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Historias escritas por felicianoplaza
Licenciado en Derecho. Técnico Superior en Telecomunicaciones. Asesor jurídico de Administración Pública. Director-Administrador Plazabierta.com. Escéptico por naturaleza y soñador de vez en cuando.

El destino de los dioses

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Domingo, 18 de agosto de 2019

Para muchas personas nuestro destino esta escrito, viviendo con una resignación todos los acontecimientos negativos de la vida. “Dios lo quiso”, “esa era su destino”, “es mi sino”, son algunas de las frases más comunes para aceptar lo acontecido como si todos tuviésemos escrito en algún sitio todo cuanto vivimos.

Aceptar esa concepción de la vida me resulta cuanto menos absurdo, además de irracional, eso sin entrar a valorar una concepción tiránica de la Divinidad, en contraposición a la limitada existencia del ser humano, porque un Dios que impone un destino no sería más que la representación de un poder tiránico. 

 Tal aceptación del destino ha llevado a las religiones a hacer del poder divino un baluarte del control de sus fieles, preocupados más por temor del castigo divino que de lo divino de la vida, en su más amplia concepción, es decir, vivir con orden y libertad, dado que el desorden conduce al libertinaje y éste al caos. Hasta el punto de convertir a Dios y de cuanto le rodea en un merchandising con prolijos rendimientos económicos para hombres que dicen ser siervos de Dios; incluso pactando con el poder civil para el control de mentes habidas de la droga de las religiones.

Me viene al pelo ese pasaje del Evangelio de S. Mateo 21:12 que dice así: «12 Jesús entró en el templo y echó de allí a todos los que compraban y vendían. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían palomas. 13 «Escrito está —les dijo—: “Mi casa será llamada casa de oración”;[b]pero ustedes la están convirtiendo en “cueva de ladrones”»

Y el hombre ha vuelto a sus orígenes, cuando adulaban a dioses hechos de piedra y sacrificaban en el peor de los casos a una virgen en ofrenda por un año de buenas cosechas. De la misma manera hoy se enciende velas con formas de las diferentes partes de la anatomía humana enferma y sanada por un milagro, denominados exvotos. Recuerdo las ofrendas a San Antonio de mi suegra cuando no encontrábamos algo, aunque en este caso sí funcionaba, a pesar de que el donativo algunas veces superaba el valor de lo extraviado. 

En fin, al final la relación con Dios se convierte en un mercadeo a través de ofrendas por un mejor destino. “Dios mío si me curas la enfermedad que tengo salgo de rodillas en la procesión del Viernes Santo”… que está bien y respeto profundamente, allá cada uno con su forma de vivir. En definitiva, promesas a cambio de una mejor vida para nosotros y para los nuestros.

No pretendo convencer con mis argumentos, sino, sólo decir que, si hay alguien que piensa como yo que sepa que no se encuentra solo o sola. Pero, pidiendo disculpas de antemano, aunque mi intención no es ofender, un Dios como máquina expendedora de milagros me resulta un dios muy pequeño, porque no voy a ser yo quien niegue los milagros, pero de ahí a “toma y dame”, no, no lo acepto.

No acepto esta figura de un dios que pasa de ser tirano a dadivoso, en un chasquido de dos. Un dios que impone un destino que maneja a su antojo y en función de las ofrendas que reciba, me parece una historia más digna de una mente humana que de una divina. 

Y… ¿cómo es mi Dios?. Aquí, como he dicho en otras ocasiones, habría que entrar en profundidades muy profundas porque mi Dios no tiene cara y mucho menos una abultada melena y barba blanca que llega hasta sus pies, donde nos encontramos postrados todas las almas esperando el juicio final. Mi dios no tiene espada. Mi Dios es todo lo que me rodea, eres tú, es la vida, es el todo y es el nada,  el principio y el fin, en constante cambio, es el universo, los universos, la energía y la materia…la globalidad de todas ellas, no sé si me entendéis. 

Un Dios así no puede imponer barreras, porque Él no las tiene. Somos el resultado de nuestro libre albedrío, de la causalidad entendida como relación causa-efecto y del orden y prioridad que damos a nuestras acciones. Orden como manifestación de nuestra sabiduría, y del equilibrio para saber de que lado queremos estar, ¿del bien o del mal?, o lo que es lo mismo, del lado del humanismo o de la tiranía.

Lo más fácil, claro está, es mejor escudarnos en decir: “este es mi sino”

 

La sabiduría

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Sábado, 10 de agosto de 2019

En mi anterior artículo sobre el enorme poder de la fuerza interna que hace que alcancemos logros que pensábamos inalcanzables, hacía referencia a la sabiduría como parte esencial de la razón.

Sabio procede del latín tardío «sapĭdu que quiere decir juicioso. Por lo tanto la sabiduría sería aquello que se caracteriza por su juicio y prudencia. Es el conocimiento profundo que se adquirirá gracias al estudio y también a la experiencia.

Es por ello que, la fuerza interna sin la sabiduría no es más que una fuerza bruta, sin pulir, que hace errar a las personas que se creen en poder de la «verdad absoluta», pues si algo sabe el sabio, como dijo Sócrates es «sólo se que no se nada», que hace que los buenos maestros, en el sentido más amplio de su expresión, es decir, aquellos que transmiten la sabiduría, sean conscientes de su eterno aprendizaje.

Fuerza bruta que hace que empeñemos nuestra palabra en conocimientos que se nos escapan por nuestra limitada sabiduría o que aceptamos como estereotipos sin preguntarnos el «porqué». Eso hace que el ignorante, entre los que me incluyo, sea imprudente, en contraposición a la prudencia del sabio.

«El sabio busca no hacer y deja que las cosas sigan su curso» que, según la filosofía del Tao-te-king, es de sabios no interferir, dejar que las cosas sigan su curso, pero para lograrlo es necesario un entendimiento de la realidad, del conocimiento de los mecanismos de la mente y de la naturaleza, una confianza en esa naturaleza…, en el universo… en Dios…

También el sabio es humilde, porque sabe que es un engranaje para que el universo de la sabiduría siga expandiéndose, y seremos privilegiados de convertirnos en sus aprendices… por los siglos de los siglos… Seremos unos necios si nos convertimos en maestros en manos de maestros que encaramados a un pedestal se creen ser el único conducto de transmisión entre lo divino y lo humano, investidos de una soberbia espiritual que hace que todo lo que sale por su boca trascienda cierto olor apestoso de endiosamiento, como hijos de un dios menor, como lo es el de la estupidez humana, el de la osadía, el de la necedad.

Reconocer la existencia de un dios menor supone reconocer la existencia de un Dios mayor que, al margen de las creencias religiosas de cada cual, yo concibo por la fuerza universal, como el infinito, como el principio y el fin, como la fuerza que hace que el universo esté en continua expansión, como el universo que surgío de la nada, como la nada de los universos que desaparecen dando lugar a otros nuevos. 

Sólo la verdad presidida por el orden del universo es la auténtica verdad, de ahí que el verdadero sabio deje fluir a las fuerzas de la naturaleza… la inteligencia capaz de canalizar la sabiduría hacia fines justos, en uso de un libre albedrío heredado de ese Dios universal.

Hay pautas en la naturaleza que se repiten o están presente en muchas manifestaciones de la vida, lo que hace que nos planteemos la existencia de orden superior, tal es el caso de la representada por el «número áureo», también llamado número de oro, razón extrema y media,​razón áurea, razón dorada, media áurea, proporción áurea y divina proporción​.

Es un número irracional,​representado por la letra griega φ (phi) -en minúscula- o Φ (Phi) -en mayúscula-, en honor al escultor griego Fidias, y que podemos constatar:

En el cuerpo humano, entre otras medidas, es la distancia de la cabeza al codo y al ombligo. También la distancia desde la base del cráneo a su extremo superior, y también el ancho del abdomen. Y si la dividimos aún más, nos indica la posición de la nariz y la línea del pelo.

En la naturaleza los pétalos de muchas flores, se distribuyen siguiendo una secuencia de Fibonacci: las lilas tienen 3, los ranúnculos 5, etc.,  Esto ocurre, pues una organización de esa forma, garantiza una distribución óptima. Lo mismo pasa con las semillas en la flor del girasol, la distribución sigue la misma sencuencia.

También, las ramas de los árboles surgen usando una secuencia de Fibonacci, al irse sucesivamente dividiendo en dos, forman otra vez esta secuencia. 

Los huracanes y las galaxias en espiral, tienden a formar una espiral dorada, incluso nuestro propio ADN contiene el númeroPhi, puesto que un ciclo completo de la molécula, mide 34 por 21 angstroms. Sí, 21 y 34 son números consecutivos, de la serie de Fibonacci.

Pero, increíblemente también lo vemos en los productos de diseño, la arquitectura, la pintura, la fotografía, en cuanto a su composición espacial.

¿Casualidad?…

Por ello las leyes de la propia naturaleza son buenas, no porque emanen de Dios, porque si así fuera no dejarían de ser leyes tiranas por ser impuestas, sino que son buenas porque Dios es perfecto, dígase el Universo en su propio orden, y desorden convertido en orden en su propia expansión.

No es ninguna tontería depurar nuestra fuerza bruta interior, ello nos ayudará si cabe a ser más sabios, o mejor dicho, menos tontos.

El poder del ser humano

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Viernes, 2 de agosto de 2019

 

 

¿Quién de pequeño no ha soñado con los super-héroes?, ¿Quién de pequeño no se ha visto con la capa de superman o superwoman salvando el mundo de los más atroces ataques de seres sin alma, sin piedad, sin piedad y corazón que sólo persiguen la destrucción o el poder a cualquier precio?.

No nos damos cuenta que el peor enemigo del ser humano es el propio ser humano, nuestro mal aprendizaje, nuestros errores, nuestras frustraciones hacen que perdamos la fuerza interior que tenemos. Es tan amplio el poder que obra en nosotros, son tan grandes nuestras fuerzas internas que bien administradas pueden lograr que alcancemos metas que nos parecen inalcanzables.

Pero no todos los logros dignifican al ser humano, sino sólo aquellos que tienen su base en la nobleza y en fuerza de nuestro coraje guiada por la razón y la disposición habitual para hacer el bien, que no es otra cosa que la potenciación de nuestras virtudes. Sino es así, sólo dispondremos de una fuerza bruta amparadas en la ignorancia y en la miseria, abocadando al fracaso nuestros proyectos porque aunque alcancemos la meta autoimpuesta no nos harán dignos.

Cuando una persona no es digna no merece el respeto de los demás, tan sólo en los más indulgentes la compasión por desperdiciar su potencial  interno y estar perdido en un frágil mundo que sólo responde  a ese  egoísmo personal que hace de su Dios el dinero y la apariencia social.

Sino somos capaces que nuestros nobles ideales gobiernen nuestras acciones, lo único que lograremos es que los demás no nos valoren como personas, tan sólo, a lo sumo, obtener el temor reverencial de aquellos subordinados a su tiranía.

 Una fuerza incontenida lo único que puede causar es la destrucción, sólo la fuerza interna bien encauzada construye y hará que nuestra construcción brille y sea admirada por los demás, como admiramos las pirámides y las bellas catedrales construidas por expertas manos en tallar la piedra.

La razón y la justicia deben convertirse en las madres de nuestros actos. La razón como la habilidad en virtud de la cual el ser humano no sólo logra reconocer conceptos, sino también cuestionarlos, y que hace que nos diferenciemos de otras especies animales, dependiendo esta razón de  nuestra sabiduría que, no es otra cosa que el conjunto de conocimientos amplios y profundos que se adquieren mediante el estudio o la experiencia, conduciéndonos a ser sensatos y prudentes, pero, sobre todo, a acertar, o al menos, que nuestros juicios sean tenidos en cuenta por los demás. Y la justicia como norma de convivencia que limite aquellas acciones indignas. Si no respetamos el hecho de nuestra existencia como personas individuales, entonces crearemos desorden en el mundo humano.

El ser humano debe ser bueno, no en un sentido religioso, ni porque haya un Ser Supremo que nos castigue el día del Juicio Final, lo cual dependerá de las creencias de cada persona, sino porque la bondad es el único camino que hace al ser humano grande y digno, mereciendo el respeto de los demás, pero más aún el respeto a uno mismo porque no dejamos de ser parte de una construcción infinita y perfecta que es el universo.

Sólo una persona que se tiene respeto a si misma podrá infundir respeto en los demás, por eso no nos deben disturbar quienes guiados por el egoísmo parecen tener más suerte en la vida, porque la suerte que han alcanzado, si se puede llamar así no es más que un edificio hueco construido sobre arenas movedizas.

Si anhelamos cambiar el mundo lo podemos hacer, empezando por cambiar nosotros mismos.

La noche del olvido

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Viernes, 26 de julio de 2019

Se hace de noche y las sombras se acumulan en mi cabeza, recuerdos que no quisiera recordar, penumbras que no me dejan ver. Me arrepiento de no haberte dado lo que tú me diste, me siento culpable de tu destierro y hasta de tu enfermedad porque no supe escucharte cuando aún tu cuerpo estaba en sintonía con tu mente. 

Hoy no has levantado la cabeza, caída sobre la mesa, no se si no me querías ver o es que no me veías. Tu cuerpo cansado se revela, quiere levantarse de esa silla en la que estás postrado, preso de esa enfermedad de la que no puedo aliviarte.

Sí, soy culpable de tu retiro forzoso, y tal vez de tu falta de memoria, quizá para olvidar aquel día que te dejé allí.

 Pasan los días… Cinco años desde que empezaste a perderte en ese mundo vacío, años en los que no he podido sentirte como antes te sentía, en los que ya no estás conmigo. 

Ahora siento el cansancio de la vida. Cansado de no poder hacer nada.

Oigo tu lamento y veo tus lagrimas buscando camino entre los surcos de tu cara. ¿Por qué sufres si tus recuerdos ya no existen?.

Padre perdóname, si es que aún me puedes perdonar.

No puedo contener mi llanto, pero quiero que el tuyo cese.

Mañana… tal vez

♦ Director-Editor de plazabierta.com

 

Lunes, 22 de julio de 2019

¿Qué nos pasa?. El mundo llora, y nosotros también. Vivimos sin vivir, amamos sin amar. Todo se ciñe a nuestra efímera existencia por muchos años que nos precedan. Estamos en un tránsito envueltos en un cuerpo que finalmente se pudrirán.

Descansando © ÁngelaZ

Nos empeñamos en dirigir la vida de los demás habiendo perdido el rumbo de la nuestra. Nos subimos en cajones fabricados con sueños para hacer más sombra a los demás, presumiendo de nuestros logros encaramados en la cima de una montaña de miserias.

Nuestra soberbia espiritual nos hace creernos mejores que los demás, incluso mejores que nosotros mismos. Es la continua esquizofrenia de nuestra personalidad. De nuestra existencia. 

Blanco y negro. Existencias basadas en estereotipos. Todo está encasillado, clasificado, pero mi corazón se resiste a vivir dentro de ese compartimento transparente que te deja ver la vida pero no tocarla. 

No me digas lo que tengo que hacer, porque ahora no quiero hacer nada. No me juzgues porque yo no te juzgo, aunque me lo merezca, aunque te lo merezcas… Porque debes darme la oportunidad de reconocer que me he vuelto a equivocar, y aprender. Como yo te la doy a ti.

Me canso de mi mismo, de mis lamentos, de mis frustraciones, de la monotonía de una vida que te obliga un día y otro a caer en los mismos errores. Quiero salir de esa cárcel, de esa celda que yo solo me he construido. Carcelero y preso a la vez de mis propios pecados, de mis propios delitos. Enemigo de mi mismo.

Me arrastro sobre el asfalto pegajoso y caliente de una tarde infernal, por las calles vacías de la ciudad de los espíritus abandonados. Espíritus de personas que, como yo, vagan de un lugar para otro buscando su propia existencia, donde el sol no pude verse, pero si sentirse.

 Llega la noche y sigo deambulando buscando un lugar en el que descansar y olvidarme de mis pesadillas. No puedo más y me dejo caer al suelo entre dos contenedores, acompañado de media docena de gatos que buscan comida entre la basura.

Quizá mañana, llegue al parque y pueda dormir en uno de aquellos bancos junto a la fuente.

El juicio final

♦ Director-Editor de plazabierta.com

5 de julio de 2019

Nadie da la voz de alarma ante lo que estamos a punto de convertirnos.  No se trata de derrotismo,  sino de la inminente destrucción del ser humano por el propio ser humano. 

Y no sólo me refiero a la constante degradación de lo biológico que,  a pesar de los avances de la medicina y de la ciencia en general,  por nuestra inconsciencia y falta de responsabilidad cada día mayor con nuestro planeta estamos convirtiendo nuestro hábitat y el de la fauna en general, en un estercolero,  con el consiguiente riesgo cada vez  mayor para nuestra salud. Pero, nuestra supina idiotez cuando más se hace evidente es cuando nos relacionamos con nuestros congéneres  yendo nuestra actitud destructora más allá de nuestra materia, me refiero a la destrucción del espíritu, del alma, de aquello que todos tenemos dentro y que nos hace ser mejores personas.

El corazón del ser humano es cada vez más impermeable a los sentimientos, se va volviendo tan negro y duro como el carbón con el paso del tiempo, aquellos sedimentos que almacenamos con nuestra experiencia van solidificándose y, en vez de utilizarlos como experiencia formando parte de nuestro aprendizaje, los transformamos en arma arrojadiza contra quienes nos acompañan en este camino de la vida. Los convertimos en frustraciones haciendo responsable al resto de mortales, creando una coraza a nuestro alrededor para evitar que los demás nos vuelvan a hacer daño, lo que nos hace cada vez empatizar menos con sus problemas y necesidades.

Está bien que las experiencias negativas nos hagan ser precavidos, pero de ahí a la desconfianza y al odio hay un paso importante. De todo se aprende, de lo bueno y de lo malo, pero para que tales experiencias no nos hagan sufrir debemos catalizarlas en nuestro interior, provocando una proceso de aprendizaje, adquiriendo consciencia que nuestra vida, como la de todos, al igual que el tablero del ajedrez está formada por cuadros negros y blancos sobre los que inexorablemente debemos pisar para afrontar cada una de las partidas que se nos presentan en el juego de la vida.

Cuando el rencor se apodera de nosotros, sin darnos cuenta estamos sobrepasando la barrera del mal, nos hace ser desconfiados y vengativos, sumiéndonos en un mundo de tinieblas que poco a poco nos lleva a la oscuridad más absoluta, hundiéndonos cada vez más en ese pozo de fango del que nos resultará imposible salir, provocando nuestra propia destrucción y la de los demás, con confrontaciones absurdas, confundiendo dignidad con soberbia.

Hace unos días observaba a dos amigos discutir y aprendí que es cierto eso que se dice que “no hace daño quien quiere sino quien puede”. Los dos acumulaban experiencias negativas de la relación entre ambos, pero mientras uno usó el camino del reproche el otro aprovechó pare reconocer sus errores y pedir perdón, perdón que no fue logrado ante el resentimiento de quien quería utilizar el momento como venganza. Quien no lo otorgó continuó con su frustración, mientras que el otro quedó liberado de sus cargas emocionales. Indudablemente de esa pretendida contienda salió vencedor quien no penetró en lado oscuro de la vida. 

En definitiva, se trata de evitar que nuestros sentimientos negativos nos destruyan y sólo hay un camino para conseguirlo, ser cada día mejores o al menos pretenderlo, y para ello solamente tendremos que hacer un esfuerzo, primero de autocrítica y después de comprensión hacia los demás, porque, comprenderlo todo, como dijo Lev Tólstoi, es perdonarlo todo. Aunque realmente no se trata de perdón, se trata en transformar nuestro corazón en algo tan bello como el diamante, más duro que el carbón pero que transforma el rayo de luz que a través de él penetra en un haz de colores maravillosos que nos hará más felices.

Sálvame y sus alcahuetas

Hace unos días, sorprendentemente, al encender la televisión oí a una afamada presentadora, directora, colaboradora de Televisión y periodista, Elisa Carlota Corredera Llauger -Carlota Corredera para el gran público-, conocida por haber presentado varios programas de la Fábrica de la Tele, en la actualidad co-presentadora del afamado programa de Tele 5, Sálvame, donde no se le ocurrido otra cosa que disparar con la verborrea que la caracteriza como si de una ametralladora se tratase contra todos los medios digitales denominándolos basura, porque según ella solemos hacer uso de la información simplemente porque alguien la puso en marcha, sin contrastar. 

Desde luego que un periodista, titulado o no,  que no contraste la información, y la ponga en marcha sin ningún reparo está muy alejado de lo que es realmente el periodismo, el cual consiste en la recogida, elaboración y difusión de información actual o de interés para transmitirla al público a través de la prensa, tanto escrita como digital, radio y televisión; información que por necesidad para limpiar las cloacas del periodismo debe ser veraz y, para ello, la única forma es cotejarla, pues de otra manera se están convirtiendo en farsantes o porteras quienes no actúan así, con perdón de esta digna, servicial y exigua profesión.

Pero, de ahí, y menos una persona que se dedica al periodismo como la referida presentadora, meter en el mismo saco a todo los digitales es, cuanto menos, una imprudencia, además de una actitud prepotente, y más cuando tal afirmación se hace en un programa que, aunque de máxima audiencia como es Sálvame, deja mucho que desear por la catadura moral de quienes en el intervienen poniendo al límite a los personajes que forman parte de ese mundo cuyos protagonistas, la mayoría de las veces, el único mérito que tienen es haber aparecido en algún reality, comportándose como macarras, o hablar de sus intimidades o las de otros.

No debemos tolerar que cada día abunden más las fakes news con el único propósito de conseguir más seguidores o audiencia para el informativo para que trabajan esos paraperiodistas, incluso algunos likes en las redes sociales, siendo por ello necesario que quienes luchamos por una información libre y veraz, sin ningún tipo de ataduras, incluso quienes son sus destinatarios, denunciemos esta práctica cada día es más extendida, no solamente en los digitales sino también en programas televisivos como el indicado, amen de otros programas de radio. Aunque dejarlos de seguir sería la muestra más responsable si queremos combatir la desinformación de la que muchas veces somos sufridores, incluso sin darnos cuenta.

Bien es cierto, que hay personas que disfrutan viendo despedazar en la plaza pública a quienes son objeto de este tipo de prensa que cada día amarillea más, incluso participando del apaleamiento del populacho en sus comentarios con afirmación tales como “se lo tiene bien merecido”.

También es cierto que la tele y otros medios dedicados a la información están para entretener y divertir, aunque hay que ser de mala prosapia como para divertirse con los “chismes”, cotilleos, y juicios sumarísimos que los “profesionales” que en ellos participan están acostumbrados a hacer. Pero, inevitablemente de todo hay y tiene que haber en la viña del Señor.

Valga lo que aquí se denuncia para que tan afamada presentadora hiciese una rectificación pública sobre lo dicho, aparte de hacer examen de conciencia y autocrítica de vez en cuando, porque para reprochar a alguien una conducta lo primero que hay que hacer es no comportarse como quienes son objeto de su critica, dando, aunque sea de vez en cuando, un poco de ejemplo con su buen hacer.

La información cuando no es libre es una farsa, y está claro que estos medios mal olientes no son otra cosa que la voz de su amo, quienes lo financian y obtienen las ingentes fortunas a base de manipular al público con su desinformación. Así que, amiga Corredera, menos demagogia y más profesionalidad.

Las cosas son lo que son

♦ Director-Editor de plazabierta.com

19 de junio de 2019

Muchas veces nos resistimos a como suceden las cosas, sobre todo cuando los acontecimientos van en contra a lo que deseamos, constituyendo esta resistencia una de las causa más importantes de nuestro sufrimiento. 

Las cosas son lo que son y, sino las podemos cambiar, lo mejor es relajarnos, no luchar contra la corriente. Siempre debemos ver las cosas con determinada perspectiva, asumiendo que el cambio que pretendemos muchas veces no depende sólo de nosotros sino que deben darse las circunstancias favorables para alcanzar nuestro fin, sino lo hacemos así, nuestro esfuerzo nos destruirá e incluso puede destruir el proyecto por el que luchamos y, lo que es peor, podrá minar la realidad que queremos cambiar, creando un sufrimiento innecesario en los que nos acompañan en este camino de la vida.

Asimismo, debemos ser conscientes que nuestra verdad no es la verdad absoluta, cada individuo tiene su propia verdad, y la suma de todas estas verdades son las que hacen que las cosas sucedan como suceden. Sino destruiremos en vez de construir.

Construir creando destrucción a lo único que nos conduce es a edificar sobre ruinas, arriesgándonos a que se colapse lo que hemos querido hacer a nuestra imagen y semejanza. Somos parte del cosmos y el cosmos como infinito no puede ser limitado por lo finito de nuestras actitudes. El cosmos es un todo que debe respetarse en su expansión.

Si sentimos que tenemos un problema, es que tenemos un problema, por eso verlo con perspectiva nos ayudará a que lo que hoy nos parece difícil mañana no puede serlo. Nuestra felicidad dependerá de que enfoquemos los problemas como un reto, como una oportunidad de aprendizaje. Debemos ser conscientes que de los problemas siempre se aprende. Verlo de otra manera hará que la dificultad ser convierta en otro problema.

Es cierto que el cambio empieza en nosotros mismos y que puede servir para motivar a  los demás a un cambio más favorable, provocando un efecto espejo de nuestras propias actitudes, pero sin empecinarnos a que los demás cambien de la misma manera que nosotros lo hacemos. Debemos respetar el mundo interior de quienes nos rodean, asumiendo que su cambio no tiene porque ser igual que el nuestro. Cada uno tenemos nuestras vivencias y nuestro aprendizaje y no respetarlo estaríamos poniendo barreras al universo.

Debemos abandonar la idea de que las cosas cambiarán cuando las circunstancias cambien, cuando en realidad las circunstancias cambiarán cuando nosotros cambiemos, cuando el cambio opere en nuestro interior. Si en un puzle las piezas no encajan dejará de ser un puzle, operando el caos, por eso tenemos que esforzarnos a que la pieza que somos encaje con la de los demás, no estamos solos, por eso nuestros proyectos alcanzarán el éxito cuando respetemos el orden que permite que todo encaje. 

Erigirnos en el arquitecto del universo cuando en realidad somos unos simples operarios, avocará al fracaso nuestro pretendido proyecto de cambio. No debemos confundir la libertad de pensamiento con el libertarismo, porque pensando que nuestra libertad está por encima de la de los demás está sometiendo al resto a un totalitarismo destructivo.

Los farfulleros de la política (2ª parte)

♦ Director-Editor de plazabierta.com

8 de junio de 2019

 

Como les comentaba anteriormente no estoy dispuesto a perder más el tiempo para hablar de política cuando mi interlocutor es una especie de primate que repite acciones que otro honímido jefe del clan les ha enseñado, pero además subyugados a unas pseudoideologías de  saldo que no las compra ni el Tato, por cierto ¿quién es este señor que tanto se nombra…?

Esos jefes de los distintos clanes son los que realmente me interesan y, para no herir susceptibilidades, no me voy a referir particularmente a ninguno de ellos porque para casi todos son predicables muchas actitudes que hace que la política y quienes la ejercen tengan tan poco valor frente a quienes nos quitamos las orejeras ante la manipulación política ampliando nuestro campo de visión más allá de donde quienes ejercen el poder no quieren que lleguemos.

Me imagino a esos vividores de la política en sus despachos discutiendo como vender al pueblo una determinada estrategia, primero a los suyos y luego al pueblo que dicen representar… ¡¡ y un carajo !!. Me los imagino urdiendo en sus cerebros hedonistas todo tipo de triquiñuelas para vender su ideología de tres al cuarto, de la que se desprenden cuando les interesa, y lo dicho antes no importa, a ellos se les permite todo, hasta que mientan.

No, no me gusta ningún partido, absolutamente ninguno, aún así sigo pensando que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos e introduzco mi voto en la sagrada urna que representa el poder del pueblo a favor de quien más logra convencerme en eso que llaman campaña electoral, donde prometen de todo y, al final, se repite la película una y otra vez, como muy pocas variantes sobre todo en lo que se refiere al bienestar de los ciudadanos que es lo que realmente les debería importar y para lo que están ahí. Y voto porque ello me dará más fuerza para defenderme frente a los que al final no son más que unos defraudadores de la buena voluntad del un pueblo que ha confiado en ellos y que continuamente siguen defraudando legislatura tras legislatura.

Resulta evidente que las elecciones las deciden los indecisos, entre los cuales me incluyo, pues soy consciente de ese resultado que una y otra vez se repite, como en una moviola, primero con los unos y después con los otros. Por eso los indecisos tenemos que votar porque somos los únicos capaces de dar nuestro voto a quien sin perjuicios ideológicos polarizados hemos confiado para alcanzar un bienestar social que deseamos, en mi caso siempre a la izquierda, aunque de izquierdas y socialistas ya les queda muy poco, a los partidos como tales y a las personas que los integran, que venden un socialismo y otros hasta un marxismo de 1º de Bachillerato, que adaptan a sus vidas según les interesa. Y no se trata de poseer o de llevar una determinada calidad de vida, allá cada cual con el dinero que gana, no voy a decir honradamente, porque en la política la honradez escasea; se trata que no podemos comprometer nuestra palabra para vender una ideología con actitudes que van en contra de lo dicho. También predicable para los que están enfrente, para los de la derecha.

He votado y ya me siento decepcionado por los que voté y, del resto otro tanto, con pactos que desnaturalizan los resultados electorales, y que comprometen, incluso, lo prometido en campaña. Podría poner ejemplos de una y otra parte, pero no lo voy a hacer, allá cada uno con su memoria histórica, aunque sea manipulada. 

Eso es política con minúsculas, por tanto, quienes defiendan esas actitudes por su ceguera política no me interesan y no tengo nada de que hablar con ellos, hasta que no empiecen haciendo autocrítica, hasta entonces no son más que unos farfulleros de la política, que la toleran y la defienden convirtiéndose en cómplices de tanto desatino político.

Los farfulleros de la política (1ª parte)

♦ Director-Editor de plazabierta.com

1 de junio de 2019

Es una pena, además de una perdida de tiempo hablar de política con algunas personas. Todos somos conscientes que es un tema que levanta ampollas a ciertos individuos e individuas cuando no estás en la misma línea, convirtiéndose finalmente en un tema de agría discusión cuyo único fin es la defensa a ultranza de los “nuestros” masacrando al contrario. Y, es que, en este país nunca se habla de política con mayúsculas, es decir, dentro de un debate sosegado y objetivo, donde se pongan sobre la mesa los verdaderos problemas que afectan a los ciudadanos y las posibles soluciones y, aquí sí entraría, inevitablemente, el posicionamiento ideológico de cada uno para defender o condenar políticas según sus resultados.

Cuando se habla de política, con mayúsculas, significa estar por encima de ciertos comportamientos de desprecio a quien no piensa lo mismo, debiendo ser el objeto del debate la idea o posicionamiento ideológico y nunca el ataque a la persona que la defiende, siendo éste un comportamiento falaz al que una gran parte de los ciudadanos están acostumbrados siguiendo el ejemplo de los propios políticos cuyos debates suelen estar  cargados por descalificaciones personales al oponente.

Quienes recurren a estos tipos de debate, no son más que voceros de los partidos a los que mal defienden, personas con una merma intelectual considerable, además de unos mal educados o mal educadas que no son capaces de respetar a su interlocutor, solamente porque ven en él un enemigo ideológico, aspecto que, además,  les convierte en intolerantes a cualquier opinión, incluso cuando está pueda ser compatible o complementaria con la posición que defienden.

Quienes hacen de un debate político una causa personal demuestran que no son más que seres alineados, incapaces de pensar con objetividad, motivo por el cual no merecen ni la atención que les prestamos ni el tiempo que les dedicamos, dado que, de lo contrario, terminaremos actuando igual que ellos llevados por nuestro amor propio, avocándonos a discusiones viscerales donde la razón brilla por su ausencia.

Asimismo, hablar de política con mayúsculas significa ser capaz de hacer autocrítica, dado que, sólo así conseguiremos mejorar lo que defendemos, con la consciencia que nadie está en posición de una verdad absoluta, además de no pensar que tenemos enfrente a un enemigo, sino simplemente una persona que no piensa lo mismo y que merece el mismo respeto que exigimos para cada uno de nosotros.

Ninguna política es perfecta, como ningún partido político lo es, siendo por ello que el debate debe estar enfocado desde el libre pensamiento y no desde el fanatismo ideológico, si es que se puede hablar de ideologías cuando nos movemos en esa política de alineamiento partidista que desemboca en posiciones totalitarias.

En definitiva, hablar de política con mayúsculas es buscar posiciones de encuentro dentro de un amplio espectro político que beneficien a los ciudadanos, que hagan de nuestro país un país mejor, más prospero y más libre. Pero, para poder llegar a esto tendríamos que alcanzar una madurez democrática de la que desgraciadamente carece la sociedad española que sigue viendo al contrario como enemigo, dividiendo el país entre rojos y azules, entre explotados y explotadores, entre buenos y malos, sin ver que siempre hay posiciones intermedias, gamas de colores entre el rojo y el azul que son las que debemos poner en debate.

Así que, quien quiera hablar de política conmigo deberá ser de política con mayúsculas y no en un intercambio de ataques guiados por un fanatismo político rancio, sino es así que no cuenten conmigo porque estoy harto de perder el tiempo con enanos ideológicos y farfulleros de la política, sobre todo cuando el nivel de nuestros políticos no alcanza ni siquiera un aprobado, pero ese es otro tema del que ya hablaremos.

La satisfacción de ser mejores

Feliciano Morales ♦ Director-Editor de Plazabierta.com

23 de mayo de 2019

Hay una canción de Joaquín Sabida que dice: “igual que una co… te digo la o”… “como te digo una cosa te digo la otra”, y así es, pues de sobra es conocido por quienes me leen de mi sentimiento misántropo en ocasiones, sobre todo cuando pretendes analizar como el devenir de los acontecimientos nos están llevando a un mundo deshumanizado. Sin embargo, sería de necios o de ególatras el pensar que en este mundo no hay gente buena, personas preocupadas por el mundo que les rodea, personas responsables, personas cuyas virtudes no aparentes, sino reales, nos enseñan o dan ejemplo en el día a día con su conducta de cuál ser nuestra forma de actuar con respecto a nuestros congéneres para hacer de ese mundo un mundo mejor.

La cuestión parece simple: “trata a los demás como te gustaría que tratasen a ti”, sin embargo, no es así, pues es inevitable que en las relaciones humanas surjan roces y con esos roces ciertas actitudes no toleradas en nuestros semejantes, a veces por soberbia, otras por envidia, y la mayoría de las veces, ni se sabe cual es el motivo para tener tantos frentes abiertos. Es evidente que la complejidad del ser humano es fruto de su sistema emocional y racional, estando la solución como en la mayoría de las cosas en el equilibrio entre ambos.

Una persona puramente racional, no sería más que una máquina, un ente frio, calculador, habida cuenta que la razón no es más que la relación entre ideas o conceptos con el fin de  obtener conclusiones o formar juicios. Las emociones son necesarias, puesto que muchas de nuestras actuaciones son fruto de nuestro sentimiento, así, por ejemplo, el socorrer a nuestros semejantes es fruto fundamentalmente del sentimiento de la compasión. Pero, además, este juego entre la razón y el sentimiento no se puede sustraer de los estereotipos sociales cuando se habla de relaciones humanas, es decir, de creencias generales relacionadas con un grupo o una clase de personas concretas, muchas veces de manera preconcebida y sin fundamentos teóricos, lo que aún hacen más compleja, si caben, las citadas relaciones.

Por consiguiente, hacer a los demás lo que nos gustaría que nos hiciesen a nosotros está muy bien, como la mejor manera de conseguir armonía en las relaciones tanto a nivel individual como social con otras de personas, sin embargo la complejidad de nuestro sistema de pensar, actuar y sentir, hace que perdamos el Norte, entrando en un mundo de confrontaciones absurdo, a no ser que, lo que se pretenda es quedar por encima de los demás.

La confrontación debe existir, entendida ésta como un cotejo de una opinión con otra, sin elementos violentos o de imposición de ideas, sino a través de la dialéctica como técnica de dialogar y discutir para descubrir la verdad, en la que, inevitablemente, es necesario la exposición y confrontación de razonamientos y argumentaciones contrarios entre sí, pero nunca con el ánimo de desplazar a la persona, sino al argumento.

En definitiva, se trata únicamente de ser honestos con nosotros mismos y con los demás, como sinónimo de decente, decoroso, recatado, razonable, justo, probo, recto u honrado según detalla el diccionario de la Real Academia Española; porque no nos quepa la menor duda que solamente de esto se trata, así estaremos más cerca de conseguir nuestra felicidad y la de los demás. Pero, hay de llevarlo a cabo, incluso cuando los demás no se lo merezcan, porque así sólo él quedará evidenciado.

Claro que el mundo puede cambiar, aunque sólo sea nuestro pequeño mundo. Es difícil, pero no imposible, además la satisfacción que nos reportará merece la pena, aunque nada más sea para dormir a gusto todas las noches.

Embaucadores





17/mayo/2019
Feliciano Morales. Director-Editor Plazabierta.com

Muchas personas cuando hablan encandilan, dicen palabras bonitas, pero sólo son eso: palabras.  Podríamos decir que en estas personas “del dicho al hecho hay mucho trecho” tal y como reza en nuestro rico refranero, sólo buscan quedar bien, pero sin adoptar compromiso alguno o lo que es peor, dicen una cosa y hacen otra.

En ellas el “buenismo” no existe, no son hacedores del bien, son predicadores y repetidores de frases hechas, de consejos que ellos mismos son incapaces de poner en práctica, aduladores que buscan embaucar a quienes le rodean, el reconocimiento social a su aparente bonhomía.

Esta forma de actuar no es más que una manifestación perversa de su cinismo.  Un cinismo adornado con joyas verbales. Se esconden detrás de una falsa apariencia, bajo el manto del buenismo, haciendo un marketing social de si mismo y de sus ideas atizando luego en la penumbra a quien no piensa o actúa como él. Hacen en público concesiones generosas para evitar conflictos, tanto a nivel personal como social, en un intento hipócrita de apaciguamiento.

Buenista viene de bueno, como dice la RAE es una actitud de quien, ante los conflictos, rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con extrema tolerancia, siendo esta la imagen que tratan de dar aquellos farsantes con piel de cordero. En público dicen una cosa y en privado hacen otra, incluso en determinados ámbitos actúan de manera diferente según el foro en el que se encuentren. En definitiva,  no dan la auténtica cara, van de apaciguadores cuando luego son ellos los que crean los conflictos o echan leña al fuego para que no se apague.

Hacen una caridad de reconocimiento social, sólo para que los demás les ensalcen. Perdonan en público agravios recibidos pero guardan el rencor en su interior, no son capaces del olvidar, estando al acecho de quien le agravió, para en pequeños comités destruirle. No van de cara.

Se olvidan de que los problemas se pueden solucionar a través del dialogo, la solidaridad y la tolerancia, siendo éstas, a tal caso, apariencias iniciales dentro de un mero postureo.

Viven socialmente en una constante actitud artificiosa e impostada que adoptan por conveniencia o simplemente para presumir, en busca de una “posverdad” que no es más que una distorsión deliberada de la realidad, siendo capaz de manipular creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública.

No son más que embaucadores a través de una falsa representación de virtudes de las que carecen. Son un fraude social en busca de un populismo sonriente.

Están lejos de ser libre-pensadores porque buscan solución a los problemas con términos acuñados en vez de con argumentos y análisis de los argumentos contrarios. Están lejos de ser buenas personas, aunque lo parezcan.

Cuidado con ellos.

Los resultados electorales. Más de lo mismo

Feliciano Morales. Director-Editor de PLAZABIERTA.COM

Hablar de humildad en política sería una buena señal democrática, pero no, es algo imposible que los políticos reconozcan que la perdida de escaños en el Congreso de los Diputados es por errores propios, de modo contrario a cuando se alzan con la victoria que en la mayoría de la veces no se debe tanto a sus aciertos como a la incapacidad del contrario de hacer una buena gestión.

La disposición de los políticos a hablar mal del contrario es la tónica habitual para la atracción de votos, al igual que hacer promesas que raramente se cumplen y, si lo hacen, es dentro de esas políticas populistas que como viene siendo habitual es “pan para hoy y hambre para mañana”.

Al final, resulta que todos los hacen bien pero la situación siempre sigue siendo la misma, sólo pequeñas variaciones que para nada mejoran globalmente el sistema. El paro sube y baja dentro de una pequeña horquilla que para nada denota que la situación es distinta a la que dejaron los predecesores, quienes siempre son los culpables de la herencia recibida. Lo mismo podríamos decir de la economía,  la vivienda, las ayudas sociales, la política territorial y el resto de materias que conforman la vida de nuestro país. 

En definitiva, pasamos de un estado de euforia cuando salen elegidos aquellos que hemos votado a un estado de desánimo y decepción, cuando vemos pasar los días, los meses y los años y, al final de la legislatura, todo sigue igual, sin oportunidades, sobre todo para los sujetos más débiles o peor tratados por el sistema. Y, de nuevo, vendrán otras elecciones y los ciudadanos nos volvemos a posicionar creyendo que los nuestros lo harán de forma diferente. Así se repite una rutina cada cuatro años, volviendo a entrar en la dinámica del insulto y el descrédito del contrario.

Ahora que todo esta reciente, nada más tenemos que echar la vista para atrás unos cuantos días para calificar de vergüenza la campaña electoral que ha precedido a estas recientes elecciones que hemos visto simplificada en los dos debates electorales televisados, donde constantemente las pullas entre los contrincantes ha sido la tónica habitual, salvo una pequeña diferencia marcada por Unidas Podemos verbalizando su líder que el acoso y derribo del contrincante no es la solución. Pequeña, porque aunque eso fue lo que oímos en el debate, sin embargo, su campaña al igual que la del resto ha seguido la misma línea de no reconocer los errores propios que ha dado como resultado su perdida significativa de votos y, consecuentemente, de escaños en el Congreso. Pero ellas o ellos no tienen la culpa.

Es cierto que se ha producido un incremento de la participación en estos comicios electorales, posiblemente por el miedo que han infundido todos los partidos en los ciudadanos, unos con la amenaza de que vienen los rojos y, los contrarios, que vienen los fachas, augurando cada uno de ellos dentro de su posición el caos del sistema si votaban al contrario, polarizando la campaña en dos aspectos como si en ellos viniese enmarcados el futuro de nuestro país, cuales son, el problema catalán y el de los inmigrantes.

Desde luego que son dos problemas importantes a los que hay que buscar solución, la cual solamente podrá ser encontrada en el respeto a los derechos humanos, pero no son los únicos ni tampoco los más importantes, sin embargo, ha sido la principal amenaza por parte de la derecha para espolear a sus votantes y atraer a aquellos indecisos con un sentimiento patrio que no responde a la exigencias de un Estado moderno integrado en instituciones supranacionales, donde debe haber una cesión de soberanía para el control y regulación de los excesos habituales de los Estados que repercuten en el bienestar general. La izquierda, sin embargo, aunque sus políticas sociales van encaminadas a favorecer a lo más débiles, al final se traduce de políticas desestructuradas en cuanto que no benefician al interés general. 

En definitiva, se tratan de políticas antagonistas, cuya confrontación traen como único resultado cambios puntuales sin vocación de permanencia, posiblemente porque no tienen ninguna intención integradora de aquellos aspectos o propuestas del contrincante que pueden beneficiar a todos, ricos y pobres. Estamos, sin duda, ante una lucha obsoleta de clases que no beneficia a nadie y, si lo hacen, casi siempre el que gana es el mismo, que no es otro que el que tiene la sartén por el mango y el mango también, es decir, los que tienen el poder del dinero en su mano.

Así nos movemos, entre políticos sin pizca de humildad y entre políticas partidistas que solo buscan la rentabilidad política de los votos y, por lo tanto, con una temporalidad de cuatro años que dura cada legislatura. Políticas partidistas en las que a duras penas se busca, si quiera, una estabilidad temporal, cuanto menos una estabilidad a medio y largo plazo que haga de nuestro país un país más rico y, por consiguiente, más apto para dar soluciones, primero para acabar con las desigualdades sociales y, después, para poder competir en un duro mercado internacional.

Es decir, lo que debería traducirse en políticas integradoras entre los diferentes partidos, al final se traduce en una confrontación continua, en la que cada uno de los partidos políticos se postulan para mejorar una situación que ellos mismos han provocado, pero ninguno para cambiar el sistema, entre otras cosas, porque el cambio no se hace desde la confrontación, sino desde la integración, donde los problemas de Estado deben ser resueltos con pactos de Estado, con políticas de unión y no de separación, pero para esto hace falta esa humildad de la que carecen nuestros políticos y menos aún sus seguidores y votantes que hacen de cada uno de los comicios electorales una causa personal que, la mayoría de las veces, no va más allá de que “ganen los míos” aunque sean los peores.

El pluralismo político debe existir, es más, es bueno que exista, pero desde políticas integradoras, pero para esto falta un largo camino por recorrer, una madurez democrática de la que carecemos y que a los propios partidos no interesa fomentar no siendo que nos demos cuenta del tinglado que tienen montado.

Adenda. ¿Quién es Dios?

Feliciano Morales. Director-Editor de MAGAZINE PLAZABIERTA.COM

Sin la existencia no hay vida. No puede haber existencia donde no hay nada. Es decir, la nada es lo que hay antes y después de la existencia. Si nada existe es porque ha existido la existencia.

Consecuentemente, la nada es a la existencia lo que la existencia es a la nada. Dos estados diferentes. Imaginemos la constante expansión del universo, allí donde antes existía la nada ahora hay existencia.

El cuerpo se corrompe después de la muerte hasta concluir en cenizas que pasarán a formar parte de los nutrientes del suelo, todo es un ciclo que no termina.

Como dijo el químico, biólogo y economista francés, Antoine-Laurent Lavoisier: “La energía ni se crea ni se destruye sólo se transforma”, entonces se nos plantea la cuestión ¿a dónde va nuestra energía cuando desaparece la vida?.

Vaya a la tierra que se beneficia de nuestra materia o al cosmos, ambos forman parte de un todo infinito.

A Dios se le define como a un todo, alfa y omega, principio y fin, antes del principio no existía nada, porque el principio es el inicio de algo, y sin inicio no puede existir la nada.

El inicio ¿es energía o es materia?. El origen del Universo es el instante en que surgió toda la materia y la energía que existe actualmente. Materia y energía es el origen del todo. La existencia. 

Si Dios es todo, Él es materia y energía.

Si el universo está en constante expansión, es porque sigue existiendo esa materia y esa energía, con lo cual Dios existe, pudiendo afirmar que es el principio y el fin. El todo y la nada. Insisto, un Dios sin cara, sin dogmas, sin religión, sin diferencias…, el Arquitecto Superior del Universo.

¿Quién es Dios?

Notre Dame sobrevive

Feliciano Morales. Director-Editor de MAGAZINE PLAZABIERTA.COM 

Un día me enseño un buen y querido maestro en un magnífico taller, que todas las piedras que hay en una catedral tienen importancia, desde los cantos rodados que forman la argamasa que une sus piedras, hasta las piedras más maravillosas colocadas en su frontal, desde las piedras que soportan los cimientos que nadie ve, hasta las más labradas por la manos de expertos canteros y talladores.

Esta magistral lección que nunca olvidaré me ha venido a la cabeza el pasado lunes, cuando el sol empezaba a ponerse por occidente, la llamas de un incendio, al parecer accidental, empezaban a extenderse por el tejado de una de las más icónicas Catedrales de nuestra Planeta, Notre Dame, de París, que de la misma manera que Qusiamodo la hubiese protegido con sus enormes brazos, abrazaban la bella torre aguja hasta que sucumbió al calor que derritió el plomo de su estructura, provocando un vuelco en el corazón de todos los que contemplábamos encogidos las imágenes retransmitidas por los medios. 

Considerando, en primer lugar, que nada es espontaneo, sino que todo tiene un origen, que la línea de investigación se haya centrado en una causa accidental, no colma las expectativas de muchos que creemos que puede tener su origen en una negligencia profesional, aspecto difícil de esclarecer si tenemos en cuenta que fuego ha eliminado cualquier prueba existente. 

Pero, volviendo al inicio, la desgracia acaecida ha evidenciado un aspecto muy importante de estas construcciones magnas, como es la firmeza de su edificación, la ciencia y maestría de quienes dirigían los trabajos, la constancia de quienes golpe a golpe de mallete y cincel en mano, consiguieron que las piedras encajaran unas sobre otras hasta conseguir que la construcción se elevase hacia el cielo con la belleza que tiene. Maestros y aprendices con un solo empeño erigir una construcción dedica a la gloria y a la grandeza de Dios. Una obra casi perfecta salida de las manos del hombre.

No importará para algunos el fin de las catedrales, pero sí, excepto para los que estén ciegos o no quieran, o peor aún, no deseen ver la belleza de su arte, el tesoro que representa y que alberga en su interior.

Pero, hay un tesoro mayor que el que evidencia tan magnífica joya, en este caso, la Catedral de Notre Dame, a la que vemos mal herida, pero todavía con la firmeza de una digna construcción que le dice al mundo, aquí sigo porque magnificas personas me construyeron, como otras, igualmente magníficas, me cuidaron, que me protegieron en las revoluciones; pero también, porque todavía necesito cobijar entre mis muros a esas gentes que buscan la paz, como aquellas que gozan de mis arcos, de mis rosetones, de mis capiteles, de las cruces, cálices, custodias, órganos… que quienes me construyeron crearon pensando en mejorar el mundo.

 Notre Dame está herida, como lo están los corazones de los franceses, pero también de muchos de los seres humanos de este planeta, porque cuando la belleza trasciende a lo puramente material, cuando la belleza alcanza cotas tan altas de magnificencia en su construcción y en el destino de su existencia, el daño que sufre repercute en quienes consideramos que forman del Patrimonio de la Humanidad.

Puesto que estamos en Francia, de las tres palabras que representan la Revolución Francesa que termino con el absolutismo, “igualdad, libertad y fraternidad”, debemos verlas impresas por el fuego de Notre Dame en los corazones de todas las personas del mundo, para que podamos ver que las Catedrales son más que monumentos, son el trabajo encomiable de personas que la edificaron, cumpliendo cada uno con su función, con un solo fin, elevar nuestro trabajo al sin fin del universo.

 Dedicado a ese Maestro que me ayudó a entender mejor las piedras de las catedrales y a todos los que como él en todo el mundo trabajan como aquellos maestros y aprendices, por mejorar el mundo. Tarea ardua, difícil, pero no imposible… Se trata de ir golpe a golpe, como los canteros, intentando ser mejores.

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