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Historias escritas por MIGIUEL ESCUDERO
Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

Alemania superó su división

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

Miércoles, 17 de julio de 2019

Hace ya 30 años del derribo del Muro de Berlín; 160 kilómetros de doble pared construidas en 1961, más de quince años después de acabar la II Guerra Mundial. Durante aquel período sin muros, más de 50.000 berlineses de la Alemania sovietizada pasaban a la Occidental para trabajar de día y volvían para dormir en sus casas. Entre 1961 y 1989 unas 5.000 personas intentaron fugarse a la RFA; entre cien y doscientos muertos. El servicio de correos de la RDA tenía fama de ser el más lento del bloque comunista, valga saber que en Leipzig, unos 120 funcionarios de la Stasi abrían cada día entre 1.500 y 2.000 cartas.

Era el 9 de noviembre de 1989 cuando el muro de Berlín por fin había caído

Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid, Ricardo Martín de La Guardia ha escrito un espléndido libro sobre el final de la guerra fría: ‘La caída del Muro de Berlín’ (La Esfera de los libros). El combate contra el capitalismo sirvió para justificar el odio y persecución contra la libertad de pensar y de expresarse de forma diferente a la ‘canónica’. En febrero de 1990, había abandonado el partido más de la mitad de los miembros del ‘partido’ de la RDA, el SED. Se desbordó un sentimiento unitario. Y el canciller Kohl se comprometió a lo que parecía imposible: la reunificación alemana en la defensa de la democracia, la libertad económica y la justicia social, de modo que ‘nadie’ saliese damnificado y se homologaran los niveles de vida entre las dos partes separadas durante casi medio siglo. Felipe González fue el primer jefe de Gobierno en felicitarle.

Se legisló para una sola Alemania: unos 360.000 kilómetros cuadrados y unos 80 millones de habitantes, la misma bandera negra, roja y amarilla. Se procedió a la titánica tarea de hacer efectiva la unión económica y monetaria; también a la difícil devolución de lo requisado en la RDA. Se efectuaron elecciones democráticas y libres que premiaron el trabajo esmerado de Kohl. Europa ponía fin a la era de confrontación y división que la había desgarrado secularmente. Se desestimó un proceso semejante a la ‘desnazificación’ llevada a cabo en 1945. En sólo 5 años, los nuevos estados federados recibieron 500.000 millones de marcos con cargos a fondos públicos. En 1997, Alemania occidental ya había gastado más de un billón de marcos en la oriental (10 elevado a 12). Desde 1945 a 1990, Alemania occidental acogió a quince millones de personas emigradas. Datos elocuentes, asombrosos. 

El rey desnudo o el cuento de hadas del procés

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

24 de junio de 2019

Todo el mundo ha oído hablar del escritor danés Hans Christian Andersen, pero quizá nos falte consistencia para sacar provecho de sus relatos. Así, el célebre El rey desnudo reclama que lo que todos creen cierto no tiene por qué ser verdad. Hay que estar abiertos a discrepar y a que otros discrepen. En la absorbente Cataluña procesista, esto hay que reivindicarlo con decisión. Antoni Bayona fue el Letrado Mayor del Parlament durante los plenos de la vergüenza. Desde las entrañas del procés ha escrito un libro sobre sus vivencias: ‘No todo vale’ (Península).

Emocionalmente nacionalista, Bayona es hombre riguroso que se aferra al sentido de la realidad y del deber. Es un doctor en Derecho coherente. Al servicio de una institución plural, sabe que hay que ejercer su oficio con objetividad e independencia de criterio, y lo hace con decencia. Así, “la democracia no es la imposición de la mayoría; es el ejercicio del poder por la mayoría, pero respetando a las minorías y sus derechos”. O “no hay nada tan antidemocrático como negar el valor de un derecho cuyo origen es democrático”. Asimismo no es “ninguna buena señal lanzar a la opinión pública la idea de que el derecho se deja de cumplir cuando a uno le conviene”, un argumento bumerán.

Con finura y temple, Bayona hace equilibrios de ecuanimidad pero es claro y nada ambiguo ante lo que no se puede compartir. Una cosa, dice, es la libertad de defender ideas y promover unos proyectos políticos y otra muy distinta es adoptar medidas contrarias al ordenamiento constitucional. O atribuir al Parlament un poder que no tiene. No obstante, a través de una buena escenografía, se ha hecho creer que la unilateralidad es justa y posible. Hay mensajes distorsionados y falsos, trasladados a la opinión pública “con la inestimable ayuda de algunos medios de comunicación y con otros mecanismos diseñados para darle credibilidad”.

Estar en contra de detener la consulta del 1-O no le impide calificar esa fecha como el “último acto de un proceso de calentamiento previo, que había empezado años antes”, ni calificar de despropósito y chapuza la ruta seguida para la secesión. En España, señala, “no se persiguen las ideas ni la libertad de expresión; por lo tanto, tampoco a los independentistas ni la defensa del proyecto que representan”. Nos va a costar tomar tierra después de este viaje lleno de turbulencias.

​Africanidad de España

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

14 de junio de 2019

Este mes se cumple medio siglo de la ‘retrocesión’ de Ifni a Marruecos. Pablo Dalmases, uno de los grandes expertos de la historia y literatura del Sáhara español, acaba de publicar Viajes a Ifni ‘Tras las huellas de Santa Cruz de Mar Pequeña’ (Sial Pigmalión), libro que hará las delicias de quien quiera saber sobre estos asuntos tan ignorados. Hay gente obsesionada en escarnecer todo lo español como inferior y ‘africano’ (los ideólogos de ETA escribieron cosas como esta: «España es africana, mientras que por naturaleza Euzkadi es europea. De territorio, de sangre, de mentalidad, de genio emprendedor y de cuanto se quiera cotejar»). Sin embargo, cambian de disco según les convenga y se muestran, de palabra, amigos del ‘indigenismo’ frente al ‘colonialismo’. Esto es vivir en la impostura. La realidad tiene muchos colores y matices que los sectarios no quieren saber por ‘interés’ o por pereza.

Guerra Ifni

Los habitantes del pequeño enclave del Ifni son los baamaranis y su lengua particular es el chelja. Son bereberes como los saharauis (cuya lengua particular es el hassania). Por tradición, aquellos eran sedentarios (ganaderos y agricultores), mientras que estos eran pastores nómadas; por esto tuvieron rivalidades y enfrentamientos.

Franco, el general dictador que se pretendió propietario de España y negó la condición española a sus adversarios, viajó a Ifni en 1950. Ordenó la construcción de embalses y un puerto (que fue acabado quince años después). Habría que imaginarse a Franco cogido de la mano con el Imán, jefe espiritual de aquellas tribus, emocionados los dos hasta las lágrimas. El Régimen del 18 de julio que tuvo a raya a los españoles como súbditos, desde el nacionalcatolicismo, tuvo ‘extraños’ comportamientos en los territorios africanos: hizo la vista gorda con la existencia de esclavos, que pertenecían a los señores saharauis, construyó mezquitas y subvencionó peregrinaciones a La Meca, se respetó el culto católico pero se impidió su proselitismo.

Un año después de la independencia de Marruecos, en 1956, se produjeron en Ifni ataques de bandas armadas contra los españoles. La ‘guerra del Ifni’ duró tres meses y se cobró la vida de unos doscientos españoles. A pesar de su título, se desarrolló en su mayor parte en el Sáhara español. En un viaje reciente, Dalmases se encontró con regocijo y sorpresa a jóvenes ifneños entusiasmados por lo español. 

El teléfono de Primo Levi

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

10 de junio de 2019

 

En 1958, a punto de cumplir cuarenta años de edad, el químico turinés Primo Levi publicó ‘Si esto es un hombre’, un libro que habría de tener una gran resonancia y en donde explicaba su experiencia de un año internado en Auschwitz. Se trata del testimonio de un hombre que ni se jactaba de ser judío, ni se avergonzaba de serlo. Un judío no sionista, que no era creyente pero que era consciente de su instalación en una tradición y una cultura. Sin embargo, él se sentía más italiano que judío; más aún, él se sentía huésped de la Naturaleza, pues ‘la patria no es lo primero’.

El éxito de aquel primer libro suyo giró alrededor de su punto de vista, «sólo hablo de lo que vi con mis ojos». Primo Levi, miembro del Partido Comunista de Italia, deploraba sentirse uno más, perder su individualidad en una masa, por vejada que ésta fuera. No idealizaba a su conjunto. «No había nada de noble en los hundidos de Auschwitz –-declararía–. Nunca habrían cedido parte de su ración a otros. El tejido de las relaciones humanas estaba completamente destruido». Así puede entenderse que, desde su insobornable ecuanimidad y distinguiendo perfectamente a las víctimas de los verdugos, afirmara que es «un error estúpido ver a todos los demonios en una parte y a todos los santos en la otra». Cabe decir que a partir de cierto momento, Levi consideraba el estado de Israel como «un error en términos históricos» y que prefiriera que el centro de gravedad del judaísmo estuviese fuera de Israel: «Diría que lo mejor de la cultura judía está unido al hecho de estar dispersa, de ser policéntrica».

Primo Levi dejó de ejercer como químico en 1975. Decía que al escribir había dejado de desempeñar el papel de superviviente, «pero lo sigo siendo». Si decía que le complacía mucho que sus libros ayudasen a alguien, también afirmaba que le gustaría que le ayudasen a él. Su manera de hacer vacaciones, declaró, era escribir. La razón no puede tomar vacaciones, y él quería divertirse escribiendo, y divertir a sus futuros lectores. Por eso, confesaría, «el libro escrito tiene que ser un teléfono que funcione». ‘¿Qué te parece, Sylvia?’. Pero ella permanece callada, casi inexpresiva a mi provocación. Por cierto, Levi declaró que las huelgas estudiantiles le parecían autodestructivas, originaban gente mal preparada.

​Merton, otsog y soguis

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

31 de mayo de 2019

El célebre sociólogo norteamericano Robert K. Merton escribió una memorable ‘Sociología de la ciencia’ que os recomiendo de veras, no os aburrirá y os dará buena compañía. La ciencia tiene también un mundo social. Os citaré el ‘efecto Mateo’, un concepto que en aquellas páginas introdujo Merton. Se trata de la consecuencia de dar crédito a los científicos con renombre y negárselo a quienes aún no tengan hecho un nombre. En las publicaciones, sean científicas o no, tanto los editores como los lectores confían por lo general en las firmas conocidas más que en las desconocidas. A menudo, este automatismo resulta injusto y ocasiona errores con penosas consecuencias sociales y personales. Merton recuerda la parábola de los talentos que se halla en el Evangelio de san Mateo: «Al que tenga se le dará, y tendrá abundancia; pero al que no tenga se le quitará hasta lo poco que tenga».

Robert K. Merton

En ‘Ambivalencia sociológica’, Merton aludía al plagio inconsciente o ‘criptoamnesia’ (memoria oculta):»el hecho de que la ‘criptoamnesia’ pueda sucederle a todo el mundo expone al científico a la constante posibilidad de que la idea original que más aprecie sea en realidad el residuo olvidado de algo que leyó u oyó en otro momento». Debería funcionar el crédito de la honradez probada y no el del nombre afamado. No deja de ser curioso reconocer que en nuestro interior habitan muchas voces y muchas imágenes. Hay que estar siempre en forma para no confundirse con los ecos y con los destellos. Hay que estar dispuesto sin cesar a reconocer todas las herencias recibidas y no tener obsesión por ser absolutamente originales.

Entremos ahora en el libro ‘A hombros de gigantes’. En él, Robert Merton declaraba su gusto por desarrollar una perspectiva cómica para contemplar los asuntos serios. «El hombre es un enano a hombros de gigantes» es una frase atribuida a Newton pero que ya usó en el siglo XII el canónigo Bernard de Chartres. Merton escogió la palabra ‘otsog’, acrónimo de ‘On The Shoulders Of Giants’, como una palabra fea y memorable, corta y sin afectación, sin posibilidades de hacerse palabra de moda, «apretado tejido narrativo que rinde el debido tributo a la erudición, sin olvidarse del respeto exigido por la pedantería». Yo he inventado otra: ser ‘soguis’ es ser comunicativo y risueño y facilitar la guasa a su alrededor, acaso a su costa.

Ni república ni monarquía

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

26 de mayo de 2019

En 1792, cuando tenía 34 años de edad y le quedaban dos de vida, el revolucionario francés Robespierre se cuestionaba la disyuntiva república o monarquía y respondía que sólo conocía ‘la cuestión social’, lo que de veras importa. Yo creo que esta salida es acertada. No soy monárquico, pero ¿soy entonces republicano?; me parece accesorio. Lo básico, entiendo, es la calidad del Estado social y democrático de Derecho que hoy tenemos, donde la soberanía recae en la nación de ciudadanos y no en el monarca. En esta convergencia se habla de monarquía republicana, un pragmatismo que se renueva con la ejemplaridad y el sentido de responsabilidad de quien encabece el Estado y la nación: comportamientos adecuados y respetuosos.

El historiador Jordi Canal acaba de publicar ‘La monarquía en el siglo XXI’ (Turner), un libro que despliega argumentos y libre de demagogia. Ofrece breves análisis del pasado y del presente, y da notas sobre el futuro de la monarquía española. El profesor Canal refiere las alocuciones milimetradas de Juan Carlos tras el fin de la dictadura: un afán decidido de que los ciudadanos protagonicen su propio destino, y la nación sea una democracia moderna, integrada en Europa. Gracias a la habilidad, a la prudencia y al sentido del deber, la monarquía supuso un símbolo unificador y moderador. Pero esta institución comenzó a ‘suspender’ entre los españoles en 2011, con el caso Nóos (Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín) y otros turbios asuntos, como el accidente de Botsuana y la amante del rey Corinna Larsen. El estado físico del monarca campechano dejó de transmitir, se señala, la necesaria confianza. Abdicó y su hijo Felipe VI fue coronado (19 de junio de 2014). Con el nuevo rey ha aumentado el rigor (Canal destaca la minuciosidad con que prepara audiencias y discursos). Mandó hacer una auditoria externa de sus cuentas, se rebajó el sueldo un 20% y da muestras de una firme voluntad de ejemplaridad y transparencia. Ha hecho una abierta distinción entre familia del rey y familia real.

Se ha de transmitir con claridad que el precio económico de nuestra monarquía es muy inferior al de otras repúblicas europeas. En cualquier caso, lejos de los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad, separatistas y populistas tienen por objetivo derribar la monarquía, por ser pilar de la España constitucional. 

Sostiene un titular de prensa

Miguel Escudero ♦ Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

Sostiene un titular de prensa

Una amiga donostiarra me envía una foto singular. Junto al Merkatua (o mercado) de San Sebastián, un quiosco de prensa ofrece un tablón vertical con la portada de diversos diarios. La primera fila va ocupada por la de estos cuatro: Deia, Guipuzkoa, Noticias y Gara. Los tres primeros -imagino que de la misma cadena- coinciden de pe a pa en unas líneas y sostienen: “Sánchez abre ronda de contacto con Casado, Rivera e Iglesias y excluye a vascos y catalanes”. Me pide que lo comente y me indica que no son pocos quienes se paraban a echar una ojeada al mostrador. No entremos ya en que, según el protocolo, tiene que ser el Rey, en primer lugar, quien convoque al ganador de los comicios para que busque formar Gobierno. Me quiero fijar en el final de la frase en cuestión: “excluye a vascos y catalanes”.

Un auténtico disparate dominado por la mala fe. En efecto, se suplanta la realidad de ‘vascos y catalanes’ cuando solo se puede referir a ‘nacionalistas vascos y catalanes’. Es una chapuza inaceptable que ha colado entre los periodistas durante muchos años. Para remate, obsérvese la selección del verbo ‘excluir’: una sobrecarga de veneno. Lo cierto es que son los autores de esta noticia quienes nos excluyen a todos los que no somos nacionalistas de nuestra condición vasca o catalana. Hay que estar al quite, no queda otra.

Autorretratos españoles de hace 175 años

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

En 1836, el ‘Semanario Pintoresco’ supuso en nuestro país el primer modelo de revista ilustrada. Tres años antes se había establecido la división territorial en provincias, y tres años después, el célebre abrazo de Vergara cerró la primera guerra carlista en el norte de España; no concluyó del todo hasta meses después, cuando Espartero venció la resistencia de Cabrera. La regencia impuesta por aquel acabó en 1843 e Isabel II subió al trono. Pues bien, al poco se editó una colección de artículos compuestos por cincuenta y dos autores que ofrecían una ‘literatura de tipos’; ya fuera una criada, una lavandera o doncella, o un barbero o un cochero. Se pintaba también la simpatía de la maja, el torero y la gitana, o incluso la del bandolero procedente de la guerrilla. Era común la benevolencia con que se enfocaba la caballerosidad y el código de honor de quienes estaban fuera de la ley. Tras un fondo de estrechez económica, se mostraban frutos románticos junto a una llamada a la cordura y la concordia.

©edición plazabierta.com

Un siglo después se publicó, desde el exilio mexicano, una espléndida monografía: ‘Los españoles pintados por sí mismos (1843-1844)’. Tiene verdadero valor no solo como documento, sino por los muy interesantes análisis de su autora: Margarita Ucelay Da Cal (madre del historiador Enric Ucelay y hermana de la primera arquitecta que hubo en España), doctora en Historia por la universidad de Columbia.

En esos años, la vida rural, señala ahí la profesora Ucelay, era vista con desdén: un “desprecio compasivo por la ignorancia, rudeza y tosquedad de sus habitantes”, aislados de la capital por la mala calidad de los caminos. Había un tono intenso de adiós melancólico a una España llena de ‘sabor tradicional’, “algo que se ve a punto de desaparecer, o irremediablemente perdido”. Dominaba la desorientación y el “pesimismo moral, social y político” entre la muy frágil clase media.

Yo quiero llamar la atención sobre algunas observaciones de la autora, como que el término ‘región’ estaba ausente de aquel libro, era frecuente el de ‘provincia’ “y, cuando no, país, e incluso patria, aplicado en el sentido de patria chica”. Destacaba Margarita Ucelay que el concepto de región no tardaría en gravitar en la vida nacional: “primero con un carácter literario y sentimental y después con un contenido político cada vez más intenso”. Todo esto merece mi atención.

Heridos y olvidados

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

Cada vez tengo más claro el deber de atender a las víctimas de todos los abusos, de la índole que sea y, en especial, a las que tengo más cerca, sin discriminación de ningún género. No es por afán de tranquilizar mi conciencia, sino por estar convencido de que la sociedad tiene que reconocer su dolor y acompañarlo. Es una cuestión de decencia y justicia la que nos obliga, so pena de ser incoherentes o impostores. A menudo somos torpes e ilusos. Leo a Antonio Miguel Utrera, herido en el atentado del 11M cuando tenía 18 años. Se niega a que aquel atentado sea ‘toda su vida’, sino una parte. Alude a las manifestaciones multitudinarias de solidaridad y dice algo que hay que saber captar: «La gente iba para honrar a las víctimas, pero también iba por su necesidad. Ese respaldo en la calle que ha quedado en la memoria no tiene una consecuencia directa en las víctimas. No critico a la gente, pero ojalá hubieran entendido que manifestarse el día 12 de marzo no hacía que yo el 5 de mayo estuviera mejor».

He leído este testimonio en ‘Heridos y olvidados’ (La Esfera de los libros) donde se aborda la realidad de los supervivientes del terrorismo en España. Sus autores son María Jiménez (es doctora en Comunicación y fue una magnífica directora de comunicación de COVITE) y Javier Marrodán (periodista y profesor de la Universidad de Navarra). En otras cinco entrevistas a víctimas del terrorismo político: Alejandro Ruiz-Huerta siente cierto complejo de culpa por no haber muerto en la matanza de abogados de Atocha, en 1977; estuvo diez años sin hablar de ello ni en privado. Natividad Astudillo tenía 29 años cuando resultó herida en el atentado de la cafetería Rolando, en 1974; un año de baja, operaciones y «problemas psicológicos, que están escondidos y no son fáciles de reparar». Ana Arregui, esposa de un ertzaintza herido en atentado, en 1995, recuerda la chulería desafiante de los terroristas durante el juicio. O Maribel Lolo, hija de un policía municipal herido en otro atentado, en Portugalete, 1978, y sometido a 30 operaciones. Maribel tenía solo 4 años. Olvidar no se olvida: «Me han robado la infancia». «Mi padre no me volvió a llevar al parque ni al cine, no me vio cuando me tiré de cabeza por primera vez a la piscina olímpica, no asistió a mi primera comunión ni hemos ido a tomar una hamburguesa juntos». Todo esto debe constar y ser escuchado. 

Una recomendación de Nart

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

A diferencia del resto de parlamentos de Europa, el Parlamento Europeo carece de iniciativa legisladora, aunque tenga capacidad de votar las leyes que le presente la Comisión Europea. Sí posee la posibilidad de recomendar para legislar. No es habitual, sin embargo, que se ejerza este derecho reconocido a las recomendaciones. El 21 de febrero se votó en Bruselas, en Comisión parlamentaria una recomendación sobre medidas para cortar las fuentes de ingresos de los yihadistas y, de este modo, combatir eficazmente la financiación del terrorismo. El ponente fue el eurodiputado Javier Nart, inspirador y redactor de este documento que ha recogido 283 enmiendas que han permitido alcanzar una posición común, un consenso en lo que técnicamente se denominan ‘compromisos’. Entre las propuestas estaba la de una plataforma de servicios de inteligencias que sea estable y sin estructura burocratizada, así como disponer de un centro de datos unificados. Frente a quienes quieren acabar con nuestras libertades y sumirnos en la más severa opresión, es fundamental desarrollar un programa de seguimiento de canales de financiación opaca que sea efectivo. Ante un problema común se precisa una normativa común; así en lo referente al mercado de compra venta de arte, oro y piedras preciosas, o en la carga de tarjetas bancarias.

Ante el terrorismo sólo cabe unidad y decencia social, no su utilización partidista como la que se hizo en Barcelona el pasado año. Hay que apuntar a su microfinanciación, pues prevalece un terrorismo de bajo coste (a diferencia de la que se dio en el 11S), atentados cuya organización puede costar ahora menos de 5.000 euros y lograr un grave efecto social: pequeños movimientos de dinero y atentados de gran importancia. A este propósito, Javier Nart ha recordado que la leyenda de los falsos solitarios es una falacia que esconde que su actuación se efectúa en red, conectados entre sí. Se trata de captar sus movimientos de conexión y atajarlos. Y en esas estamos. No hay guerra sin logística. Y más allá del armamento y la munición, hay que considerar sus cien mil militantes en la red, sus donaciones, su tráfico de refugiados, sus brutales saqueos y extorsiones, su tolerado movimiento y venta de petróleo. Javier Nart tiene ideas claras y las expone con valentía y con razones. Gracias, amigo. ME

Del libro Por nuestras calles (Edcs. Hildy)

Historia y entusiasmo

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

El profesor Ricardo García Cárcel se jubila este año de su cátedra de Historia Moderna de la UAB. Escritor, investigador y premio Nacional de Historia, García Cárcel ha formado también a un puñado de historiadores que le reconocen como maestro. La clave de este magisterio no es solo una necesaria humildad, sino su ejemplar entusiasmo por el conocimiento crítico del pasado, siempre concreto, desarrollado en innumerables horas pasadas sin desmayo en los archivos de Historia. Un trabajo dedicado a ‘recomponer la mentalidad de los hombres de otra época’, como pedía Lucien Febvre, y configurar un proyecto de futuro. Acaba de salir un libro coordinado por los profesores Doris Moreno y Manuel Peña: Diálogos con la historia (Cátedra), subtitulado ‘Ricardo García Cárcel y el oficio de historiador’ y en el que han colaborado más de treinta historiadores, entre ellos su viejo amigo Carlos Martínez Shaw (“hermanos siameses en muchos aspectos”, dice éste) y el legendario John Elliott.

Ricardo García Cárcel

Cuenta Ricardo García Cárcel que ya de pequeño quería ser historiador y que la Historia era para él una fijación personal; su padre, que tanto le empujó a ser recto, estudioso y un extraordinario trabajador, hubiera preferido otra carrera para él, pero nunca se opuso a la decisión que su hijo Ricardo adoptó. En una larga entrevista que los coordinadores del libro le hacen, García Cárcel explica que su director de tesis Juan Reglà le propuso irse con él a la UAB. Llegó en 1972, desde su Valencia natal, y durante un período tuvo que vender enciclopedias para ganarse la vida. Al año siguiente leyó su tesis doctoral, un mes antes de que muriera el profesor Reglà. En 1978 ganó la oposición de adjunto y poco después logró la cátedra.

Tengo la suerte de ser su amigo y admiro y comparto su método de ‘comprender y hacer comprender, no juzgar’. Enfoca la historia desde las mentalidades y no desde las ideologías; es alérgico al espíritu dogmático y tiende a la heterodoxia. Contribuye a elaborar un relato veraz que no dependa de la identidad de quien lo haga. Fiel a sí mismo, busca hacer lo que su conciencia le dicta. De Francisco Tomás y Valiente señala que “era puro encanto personal”. Estoy esperando con ilusión y con especial confianza y deseo, nuevos y ricos frutos intelectuales de Ricardo García Cárcel en estos próximos años. ME

Una excelente escritora forense

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

Hay un libro técnico reciente que me ha entusiasmado, se trata de ‘Las desventuras del dinero público‘ (Ed. Marcial Pons). Su autora es Mercedes Fuertes, catedrática de Derecho Administrativo en la Universidad de León. Atiende aquí a tres proyectos de grandes infraestructuras que han supuesto un notable incremento de la deuda pública española: el almacén Castor (hidrocarburos en el subsuelo), unas autopistas radiales y una concesión ferroviaria. Sus fracasos han ocasionado contundentes golpes financieros, un gran roto para las cuentas públicas. Mi admiración por estas páginas se basa en el rigor y la claridad con que se desarrollan estas historias jurídicas. Escritas espléndidamente y con la precisión de una sabia cirujana, Mercedes Fuertes prescinde de las notas a pie de página y de cualquier inclinación a la pedantería. De este modo y gracias a sus lances de esgrima, lectores legos en la materia -como es mi caso- pueden encaminarse por entre estos intrincados asuntos, donde se asiste a sobresaltos de centenares de millones de euros a pagar.

Cuando las empresas concesionarias ven defraudada de forma estrepitosa, su confianza en lograr pingües beneficios, ¿quién paga los desperfectos? No siempre rige el principio lógico de ‘riesgo y ventura’ del contratista. Ante la perplejidad de los ciudadanos, serios pagos suelen caer en sus espaldas, y no solo sobre los consumidores. ¿Qué aspectos jurídicos fallaron? ¿Qué daños producidos fueron responsabilidad del concesionario, por su imprudencia? ¿Se hicieron de modo honrado y riguroso los análisis de mercado y las previsiones de coste-beneficio? Inquieta, señala la autora, que aparezcan los mismos protagonistas en toda una retahíla de actuaciones repetidas. 

Con frecuencia los costes de las obras se multiplican y los presupuestos quedan sobrepasados. Aquí se especifica que en enero de 2007, un presupuesto de 500 millones de euros llegó en diciembre a 1.200. La profesora Fuertes alude a los peajes en la sombra. Expropiaciones, indemnizaciones, cánones de mantenimiento, valor de las instalaciones, recuperación de costes. Se impone aplicar un principio de sostenibilidad financiera: «Toda actuación que conlleve un incremento en los costes deberá atraer otra de reducción equivalente». Al fin, la política es «el bastidor en el que es preciso encajar» todas estas cuentas y sus posibles corrupciones. 

Odio inculcado y explosionado

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

 

Respirando derivadas parciales en la pizarra, me fijo en Pau. No atiende ni toma notas, mira su móvil continuamente y con rostro compungido. Al acabar la clase le pido que venga un momento. Parece esperar que le riña. No. “¿Qué te pasaba, Pau?”. Me dice que estaba viendo horrorizado y en directo el video de la matanza en dos mezquitas de Nueva Zelanda. Le pregunto si tiene por ahí familiares y amigos. No, pero aún así está sobrecogido por una grabación que sabe real y que muestra el poder del mal en acción. ¿Por qué los asesinos se creen con el derecho de destruir vidas? 

Estos días he leído al psicólogo Vicente Garrido, en su libro Asesinos múltiples destaca la paradoja del mal: “si el mal es tan habitual en nuestra vida, ¿por qué hay tan pocas personas que se consideren malvadas?”. Hoy se suele definir el asesinato múltiple como un acto homicida que causa cuatro o más muertos en un mismo incidente. Hay una zona de solapamiento, muy desconocida aún, entre cinco tipos de asesinos: 1) Los que matan por frustración, ira y venganza; 2) los que han desarrollado una grave enfermedad mental; 3) familicidas; 4) los que siguen fines delictivos y 5) terroristas.

El miserable criminal que nos ocupa estaría, de entrada, entre los tipos 1, 2 y 5. Perdió el tabú moral que impide matar y es capaz de justificar su matanza. Ha deshumanizado a sus víctimas y se autoriza a ser violento con ellas. ¿Cómo germina la semilla del odio, cómo se hacen y declaran enemigos acérrimos, a muerte?

Se puede hablar de psicopatía (ausencia de empatía y de compasión), de descomposición narcisista (tanto ofensiva, como defensiva), de acumulación de agravios, de personalidades inestables que encuentran refugio en un fanatismo desesperado, de incapacidad de imaginar y de dudar, de las técnicas de captación y reclutamiento de las sectas, del lavado de cerebro o del adoctrinamiento (expresión esta que enoja mucho por razones políticas a quienes tienen todo el interés en inculcar determinadas ideas o creencias beligerantes y falsas, que generan rechazo, aborrecimiento y hostilidad automática hacia otros).

El agresor que se siente ofendido, marginado o perseguido busca dar ‘su merecido’ a unos chivos expiatorios que le han arruinado su vida. Sólo falta que tenga armas a mano…

Neruda y la alegría trágica

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

El poeta chileno Pablo Neruda, diplomático, comunista, premio Nobel, falleció –ah, el destino- el mismo mes y el mismo año en que Augusto Pinochet implantó el terror militar en su país; medicinas salvajes. Neruda, un pseudónimo literario, quería iluminar las palabras y sonreír con los ojos y con las manos, y que en la poesía se viesen “las manos del hombre”. Decía escribir para el pueblo, aunque éste no pudiera leer su poesía con sus ojos rurales, y cultivar alrededor la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común. De este modo, pensaba, no habría cantado en vano su poesía. “Yo no vengo a resolver nada./ Yo vine aquí para cantar/ y para que cantes conmigo”. “Óyeme estas palabras que me salen ardiendo,/ y que nadie diría si yo no las dijera”, dice en unos versos.

Aunque afirmase que no aprendió en los libros ninguna receta para la composición de un poema, Pablo Neruda asegura en su miscelánea Para nacer he nacido, saberse rodeado por la presencia invisible de sus maestros ya muertos (entre ellos Walt Whitman) y seguro de las obras que otros escritores escribirán para otros hombres que aún no han nacido; esto es, del sentido de la continuidad histórica. Neruda, quien veía a Federico García Lorca como el defensor sonoro del corazón de España y que sentía como característica íntima de nuestra historia la alegría trágica, promovía la risa que “proclama para los transeúntes el derecho a la gracia, aún en las circunstancias más entrecruzadas”. Sí, es un poco enrevesado, pero a fin de cuentas resulta benévolo.

Atendamos a estos otros versos: “Yo no creo en la edad./ Todos los viejos/ llevan/ en los ojos/ un niño,/ y los niños/ a veces/ nos observan/ como ancianos profundos”. 

Neruda escribió que “la poesía se resiente a menudo del ruido de las cucharillas de café, de los pasos de la gente que entra y sale, de la risotada a destiempo”. Veamos, para acabar, una divertida anécdota. Hablando de erratas decía que son las caries de los renglones. El asunto es que una edición pirata de su ‘Crepusculario’, puso en vez de ‘besos, lecho y pan’, ‘besos, leche y pan’. “Muchas veces vi traducida a otros idiomas la erratísima y ese milk me costaba lágrimas”. Desde entonces, perseguía las erratas con podadora, insecticida y escopeta.

Sostiene Julián Companys

Sostiene Julián Companys

El historiador leridano Julián Companys, ya fallecido, escribió en 1998 un librito del que bien se puede decir que es imprescindible para orientarse en la realidad del periodismo histórico: ‘La prensa amarilla norteamericana en 1898’. El magnate William Hearst se hizo con el New York Journal y lo comparó con el World, del húngaro Joseph Pulitzer para superar su línea sensacionalista y agresiva. Hearst fichó al dibujante del World de la tira cómica ‘The yellow kid’ (El chico de amarillo). Pulitzer no se resignó y contrató a otro dibujante que hiciera una tira igual. De ahí procede el nombre de prensa amarilla.

El profesor Companys recogió testimonios gráficos que evidencian los trucos de las falsedades que se propagaron sobre la realidad cubana. Sólo la credulidad y la falta de sentido crítico abren el paso a la mentira. Companys sostiene que Hearst quería la guerra a toda costa y que le pidió a uno de sus dibujantes: “Usted facilite las ilustraciones que yo le proporcionaré la guerra”. Dibujos monstruosos para confundir la realidad. El lema: ¡Acordaros del Maine y al infierno con España! ME

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