Archivo de autor
Historias escritas por MIGIUEL ESCUDERO
Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor

​¿»Coexistencia pacífica y amorosa»?

De joven, se hablaba mucho a mi alrededor de los ‘partidos de masas’. Curiosamente, eran minoritarios y cerrados, desdeñosos con el resto de seres humanos; siempre reacios a la esencia liberal, lo que me alejaba radicalmente de ellos. Estas organizaciones fanáticas adquieren distintos colores, en el tiempo y en el espacio. Y aunque no sean ‘irresistibles’ pueden ser devastadoras. Así sucedió en 1534, cuando radicales religiosos enfrentados a católicos y luteranos, se adueñaron de la ciudad alemana de Münster e instauraron el terror: bajo fácil pena de muerte y tortura, se impusieron mil ordenanzas que había que cumplir al milímetro.

Photo by David Werbrouck on Unsplash

Friedrich Reck-Malleczewen (médico y escritor, muerto en Dachau con 60 años, en 1945) investigó sobre esta pesadilla que duró año y medio. El fruto de su trabajo fue el libro ‘Historia de una demencia colectiva’ que publicó en 1937 y que los editores de ‘Reino de Redonda’ (Carme López y Javier Marías) han puesto hace unos meses a nuestra disposición.

Casi cinco siglos atrás, Johann Bockelson (Jan van Leyden, en su nombre holandés) se proclamó rey de Münster. Su secta anabaptista se abrió paso en la ciudad insultando y amenazando, con histeria y ferocidad. El Concejo reclamó en un edicto una «coexistencia pacífica y amorosa» (una forma constante del caro ‘buenismo’).

Sin contención, los rebeldes lograron que el veneno de su localismo exacerbado se instalase en el ánimo de sus vecinos; el escritor alemán se refería abiertamente a una psicosis de masas. Leyendo entre líneas a Reck, es manifiesto su rotundo y demoledor repudio al nazismo: «la hora en que triunfa quien está hecho de basura e inmundicia y quien tiene escoria en las venas».

Reck-Malleczewen proseguía su actualización señalando que cuando la moral de las masas comienza a desmoronarse, llega un momento en que el terror no se puede sostener. Había, así, esperanza para que la infección de aquel absceso purulento se detuviera y llegara la curación: cuando entre las alucinaciones volvieran a surgir atisbos de lucidez y volviera a «centellear algo así como el sentido de la medida y de las cosas humanas». Así, es posible acceder al mundo sano de la realidad (por defectuosa que esta sea). Concluía Reck que «cuando se confunde con la multitud, el hombre es un ser ilógico y en los períodos de pánico sumamente irracional y hasta infantil».

QUIJOTE Y SANCHO JUNTOS

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 6 de noviembre de 2019

Al polímata Ramón Tamames -con grandes conocimientos en diversas materias científicas o humanísticas- le enseñó a leer y escribir su abuelo paterno Clemente, maestro nacional, de quien ha dicho haber heredado las cosas que más han contribuido a lo mejor de él. De Miguel Kreisler, profesor que tuvo en el Liceo Francés de Geografía e Historia, ha contado que le encargó dibujar un mapamundi sin levantar la tiza de la pizarra. Y así lo hizo desde Alaska, el mapa de las Américas hasta la Tierra del Fuego y así hasta llegar a Nueva Zelanda. El propio Kreisler le pidió dar una charla a sus compañeros acerca del condestable Don Álvaro de Luna. Fue su primera experiencia de conferenciante y desde entonces no ha parado; tiene ahora 86 años recién cumplidos.

Diré que a día de hoy no conozco a nadie que encarne mejor que Tamames a D. Quijote y a Sancho juntos. Doctor en Derecho y en Ciencias Económicas, tiene la vieja creencia de que un español nunca está completo hasta que conoce Hispanoamérica. Y de la manera que le caracteriza, con avidez, pasión, erudición y entendimiento, barriendo fronteras de especialidades se ha lanzado desde hace unos años a escribir un libro acerca de la figura de un soldado audaz, diplomático inteligente, magnífico escritor y enorme empresario: ‘Hernán Cortés, gigante de la historia’ (Erasmus). Ramón Tamames ha usado dos clases de fuentes para este libro: crónicas de Indias y biografías del conquistador. Lo ha escrito desde una óptica global, en el marco de los descubrimientos del siglo XVI, del comercio, del mestizaje cultural. Y 500 años después del encuentro entre Cortés y Moctezuma, está dedicado a los 600 millones de hispanohablantes de ambos hemisferios (en la memoria, el artículo 1º de la Constitución de Cádiz: “la nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”).

De Cortés dijo el premio Nobel mexicano Octavio Paz: “No es fácil amarlo, pero es imposible no admirarlo”. La particularidad de esta obra es dedicar dos capítulos a la Nueva España resultante tras la muerte de Hernán Cortés en 1547 y llegar hasta la actualidad de 2019. El asunto es que para que la comunidad iberoamericana alcance sus mejores posibilidades hay que acabar con el sectarismo y con las verdades a medias, una tarea quijotesca. En el prólogo, Josep Borrell dice que la curiosidad y conocimientos de Tamames no tienen límites.

Al tenor de Zorrilla

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 30 de octubre de 2019

José Zorrilla, el autor del Tenorio, tenía un idilio con Barcelona, decía este vallisoletano que no usaba barretina pero que era mirado como catalán y recibido como hermano. En la Ciudad Condal se imprimieron sus Recuerdos del tiempo viejo, unas memorias deslavazadas que, mal que bien, le permitieron sobrevivir económicamente. Es para quedarse atónito leer que «mis obras, que son tan malas como afortunadas, han enriquecido a muchos, y mi Don Juan mantiene en el mes de octubre todos los teatros de España y las Américas españolas; ¿es justo que el que mantiene a tantos muera en el hospital o en el manicomio, por haber producido su Don Juan en tiempo en que aún no existía la ley de propiedad literaria?»

José Zorilla (ABC)

Impresiona que esta persona tan popular se mostrase tan libre y lúcido sobre su propio valor literario, así como tan franco como para mencionar sus «más recónditas pesadumbres que me han puesto alguna vez al borde de la desesperación y a dos pasos del suicidio». «Los disgustos de familia me habían envenenado el corazón, y la fiebre del corazón me había exaltado y descompuesto el cerebro. Yo era sonámbulo (desde los 19 años): y el sonambulismo es la primera estación del camino de la locura. ¿Y quién duda que mi desarreglo cerebral tiene que haber influido en el giro loco y desordenado de mi poesía? ¿Y quién sabe si un poeta no es más que un monomaníaco que va para loco? ¿Y si yo soy un poeta, cómo se dice?… ¡Quién sabe! ¿Por qué no? Mi padre murió creyendo que yo era un tonto… y yo creo que sólo los tontos son los que se vuelven locos». Y prosigue en otro momento, al tenor de las palabras paternas dice ser «el mayor tonto que hay en España, puesto que he podido serlo todo y no soy nada, he enriquecido a muchos quedándome pobre».

Este hombre para quien «las visitas inútiles, las relaciones superficiales y los convites sin cariño» le habían sido siempre inaceptables, afirma que nunca dejó penetrar a nadie en su corazón. Para eso aplicó «el arte de hablar mucho sin decir nada, que es en lo que consiste generalmente mi poesía lírica, aunque por ella se extravasa la melancolía y en ella rebosa la amargura de mi alma. Yo soy un hombre muy alegre y un poeta muy triste, de lo que resulta que mi poesía y yo parecemos falsos». ¿No os entran ganas de leerlo? 

Los olvidados del procés

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 23 de octubre de 2019

Hace unos quince años, Ricardo García Cárcel -un excepcional historiador- presentó una serie de libros reunidos bajo el título ‘Los olvidados de la historia’. Manifestó con claridad su propósito de «rendir tributo a los tradicionalmente despreciados, silenciados, condenados a las sombras del protagonismo histórico, a los perdedores de la historia». Se refería no ya a los derrotados en batallas famosas, sino muy en especial a los derrotados en la batalla de la vida cotidiana. Concluía señalando la hora del «rescate del silencio de los que o no pudieron ser héroes, ni siquiera mártires o santos, de los que no quisieron estar en el poder, fueron víctimas del mismo o, simplemente, perdieron la batalla del protagonismo histórico. En ese rincón de su salón, en el ángulo oscuro, buscamos a cada uno de nuestros protagonistas, los protagonistas de la otra historia, la de los olvidados».

Por su sentido social y personal, este empeño es admirable. Se puede hablar de un conocimiento histórico destilado en experiencia de la vida humana. Al hilo de esta virtud, tan poco reconocida, yo quiero referirme aquí y ahora a los olvidados del procés.

Nuestra época entiende que todo el mundo tiene derecho a expresar sus opiniones. Pero no, no es así; predomina la hipocresía y con frecuencia se ejerce la intimidación. Cuando alguien quiere decir lo que cree y se desvía del canon impuesto, se le somete a inapelables estigmas y se le convierte en blanco de odio. Cuando ‘se está en la verdad’ se tiene ‘derecho’ a insultar a los herejes que van contra el dogma y que deben ser reducidos al silencio o al castigo. Los ‘buenos’ se creen llamados a luchar y a ‘hacer historia’, son los señores de la tierra. Los ‘matones’ narcisos, ‘líquidos’ y consentidos, pueden imperar a sus anchas en las calles y las vías públicas; y echar de ellas a los ‘otros’, pues son el ‘absoluto mal’. Los ‘otros’ que se aguanten, que callen y se queden en casa sin salir, o que se vayan de la ‘tierra santa’ al infierno de donde vinieron.

¿Por qué ante los defensores de la ‘tribu’ callan los excluidos? Son mayoría y tampoco deben resignarse a pasar vergüenza, ni rendirse a los exaltados. Son personas y auténticos ciudadanos, y deben creérselo. Sólo ellos se pueden rescatar de un silencio opresivo e infame, aquí y ahora. Necesitan superar los miedos, cargarse de razones y, ante todos los sometimientos humillantes, rebelarse en coro. 

Un fallo judicial que se pagó muy caro

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 16 de octubre de 2019

 

Putsch de la Cervecería, el fallido golpe de Estado llevado a cabo por miembros del Partido Nazi alemán (NSDAP) comenzó en la tarde del 8 de noviembre de 1923 y fue desarticulado a la mañana siguiente.

Con 24 años de edad, Hitler se instaló en Múnich y se escabulló del Servicio Militar en su país. Intereses cruzados evitaron que diez años después fuera expatriado a Austria. En efecto, el 8 de noviembre de 1923 las autoridades bávaras (dispuestas a una secesión promonárquica) daban un mitin en una cervecería muniquesa (abarrotada por 3.000 personas) cuando Hitler y sus secuaces (un grupúsculo aliado menor de los oradores) irrumpieron para declarar derrocado al Gobierno de la República de Weimar (el nombre popular de la nueva República que había sucedido al Imperio Alemán).

En este golpe (el ‘putsch’ de la cervecería) actuaron escuadrones de asalto hitleriano, hubo 20 muertos (cuatro de ellos policías). ‘La crueldad impresiona’ era su afán. El presidente de la República, un socialdemócrata, aplicó del artículo 48 de la Carta Magna por el que disponía de amplios poderes para mantener el orden constitucional y la seguridad pública. En los 15 años que duró la República de Weimar este artículo se aplicó en 136 ocasiones.

En su espléndido libro ‘El juicio de Adolf Hitler’ (Seix Barral), David King cuenta cómo Hitler huyó y fue detenido, tras unos meses de prisión preventiva viviendo a cuerpo de rey, él y otras nueves personas fueron juzgadas por ‘alta traición’. Ese juicio debía haberse celebrado en Leipizig, con un tribunal específico, pero de modo irregular se hizo en Múnich.

El juez Neithard tenía por objetivo proteger a las corruptas autoridades del Gobierno de Baviera para que no salieran a la superficie sus planes delictivos. De este modo, optó por no deportar a Hitler a Austria (como tanto temía éste, por implicar el ocaso de su carrera) y le consintió peroratas de tres horas seguidas con una dialéctica eficaz, llena de astucias e improperios que la prensa expandió con simpatía; una impresionante campaña de publicidad gratuita: “Levantarse contra los traidores de 1918 no puede ser alta traición”.Hitler fue condenado a cinco años de cárcel, pero sólo pasó uno dentro. En un informe, el director de la cárcel lo ensalzó como hombre tranquilo y razonable, humilde y carente de vanidad personal. Vivir para ver. En aquel período escribió su ‘Mein Kampf’. Ocho años después y tras unas elecciones democráticas, llegó a ser nombrado Canciller de Alemania.
Que la experiencia de la vida brillase por su ausencia se llegaría a pagar caro.

El valor de unos hispano-franceses

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 9 de octubre de 2019

En Exilio, memoria personal y memoria histórica, libro que acabamos de mencionar, el historiador Ricardo García Cárcel presenta un ensayo espléndido y esclarecedor. Lo titula El hispanismo francés y las relaciones hispano-francesas. El lingüista francés Alfred Morel-Fatio fue quien en 1879 empleó por vez primera el término ‘hispanista’, aplicado a quien estudia científicamente la cultura española, para distinguirlo del ‘hispanisant’ (simpatizante de lo español). En especial, se da visibilidad a los hispanistas liberales que entendían su oficio con el fin de “liberar a España de sus viejos monstruos, entre los que estaban sus propias incapacidades para estudiar su historia”, en las que seguimos empecinados día tras día, de forma abotargada.

Ricardo García Cárcel 
imagen tomada de Telecinco

Con el ocaso de la hegemonía española en Europa, decayó la pasión por España, tanto positiva como negativa, y dejó paso libre al interés científico. Para muchos españoles Europa era Francia. Y esta no sólo influyó sobre el pensamiento progresista español, sino también en el reaccionario. 

La minoría ilustrada española estaba al corriente de las últimas publicaciones de Francia, Italia o Inglaterra; García Cárcel apunta que si bien la Enciclopedia francesa fue prohibida en 1759, se permitió la segunda: La Enciclopédie méthodique.

El adjetivo afrancesado comenzó a aplicarse a mediados del XVIII a quienes imitaban las modas francesas con afectación. Y hubo más afrancesados en Andalucía que en Catalunya y el País Vasco. El profesor García Cárcel señala que fue el propio nacionalismo español resistente a Napoleón quien asentó en Francia el mito de la España indomable que se niega al progreso en nombre de los valores católicos tradicionales. Superando la imagen de España más allá de los Pirineos como país atrasado y ‘africano’, Victor Hugo -que era hijo de un general de Bonaparte- fue el romántico que más simpatía mostró por España; en 1822, su hermano Abel editó en francés el Romancero español.

García Cárcel distingue varias generaciones de hispanistas, y concluye valorando a los últimos exiliados, que impregnaron con su ideología la impresión que los franceses guardaban de España. Se han ocupado poco de la historia más reciente de España, pero han ayudado a enterrar el mito de la anomalía española y, sobre todo, han propiciado una historiografía desacomplejada y madura que nos abre el futuro. 

Franceses y compatriotas

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 2 de octubre de 2019

Prestemos hoy atención a los españoles que se instalaron en Francia a propósito de la Guerra Civil, o que emigraron allí por motivos económicos (nada que ver con los actuales fugados en democracia, unos impostores). Algunos de aquellos se hicieron fuera estudiosos de la cultura española. Es el caso de Benito Pelegrín (1940), que nació en Barcelona y llegó de niño a Francia, donde reivindicó no ser ‘Benoît Pellegrin’. Estudioso y divulgador de Baltasar Gracián, ha expresado que nunca será enteramente francés pero que ya no es ‘totalmente español’. Otros hispanistas franceses de esa época sonJoseph Pérez o los ya fallecidos François Lopez (sic) y Thomas Gómez. Este último, turolense, ha contado que perdió la nacionalidad española a los veinte años, pues sus padres solicitaron que sus hijos se naturalizaran franceses para opositar a cargos públicos. Somatizó aquellos cambios, «a partir de entonces y por mucho tiempo sufrí todo tipo de dolencias y achaques impropios de un adolescente». Ahora bien, cuando venía a España no dejaba de chocarle que le tomasen por francés y lo tratasen como tal. Tenían su inclusión nacional perdida entre brumas.

Hace diez años, los profesores Ricardo García Cárcel y Eliseo Serrano Martín tuvieron la magnífica idea de organizar un coloquio con estos hispanistas franceses. 

Fue en Zaragoza y queda constancia de este acontecimiento en el libro Exilio, memoria personal y memoria histórica. Otros nombres de los participantes en aquel simposio fueron Bartolomé Benassar, Araceli Alonso-Guilaume, Augustin Redondo, Jean-Louis Guereña, Eliseo Trenc y Jean-Claude Villegas.

En la formación de todos estos intelectuales cabe resaltar la importancia de la escuela pública francesa, laica, republicana por la igualdad de oportunidades y valoración del esfuerzo. A partir de circunstancias muy diversas, todos ellos compartieron un compromiso ético e intelectual con una España liberal y limpia, ‘camisa blanca de mi esperanza’. Eran de aquí pero también de allí. Nada les era ajeno. Ricardo García Cárcel destaca en este libro espléndido la oscuridad en que refugiaron su ‘identidad’ nacional. Y ha subrayado que estos franceses compatriotas son los más impermeables a la leyenda negra y «quienes más y mejor han usado el concepto de España, tan maltrecho en nuestros pagos». Merecen un homenaje de gratitud. 

El doctor Baldasano

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 25 de septiembre de 2019

Mucha gente identifica ‘calentamiento global’ y ‘cambio climático’ como conceptos equivalentes. Pero tienen algunas diferencias. El primer término refiere el aumento de la temperatura media anual de la superficie de la Tierra (un incremento que no es uniforme; por ejemplo, el Ártico se calienta más que el promedio, mientras que el Atlántico Norte se enfría), pero hoy sirve para aludir a un complejo proceso científico. El ‘cambio climático’, por el contrario, se refiere a la gama completa de consecuencias o impactos que se producen por el aumento de las concentraciones en la atmósfera de los gases del efecto invernadero (GEI) y representa una multitud de efectos de dicho calentamiento. Cuanto antes se reduzcan las emisiones GEI, mejor se limitarán los daños y costes del cambio climático. Hay evidencia de esta relación de causa y efecto, y no hay posible discusión científica. «Con la ciencia no se puede negociar», así lo ha sintetizado el profesor José María Baldasano.

Excmo Sr. D. José María Baldasano.
Académico Numerario de la RAE

He tenido la fortuna de escuchar a este distinguido investigador de Ingeniería Ambiental (algunos de sus muchos méritos científicos son ser premio Rey Jaime I, director de 33 tesis doctorales, autor de 400 artículos científicos y fundador y director del departamento de Ciencias de la Tierra del ‘Barcelona Supercomputing Center’). En julio, la Real Academia Europea de Doctores le acogió como Académico Numerario en una magnífica sesión. Su discurso de ingreso se tituló ‘El actual cambio climático: una visión holística de la crisis climática’ (‘actual’ porque lo está generando la especie humana desde hace tres siglos; ‘holístico’ porque esa realidad es vista como un todo distinto a la suma de las partes que la componen).

Hay una absoluta necesidad de evitar un cambio climático desbocado y descontrolado, por ser graves e imprevisibles sus consecuencias. Si no se toman medidas, en 2050 se habrán perdido 1,5 millones de kilómetros cuadrados de tierras agrícolas (equivalente a las zonas cultivables de toda la India). Se precisa de las intervenciones tecnológicas de la geoingeniería, pero también de un cambio de mentalidad ante los drásticos cambios que nos aguardan. En 2018 murieron 10.733 personas por desastres naturales y los fenómenos meteorológicos extremos afectaron a 62 millones de personas, entre tormentas, incendios, sequías o inundaciones. En efecto, con la ciencia no se puede negociar. 

​Motolinía: sin rencillas ni enemistades

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 18 de septiembre de 2019

Motolinía había advertido notables diferencias entre los diferentes pueblos de lo que se denominó Nueva España y conocía las continuas luchas a que se sometían unos contra otros. Él admiraba a los indios que pasaban sus vidas sin rencillas ni enemistades y que “salen a buscar el mantenimiento a la vida humana necesario, y no más”. Personas, decía, que no se desvelaban en adquirir ni guardar riquezas, ni se mataban por alcanzar estados ni dignidades.

Por esto llegó a afirmar que: “estos indios que en sí no tienen estorbo que les impida para ganar el cielo, de los muchos que los españoles tenemos y nos tienen sumidos, porque su vida se contenta con muy poco, y tan poco, que apenas tienen con qué se vestir ni alimentar”.

El fraile franciscano declaraba con estilo directo, y sin tapujos, las ásperas descalificaciones, injurias y murmuraciones que caían sobre los suyos, porque hacían ‘abajar’ los tributos y “defienden a los indios y los favorecen contra nosotros”. “De esta manera ponían los frailes la paciencia por escudo contra las injurias de los españoles, cuando ellos muy indignados decían que los frailes destruían la tierra en favorecer a los indios, y que algún día se levantarían los indios contra ellos; los frailes para mitigar su ira respondían con paciencia”. Así que estos replicaban: “Vuestras conciencias descargamos; porque cuando de ello os encargasteis, fue con obligación de enseñarlos; y no tenéis otro cuidado, sino que os sirvan y os den cuanto tienen y pueden haber”.

Pero Motolinía no incurría en los excesos de Las Casas, que a los frailes les hacían perder limosnas y les procuraban aborrecimiento.

Muchos de aquellos frailes llamados menores habían aprendido las lenguas indias y eran conscientes de que “hay razón que se vuelvan a remediar a los indios que son tantos, y tan necesitados de remedio; y aun con estos no pueden cumplir por ser tantos, es mucha razón que se haga así, pues no costaron menos a Jesucristo las ánimas de estos indios como las de los españoles y romanos, y la ley de Dios obliga a favorecer y a animar a éstos que están con la leche de la fe en los labios, que no a los que la tienen ya tragada con la costumbre”. 

Sí, este razonamiento impresiona por su radicalidad. 

Un largo y sacrificado párrafo de fray Toribio

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 11 de septiembre de 2019

Motolinía escribió a mediados del siglo XVI unos memoriales sobre la historia de los indios de la Nueva España (que iba desde México a la tierra del Perú). Os pido, queridos míos, un sacrificio. Valdrá la pena. Escuchad, por favor. Este texto habla por sí solo:

Bajorrelieve de Fray Toribio de Benavente «Motolinía» en Benavente (Zamora)

“Otro día era dedicado al dios del fuego, o al mismo fuego a el cual tenían y adoraban por dios, y no de los menores, que era general por todas partes; este día tomaban uno de los cautivos de la guerra y vestíanle de las vestiduras y ropas del dios del fuego, y bailaba a reverencia de aquel dios, y sacrificábanle a él y a los demás que tenían presos de guerra; pero mucho más es de espantar de lo que particularmente hacían aquí en Coauhtittlan, a donde esto escribo” (…) “levantaban seis grandes árboles como mástiles de naos con sus escaleras; y en esta vigilia cruel, y el día muy más cruel también, degollaban dos mujeres esclavas en lo alto encima de las gradas, delante el altar de los ídolos, y allí arriba las desollaban todo el cuerpo y el rostro, y sacábanles las canillas de los muslos; y el día por la mañana, dos indios principales vestíanse los cueros, y los rostros también como máscaras, y tomaban en las manos las canillas, en cada mano la suya, y muy paso a paso bajaban bramando, que parecían bestias encarnizadas; y en los patios abajo gran muchedumbre de gente, todos como espantados, decían: ‘ya vienen nuestros dioses; ya vienen nuestros dioses’. Allegados abajo comenzaban a tañer sus atabales, y a los así vestidos ponían a cada uno sobre las espaldas mucho papel, no plegado sino cosido en ala, que habría obra de cuatrocientos pliegos; y ponían a cada uno una codorniz ya sacrificada y desollada, y atábansela a el bezo que tenía horadado; y de esta manera bailaban estos dos, delante los cuales mucha gente sacrificaba y ofrecían muy muchas codornices, que también era para ellas día de muerte; y sacrificadas, echábanselas delante, y eran tantas que cubrían el suelo por do iban, porque pasan de ocho mil codornices las que aquel día ofrecían, porque todos tenían mucho cuidado de las buscar para esta fiesta, a la cual iban desde México y de otros muchos pueblos. Allegado el mediodía cogían todas las codornices; y repartíanlas por los ministros de los templos y por los señores y principales, y los vestidos no hacían si no bailar todo el día”. Y ahora completemos el tríptico.

¿Quién teme a Motolinía?

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 4 de septiembre de 2019

‘El humilde por pobre’, esto significa Motolinía en lengua americana. Así era denominado Fray Toribio de Benavente, un franciscano zamorano que llegó a México en 1524, donde vivió 45 años. No se conoce su fecha de nacimiento, pero sí que oscila entre 1482 y 1491. Al comenzar el año de 1555 y con el fin de desmentir a Las Casas, a quien había conocido quince años antes, envió una carta al emperador Carlos V.

Os voy a hablar de esto, porque hay muchas cosas consabidas que están muy mal sabidas… Se hace preciso desaprender.

Los frailes despertaron la conciencia de que los españoles no eran dioses y que, por tanto, debían ser tratados como hombres. Motolinía estaba contra la separación étnica y la esclavitud del indio a manos de españoles, pero afirmaba que: “no tiene razón el de las Casas de decir lo que dice y escribe y emprime”, pues “no es todo cierto ni muy averiguado”. “Él –afirmaba Motolinía del padre Las Casas- no procuró de saber sino lo malo y no lo bueno, ni tuvo sosiego en esta Nueva España ni deprendió la lengua de los indios ni se humilló ni aplicó a les enseñar”. Y prosigue: “Dice que siempre y cada día están tiranizando los indios, asimismo dice que todos los tributos de indios son y han sido llevados injusta y tiránicamente”, “también dice estas palabras, que se siguen a la letra: ‘todos los conquistadores han sido robadores, raptores y los más calificados en mal y crueldad que nunca jamás fueron, como es a todo el mundo manifiesto’. Todos los conquistadores, dice, sin sacar ninguno”. Así, “lo que cometieron diez, por qué lo ha de atribuir a mil y disfamar a cuantos acá han estado y están”.

​Un filósofo enamorado

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 28 de agosto de 2019

Antes de cumplir los 18 años de edad, Hanna Arendt llegó a tener como profesor a Martin Heidegger, quien entonces tenía 35 años, estaba casado y tenía hijos. Era el curso 1924-25. No tardó en establecerse entre ellos una relación amorosa. Que esta tuvo hondura lo testimonia la correspondencia que mantuvieron durante medio siglo. El volumen ‘Correspondencia (1925-1975)’ (Herder) recoge numerosas cartas escritas por el filósofo que militó en el nacionalsocialismo, y que envió a la gran pensadora judía; en cuyo archivo quedaron. Y ofrece sólo unas pocas de ella, Heidegger se desharía de las que recibió.

Hanna Arendt y Martin Heidegger
una pareja extraordinaria

¿Tiene algún interés conocer el contenido de esos mensajes privados? Yo encuentro uno, el de romper el mito de un acoso sexual o del abuso de un intelectual potente y arrogante. En efecto, ya en febrero de 1925 Heidegger le señalaba que «todo debe ser llano, claro y puro entre nosotros», se mostraba no solo cautivado por el esplendor de la brillante estudiante, sino ansioso y emocionado por su presencia (sus ojos ‘maravillosamente profundos’). Le detallaba la enorme ilusión que le transmitía: «La mujer que puede dar alegría, y alrededor de la cual todo es alegría, recogimiento, descanso, adoración y gratitud a la vida». Estaba «contento y agradecido» de que ella estuviese allí, con él que a menudo era «más funcionario que ser humano» y que le pedía a ella que fuera paciente con él. No sólo le hablaba con familiaridad y decoro de Husserl y Jaspers, sino le razonaba que «la vida es historia» y que»nos convertimos en aquello que amamos». También le movía el afán de fortalecer «nuestra amistad». Hacía explícita su gratitud hacia ella.

Tres o cuatro años después, Hannah le escribía a Martin: «Te amo como el primer día» y «no me olvides y no olvides hasta qué punto y con qué profundidad sé que nuestro amor es la bendición de mi vida». En 1933 se interrumpió la correspondencia, que se reanudaría en 1950 de forma continuada hasta el final de su vida (la de ella en 1975, quince días después de morir Franco, y la de Heidegger seis meses después). Reiteraban el valor de «la bondad del corazón, que ve porque ya ha pre-visto» y que la palabra «capaz de guiar de forma rigurosa es insustituible». O que «el pensar todavía me da alegría». En 1971, Hannah le decía: «Querido Martín, nadie lee ni ha leído nunca como tú», «qué extraño que debamos ver para percibir lo que no podemos ver».

​El espejo de La Rochefoucauld

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Viernes, 23 de agosto de 2019

 

Contemporáneo de Cyrano de Bergerac, el duque de La Rochefoucauld, llamado François VI, conspiró contra Richelieu y Mazarino; estuvo en prisión y le demolieron su castillo. Estuvo íntimamente relacionado con Madame de La Fayette y Madame de Sévigné, entre otras distinguidas damas. Hoy tiene aquí un hueco entre nosotros para comentar algunas de sus reflexiones, publicadas en 1665. Parece que anunciara el subconsciente. Y describe la falsedad de muchas virtudes aparentes. Con frecuencia, dice, la humildad es sólo una fingida sumisión con la que someter a los demás. La bondad es rara, y la humildad es la verdadera prueba de las virtudes cristianas; “sin ella conservamos nuestros defectos, y están cubiertos sólo por el orgullo que los oculta a los demás y, a menudo, a nosotros mismos”.

Rochefoucauld

Ni siquiera la peor clase de gente se atreve a pasar por enemigos de la virtud y la verdad. Para bloquear las virtudes, les atribuyen doblez y las tergiversan, haciéndolas pasar por lo que no son. Las personas débiles, afirmaba, no pueden ser sinceras. Y sólo quienes tienen firmeza pueden tener una verdadera dulzura; “quienes parecen dulces no tienen por lo general más que debilidad, que fácilmente se convierte en acritud”. La mayoría de los hombres tienen al igual que las plantas propiedades ocultas, que sólo ciertas circunstancias permiten descubrir. Pero conviene evitar contestar sobre cosas que ignoramos y no hacer preguntas inútiles. Todo el mundo se queja de su memoria, y nadie se queja de su juicio.

Advierte que si hay pocas personas agradables en una conversación, es porque no escuchan y están más pendientes de lo que van a decir que de lo que se les dice. Tampoco hay que dejar de contar con la fuerza contagiosa del ejemplo, ya sea bueno o malo. Hay que saber que la confianza en uno mismo hace nacer la mayor parte de la que tenemos a los demás. Y que somos capaces de mejorarnos.

Los elogios que podamos recibir por nuestra posible valía contribuyen a aumentarla y a que queramos afianzarla y merecerla. Sin embargo, lo que nos hace creer con suma facilidad que los demás tienen defectos, es la facilidad que se tiene en creer lo que se desea.

La envidia es una pasión tímida y vergonzosa que nadie se atreve nunca a confesar. Mirémonos, amigos, al espejo. Y mejorémonos.

Buceando en los años 70

 

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Viernes, 9 de agosto de 2019

En estos días veraniegos he podido, al fin, entretenerme con un libro que tenía pendiente, lleno de fotos a todo color (fotos familiares para una generación): ‘¿Qué fue de los 70?’ (Arzalia), del periodista Xavier Gassió. La rebeldía del mayo del 68 llegó a España de un modo peculiar y tardío. Hacía dos años que se habían instalado las primeras cabinas telefónicas, y uno de la autorización de las salas de cine de arte y ensayo. Para esas fechas se comenzó a publicar ‘Celtiberia Show’, de Luis Carandell, una sección de artículos que aparecían en la revista ‘Triunfo’ (fundada en 1946, cambió de orientación en 1962: dejó los espectáculos y se hizo antifranquista ‘dentro de un orden’). La asignatura de la FEN desapareció en 1970, con la llegada de la EGB y el BUP. En 1956 comenzó la tele en España; las primeras imágenes fueron las del ministro Gabriel Arias-Salgado, diciendo: “Hoy, día 28 de octubre, domingo, día de Cristo Rey, a quien ha sido dado todo poder en los Cielos y en la Tierra, se inauguran los nuevos equipos y estudios de Televisión Española”. En 1974 había 20.000 aparatos de TV en color, en 1976 ya eran 800.000. Algunos nombres de la realidad y la ficción del mundo televisivo: Valerio Lazarov, Chicho Ibáñez Serrador, Kojak, Colombo, Kung Fu, Los ángeles de Charlie, Los hombres de Harrelson, Érase una vez… y la revista ‘TP’. El NO-DO dejó de ser obligatorio en las salas de cine, y Gassió lo rememora: era muy “útil para no perderse el principio de la película cuando se llegaba un poco tarde”.

La llegada masiva de turistas, el 600, los transistores, las máquinas de fotografiar, los electrodomésticos, las máquinas de escribir eléctricas, los primeros videojuegos, la canción del verano (con el inevitable Georgie Dann). Las novelas de Corín Tellado y Marcial Lafuente Estefanía, los seudónimos americanizados (censurados al comienzo de la Era de Franco). Los anuncios de cigarros, muebles o licores dan un aire de nostalgia, pero son ocasión de superar retrospectivamente el autodesprecio en el que quedamos instalados los españoles: moradores de un país que estuvo bajo palio, dominado por un dictador salvapatrias que se lo hizo de su propiedad. La potencia de los humoristas con el ‘Hermano Lobo’ o ‘El víbora’. El recuerdo, en especial, de Forges o de Perich: “habilidad para meter el dedo en la llaga de los defectos de la sociedad, la política y la condición humana” (es clave: iba entonces todo junto, ahora no). 

​Simenon y los mirlos de Maigret

Profesor titular de Matemática Aplicada en la UPC y escritor y redactor de historia de plazabierta.com

 

Miércoles, 31 de julio de 2019

 

Georges Simenon fue un escritor belga nacido en 1903. Mi amigo Julián Marías lo creía uno de los mejores del siglo XX, y no sólo en lengua francesa. La primera vez que supe de él fue por el cine, vi unas cuantas películas basadas en historias de su personaje el comisario Maigret. Me consta que es poco conocido, ¿o me equivoco? Silencio hasta en Marie-Claire y demás ‘erasmus’ franceses. Pero vale la pena, muchachos. ¿Qué os puedo señalar de su interés por las vidas humanas, por los detalles que la afectan? He traído aquí algunas referencias de su incierta búsqueda de felicidad. Gentes que llegan a hablar con ternura, que desengañadas transmiten interés por los demás, que se alegran cuando encuentran en otros ojos una luz suave y apaciguadora. Gentes cuya mirada muestra sufrimiento y su rostro pugna por otra expresión. Gentes que no piensan claro, o que tienen la penosa sensación de no haber sido ellos mismos, de haberse dejado dominar por una especie de embrujamiento.

En sus ‘Memorias’, Maigret reconoce haber aprendido mucho en la calle, en las ferias, en los grandes almacenes, allá donde se reúnen multitudes; mil ruidos familiares. Claro que no comprende todos los misterios humanos, pero se aplica en este procedimiento: «todo es cuestión de saber. Saber el ambiente en que se ha cometido un crimen; saber el género de vida, las costumbres, los hábitos y las reacciones de la gente complicada en él, víctimas, culpables o simples testigos. Entrar en su mundo sin sorpresa, naturalmente y hablando su lenguaje».

Puede alcanzar la oscura sensación de que hay demasiada gente que no está en su sitio, que en una cafetería están separados no sólo por asientos vacíos, sino por un vacío indefinible y más difícil de salvar, que tal vez emana de cada cual. Él se sabe un profesional, no juega a las adivinanzas y no le excita una caza apasionante. Un comisario Maigret carente de rencor, sin apenas curiosidad: los hechos como son, y que a fin de cuentas mira a los criminales: «como a seres que existen y que, para bien de la sociedad y pensando en el orden público, hay que mantener de grado o por fuerza dentro de ciertos límites, y que castigar cuando los franquean». Maigret se llena de realidad, y se podría decir que «a causa de los mirlos el universo penetraba un poco más en su sueño, y mezclaba realidades con lo que estaba soñando». 

traductor/translator

NUESTRO EQUIPO

EVENTOS QUE NO TE PUEDES PERDER

 

Hasta 29 de junio de 2019

En Segovia

 

NUESTRA BIBLIOTECA RECOMENDADA

Más información aquí

Más información aquí

Más información aquí

Más información aquí

Más información aqui

Más información aquí

Más información aquí

BIBLIOGRAFÍA ANTOLÍN PULIDO VÁZQUEZ

Más información aqui

BIBLIOTECA TÉCNICA RECOMENDADA

Mas información aquí

 

Galería de Fotos

Acceder | Designed by Gabfire themes