deba guardarse un silencio riguroso, que no estría mal, pero al menos ser lo suficientemente respetuosos para no incomodar aún más a los que acudimos a los servicios sanitarios, algunos enfermos, en la que el silencio ayudaría a llevar nuestro pesar, mejor que con tanto bullicio mareante, al que empezaban a unirme algunos tonos de llamadas de móvil, con sus correspondiente conversaciones que, algunas revelaban el motivo de la consulta: “hija, me han salido unos pólipos ahí abajo que me los tiene que ver el ginecólogo”, “aquí estoy esperando, esto de la sanidad pública es una vergüenza”. “La vergüenza es usted”, pensaba yo. “No te podrás callar un poquito”. Pero, lo peor aún era quienes no se cortaban un pelo en ver vídeos a través del móvil a todo volumen, aquello parecía un festival de cortometrajes o un centro comercial. “Y esa madre no le podrá decir al niño que baje el volumen de eso vídeojuego cuyos tiros estaban impactando en el cerebro”.

Estaba empezando a sentirme tan incomodo que no pude aguantarme, saliendo de mi boca ese “siiiiiiiiiip” prolongado e impositivo que obliga o pretende obligar a guardar silencio. No lo conseguí. Apenas duro unos segundos su efecto y menos de un minuto en volverse a convertir aquello en el mismo gallinero que antes.  

Ahora entendí porque estaba medio arrancado el cartel adherido con múltiples trozos de celofán, sobrepuestos unos a otros, a una de las paredes, con la imagen de una bella enfermera, hasta algo celestial, con su dedo índice sobre sus labios cerrados y un mensaje impreso: “por favor guarden silencio”. Silencio ni leches. “No tardarán mucho en arrancarlo del todo”, pensé, “¿para lo que sirve?”.   

Por megafonía suena “el acompañante de…..”, ese soy yo… «acuda a endoscopia”. Por fin ya me marcho. 

Cuando nos encontramos en la calle hasta el ruido de los coches parecían músigca celestial. 

Saludos

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