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Historias escritas por carlosmuñozplazabierta
. Madrid, 4 de agosto de 1968. Madrileño de 4ª generación. Compagina su labor literaria, con la escultura y la pintura. Deportista y amante de la naturaleza, aprovecha cualquier excusa para huir de su Madrid  e ir a cualquier sitio “con un poco de verde”.

La esperanza truncada

13 de junio de 2019

Levántate dominio
sobre el aire,
alumno aventajado
y siempre recto,
factor innecesario
que suscribe,
la exigua necedad
de ser eterno.

Acércate virtual y multimedia,
sagaz y perturbado,
con desprecio,
musita en discontinuo
cada nombre,
acusa al anterior
de ser primero.

Plastifica de ayer
las intenciones,
contrato mercantil
que vas de lado,
opción edificable
de un futuro,
nacido entre noviembres,
condenado.

Agonístico Akiles,
pies ligeros,
videojuego brutal
y manicomio,
terapia conductiva
que aconseja,
huir,
volar,
sentir,
matar el odio.

A los necios

7 de junio de 2019

 

© Carlos Muñoz

Cuánta lástima vierten mis sesos al ver que ahora la estupidez, se ha colocado simulando al Espíritu Santo, como una llama de amor viva, sobre unos seres huecos por fuera que utilizan el número cero, para lanzarlo al vaporoso reflejo de una idea cubierta de moho e ignorancia. Ayer, compré un enmascarado jilguero, silbón entre cardos e higueras con el moscatel regalado. Y recordé a las bestias sin voz que le amenazan; él vive libre, componiendo mudo la música en sus ojos. Los otros, eligen a duras penas la decisión de un cerdo desangrado.

Trisomía

30 de mayo de 2019

© Ángela Zapatero

I.
Un porcentaje muy elevado de situaciones, tienden a tornarse en ridículas a medida que el tiempo transcurre ceremonioso; un surrealismo de pueblo tremendamente más onírico que un pantalón pidiendo una talla menos de humano. Pero el devenir de los acontecimientos es asi; un crimen por cada diez mil habitantes, un buen hombre en cada esquina. Hoy, todos los beneficios, se han hecho miembros del partido nazi.

II.
La salvación, no pasa por un sincero arrepentimiento plasmado en cinco folios de papel timbrado. El formulario estándar ha quedado obsoleto y Dios, manda a tomar por culo a todos aquellos que intentan acceder a su local con los zapatos recién lustrados. Al parecer, se trata de una cuestión de profilaxis. Un río de trenes me separa de una mujer joven que me observa. En su boca de ciprínido leo sus palabras: «estamos condenados». Recordatorio: degollar todos mis principios.

III
Quiero financiar una orgía en la que nunca se acaben las ganas ajenas; esa falsa ternura que se asoma, cuando aparece la idoneidad de los cuerpos, el sínodo convexo de un trío sin óvulos. La obsesión oculta tres cuartas partes del placer; un iceberg de plástico, reciclado enamorado de la densidad del mercurio. Una enorme habitación sin ventanas ha abierto su boca; y todos los comensales han puesto sus estómagos sobre la mesa.

Libre-violadores del sentido común y la dignidad.

Carlos Muñoz ♦ Escritor-Redactor de plazabierta.com

24 de mayo de 2019

Es normal que los usos exclusivos estén reservados a miembros relevantes de una sociedad basada en una ilegalidad documentada que practica la desinformación, el perjurio y el sexo seguro; vivencias prestadas a una élite de libre-violadores del sentido común y la dignidad. No sabía lo que era una amenaza, hasta que un valor absoluto cargado de demagogia me golpeó en la cabeza; enorme bolsa de tinta de calamar que al golpear contra el suelo, hizo que Alejandría y todas sus bibliotecas fueran desfloradas por un tirano con micropene. No quiero someterme, ni ser el conformista al que crucifiquen el próximo Viernes Santo. El problema es ya me he puesto las ganas de no tener cara.

Apócrifa versión del mundo

Carlos Muñoz ♦ Escritor y redactor letras plazabierta.com

18 de mayo de 2019

“Lo normal, es que la mayoría de las transmisiones que recibimos por parte de nuestros congéneres vengas sesgadas; un placer enorme por la mutilación nos mueve siempre a cercenar el único modo lógico de comunicación, enviando sólo trozos, pedazos de un lenguaje que de tan económico resulta absurdo. Yo mismo lo practico a veces, como buscando un onanismo público que al final, siempre me produce un terrible dolor de cabeza. Desde el alfeizar de una resaca, sincopamos con la cínica piedad de la prisa, todos nuestros actos; espasmos de un largo día que se muere de sombra. En algún momento habrá que parar esta disparatada y apócrifa versión del mundo.”

Sopa de sobre

Carlos Muñoz. Escritor. Editor Letras Plazabierta.com

“No sé nada acerca de la responsabilidad; esa sensación que surge del estómago, sube hasta la barbilla y allí se queda, lo mismo que un huésped con derecho a cocina y baño propio. Y con ella colgando, el devenir de los hechos poco a poco se va agrietando, formando simas en los rostros y una dolorosa artrosis en la pluma estilográfica con la que nos convertíamos en seres únicos. Una mecedora de carne comienza a crecer en la espalda; entonces, solemos elevar una plegaria al cielo pidiendo ayuda. Y lo único que obtenemos es un vale-regalo para un plato de sopa de sobre.”

Esos políticos

Carlos Muñoz. Escritor. Redactor letras MAGAZINE PLAZABIERTA.COM

“Según lo previsto, los supuestos nunca han de ser acordes a las proposiciones que exuda el acelerado metabolismo de los políticos; añagazas de escaso valor, abalorios brillantes que atraen con su fulgor de voltio y medio a los incautos pájaros de las ciudades, buscadores de comida fácil. Y malviviendo en un descampado de sofismas, las obligaciones se quedan dormidas, sedadas con el hipnótico sonido lejano de los aplausos, que en cerrada ovación, dedica una legión de mutilados de guerra al subsidio por desconcierto. Demasiados procedimientos, demasiadas ejecuciones con balas de fogueo. Y mientras la creación, tomando un café solo para suavizar la resaca de la orgiástica noche anterior.”

Sucederá

Carlos Muñoz. Redactor Letras de PLAZABIERTA.COM

«Ella nunca pensó en la posibilidad de lo imposible; sin embargo, en la duda, se sentó con las piernas temblando frente al espejo y con los ojos fijos en el azogue, pronunció la palabra que abre todas las puertas: «Sucederá».
Aquella noche, la prisa era una lenta anciana rebosante de niñas.
Y escaleras abajo, huyendo de ascensores de boca abierta, descendió coqueta las teclas de escalera que caían hasta la calle; y al fondo nervios; y al fondo un beso de abrazo.
Nunca podré jurar si aquella ajena aventura, acabó oscura, amaneciendo aguas cuando el sol vomitaba sus primeros rayos; mi seguridad reside horas antes, cuando el farolero, apagó el gas que me daba la vida…»

Hábitos

Carlos Muñoz. Escritor y Redactor Letras Magazine PLAZABIERTA.COM

Cualquier hábito, está sometido a esas pequeñas tiranías que suelen esconderse dentro de las buenas palabras. No es una cuestión personal, de eso no hay duda; el problema radica en que nadie quiere a su lado iteraciones por muy estimulantes que sean, orgasmos incluidos. Todo lo que se repite, es sinónimo de muerte, y toda muerte produce un profundo cambio en el que la sufre; seguida de una exasperante cotidianidad que implica a terceros llorando y llevando flores a un lugar muy bien abonado de silencio. Habitos; apuntaré en mi agenda algunos de ellos.

Incompetentes por la gracia de Dios


Carlos Muñoz. Escritor y Redactor Letras Magazine PLAZABIERTA.COM

“Las fotocopias son el patrimonio más preciado de las normas imperativas; declaraciones cojas que todos los inútiles con ingresos superiores a una revancha están dispuestos a leer sin problemas, a hacer de ellas Ley y mutismo. Y mientras los niños mueren en largas hileras ordenadas alfabéticamente, ellos advierten del peligro que conlleva el hecho trascendente de la totalidad; incompetentes por la Gracia de Dios, creadores de abismos y sujetos pasivos atados de pies y manos. Los teóricos han homologado la derrota; es el momento de incorporar una bala a nuestras cabezas.”

El verdugo

Carlos Muñoz. Escritor y Redactor Letras Magazine Plazabierta.com

“Son dos hileras largas, que dan la vuelta al fino cuello de una farola, las razones que obligan al condenado a no ver la cara de sus asesinos. Sentiría placer el verdugo si el miedo a la vida no le obligará a tapar su cabeza con la oportunidad negra de los cuervos; la vergüenza y el oprobio queda para la soga, para el filo del hacha compulsado. He aquí el ilegal patrimonio del que se incautó el sucio cilindro de un tubo de escape; un muro que cierra los párpados ante las heridas que no sangran.”

Introspección

Carlos Muñoz. Escritor y Redactor Letras Magazine Plazabierta.com

Es bastante usual ver a primeros de agosto al señor Benítez leer su libro de 832  páginas todas ellas completamente en blanco. Con verdadero afán, mueve los labios y sigue con el dedo las invisibles líneas de texto de cada página. Después de un buen rato de lectura, coloca un marcapáginas de la librería «El Aleph» en el punto en el que abandona el texto, cierra el volumen de tapas rojas, lo guarda en un pequeño bolso tipo bandolera verde, se quita las gafas de pasta negra, retrasa su reloj de pulsera una hora y poniéndose de pie, enfila con paso corto el camino de tierra que lleva hasta el puente de hierro. En su mitad, Benítez se detiene, saca de nuevo el ejemplar y retoma afanoso, sobre la lengua larga del Duero, la todavía inconclusa historia. Ese día, yo había comprado dos quilos de  ciruelas para el estreñimiento de mi abuela y me disponía a cruzar el puente de hierro, cuando vi al señor Benítez. Allí estaba, como tantas veces, con su amigo de tapas rojas. Aquella vez no pasé a su lado sin decir nada, sino que al llegar a su altura, me quedé  junto a él, mirando también al río que conocía nuestros nombres. Él giró su cabeza y me miró:

– ¿Qué haces, Pablo?

– Nada, señor Benítez, hacerles compañía a usted y al río. ¿Es bonito el libro que lee?

–  Va por días. Hoy, por ejemplo, parece que el capítulo promete. Míralo tú mismo. 

Y lo acercó a mis ojos. En aquel momento, las páginas por las que el libro estaba abierto se llenaron de letras: 

«- ¿Qué haces, Pablo?

– Nada, señor Benítez, hacerles compañía a usted y al río. ¿Es bonito el libro que lee?

–  Va por días. Hoy, por ejemplo, parece que el capítulo promete. Míralo tú mismo. 

Y lo acercó a mis ojos.

En aquel momento, las páginas por las que la invisible obra estaba abierta se llenaron de letras.»

Benítez cerró el libro.

-¿A que no está mal, Pablo?

Yo estaba asombrado. No sabía qué responderle.

Benítez volvió de nuevo a abrir el tomo:

«Es bastante usual ver a primeros de agosto al señor Benítez leer su libro de 832  páginas todas ellas completamente en blanco.»

 – ¿Es usted Dios, señor Benítez?

«El hombre no respondió. En realidad, Pablo tampoco esperaba una respuesta a tan gran pregunta.»

La tarde se diluyó en un verano que giraba en torno a dos figuras sobre un puente de hierro.

«Ese día, yo había comprado dos quilos  ciruelas para el estreñimiento de mi abuela y me disponía a cruzar el puente de hierro.»

El testamento

Carlos Muñoz. Escritor y Redactor Letras Magazine Plazabierta.com

«Los testamentos se abren de piernas con una pasmosa facilidad, sólo motivada por el movimiento uniformemente desquiciado de una manada de hambrientos herederos; naturaleza muerta con olor a cobre que, por lo general, sobrevuela cláusulas y párrafos buscando entre ellos la excusa perfecta para incrementar con una falsa piedad, el peculio propio de las traiciones.»

Lluvia y pincelada

Carlos Muñoz. Escritor y Redactor Letras Magazine Plazabierta.com

Pintando de gris asfalto las verdes praderas del Glenmore, una estrecha carretera nos lleva de la mano, como si fuéramos niños pequeños un día de excursión, hasta el pequeño, pequeñísimo pueblito de Cormick, el lugar donde todas las sendas se difuminan y al fin el mar de hierba llena el aire de recuerdos y fragancias de tiempos que aún no han llegado.

Son apenas veinte casas todas muy juntas, con sus tejados de pizarra y sus paredes de piedra, llenas siempre musgo. Y en el centro, la pequeña iglesia de Saint Michael, con su torre y su campana, siempre altiva y vigilante del horizonte.

Una fina capa de lluvia los envuelve todo en Cormick desde que el mundo es mundo, tanto, que sus habitantes morirían de pena si no sintieran cada día el olor a humedad al meterse en la cama y no pudieran encontrar nunca un trébol de cuatro hojas fresco y adornado de pequeñas y redondas gotas de agua.

El habitante más joven de Cormick es Tomy, Tomy O’Hara y siempre se le puede ver montado en su patinete de uno lado para otro, con su impermeable rojo y sus botas de aguas amarillas. Vive la primera casa, nada más doblar a la izquierda, al lado del viejo roble. Su madre, Claudia es viuda desde hace más de cuatro años, desde que George, su marido, muriera en la guerra.

Su cuerpo nunca se encontró y el único recuerdo que de él tiene son sus besos, una foto del día de la boda y a Tomy.

Unas cuantas casas más allá, creo que es la cuarta, encontramos el corazón de este lugar mágico.

Con su letrero movido por el viento desde hace más de doscientos años, «The DrunKLamb», reparte pintas de cerveza a todo aquel que tenga cuarenta peniques para pagarla.

Es allí donde las buenas gentes de Cormick se reúnen para charlar, tomar decisiones, llorar a los muertos, casarse y un sinfín de cosas más.

Hoy hay poca gente allí y, Sullivan, el dueño, apoya los codos en la barra y charla perezosamente con el Párroco, el padre Morendon, el hombre más anciano del lugar, alto y con las arrugas que la cara del Boxer del señor Tucker.

En una de las mesas, Laurie, el sobrino de la señora Smith, recién llegado al pueblo para cuidar de las ovejas de su tía, se toma una pinta de Guiness mientras, indiferente mira llover por la ventana….

La puerta del Pub se abre y entra, con su gabán verde y su gorra marrón, calado de agua hasta los huesos, como a él le gusta, Charles Rowling, el «loco» oficial de Cormick.

Y les cuenta a todos la historia de todas las tardes. Y es que Chales habla con Dios todos las mañanas de 8 a 12. Habla de un sinfín de temas: de Política, de deportes, de mujeres, pero eso sí, nunca de religión.

Todos le escuchan con cariño, pues es su historia la que hace que los días puedan ser contados en el pueblo.

Cuando se le pregunta a charles por el aspecto de Dios, él les dice que dios es un niño, pelirrojo, con la cara llena de pecas y los ojos azules, como dos cuentas de cristal. Que se presenta todas las mañanas montado en un patinete algo oxidado, con un impermeable rojo y unas botas de aguas amarillas y, a cambio de unas galletas o un trozo de chocolate, Dios le cuenta todas las cosas que él quiera.

El padre Morendon sonríe y siempre, después de escuchar la historia de Charles, bendice a todos los que se encuentran en el Pub y pide una ronda de cerveza.

Afuera sigue lloviendo.

Sobre la simetría

Carlos Muñoz. Escritor y Redactor Letras Plazabierta.com

“Ignoro por completo la razón que nos mueve, que nos empuja a consumir simetría constantemente. Mi madre, por ejemplo, miente para ser simétrica –piensa que de esa manera, la muerte llegará más tarde y con una banda sonora bonita-.

Ella es un clásico que intento imitar para, por lo menos, conseguir un plus a la hora de embalsamar las estalagmíticas ideas que tengo sobre el aire de las ciudades y los retretes que no son blancos –que no son si no una proyección de una sexualidad claramente asimétrica-.

Sin embargo, no puedo admitir bajo ningún concepto que yo, individuo creado por la unión de un par, pueda ser una imagen sin semejanza que no encaje con el puzzle de cuarenta y seis oportunidades que ofrece el sindicato de los genes…»

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