La huella de una civilización (1ª parte)

View of Hallstatt village with lake and Alps behind, Austria

Druidas contemporáneos

Druidas contemporáneos

Seducida por la lectura del libro que mantengo sobre mi regazo, el imaginario que siempre es libre vuela haciendo suyas las páginas que cuentan una fascinante historia, viajo rauda en el tiempo y retrocedo muchos siglos atrás.

Llego hasta un bellísimo y aislado paraje flanqueado por montañas, en el distrito de Salzkammergut, a orillas del lago Hallstäter See formado por el río Traun, afluente del Danubio, y junto a sus famosos yacimientos de sal gema.

En el presente…

View of Hallstatt village with lake and Alps behind, Austria

Hallstatt se eleva a 1.000 metros de altura (en el Alto Austria) y cuenta con una población de 815 habitantes. Un conjunto de bellas construcciones se levanta en el costado de la montaña dándole el aspecto de un lugar sacado de algún cuento de hadas. Las callejuelas adoquinadas que la circundan se extienden a lo largo y ancho de la localidad dibujando un mapa urbano de armoniosas formas serpenteantes. Los tejados de las viviendas son abuhardillados y las fachadas están ornamentadas con cornisas o molduras en balcones y ventanas, aderezadas todas ellas de enredaderas y flores. Bajo las estrechas y empinadas calles los canales hacen discurrir el agua de las cumbres o manantiales y en las placitas unos puentecillos de madera los sortean. En la plaza principal, a escasos metros del lago, una fuente ubicada en el centro, rodeada de bancos y de coloridos maceteros invitan al visitante a descansar y deleitarse de una belleza anclada en pretéritos tiempos, relajante y espectacular.

El paisaje de Hallstatt-Dachstein fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1.997.

Volviendo al pasado…

Este singular paraje cobijó a una civilización denominada los ‘Campos de Urnas’, debido su nombre a la costumbre de cremar a sus difuntos y conservar las cenizas en unas urnas de arcilla con tapaderas de forma cónica. Eran agrícolas, trabajaban el bronce y hablaban una lengua que al evolucionar dio origen a otras lenguas celtas. La decadencia de esta cultura fue sustituida por otra nueva que se había ido desarrollando y se puede considerar como una derivación directa de aquella. Por tanto (según los libros de historia consultados), el enclave de la primera gran cultura celta europea de la Edad del Hierro se sitúa en Hallstatt. Hall es un término celta que da nombre a la sal.

La cultura surgida en este período se ocupaba también de tareas agrícolas como sus antepasados. Controlaban las rutas y el comercio de la sal que extraían de sus minas y del ámbar, procedente del Báltico. Fue una sociedad de artistas artesanos que trabajó como ningún otro pueblo de aquella época el bronce y el hierro. Estos poderosos guerreros celtas se abrieron paso, hacia el siglo v a.C., a través de los valles austriacos haciendo restallar a sus cabalgaduras sobre el terreno que conquistaban en diversos rincones de Europa. Entraron en contacto con los etruscos y los griegos, el intercambio comercial y cultural resultó tan fructífero que dio origen a una sociedad más evolucionada de los celtas. En otra zona en la que se asentaron, La Téne, a orillas del lago Neuchatel (Suiza), se encontró en 1.858 un tesoro de restos arqueológicos. Aparecieron los primeros túmulos (inhumaciones de sus difuntos), además de una multitud de ornamentos refinados como fíbulas, cinturones, espadas con empuñaduras decoradas, navajas perforadas, figuras representativas de dioses o animales con un destacado estilismo y expresionismo, el llamado arte lateniense.

Los grupos indoeuropeos que se dirigieron hacia el sur llegaron a Anatolia, Irán y la India. Los historiadores foráneos de la época como Hecateo de Mileto, Heródoto de Halicarnaso y Avieno los situaron en puntos distintos del mapa geográfico. Aquellos que se dirigieron hacia el oeste ocuparon la cuenca del Rhin, cruzaron las montañas Alpinas y también los Pirineos, estableciéndose en el norte de Hispania. En la Galia más de 50 tribus se desperdigaron en innumerables aldeas. Vivían en castros y ciudades fortificadas. Algunos historiadores creen que estas migraciones fueron motivadas por la necesidad de encontrar tierras más productivas.

Los celtas en las islas Británicas

En algún momento decidieron cruzar el Canal de la Mancha, (aunque no se tienen datos al respecto) consiguiendo llegar a las islas Británicas. Allí se establecieron junto a otros pueblos ya existentes. De la cultura céltica con sus tradiciones hay que destacar la conservación del idioma gaélico, tanto el irlandés, como el escocés, el galés y el bretón lo han mantenido intacto desde los orígenes hasta hoy día. Son lenguas escritas, habladas y estudiadas en las escuelas, aunque sea por una minoría. Siendo Irlanda y el norte de Escocia donde se hallan los mayores vestigios celtas. Un legado fascinante repleto de mitos, leyendas y valiosos conocimientos. Es un universo heredado en el que se combinan o cruzan las crónicas históricas con la fantasía y la magia de un mundo sobrenatural.

Esta civilización de poderosos guerreros formaba una amplia y compleja sociedad dividida en tribus, pueblos o aldeas gobernados por diferentes reyes. Tenían una fuerte y bien estructurada jerarquía y unas sólidas tradiciones que respetaban. La sociedad se basaba en la familia, que no era ‘mononuclear’ como la nuestra, dotada de un carácter más amplio incluía a antepasados, a parientes de ramas colaterales y a descendientes directos, el clan, en término escocés, estaba constituido por decenas de familiares. Vivían con todo el esplendor bajo un manto cargado de espiritualidad una realidad poblada de dioses, hadas y duendes.

“Esta civilización de poderosos guerreros formaba una amplia y compleja sociedad dividida en tribus, pueblos o aldeas gobernados por diferentes reyes. Tenían una fuerte y bien estructurada jerarquía y unas sólidas tradiciones que respetaban.”

 

Los Druidas

Los depositarios de los conocimientos adquiridos y del acervo de la sabiduría ancestral eran los druidas. Estos majestuosos personajes dedicaban su vida al estudio de la ciencia y a la comprensión de la naturaleza que les rodeaba, de la que sentían que formaban parte esencial. Eran sacerdotes y jueces al mismo tiempo, para los celtas la justicia representaba un pilar fundamental por lo que le concedían una extraordinaria importancia. Quien aspirase a convertirse en druida debía seguir un proceso muy riguroso, pocos eran los que lo superaban logrando alcanzar tal privilegio, una vez conseguían pasar las pruebas se veían sometidos a un rango jerárquico estricto, donde el maestro solo sería sustituido al fallecer. Quien optase a ocupar el lugar vacante, antes tendría que demostrar su superioridad y su valía en conocimientos. Estudiaban astronomía, física, teología, entre otras materias. Lo abarcaban todo, conocían ampliamente los astros y en profundidad las plantas de las que tenían un amplio dominio de sus propiedades, sobre todo curativas. Ejercían de consejeros, políticos, filósofos o médicos, eran sanadores. Se supone que, al tener su figura un carácter entre humano y divino, mediaban entre los hombres y los dioses. En muchas ocasiones evitaban guerrillas entre pueblos, zanjaban rencillas y aportaban soluciones o armisticios en los conflictos. Los druidas poseían una superioridad inmensa de conocimientos que mantenían en secreto, trasgredía más allá de lo humano y el pueblo veneraba a estos enigmáticos magos por todo lo que representaban.

Consideraban sagrados a los árboles, siendo el roble su árbol preferido por excelencia, el muérdago crecía entre sus ramas y era tan apreciado como un ‘regalo del cielo’, el tronco lo suficientemente grande poseía la capacidad para albergar a figuras míticas, como los duendes, que daban origen a leyendas. A los druidas les gustaba impartir sus clases en lo profundo de la arboleda, cubiertos con túnicas blancas, rodeados de un halo mágico y misterioso. Allí se instruían, reflexionaban o dormían sobre lechos que fabricaban con madera de avellano. Al epicentro de las reuniones lo llamaban ‘nemento’.

Continuará…

Montserrat Prieto
Solo soy alguien que nunca dejará de soñar con un mundo mejor. Que hace del aprendizaje una constante de su vida. Amante y defensora de la salud medioambiental, de los Derechos Humanos y de la Justicia. Escritora de cuentos y relatos

Montserrat Prieto Escrito por el Jun 29 2017. Archivado bajo Actualidad, Cultura. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

1 Comentario por “La huella de una civilización (1ª parte)”

  1. Mayte Ingelmo

    Que interesante es conocer la evolución de las costumbres y cultura de los pueblos que nos precedieron, sobre todo cuando están tan magistralmente descritas como en este relato.

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