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Historias escritas por felicianoplaza
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Director-Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

La decadencia vital

♦ Director de plazabierta.com

 

Jueves, 10 de octubre de 2019

El espíritu humano es la parte espiritual o mental de la humanidad, objeto de estudio por la filosofía, la psicología, incluso por el arte, así como por aquellas ciencias y técnicas del conocimiento humano. Se utiliza como  referencia al “alma humana”, o en términos más laicos, viene referido a la parte universal o mayor componente de la naturaleza humana en contraste al alma o psique, que puede referirse al ego o un elemento menor. El espíritu humano incluye nuestro intelecto, emociones, miedos, pasiones, y creatividad.

Existe un periodo de nuestra existencia en el que ese espíritu humano tiende a entrar en decadencia, entendida como perdida progresiva de la fuerza, intensidad, importancia o perfección de una cosa o persona, siendo aquel en el que se entra en la edad madura.

Photo by Kevin Mueller on Unsplash

De todos es conocido que el paso de la vida laboral a la jubilación suele ocasionar problemas de adaptación que con el paso del tiempo, sino se les pone solución se pueden cronificar, convirtiéndose en un modo de vida que no responden a las expectativas de quien ansiosamente esperaba llegar a esa etapa de jubilo tan merecida. De la rutina de un trabajo diario que ocupaba la mayor parte de nuestras vidas, la jubilación supone disponer de un gran tiempo de ocio que, quienes no venían disfrutando de unos hobbies o costumbres que ocupaban su tiempo libre, convierten sus días en eternos y aburridos.

El envejecimiento activo, del que tanto se habla últimamente, se basa en el reconocimiento de los derechos humanos de los mayores y en los Principios de las Naciones Unidas de independencia, participación, dignidad, cuidados y realización de los propios deseos.

Es por ello necesario un cambio de estrategia en relación a la participación activa de nuestros mayores en el mundo que les rodea, basándonos en sus derechos y en la igualdad de oportunidades en todos los aspectos de la vida, consiguiendo con ello hacer real uno de los principios rectores de la política social y económica que nuestra propia Constitución de 1978 proclama en su artículo 50, como es la obligación de los poderes públicos, no sólo de garantizar mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad; sino también promover su bienestar mediante un sistema de servicios sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda, cultura y ocio, con independencia de las obligaciones familiares.

Ahora bien, es fundamental en esta etapa de la vida la actitud de la persona, sobre todo asumir con positivismo las limitaciones que la edad nos impone, no apreciándolas como una barrera invalidante para hacer cosas, sino todo lo contrario, de superación ante nosotros mismos, o para hacer y vivir con mayor intensidad aquellas otras que si podemos llevar a cabo.

Es fundamental, no sólo a nivel individual, sino de la propia familia, hacer que los mayores se sientan útiles, para ello, en el caso de muchos hombres se les puede conferir ciertas obligaciones domésticas hasta entonces delegadas o asumidas por la pareja -acorde obviamente a la capacidad de respuesta por la edad-, llevar la economía familiar, o bien implicarlo ante su pasividad en proyectos sociales o fomentando en él o ella algún tipo de hobby que no sea estar delante de la televisión o del ordenador todo el día; incluso haciendo actividades conjuntas como salir a pasear, ir al cine, o tomarse unas cervezas.

Por otra parte, resulta imprescindible potenciar el intelecto a través de la lectura o la escritura, es precisamente ésta la edad más sabia por los conocimientos adquiridos y por las experiencias vividas, ¿por qué no contárselas al mundo?.

Debemos luchar contra la decadencia vital, contra el sentir que hemos llegado a una etapa de nuestra vida, en la que, por estar de vuelta de todo, entramos en la dejadez, nos abandonamos a una inercia negativa de vida. Otros y otras creen que ya lo saben todo, creyendo en la existencia de una realidad absoluta, realidad en la que se sitúan los valores objetivos de la Verdad y el Bien, reprimiendo su propia vida y la de quienes la rodean, o avasallando con su superioridad intelectual, rechazando incluso, todos los principios religiosos y morales, cayendo en la creencia de que la vida no tiene sentido.

Photo by Karim MANJRA on Unsplash

La vida, tiene el sentido que nosotros queramos darle, somos quienes la escribimos y, lo bueno es que, sino nos gusta el guion lo podemos cambiar. La actitud positiva es fundamental para afrontar todo tipo de problemas, incluso la salud no es tan buena como desearíamos.

Pero, sobre todo, plantéate que siendo tú más feliz harás más feliz a los que te rodean. Sal de ese letargo, vive la vida igual que si fuera un sueño. No caigas en la decadencia vital y, si tú solo o sola no puedes pide ayuda bien de quienes te rodean o de un especialista.

No te centres en los problemas, ni permitas que ellos te arrastren a ese pozo profundo y oscuro en el que no mereces estar. Todos tenemos problemas, unos más gordos que otros, unos con solución y otros sin ella… Relativízalos, vive la vida, con achaques y sin ellos, y  no me digas que no puedes; conocí a una persona que tras un año en tratamientos paliativos falleció y, hasta el último segundo de su vida,  nos hizo sentir felices a quienes la rodeábamos, y ella también lo fue a pesar de sus insufribles dolores y conocer su cáncer terminal. Todo es actitud, si hay actitud, hay energía y si hay energía, estaremos más sanos y seremos más felices.

Los folloneros de las Redes Sociales.

 
♦ Director de plazabierta.com

 

Viernes, 18 de septiembre de 2019

Nada más ha faltado la convocatoria de nuevas elecciones generales para el próximo 10 de noviembre, para comprobar que la tensión ha subido en las Redes Sociales. Si ya, de por sí, la cosa estaba revuelta, ante la falta de acuerdo para gobernar el país, las flechas ahora se han convertido en incendiarias, con insultos, amenazas, descalificaciones, siempre en manos de iluminados totalitaristas incapaces de escuchar a su adversario político y, menos aún, de debatir de forma razonada.

Esto hace que hasta el día anterior a la celebración de las elecciones tengamos que soportar los exaltados mítines y debates de unos y otros y, lo que es peor, al insoportable vecino o vecina, compañera o compañero de trabajo, amigo o amiga, cuñado o cuñada, o cualquier otra situación en la que se acerque a ti una persona, que no te de la baturra sobre sus preferencias políticas.

Y, por supuesto que hay que hablar de política, aunque a mi cada día me aburre más, pero  antes deberíamos hablar del correcto comportamiento político, del nuestro y de quienes se presentan para ser nuestros representantes en las Cortes Generales, porque sino el diálogo, más que ser de besugos, será de idiotas intolerantes o de raquíticos mentales.

Es lógico que cada cual cuente la feria según le vaya en ella, pero lo más correcto cuando se pretende dialogar desde la razón es situarnos en un terreno neutral, no por prudencia, que también, sino con la intención de saber o descubrir a nuestro contrincantes político, no avasallándole, entrando en un “coqueteo” , permitidme la expresión, o bien desde una postura más sibilina tirando anzuelos para ver si aquel pica, y que nos servirá cuanto menos para centrar o fijar el tema de conversación y por donde pueden ir sus derroteros.

En segundo lugar, es más útil que sea nuestro interlocutor el que tome inicialmente la palabra exponiendo el tema desde su perspectiva. Dejémolse hablar cómodamente, como máximo asintamos con la cabeza, nunca neguemos, pues esto supondría una muestra de disconformidad que podría interrumpir su discurso o sentirse agredido; y si vemos que su reflexión se alarga, aprovechar el momento más adecuado para interrumpir y exponer la nuestra, aquella que nos ha dado tiempo a pensar durante su speech.

Si creemos que aquel no ha sido del todo sincero en su exposición, lo mejor en nuestra primera intervención es buscar puntos de encuentro, al objeto de que se relaje y vaya confiando más en nosotros. 

Siguiendo a Aristóteles“el hombre es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras”.

En una conversación, nadie quiere callar, pues callar se percibe siempre como un fracaso, como una sumisión y aceptación de los argumentos, o de la actitud, del otro, pero no es así como acabamos de ver.

No hace falta en el dialogo, tampoco en una discusión, entrar en el terreno de la descalificación del adversario por lo que es o representa, sino por lo que dice. Los insultos, las etiquetas, los adjetivos en general, incluso la definición peyorativa del adversario, es una falacia que define por si sola a quien la utiliza.

Por eso, “a tiempos revueltos…”, es probable que los folloneros de las Redes Sociales sean los pescadores que saquen la ganancia, bien electoral para los que están puestos ahí con ese fin, o para reforzar su enanismo mental, en el mejor de los casos, sintiéndose los mejores salvapatrias, los más sociales, los más solidarios, con ideologías totalitarias y excluyentes. Sin embargo, están perdiendo una oportunidad valiosísima para conocer, incluso aprender de quien no piensa igual, de poner sosiego y razón en un mundo de tarados y de borregos sin causa, o con ella. Escuchemos, intentemos comprender al adversario, tener en cuenta sus experiencias -si hemos podido conocerlas-, y disintamos con el sosiego de quien controla la situación por tener argumentos suficientes y fundados para ello. Incluso, aunque nos ataquen, no nos sintamos atacados, es la mejor forma de desarmarlos.

Es cierto que, en el fragor de una discusión, las vísceras se imponen al cerebro, pero sino queremos quedar como unos auténticos “bocachanclas” o, peor aún, como un exaltado falaz, el insulto no tiene cabida. Antes de esto es mejor abandonar el foro en el que nos encontremos que entrar en discusión o en un “tú más” con un perfecto idiota carente de argumentos.

Tampoco es que la imagen que recibimos de nuestros representantes políticos sea la adecuada para un debate de altura, convirtiendo los platos de televisión y auditorios donde debaten con sus adversarios o dan sus mítines, en espectáculos bochornosos de descalificación al contrario -no me atrevo a hablar de circo mediático por respeto a este sector tan maltratado-. Y, dado que siguen en sus trece, sin ningún atisbo de que la cosa vaya a cambiar, y todo porque carecemos de políticos de altura, empecemos por cambiar nosotros. Así se cambia el mundo, empezando por nosotros mismos, siendo útil, además de importante, si queremos llegar a acuerdos que a todos nos beneficie, la corrección en nuestro comportamiento político.

El asno político

 

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Miércoles, 18 de septiembre de 2019

Entre la tibieza del PSOE y el batiburrillo de Unidas Podemos, nos hemos quedado sin gobierno. Tibieza por la retorcida ideología socialistas que se gastan y batiburrillo porque se agarran a tantas mareas como tienen en su seno que, de constitucionalistas a independentistas se cambia en un momento, dependiendo donde sea el mitin de turno.

Y, digo yo, habiendo decidido finalmente ejercer mi derecho a voto, me encuentro en la disyuntiva de: ¿a quién voto?, ¿Qué partido me puede representar que sea respetuoso con los derechos humanos?, ¿Qué partido representa realmente a los más débiles dentro de este sistema atrozmente capitalista, sin estar en connivencia con quienes lo representan?.

Créanme si les digo que todavía no he finalizado la búsqueda y, les prometo, que no he cejado en el empeño, que es bastante durante el día, desde primera a última hora de la mañana, informándome del día a día de la política desde los Pirineos hasta el estrecho de Gibraltar, incluyendo Ceuta y Melilla, y no dejo de sorprenderme cual manipuladores y retorcidos pueden ser los políticos.

Es cierto que no podemos negar la disponibilidad de UP de llegar a un acuerdo con el PSOE, claro que no sin formar parte del gobierno, a lo que estos últimos no están dispuestos si los otros no aceptan que gobernarán solos, un notable paso atrás desde aquel ofrecimiento de tres ministerios y una vicepresidencia social.

Entiendo lo difícil que debe ser gobernar con quienes están de acuerdo con un referéndum en Cataluña, lo digo por aquello que diferencia a constitucionalistas y nacionalistas, como también lo es tomar la decisión de quitárselo al rico para dárselo al pobre, mejor dicho, llevar a cabo una auténtica justicia fiscal distributiva que permita equilibrar un poco la balanza y, sobre todo, incentivar una economía con grandes visos de recesión. En definitiva, lo difícil que tiene que ser fiarse de un partido diametralmente opuesto en lo que al socialismo se refiere.

Ahora bien, lo peor de todo esto, es que me temo que hasta el 10 de noviembre seguiré en la permanente disyuntiva del voto útil a la izquierda, ¿a qué izquierda…?, la radicalizada que parece dar cabida a todo cirriburri que alce el puño izquierdo aunque vivan como burgueses, o la moderada que convive con los más gordos del sistema.

Le seguiré dando vueltas, y de no llegar a buen puerto votaré a algún partido animalista, porque como siga así la cosa van a tener que ser éstos los que representen a tanto asno que anda suelto.

El pelotón de fusilamiento ideológico

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Viernes, 6 de septiembre de 2019

Que la democracia es un mal menor, es cierto si lo comparamos con la otra opción, la dictadura, pero no deja de ser un mal y como tal habrá que tratarlo… digo yo. Sin embargo la mayoría la defiende como un dogma, hasta el punto que quienes sacamos al aire sus tramos sucios y, por ello entiéndase, aquellos fallos que la convierten en una la lacra, somos fusilados por el pelotón como reos de muerte sólo por pensar.

ESPECIAL / brujula.com.gt

Entre las diferentes formas de mantener unido a un grupo, en democracia suelen destacar dos formando parte del marketing político: infundiendo miedo o temor, o generando expectativas que nunca llegan a cumplirse. Todo ello, claro está, frente a una masa de seres alineados por ideologías que no son más que un mendrugo de pan para mantener ocupado a los ciudadanos mientras degustan de él con la esperanza que al día siguiente se les vuelva a dar la misma ración y, quien sabe, si teniendo suerte, acompañada de un vaso de agua para poder tragar ese bocado seco que rumiamos dando vueltas en nuestra boca hasta formar un bolo que cuesta tragar.

Hace unos días, ante la ineficacia de una izquierda -lo de izquierda con matices- de llegar a un acuerdo para gobernar ésta muestra maltratada España, y de una derecha cada vez más radicalizada, publicaba en las redes sociales mi intención de no ir a votar en caso de convocarse nuevamente elecciones -para posiblemente en el mejor de los casos, obtener un resultado parecido al actual-, fui vilipendiado por un centenar de personas, no por dos o tres, colgándome el “San Benito” de irresponsable por unos, porque actitudes como la mía facilitarían el gobierno a una derecha muy a la derecha con el consiguiente abuso de poder y limitación de derechos fundamentales que siempre han manifestado, motivo por el cual me convertiría en un “facha” como ellos; y otros, calificándome de irracional, todo ello adornado de una serie de insultos y descalificaciones y, como no, de argumentos tan manidos como falaces buscando la confrontación entre ellos mismos dependiendo del partido al que votaban -PSOE o UNIDAD PODEMOS-.

Partiendo del hecho que un demócrata, independientemente del partido a que vote, se le presume o debería presumir como un libre-pensador, respetando las opiniones contrarias, no predicable obviamente a aquellos que me pusieron de vuelta y media; la evidencia de su comportamiento demuestra que no son dignos de ser considerados como tales y, consiguientemente, ni siquiera tener en valor unas opiniones que responden a proclamas de sus líderes infundiendo expectativas conforme a un modelo social y económico, al que ellos mismos, y me refiero tanto a los votantes como a los votados, no son fieles.

Bajo estas premisas, ¿es irresponsable no votar?. 

Entiendo que, cuando los destinatarios de nuestro voto no son lo suficientemente aptos para llevar a cabo las políticas que ellos mismos proponen, la irresponsabilidad no es de quien no ejerce el derecho al sufragio activo, sino de quienes se presentan o los proponen como candidatos. La irresponsabilidad, por tanto, no es del votante que no vota con arreglo a un juicio interno que le lleva a convencimiento de que nadie es merecedor de algo tan importante como es su voto.

Tampoco me resulta válido un comentario de un amigo mío que decía: “hay que ir a votar aunque duela”, porque con ello estamos reconociendo de una manera implícita que estamos votando a una opción que consideramos mejor al resto, pero nunca lo suficiente como para que el voto nos produzca satisfacción.

Entonces, ¿cuál es la solución?.

Además del respeto a quienes decidan o no ejercer un derecho como es ir a votar, evidentemente no puede ser otra que cambiar a los candidatos, a personas capaces y dignas de la representación que les otorgamos con nuestro voto que, para mi y,  pienso que también para la gran mayoría de los ciudadanos, son aquellos que sin demagogia y con un compromiso lo suficientemente claro hasta el punto de dimitir si no son capaces de gestionar lo público, no para beneficio de unos pocos, sino de todos, sobre todo protegiendo a los más vulnerables y débiles dentro del sistema.

Que el absentismos electoral no es la solución para cambiar el sistema, no deja de ser una opinión cuestionable y contestable, como todas, la mía es que puede ser una llamada de atención, incluso una exigencia,  a un sistema democrático  y a los políticos que engordan dentro de él, que no lo es aunque se nos intente vender como tal, máxime cuando todos los partidos políticos, y digo todos y no unos cuantos, ni siquiera su estructura interna lo es, sólo un juego de expectativas y miedo frente al contrario.

No quiero políticos charlatanes, sino válidos, responsables, aptos, capaces, que me demuestren que la democracia realmente es el mal menor y no una tapadera para seguir vulnerando los derechos, manipulando con informaciones sesgadas y demagógicas a un pueblo deseoso de una democracia real y ética, pero sobre todo frustrando expectativas y generando miedo, o lo que es lo mismo, transformando la democracia en una “dictablanda”.

Y, para los que dicen que si no voto no tengo derecho a protestar, sólo decirles que mi crítica es al sistema partidista en el que, quienes les siguen el juego, son tan responsables como sus elegidos y, no van a ser ellos, quienes me callen la boca. No quiero ser cómplice de tanto desatino.

Acompáñame al festín

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Martes, 3 de septiembre de 2019

 

 

Por favor, no aprietes más mi cuello. No te he invitado a entrar y has entrado.

Déjalos también a ellos que no te han hecho nada. Sal por la puerta que has entrado, vete y no vuelvas. Y si has de volver tarda en hacerlo.

Déjame respirar que me asfixio. No es justo que no me dejes hacer mi alegato para demostrar que ni ellos ni yo te necesitamos. Se que disfrutas viendo mis ojos enramados fuera de sus órbitas y mis labios morados, pero debes saber que no es el momento que nadie de esta casa te acompañe en esa procesión con estandartes negros y guadañas de acero.

Quítate de encima, tu peso no me deja caminar y tengo prisa. Prisa porque he quedado con ellos y con una mujer que no lleva velo. No retrases el festín de tu inevitable derrota. 

Ellos son mi familia y amigos, y también, porqué no, mis odiados vecinos -aunque entre ellos se encuentre- el que te ha abierto la puerta de esta casa, en la que no te quiero.

Quédate esa noche en el rellano de la escalera, pero desaparece al alba, sino el sol te quemará dejando sólo el rastro de tu horrible túnica y velo negros para advertencia de los necios que creemos que el tiempo es eterno.

Dedicado a todos aquellos que quiero…

Los farfulleros de la política (3ª y última parte).

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Jueves, 29 de agosto de 2019

Resulta evidente que podríamos alargar este título hasta el infinito y más allá. Y, no me refiero a éste nuestro complicado país que es España y la incapacidad de sus gobernantes de despojarse de esa falsedad farisaica, de esas caretas ideológicas, de esos discursos anclados en viejas Españas y, disculpen los de un lado y los del otro, enfrentadas por esas mismas proclamas que resultan tan manidas que, sólo el nombrarlas me da un pudor insuperable por su sobre-explotación partidista.

Referidas a ideales sintetizados en confrontaciones continuas al margen de los ultrajes de una guerra civil y una continua persecución y represalia sobre los vencidos por una dictadura bajo palio pero con olor a azufre que duró cuarenta años, y sin superar, sobrepasados otros cuarenta años. No, no me refiero a mi país, tan mío como los de aquellos patriotas azules y rojos que se creen salvadores de la Patria, Estado o Nación, me refiero a la política globalizada, a la política mundial que parece responder a conspiraciones ocultas de quienes son los amos del Planeta, es decir, los que tienen la pasta de verdad.

Ahora bien, antes de meterme con todo este mundo terrenal y con algunos de nuestros pecados capitales, como la soberbia, la envidia, la avaricia y la ira, permítanme que, por cerrar el título de éste y los otros dos artículos precedentes, cuelgue del cuello de quienes en este momento tienen en sus manos la gobernabilidad de este país rojo y rojigualdo, el San Benito que se tienen merecidos de incapaces, ente otras cosas, de llegar a acuerdos que desbloqueen la elección de presidente del gobierno, unos, los menos a la izquierda porque tienen miedo de pactar con los situados más a su izquierda para que no los confundan con los Venezolanos y, los otros, porque que mejor momento que éste, en el que han perdido 29 sillones del Congreso porque sus líderes y sus discursos están dejando de calar en las sociedad,  pasando de ser la tercera fuerza política a  la cuarta, no le queden más oportunidades para estar cerca de las estrellas y hacerse con un sitio en el Consejo de Ministros aunque sea pactando con quienes dicen ser dei izquierdas y son capaces de pactar con la derecha (C´s) para la investidura de Pedro Sánchez en 2016. 

Patético, ¿verdad?. Evidencia que lo que mueve a ambos son unas ansias de poder incontrolables, más que de buscar puntos de encuentro que favorezcan a la mayoría de los ciudadanos y termine con esta situación de caos político, económico y territorial, y luego se repartan o no los sillones como les de la realísima gana.

Así pues, habiendo dejado a un lado la aburrida, insoportable política española, no sólo referida a los políticos sino a aquellos ciudadanos y medios de comunicación que siguen con la continúa retahíla de insultos y descalificaciones, los primeros en redes sociales, y los segundos en una prensa al servicio de su dueño y, no me refiero al Consejo de Administración que los gestiona sino a lobbies de porder que los maneja a cuenta de talón; doy paso al corolario que evidencia que la Cumbre de los G7 celebrada el pasado fin de Semana en Biarritzfue, una vez más ha sido el reflejo de la falla cada vez más grande entre oriente y occidente, entre norte y sur, entre ricos y pobres, entre derechos y sumisión.

 Empezando con el dispendio provocado por la reunión de los mandatarios más fuertes del mundo, de sus ilustres personalidades con gemelos o broches de oro, donde sólo la seguridad ha ascendido 36,4 millones de euros, con más 13.000 efectivos de la policía francesa y española, que había tomado e incomunicado literalmente el lugar y sus proximidades a un lado y al otro de la frontera, los tres días de celebración de la cumbre. Y, aparte de las acostumbradas reuniones a dos, el anecdotario acostumbrado y cenas de gala y el ultra-protagonismo del estadounidense Donald Trump, poco más hay que  resaltar que, una vez más, su ineficacia al haber sido incapaces de elaborar unas pocas recetas para mejorar el planeta y nuestras vidas.

Los protagonistas, además del Presidente de los Estados Unidos, han sido: Shinzo Abe (Japón), Angela Merkel (Alemania), Boris Johnson (Reino Unido), Justin Trudeau (Canadá), Giuseppe Conte (Italia) y Emmanuel Macron (Francia), como anfitrión; además de la presencia de Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo. 

Una oligarquía que lo único que les dirige es la globalización del sistema desafiando las leyes de los países, mediante un comportamiento económico de los individuos a nivel internacional respondiendo a la  opresión de los países ricos sobre los pobres. En definitiva, una gobernanza a nivel global que mal puede dar respuesta a la crisis ecológica, social, humanitaria, que estamos viviendo, provocada por una economía neoliberal cada vez más salvaje, donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. 

No son frases hechas, aunque las hayamos repetido un millón de veces, es la evidencia que este Club de Ricos seguirá comiendo en platos de cerámica fina, con cubertería de oro y plata, y vasos de cristal de Bohemia, mientras a nosotros nos seguirán echando pienso casi podrido en nuestros comederos para tener controlado el gallinero.

Esta gentuza merece una respuesta ciudadana a nivel global,  una respuesta encaminada a humanizar el sistema, el mundo, sustituyendo globalización por humanización.

Colabora con nosotros con el hashtag #humanizaciónglobal

Cuando la policía es el problema y no la solución

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Lunes, 26 de agosto de 2019

Tanto conduce al caos la falta de normas en cualquier sociedad como que éstas se apliquen con discrecionalidad y abuso de autoridad, máxime cuando tales normas tienen como finalidad el castigo por una conducta ilegítima. 

Es cierto que, como dijo Thomas Hobbes: “la ley sin espada no es más que palabra”, pero su aplicación indiscriminada puede suponer una vulneración de derechos del individuo que deben servir de límite a un ejercicio despótico del poder, convirtiéndose aquello que consideran legal en injusto, es decir, cuando lo justo referido al sentido moral del Derecho, a la eticidad de sus normas; esto es, cuando lo «justo por convención» (reglas jurídicas) no concuerda o es coherente con lo «justo en sí».

Así se convertiría en injusto la aplicación de la norma sin valorar o hacer un juicio de la procedencia de su aplicación. Tal sería el ejercicio de la potestad sancionadora por parte de los agentes de la autoridad en la aplicación de un precepto legal donde se contiene la tipificación de la infracción que se comete, sin valorar todos los elementos que confluyen en su aplicación o que sirven para medir la responsabilidad del infractor para imputarle  una sanción leve, grave o muy grave, o bien no proceder a su aplicación si se constata la improcedencia de su aplicación o bien se dan las circunstancias que evidencia, conforme a la propia Norma Jurídica, que eximen o liberan al que reclaman su cumplimiento.

Como dice un colega y amigo mío, es el viejo aforismo “DURA LEX, SED LEX” o lo que es lo mismo  dura ley, pero ley‘, que expresa la necesidad y la obligación de respetar y aplicar la ley en todos los casos, incluso cuando esta pudiera resultar rigurosa o excesiva, pero igualmente, quien la aplica debe ser lo suficientemente justo como para justificar la procedencia de su aplicación, sino claramente nos encontraríamos ante conductas que evidencia con toda claridad un abuso de autoridad.

He querido hacer la exposición anterior para poner de manifiesto la conducta que muchos agentes de la autoridad, tanto dentro de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, incluyendo, asimismo, a la policía local, excediéndose en su autoridad sancionadora, al margen del decoro que deben manifestar en su ejercicio mediante un comportamiento adecuado y respetuoso correspondiente a cada categoría y situación.

De esta manera no es aceptable que en el momento de la sanción no escuche el argumento o justificación de el presunto infractor, y digo presunto con hincapié, porque puede ser que no lo esté siendo, y la conducta ilícita que se le quiere imputar responda a una apreciación errónea por parte de los Agentes, máxime cuando existen elementos de prueba suficiente en el momento que justifican la conducta del infractor con arreglo a Derecho, actuando aquellos con circunspección y gravedad.

Una causa bien defendida es una causa justa, por ello el primer deber de todo servidor público como son los Agentes de la Autoridad es oír al presunto infractor y comprobar que son ciertos los hechos alegados, no llevando al ciudadano a un costoso y cansado procedimiento contencioso-administrativo o penal para ejercer su defensa, pues de otra manera se está ejerciendo un acoso que, como se ha indicado, no deja de ser un abuso de poder porque suponen una falta de pureza de la Administración en sus relaciones con la sociedad, donde la policía no es parte de la solución sino del problema.

Además, suele ser frecuente que ante indicios que muestran que la versión policial puede faltar a la verdad, los jueces y fiscales no se atreven a dar el paso de abrir piezas judiciales que investiguen estos extremos.

Los ciudadanos tenemos la necesidad de confiar en nuestra policía, es más, es necesario, siendo difícil que ante situaciones como las indicadas, podamos tenerla, máxime cuando en su actitud denotan una falta de humanismo, tal es el caso de lo que me aconteció antes de ayer cuando estando detenido en una vía pública de mi querida Salamanca, concretamente en el Paseo de Canalejas, donde según la ordenanza municipal de aplicación, en concreto su artículo 22 sanciona la parada o estacionamiento, entre otras causas: “Cuando la distancia entre el vehículo y el borde opuesto de la calzada o una marca longitudinal sobre la misma que indique prohibición de atravesarla impida el paso de una fila de automóviles que no sean motocicletas y, en cualquier caso, cuando no permita el paso de otros vehículos”. El motivo trasladar en  el vehículo a una familiar de 91 años, enferma y con escasa movilidad para ser trasladada. 

Sin embargo los policías locales que tuve la desgracia de conocer, celosos en su cumplimiento del deber, no dudaron en sancionarme con la sustanciosa multa de 200 euros, estando un servidor dentro del vehículo, con el motor en marcha y las cuatro intermitencias puestas, su justificación para sancionar, es no haber visto bajar o subir a la persona a la que me disponía a trasladar, a lo que les respondí que entraran en el portal frente al que me encontraba y vivo, para comprobar la veracidad de lo alegado; además de no disponer de estacionamiento en las proximidades, y mucho menos con la cercanía suficiente como para que una persona anciana pudiera trasladarse con seguridad por su escasa movilidad, aparte de preguntar a los muchos testigos existente en la zona.

Ni lo uno, ni lo otro, impertérritos, y con la impertinencia de quien se considera por encima, como me hizo saber uno de los policías de ser un agente de la autoridad, una evidencia que salta a la vista por su uniforme, sólo obtuve una respuesta final: “vaya usted al Ayuntamiento para desahogarse”, negándose a darme sus números de placa. Actuación, vergonzosa y humillante cuando mi argumento de defensa se puede constar por una cámara de seguridad existente en la zona, y en la que debe quedar constancia de esa actividad que me veo obligado a realizar para el traslado de esa persona de avanzada edad y enferma con cierta frecuencia, o bien preguntando a los comercios existentes en la zona. Además de hacer la vista gorda en el momento sobre otros vehículos, no sólo parados, sino estacionados, incluso en la propia acera, sin el conductor en su interior. O bien, permitir durante el curso académico, de lunes a viernes, la parada de un gran número de vehículos en la puerta de dos colegios concertados existente en la zona, repito concertados y gestonados por comunidades religiosas, de padres que llevan o recogen a los niños a la entrada y salida,  también subidos a la acera y otros parados en paralelo, con el consiguiente riesgo para la circulación, viandantes  y para los propios niños, como una infracción continuada de la Norma que a mi me imputan, con una diferencia, mi delito haber parado a la entrada de mi vivienda por los motivos que os he narrado. Si esto no es una aplicación arbitraria de la Norma, que venga Dios y lo vea.

Quiero poner de manifiesto que, aún a pesar de estos “policías especiales” que… “haberlos haylos”, siendo lo pertinente para terminar con estas actuaciones improcedentes efectuadas con la intimidación de la que puede hacer uso un Agente de la Autoridad, sigue habiendo una policía buena y ejemplar. De hecho tengo amigos y excompañeros entre ellos, no pudiéndose meter en el mismo cajón a todos ellos. Por ello, los ciudadanos no podemos dejarnos avasallar y agachar la cabeza ante este tipo de actuaciones de ciertos policías que parece que lo único que persiguen es llegar un cupo de sanciones; y en la defensa de nuestros derechos y libertades poner la correspondiente denuncia a la espera que un Juez aprecie la veracidad de los hechos;

Porque, no debemos olvidar, y ellos tampoco, que cuando se competen excesos en el ejercicio de sus funciones están expuestos como cualquier otro profesional, pero ellos aún más en su calidad de agentes de la autoridad donde se exige un decoro en su actuación así como una conduca ejemplarizante para los ciudadanos, a la interdicción de los Tribunales de Justicia en defensa de nuestros derechos y libertades como así garantiza el artículo 9.3 de nuestra Constitución, aunque de sobra es conocido por todos que los derechos y libertades que la esta Norma Magna reconoce y protege, que, en la mayoría de las ocasiones no deja de ser un escaparate publicitario de una democracia en la que, por desgracia, los Poderes Públicos por no complicarse la vida, acuden a esa manida “presunción de veracidad” de los Agentes de la Autoridad, incluso en caso de duda, dejando al margen la máxima jurídica “in dubio pro reo”, en caso de duda a favor del imputado o sancionado, en este caso.

El motivo de lo manifestado no es otro que intentar convencer a la sociedad que nuestros derechos y deberes tienen una salvaguarda legal y, cuando un policía o policías amparados en su uniforme esgrimen una conducta carente de una total  humanidad, abusiva, dando la más la impresión de perseguir un fin más recaudatorio que de protección del orden y de la seguridad de los ciudadanos, debemos acudir a los tribunales, por lo menos para que los Jueces se den cuenta o se sensibilicen, que existe abuso de autoridad reiterada por algunos policías y que esto es una actuación intolerante.

Tambien, para decirle al Sr. Alcalde de esta magnifica ciudad Charra, como Jefe superior de la Policía Local, sea consciente de lo que sucede con algunos de sus agentes, porque quizá algún día haya que lamentar una desgracia que no va a poderse compensar con la responsabilidad patrimonial que corresponde a las Administraciones Públicas, porque una vida o una lesión invalidante no tiene precio… Ah, y aprovechando, que el Tormes pasa por Salamanca, que ordene aumentar el tiempo de cruce en los semáforos de la Zona porque a personas ancianas y con problemas de movilidad, como la que se había trasladado en mi vehículo, apenas les da tiempo a llegar a la mitad.

Además, ya que se ha gastado un millón de euros en previa precampaña electoral en las últimas elecciones municipal para arreglar este paseo, del que sólo necesitaba arreglo las aceras, lo ha convertido en un lugar peligroso al impedir la carga y descarga en prácticamente toda la vía pública, sólo en unos pocos lugares, que llevan a los transportistas a recorrer largas distancias para recoger o distribuir sus encargos o pedidos, circunstancia que lleva a muchos a tenerse que subir en las aceras lo que ocasiona un grave peligro y hace inútil a pesar de la ampliación de éstas… Pero ya sabemos que pesa más la rentabilidad política que los derechos de los ciudadanos más débiles. Así es nuestra vilipendiada democracia.

La sintonía del ser humano

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Lunes, 26 de agosto de 2019

 

 

El equilibrio es el estado de un cuerpo cuando fuerzas encontradas que obran en él se compensan mutuamente. Y si lo llevamos al cambo de las emociones, el equilibrio emocional sería el justo balance entre las fuerzas internas de un individuo que lo llevan a estar en paz consigo mismo y con el mundo exterior, aspecto que revela una buena salud mental. 

Pero, ¿cómo se logra el equilibrio emocional?. 

La mayoría de las personas pensamos que el equilibrio emocional se logra cuando nuestras emociones son sólo positivas, sin embargo no es así, porque tanto las experiencias buenas como las malas forman parte de nuestras vidas lo cual se traduce en emociones positivas y negativas; por lo tanto, el equilibrio emocional se alcanzará cuando confluyen ambas emociones, siendo acordes a las amenazas o acontecimientos importantes, intentando que la fuerza de las positivas contrarreste las negativas.

Así, para lograr el equilibrio es fundamental saber que deseamos con exactitud de la vida y ser conscientes del esfuerzo que tenemos que hacer para alcanzar nuestros objetivos, de manera que, aunque el esfuerzo nos ocasiones emociones negativas, somos conscientes que al final tendremos la recompensa buscada. 

Es cierto, que muchas veces nuestras emociones negativas se deben a factores externos a nosotros, siendo difícil despojarnos de ellas porque forman parte de un sentimiento de impotencia o frustración ante una situación que no podemos cambiar por ser ajena a nuestra voluntad, sin embargo, el conocimiento de uno mismo nos llevará a encontrar el camino más adecuado para lograr ese equilibrio emocional. 

Solemos perder mucho el tiempo dando vueltas en nuestra cabeza a cómo logar alcanzar ese equilibrio tan buscado, agotando nuestras energías en fustigarnos por lo desgraciados que somos o por los errores cometidos en vez de afrontar las dificultades de la vida con seguridad y actitud positiva. No se trata de pensar tanto, sino de vivir y afrontar el día a día sin la carga emocional de la eterna disyuntiva entre lo que se debe o no debe hacer. En definitiva, seguir el camino correcto.

No obstante, no existe un camino correcto ni definido, aunque resulta evidente la influencia de la educación que cada cual haya tenido, afluyendo una serie de estereotipos que marcan o nos avisan de estar siguiendo la vía adecuada en nuestras decisiones diarias. El camino correcto es el que cada cual se marca, o dicho de otra manera, el que cada uno elige.

El timón de nuestra vida está en nuestras manos, de ello depende en consecuencia nuestro equilibrio emocional, de manera que ante una situación de desequilibrio de nuestras emociones, es importante que nos hagamos las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo llegamos hasta a este punto de nuestra vida?
  • ¿Por qué elegimos el camino que hemos tomado hasta el momento?
  • ¿Nos lleva este camino a donde queremos ir en un futuro?. 

Como ya se ha apuntado la educación juega un papel muy importante en nuestro equilibrio emocional, entendida como la formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen. 

Las normas son un antídoto indispensable para evitar el caos, el desorden y la confusión absoluta, siendo por ello necesarias para garantizar la buena convivencia entre las personas, evitando con ello que se vulneren los derechos y libertades de cada uno, motivo por el cual están orientadas a corregir conductas destructivas para el grupo social en el que vivimos y también para nosotros mismos, puesto que nos indican y delimitan las actividades, responsabilidades y obligaciones que nos corresponden, consiguiendo de esta manera que no se desequilibre nuestro proceder. 

Debemos tomar conciencia de nuestra emoción, identificarla, de esta manera evitaremos globalizarla evitando que anule la consciencia que necesitamos para la salida a nuestro estado anímico, consiguiendo de esta manera que pierda la importancia o la fuerza que desequilibra nuestra estado emocional. Para ello debemos observar la emoción sin juzgar, solamente examinarla para conocerla en su justa medida.

Así mismo, es necesario aceptar la experiencia, permitiendo la emoción que de ella se derive, pues será la señal de alarma que nos ayude a dar solución a ese desequilibrio que nos atormenta, evitando juicios destructivos de nosotros mismos cuando la experiencia es negativa, siendo importante para ello sintonizar con esa parte de nosotros que aún se mantiene integra y sana.

El destino de los dioses

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Domingo, 18 de agosto de 2019

Para muchas personas nuestro destino esta escrito, viviendo con una resignación todos los acontecimientos negativos de la vida. “Dios lo quiso”, “esa era su destino”, “es mi sino”, son algunas de las frases más comunes para aceptar lo acontecido como si todos tuviésemos escrito en algún sitio todo cuanto vivimos.

Aceptar esa concepción de la vida me resulta cuanto menos absurdo, además de irracional, eso sin entrar a valorar una concepción tiránica de la Divinidad, en contraposición a la limitada existencia del ser humano, porque un Dios que impone un destino no sería más que la representación de un poder tiránico. 

 Tal aceptación del destino ha llevado a las religiones a hacer del poder divino un baluarte del control de sus fieles, preocupados más por temor del castigo divino que de lo divino de la vida, en su más amplia concepción, es decir, vivir con orden y libertad, dado que el desorden conduce al libertinaje y éste al caos. Hasta el punto de convertir a Dios y de cuanto le rodea en un merchandising con prolijos rendimientos económicos para hombres que dicen ser siervos de Dios; incluso pactando con el poder civil para el control de mentes habidas de la droga de las religiones.

Me viene al pelo ese pasaje del Evangelio de S. Mateo 21:12 que dice así: «12 Jesús entró en el templo y echó de allí a todos los que compraban y vendían. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían palomas. 13 «Escrito está —les dijo—: “Mi casa será llamada casa de oración”;[b]pero ustedes la están convirtiendo en “cueva de ladrones”»

Y el hombre ha vuelto a sus orígenes, cuando adulaban a dioses hechos de piedra y sacrificaban en el peor de los casos a una virgen en ofrenda por un año de buenas cosechas. De la misma manera hoy se enciende velas con formas de las diferentes partes de la anatomía humana enferma y sanada por un milagro, denominados exvotos. Recuerdo las ofrendas a San Antonio de mi suegra cuando no encontrábamos algo, aunque en este caso sí funcionaba, a pesar de que el donativo algunas veces superaba el valor de lo extraviado. 

En fin, al final la relación con Dios se convierte en un mercadeo a través de ofrendas por un mejor destino. “Dios mío si me curas la enfermedad que tengo salgo de rodillas en la procesión del Viernes Santo”… que está bien y respeto profundamente, allá cada uno con su forma de vivir. En definitiva, promesas a cambio de una mejor vida para nosotros y para los nuestros.

No pretendo convencer con mis argumentos, sino, sólo decir que, si hay alguien que piensa como yo que sepa que no se encuentra solo o sola. Pero, pidiendo disculpas de antemano, aunque mi intención no es ofender, un Dios como máquina expendedora de milagros me resulta un dios muy pequeño, porque no voy a ser yo quien niegue los milagros, pero de ahí a “toma y dame”, no, no lo acepto.

No acepto esta figura de un dios que pasa de ser tirano a dadivoso, en un chasquido de dos. Un dios que impone un destino que maneja a su antojo y en función de las ofrendas que reciba, me parece una historia más digna de una mente humana que de una divina. 

Y… ¿cómo es mi Dios?. Aquí, como he dicho en otras ocasiones, habría que entrar en profundidades muy profundas porque mi Dios no tiene cara y mucho menos una abultada melena y barba blanca que llega hasta sus pies, donde nos encontramos postrados todas las almas esperando el juicio final. Mi dios no tiene espada. Mi Dios es todo lo que me rodea, eres tú, es la vida, es el todo y es el nada,  el principio y el fin, en constante cambio, es el universo, los universos, la energía y la materia…la globalidad de todas ellas, no sé si me entendéis. 

Un Dios así no puede imponer barreras, porque Él no las tiene. Somos el resultado de nuestro libre albedrío, de la causalidad entendida como relación causa-efecto y del orden y prioridad que damos a nuestras acciones. Orden como manifestación de nuestra sabiduría, y del equilibrio para saber de que lado queremos estar, ¿del bien o del mal?, o lo que es lo mismo, del lado del humanismo o de la tiranía.

Lo más fácil, claro está, es mejor escudarnos en decir: “este es mi sino”

 

La sabiduría

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Sábado, 10 de agosto de 2019

En mi anterior artículo sobre el enorme poder de la fuerza interna que hace que alcancemos logros que pensábamos inalcanzables, hacía referencia a la sabiduría como parte esencial de la razón.

Sabio procede del latín tardío «sapĭdu que quiere decir juicioso. Por lo tanto la sabiduría sería aquello que se caracteriza por su juicio y prudencia. Es el conocimiento profundo que se adquirirá gracias al estudio y también a la experiencia.

Es por ello que, la fuerza interna sin la sabiduría no es más que una fuerza bruta, sin pulir, que hace errar a las personas que se creen en poder de la «verdad absoluta», pues si algo sabe el sabio, como dijo Sócrates es «sólo se que no se nada», que hace que los buenos maestros, en el sentido más amplio de su expresión, es decir, aquellos que transmiten la sabiduría, sean conscientes de su eterno aprendizaje.

Fuerza bruta que hace que empeñemos nuestra palabra en conocimientos que se nos escapan por nuestra limitada sabiduría o que aceptamos como estereotipos sin preguntarnos el «porqué». Eso hace que el ignorante, entre los que me incluyo, sea imprudente, en contraposición a la prudencia del sabio.

«El sabio busca no hacer y deja que las cosas sigan su curso» que, según la filosofía del Tao-te-king, es de sabios no interferir, dejar que las cosas sigan su curso, pero para lograrlo es necesario un entendimiento de la realidad, del conocimiento de los mecanismos de la mente y de la naturaleza, una confianza en esa naturaleza…, en el universo… en Dios…

También el sabio es humilde, porque sabe que es un engranaje para que el universo de la sabiduría siga expandiéndose, y seremos privilegiados de convertirnos en sus aprendices… por los siglos de los siglos… Seremos unos necios si nos convertimos en maestros en manos de maestros que encaramados a un pedestal se creen ser el único conducto de transmisión entre lo divino y lo humano, investidos de una soberbia espiritual que hace que todo lo que sale por su boca trascienda cierto olor apestoso de endiosamiento, como hijos de un dios menor, como lo es el de la estupidez humana, el de la osadía, el de la necedad.

Reconocer la existencia de un dios menor supone reconocer la existencia de un Dios mayor que, al margen de las creencias religiosas de cada cual, yo concibo por la fuerza universal, como el infinito, como el principio y el fin, como la fuerza que hace que el universo esté en continua expansión, como el universo que surgío de la nada, como la nada de los universos que desaparecen dando lugar a otros nuevos. 

Sólo la verdad presidida por el orden del universo es la auténtica verdad, de ahí que el verdadero sabio deje fluir a las fuerzas de la naturaleza… la inteligencia capaz de canalizar la sabiduría hacia fines justos, en uso de un libre albedrío heredado de ese Dios universal.

Hay pautas en la naturaleza que se repiten o están presente en muchas manifestaciones de la vida, lo que hace que nos planteemos la existencia de orden superior, tal es el caso de la representada por el «número áureo», también llamado número de oro, razón extrema y media,​razón áurea, razón dorada, media áurea, proporción áurea y divina proporción​.

Es un número irracional,​representado por la letra griega φ (phi) -en minúscula- o Φ (Phi) -en mayúscula-, en honor al escultor griego Fidias, y que podemos constatar:

En el cuerpo humano, entre otras medidas, es la distancia de la cabeza al codo y al ombligo. También la distancia desde la base del cráneo a su extremo superior, y también el ancho del abdomen. Y si la dividimos aún más, nos indica la posición de la nariz y la línea del pelo.

En la naturaleza los pétalos de muchas flores, se distribuyen siguiendo una secuencia de Fibonacci: las lilas tienen 3, los ranúnculos 5, etc.,  Esto ocurre, pues una organización de esa forma, garantiza una distribución óptima. Lo mismo pasa con las semillas en la flor del girasol, la distribución sigue la misma sencuencia.

También, las ramas de los árboles surgen usando una secuencia de Fibonacci, al irse sucesivamente dividiendo en dos, forman otra vez esta secuencia. 

Los huracanes y las galaxias en espiral, tienden a formar una espiral dorada, incluso nuestro propio ADN contiene el númeroPhi, puesto que un ciclo completo de la molécula, mide 34 por 21 angstroms. Sí, 21 y 34 son números consecutivos, de la serie de Fibonacci.

Pero, increíblemente también lo vemos en los productos de diseño, la arquitectura, la pintura, la fotografía, en cuanto a su composición espacial.

¿Casualidad?…

Por ello las leyes de la propia naturaleza son buenas, no porque emanen de Dios, porque si así fuera no dejarían de ser leyes tiranas por ser impuestas, sino que son buenas porque Dios es perfecto, dígase el Universo en su propio orden, y desorden convertido en orden en su propia expansión.

No es ninguna tontería depurar nuestra fuerza bruta interior, ello nos ayudará si cabe a ser más sabios, o mejor dicho, menos tontos.

El poder del ser humano

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Viernes, 2 de agosto de 2019

 

 

¿Quién de pequeño no ha soñado con los super-héroes?, ¿Quién de pequeño no se ha visto con la capa de superman o superwoman salvando el mundo de los más atroces ataques de seres sin alma, sin piedad, sin piedad y corazón que sólo persiguen la destrucción o el poder a cualquier precio?.

No nos damos cuenta que el peor enemigo del ser humano es el propio ser humano, nuestro mal aprendizaje, nuestros errores, nuestras frustraciones hacen que perdamos la fuerza interior que tenemos. Es tan amplio el poder que obra en nosotros, son tan grandes nuestras fuerzas internas que bien administradas pueden lograr que alcancemos metas que nos parecen inalcanzables.

Pero no todos los logros dignifican al ser humano, sino sólo aquellos que tienen su base en la nobleza y en fuerza de nuestro coraje guiada por la razón y la disposición habitual para hacer el bien, que no es otra cosa que la potenciación de nuestras virtudes. Sino es así, sólo dispondremos de una fuerza bruta amparadas en la ignorancia y en la miseria, abocadando al fracaso nuestros proyectos porque aunque alcancemos la meta autoimpuesta no nos harán dignos.

Cuando una persona no es digna no merece el respeto de los demás, tan sólo en los más indulgentes la compasión por desperdiciar su potencial  interno y estar perdido en un frágil mundo que sólo responde  a ese  egoísmo personal que hace de su Dios el dinero y la apariencia social.

Sino somos capaces que nuestros nobles ideales gobiernen nuestras acciones, lo único que lograremos es que los demás no nos valoren como personas, tan sólo, a lo sumo, obtener el temor reverencial de aquellos subordinados a su tiranía.

 Una fuerza incontenida lo único que puede causar es la destrucción, sólo la fuerza interna bien encauzada construye y hará que nuestra construcción brille y sea admirada por los demás, como admiramos las pirámides y las bellas catedrales construidas por expertas manos en tallar la piedra.

La razón y la justicia deben convertirse en las madres de nuestros actos. La razón como la habilidad en virtud de la cual el ser humano no sólo logra reconocer conceptos, sino también cuestionarlos, y que hace que nos diferenciemos de otras especies animales, dependiendo esta razón de  nuestra sabiduría que, no es otra cosa que el conjunto de conocimientos amplios y profundos que se adquieren mediante el estudio o la experiencia, conduciéndonos a ser sensatos y prudentes, pero, sobre todo, a acertar, o al menos, que nuestros juicios sean tenidos en cuenta por los demás. Y la justicia como norma de convivencia que limite aquellas acciones indignas. Si no respetamos el hecho de nuestra existencia como personas individuales, entonces crearemos desorden en el mundo humano.

El ser humano debe ser bueno, no en un sentido religioso, ni porque haya un Ser Supremo que nos castigue el día del Juicio Final, lo cual dependerá de las creencias de cada persona, sino porque la bondad es el único camino que hace al ser humano grande y digno, mereciendo el respeto de los demás, pero más aún el respeto a uno mismo porque no dejamos de ser parte de una construcción infinita y perfecta que es el universo.

Sólo una persona que se tiene respeto a si misma podrá infundir respeto en los demás, por eso no nos deben disturbar quienes guiados por el egoísmo parecen tener más suerte en la vida, porque la suerte que han alcanzado, si se puede llamar así no es más que un edificio hueco construido sobre arenas movedizas.

Si anhelamos cambiar el mundo lo podemos hacer, empezando por cambiar nosotros mismos.

La noche del olvido

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Viernes, 26 de julio de 2019

Se hace de noche y las sombras se acumulan en mi cabeza, recuerdos que no quisiera recordar, penumbras que no me dejan ver. Me arrepiento de no haberte dado lo que tú me diste, me siento culpable de tu destierro y hasta de tu enfermedad porque no supe escucharte cuando aún tu cuerpo estaba en sintonía con tu mente. 

Hoy no has levantado la cabeza, caída sobre la mesa, no se si no me querías ver o es que no me veías. Tu cuerpo cansado se revela, quiere levantarse de esa silla en la que estás postrado, preso de esa enfermedad de la que no puedo aliviarte.

Sí, soy culpable de tu retiro forzoso, y tal vez de tu falta de memoria, quizá para olvidar aquel día que te dejé allí.

 Pasan los días… Cinco años desde que empezaste a perderte en ese mundo vacío, años en los que no he podido sentirte como antes te sentía, en los que ya no estás conmigo. 

Ahora siento el cansancio de la vida. Cansado de no poder hacer nada.

Oigo tu lamento y veo tus lagrimas buscando camino entre los surcos de tu cara. ¿Por qué sufres si tus recuerdos ya no existen?.

Padre perdóname, si es que aún me puedes perdonar.

No puedo contener mi llanto, pero quiero que el tuyo cese.

Mañana… tal vez

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Lunes, 22 de julio de 2019

¿Qué nos pasa?. El mundo llora, y nosotros también. Vivimos sin vivir, amamos sin amar. Todo se ciñe a nuestra efímera existencia por muchos años que nos precedan. Estamos en un tránsito envueltos en un cuerpo que finalmente se pudrirán.

Descansando © ÁngelaZ

Nos empeñamos en dirigir la vida de los demás habiendo perdido el rumbo de la nuestra. Nos subimos en cajones fabricados con sueños para hacer más sombra a los demás, presumiendo de nuestros logros encaramados en la cima de una montaña de miserias.

Nuestra soberbia espiritual nos hace creernos mejores que los demás, incluso mejores que nosotros mismos. Es la continua esquizofrenia de nuestra personalidad. De nuestra existencia. 

Blanco y negro. Existencias basadas en estereotipos. Todo está encasillado, clasificado, pero mi corazón se resiste a vivir dentro de ese compartimento transparente que te deja ver la vida pero no tocarla. 

No me digas lo que tengo que hacer, porque ahora no quiero hacer nada. No me juzgues porque yo no te juzgo, aunque me lo merezca, aunque te lo merezcas… Porque debes darme la oportunidad de reconocer que me he vuelto a equivocar, y aprender. Como yo te la doy a ti.

Me canso de mi mismo, de mis lamentos, de mis frustraciones, de la monotonía de una vida que te obliga un día y otro a caer en los mismos errores. Quiero salir de esa cárcel, de esa celda que yo solo me he construido. Carcelero y preso a la vez de mis propios pecados, de mis propios delitos. Enemigo de mi mismo.

Me arrastro sobre el asfalto pegajoso y caliente de una tarde infernal, por las calles vacías de la ciudad de los espíritus abandonados. Espíritus de personas que, como yo, vagan de un lugar para otro buscando su propia existencia, donde el sol no pude verse, pero si sentirse.

 Llega la noche y sigo deambulando buscando un lugar en el que descansar y olvidarme de mis pesadillas. No puedo más y me dejo caer al suelo entre dos contenedores, acompañado de media docena de gatos que buscan comida entre la basura.

Quizá mañana, llegue al parque y pueda dormir en uno de aquellos bancos junto a la fuente.

El juicio final

♦ Director-Editor de plazabierta.com

5 de julio de 2019

Nadie da la voz de alarma ante lo que estamos a punto de convertirnos.  No se trata de derrotismo,  sino de la inminente destrucción del ser humano por el propio ser humano. 

Y no sólo me refiero a la constante degradación de lo biológico que,  a pesar de los avances de la medicina y de la ciencia en general,  por nuestra inconsciencia y falta de responsabilidad cada día mayor con nuestro planeta estamos convirtiendo nuestro hábitat y el de la fauna en general, en un estercolero,  con el consiguiente riesgo cada vez  mayor para nuestra salud. Pero, nuestra supina idiotez cuando más se hace evidente es cuando nos relacionamos con nuestros congéneres  yendo nuestra actitud destructora más allá de nuestra materia, me refiero a la destrucción del espíritu, del alma, de aquello que todos tenemos dentro y que nos hace ser mejores personas.

El corazón del ser humano es cada vez más impermeable a los sentimientos, se va volviendo tan negro y duro como el carbón con el paso del tiempo, aquellos sedimentos que almacenamos con nuestra experiencia van solidificándose y, en vez de utilizarlos como experiencia formando parte de nuestro aprendizaje, los transformamos en arma arrojadiza contra quienes nos acompañan en este camino de la vida. Los convertimos en frustraciones haciendo responsable al resto de mortales, creando una coraza a nuestro alrededor para evitar que los demás nos vuelvan a hacer daño, lo que nos hace cada vez empatizar menos con sus problemas y necesidades.

Está bien que las experiencias negativas nos hagan ser precavidos, pero de ahí a la desconfianza y al odio hay un paso importante. De todo se aprende, de lo bueno y de lo malo, pero para que tales experiencias no nos hagan sufrir debemos catalizarlas en nuestro interior, provocando una proceso de aprendizaje, adquiriendo consciencia que nuestra vida, como la de todos, al igual que el tablero del ajedrez está formada por cuadros negros y blancos sobre los que inexorablemente debemos pisar para afrontar cada una de las partidas que se nos presentan en el juego de la vida.

Cuando el rencor se apodera de nosotros, sin darnos cuenta estamos sobrepasando la barrera del mal, nos hace ser desconfiados y vengativos, sumiéndonos en un mundo de tinieblas que poco a poco nos lleva a la oscuridad más absoluta, hundiéndonos cada vez más en ese pozo de fango del que nos resultará imposible salir, provocando nuestra propia destrucción y la de los demás, con confrontaciones absurdas, confundiendo dignidad con soberbia.

Hace unos días observaba a dos amigos discutir y aprendí que es cierto eso que se dice que “no hace daño quien quiere sino quien puede”. Los dos acumulaban experiencias negativas de la relación entre ambos, pero mientras uno usó el camino del reproche el otro aprovechó pare reconocer sus errores y pedir perdón, perdón que no fue logrado ante el resentimiento de quien quería utilizar el momento como venganza. Quien no lo otorgó continuó con su frustración, mientras que el otro quedó liberado de sus cargas emocionales. Indudablemente de esa pretendida contienda salió vencedor quien no penetró en lado oscuro de la vida. 

En definitiva, se trata de evitar que nuestros sentimientos negativos nos destruyan y sólo hay un camino para conseguirlo, ser cada día mejores o al menos pretenderlo, y para ello solamente tendremos que hacer un esfuerzo, primero de autocrítica y después de comprensión hacia los demás, porque, comprenderlo todo, como dijo Lev Tólstoi, es perdonarlo todo. Aunque realmente no se trata de perdón, se trata en transformar nuestro corazón en algo tan bello como el diamante, más duro que el carbón pero que transforma el rayo de luz que a través de él penetra en un haz de colores maravillosos que nos hará más felices.

Sálvame y sus alcahuetas

Hace unos días, sorprendentemente, al encender la televisión oí a una afamada presentadora, directora, colaboradora de Televisión y periodista, Elisa Carlota Corredera Llauger -Carlota Corredera para el gran público-, conocida por haber presentado varios programas de la Fábrica de la Tele, en la actualidad co-presentadora del afamado programa de Tele 5, Sálvame, donde no se le ocurrido otra cosa que disparar con la verborrea que la caracteriza como si de una ametralladora se tratase contra todos los medios digitales denominándolos basura, porque según ella solemos hacer uso de la información simplemente porque alguien la puso en marcha, sin contrastar. 

Desde luego que un periodista, titulado o no,  que no contraste la información, y la ponga en marcha sin ningún reparo está muy alejado de lo que es realmente el periodismo, el cual consiste en la recogida, elaboración y difusión de información actual o de interés para transmitirla al público a través de la prensa, tanto escrita como digital, radio y televisión; información que por necesidad para limpiar las cloacas del periodismo debe ser veraz y, para ello, la única forma es cotejarla, pues de otra manera se están convirtiendo en farsantes o porteras quienes no actúan así, con perdón de esta digna, servicial y exigua profesión.

Pero, de ahí, y menos una persona que se dedica al periodismo como la referida presentadora, meter en el mismo saco a todo los digitales es, cuanto menos, una imprudencia, además de una actitud prepotente, y más cuando tal afirmación se hace en un programa que, aunque de máxima audiencia como es Sálvame, deja mucho que desear por la catadura moral de quienes en el intervienen poniendo al límite a los personajes que forman parte de ese mundo cuyos protagonistas, la mayoría de las veces, el único mérito que tienen es haber aparecido en algún reality, comportándose como macarras, o hablar de sus intimidades o las de otros.

No debemos tolerar que cada día abunden más las fakes news con el único propósito de conseguir más seguidores o audiencia para el informativo para que trabajan esos paraperiodistas, incluso algunos likes en las redes sociales, siendo por ello necesario que quienes luchamos por una información libre y veraz, sin ningún tipo de ataduras, incluso quienes son sus destinatarios, denunciemos esta práctica cada día es más extendida, no solamente en los digitales sino también en programas televisivos como el indicado, amen de otros programas de radio. Aunque dejarlos de seguir sería la muestra más responsable si queremos combatir la desinformación de la que muchas veces somos sufridores, incluso sin darnos cuenta.

Bien es cierto, que hay personas que disfrutan viendo despedazar en la plaza pública a quienes son objeto de este tipo de prensa que cada día amarillea más, incluso participando del apaleamiento del populacho en sus comentarios con afirmación tales como “se lo tiene bien merecido”.

También es cierto que la tele y otros medios dedicados a la información están para entretener y divertir, aunque hay que ser de mala prosapia como para divertirse con los “chismes”, cotilleos, y juicios sumarísimos que los “profesionales” que en ellos participan están acostumbrados a hacer. Pero, inevitablemente de todo hay y tiene que haber en la viña del Señor.

Valga lo que aquí se denuncia para que tan afamada presentadora hiciese una rectificación pública sobre lo dicho, aparte de hacer examen de conciencia y autocrítica de vez en cuando, porque para reprochar a alguien una conducta lo primero que hay que hacer es no comportarse como quienes son objeto de su critica, dando, aunque sea de vez en cuando, un poco de ejemplo con su buen hacer.

La información cuando no es libre es una farsa, y está claro que estos medios mal olientes no son otra cosa que la voz de su amo, quienes lo financian y obtienen las ingentes fortunas a base de manipular al público con su desinformación. Así que, amiga Corredera, menos demagogia y más profesionalidad.

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