Archivo de autor
Historias escritas por MIGIUEL ESCUDERO
Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

Sostiene un titular de prensa

Miguel Escudero ♦ Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

Sostiene un titular de prensa

Una amiga donostiarra me envía una foto singular. Junto al Merkatua (o mercado) de San Sebastián, un quiosco de prensa ofrece un tablón vertical con la portada de diversos diarios. La primera fila va ocupada por la de estos cuatro: Deia, Guipuzkoa, Noticias y Gara. Los tres primeros -imagino que de la misma cadena- coinciden de pe a pa en unas líneas y sostienen: “Sánchez abre ronda de contacto con Casado, Rivera e Iglesias y excluye a vascos y catalanes”. Me pide que lo comente y me indica que no son pocos quienes se paraban a echar una ojeada al mostrador. No entremos ya en que, según el protocolo, tiene que ser el Rey, en primer lugar, quien convoque al ganador de los comicios para que busque formar Gobierno. Me quiero fijar en el final de la frase en cuestión: “excluye a vascos y catalanes”.

Un auténtico disparate dominado por la mala fe. En efecto, se suplanta la realidad de ‘vascos y catalanes’ cuando solo se puede referir a ‘nacionalistas vascos y catalanes’. Es una chapuza inaceptable que ha colado entre los periodistas durante muchos años. Para remate, obsérvese la selección del verbo ‘excluir’: una sobrecarga de veneno. Lo cierto es que son los autores de esta noticia quienes nos excluyen a todos los que no somos nacionalistas de nuestra condición vasca o catalana. Hay que estar al quite, no queda otra.

Autorretratos españoles de hace 175 años

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

En 1836, el ‘Semanario Pintoresco’ supuso en nuestro país el primer modelo de revista ilustrada. Tres años antes se había establecido la división territorial en provincias, y tres años después, el célebre abrazo de Vergara cerró la primera guerra carlista en el norte de España; no concluyó del todo hasta meses después, cuando Espartero venció la resistencia de Cabrera. La regencia impuesta por aquel acabó en 1843 e Isabel II subió al trono. Pues bien, al poco se editó una colección de artículos compuestos por cincuenta y dos autores que ofrecían una ‘literatura de tipos’; ya fuera una criada, una lavandera o doncella, o un barbero o un cochero. Se pintaba también la simpatía de la maja, el torero y la gitana, o incluso la del bandolero procedente de la guerrilla. Era común la benevolencia con que se enfocaba la caballerosidad y el código de honor de quienes estaban fuera de la ley. Tras un fondo de estrechez económica, se mostraban frutos románticos junto a una llamada a la cordura y la concordia.

©edición plazabierta.com

Un siglo después se publicó, desde el exilio mexicano, una espléndida monografía: ‘Los españoles pintados por sí mismos (1843-1844)’. Tiene verdadero valor no solo como documento, sino por los muy interesantes análisis de su autora: Margarita Ucelay Da Cal (madre del historiador Enric Ucelay y hermana de la primera arquitecta que hubo en España), doctora en Historia por la universidad de Columbia.

En esos años, la vida rural, señala ahí la profesora Ucelay, era vista con desdén: un “desprecio compasivo por la ignorancia, rudeza y tosquedad de sus habitantes”, aislados de la capital por la mala calidad de los caminos. Había un tono intenso de adiós melancólico a una España llena de ‘sabor tradicional’, “algo que se ve a punto de desaparecer, o irremediablemente perdido”. Dominaba la desorientación y el “pesimismo moral, social y político” entre la muy frágil clase media.

Yo quiero llamar la atención sobre algunas observaciones de la autora, como que el término ‘región’ estaba ausente de aquel libro, era frecuente el de ‘provincia’ “y, cuando no, país, e incluso patria, aplicado en el sentido de patria chica”. Destacaba Margarita Ucelay que el concepto de región no tardaría en gravitar en la vida nacional: “primero con un carácter literario y sentimental y después con un contenido político cada vez más intenso”. Todo esto merece mi atención.

Heridos y olvidados

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

Cada vez tengo más claro el deber de atender a las víctimas de todos los abusos, de la índole que sea y, en especial, a las que tengo más cerca, sin discriminación de ningún género. No es por afán de tranquilizar mi conciencia, sino por estar convencido de que la sociedad tiene que reconocer su dolor y acompañarlo. Es una cuestión de decencia y justicia la que nos obliga, so pena de ser incoherentes o impostores. A menudo somos torpes e ilusos. Leo a Antonio Miguel Utrera, herido en el atentado del 11M cuando tenía 18 años. Se niega a que aquel atentado sea ‘toda su vida’, sino una parte. Alude a las manifestaciones multitudinarias de solidaridad y dice algo que hay que saber captar: «La gente iba para honrar a las víctimas, pero también iba por su necesidad. Ese respaldo en la calle que ha quedado en la memoria no tiene una consecuencia directa en las víctimas. No critico a la gente, pero ojalá hubieran entendido que manifestarse el día 12 de marzo no hacía que yo el 5 de mayo estuviera mejor».

He leído este testimonio en ‘Heridos y olvidados’ (La Esfera de los libros) donde se aborda la realidad de los supervivientes del terrorismo en España. Sus autores son María Jiménez (es doctora en Comunicación y fue una magnífica directora de comunicación de COVITE) y Javier Marrodán (periodista y profesor de la Universidad de Navarra). En otras cinco entrevistas a víctimas del terrorismo político: Alejandro Ruiz-Huerta siente cierto complejo de culpa por no haber muerto en la matanza de abogados de Atocha, en 1977; estuvo diez años sin hablar de ello ni en privado. Natividad Astudillo tenía 29 años cuando resultó herida en el atentado de la cafetería Rolando, en 1974; un año de baja, operaciones y «problemas psicológicos, que están escondidos y no son fáciles de reparar». Ana Arregui, esposa de un ertzaintza herido en atentado, en 1995, recuerda la chulería desafiante de los terroristas durante el juicio. O Maribel Lolo, hija de un policía municipal herido en otro atentado, en Portugalete, 1978, y sometido a 30 operaciones. Maribel tenía solo 4 años. Olvidar no se olvida: «Me han robado la infancia». «Mi padre no me volvió a llevar al parque ni al cine, no me vio cuando me tiré de cabeza por primera vez a la piscina olímpica, no asistió a mi primera comunión ni hemos ido a tomar una hamburguesa juntos». Todo esto debe constar y ser escuchado. 

Una recomendación de Nart

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

A diferencia del resto de parlamentos de Europa, el Parlamento Europeo carece de iniciativa legisladora, aunque tenga capacidad de votar las leyes que le presente la Comisión Europea. Sí posee la posibilidad de recomendar para legislar. No es habitual, sin embargo, que se ejerza este derecho reconocido a las recomendaciones. El 21 de febrero se votó en Bruselas, en Comisión parlamentaria una recomendación sobre medidas para cortar las fuentes de ingresos de los yihadistas y, de este modo, combatir eficazmente la financiación del terrorismo. El ponente fue el eurodiputado Javier Nart, inspirador y redactor de este documento que ha recogido 283 enmiendas que han permitido alcanzar una posición común, un consenso en lo que técnicamente se denominan ‘compromisos’. Entre las propuestas estaba la de una plataforma de servicios de inteligencias que sea estable y sin estructura burocratizada, así como disponer de un centro de datos unificados. Frente a quienes quieren acabar con nuestras libertades y sumirnos en la más severa opresión, es fundamental desarrollar un programa de seguimiento de canales de financiación opaca que sea efectivo. Ante un problema común se precisa una normativa común; así en lo referente al mercado de compra venta de arte, oro y piedras preciosas, o en la carga de tarjetas bancarias.

Ante el terrorismo sólo cabe unidad y decencia social, no su utilización partidista como la que se hizo en Barcelona el pasado año. Hay que apuntar a su microfinanciación, pues prevalece un terrorismo de bajo coste (a diferencia de la que se dio en el 11S), atentados cuya organización puede costar ahora menos de 5.000 euros y lograr un grave efecto social: pequeños movimientos de dinero y atentados de gran importancia. A este propósito, Javier Nart ha recordado que la leyenda de los falsos solitarios es una falacia que esconde que su actuación se efectúa en red, conectados entre sí. Se trata de captar sus movimientos de conexión y atajarlos. Y en esas estamos. No hay guerra sin logística. Y más allá del armamento y la munición, hay que considerar sus cien mil militantes en la red, sus donaciones, su tráfico de refugiados, sus brutales saqueos y extorsiones, su tolerado movimiento y venta de petróleo. Javier Nart tiene ideas claras y las expone con valentía y con razones. Gracias, amigo. ME

Del libro Por nuestras calles (Edcs. Hildy)

Historia y entusiasmo

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

El profesor Ricardo García Cárcel se jubila este año de su cátedra de Historia Moderna de la UAB. Escritor, investigador y premio Nacional de Historia, García Cárcel ha formado también a un puñado de historiadores que le reconocen como maestro. La clave de este magisterio no es solo una necesaria humildad, sino su ejemplar entusiasmo por el conocimiento crítico del pasado, siempre concreto, desarrollado en innumerables horas pasadas sin desmayo en los archivos de Historia. Un trabajo dedicado a ‘recomponer la mentalidad de los hombres de otra época’, como pedía Lucien Febvre, y configurar un proyecto de futuro. Acaba de salir un libro coordinado por los profesores Doris Moreno y Manuel Peña: Diálogos con la historia (Cátedra), subtitulado ‘Ricardo García Cárcel y el oficio de historiador’ y en el que han colaborado más de treinta historiadores, entre ellos su viejo amigo Carlos Martínez Shaw (“hermanos siameses en muchos aspectos”, dice éste) y el legendario John Elliott.

Ricardo García Cárcel

Cuenta Ricardo García Cárcel que ya de pequeño quería ser historiador y que la Historia era para él una fijación personal; su padre, que tanto le empujó a ser recto, estudioso y un extraordinario trabajador, hubiera preferido otra carrera para él, pero nunca se opuso a la decisión que su hijo Ricardo adoptó. En una larga entrevista que los coordinadores del libro le hacen, García Cárcel explica que su director de tesis Juan Reglà le propuso irse con él a la UAB. Llegó en 1972, desde su Valencia natal, y durante un período tuvo que vender enciclopedias para ganarse la vida. Al año siguiente leyó su tesis doctoral, un mes antes de que muriera el profesor Reglà. En 1978 ganó la oposición de adjunto y poco después logró la cátedra.

Tengo la suerte de ser su amigo y admiro y comparto su método de ‘comprender y hacer comprender, no juzgar’. Enfoca la historia desde las mentalidades y no desde las ideologías; es alérgico al espíritu dogmático y tiende a la heterodoxia. Contribuye a elaborar un relato veraz que no dependa de la identidad de quien lo haga. Fiel a sí mismo, busca hacer lo que su conciencia le dicta. De Francisco Tomás y Valiente señala que “era puro encanto personal”. Estoy esperando con ilusión y con especial confianza y deseo, nuevos y ricos frutos intelectuales de Ricardo García Cárcel en estos próximos años. ME

Una excelente escritora forense

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

Hay un libro técnico reciente que me ha entusiasmado, se trata de ‘Las desventuras del dinero público‘ (Ed. Marcial Pons). Su autora es Mercedes Fuertes, catedrática de Derecho Administrativo en la Universidad de León. Atiende aquí a tres proyectos de grandes infraestructuras que han supuesto un notable incremento de la deuda pública española: el almacén Castor (hidrocarburos en el subsuelo), unas autopistas radiales y una concesión ferroviaria. Sus fracasos han ocasionado contundentes golpes financieros, un gran roto para las cuentas públicas. Mi admiración por estas páginas se basa en el rigor y la claridad con que se desarrollan estas historias jurídicas. Escritas espléndidamente y con la precisión de una sabia cirujana, Mercedes Fuertes prescinde de las notas a pie de página y de cualquier inclinación a la pedantería. De este modo y gracias a sus lances de esgrima, lectores legos en la materia -como es mi caso- pueden encaminarse por entre estos intrincados asuntos, donde se asiste a sobresaltos de centenares de millones de euros a pagar.

Cuando las empresas concesionarias ven defraudada de forma estrepitosa, su confianza en lograr pingües beneficios, ¿quién paga los desperfectos? No siempre rige el principio lógico de ‘riesgo y ventura’ del contratista. Ante la perplejidad de los ciudadanos, serios pagos suelen caer en sus espaldas, y no solo sobre los consumidores. ¿Qué aspectos jurídicos fallaron? ¿Qué daños producidos fueron responsabilidad del concesionario, por su imprudencia? ¿Se hicieron de modo honrado y riguroso los análisis de mercado y las previsiones de coste-beneficio? Inquieta, señala la autora, que aparezcan los mismos protagonistas en toda una retahíla de actuaciones repetidas. 

Con frecuencia los costes de las obras se multiplican y los presupuestos quedan sobrepasados. Aquí se especifica que en enero de 2007, un presupuesto de 500 millones de euros llegó en diciembre a 1.200. La profesora Fuertes alude a los peajes en la sombra. Expropiaciones, indemnizaciones, cánones de mantenimiento, valor de las instalaciones, recuperación de costes. Se impone aplicar un principio de sostenibilidad financiera: «Toda actuación que conlleve un incremento en los costes deberá atraer otra de reducción equivalente». Al fin, la política es «el bastidor en el que es preciso encajar» todas estas cuentas y sus posibles corrupciones. 

Odio inculcado y explosionado

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

 

Respirando derivadas parciales en la pizarra, me fijo en Pau. No atiende ni toma notas, mira su móvil continuamente y con rostro compungido. Al acabar la clase le pido que venga un momento. Parece esperar que le riña. No. “¿Qué te pasaba, Pau?”. Me dice que estaba viendo horrorizado y en directo el video de la matanza en dos mezquitas de Nueva Zelanda. Le pregunto si tiene por ahí familiares y amigos. No, pero aún así está sobrecogido por una grabación que sabe real y que muestra el poder del mal en acción. ¿Por qué los asesinos se creen con el derecho de destruir vidas? 

Estos días he leído al psicólogo Vicente Garrido, en su libro Asesinos múltiples destaca la paradoja del mal: “si el mal es tan habitual en nuestra vida, ¿por qué hay tan pocas personas que se consideren malvadas?”. Hoy se suele definir el asesinato múltiple como un acto homicida que causa cuatro o más muertos en un mismo incidente. Hay una zona de solapamiento, muy desconocida aún, entre cinco tipos de asesinos: 1) Los que matan por frustración, ira y venganza; 2) los que han desarrollado una grave enfermedad mental; 3) familicidas; 4) los que siguen fines delictivos y 5) terroristas.

El miserable criminal que nos ocupa estaría, de entrada, entre los tipos 1, 2 y 5. Perdió el tabú moral que impide matar y es capaz de justificar su matanza. Ha deshumanizado a sus víctimas y se autoriza a ser violento con ellas. ¿Cómo germina la semilla del odio, cómo se hacen y declaran enemigos acérrimos, a muerte?

Se puede hablar de psicopatía (ausencia de empatía y de compasión), de descomposición narcisista (tanto ofensiva, como defensiva), de acumulación de agravios, de personalidades inestables que encuentran refugio en un fanatismo desesperado, de incapacidad de imaginar y de dudar, de las técnicas de captación y reclutamiento de las sectas, del lavado de cerebro o del adoctrinamiento (expresión esta que enoja mucho por razones políticas a quienes tienen todo el interés en inculcar determinadas ideas o creencias beligerantes y falsas, que generan rechazo, aborrecimiento y hostilidad automática hacia otros).

El agresor que se siente ofendido, marginado o perseguido busca dar ‘su merecido’ a unos chivos expiatorios que le han arruinado su vida. Sólo falta que tenga armas a mano…

Neruda y la alegría trágica

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

El poeta chileno Pablo Neruda, diplomático, comunista, premio Nobel, falleció –ah, el destino- el mismo mes y el mismo año en que Augusto Pinochet implantó el terror militar en su país; medicinas salvajes. Neruda, un pseudónimo literario, quería iluminar las palabras y sonreír con los ojos y con las manos, y que en la poesía se viesen “las manos del hombre”. Decía escribir para el pueblo, aunque éste no pudiera leer su poesía con sus ojos rurales, y cultivar alrededor la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común. De este modo, pensaba, no habría cantado en vano su poesía. “Yo no vengo a resolver nada./ Yo vine aquí para cantar/ y para que cantes conmigo”. “Óyeme estas palabras que me salen ardiendo,/ y que nadie diría si yo no las dijera”, dice en unos versos.

Aunque afirmase que no aprendió en los libros ninguna receta para la composición de un poema, Pablo Neruda asegura en su miscelánea Para nacer he nacido, saberse rodeado por la presencia invisible de sus maestros ya muertos (entre ellos Walt Whitman) y seguro de las obras que otros escritores escribirán para otros hombres que aún no han nacido; esto es, del sentido de la continuidad histórica. Neruda, quien veía a Federico García Lorca como el defensor sonoro del corazón de España y que sentía como característica íntima de nuestra historia la alegría trágica, promovía la risa que “proclama para los transeúntes el derecho a la gracia, aún en las circunstancias más entrecruzadas”. Sí, es un poco enrevesado, pero a fin de cuentas resulta benévolo.

Atendamos a estos otros versos: “Yo no creo en la edad./ Todos los viejos/ llevan/ en los ojos/ un niño,/ y los niños/ a veces/ nos observan/ como ancianos profundos”. 

Neruda escribió que “la poesía se resiente a menudo del ruido de las cucharillas de café, de los pasos de la gente que entra y sale, de la risotada a destiempo”. Veamos, para acabar, una divertida anécdota. Hablando de erratas decía que son las caries de los renglones. El asunto es que una edición pirata de su ‘Crepusculario’, puso en vez de ‘besos, lecho y pan’, ‘besos, leche y pan’. “Muchas veces vi traducida a otros idiomas la erratísima y ese milk me costaba lágrimas”. Desde entonces, perseguía las erratas con podadora, insecticida y escopeta.

Sostiene Julián Companys

Sostiene Julián Companys

El historiador leridano Julián Companys, ya fallecido, escribió en 1998 un librito del que bien se puede decir que es imprescindible para orientarse en la realidad del periodismo histórico: ‘La prensa amarilla norteamericana en 1898’. El magnate William Hearst se hizo con el New York Journal y lo comparó con el World, del húngaro Joseph Pulitzer para superar su línea sensacionalista y agresiva. Hearst fichó al dibujante del World de la tira cómica ‘The yellow kid’ (El chico de amarillo). Pulitzer no se resignó y contrató a otro dibujante que hiciera una tira igual. De ahí procede el nombre de prensa amarilla.

El profesor Companys recogió testimonios gráficos que evidencian los trucos de las falsedades que se propagaron sobre la realidad cubana. Sólo la credulidad y la falta de sentido crítico abren el paso a la mentira. Companys sostiene que Hearst quería la guerra a toda costa y que le pidió a uno de sus dibujantes: “Usted facilite las ilustraciones que yo le proporcionaré la guerra”. Dibujos monstruosos para confundir la realidad. El lema: ¡Acordaros del Maine y al infierno con España! ME

¿Quién teme al ángel rojo?

MIGIUEL ESCUDERO
Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

¿Por qué hay tantas personas valiosas de las que no se habla y se oculta incluso su existencia? ¿Teme alguien que su buen ejemplo cunda? Hablemos hoy de Melchor Rodríguez, nacido en Sevilla en 1893, fue novillero pero trabajó como mecánico de coches, también como calderero y ebanista. Militante de CNT-FAI, García Oliver –ministro de Justicia con Largo Caballero- le nombró Delegado General de Prisiones de Madrid, fue en diciembre de 1936. Se distinguió por su energía en impedir linchamientos en las cárceles y las ‘sacas’ de presos a manos de comités de milicianos. Melchor entendía que se pudiera morir por unas ideas, pero nunca que se matara por ellas. Tenía entonces 43 años de edad y, a causa de su militancia libertaria, había pasado ya treinta veces por la cárcel.

En momentos de máxima tensión se encaró con quienes iban, incontenibles, a cometer una carnicería humana en la prisión de Alcalá de Henares: “¿Tú quieres matar fascistas, no es verdad? ¿No queréis todos matar fascistas? ¡Pues entonces id al frente, que está muy cerca! ¡Yo voy con vosotros! ¿Ah, eso no os agrada? ¡Pues aquí no entráis mientras me quede un soplo de vida!”. Ante la objeción de si sabía lo que harían ‘ellos’ si fuera al revés, Melchor replicaba: “¿Qué sociedad vamos a construir después de la victoria si somos igual de asesinos que ellos?” y argumentaba que “la revolución no es matar hombres indefensos”, “no tenemos ningún derecho a matarles”, “la justicia es lo que nos diferencia de esos salvajes fascistas. Sin ella, estamos perdidos”. “¿Es que acaso estos presos son responsables de los bombardeos?”.

Entre los miles de personas que Melchor salvó del asesinato estuvieron Ricardo Zamora, el doctor Gómez Ulla, Muñoz Grandes, Martín Artajo, Fernández Cuesta, los hermanos Luca de Tena. Nuestro anarcosindicalista fue bautizado por los franquistas que le salvaron la vida como el ángel rojo. Lo cual no impidió que volviera a la cárcel durante el franquismo. De todo esto se puede aprender mucho más en el excelente documental ‘Melchor Rodríguez, el ángel rojo’ de Alfonso Domingo, documentalista y escritor que se caracteriza por su rigor, su buen hacer y su humanismo quijotesco. ME

Mercedes contra la ‘casa del marido’

 

MIGUEL ESCUDERO
Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

La editorial sevillana ‘Renacimiento’ tiene en su Biblioteca de la memoria unas Memorias de Mercedes Formica, que van de 1931 a 1947. Pocos la conocen y, dada su adscripción al falangismo, los más tontos del lugar la tienen por una facha más. De este modo, por el miedo puritano a contagiarse o por el afán de ‘castigarla’, se ahorran el trabajo de atender a una mujer interesante y valiosa. Una mujer ocultada que merece ser conocida. Murió en 2002. Su desengaño del franquismo llegó, según dijo: “cuando comprendí que Franco no salvaba a José Antonio porque no quería”. Era abogada y en 1953 publicó un artículo que produjo enorme revuelo: ‘El domicilio conyugal’. Aquel escrito influyó en una leve pero significativa mejora de la ley. Se sustituyó el concepto de ‘casa del marido’ por ‘hogar conyugal’, con lo cual la mujer podía llegar a quedarse con la casa en caso de separación. Desapareció el humillante concepto de ‘depósito de la mujer’: si había separación matrimonial la mujer quedaba depositada en casa de sus padres o en un convento. Terminó el poder absoluto del esposo para enajenar los bienes matrimoniales. Las viudas que volvieran a casarse mantendrían la patria potestad de sus hijos del primer matrimonio. La igualdad legal de los cónyuges debió aguardar, no obstante, hasta 1981.

Mercedes Formica detestaba ‘lo injusto y corrompido’ y la educación que fomentaba el orgullo de casta y el poder del dinero, o que en lugar de plantear la justicia social se dieran vagas referencias a ‘los pobres’. Cuenta que Amelia Azarola, médico y mujer de Julio Ruiz de Alda, le explicó que durante la guerra, su padre obtuvo de un personaje de la República la libertad de su marido. Cuando fue a la Modelo con la buena nueva, el célebre piloto del hidroavión Plus Ultra (1926) rechazó su sola libertad porque: ‘No puedo traicionar a mis camaradas’. Días después sería asesinado, en una saca de presos, en la cárcel en que también se hallaba Fernando Primo de Rivera. ‘Desánimo infinito’ tuvo Mercedes al conocer la muerte de José Antonio, entonces opinó que la Falange debía disolverse: “Sus miembros ayudarían a ganar la guerra, pero nadie debía aprovechar unas ideas, en trance de formación, para desvirtuarlas, sabiendo que los que detentaban el poder no creían en ellas”. En marzo de 1982, señaló que olvidar aquellos años terribles de guerra y discordia no era sinónimo de traición. ¿Estamos de acuerdo?

La noria de Luis Romero

MIGIUEL ESCUDERO
Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

En 1952, el escritor barcelonés Luis Romero obtuvo el premio Nadal con ‘La noria’, donde discurren las veinticuatro horas de un día cualquiera, vivido por unos personajes que habitaban en la Ciudad Condal. “En la ciudad se ha abierto un paréntesis y otra vez las gentes se preparan para lanzarse a la vida”. Al finalizar esta novela, que se acaba de reeditar, el autor destapa su esencia: “Las gentes tejerán otra vez sus vidas, sus trabajos, sus deseos, sus amores, sus odios, sus problemas (…) esta historia se repite con escasas variantes desde hace siglos”. Nada nuevo bajo el sol, pero dejando el trazo personal de un artista que sabe captar la realidad personal de mil y un conciudadanos.

Veinte años después, aún vivía Franco, volvió a referirse a la novela que le permitió regresar de la Argentina y convertirse en un escritor profesional: “En aquellos años –los cuarenta- se hicieron muchas fortunas, casi siempre a costa de las privaciones de los demás. Nunca traté de enriquecerme y no resultaba difícil conseguirlo; ocasiones se presentaban en que la fortuna podía ganarse en un golpe de audacia. Suelo decir y hasta creer, que no traté de enriquecerme por impedimentos morales –fue aquella una época injusta y cruel- y algo de verdad habrá en la afirmación, pero quizá, pienso ahora, interviniera en mi actitud otro factor: había sacrificado lo mejor de mi juventud a Marte, no estaba dispuesto a sacrificar a Mercurio, dios que me parecía de menor entidad. Mi afición a la pintura con vinculaciones de amistad personal en muchos casos a lo que entonces era la vanguardia, se acrecienta en aquellos años”. Aclaremos que Marte era el dios de la guerra, y Mercurio lo era del comercio.

Luis Romero tenía 20 años cuando estalló la Guerra Civil, y fue voluntario a la División Azul. José Corredor-Matheos, poeta y crítico de arte, ha dicho de él que era “persona amable, en la que siempre encontrabas apoyo y consejo” y que “no se apreciaba en absoluto adscripción al régimen franquista”. Yo tuve la suerte de contar con su amistad y con la de Gloria, su esposa, una persona magnífica, generosa y culta. No puedo dejar de recomendar su extraordinario relato ‘Tres días de julio’, donde presenta a los dos bandos beligerantes del 36 en un plano de igualdad: “se vieron la cara, se encontraron y aceptaron que había personas enfrente, que los enemigos no eran diabólicos”.

Sostiene Zorrilla

Enfrentado con su padre, severísimo y de ideas absolutistas, el vallisoletano José Zorrilla frecuentó desde muy joven los ambientes bohemios de Madrid. Aún no había cumplido 20 años de edad, cuando su intervención en el funeral de Larra, recitando un poema, despertó la admiración y el reconocimiento de Espronceda.

Se le abrieron las puertas de diarios y teatros. Con 27 años de edad escribió su célebre obra en verso Don Juan Tenorio, hasta hace poco representada anualmente en incontables escenarios, durante el mes de noviembre.

Escribió unas desordenadas memorias con el título Recuerdos del tiempo, “una madeja de quebradizos y rotos hilos”. Cuenta en ellas que unos años antes de morir y arruinado, se instaló en Barcelona, acogido por buenos amigos. Era muy popular y querido en Cataluña.

Zorrilla sostiene que dando premios a los Xiquets de Valls, escuchó este diálogo –Qui és aquest tant petit amb tanta perilla que tothom lo saluda? –És en Surrilla. –Quin Surrilla? Lo ministre? –Ca…no! Aquest és l’home tan savi que ha fet don Juan Tenorio. 

Espronceda, Igualdad y Fraternidad

Miguel Escudero  ||

Nació unos cuarenta días antes del 2 de mayo de 1808. Su padre era un militar de alta graduación que combatió en la Guerra de la Independencia. Con sólo 19 años de edad, José de Espronceda era ya un emigrado político, un revolucionario liberal. Estuvo en Portugal, Inglaterra y Francia, sufrió frecuentes arrestos, tuvo una atormentada pasión amorosa y era conocido como ‘Buscarruidos’. Murió con sólo 34 años, a causa de una afección a la garganta. Su estilo, como buen romántico, es desgarrado y declamatorio. Pero puede ser también jovial, como la ‘Canción del Pirata’. Los viejos de ahora recordamos la niñez: «Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela…» o «Que es mi barco mi tesoro, que es mi Dios la libertad, mi ley la fuerza y el viento, mi única patria la mar».

Quisiera referiros su artículo de 1836 ‘Libertad, Igualdad, Fraternidad’: En vano, comienza Espronceda, hombres nulos o pérfidos han tratado de ridiculizar estas palabras: «En vano han preguntado con mofa si podía ser igual un héroe a un cobarde, un necio a un sabio. La igualdad significa que cada hombre tiene una misión que llenar según su organización intelectual y moral, y que no debe encontrar trabas que le detengan en su marcha, ni privilegio que delante de él pongan hombres que nada valieran sin ellos; significa, en fin, que todo sea igual para todos y que la facilidad o dificultad de su merecer esté en razón de la igualdad o desigualdad de las capacidades».

La vida sin esperanza, pierde ciertamente todo sentido. Alguna esperanza tenía, sin embargo, en rectificar la indiferencia ante el dolor ajeno. Sucede que nunca se sabe qué es lo que exactamente se logra con las palabras y con el ejemplo. ¿No os parece? Bueno, veo caras incrédulas. Ya me diréis dentro de unos años. 

Espronceda asociaba la igualdad con «la emancipación de las clases productoras, hasta ahora miserables siervos de una aristocracia tan inútil como ilegítima. Ella es sola la fianza de la Libertad, así como la fraternidad es el símbolo de su fuerza». Por esto: «sea su primer grito el de fraternidad para que el triunfo de la Libertad sea cierto».

Y concluía inflamado: «¡Pueblos! Todos sois hermanos; sólo los opresores son extranjeros». Encontremos todo lo imperecedero que guardan estas palabras. Pero, parole, parole… 

traductor/translator

NUESTRO EQUIPO

NUESTRA BIBLIOTECA RECOMENDADA

Más información aquí

Más información aquí

Mas información aquí

Mas información aquí

Mas información aqui

Mas información aquí

Mas información aquí

Mas información aquí

 

Galería de Fotos

Acceder | Designed by Gabfire themes