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Historias escritas por MIGIUEL ESCUDERO
Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

​Motolinía: sin rencillas ni enemistades

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 18 de septiembre de 2019

Motolinía había advertido notables diferencias entre los diferentes pueblos de lo que se denominó Nueva España y conocía las continuas luchas a que se sometían unos contra otros. Él admiraba a los indios que pasaban sus vidas sin rencillas ni enemistades y que “salen a buscar el mantenimiento a la vida humana necesario, y no más”. Personas, decía, que no se desvelaban en adquirir ni guardar riquezas, ni se mataban por alcanzar estados ni dignidades.

Por esto llegó a afirmar que: “estos indios que en sí no tienen estorbo que les impida para ganar el cielo, de los muchos que los españoles tenemos y nos tienen sumidos, porque su vida se contenta con muy poco, y tan poco, que apenas tienen con qué se vestir ni alimentar”.

El fraile franciscano declaraba con estilo directo, y sin tapujos, las ásperas descalificaciones, injurias y murmuraciones que caían sobre los suyos, porque hacían ‘abajar’ los tributos y “defienden a los indios y los favorecen contra nosotros”. “De esta manera ponían los frailes la paciencia por escudo contra las injurias de los españoles, cuando ellos muy indignados decían que los frailes destruían la tierra en favorecer a los indios, y que algún día se levantarían los indios contra ellos; los frailes para mitigar su ira respondían con paciencia”. Así que estos replicaban: “Vuestras conciencias descargamos; porque cuando de ello os encargasteis, fue con obligación de enseñarlos; y no tenéis otro cuidado, sino que os sirvan y os den cuanto tienen y pueden haber”.

Pero Motolinía no incurría en los excesos de Las Casas, que a los frailes les hacían perder limosnas y les procuraban aborrecimiento.

Muchos de aquellos frailes llamados menores habían aprendido las lenguas indias y eran conscientes de que “hay razón que se vuelvan a remediar a los indios que son tantos, y tan necesitados de remedio; y aun con estos no pueden cumplir por ser tantos, es mucha razón que se haga así, pues no costaron menos a Jesucristo las ánimas de estos indios como las de los españoles y romanos, y la ley de Dios obliga a favorecer y a animar a éstos que están con la leche de la fe en los labios, que no a los que la tienen ya tragada con la costumbre”. 

Sí, este razonamiento impresiona por su radicalidad. 

Un largo y sacrificado párrafo de fray Toribio

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 11 de septiembre de 2019

Motolinía escribió a mediados del siglo XVI unos memoriales sobre la historia de los indios de la Nueva España (que iba desde México a la tierra del Perú). Os pido, queridos míos, un sacrificio. Valdrá la pena. Escuchad, por favor. Este texto habla por sí solo:

Bajorrelieve de Fray Toribio de Benavente «Motolinía» en Benavente (Zamora)

“Otro día era dedicado al dios del fuego, o al mismo fuego a el cual tenían y adoraban por dios, y no de los menores, que era general por todas partes; este día tomaban uno de los cautivos de la guerra y vestíanle de las vestiduras y ropas del dios del fuego, y bailaba a reverencia de aquel dios, y sacrificábanle a él y a los demás que tenían presos de guerra; pero mucho más es de espantar de lo que particularmente hacían aquí en Coauhtittlan, a donde esto escribo” (…) “levantaban seis grandes árboles como mástiles de naos con sus escaleras; y en esta vigilia cruel, y el día muy más cruel también, degollaban dos mujeres esclavas en lo alto encima de las gradas, delante el altar de los ídolos, y allí arriba las desollaban todo el cuerpo y el rostro, y sacábanles las canillas de los muslos; y el día por la mañana, dos indios principales vestíanse los cueros, y los rostros también como máscaras, y tomaban en las manos las canillas, en cada mano la suya, y muy paso a paso bajaban bramando, que parecían bestias encarnizadas; y en los patios abajo gran muchedumbre de gente, todos como espantados, decían: ‘ya vienen nuestros dioses; ya vienen nuestros dioses’. Allegados abajo comenzaban a tañer sus atabales, y a los así vestidos ponían a cada uno sobre las espaldas mucho papel, no plegado sino cosido en ala, que habría obra de cuatrocientos pliegos; y ponían a cada uno una codorniz ya sacrificada y desollada, y atábansela a el bezo que tenía horadado; y de esta manera bailaban estos dos, delante los cuales mucha gente sacrificaba y ofrecían muy muchas codornices, que también era para ellas día de muerte; y sacrificadas, echábanselas delante, y eran tantas que cubrían el suelo por do iban, porque pasan de ocho mil codornices las que aquel día ofrecían, porque todos tenían mucho cuidado de las buscar para esta fiesta, a la cual iban desde México y de otros muchos pueblos. Allegado el mediodía cogían todas las codornices; y repartíanlas por los ministros de los templos y por los señores y principales, y los vestidos no hacían si no bailar todo el día”. Y ahora completemos el tríptico.

¿Quién teme a Motolinía?

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 4 de septiembre de 2019

‘El humilde por pobre’, esto significa Motolinía en lengua americana. Así era denominado Fray Toribio de Benavente, un franciscano zamorano que llegó a México en 1524, donde vivió 45 años. No se conoce su fecha de nacimiento, pero sí que oscila entre 1482 y 1491. Al comenzar el año de 1555 y con el fin de desmentir a Las Casas, a quien había conocido quince años antes, envió una carta al emperador Carlos V.

Os voy a hablar de esto, porque hay muchas cosas consabidas que están muy mal sabidas… Se hace preciso desaprender.

Los frailes despertaron la conciencia de que los españoles no eran dioses y que, por tanto, debían ser tratados como hombres. Motolinía estaba contra la separación étnica y la esclavitud del indio a manos de españoles, pero afirmaba que: “no tiene razón el de las Casas de decir lo que dice y escribe y emprime”, pues “no es todo cierto ni muy averiguado”. “Él –afirmaba Motolinía del padre Las Casas- no procuró de saber sino lo malo y no lo bueno, ni tuvo sosiego en esta Nueva España ni deprendió la lengua de los indios ni se humilló ni aplicó a les enseñar”. Y prosigue: “Dice que siempre y cada día están tiranizando los indios, asimismo dice que todos los tributos de indios son y han sido llevados injusta y tiránicamente”, “también dice estas palabras, que se siguen a la letra: ‘todos los conquistadores han sido robadores, raptores y los más calificados en mal y crueldad que nunca jamás fueron, como es a todo el mundo manifiesto’. Todos los conquistadores, dice, sin sacar ninguno”. Así, “lo que cometieron diez, por qué lo ha de atribuir a mil y disfamar a cuantos acá han estado y están”.

​Un filósofo enamorado

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 28 de agosto de 2019

Antes de cumplir los 18 años de edad, Hanna Arendt llegó a tener como profesor a Martin Heidegger, quien entonces tenía 35 años, estaba casado y tenía hijos. Era el curso 1924-25. No tardó en establecerse entre ellos una relación amorosa. Que esta tuvo hondura lo testimonia la correspondencia que mantuvieron durante medio siglo. El volumen ‘Correspondencia (1925-1975)’ (Herder) recoge numerosas cartas escritas por el filósofo que militó en el nacionalsocialismo, y que envió a la gran pensadora judía; en cuyo archivo quedaron. Y ofrece sólo unas pocas de ella, Heidegger se desharía de las que recibió.

Hanna Arendt y Martin Heidegger
una pareja extraordinaria

¿Tiene algún interés conocer el contenido de esos mensajes privados? Yo encuentro uno, el de romper el mito de un acoso sexual o del abuso de un intelectual potente y arrogante. En efecto, ya en febrero de 1925 Heidegger le señalaba que «todo debe ser llano, claro y puro entre nosotros», se mostraba no solo cautivado por el esplendor de la brillante estudiante, sino ansioso y emocionado por su presencia (sus ojos ‘maravillosamente profundos’). Le detallaba la enorme ilusión que le transmitía: «La mujer que puede dar alegría, y alrededor de la cual todo es alegría, recogimiento, descanso, adoración y gratitud a la vida». Estaba «contento y agradecido» de que ella estuviese allí, con él que a menudo era «más funcionario que ser humano» y que le pedía a ella que fuera paciente con él. No sólo le hablaba con familiaridad y decoro de Husserl y Jaspers, sino le razonaba que «la vida es historia» y que»nos convertimos en aquello que amamos». También le movía el afán de fortalecer «nuestra amistad». Hacía explícita su gratitud hacia ella.

Tres o cuatro años después, Hannah le escribía a Martin: «Te amo como el primer día» y «no me olvides y no olvides hasta qué punto y con qué profundidad sé que nuestro amor es la bendición de mi vida». En 1933 se interrumpió la correspondencia, que se reanudaría en 1950 de forma continuada hasta el final de su vida (la de ella en 1975, quince días después de morir Franco, y la de Heidegger seis meses después). Reiteraban el valor de «la bondad del corazón, que ve porque ya ha pre-visto» y que la palabra «capaz de guiar de forma rigurosa es insustituible». O que «el pensar todavía me da alegría». En 1971, Hannah le decía: «Querido Martín, nadie lee ni ha leído nunca como tú», «qué extraño que debamos ver para percibir lo que no podemos ver».

​El espejo de La Rochefoucauld

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Viernes, 23 de agosto de 2019

 

Contemporáneo de Cyrano de Bergerac, el duque de La Rochefoucauld, llamado François VI, conspiró contra Richelieu y Mazarino; estuvo en prisión y le demolieron su castillo. Estuvo íntimamente relacionado con Madame de La Fayette y Madame de Sévigné, entre otras distinguidas damas. Hoy tiene aquí un hueco entre nosotros para comentar algunas de sus reflexiones, publicadas en 1665. Parece que anunciara el subconsciente. Y describe la falsedad de muchas virtudes aparentes. Con frecuencia, dice, la humildad es sólo una fingida sumisión con la que someter a los demás. La bondad es rara, y la humildad es la verdadera prueba de las virtudes cristianas; “sin ella conservamos nuestros defectos, y están cubiertos sólo por el orgullo que los oculta a los demás y, a menudo, a nosotros mismos”.

Rochefoucauld

Ni siquiera la peor clase de gente se atreve a pasar por enemigos de la virtud y la verdad. Para bloquear las virtudes, les atribuyen doblez y las tergiversan, haciéndolas pasar por lo que no son. Las personas débiles, afirmaba, no pueden ser sinceras. Y sólo quienes tienen firmeza pueden tener una verdadera dulzura; “quienes parecen dulces no tienen por lo general más que debilidad, que fácilmente se convierte en acritud”. La mayoría de los hombres tienen al igual que las plantas propiedades ocultas, que sólo ciertas circunstancias permiten descubrir. Pero conviene evitar contestar sobre cosas que ignoramos y no hacer preguntas inútiles. Todo el mundo se queja de su memoria, y nadie se queja de su juicio.

Advierte que si hay pocas personas agradables en una conversación, es porque no escuchan y están más pendientes de lo que van a decir que de lo que se les dice. Tampoco hay que dejar de contar con la fuerza contagiosa del ejemplo, ya sea bueno o malo. Hay que saber que la confianza en uno mismo hace nacer la mayor parte de la que tenemos a los demás. Y que somos capaces de mejorarnos.

Los elogios que podamos recibir por nuestra posible valía contribuyen a aumentarla y a que queramos afianzarla y merecerla. Sin embargo, lo que nos hace creer con suma facilidad que los demás tienen defectos, es la facilidad que se tiene en creer lo que se desea.

La envidia es una pasión tímida y vergonzosa que nadie se atreve nunca a confesar. Mirémonos, amigos, al espejo. Y mejorémonos.

Buceando en los años 70

 

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Viernes, 9 de agosto de 2019

En estos días veraniegos he podido, al fin, entretenerme con un libro que tenía pendiente, lleno de fotos a todo color (fotos familiares para una generación): ‘¿Qué fue de los 70?’ (Arzalia), del periodista Xavier Gassió. La rebeldía del mayo del 68 llegó a España de un modo peculiar y tardío. Hacía dos años que se habían instalado las primeras cabinas telefónicas, y uno de la autorización de las salas de cine de arte y ensayo. Para esas fechas se comenzó a publicar ‘Celtiberia Show’, de Luis Carandell, una sección de artículos que aparecían en la revista ‘Triunfo’ (fundada en 1946, cambió de orientación en 1962: dejó los espectáculos y se hizo antifranquista ‘dentro de un orden’). La asignatura de la FEN desapareció en 1970, con la llegada de la EGB y el BUP. En 1956 comenzó la tele en España; las primeras imágenes fueron las del ministro Gabriel Arias-Salgado, diciendo: “Hoy, día 28 de octubre, domingo, día de Cristo Rey, a quien ha sido dado todo poder en los Cielos y en la Tierra, se inauguran los nuevos equipos y estudios de Televisión Española”. En 1974 había 20.000 aparatos de TV en color, en 1976 ya eran 800.000. Algunos nombres de la realidad y la ficción del mundo televisivo: Valerio Lazarov, Chicho Ibáñez Serrador, Kojak, Colombo, Kung Fu, Los ángeles de Charlie, Los hombres de Harrelson, Érase una vez… y la revista ‘TP’. El NO-DO dejó de ser obligatorio en las salas de cine, y Gassió lo rememora: era muy “útil para no perderse el principio de la película cuando se llegaba un poco tarde”.

La llegada masiva de turistas, el 600, los transistores, las máquinas de fotografiar, los electrodomésticos, las máquinas de escribir eléctricas, los primeros videojuegos, la canción del verano (con el inevitable Georgie Dann). Las novelas de Corín Tellado y Marcial Lafuente Estefanía, los seudónimos americanizados (censurados al comienzo de la Era de Franco). Los anuncios de cigarros, muebles o licores dan un aire de nostalgia, pero son ocasión de superar retrospectivamente el autodesprecio en el que quedamos instalados los españoles: moradores de un país que estuvo bajo palio, dominado por un dictador salvapatrias que se lo hizo de su propiedad. La potencia de los humoristas con el ‘Hermano Lobo’ o ‘El víbora’. El recuerdo, en especial, de Forges o de Perich: “habilidad para meter el dedo en la llaga de los defectos de la sociedad, la política y la condición humana” (es clave: iba entonces todo junto, ahora no). 

​Simenon y los mirlos de Maigret

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 31 de julio de 2019

 

Georges Simenon fue un escritor belga nacido en 1903. Mi amigo Julián Marías lo creía uno de los mejores del siglo XX, y no sólo en lengua francesa. La primera vez que supe de él fue por el cine, vi unas cuantas películas basadas en historias de su personaje el comisario Maigret. Me consta que es poco conocido, ¿o me equivoco? Silencio hasta en Marie-Claire y demás ‘erasmus’ franceses. Pero vale la pena, muchachos. ¿Qué os puedo señalar de su interés por las vidas humanas, por los detalles que la afectan? He traído aquí algunas referencias de su incierta búsqueda de felicidad. Gentes que llegan a hablar con ternura, que desengañadas transmiten interés por los demás, que se alegran cuando encuentran en otros ojos una luz suave y apaciguadora. Gentes cuya mirada muestra sufrimiento y su rostro pugna por otra expresión. Gentes que no piensan claro, o que tienen la penosa sensación de no haber sido ellos mismos, de haberse dejado dominar por una especie de embrujamiento.

En sus ‘Memorias’, Maigret reconoce haber aprendido mucho en la calle, en las ferias, en los grandes almacenes, allá donde se reúnen multitudes; mil ruidos familiares. Claro que no comprende todos los misterios humanos, pero se aplica en este procedimiento: «todo es cuestión de saber. Saber el ambiente en que se ha cometido un crimen; saber el género de vida, las costumbres, los hábitos y las reacciones de la gente complicada en él, víctimas, culpables o simples testigos. Entrar en su mundo sin sorpresa, naturalmente y hablando su lenguaje».

Puede alcanzar la oscura sensación de que hay demasiada gente que no está en su sitio, que en una cafetería están separados no sólo por asientos vacíos, sino por un vacío indefinible y más difícil de salvar, que tal vez emana de cada cual. Él se sabe un profesional, no juega a las adivinanzas y no le excita una caza apasionante. Un comisario Maigret carente de rencor, sin apenas curiosidad: los hechos como son, y que a fin de cuentas mira a los criminales: «como a seres que existen y que, para bien de la sociedad y pensando en el orden público, hay que mantener de grado o por fuerza dentro de ciertos límites, y que castigar cuando los franquean». Maigret se llena de realidad, y se podría decir que «a causa de los mirlos el universo penetraba un poco más en su sueño, y mezclaba realidades con lo que estaba soñando». 

Alemania superó su división

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

Miércoles, 17 de julio de 2019

Hace ya 30 años del derribo del Muro de Berlín; 160 kilómetros de doble pared construidas en 1961, más de quince años después de acabar la II Guerra Mundial. Durante aquel período sin muros, más de 50.000 berlineses de la Alemania sovietizada pasaban a la Occidental para trabajar de día y volvían para dormir en sus casas. Entre 1961 y 1989 unas 5.000 personas intentaron fugarse a la RFA; entre cien y doscientos muertos. El servicio de correos de la RDA tenía fama de ser el más lento del bloque comunista, valga saber que en Leipzig, unos 120 funcionarios de la Stasi abrían cada día entre 1.500 y 2.000 cartas.

Era el 9 de noviembre de 1989 cuando el muro de Berlín por fin había caído

Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid, Ricardo Martín de La Guardia ha escrito un espléndido libro sobre el final de la guerra fría: ‘La caída del Muro de Berlín’ (La Esfera de los libros). El combate contra el capitalismo sirvió para justificar el odio y persecución contra la libertad de pensar y de expresarse de forma diferente a la ‘canónica’. En febrero de 1990, había abandonado el partido más de la mitad de los miembros del ‘partido’ de la RDA, el SED. Se desbordó un sentimiento unitario. Y el canciller Kohl se comprometió a lo que parecía imposible: la reunificación alemana en la defensa de la democracia, la libertad económica y la justicia social, de modo que ‘nadie’ saliese damnificado y se homologaran los niveles de vida entre las dos partes separadas durante casi medio siglo. Felipe González fue el primer jefe de Gobierno en felicitarle.

Se legisló para una sola Alemania: unos 360.000 kilómetros cuadrados y unos 80 millones de habitantes, la misma bandera negra, roja y amarilla. Se procedió a la titánica tarea de hacer efectiva la unión económica y monetaria; también a la difícil devolución de lo requisado en la RDA. Se efectuaron elecciones democráticas y libres que premiaron el trabajo esmerado de Kohl. Europa ponía fin a la era de confrontación y división que la había desgarrado secularmente. Se desestimó un proceso semejante a la ‘desnazificación’ llevada a cabo en 1945. En sólo 5 años, los nuevos estados federados recibieron 500.000 millones de marcos con cargos a fondos públicos. En 1997, Alemania occidental ya había gastado más de un billón de marcos en la oriental (10 elevado a 12). Desde 1945 a 1990, Alemania occidental acogió a quince millones de personas emigradas. Datos elocuentes, asombrosos. 

El rey desnudo o el cuento de hadas del procés

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

24 de junio de 2019

Todo el mundo ha oído hablar del escritor danés Hans Christian Andersen, pero quizá nos falte consistencia para sacar provecho de sus relatos. Así, el célebre El rey desnudo reclama que lo que todos creen cierto no tiene por qué ser verdad. Hay que estar abiertos a discrepar y a que otros discrepen. En la absorbente Cataluña procesista, esto hay que reivindicarlo con decisión. Antoni Bayona fue el Letrado Mayor del Parlament durante los plenos de la vergüenza. Desde las entrañas del procés ha escrito un libro sobre sus vivencias: ‘No todo vale’ (Península).

Emocionalmente nacionalista, Bayona es hombre riguroso que se aferra al sentido de la realidad y del deber. Es un doctor en Derecho coherente. Al servicio de una institución plural, sabe que hay que ejercer su oficio con objetividad e independencia de criterio, y lo hace con decencia. Así, “la democracia no es la imposición de la mayoría; es el ejercicio del poder por la mayoría, pero respetando a las minorías y sus derechos”. O “no hay nada tan antidemocrático como negar el valor de un derecho cuyo origen es democrático”. Asimismo no es “ninguna buena señal lanzar a la opinión pública la idea de que el derecho se deja de cumplir cuando a uno le conviene”, un argumento bumerán.

Con finura y temple, Bayona hace equilibrios de ecuanimidad pero es claro y nada ambiguo ante lo que no se puede compartir. Una cosa, dice, es la libertad de defender ideas y promover unos proyectos políticos y otra muy distinta es adoptar medidas contrarias al ordenamiento constitucional. O atribuir al Parlament un poder que no tiene. No obstante, a través de una buena escenografía, se ha hecho creer que la unilateralidad es justa y posible. Hay mensajes distorsionados y falsos, trasladados a la opinión pública “con la inestimable ayuda de algunos medios de comunicación y con otros mecanismos diseñados para darle credibilidad”.

Estar en contra de detener la consulta del 1-O no le impide calificar esa fecha como el “último acto de un proceso de calentamiento previo, que había empezado años antes”, ni calificar de despropósito y chapuza la ruta seguida para la secesión. En España, señala, “no se persiguen las ideas ni la libertad de expresión; por lo tanto, tampoco a los independentistas ni la defensa del proyecto que representan”. Nos va a costar tomar tierra después de este viaje lleno de turbulencias.

​Africanidad de España

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

14 de junio de 2019

Este mes se cumple medio siglo de la ‘retrocesión’ de Ifni a Marruecos. Pablo Dalmases, uno de los grandes expertos de la historia y literatura del Sáhara español, acaba de publicar Viajes a Ifni ‘Tras las huellas de Santa Cruz de Mar Pequeña’ (Sial Pigmalión), libro que hará las delicias de quien quiera saber sobre estos asuntos tan ignorados. Hay gente obsesionada en escarnecer todo lo español como inferior y ‘africano’ (los ideólogos de ETA escribieron cosas como esta: «España es africana, mientras que por naturaleza Euzkadi es europea. De territorio, de sangre, de mentalidad, de genio emprendedor y de cuanto se quiera cotejar»). Sin embargo, cambian de disco según les convenga y se muestran, de palabra, amigos del ‘indigenismo’ frente al ‘colonialismo’. Esto es vivir en la impostura. La realidad tiene muchos colores y matices que los sectarios no quieren saber por ‘interés’ o por pereza.

Guerra Ifni

Los habitantes del pequeño enclave del Ifni son los baamaranis y su lengua particular es el chelja. Son bereberes como los saharauis (cuya lengua particular es el hassania). Por tradición, aquellos eran sedentarios (ganaderos y agricultores), mientras que estos eran pastores nómadas; por esto tuvieron rivalidades y enfrentamientos.

Franco, el general dictador que se pretendió propietario de España y negó la condición española a sus adversarios, viajó a Ifni en 1950. Ordenó la construcción de embalses y un puerto (que fue acabado quince años después). Habría que imaginarse a Franco cogido de la mano con el Imán, jefe espiritual de aquellas tribus, emocionados los dos hasta las lágrimas. El Régimen del 18 de julio que tuvo a raya a los españoles como súbditos, desde el nacionalcatolicismo, tuvo ‘extraños’ comportamientos en los territorios africanos: hizo la vista gorda con la existencia de esclavos, que pertenecían a los señores saharauis, construyó mezquitas y subvencionó peregrinaciones a La Meca, se respetó el culto católico pero se impidió su proselitismo.

Un año después de la independencia de Marruecos, en 1956, se produjeron en Ifni ataques de bandas armadas contra los españoles. La ‘guerra del Ifni’ duró tres meses y se cobró la vida de unos doscientos españoles. A pesar de su título, se desarrolló en su mayor parte en el Sáhara español. En un viaje reciente, Dalmases se encontró con regocijo y sorpresa a jóvenes ifneños entusiasmados por lo español. 

El teléfono de Primo Levi

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

10 de junio de 2019

 

En 1958, a punto de cumplir cuarenta años de edad, el químico turinés Primo Levi publicó ‘Si esto es un hombre’, un libro que habría de tener una gran resonancia y en donde explicaba su experiencia de un año internado en Auschwitz. Se trata del testimonio de un hombre que ni se jactaba de ser judío, ni se avergonzaba de serlo. Un judío no sionista, que no era creyente pero que era consciente de su instalación en una tradición y una cultura. Sin embargo, él se sentía más italiano que judío; más aún, él se sentía huésped de la Naturaleza, pues ‘la patria no es lo primero’.

El éxito de aquel primer libro suyo giró alrededor de su punto de vista, «sólo hablo de lo que vi con mis ojos». Primo Levi, miembro del Partido Comunista de Italia, deploraba sentirse uno más, perder su individualidad en una masa, por vejada que ésta fuera. No idealizaba a su conjunto. «No había nada de noble en los hundidos de Auschwitz –-declararía–. Nunca habrían cedido parte de su ración a otros. El tejido de las relaciones humanas estaba completamente destruido». Así puede entenderse que, desde su insobornable ecuanimidad y distinguiendo perfectamente a las víctimas de los verdugos, afirmara que es «un error estúpido ver a todos los demonios en una parte y a todos los santos en la otra». Cabe decir que a partir de cierto momento, Levi consideraba el estado de Israel como «un error en términos históricos» y que prefiriera que el centro de gravedad del judaísmo estuviese fuera de Israel: «Diría que lo mejor de la cultura judía está unido al hecho de estar dispersa, de ser policéntrica».

Primo Levi dejó de ejercer como químico en 1975. Decía que al escribir había dejado de desempeñar el papel de superviviente, «pero lo sigo siendo». Si decía que le complacía mucho que sus libros ayudasen a alguien, también afirmaba que le gustaría que le ayudasen a él. Su manera de hacer vacaciones, declaró, era escribir. La razón no puede tomar vacaciones, y él quería divertirse escribiendo, y divertir a sus futuros lectores. Por eso, confesaría, «el libro escrito tiene que ser un teléfono que funcione». ‘¿Qué te parece, Sylvia?’. Pero ella permanece callada, casi inexpresiva a mi provocación. Por cierto, Levi declaró que las huelgas estudiantiles le parecían autodestructivas, originaban gente mal preparada.

​Merton, otsog y soguis

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

31 de mayo de 2019

El célebre sociólogo norteamericano Robert K. Merton escribió una memorable ‘Sociología de la ciencia’ que os recomiendo de veras, no os aburrirá y os dará buena compañía. La ciencia tiene también un mundo social. Os citaré el ‘efecto Mateo’, un concepto que en aquellas páginas introdujo Merton. Se trata de la consecuencia de dar crédito a los científicos con renombre y negárselo a quienes aún no tengan hecho un nombre. En las publicaciones, sean científicas o no, tanto los editores como los lectores confían por lo general en las firmas conocidas más que en las desconocidas. A menudo, este automatismo resulta injusto y ocasiona errores con penosas consecuencias sociales y personales. Merton recuerda la parábola de los talentos que se halla en el Evangelio de san Mateo: «Al que tenga se le dará, y tendrá abundancia; pero al que no tenga se le quitará hasta lo poco que tenga».

Robert K. Merton

En ‘Ambivalencia sociológica’, Merton aludía al plagio inconsciente o ‘criptoamnesia’ (memoria oculta):»el hecho de que la ‘criptoamnesia’ pueda sucederle a todo el mundo expone al científico a la constante posibilidad de que la idea original que más aprecie sea en realidad el residuo olvidado de algo que leyó u oyó en otro momento». Debería funcionar el crédito de la honradez probada y no el del nombre afamado. No deja de ser curioso reconocer que en nuestro interior habitan muchas voces y muchas imágenes. Hay que estar siempre en forma para no confundirse con los ecos y con los destellos. Hay que estar dispuesto sin cesar a reconocer todas las herencias recibidas y no tener obsesión por ser absolutamente originales.

Entremos ahora en el libro ‘A hombros de gigantes’. En él, Robert Merton declaraba su gusto por desarrollar una perspectiva cómica para contemplar los asuntos serios. «El hombre es un enano a hombros de gigantes» es una frase atribuida a Newton pero que ya usó en el siglo XII el canónigo Bernard de Chartres. Merton escogió la palabra ‘otsog’, acrónimo de ‘On The Shoulders Of Giants’, como una palabra fea y memorable, corta y sin afectación, sin posibilidades de hacerse palabra de moda, «apretado tejido narrativo que rinde el debido tributo a la erudición, sin olvidarse del respeto exigido por la pedantería». Yo he inventado otra: ser ‘soguis’ es ser comunicativo y risueño y facilitar la guasa a su alrededor, acaso a su costa.

Ni república ni monarquía

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

26 de mayo de 2019

En 1792, cuando tenía 34 años de edad y le quedaban dos de vida, el revolucionario francés Robespierre se cuestionaba la disyuntiva república o monarquía y respondía que sólo conocía ‘la cuestión social’, lo que de veras importa. Yo creo que esta salida es acertada. No soy monárquico, pero ¿soy entonces republicano?; me parece accesorio. Lo básico, entiendo, es la calidad del Estado social y democrático de Derecho que hoy tenemos, donde la soberanía recae en la nación de ciudadanos y no en el monarca. En esta convergencia se habla de monarquía republicana, un pragmatismo que se renueva con la ejemplaridad y el sentido de responsabilidad de quien encabece el Estado y la nación: comportamientos adecuados y respetuosos.

El historiador Jordi Canal acaba de publicar ‘La monarquía en el siglo XXI’ (Turner), un libro que despliega argumentos y libre de demagogia. Ofrece breves análisis del pasado y del presente, y da notas sobre el futuro de la monarquía española. El profesor Canal refiere las alocuciones milimetradas de Juan Carlos tras el fin de la dictadura: un afán decidido de que los ciudadanos protagonicen su propio destino, y la nación sea una democracia moderna, integrada en Europa. Gracias a la habilidad, a la prudencia y al sentido del deber, la monarquía supuso un símbolo unificador y moderador. Pero esta institución comenzó a ‘suspender’ entre los españoles en 2011, con el caso Nóos (Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín) y otros turbios asuntos, como el accidente de Botsuana y la amante del rey Corinna Larsen. El estado físico del monarca campechano dejó de transmitir, se señala, la necesaria confianza. Abdicó y su hijo Felipe VI fue coronado (19 de junio de 2014). Con el nuevo rey ha aumentado el rigor (Canal destaca la minuciosidad con que prepara audiencias y discursos). Mandó hacer una auditoria externa de sus cuentas, se rebajó el sueldo un 20% y da muestras de una firme voluntad de ejemplaridad y transparencia. Ha hecho una abierta distinción entre familia del rey y familia real.

Se ha de transmitir con claridad que el precio económico de nuestra monarquía es muy inferior al de otras repúblicas europeas. En cualquier caso, lejos de los valores republicanos de libertad, igualdad y fraternidad, separatistas y populistas tienen por objetivo derribar la monarquía, por ser pilar de la España constitucional. 

Sostiene un titular de prensa

Miguel Escudero ♦ Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

Sostiene un titular de prensa

Una amiga donostiarra me envía una foto singular. Junto al Merkatua (o mercado) de San Sebastián, un quiosco de prensa ofrece un tablón vertical con la portada de diversos diarios. La primera fila va ocupada por la de estos cuatro: Deia, Guipuzkoa, Noticias y Gara. Los tres primeros -imagino que de la misma cadena- coinciden de pe a pa en unas líneas y sostienen: “Sánchez abre ronda de contacto con Casado, Rivera e Iglesias y excluye a vascos y catalanes”. Me pide que lo comente y me indica que no son pocos quienes se paraban a echar una ojeada al mostrador. No entremos ya en que, según el protocolo, tiene que ser el Rey, en primer lugar, quien convoque al ganador de los comicios para que busque formar Gobierno. Me quiero fijar en el final de la frase en cuestión: “excluye a vascos y catalanes”.

Un auténtico disparate dominado por la mala fe. En efecto, se suplanta la realidad de ‘vascos y catalanes’ cuando solo se puede referir a ‘nacionalistas vascos y catalanes’. Es una chapuza inaceptable que ha colado entre los periodistas durante muchos años. Para remate, obsérvese la selección del verbo ‘excluir’: una sobrecarga de veneno. Lo cierto es que son los autores de esta noticia quienes nos excluyen a todos los que no somos nacionalistas de nuestra condición vasca o catalana. Hay que estar al quite, no queda otra.

Autorretratos españoles de hace 175 años

Miguel Escudero. Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

En 1836, el ‘Semanario Pintoresco’ supuso en nuestro país el primer modelo de revista ilustrada. Tres años antes se había establecido la división territorial en provincias, y tres años después, el célebre abrazo de Vergara cerró la primera guerra carlista en el norte de España; no concluyó del todo hasta meses después, cuando Espartero venció la resistencia de Cabrera. La regencia impuesta por aquel acabó en 1843 e Isabel II subió al trono. Pues bien, al poco se editó una colección de artículos compuestos por cincuenta y dos autores que ofrecían una ‘literatura de tipos’; ya fuera una criada, una lavandera o doncella, o un barbero o un cochero. Se pintaba también la simpatía de la maja, el torero y la gitana, o incluso la del bandolero procedente de la guerrilla. Era común la benevolencia con que se enfocaba la caballerosidad y el código de honor de quienes estaban fuera de la ley. Tras un fondo de estrechez económica, se mostraban frutos románticos junto a una llamada a la cordura y la concordia.

©edición plazabierta.com

Un siglo después se publicó, desde el exilio mexicano, una espléndida monografía: ‘Los españoles pintados por sí mismos (1843-1844)’. Tiene verdadero valor no solo como documento, sino por los muy interesantes análisis de su autora: Margarita Ucelay Da Cal (madre del historiador Enric Ucelay y hermana de la primera arquitecta que hubo en España), doctora en Historia por la universidad de Columbia.

En esos años, la vida rural, señala ahí la profesora Ucelay, era vista con desdén: un “desprecio compasivo por la ignorancia, rudeza y tosquedad de sus habitantes”, aislados de la capital por la mala calidad de los caminos. Había un tono intenso de adiós melancólico a una España llena de ‘sabor tradicional’, “algo que se ve a punto de desaparecer, o irremediablemente perdido”. Dominaba la desorientación y el “pesimismo moral, social y político” entre la muy frágil clase media.

Yo quiero llamar la atención sobre algunas observaciones de la autora, como que el término ‘región’ estaba ausente de aquel libro, era frecuente el de ‘provincia’ “y, cuando no, país, e incluso patria, aplicado en el sentido de patria chica”. Destacaba Margarita Ucelay que el concepto de región no tardaría en gravitar en la vida nacional: “primero con un carácter literario y sentimental y después con un contenido político cada vez más intenso”. Todo esto merece mi atención.

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